Ava llegó el lunes al colegio sintiéndose contenta y refrescada, el fin de semana había sido tan bueno que no le resultaba para nada pesado volver a clases. De hecho le gustaba ir a clases, le gustaba aprender cosas nuevas y le gustaba compartir momentos con sus amigos.

Estaba buscando un par de cosas en su casillero, cuando vio a Sara haciendo lo mismo en el de ella. Al verla se acordó que el jueves tenían la exposición del trabajo de física, por lo que fue hacía ella para poder hablar de cómo iban a hacerlo.

— Hola Sara. — La saludó ella. — ¿Viste que el jueves tenemos la exposición del trabajo? Estaba pensando que ya que no puedes realizar los saltos en el aula, tal vez podamos buscar videos, imágenes, o filmarte haciéndolos. — Relató su propuesta.

Sara cerró su casillero y se apoyó contra este, sin responderle, y sin siquiera demostrar que la había escuchado. Estaba respirando raro y tenía la mirada perdida. Por más que sus ojos estaban abiertos y estaba viendo, parecía como si en verdad no la estuviera viendo. A Ava le pareció extraño verla en ese estado y pasó una de sus manos frente a los ojos de la otra para llamar su atención, pero esta ni se percató.

— Sara, ¿Estás bien? — Preguntó, con preocupación. — Sara, Sara, Sara. — Insistió llamando repetidamente el nombre de la otra.

Pero la otra reaccionó solamente cuando sonó el timbre, y se dirigió hacia el aula sin siquiera dirigirle la palabra.

Ava se quedó sorprendida. El sábado, cuando la había visto por última vez, Sara era una persona totalmente diferente. Ella había estado feliz por su victoria en la competencia de skates. Ahora, en cambio, parecía tan apagada. ¿Cómo había pasado de un estado a otro en tan poco tiempo?

La observó durante las clases del día y al hacerlo se dio cuenta que ella no era la única preocupada por el estado ausente y perdido de Sara. Varias de las Leyendas también lo estaban, habían intercambiado miradas preocupadas entre ellos y habían intentado animarla, fallando miserablemente. En ese momento Ava se dio cuenta que tal vez Nate y Nora habían tenido razón cuando le dijeron que Sara simplemente a veces parecía triste. Ava ya conocía un poco más a Sara, y ahora sabía que ella no era desinteresada, ni irresponsable, ni de las personas que no les importaba nada. Por eso tenía sentido que, tal vez, su estado simplemente fuera porque estaba triste. Pero, ¿qué le habría pasado para estar tan triste, al extremo de desentenderse de sus alrededores?

En el único momento que sintió que Sara había vuelto en sí fue en la práctica de baile. Sara siguió perfectamente las coreografías como siempre lo hacía, pero esta vez había algo distinto en ella. Era como si estuviera bailando con el alma, con el corazón, con todo su ser. Ava por primera vez apreció lo talentosa que ella era y agradeció -para su interior- que estuviera en el equipo.

Pero el día tendría más sorpresas, Ava se sorprendió cuando Sara preguntó por las autorizaciones y por el uniforme de baile, pudo notar como fueron temas que casi la hicieron entrar en un estado de pánico. Pero también notó como se calmó una vez que eligieron el uniforme. Y de hecho no habían elegido nada muy del otro mundo, decidieron que todos se iban a vestir con jogging o leggins negras, y cada uno tendría una remera de un color diferente para destacarse. Para eso se pusieron de acuerdo en elegir un color del que ya tuvieran una remera lisa de mangas cortas, para no tener que comprar nuevas. A las remeras iban a ponerles la inscripción "Las Leyendas de Beebo" en la parte de adelante, y un dibujo de Beebo -la mascota del colegio- en la parte de atrás. En los pies no necesitaban llevar nada, ya que el ritmo contemporáneo se bailaba estando descalzo.

Ava: turquesa.

Amaya: amarillo.

Behrad: fucsia.

Charlie: naranja.

Jax: gris.

John: marrón.

Mick: blanco.

Nate: violeta.

Sara: rojo.

Ray: azul.

Zari: verde.

El asunto es que Ava se quedó preocupada, no podía dejar de pensar en el ataque de pánico que Sara había tenido cuando despertó de su pesadilla y en todas las veces que la había notado en ese estado perdido. Por eso decidió hablarlo con su madre, si alguien podía ayudarla a descifrar eso iba a ser ella. Su madre era doctora militar y tenía especializaciones en emergencias y psiquiatría.

— Mamá, ¿puedo hablarte de algo importante? — Le pidió, mientras le ayudaba a preparar la cena.

— Claro. — Aseguró.

— Hay una chica en el colegio que a veces tiene unos estados en los que parece ausente, como si no estaría presente por más que lo esté. — Intentó explicar.

— ¿Cómo si estuviera soñando despierta o teniendo un ataque de pánico? — Preguntó pensativamente.

