Capítulo 7: El pecado de la envidia es peor que la lujuria.

"Hellsing es propiedad de Kouta Hirano"

Walter observó a Integra ser auxiliada por Seras Victoria, quien sostuvo a la jovencita antes de que se diera de bruces en el suelo, la impresión de ver a quien era el antiguo viejo mayordomo de la mansión de su padre siendo joven de nuevo fue demasiado para ella, y ahora era llevada a la enfermería por su compañera, quien era ayudada por Enrico, quien sin pensarlo se lanzó a apoyar a la rubia antes de que esta cayera al suelo.

Sintió algo de angustia al ver como su antigua ama era llevada fuera de ahí, imagino que no entendería lo que pasaba, tal vez aún podría mentir del porqué de sus acciones y, sobre todo. ¿Qué hacía ahí?

Richard había sido muy persuasivo con él, y la tecnología que habían ideado las asociaciones ocultas por Hellsing lograron quitarle demasiado años, simplemente podría fingir que era otra persona, pero la rubia era demasiado lista.

Y una parte, él no quería mentir de quien era en realidad; Simplemente egoísta.

El murmullo en el salón fue callado de un simple golpe en la pizarra, mientras todos los alumnos guardaban silencioso, sintió la mirada de las damas sobre él, era demasiado obvio que su nueva apariencia era un deleite para las jovencitas casaderas de aquel salón.

Lanzó una sonrisa que llenó el aire de suspiros, simplemente eso era parte del plan.

En otra habitación, Alucard salía de su clase, observó a un niño rubio acercarse a él.

— La directora lo busca — murmuro el jovencito de ojos color azul, Alucard sintió un escalofrió recorrerle la medula, tenía que afrontar tarde o temprano aquello, así que suspirando caminó hasta el ultimo pasillo, iba tan cabizbajo como un preso que espera sentencia, camino por los largos corredores de aquella mansión hasta la suntuosa oficina principal de aquel colegio de entrenamiento, no quería ver a esa mujer, era hermosa a pesar de los años, que se hubiera acostado con ella por estatus y saber más información no lo hacía un tonto, simplemente tenía estándares.

La madera era de un costoso acabado nogal, las paredes pintadas de rojo sangre, y sobre todo lo que frente a él debía ser una mujer, era un hombre regordete, de tosca apariencia, quien degustaba una copa de vino, era el nuevo director regional del colegio, el cual había hecho demasiados cambios para su gusto dentro del plantel* que, de ser una escuela para ser una buena esposa, ahora era un colegio mixto.

— El apuesto maestro Vlad Dracul — murmuro el rubio llevándose más vino a los labios, en un gesto demasiado lento, Alucard sintió un retorcijón, algo de este sujeto no era normal, su instinto le pedía huir rápido de ahí, pero ya era algo tarde para arrepentimientos.

— Director Montana, buenas tardes — comentó el moreno, dando una ligera reverencia, el hombre exudaba poder a pesar de su apariencia infantil y algo tonta.

— Esperaba su conquista nueva, supe que la directora de educación anduvo dando pormenores que a usted no le competían — comento con una sonrisa siniestra, Alucard pensó que la mujer debía estar despedida, en el mejor de los casos, esperaba que solo hubiera perdido el puesto.

— No sé de que me habla — murmuro el profesor, quitándole importancia con un gesto a lo que pasaba en ese momento, estaba a punto de ser eliminado también, o es que ese hombre regordete tendría un plan mayor.

— Vamos, no pensara que soy un tonto, sé que la niña rubia es importante, Richard dejó una suma importante para quien lo haga ver como un accidente, pero, seamos más originales, usted ya tiene su confianza, los he vigilado — comento sonriendo, Vlad quería golpear aquella redonda cara, pero algo era seguro, si lo hacía perdería algo más que le puesto.

— La niña me odia, intente acercarme a ella, es muy hermosa solo fue eso, desconocía que es lo que le beneficia a ustedes su estadía aquí — mintió — pero no confía en mi y en nadie, veo que no esta equivocada al no confiar — comentó intentando parecer frustrado, Montana no le creyó ni por un pelo, y un hombre de cabello blanco entro a la habitación obligando a Alucard a sentarse de golpe en la silla frente al escritorio, Montana sacó un fajo de billetes de cien libras y las puso en las manos del maestro.

