La Niña Maldita

o El destino de aquellos que sufren el pasado.


Disclaimer: Todo el universo de Harry Potter (Wizarding World) es propiedad de J.K. Rowling


Capítulo XV

La aparición era en uno de los más comunes y prácticos métodos de transporte que los magos utilizaban, aunque eso no la convertía en una magia sencilla.

Quien la realizaba, debía olvidar todo lo que no se relacionara con el viaje y centrar su mente en el destino donde deseaba aparecer. Si la concentración no era buena, el mago o sus acompañantes podían sufrir daños físicos o psicológicos, debido a una mala ejecución.

Harry Potter era un mago experimentado en el arte de la aparición y se podría decir que era el hechizo que más se adecuaba a su vida como brujo. Durante su adolescencia, cosas que los demás consideraban ordinarias y cuya solución se hallaba a un hechizo de distancia, el muchacho prefería enfrentarse a ellas con el "método muggle".

Incluso en su madurez, aún conservaba algunas de esas manías. Se levantaba en busca de los objetos, en vez de atraerlos con magia, respondía a su extensa correspondencia personalmente, sin usar una vuelapluma, e incluso limpiaba y cocinaba con sus propias manos.

Cuando Albus colocó su mano sobre el brazo de su padre, su cuerpo comenzó un proceso instantáneo de compresión, inmersión y posterior expansión en el destino de su viaje. Dejó atrás el torreón de Hogwarts donde se encontraba el reloj, para aparecer frente a una cabaña que parecía estar abandonada.

La cabeza le dolía y las náuseas se hicieron presentes en su organismo, pero Albus resistió el impulso de vomitar, causando en su padre una buena impresión.

—La primera vez que realicé una aparición, era mayor que tú —comentó, con la vista en los ojos de su hijo—. Aun así, casi me desmayo por la extraña sensación.

—Es similar a usar un traslador, pero instantáneo —afirmó—. ¿Dónde estamos?

Harry volteó la cabeza y dedicó la mirada a la cabaña de madera que aguardaba frente a ellos. Las hiervas y la maleza habían invadido el pórtico, incluso algunas enredaderas crecían hacia el interior a través de las ventanas. No cabían dudas que el lugar había sido abandonado.

—Aquí vivió Sirius Black II —reveló Harry—, según el profesor y la señora Black.

Albus notó entonces que se encontraban en el medio de un bosque, los árboles carecían de hojas por el clima invernal y el estanque que había a unos cuantos metros, estaba completamente congelado.

—Estamos a unos cientos de kilómetros de Londres —continuó Harry—, los reyes de antaño usaban esta clase de bosques como lugares de cacería, hasta que algunos magos se establecieron aquí y los convirtieron en pequeñas estancias mágicas.

Aunque la información que su padre brindaba le parecía interesante, Albus no pudo evitar distraerse, la cabaña llamaba demasiado su atención. Sentía que su interior emanaba un aura extraña, compuesta por la maldad y la desesperanza de cientos de almas en pena.

El sonido de otra aparición logró despertarlo de su letargo y entonces notó que había avanzado varios metros hacia el hogar, hallándose al pie de la entrada.

—¡Harry! —exclamó el hombre que se había materializado en el bosque—. Tu carta llegó un día tarde, perfectamente sincronizada con el comienzo de mis vacaciones…

Albus, que aún mantenía la mirada hacia la choza, se volteó y corrió hacia el recién llegado cuando notó de quien se trataba.

Su pelo se componía por destellos de tonos azulados, la mirada penetrante de color café y la pronunciada sonrisa le daban un aspecto afable. Cuando el joven se colocó delante de él, no dudó en hacer su saludo de manos especial, aquel que habían perfeccionado con el pasar de los años.

—Lo siento, Teddy —ofreció el mago como disculpa—. Han sido días atareados y quería resolver esto antes de que partieras, lamento importunarte.

Edward Lupin negó en silencio.

—Sabes que siempre es un placer… pero también es mi trabajo —comentó, mientras desenfundaba la varita de cedro, cuyo núcleo era pelo de la cola de un unicornio—. ¿Entramos?

El ambiente se sentía húmedo y mohoso, aunque supo ser un hogar para magos de alta cuna, se había convertido en un invernadero para la vegetación ordinaria del bosque.