— No, como ninguna de esas cosas. La he visto tener un ataque de pánico en una situación, pero estos estados son diferentes. — Respondió con sinceridad.

— Tal vez pueda ser un estado de desapego emocional entonces. — Sugirió.

— ¿Qué es eso? — Preguntó con curiosidad.

— Es cuando una persona suprime su lazo de unión al deseo por las cosas, personas u objetos existentes. La persona busca desconectarse afectiva y mentalmente de las situaciones, en general sucede luego de que vivenciaron algún trauma muy fuerte. Y suelen entrar en estos estados semi-presentes y semi-ausentes cuando algo desencadena o provoca un recuerdo de ese trauma. — Le explicó con calma lo mejor que pudo.

— Entiendo. — Aceptó asimilando la información. — Si, creo que puede ser eso. — Afirmó, más para ella misma que para su madre.

— ¿Sabes si vivió algún trauma? — Preguntó.

— No, la verdad ni idea. — Contestó.

Cuando se acostó a dormir agarró su celular y volvió a buscar a Sara en las redes sociales, y otra vez solamente la encontró en instagram. La cuenta seguía configurada como privada, pero esta vez decidió mandarle una solicitud. Tenía la curiosidad de conocer más sobre ella.

Al otro día se asombró cuando Sara la saludó con normalidad, como si el día anterior no hubiera existido.

— Me quedé pensando en lo que dijiste de la exposición, así que hice unos dibujos. — Le informó y sacó varios afiches de su mochila.

Ava agarró los afiches y los abrió uno por uno. En cada uno de ellos había dibujos con las secuencias de los distintos saltos sobre los que habían hecho el trabajo. Los dibujos eran increíbles, Sara dibujaba más que bien, dibujaba como una verdadera artista.

— Sé que son medio improvisados, y si pensás que no se entienden podemos filmar los videos de los saltos después de clase. — Dijo algo nerviosa.

— Sara estos dibujos se entienden perfectamente, son hermosos. — Le aseguró, mientras examinaba los dibujos maravillada.

— Gracias. — Agradeció, sorprendida de que a la otra le hayan gustado.

— Igual creo que es buena idea filmar los videos también, y ya que vos hiciste esto yo haré un power point o un prezi explicando los cálculos que hicimos y todo eso. — Sugirió.

Sara aceptó su propuesta y luego se fue a clase. Ava se quedó aún más sorprendida que antes, no había esperado encontrarse con una Sara tan animada ese día después de como se había comportado ayer. Pero al parecer se había recompuesto mágicamente. Esa chica era un misterio.

Ava se divirtió en clase de literatura con Gary, Lily y Nora haciendo chistes mientras trabajaban grupalmente. En matemática se la pasó escribiéndose mensajes en los cuadernos con Kuasa y en geografía dejó que Mona le haga dibujos en uno de sus brazos con su lapicera. Hace mucho que no se relajaba tanto en clase, y se sintió bien.

Al finalizar las clases fue al parque de skates con Sara y grabaron los videos. Por suerte no les llevó mucho tiempo, ya que Sara era talentosa y Ava pudo captarla a la perfección en video.

Cuando llegó el jueves, presentaron juntas el trabajo. Se dividieron los saltos, y explicaron la mitad cada una mientras mostraban los cálculos que habían hecho de fuerza, velocidad, potencia y caída libre en el power point y los dibujos de los afiches. Al final pasaron el video con todos los saltos. Martin les puso la mejor nota, un diez.

— Bueno, al parecer hacemos un buen equipo. — Comentó Sara con una pequeña sonrisa de satisfacción.

— Fue bueno trabajar con vos. — Admitió Ava.

— Tal vez deberíamos ser equipo de por vida en física. — Bromeó.

— Tal vez. — Asintió.

La verdad es que si las volvían a elegir como equipo para algún trabajo práctico, Ava no iba a tener ningún problema. Sara le había demostrado que era una buena compañera y juntas habían hecho un buen trabajo.

El fin de semana fue uno de mucha tensión para Ava. Sus primas Jessica y Trish fueron el viernes de visita a su casa, iban a pasar todo el fin de semana en esta, y siempre que ellas lo hacían la transformaban en algo caótico. Las chicas eran muy divertidas y podían hacer reír a cualquiera, pero juntas eran demasiado bromistas. Hacían bromas pesadas y exageradas, que a veces hacían que uno tenga ganas de echarlas. Como cuando le pusieron tintura de teñido en el shampoo a Ashlee y de repente se encontró teniendo cabello color verde. O como cuando pusieron trigo triturado en la ensalada haciendo que Amy se hinche toda, ya que ella era celíaca. O como cuando fueron a la piscina del gimnasio y se llevaron la ropa de Ava.