— Con esto podremos empezar, ganase la confianza de la chica, o el próximo en desaparecer, será usted profesor Dracul — murmuró el rubio dándole una sonrisa a Alucard, quien entendió que no sería tan fácil salir librado de esta situación.

— Señor, no puedo aceptar esto… no deseo inmiscuirme en sus planes — intento devolver el dinero, pero un cuchillo atravesó el aire siendo esquivado por Dracul por un ápice, era una daga de oro, la cual ahora yacía encajada en el escritorio frente a ellos.

— Eso no lo decide usted, maestro Dracul — sonrió el rubio — querrá que esa mujer de cabellos rubios tan bella pague por esto.

Los ojos del maestro se abrieron alarmados, sintió la daga pasearse por su cuello, intento no reflejar alguna expresión, pero al ver que Montana poseía una imagen nítida de su antigua novia con su ahora esposo, toda voluntad de él se vino abajo.

Integra despertaba ajena a aquellos negocios, y observó a la rubia a su lado, sentía que iba a vomitar, quería huir de aquella casa del horror, para su sorpresa al levantar la vista, alcanzó a vislumbra una mota de cabello blanco salir despavorido del lugar.

— Estuvo todo el tiempo, creo que tienes un admirador nuevo — se burló la rubia mientras Integra la miraba como si de sus ojos pudiera golpear la socarronería de su amiga.

— No digas tonterías, ese joven ha estado intentando molestarme desde mi llegada — comento la rubia intentando pararse, pero se dejó caer de nuevo en la camilla, Seras alarmada la sostuvo.

— No seas terca, aun estás débil por la impresión ¿Qué ocurrió?, viste al profesor nuevo y caíste al suelo — comento Seras preocupada, al ver como Integra comenzaba a palidecer, ella acercó un poco de alcohol a su nariz para evitar que ocurriera de nuevo el desvanecimiento.

— En la mansión de mi familia, tengo un mayordomo de años, él fue un gran compañero de aventuras, lo quiero mucho, pero no opuso resistencia cuando me mandaron aquí, el hombre que será nuestro maestro… es idéntico, solo que muy joven, mi mayordomo tendría al menos unos cincuenta o sesenta años, jamás me reveló su edad — la chica sonaba cada vez más perturbada con cada palabra.

— Entonces, es imposible que sean el mismo— comentó la jovencita, viendo como la rubia de piel morena le daba la razón, Walter era demasiado viejo para parecer un veinteañero, recordó como el anciano le leía alguna historia de la enorme biblioteca de la mansión, lo quiso demasiado, y aun le dolía su traición, aunque una parte entendía que, por su posición, no pudiera discutir con Richard.

Victoria se despidió de ella, debía acudir a las siguientes clases, o estaría en problemas, dejándola sola en medio de la enfermería del colegio, la jovencita suspiro, y justo cuando se preparaba para dormir un poco él se apareció ante ella, lucía cabizbajo y estaba herido, Alucard sangraba, del cuello escurrían gotas carmín, tenía un corte pronunciado en la barbilla.

— ¡Maestro Dracul! — gritó preocupada, él la miró de soslayo y maldijo de manera interna, porque de todo el alumnado volvía a ser ella, siempre ella.

— Integra ¿Qué haces aquí? — murmuro mientras revolvía el botiquín de la enfermera, que brillaba por su ausencia, ella le tomó la mano, evitando que siguiera moviéndose, y él clavó la mirada bermellón en aquellos ojos color azul, tan incandescentes, y a la vez tan lejanos.

— Déjeme ayudarlo — pidió, mientras buscaba borlas de algodón, y alcohol que minutos antes Victoria usaría con ella.

— Pensé que me odiabas… — comentó con sorna, ella aplicó sin cuidado el alcohol en la herida abierta, haciéndolo gritar de dolor, parecía disfrutar tener el control sobre aquel hombre mayor.

— Es por el té, se lo debó — contestó simplemente, limpiando con cuidado esta vez, la herida no era profunda, pero estaba en un punto del rostro que era muy sanguíneo, un poco más cerca y el hombre pudo haber sido historia.

