Breath Mints & Battle Scars By Onyx and Elm (Traducción autorizada)
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Beteado por mi gemela malvada mayitatime (no usa FF, pero sí Twitter ~)
VII
1 de octubre, 1998
Diario,
Al menos hace más frío y el encantamiento no se desvanece tan rápido. Es el único pensamiento positivo que tengo para ustedes, tómenlo o déjenlo.
El comienzo de otro mes se siente como una tortura. Es como si estuviera mirando de frente el nudo de un ahorcado que ha sido condenado. Estas paredes son muy estrechas y están cargadas de recuerdos, me siento en una jodida prisión.
Aunque técnicamente hablando, lo es. No estoy acá por mi propia voluntad y no puedo irme si me apetece. Si lo pensamos un momento, un contrato mágico se parece mucho a una prisión, solo que de alguna forma hay más personas mirándote.
¿Por qué no me pusieron en arresto domiciliario también, con mi padre? No me interesa terminar mis estudios ni mi educación superior, pues nadie va a contratar a un exMortífago, así que ¿cuál es el punto?, ¿es que acaso piensan que conspiraremos en contra del Ministerio con algún absurdo plan que sacaría a mi padre de prisión y escaparíamos a algún lugar del maldito mundo?
Como dije, no tengo la energía.
Creo que lo saben también, así que me lleva a pensar que este es el castigo que ustedes querían.
Bueno, más poder para ustedes, hicieron una buena elección. Me siento en el infierno... y si vuelvo a percibir una de esas malditas miradas desdeñosas de las gemelas Patil o escucho otra jodida palabra del irlandés idiota, se agotará mi paciencia. Y he sido muy, muy paciente hasta ahora.
Pregunta: ¿Qué te hace sonreír?
Envíenme una nueva pregunta, ni siquiera me molestaré en responder esa.
Draco.
2 de octubre, 1998.
Volvió a buscar la carta aquel día y no pudo encontrarla, lo que complicaba absolutamente todo, en especial porque Madam Pomfrey le respondió al día siguiente con un horario de trabajo que iniciaba la semana siguiente.
Lo que quiere decir que él la envió.
Malfoy.
Y eso no tiene sentido.
Ha estado dándole vueltas al asunto por días, incluso ahora que tiene un jarra medio vacía de cerveza de mantequilla guindando de una mano y con el brazo de Harry abrazándola sobre su hombro, cantando en la sala común. Algunos están borrachos, vociferando una bullosa melodía cuyas frases no reconoce, junto a todos los de Séptimo Año y algunos de Sexto. Es viernes por la noche y Harry le insistió en que se quedara y se divirtiera.
Ella sabe que solo es capaz de hacerlo debido a que mañana comienza con Madam Pomfrey. Es la única razón por la cual la oscuridad no la ha consumido el día de hoy.
Aún así, no canta.
Se balancea con el resto de sus compañeros bebiendo y, por primera vez en un tiempo, se siente bien olvidarlo todo. Ignorar el hecho de que está fingiendo y no hará que desaparezca todo, que la guerra igual sucedió y personas que eran sus amigos y familiares siguen muertos.
Toma otro sorbo de cerveza de mantequilla para alejar esos pensamientos. Ron le sonríe directamente desde algún lugar del círculo que se había formado y ella le devuelve media sonrisa. Una parcialmente borracha y torcida sonrisita.
—¡Oigan, ustedes! —exclama Dean—. Es hora de un tradicional "Verdad o Reto" —Levanta la botella de Whiskey de Fuego al aire, de la que caen gotas que se esparcen por la multitud y los sofás vinotinto.
Es así como Hermione se da cuenta abruptamente de que debió haber planeado un escape hace mucho tiempo, ya que a ellos les gusta jugar Verdad o Reto con Veritaserum y este no es el momento apropiado para eso. No se imagina que pasaría si es forzada a decir la verdad, que es la opción que siempre elige.
Entonces, pasando desapercibida por la multitud aglomerada de cuerpos y caos debido al entusiasmo que proveía el alcohol, se va. Se desliza delicadamente del brazo de Harry, pasando cerca de Dean y Neville, hasta el retrato de la Dama Gorda.
El aire despejado del pasillo se siente divino, siendo gratamente sorprendida por la cerveza de mantequilla que aún está en su mano. La sujeta firmemente mientras la levanta y observa desde el fondo el color del caluroso líquido y las ondas que emite a través del vidrio con el choque de la luz.
Esto hace que se tambalee, sacudiéndose y mareándose un poco. Logra mantenerse estable y sonríe, caminando a través de la alfombra como si estuviera encima de una tabla: un pie delante del otro, manos arriba, inclinándose para allá y para acá.
