Daré las indicaciones de siempre.
Aclaraciones:
Narración.
— Diálogo —
"Pensamientos".
Recuerdos.
Advertencias:
Posible OoC en los personajes.
Género: Romance | Drama.
Clasificación: T.
Disclaimer: La serie y sus personajes no me pertenece a mí, sino a ®Masashi Kishimoto.
Nota de Autor:
Si hay algún comentario o disconformidad, por favor no duden en dejar su opinión abajo en la cajita de comentarios, sus observaciones serán siempre apreciadas. Recuerden dirigirse a los escritores siempre con respeto, yo les responderé en la medida de lo posible. Muchas gracias por leerme, hasta la próxima.
Capítulo VII.
«Aunque exista el amor, en una relación la confianza es lo más importante para que perdure».
Anónimo.
La primera vez que demostraron su amor físico no fue el cuento de hadas que se había imaginado, fue doloroso e incómodo. Neji la trató con cuidado y delicadeza, nadie imaginaria jamás que era igual de inexperto que ella. Su primera experiencia sexual no fue maravillosa, pero tampoco podía definirla como un fracaso, simplemente fue una extensión para demostrar la intensidad de sus sentimientos. Y el sexo al igual que cualquier técnica se pulía con la práctica, estudiando el cuerpo del otro.
Neji era un hombre paciente, dedicado, apasionado y cuidadoso. Hacerla disfrutar era una de sus prioridades, cualquiera pensaría que al provenir de un Clan con tradiciones tan estrictas el único lugar donde era adecuado hacer el amor consistía en una cama, cubiertos por una sábana y totalmente a oscuras. La mesa del comedor, el sofá y la alfombra estarían en desacuerdo con esa idea. La amaba de forma tan tierna e intensa que le hinchaba el corazón, porque era mutuo.
Ino le comento en alguna ocasión que sí Neji Hyūga amaba con la misma intensidad y dedicación que tenía como shinobi, la mujer que fuera objeto de su afecto sería muy afortunada. No podía discutirlo, había dado justo en el clavo.
Bostezó y acomodó la cabeza sobre el hinchado bíceps que le servía de almohada, su espalda chocaba contra su torso desnudo.
— Sakura — llamó él haciendo círculos ociosos sobre su vientre —. Debes hacerte la prueba — dijo, ella se estremeció.
Recordar cuando ambos perdieron la virginidad también era recordar la cantidad de veces que se habían visto en ese predicamento… La primera vez fue espontánea, no significaba que no lo hubieran hablado e incluso planeado con anticipación. Sakura había empezado a usar anticonceptivos como precaución, no obstante, por algún error estos habían fallado y la única razón que se le ocurría era que poseía algún rasgo genético que impedía que el anticonceptivo hiciera su trabajo. Optaron por otro método, había funcionado bien hasta que tuvieron un accidente, que por desgracia no era poco común. Ya antes se habían rasgado preservativos, no por mal uso, Neji era muy cuidadoso.
— Sakura — susurró a su oído provocándole un escalofrío.
Antes habían estado preocupados por la posibilidad de un embarazo, pero a los dos días tenía su período y la angustia acababa. Esta vez no había sido lo mismo, llevaba poco más de un mes y sus síntomas afianzaban más la idea.
Sakura lo estuvo ignorando durante semanas hasta que ya no pudo hacerlo más y tuvo que comentárselo, Neji venía diciéndole desde entonces que debía hacerse un test para salir de dudas. Ella simplemente no había tenido el valor… Hacerse la prueba lo volvía real y le aterrorizaba lo que podía suceder si sus sospechas se confirmaban.
— Tengo miedo — murmuró con la voz amortiguada.
El shinobi presionó la palma sobre su vientre suavemente, narrar los acontecimientos que los llevaron a tener una relación amorosa era complicado ya que ninguno de los dos lo tenía claro, sólo sabían que se amaban de forma incondicional y que no dudarían en ponerse frente a la línea para dar la vida por el otro. Eso estaba claro desde el momento que expresaron sus sentimientos, desde el momento que decidieron entablar una relación tan formal como las sombras ocultándose tras los árboles.
Tanto Sakura como Neji debían admitir que Naruto no era la única razón por la que mantenían su relación en secreto, el Clan Hyūga era el principal motivo por lo que "formalizar" sería un impedimento.
El prodigio estaba seguro que su familia acogería a Sakura sin problema, de hecho, estaba seguro que estarían complacidos de dicha relación. Después de todo Sakura Haruno era discípula de la Quinta Hokage y había demostrado con creces poseer un enorme talento como médico, estarían más que encantados de tenerla en las filas del Clan. Inteligente, competente y extremadamente hábil.
Sakura era una joya para su familia.