El domingo Pam decidió que todas las mujeres irían a almorzar a Danver's Dinner. Así fue como las seis entaron al restobar y ocuparon la mesa favorita de las hermanas Sharpe. Ellas solían ir seguido a ese restobar ya que era uno de los más concurridos por personas de su edad y el menú que tenía era variado para todo tipo de gustos y dietas.

— Hola mujeres Sharpe. — Las saludó Sara.

Ava dejó caer su menú, sorprendida por un momento al escuchar la voz de su compañera. Se había olvidado nuevamente que ella trabajaba ahí. Si se hubiera acordado habría insistido para ir a otro lado, no porque le molestara la presencia de Sara allí, sino porque tenía miedo de que alguna de sus primas le haga una broma.

— Hola Sara. — La saludó Amy. — Estuve viendo los videos de los saltos de skate del trabajo de física y están geniales, ¿podrías enseñarme? — Expuso con entusiasmo.

— Claro, cuando quieras, si tu madre te deja. — Respondió Sara y le guiño un ojo.

— Mamá… — Comenzó Amy, volviéndose hacia su madre.

— Este no es el lugar ni el momento para discutir esto. — Le advirtió Pam.

— ¿Qué piensas del nuevo look de Ash? — Pidió saber Trish, señalando a la nombrada.

— Me encanta el verde, me parece atrevido, aunque si yo tuviera que elegir un color para teñirme elegiría fucsia. — Dijo Sara con sinceridad.

— Gracias, igual no va a durar mucho, a la tarde pienso pasar por una peluquería. — Dijo Ashely. A pesar de estar molesta por su cambio de color de cabello, se lo había estado tomando con actitud.

— ¿Ya saben que van a pedir o quieren que vuelva en un rato? — Pidió saber Sara, regresando a su modo trabajo.

Cada una hizo su pedido, el cual Sara anotó en un mini cuaderno que sacó del bolsillo de su delantal. Luego se retiró, les llevó las bebidas e informó que traería la comida cuando estuviera lista.

— ¿Ella es tu compañera? — Preguntó Jessica con curiosidad.

— Si. — Afirmó Ava.

— Tiene nuestra edad y está trabajando, qué bajón. — Comentó Trish.

— Le viene bien trabajar porque lo necesita, así que no creo que sea tan bajón para ella. — Justificó Ava, sintiendo que necesitaba defenderla de algún modo.

Ava miró a su madre con cara de auxilio, dándole a entender que no quería que hablen de su compañera. Por suerte su madre la entendió y cambió el tema de conversación.

Cuando terminaron el almuerzo regresaron a su casa. Sus tíos ya estaban esperando a sus primas, así que después de tomar un café se despidieron.

— Ava, necesito hablar de algo con vos. — Dijo su madre, antes que entraran nuevamente a la casa y ella se perdiera en su habitación.

— ¿Qué pasa? — Pidió saber Ava, siguiendo a su madre hacia el living.

— Sara, tu compañera, ¿Es ella la de los desapegos emocionales? — Preguntó, luego de que se acomodaron en uno de los sillones.

— Si. — Asintió.

— Trabajando se la vio bien, aunque no creo que este bien que chicas de su edad trabajen, la prioridad debería ser la educación. — Comentó, intentando armar conversación.

— Por lo poco que sé ella en verdad necesita el trabajo, y en el colegio le va muy bien, siempre está entre las mejores notas. — Aseguró.

Se le hacía raro estar hablando tan seguido de Sara en tan poco tiempo, pero sentía que tenía que defenderla. No le gustaba que la juzguen sin conocerla como ella lo había hecho, Sara no se lo merecía.

— Es solo que me pregunto si el motivo que tiene para necesitar trabajar está relacionado con el tema del desapego. — Dijo pensativamente.

— Bueno, yo no la conozco tanto como para saber eso. — Admitió.

Antes de que pudiera continuar la conversación sonó el timbre. Ambas no le prestaron mucha atención, ya que parte del trabajo de Marisa -además de limpiar- era recibir a los invitados. Pero a los segundos escucharon varios pasos apresurados dirigiéndose hacia ellas y dando por terminada la conversación que estaban teniendo.

— Ava necesito tu ayuda. — Pidió Kuasa entrando al living y luciendo algo desesperada.

— Por supuesto. — Aceptó y le acarició uno de sus brazos para intentar tranquilizarla. — ¿Qué necesitas? — Pidió saber.

— Estaba cuidando a mi hermana y en algún momento nos quedamos dormidas, pero cuando desperté ella ya no estaba. Creo que se escapó. — Respondió, sonando desesperada.

Mari, la hermana de Kuasa tenía nueve años y era sordomuda. Kuasa era muy protectora de ella, siempre tenía temor de que no pudieran entenderla porque la mayoría de las personas no sabían lenguaje de señas. Ava la abrazó para contenerla y darle un poco de calma. Luego mandaron mensajes a sus amigos avisando la situación y salieron en búsqueda de Mari.