Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es MrsK81, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is MrsK81, I'm just translating her amazing words.
Thank you MrsK81 for giving me the chance to share your story in another language!
Capítulo 15
El jueves en la mañana Edward intentó y falló su reto de sexo matutino. Para ser honesta, cada vez me parecía más aceptable la idea, pero todavía no quería que él lo supiera. Supuse que era algo con lo que podría sorprenderlo la primera mañana que no pusiera todo su empeño en ganar.
Él se fue a la oficina unos diez minutos antes que yo para guardar las apariencias y cuando llegué él ya tenía compañía en su oficina. Irina Denali estaba sentada frente a Edward riéndose y platicando animadamente. Aunque Irina era la única de los tres fundadores de D.D.H. que no estaba planeando retirarse en un futuro próximo, ella rara vez venía a nuestro piso y asumí que estaba aquí para por el asunto de que Edward llevara a su hija a la fiesta.
Cuando la compañía empezó a atraer a los grandes autores, ella se encargó de la publicidad y difusión, y aún así lograba hacer las mejores fiestas de lanzamiento y los mejores tours promocionales. Irina y su esposo tenían dos hijas, Kate y Tanya, y yo las conocía a ambas.
Me gustaría decir que ambas eran una malcriadas engreídas sin personalidad y sin una neurona entre ellas, pero ese no era el caso, aunque estaban en orillas opuestas del espectro en cuanto a sus vidas se refería.
Tanya había seguido a medias los pasos de su madre y había puesto su propio negocio de organización de eventos. Se había hecho exitosa por su propio mérito y había logrado esquivar el estigma y la expectativa que venían de tener un padre exitoso. Todo lo que había logrado, lo había hecho por su cuenta e Irina estaba naturalmente orgullosa. Tanya decía las cosas de forma directa - algo que tendía a ser muy gracioso cuando bebía demasiada champaña.
Kate era la más joven de las dos y, a diferencia de Tanya, ella estaba más acostumbrada a la vida que yo solía disfrutar, y no tenía prisa por cambiar. A pesar de eso, Kate era súper dulce, amigable y jodidamente bonita; habría sido tan fácil odiarla, pero no podía. Claro, si al final terminaba yendo como la cita de Edward, creo que odiarla sería considerablemente más fácil.
No necesitaba escuchar la conversación para saber lo que estaban diciendo. Irina era la mejor en persuadir a la gente para hacer las cosas a su manera - mi madre y Phil habían estado al otro lado de su naturaleza persuasiva en varias ocasiones y en realidad era muy divertido de ver. Sin embargo, en esta ocasión no lo estaba encontrando tan divertido.
En cuanto llegué a mi escritorio me topé con la mirada de Edward y casi de inmediato me hizo una seña para entrar a su oficina. Apretando los dientes y forzando una sonrisa, abrí la puerta, asegurándome de ser lo más amable posible.
—Buenos días, Sr. Cullen. Lo mismo para usted, Sra. Denali.
Irina se dio la vuelta para saludarme y en cuanto lo hizo, Edward me lanzó su sonrisa torcida de costumbre.
—Bella, ¿cómo estás? —dijo Irina efusivamente y se paró para abrazarme—. Te ves fabulosa, trabajar aquí debe sentarte bien.
—No es tan malo —dije con un encogimiento y se rio—. ¿Estás emocionada por el sábado en la noche?
—Oh sí, será una noche maravillosa. Pretendía organizarlo yo misma, pero intentar idear algo que fuera apropiado para Peter y la Sra. Goff, y aun así siguiera siendo entretenido para el resto de los empleados resultó ser muy difícil, así que Tanya se ofreció a ayudarme. ¿Escuché que tienes un nuevo novio?
Gemí y Edward sonrió.
—¿Phil?
Ella asintió.
—¿Vendrá a la fiesta?
—No. —Negué con la cabeza—. ¿Puedo ofrecerles una bebida?
—Lo de siempre, Srta. Swan —dijo Edward con suavidad—. ¿Irina?
—No, gracias Bella. Necesito volver a mi lugar; sólo intentaba persuadir a Edward para acompañar a Kate el sábado, pero parece que ya tiene a alguien más en mente. —Se rio entre dientes—. Pues quién quiera que sea la afortunada dama, será la envidia de la mayoría de las empleadas de aquí… y me atrevería a decir que de algunos empleados también.