Hace mucho tiempo no se sentía tan ligera, tanto que no recuerda ni sabe cómo bajó las escaleras. Siguió balanceándose de la misma forma hasta el primer corredor, siguiendo hasta que notó una luz desde la entrada de la Biblioteca.
Entra con cuidado sobre la punta de los pies, riéndose bajito en el intento porque encuentra graciosa su acción. Lo que queda de su cerebro racional le dice que la Biblioteca debería estar cerrada, pero hay una antorcha delante, cerca de la Sección Prohibida, en los estantes sobre Artes Oscuras. Ama esa sección.
Siguiendo su patrón de juego, se balancea sigilosamente hasta allá, derramando un poco de cerveza sobre su jean cuando intenta tomar un sorbo.
Se tropieza un poco al cruzar la esquina, pero con dignidad se endereza y yergue la cabeza, sacudiendo los rizos de su rostro.
—Sabía que eras tú —dice señalándolo con un dedo.
Por supuesto que Malfoy es la fuente de la luz. Tiene una linterna encendida en la mesa frente a él, acompañado por una pila de libros. Incluso con la poca luz, logra distinguir el cuaderno púrpura fuera de la pila. Ese por-siempre-misterioso diario está aquí junto a él.
Malfoy aún está usando el uniforme, por lo que parece lucir normal. Sin embargo, es más de media noche.
Ella obviamente lo sobresaltó al hablar, así que su mano se metió dentro de su bolsillo, agarrando su varita sin dudarlo. No logra descifrar su expresión, pero quizás es a causa del alcohol.
—¿Me está siguiendo, señor Malfoy? —increpa. Su voz suena bien para sus oídos, pero debe reconocer que el mundo es más o menos aceras en este momento al igual que su discurso.
—Granger —dice como si fuera un argumento, ¿por qué tiene que decirlo así?—, ¿qué mierda?
Ella se balancea, apoyándose contra la mesa un poco. Toma otro sorbo de cerveza antes de dejar la jarra por completo.
—La biblioteca está cerrada —dice cortante, casi como un anuncio oficial, pero hipea y le desata un ataque de risas. Lo deja ir feliz, porque le gusta sentirse así de feliz y realmente lo extrañaba, aunque dentro de ella sabe que en la mañana se irá por completo.
—Granger, ¿qué diablos te pasa?
—preguntó primero —suspira y se ríe nerviosamente, secándose los ojos para permitirse enfocar su mirada en Malfoy.
—¿Qué preguntaste? —sus cejas se fruncen y Hermione piensa que es realmente divertido verlo tan confundido, confundirlo.
—¿Me… —toma la jarra de cerveza— estás... —toma un sorbo— siguiendo? —mantiene el contacto visual al tragar.
Malfoy luce en verdad desconcertado. Balbucea algo por un momento y saca la mano de su bolsillo, ¿así que ya no es una amenaza? Interesante, piensa.
—Tú... Yo-tú eres quien sigue apareciendo a donde sea que vaya.
—¿Quién dice que no es al revés? —chasquea la lengua.
—Granger, ¿estás totalmente ebria?
Toma otro sorbo, dándole una mirada esquiva.
—Es una inferencia muy ruda —toma otro sorbo—, pero sí —y otro—, un poco —Extiende su jarra hasta él—. Toma un poco.
Malfoy la observa un momento, se apoya sobre sus brazos y se acerca a olfatear la jarra.
—La cerveza de mantequilla es para niños.
Hermione resopla sonoramente de forma muy-no-Hermione.
—Pues parece estar funcionando muuuuuy bien para mí.
Malfoy se levanta y se recuesta en la ventana cercana. Los paneles con forma de diamante proyectan caleidoscopios en contraste con su sombra cuando se mueve.
—Puedo notarlo —mete ambas manos en sus bolsillos—. Es tan… tú... emborracharte con cerveza de mantequilla.
Bufa. Se levanta dejando la jarra de lado, camina hasta el borde de la y, con ambas manos hacia atrás, toma impulso para sentarse con las piernas cruzadas en posición de loto. Disfruta un ratito cómo el mundo gira a su alrededor antes de hablar.
—Decidí que no me harías sentir ofendida esta noche, Malfoy, ni un poquito.
—Qué maduro de tu parte.
Y de pronto su cabeza se inclinó demasiado rápido, haciendo que su mundo girara mucho y su vista se nublara. Con sus piernas estiradas se trastabilla, pero sus manos salvan la caída inminente. No puede evitar sonreír.
