Capítulo 13 - Página en blanco

El día había sido pesado para Lan tanto a nivel físico por todos los vuelos y el viaje como a nivel emocional. Ese lugar, esa familia y esos característicos ojos grises lo estaban haciendo sentir que heridas, que ya él consideraba cerradas, se volvían a abrir para doler aún más que la primera vez. Por eso había decidido ir a dormir temprano, estaba harto de sus sentimientos y todo lo que su cabeza pensaba, lo mejor que Lan creía era dormir y apagar todas esas emociones.

El plan había funcionado bastante bien hasta que sintió un peso que se movía en su pecho y varios susurros que provenían desde la ventana. Al abrir los ojos se encontró con The Dash quien al notar que el peliazul había abierto los ojos empezó a dar saltitos de alegría y lamer el rostro del chico.

—¿Qué estás haciendo aquí, amiguito? —susurró mientras acariciaba la oreja del pequeño—. No creo que Sakura sepa que estás conmigo. —Sus palabras fueron interrumpidas al escuchar un golpe seco que venía de la ventana.

—¿Mirror?

—Joven Qiang… —La carta estaba completamente sonrojada mientras se cubría el rostro con su espejo a señal de vergüenza—. Es que… las cartas querían salir a jugar y nuestra ama nos lo permitió pero Dash sintió su angustia y… enserio lo lamento tanto —agregó con una reverencia.

—¿Están haciendo algo en especial las cartas?

—Pues… en este momento estamos en el jardín lateral… The Song quería cantar un poco…

Con la carta ya acurrucada entre sus brazos y ya sin querer dormir más, el peliazul se mantuvo en silencio unos minutos. Alzó su rostro y le dedicó una sonrisa a la carta.

—¿Crees que las cartas me permitan verlas jugar? —Al ver que Mirror asentía, se levantó y le indicó a la carta que lo guiara al lugar.

Mientras caminaban bajo la noche estrellada, Lan sentía la fresca brisa que era adornada por el cantar de uno que otro grillo solitario. Unos minutos más caminando en silencio y se vio envuelto por un dulce aroma que no tardó en reconocer como hermosos lirios blancos que rodeaba el jardín donde las demás se encontraban.

Las cartas se encontraban jugando y haciendo diferentes demostraciones de sus habilidades pero lo que asombró a Lan es que Tomoyo se encontraba en el lugar. La amatista no parecía sorprendida de la presencia del chico y solo silbó un poco atrayendo la atención de Dash quien saltó de los brazos de Lan para ir con Tomoyo.

—Tomoyo… ¿Por qué siento que no te sorprendes de verme? —preguntó Lan mientras se sentaba al lado de la chica.

—Dash suele ignorar a todos pero te adora, me fue fácil pedirle que te fuera a buscar. Aunque, debo pedirte disculpas por no decirte mis planes —agregó mientras le dedicaba una sonrisa de disculpa a la carta—. Me parece que necesitas con quien hablar…

Aquella simple oración causó un nudo en la garganta del joven haciéndolo evitar la mirada de la chica y enfocarse en las cartas que ahora competían en malabares. —Ya ha pasado mucho tiempo… no… no debería doler de esta manera.

—Fueron los ojos de la señora Isabella, ¿no? —preguntó—. Sakura me habló de lo que sabía de Aria. Según sé era hermosa —Al ver que Lan solo asentía, la amatista colocó su mano en el brazo del chico—. Lan…

—Ver esos ojos, Tomoyo… fue como volver a ese momento, todas las emociones —dijo mientras se cubría el rostro con las manos—. Fue como ver una película de todo lo vivido esos meses. ¿Alguna vez has sentido que tu mundo se desmorona con solo una palabra?

—Se desmoronó en el momento en que entre a la mansión de los Li aquella vez y vi a mi persona más amada luchando entre la vida y la muerte sin yo poder hacer más que sostener su mano —Ante las palabras de Tomoyo, Lan alzó la vista para toparse con la mirada brillosa de la chica—. Creo que estamos de acuerdo que esas semanas fueron difíciles para todos.

—Tomoyo… —suspiró Lan—. ¿Aún tú…?

—Antes de responderte, quiero preguntar ¿Amas a Aria con la misma intensidad de hace año y medio? O ¿Hay alguien más que ocupa tu mente últimamente?— La imagen de cierta pelirroja apareció en la mente de Lan haciéndolo esquivar la mirada de Tomoyo y sonrojarse levemente.

—Son como el agua y el aceite. Pero ¿a qué viene esa pregunta?