—Lo dudo —murmuró Edward.
—Pfft —bufé, segura de que estaba siendo amable porque nadie era tan ciego ante su sensualidad. Podrían pensar que era un cabrón, pero nadie podía negar que se veía bien.
Ambos me miraron y me sonrojé, se suponía que ese no debía ser un bufido audible.
—Quiero decir que es… um… es que escucho a la gente hablar… um… ya sabe sobre… es mejor que vuelva a trabajar.
Al cerrar la puerta tras de mí escuché a Irina decir en un tono muy divertido:
—¿Ves a lo que me refiero?
Casi me sentía demasiado avergonzada para asomar mi cara en la oficina de nuevo y llevarle su café a Edward, no pude hacer contacto visual con él ni con Irina y me salí antes de poder ponerme más en evidencia. Cinco minutos más tarde cuando Irina abrió la puerta no había tenido éxito en persuadir a Edward, pero una vez más mencionó que estaba ansiosa por conocer a su "cita".
Después de acompañarla al elevador, él se detuvo en mi escritorio.
—Irina cree que te gusto. Me dijo que tuviera mucho cuidado para no darte la impresión equivocada sobre nuestra relación —se rio.
—Si tan sólo supiera, ¿eh? —sonreí, pero fue forzada y Edward lo notó.
—¿Qué pasa? —preguntó suavemente.
—Nada —mentí, pero Edward me miró a la espera—. Bien, ¿acaso para todos la idea de que tú y yo estemos juntos es tan descabellada? —suspiré con derrota.
—No creo que se trate de ti y de mí como individuos, Bella; es toda nuestra situación. Eres mi asistente y la hijastra de Phil. El que me consideren ampliamente como todo un cabrón tampoco me beneficia en absoluto. Probablemente piensan que tienes mejor gusto como para desperdiciar tu energía en alguien como yo.
—¿Qué puedo decir? Soy una masoquista. —Quería preguntarle sobre la cita que Irina había mencionado, pero al mismo tiempo no quería que pensara que estaba actuando celosa y posesiva. Al carajo—. ¿A quién llevarás el sábado?
—Ya que mi primera elección no era una opción, tuve que replantear mi estrategia. —Me guiñó y fruncí el ceño.
—No me dirás, ¿cierto? —pregunté y negó con la cabeza—. Cabeza de pito.
—Lo importante para recordar, Bella, no es con quién llegaré ahí, sino con quién me iré… discretamente, claro. —Se puso muy intenso y sensual, y me costó toda mi fuerza no saltarle encima—. Lo estás haciendo de nuevo.
—No estoy haciendo nada —protesté, pero mis ojos bajaron a su entrepierna por costumbre.
—No me puedes mirar así —gimió—. Estás actuando seductora de nuevo.
—Oye, tú empezaste con esto —le dije arrogante—. ¿No tienes trabajo que hacer? Sé que yo sí, así que vete.
Se rio, pero retrocedió hacia su oficina.
—¿Puedo llevarte a cenar mañana en la noche?
—No puede, señor —le dije y casi me reí de su expresión disconforme—. Mi papá vendrá a la ciudad para verme, así que cenaremos juntos. Está ansioso por escuchar todos los detalles de mis primeras seis semanas y media de vida laboral. ¿Qué te parece mejor esta noche? Podrías venir a mi apartamento y cocinaré algo para nosotros.
—¿Tus amigas estarán ahí para acorralarme semidesnudo en la cocina otra vez? —hizo una mueca y me reí—. Eso fue aterrador.
—Estoy segura que puedo pedirles que se abstengan de acorralarte semidesnudo, pero son mis amigas, así que venimos en paquete. —Luego añadí con un terrible acento italiano—: No te agradan mis amigas, entonces no me agradas tú. ¿Capisce?
Los hombros de Edward se sacudieron a causa de su risa y asintió.
—Capisce.
—Muy bien —dije, y le hice una seña para que se fuera. Seguía riéndose para sí cuando cerró la puerta.
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—¿Van a comer con nosotros? —le pregunté a Amber y me miró dudosa—. ¿Qué?
—¿Te comportarás? —bufó.
—¿Qué se supone que significa eso? —musité.