—Uff —lo mira—, eso estuvo cerca.
—¿Qué haces aquí, Granger? —de pronto, su voz está llena de seriedad.
—Vi una luz.
—¿No me estabas siguiendo?
Niega con la cabeza.
—¿Sabes, Malfoy? Pienso que simplemente seguimos terminando en el mismo sitio a la misma hora —Levanta una ceja mirándolo—, ¿sabes? Como si fuera… —hipea— coincidencia —hipea nuevamente— o destino.
—¿Destino? —su tono tiene una mezcla de diversión y escepticismo, pero hay algo más debajo, como una pequeña risa o destello de humor, no puede estar segura—. ¿Cuánto has tomado, Granger?
Su mirada sigue de sus labios hasta sus ojos y, de pronto, sonríe con plenitud. Una sonrisa traviesa. Agarra la jarra, que tiene como dos centímetros de líquido dentro, se acerca y la balancea frente a él victoriosa.
—Te odiarás en la mañana —responde.
—Me odio cada mañana —dice sin pensar.
Un estúpido silencio llega y ella mira la mesa, sintiendo que el rubor en sus mejillas va más allá del alcohol. No sabe por qué lo dijo, ni siquiera quería responderle eso.
Cuando lo mira de regreso, su expresión es hermética de nuevo. Es una mezcla de confusión con algo más. ¿Preocupación? No, no puede ser, debe ser la cerveza de mantequilla otra vez.
—Granger… —comienza.
—Mm-mm —sacude su cabeza, abre la boca para decirle "no pretendía decir eso" pero en su lugar dice—: no quiero hablar de eso —se recuesta al borde de la mesa, frunciendo el ceño—. Eso no es- —trata de nuevo—… me avergüenza.
Se empuja de la mesa y se reprende porque eso no es lo que quería decir en absoluto.
Mientras tanto, Malfoy la mira como si estuviera viendo la carpa de un circo colapsar.
—¿Qué estás tratando de decir, Granger? —Y usa ese tono. Ese maldito tono que usan sus amigos con ella, incluso algunos profesores. Ese tono que significa que piensan que están lidiando con un loco, con alguien frágil e hipersensible. Lo odia.
—Trato de decir que no estoy bien —hipea—. No, quiero decir... no, yo-yo estoy-yo no estoy bien —mete sus manos dentro de sus rizos, sacudiendo su frente—. ¿Qué diablos? —vocifera—. Tratodedecirquelosiento.
Todo corre como si fuera una sola palabra y se odia a sí misma desde el momento en que lo dijo. Pero ya lo hizo, no puede retirarlo y se fuerza a sí misma a mirarlo.
—¿Lo sientes? —su ceño se frunce al repetirlo.
—Sí, ¿y qué? —le chilla, alcanzando la jarra. Puede sentir sus mejillas calientes, haciéndola sudar.
—¿Por qué lo sientes?
—Merlín —dice exasperada—, simplemente deja de hacerme preguntas. Yo-yo lo siento por la forma en la que te traté ese día. Por cómo me comporté.
Sintió cómo se sacó un peso de encima, haciéndola enderezarse. Su cabeza se siente un poco más clara y vuelve a abandonar la jarra, arriesgándose a mirarlo. Sus cejas aún siguen levantadas pero sus ojos están teñidos de suavidad. Suavidad que nunca le parece haber visto, pero ahí está.
—No importa, Granger —lo sacude y esconde debajo de su máscara habitual.
—Sí importa —y nota cómo se acerca un paso más hacia él—. Estaba equivocada y y simplemente-simplemente me duele —por instinto su mano cubrió su antebrazo.
Malfoy inclinó su cabeza hacia un lado, haciendo que su cabello cayera sobre sus ojos.
—No era mi intención lastimarte —dijo y quedó fascinada, ya que es una frase que nunca pensó que escucharía de sus labios, sorprendiéndola.
—Sé que no —respondió bajito, sin efusividad o rastros de juego. Quizás ya la cerveza de mantequilla no estaba haciendo efecto.
Un largo silencio se posó sobre ellos. Todo lo que Hermione podía oír era el siseo de los libros acomodándose en las estanterías a lo lejos. Cada uno enfocaba la mirada en cualquier cosa menos ellos mismos, aunque de vez en cuando cometían un error y enlazaban sus miradas de soslayo.
Jugaron ese juego al menos cinco largos minutos. Malfoy fue quien rompió el silencio cuando llegó el momento.
—¿Bebiendo con los Gryffindor hoy?
—¿Mmm? —por un momento, no entendió la pregunta—. Oh, bueno... bebiendo conmigo misma en compañía de Gryffindor.