Tomoyo volvió a sonreír mientras veía como las cartas ahora hacían un círculo y bailaban alrededor de The Song—. El amor es una decisión, cada día, cada segundo, elegimos cómo y bajo qué términos queremos seguir amando a una persona. Claro está, cuando nos enamoramos todo es intenso y difícil de controlar pero esa turbulencia evoluciona y da paso a la calma. A veces… después de mucho dolor, inconscientemente llegamos a entender que ese amor puede seguir ahí pero debe cambiar a algo diferente —Aún con la mirada brillosa, Tomoyo siguió su respuesta viendo hacia las estrellas—. Si, aún la amo… pero como tú hay alguien también que me hace querer pasar esa página.

—¿Cómo sabes que es el momento correcto para dar ese paso? —preguntó Lan.

—Realmente no lo sé… eso es lo que lo hace tan doloroso y emocionante a la vez. Hay días donde la culpa me carcome y otros donde veo la sonrisa de esta persona o el cómo me mira y… siento que es el momento.

El leve sonrojo en las mejillas de Tomoyo hizo que Lan sonriera ampliamente. —Deberé conocer a esta persona y ver si es digna de mi aprobación por robarse a mi Tomoyo —comentó colocando su mano en su frente a forma de lamento.

—¡Lan! —exclamó Tomoyo riendo—. Pues una suerte entonces que yo dé mi aprobación desde ya a ti aunque…

—¿Aunque?

—No sé si con esto pierdo una modelo o gano otro.

Una suave risa salió de los labios de la chica al ver la mueca de angustia de Lan. Como si las cartas hubieran esperado ese momento, los jóvenes notaron como The Flower se acercaba a ellos y extendía sus manos. Un leve destello y dos burbujas de luz aparecieron frente a Tomoyo y Lan, cuidadosamente los chicos tomaron una cada uno y no pudieron evitar sonreír al ver las flores correspondientes. Lan sostenía una hermosa rosa azul mientras que Tomoyo sostenía un delicado loto rosado.

—Al final te quedaste con un loto…

—¡Lan! Pero si… ¿Te sientes mejor? —preguntó la chica.

Lan solo asintió mientras miraba al cielo y dejaba que su rostro dibujara una sonrisa—. Gracias por enviar a The Dash… creo que mañana tendré una conversación que he pospuesto desde hace mucho. Ya es hora de pasar la página.

… … … … … …

—Cimiterio di San Casciano. Tienes acceso completo. Está cerca de aquí, puedes pedirle al chofer que te lleve.

—Cimite… ¿Sería mucha molestia si me lo escribe? —preguntó con pena el peliazul a lo que Isabella solo sonrió y comenzó a escribir en un papel que le entregó al chico prontamente.

—Es muy amable de su parte. Gracias de nuevo por darme la dirección… tenga un buen día —respondió el peliazul mientras salía del estudio con la dirección en la mano—. De nuevo, gracias por la dirección y por… permitirme el acceso… gracias. —Se inclinó en señal de reverencia en el umbral del estudio mientras melancólicamente Isabella le sonreía y él cerraba la puerta. Se dirigió a la sala solo para encontrarse con la mirada ambarina de su mejor amigo, la cual lo escudriñaba con una mezcla de nostalgia y curiosidad.

—¿Quieres que te acompañe? —preguntó pero Lan solo respondió con una leve negación—. ¿Estás seguro? La reunión con los informantes no es hasta mañana así que tenemos algo de tiempo, si quieres compañía.

—Quizás en otra ocasión pero… esta primera vez… necesito ir solo ¿no hay problema?

Shaoran solo se acercó a Lan y colocó su mano en el hombro de su amigo—. Lo entiendo… dale mis saludos por favor.

—Lo haré.

Una hora después el peliazul salía de su habitación para dirigirse a su destino. El día estaba soleado pero las temperaturas eran frescas por lo que optó por llevar una chaqueta negra, una camisa gris, jeans azul oscuro y unas zapatillas deportivas —Vaya la verdad que no se si esto es lo adecuado para usar en ese lugar… espero no sea muy informal —murmuró pero luego se regañó por pensar en algo tan superficial. Retomó su camino hacia la salida de la casa.

Sakura se encontraba leyendo un libro en la cocina mientras que Xiwang preparaba una limonada. Ambas chicas vieron salir a Lan pero este iba tan pensativo que no se atrevieron a despedirse de él.

—Cerezo… ¿A dónde va Lan? —preguntó la pelirroja sintiendo una leve punzada de dolor al ver la mirada tan nostálgica del chico.

Sakura le dedicó una media sonrisa y negó suavemente—. Realmente no lo sé… Shaoran solo me dijo que Lan tenía un asunto pendiente y que volvería en la noche —contestó. La chica solo asintió y siguió con lo que hacía pero ahora con un aura de tristeza y preocupación.