—Si van a estar manoseándose bajo la mesa, creo que mejor paso. —Cuando empecé a quejarme, me interrumpió—: Es en serio.
Sonreí con dulzura.
—Prometo que nos comportaremos… al menos al principio.
Carmen me entregó una copa de vino.
—Podemos acordar una palabra específica o una señal que signifique: ahora váyanse, quiero tener sexo.
—Me agrada la idea. —Brindamos con las copas—. ¿Pueden vigilar la lasaña mientras me doy un baño rápido?
—Pensé que tú cocinarías la cena —dijo Amber fingiendo desprecio—. No recuerdo que nosotras ofreciéramos ayuda como parte del trato.
Le tiré dedo y me apresuré hacia mi habitación. Tenía diecinueve minutos antes de que Edward llegara y él siempre era muy puntual. Pretendía tomar una ducha rápida, pero mi mente empezó a divagar y el sonido de mi celular interrumpió mis ensoñaciones. Me envolví una toalla en el cuerpo y contesté.
—Soy yo… estoy afuera tocando el timbre de tu apartamento, pero nadie responde —la voz de Edward sonó por la línea.
—Perdón, estaba en la ducha. Iré a abrirte. —Colgué y escuché la música retumbando en la sala, y murmuré para mí—: Ahora sé por qué no lo escucharon tocar.
Corrí a la puerta y le sonreí a Edward.
—Hola.
Sus ojos miraron mi falta de ropa.
—Interesante. —Avanzó un paso y me besó, agarrando de inmediato la toalla.
—Carmen y Amber están aquí. —Aparté su mano de golpe y retrocedí un paso—. Hay ciertas cosas que preferiría que no vieran.
—Vestirte así para después negarme la oportunidad de jugar es casi como mostrarle un regalo a un niño, pero sin dejar que lo abra. —Lo volvió a intentar, y gimió cuando negué con la cabeza—. ¿Hueles eso? ¿Algo se quema?
—Bien, bien, lo entiendo —resoplé—. Estás caliente, soy una provocadora y ahora tu entrepierna está ardiendo o algo igualmente cursi.
—Bella, en serio —repitió—. Puedo oler algo quemado.
Olí el aire y efectivamente algo se estaba quemando.
—¡Oh carajo! —grité—. La lasaña.
Durante una fracción de segundo tuve la esperanza de que no estuviera tan quemada, tal vez sólo un poco tostada en la capa de arriba, pero luego abrí el horno y una enorme nube de humo se alzó en la cocina a mi alrededor. Agité frenéticamente las manos para disipar el humo y luego miré la comida quemada con un suspiro.
—Ahí quedó nuestra cena —farfullé—. ¿A menos de que quieras comer lasaña cremada?
—Oye, le daré una oportunidad —se ofreció Edward y me reí.
—Eres muy dulce. —Palmeé su mejilla y luego apoyé la cabeza en su pecho.
—Supongo que jodiste la cena. —Amber y Carmen habían seguido el camino de humo hasta la cocina y las fulminé con la mirada.
—De hecho, tú jodiste la cena. Te pedí que la cuidaras mientras yo me bañaba.
—Mierda, ¡perdón! —Amber se tapó la boca con la mano—. Lo olvidé por completo. De verdad lo siento, Bella, ¿qué te parece si intento conseguir más brownies para compensarlo?
—No, vamos a pedir pizza o algo así —dije con tristeza—. Sólo iré a vestirme antes.
La lasaña fue todo un fracaso, pero la cena en sí no se perdió. Ordenamos pizza y en cuanto Edward se relajó, él y las chicas se llevaron muy bien, sorprendentemente bien para ser honesta. Él seguía con la guardia alta como siempre, sin revelar nada muy personal, pero habló con felicidad sobre su trabajo y vida en Chicago. No hubo manoseos debajo de la mesa ni necesidad de un código para decirle a las chicas que lo quería desnudar. Las horas pasaron volando y me sorprendí cuando Edward se levantó, llevando la atención a lo tarde que era.
—Debería irme —dijo, sacando las llaves de su bolsillo.
—¿No te quedarás esta noche? —pregunté esperanzada.
—¿Quieres que me quede?
—¿Acaso no es obvio? —bufó Amber y Edward se rio.
—Vamos —dije, jalándolo tras de mí hacia el pasillo—. Podemos hablar aquí.