Malfoy asintió y ella solo no pudo quedarse callada, otra vez.
—¿Sabes? Creo que esta es la primera vez que pasamos 10 minutos sin discutir —lo hizo reír.
—Debe ser un récord —respondió.
—Así es.
Y volvió otro silencio, esta vez más corto. Se encontró a sí misma ofreciéndole la jarra, tomando algunos pasos más cerca de él. Malfoy abrió sus labios, dudando sobre si decir algo probablemente acerca de su infantilismo, pero ella lo cortó.
—Solo bébetelo, Malfoy. Te gustó el Whiskey muggle, así que bébetelo.
En ese momento fue que se dio cuenta de lo cerca que estaban el uno del otro. Casi tan cerca como aquel día en los baños, pero sin el aire hostil entre ellos se sentía muchísimo más; sostenía la jarra con ambas manos frente a ella y el filo tocaba el pecho de él por el otro lado.
Aléjate, se dijo a sí misma.
Malfoy arqueó una ceja. Una muy elegante y aristócrata ceja, notó, y sorpresivamente oscura en comparación con el resto de su cabello. Lo miró hasta que se relajó y tomó la jarra en sus manos.
Aléjate.
Toma un lento sorbo y ella mira su garganta mientras traga. Cuando le devuelve la jarra, le pregunta:
—¿Y tú? ¿Por qué no estás con Slytherin esta noche? —toma un sorbo—. Asumo que los viernes por la noche son igual de sagrados en las mazmorras.
—Quizás más, para ser honesto —se encoge de hombros—, pero prefiero beber solo.
—Ahora estás bebiendo conmigo —señala.
—Buen punto —toma la jarra.
—¿Entonces qué es?
—No soy exactamente el más popular, Granger —se encoge de hombros y la mira directo antes de tomar un último sorbo.
Sorprendida, toma la jarra devuelta.
—Pero yo-...
Vuelve a levantar esa maldita ceja.
—¿Incluso en Slytherin? —logra decir—. Pero… en años anteriores…
—Incluso antes —interrumpe—. Pienso que le tenían miedo a mi padre y, por ende, eran amistosos conmigo.
Se pregunta por qué ese pensamiento la hace sentir triste, por qué siente que tiene que...
—Estoy segura que no es cierto.
—Bueno, -
—No, estoy segura —insiste—, le caías bien a muchas personas, como Cra- —se detuvo abruptamente y pensó en otro nombre— Pansy. Le gustabas a Pansy.
Malfoy se rio con honestidad. Una risa gutural que cree nunca haber escuchado.
—A Pansy le gustaba el tamaño de mi herencia, así como también estaba la enorme posibilidad de que tuviéramos un matrimonio arreglado.
—No, no era solo eso —respondió, dejando la jarra en la mesa frente a ellos—. Eres atractivo e inteligente, estoy segura de que le gustabas por eso también —lo miró, orgullosa de su deducción.
Orgullosa hasta que notó la mirada en sus ojos y el significado de lo que acababa de decir.
Su impresión no era lo más obvio. Su boca no estaba totalmente abierta y sus labios no estaban separados, aunque su ceño estaba levemente fruncido. Fue que su lengua se asomó, humedeciendo sus labios de forma nerviosa.
Sintió que toda su cara se enrojecía con furia, y trató de tartamudear un remedio para lo que había dicho:
—Yo-yo-bueno, verás- quise decir que- la verdad eres atractivo. No convencionalmente-, eres único. No- ¿qué?- NO. Lo que quise decir es que eres bonito y yo- Oh Merlín- ¿qué diablos?- no. Malfoy. Draco. MERLÍN, NO. Yo-yo quise decir que siempre he pensado que-
Y ahí fue cuando estrelló su mano en su boca, sellándola con el viaje de pensamientos furtivos que disparaban a este punto.
¿Qué le pasa, Dios?
Ahora la sorpresa en la expresión de Malfoy es sumamente obvia, está plenamente escrita en su cara. Ella se obliga a desviar la mirada porque no puede soportar mirarlo, así que mira la jarra que está sobre la mesa y las piezas se conectan en su mente.
Respira lenta y profundamente acompañada del silencio.
—Lo mataré —dice bajito, letal.
—¿A quién? —responde confundido.
Toma la jarra de manera abrupta de la mesa sin darse cuenta que la aplasta contra el hombro de él.