Un Hyūga siempre buscaba lo mejor para su Clan, fortaleza, inteligencia y habilidad. Por eso la mejor opción siempre fue el matrimonio entre parientes, para preservar y mantener la línea que los definía como uno de los Clanes más fuertes y legendarios del País del Fuego. Los matrimonios fuera de la familia a menudo eran desechados, a menos que fueran shinobis excepcionales que prestaran una mejor genética y, en este caso, si existía un embarazo de por medio la boda sería inminente y a puerta cerrada. Llena de acuerdos y reglas que los limitaría de alguna manera a ser lo que eran, Neji no quería eso… No quería una cárcel, una jaula de oro para Sakura. Ella era un alma libre, no mataría su espíritu. Después de todo era una de las tantas cualidades que lo enamoraron.
Iría en contra de una tradición donde los hombres de la familia se comportaban como bastardos insensibles e indiferentes, sin permitirse nunca revolcarse en la debilidad de los sentimientos ni la pasión. Por segunda vez Neji se encontró rebelándose contra los establecimientos de su Clan, no dejaría que utilizarán a Sakura a su beneficio y tampoco quería que marcarán a sus futuros hijos con el sello, condenándolos a una vida de servicio.
Ahora, la idea de hacer pública su relación pendía más de un hilo muy delgado que amenazaba con aplastar cualquier esperanza de una vida tranquila. Mientras ella no se hiciera la prueba no había manera de saber su estado, pero su mente ya empezaba a maquinar una y mil ideas para salir airosos de ser el caso.
Además, estaba Itachi Uchiha. El traidor, el asesino, el renegado. El hombre que puso a temblar a muchos, que venció a Kakashi Hatake sin mover un dedo, el hombre detrás de las bestias con cola se encontraba a unos cuantos metros convaleciente, en su estado más vulnerable. Frunció un poco las cejas, ¿quièn lo habrá dejado en ese estado? ¿Con quién peleó para terminar tan mal?
Porque estaba claro que las heridas eran de combate, ¿alguna emboscada tal vez? ¿Alguno de sus antiguos compañeros de Akatsuki? Quizá lo sabrían cuando despertara, hasta ahora Sakura no había dicho nada y él no quiso preguntar.
En ese momento había muchas cosas en las que pensaba, pero su prioridad siempre sería ella y hacerse la prueba para salir de dudas era lo primero.
— Estaré contigo — dijo sabiendo que no disminuía el temor.
La kunoichi se apretó un poco más contra él y gimió lastimera, no quería, pero debía hacerlo.
.
.
.
Estaba claro que Itachi Uchiha era considerado por muchos un genio, un shinobi excepcional capaz del razonamiento de un Hokage a una edad temprana. El Uchiha desbordaba talento y habilidad, era la joya de su Clan y una adición extraordinaria para la aldea y su escuadrón de la muerte.
Nadie sospecharía que tras el shinobi traidor se escondía una historia más oscura que las propias sombras. Nadie sospecharía que había sido un medio para un fin, un peón en un despiadado juego de poderes pretencioso e injusto. Nadie imaginaría que ese shinobi convaleciente había sacrificado más que su reputación por una paz superficial que sólo fue utilizada como excusa para avanzar un peldaño más en una escalera de autoridad total.
Un medio para un fin.
Neji ojeó cada documento con el debido cuidado de un ninja de élite, revisando, socavando, analizando… Definitivamente, la caligrafía y el sello pertenecían al tercero. No quería especular como Sakura y Shizune habían obtenido tal información, eran expedientes clasificados a los que solo shinobis de alto rango tenían acceso. Si los autorizaban, él sospechaba que lo que querían era deshacerse de la información para que nadie jamás supiera de esa injusticia, producto de decisiones incorrectas y ambiciosas.
Su novia tenía razón, no era lo que él pensaba sino algo mucho peor. En su cabeza no encajaba la idea de Sarutobi aplaudiendo una injusticia semejante, ¿un Clan masacrado por alguien de su propia sangre y luego condenado al exilio y la vergüenza para mantener la paz sin que el mundo shinobi lo sepa? Le parecía inverosímil, toda una carrera manchada y tirada a la basura por ambición, pero ahí estaba, la prueba del mayor delito y el más grande sacrificio estaban redactadas y selladas esperando como un diario para ser abierto y leído con la mayor precisión posible.
¿Por qué el tercero dejó constancia de semejante atentado contra la vida de un shinobi? No lo sabía, tal vez; en el fondo, esperaba que alguien lo encontrara y lo hiciera público para que, finalmente, su alma descansara en paz.
Neji no podía imaginar la cruz que significó esa situación para el tercero, mucho menos para Itachi. Era un adolescente con la mentalidad de un adulto cargando con el peso de una nación en sus hombros por culpa de la ambición de su familia, estaba claro que el poder corrompía y tratándose de los Uchiha, las probabilidades de que todo estallara en una guerra civil para obtener una posición más privilegiada era inminente.