Harry fue el primero en atravesar el portal, blandiendo el encantamiento lumos en la punta de la varita. Albus y Teddy lo seguían en silencio.

—Debería estar en un avión rumbo a Los Cabos en este momento…

Aunque sus palabras eran de reproche, el rostro del muchacho vestía una sonrisa mientras caminaba por el tétrico lugar.

—Pronto podrás disfrutar de las playas y la compañía de tu novia, esto no debería tomar mucho tiempo —confirmó Harry, con la mirada sobre las paredes corroídas—. Por cierto, Andrómeda me dijo que darás el paso, me siento orgulloso de ti.

Albus se sentía fuera de la conversación, aunque su relación con Teddy era excelente y se sentían unidos, el tiempo que pasaban juntos era ínfimo si se lo comparaba con su padre.

Harry Potter había sido elegido por Remus Lupin para ser el padrino de su hijo, y había cumplido esa tarea con orgullo desde el primer día, llegándose a convertir en un padre para el muchacho.

Albus sentía que la relación con su padre se había deteriorado con los años, pero nunca sintió celos del joven Lupin. Comprendía que, aunque Harry intentara todo para que nada le faltase y todo fuera felicidad y buenos momentos, Edward Lupin nunca olvidaría que sus padres estaban muertos.

Cuando comprendió a qué se refería su padre, Albus abrió los ojos con sorpresa y habló.

—¿Le propondrás matrimonio a Alisa?

Teddy sonrió y asintió en silencio, dando varios pasos para colocarse al lado del muchacho.

—Tengo todo planeado —afirmó—. Cuando terminemos con esto, usaré un traslador para llegar a México de inmediato. Haremos todo lo que podamos antes de que anochezca y, en la cena, espero que la comida y un buen vino la hagan decir "acepto".

—Eres un cursi —sentenció Albus.

—Pronto encontrarás a alguien que despierte ese lado tuyo.

El hombre pasó por al lado del muchacho, mientras este lo observaba en silencio. Ambos se conocían de toda la vida y Albus sabía que esa joven lo había ayudado a superar muchos momentos duros, por lo que se alegraba de que hubiera encontrado la felicidad.

«¿Delphini despierta eso en mí?» se preguntó, pero no estaba seguro sobre la respuesta.

—Harry, por aquí.

Teddy había adelantado a su padrastro y encontrado algo interesante al final de la cabaña. La sala de estar convergía en un estrecho pasillo, que los magos debieron atravesar uno detrás del otro para pasar con comodidad.

El joven Lupin señaló hacia la última habitación. Sus habilidades mágicas eran diversas, pero su mayor virtud era una extraordinaria capacidad para detectar magia residual, algo muy preciado para la labor detectivesca de los aurores.

Abrieron la puerta sin pensarlo y fueron los adultos quienes cruzaron primero. Albus fue después, con la varita en mano y el corazón latiendo con rapidez.

Detrás del portal se encontraba el estudio de Sirius Black II. Coronado por un escritorio de madera se hallaba al final de la sala, cubierto por libros y papeles en blanco, y varias estanterías en los laterales. Albus intuyó que el despacho efectivamente pertenecía al Black, debido a que un retrato de su persona estaba postrado sobre la pared principal.

En el dibujo que Albus había encontrado, Sirius Black II era joven, esbelto y de buen porte, en cambio la pintura destacaba el paso del tiempo y lo retrataba como un hombre de mediana edad.

Teddy avanzó hacia una de las estanterías, deteniéndose algunos pasos antes y poniéndose de cuclillas para concentrarse. Tras unos segundos, se levantó blandiendo una mirada seria en el rostro.

—Aquí efectuaron un maleficio imperdonable —comentó, mientras iluminaba con su varita el resto de la habitación—. Ocurrió hace mucho tiempo, no logro visualizar su propósito, pero fue en extremo poderoso.

Albus nunca había visto trabajar a su amigo y se sorprendió al notar que su padre no exageraba el talento que demostraba como auror.

Harry tomó uno de los libros y le echó un rápido vistazo, vagaba por la habitación cuando las palabras volvieron a sus labios.

—Detrás del cuadro —exclamó—, cómo en la mansión Walsh, Teddy.