— ¿Por el té? Enserio…eres sorprendente, chica Hellsing — comentó riendo, mientras ella ponía una gasa sobre la herida, viendo como con éxito esta no lucía empapada de la sangre del profesor.

— Ya está, ¿Qué le paso? — pregunto preocupada, y él no sabía que contestar, el dinero aun quemaba en su bolsillo, la orden era directa. Era por Mina, aunque lejana no quería verla herida, tenía miedo, pero luego la inocente chica frente a él parecía confundida, como un cachorro perdido en una enorme ciudad como era Londres.

— Me afeite mal — mintió por fin, después de cavilar que hacer — ¿y tú?

— Yo… verá… me desmayé — contestó apenada, no le gustaba mostrar debilidad.

— Espero despidan a la enfermera, creo que hace un pesimo trabajo — se burló para cortar su rubor, y ella no hizo más que darle la razón.

Alucard la ayudó a ponerse de pie, al ver que no tambaleaba la tomó de la mano, sintiendo una electricidad recorrerlo de pies a cabeza, ella pareció sentir aquel mismo torrente de energía, por que retiro la mano de su palma, y justo cuando iba a caer, el la sostuvo un momento, su cuerpo menudo recargado en el suyo.

El se acercó un poco más, y la cargó, ella abrió la boca sorprendida, una parte estaba muy apenada, la otra quería golpearlo para poder irse corriendo.

— ¡Bájeme, o grito! — amenazó la rubia, intentando bajarse por su cuenta, pero él la recargo sobre su pecho, como si fuera una cría, Integra se dejó dominar un poco por sus sentimientos, y la embriagadora fragancia, estaba apenada, pero era una oportunidad que solo estaba en su imaginación.

— Solo te llevaré a tu dormitorio — la miró a los ojos de nuevo y le dio un beso en la frente, Integra quería gritar, estaba tan roja como un tomate del huerto, respiraba con dificultad, y escuchó un tosido discreto en el pasillo y abrió los ojos alarmada, recordando por que yacía en esa condición apremiante.

Frente a ellos estaba lo que parecía ser Walter, miraba al maestro Dracul con desaprobación, este no entendía quien era aquel sujeto, nunca lo había visto en el colegio.

El hombre de ojos azules miro a la jovencita en sus brazos, y luego clavó una mirada asesina en él, Alucard no era idiota, era una situación comprometedora, por donde se le viera estaba frito, sin embargó, ahora tenía un pacto con Montana, eso le beneficiaba ante aquel sujeto.

— Buenas tardes, supongo que usted de Vlad Dracul, me pidió el coordinador que lo supliera hoy, que al parecer no se sentía bien — murmuro el hombre de ojos azules — Soy Walter C. Dornez

— Buenas tardes, le respondería el saludo, pero esta jovencita no se siente bien — señaló a Integra como si fuera un bulto de papas, la cual estaba en shock al escuchar la voz y nombre del sujeto, era horrible, una angustia se apremio en su pecho, quería huir de ahí.

— Creo que la señorita, puede caminar sin necesidad de estar brazos, ella solo se desmayó, no es así señorita Hellsing — miró como ella asentía asustada, por lo que sin perder detalle Alucard bajó a la chica, quien se acomodó la falda larga y vio con espanto al hombre frente a ella.

— Gracias, debó retirarme, le agradezco la cortesía, maestro Dracul — corrió a pesar de la baja energía, dejando solo a esos dos hombres quienes ahora tenían un duelo de mirada.

— ¿La conoce? — dedujo el maestro de historia, quien no perdía el detalle de los ojos brillantes del hombre frente a él al ver a la jovencita que había huido despavorida.

— Eso no es de su incumbencia Lord — contestó molesto, mientras el moreno le daba una sonrisa enigmática, con aquella defensiva entendió que las cosas no serían tan fáciles, al menos había otra persona interesada en el bienestar de la rubia. Eso le alegraba y a la vez le causaba un desconcierto, los celos se asomaban, al igual que su egoísmo, pero necesitaba aliados, sobre todo por el bienestar de la jovencita.

N.A. Después de no se cuánto, por fin actualice este fic, Gracias por su paciencia.