¿Qué hubiera hecho él en el lugar de Itachi? ¿Habría sido capaz de eliminar a todo su Clan? ¿Hubiera sacrificado su carrera y reputación como shinobi para salvar cientos de miles de vidas?
El prodigio no podía imaginarse realmente en el lugar del hombre que yacía sobre la cama de su novia debatiéndose entre la vida y la muerte, definitivamente debió haber sido duro para él saber que lo mejor para toda la nación era desaparecer a su propia familia y su único consuelo dejar vivo a su hermano, aunque no fuera capaz de verlo crecer.
Pese a que no estaba de acuerdo en la forma en la que todo sucedió, entendía muy bien sus motivos y sintió admiración por el hombre que llevaba el peso de todo un país sobre sus hombros.
— ¿Qué habrías hecho tú? — preguntó Sakura.
Qué pregunta más fácil con una respuesta tan difícil.
— Probablemente lo mismo — replicó sin dudar.
Claro, en la posición del Uchiha no había opción porque posiblemente agotaron todas las opciones o tal vez no las exploraron lo suficiente. ¿Quién sabía?
Los documentos definían una línea de ejecución, no de negociaciones, desconocía los diálogos, faltaban partes que quizá nunca sabrían. Ya que las únicas personas que los conocían estaban muertas o, en el caso de Itachi, gravemente herido con riesgo de muerte.
— ¿Por qué lo guardaste? — miró a Sakura después de cerrar la carpeta.
Ella pasó un dedo sobre el borde de la taza y guardo silencio, ¿cómo le decía que cuando los encontró mantenía la esperanza de traer a Sasuke? ¿Cómo admitía que, en algún momento, sus sentimientos habían creado una ilusión estúpida donde aceptaba todo, se resignada y perdonaba?
No le gustaba reconocer que habías sido una soñadora, una tonta que creía que era capaz de hacer cambiar a una persona cuando estaba claro que la herencia de la maldad corría por sus venas. No fue hasta que empezó a deshacerse de ese enamoramiento estúpido que comprendió el odio y el rencor que envolvía a Sasuke, y su venda cayó totalmente cuando intentó asesinarla y a Naruto. Entonces supo que nada ni nadie arreglaría lo que ya estaba arruinado desde el principio, desde su nacimiento.
Así que dijo la verdad.
— Porque él todavía me importaba — se encogió de hombros mirándolo a los ojos.
Desde que habían empezado a pasar más tiempo juntos pasó de ser Sasuke-kun a Sasuke y luego a él, dejó fuera las referencias familiares, ya no lo conocía en absoluto.
— Tarde comprendí que no es de los que entiende ni perdona, no en ese sentido por lo menos.
Ambos coincidieron en que tenía razón, Sasuke Uchiha no encajaba para nada en el tipo comprensivo y pacífico, no después se haberse aliado con Orochimaru y menos ahora que parecía haber tomado el lugar de su hermano en la organización Akatsuki. No pudo evitar que pensar que si el vengador tomara represalias contra la aldea si se enteraba que, por cuestiones políticas Itachi se vio en una posición tan comprometida en la que tuvo que decidir que valía más. Si su familia o su aldea.
Para los shinobis como Itachi la decisión era clara, su vocación estaba por encima de sus lazos familiares. Eso no significaba que no le importaran, sino que ponía primero las vidas de los civiles que serían sacrificados por una ambición mezquina. Neji lo entendía, pero Sasuke no lo haría y eso acarrearía otro problema… Sobre todo, le preocupaba más como Sakura saldría parada en toda esa entretejida madeja de hilo que venía desde antes de su nacimiento.
Tal y como estaban en ese momento, podían ser acusados de traición. No podía permitirlo, de ninguna manera lo haría. Así que enrolló cuidadosamente el pergamino amarillento y gastado.
— Esto se quedará conmigo de momento — dijo al ver la expresión de Sakura.
— ¿Qué harás?
— No podemos permitir que caiga en manos de cualquiera — respondió.
No quería decir que ella no lo hubieran cuidado bien, de hecho, de estar en esa situación seguramente jamás se habría enterado. Sin embargo, él tenía los medios para mantenerlo oculto, incluso a simple vista.
Sakura asintió.
— Está bien — lo dijo aliviada, no es que no confiara en Shizune, por supuesto que lo hacía, pero Neji era un ninja de élite que sabía cómo arreglárselas para mantener oculta información vital. Y este era uno de esos casos —. Y… con respecto a la prueba… — claro, eso no aliviaba en absoluto el asunto, seguía aterrorizada. Neji suspiró.
— Debes hacerla — recordó, ella lo sabía, pero su mente no lo procesaba igual. Se retorció las manos.
— De acuerdo, iré por la prueba — se dio por vencida.
Lo mejor que podía hacer era no retrasarlo más, después de todo no estaría sola.