El auror y su compañero rodearon el retrato del señor Black, que los observaba sin demostrar ninguna clase de interés por los motivos de su visita. Al unísono, los magos elevaron sus varitas y las bajaron con la misma intensidad, haciendo que el marco vibrara y cayera al suelo, revelando un pasadizo secreto.

El pasillo era corto, pero igual de estrecho que el de la cabaña. Al final de este, se encontraba una sala de tamaño considerable, con un altar en el medio y diferentes escritos sobre el suelo y las paredes.

Ninguno de los hombres se atrevió a sacar conclusiones sobre lo ocurrido en ese lugar, Teddy no lograba captar magia residual y los textos grabados eran ininteligibles. Mientras exploraban, Albus avanzó hacia el altar y descubrió que en la base reposaban algunos papeles.

Se agachó para levantarlos, pero Edward lo tomó con fuerza del brazo.

—Ten cuidado —ordenó—, uno nunca sabe lo que puede ocurrir en sitios como este.

Albus asintió y esperó a que el muchacho revisara las hojas con su varita. Teddy se las entregó sin pensarlo, pues no encontró peligro alguno, ni sintió que fueran importantes para la investigación.

Los ojos de Albus se abrieron como platos al notar de que se trataba, y la exclamación que pronunció hizo que Harry corriera hasta su posición.

—¡Son las páginas que faltaban! —explicó, con los ojos fijos en su padre—. El libro de rituales que encontré en la Sala de Menesteres estaba incompleto, estas son las páginas faltantes…

—Dámelas —ordenó Harry, Albus obedeció. La mirada de su padre se había tornado sumamente seria cuando concluyó la lectura del material—. Esto explica los incidentes del verano, Teddy.

Entregó las páginas a su compañero y volvió al altar en busca de pistas. Albus no entendía sobre qué hablaba su padre, había reconocido el papel y la tipografía del texto, pero aún no había podido leer el contenido con detenimiento.

—¿Qué ocurre?

Teddy le entregó las hojas nuevamente y caminó hacia Harry para tener una conversación privada. Aunque Albus se sintió apartado, no le importó. Tomó el escrito y, debido a que había leído material similar, comenzó a notar algunas cosas de inmediato.

Los rituales que aparecían en el libro se detallaban de forma escueta y directa, plantando una introducción al rito, requerimientos previos a su realización y el procedimiento para que la magia funcione correctamente. Las explicaciones oscilaban entre las tres y cuatro páginas, ninguno de los otros ritos superaba esa extensión, excepto este.

El ritual de los Pájaros Cantores, aquel que tenía como objetivo la resurrección de seres humanos, ahondaba más en detalles sobre requerimientos, procedimientos y, lo más importante, mencionaba algunos ejemplos exitosos.

«Antes de que el niño se vuelva un mago, su poder es volátil y esporádico, pero de increíble intensidad, una que nunca podrá igualar en su madurez —pronunciaba el texto—. Es ese mismo influjo el que debe utilizarse para la realización del ritual, la magia nueva de una vida joven es la única que puede traer a la vida una magia antigua»

Ese párrafo hizo a Albus comprender sobre qué hablaban sus acompañantes. Su padre había tenido algunos casos de magia espontanea en diferentes barrios muggles a lo largo del verano; incidentes que, en algunos casos, habían sido olvidados por los involucrados.

No había motivo o una explicación lógica que relacionara estos sucesos con la asociación terrorista conocida como MAE. Aun así, su padre sospechaba que podían estar involucrados.

Si era cierto que esta organización no era más que una actualización de los antiguos Pájaros Cantores, los incidentes de magia espontanea fueron producto de la sustracción de la magia del cuerpo de los jóvenes magos. Todo comenzaba a encajar.

Albus se acercó a los mayores y efectivamente estaban hablando sobre eso.

—No te haré suspender tus vacaciones por esto —afirmó Harry—, no ha habido incidentes desde el verano, no hay motivos para creer que ocurrirán nuevamente.

—De todas formas, quiero ayudar…

—No te preocupes —interrumpió el mago—, yo me encargo.

El joven notó que Teddy estaba disconforme con aquella resolución. Cuando llegaron a la cabaña, estaba molesto porque sus vacaciones fueron interrumpidas, pero ahora estaba ofuscado por tener que seguir con ellas.