Los cementerios eran lugares que para Lan reflejaban mucha paz y nostalgia. Mientras caminaba por entre los senderos del lugar podía sentir como esa aura lo rodeaba y le ayudaba a regular su respiración. No sabía si estaba preparado para lo que había decidido hacer esa mañana, pero cada paso que daba le indicaba que era lo correcto. Al llegar al lugar, respiró hondo y empujó levemente la puerta.

El mausoleo pertenecía a la familia Bernardini y era el lugar de descanso de todos los miembros mágicos de esa gran familia. Era un lugar grande con diferentes esculturas honrando a aquellos que ya habían dejado este mundo. La edificación se dividía con pequeños jardines o decoraciones elegidas para ese familiar en específico. Los pasos del chico contra el mármol fue lo único que se escuchó por unos cuantos minutos. Al llegar a su destino el joven se quedó inmóvil mientras su rostro dibujaba una leve sonrisa.

—Esa escultura no te hace justicia… en persona eres mil veces mas hermosa —murmuró mientras se sentaba en el césped frente a la tumba que la familia de Aria había creado en su honor. La escultura de una hermosa joven de cabellos rizados que estaba tocando la flauta y llevaba un arco en su espalda recibía aquellos que venían a visitarla.

—Shaoran te manda saludos… Sakura no sabe que estoy aquí aunque seguro Shaoran le insinuó algo, pero seguro también me encargaría que dijera hola de su parte… han pasado muchas cosas pero al saber que el mausoleo de tu familia estaba aquí… yo… quise pasar y… pues… ¿Sabes? No sabía que tocabas la flauta… en realidad no sabía muchas cosas de ti pero… supongo que así tenían que ser las cosas… Diablos estoy diciendo puras incoherencias… —decía mientras jugaba distraído con una hoja de papel que había sacado de su bolsillo.

El peliazul tomó un momento para respirar profundamente y calmar sus emociones. Acto seguido tomó el papel entre sus manos, lo extendió y empezó a leer.

"Querida Aria,

Es probable que empezara a decir cosas sin sentido y termine recurriendo a esta carta que escribí anoche mientras me armaba de valor para pedirle a tu familia permiso para venir a presentar mis respetos.

¿Quién lo diría no? Yo que siempre me jactaba de ser un gran conquistador parece que nunca tengo las palabras correctas cuando de ti se trata. Pero poco a poco he logrado ponerle nombre a estos sentimientos que quedaron… después de lo que pasó… ha tomado tiempo pero, al igual que un día de lluvia, ha empezado a salir el sol.

Shaoran está pasando por mucho ahora. Vaya si tan solo supieras… estoy seguro que tú y Adalius ya estarían apoyándonos pero bueno espero ser suficiente apoyo para mi mejor amigo como él lo fue para mi. Aunque… mientras escribo estas palabras me siento el peor… ¿Sabes Aria? Por primera vez en mucho tiempo puedo decir que estoy bien. Creo… no… estoy seguro que estoy bien y pues yo… estoy enamorado.

¿Recuerdas las palabras que me dijiste? Que algún día aparecería esa persona… creo que yo también le agrado y hace unas semanas… creí que la perdía y fue cuando me di cuenta de lo que realmente sentía por ella… me di cuenta que no podría seguir adelante si ella no está en este mundo… Son como las dos de la mañana mientras escribo esto así que si sueno un tanto cliché… culpemos la hora…

Sólo quería darte las gracias por todo. Quería decírtelo en persona para que ya no te preocupes por este tonto chico…"

Mientras doblaba la carta, Lan sentía como lágrimas bajaban por sus mejillas. No eran de tristeza, estaba feliz y al fin sentía que cerraba un ciclo que le había dolido mucho pero también le había enseñado a madurar.

—Porque el amor es como una rosa llena de espinas. Puede lastimarte hasta hacerte sangrar pero su aroma y belleza también te pueden hacer inmensamente feliz —murmuró. Una vez de pie, cerró sus ojos y murmuró un hechizo.

El aura del chico empezó a rodear la escultura y la tumba, repentinamente hermosos crisantemos púrpuras empezaron a surgir de la tierra y a llenar el lugar con su color y aroma.

—Hermosas flores para una hermosa dama. Muchas gracias por todo mi querida princesa del baile —murmuró haciendo una reverencia y dejando que sus pasos llenarán otra vez el silencio del lugar mientras se marchaba.

... ... ... ... ...

NA

Un capítulo tan hermoso que no te das cuenta cuando las lágrimas ya salen solas, una despedida para pasar una cruel pagina.

Por quien suspirara Tomoyo? Jeje

Un respiro antes del caos (?) jeje