—¡Al jodido Seamus! —grita, caminando en círculos oliendo la leve esencia de Veritaserum que comienza a emerger de la jarra—. Lo voy a-
Malfoy se acerca, rodeando su cintura. Su mano está fría y no entiende por qué, pero no le da tiempo pensarlo, él la empuja hacia atrás y voltea para quedar de frente. Su otra mano moldea su mejilla y está tan fría como la otra, ahogando las palabras que estaban a punto de salir de su garganta.
Está ahí.
Sus labios en los de ella. Sus fríos y congelados labios contra los de ella, absorbiendo su calor. Fríos como una témpano de hielo, sin moverse, solo sus labios sobre los de ella, descansando allí.
Siente el pánico apropiándose de su cuerpo y se sobresalta, pero no reacciona. La boca de Malfoy está ahí, no la besa pero no se va, simplemente está.
Su primera reacción es respirar con dificultad, abriendo un poco sus labios.
Así que él la besa.
Sus manos encuentran el borde de su quijada, presionándola para abrirse paso entre sus labios, reprimiendo un suspiro. Su frío e irregular aliento a menta cubre sus sentidos al separarse de sus labios, besando más abajo cuando sus dedos se enroscan en sus rizos. Siente su nariz sobre la piel de lo más alto de su mejilla —y nunca pensó que ese sitio era tan importante hasta ahora—, pero él vuelve a besarla.
¿Qué es esto?
Su mente vacila. Sus dedos tiemblan donde se posaban, a medio camino entre empujarlo o iniciar algo más. No lo sabe, no lo entiende no-
Oh.
Su lengua roza los bordes de sus labios. Despierta algo enigmático y erótico que no entiende, pero envía un pulso eléctrico a través de su columna, haciendo un nudo en su vientre. No, más abajo, apretandola y creando tensión.
De pronto, él hace un sonido. No es un suspiro, es casi un- no, no sabe lo que es, pero tampoco es un gruñido. Es algo más sutil, una mezcla entre ambos.
Pero le provoca algo. Enciende ese nervio que controla sus manos y no su cabeza, haciendo que enrede sus dedos en su camisa, tomando su corbata y empujándolo cerca. Más cerca. Se siente como si se durmiera y despertara al mismo tiempo.
Ella hace su propio sonido, uno que creía que era incapaz de hacer, haciendo que lo quiera más cerca sin saber por qué, envolviendo su lengua con la de él.
Malfoy presiona sus manos en su cabello, anudando sus dedos y acercándola todo lo posible, incrementando la presión del beso.
Ahí es cuando Hermione se da cuenta de lo mucho que quería eso. Su lengua contra la de él, besándose tan profundamente que sus pestañas rozaban sus mejillas, con el vidrio debajo de sus pies y el contacto frío de sus manos, ella deseaba esto.
Su temblorosa mano abandonó su corbata y encontró acomodo en su garganta, haciéndolo gemir. Bajó sus manos de sus rizos hasta su espalda baja, tomándola por la cadera y presionándola contra la estantería mientras sigue besándola, una y otra vez.
Y siente calor, de pronto. Y él sabe bien, rico. Y su corazón bombea fuerte, enviando pulsos por todas partes y no —ella no— no puede pensar en cómo se siente su cuerpo contra el de ella. Esa dura presión que siente debajo de su vientre y el latido de su corazón debajo contra su pecho y…
Y él rompe el beso, pues sus labios buscan algo más, algo diferente y nuevo. No sabía lo que se sentía ser besada así, pero sus labios estaban sobre su clavícula y la sensación que le provoca le hace pensar que podría desgarrar su garganta si él quiere, estirando su cuello. Pero es su lengua la que la roza, trazando círculos y succionado la piel de su cuello, sintiendo con cada succión los hematomas formándose y cómo huyen sus pensamientos más racionales. Suenan húmedos y sin sentido cuando él llega a su oreja y ella simplemente no puede- quiere-...
Uno de los libros falla su sitio y se estrella contra una estantería.
Malfoy se aleja, dejándola tan rápidamente que Hermione apoyó sus manos contra la estantería para no caerse. Cada centímetro de su piel relampaguea sensible y su pecho danza un vaivén.
Y lo mira, porque no puede formar ninguna palabra.
Él pasa una mano por su despeinado cabello —¿ella lo hizo?—, estira su corbata y abrocha los botones más altos de su camisa, metiéndola dentro de su pant- oh.
Está de pie allí, respirando pesadamente por un rato. Cuando él abre la boca para decir algo, el peso de la realidad choca contra ella y no puede soportar escuchar lo que tiene que decir. No puede soportar intentar que tengan sentido los últimos 10 minutos.
Así que corre.
N/T: Este capítulo me llenó de vida.
Perdón por la hora... ¡hasta el próximo domingo!