Se despidió de Albus con su saludo especial y salió de la sala en silencio. El muchacho se disponía a inquirir sobre el tema con su padre, pero él habló primero.

—La investigación fue realizada por Teddy —afirmó—, le molesta haber pasado por alto algunas cuestiones sobre las que pregunté ahora. No lo culpo, esos casos nos descolocaron y no pudimos cerrar el expediente aún, la oficina entera quedó en ridículo.

—No corroboraron que el niño en cuestión, siguiera siendo mago después del incidente —intuyó Albus.

La teoría había llegado a su mente mientras leía el párrafo que versaba sobre la magia en los niños magos. Si MAE había extirpado la magia de un joven y provocado una explosión esporádica debido al procedimiento, llamando la atención de la Oficina de Aurores, era probable que no pudiera volver a hacer magia nunca más.

—Todos los casos se dieron en familias muggles —recordó Harry—, es decir, todos pertenecían a la primera generación mágica de su familia. Ninguno de ellos era mayor de diez años, por lo que aún no habían recibido una carta de Hogwarts o la visita de un profesor para instruir a los padres sobre los poderes especiales de sus hijos. Eran lienzos en blanco, y MAE los tiñó con sus sucios planes…

Su padre caminó rápidamente hacia la salida, seguido por Albus, que ignoraba por qué se marchaban tan pronto del lugar.

Harry se colocaba la gabardina mientras caminaba y revisaba su libreta, hablando solo para recordar algunas cosas que podía estar ignorando.

—Te llevaré a Hogwarts para que llegues antes que tu madre —comentó—. Por mi parte, tengo que averiguar qué ocurrió con las familias muggles de los incidentes. Si sus hijos dejaron de ser magos es fácil de saber, lo difícil será encontrarlos en plena navidad.

—Entonces… —expresó Albus, pero dudó.

—¿Qué ocurre?

Albus se mordió el labio y negó en silencio.

«No pasarás navidad con nosotros, ¿cierto?». Albus se guardó esa duda, mientras apretaba su puño con fuerza.

Su padre le extendió el brazo una vez estuvieron fuera de la cabaña. Tras un momento de oscuridad, abrió los ojos en la Torre de Astronomía.

—Mierda.

Su expresión reflejaba todo lo que sentía en ese momento. Su padre pasaría la navidad lejos de su familia, investigando un caso que podía resultar más importante y peligroso de lo que habían previsto.

—Carajo —exclamó con más fuerza, pateando el telescopio con furia.

Aquella palabra era un insulto hacia MAE. Si resultaba que los niños se habían vuelto muggles tras el procedimiento, no dejaba lugar a dudas sobre los planes de resurrección.

Si todo ocurría según creían que sucedería, Delphini, Hogwarts y el mundo mágico entero corrían un enorme peligro ante la posible resurrección de magos tenebrosos.

Hundió sus uñas sobre la piel, no podía contener la rabia ni todos los sentimientos que invadían su cuerpo. Mientras un hilo de sangre le recorría el brazo, recordó otro de los fragmentos del ritual, uno de los que más lo habían perturbado y enfadado, pues confirmaban todos sus miedos.

«La magia en su estado puro, puede lograr cualquier cosa, incluso traer a la vida a un mago, siempre y cuando se cumplan ciertas circunstancias.

El cuerpo perece y es lo primero en perderse con el paso del tiempo, pero el alma es eterna. Ella volverá si se la llama adecuadamente, pero debe tener un cuerpo al que regresar, sino vagará en el éter por siempre. Un recipiente perfecto para un alma en pena, es uno que pertenezca a su mismo linaje y tenga características físicas similares con el mago en cuestión.

Si se trata de un hijo, sería algo nunca visto y el resultado del ritual podría ser extraordinario»


Nota de autor: ¡Gracias por leer!

Admito que he estado un poco distante del fanfic y que la inspiración me ha abandonado lentamente, el proyecto me gusta pero me cuesta terminarlo... pero lo haré.

Si esto fuera un anime, este sería el último capítulo del primer opening, pero aún no sé cual sería uno adecuado para esta primera mitad... escucho recomendaciones :)