—Siempre y cuando eso sea todo lo que hagan —gritó Carmen y ambas se empezaron a reír.
—Perdón, creo que de verdad son chicos adolescentes en cuerpos femeninos. —Me paré de puntillas y lo besé—¿De verdad te vas a ir?
—No quería asumir… —comenzó a decir y froté mi mano sobre sus pantalones. Sí, se va a quedar—. No, no me iré.
Comenzamos a movernos hacia mi habitación, pero el segundo beso nos tenía distraídos y sólo llegamos hasta la puerta antes de que nuestras manos comenzaran a vagar. Edward estiró la mano detrás de mí buscando el pomo de la puerta y escuché gritos.
—Habitación equivocada, chicos. —Amber estaba parada a unos pies de distancia con los brazos cruzados—. Te quiero, Bella, y Eddie, tú también pareces ser muy genial. Sin embargo, no van a follar en mi cama.
Las mejillas de Edward se pintaron de rosa y me reí.
—Ops.
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Papá me iba a invitar a la cena, pero su gusto en la comida se limitaba a pescado frito y hamburguesas caseras, así que insistí en elegir yo el restaurante. No lo había visto desde que comencé a trabajar, lo había evitado intencionalmente porque no quería que viera lo difícil que había sido al principio. Ahora que las cosas estaban mejor, creí que sería hora de hacerle saber que ya había superado mi fase inicial de depresión.
Llegué al restaurante unos minutos tarde y papá ya estaba sentado en la mesa. En cuanto vio que me acercaba, se paró a darme un abrazo.
—Bella —dijo con voz suave—. ¿Cómo estás?
—Bien. —Sonreí en grande al sentarnos—. Bastante bien, de hecho.
—¿Y con el trabajo? —preguntó con vacilación—. ¿Sigues enojada conmigo por todo esto?
—No. —Negué con la cabeza, todavía sonriendo—. No te mentiré; ha sido muy duro y es por eso que estuve evitando verte. Al principio no creí que sería capaz de hacerlo, pero ahora… estoy disfrutando mucho del reto.
—¿De verdad? —se veía dudoso y le entrecerré los ojos—. Me alegra que estés feliz, pero tengo que admitir que estaba preocupado.
—¿Preocupado? ¿De que pudiera joderlo? —lo acusé.
—Dejaré pasar la grosería en esta ocasión —me dijo—. Pero, para que conste, no me preocupaba de que fueras a joderlo. Sé que eres inteligente, Bella, pero esperaba que estuvieras furiosa conmigo por meterte en todo esto. Eso era lo que me preocupaba. No quería que me odiaras por esto.
—Nunca te odiaría, papá. Estaba muy furiosa contigo por echarme hasta el fondo de esto, pero ahora lo entiendo e incluso si me dijeras justo ahora que ya podía dejarlo, que podría regresar a como eran las cosas antes; no estoy segura de que lo haría. —Casi me solté riendo por la expresión sorprendida de papá—. No te sorprendas tanto, papá, Dios. ¿De verdad es tan increíble?
—Sorprendente más bien. —Se rio entre dientes.
—¿Podemos ordenar ya? Estoy hambrienta. —Leí el menú, sintiendo que papá me estaba mirando. Sin encontrar su mirada, le dije—: ¿Qué?
—Nada, Bells. Sólo me alegra que estés encontrando tu camino; eso era todo lo que quería.
Afortunadamente, papá no había hablado con mi mamá recientemente, así que no hubo preguntas sin cesar sobre el misterioso novio. Aunque, para mi horror, sí intentó hablar sobre chicos en general.
—Soy tu padre, Bella —dijo y gemí—. No hay nada de malo en querer saber sobre tu vida.
—¿De verdad quieres saber sobre esa parte de mi vida? —pregunté y se encogió de hombros—. En serio, papá, tengo veintitrés años y mi interés en los chicos se ha desarrollado un poco más allá de sostenernos las manos y besos inocentes en la mejilla.
—Oye no te pedí detalles, sólo intento hacer el esfuerzo, Bells, sígueme la corriente. —Se frotó la cara y agregó—: Sólo quiero saber qué está pasando en tu vida.
Estoy locamente enamorada de mi jefe, a quien también estoy follando en cada oportunidad sobre su escritorio en la oficina.
—He estado soltera desde hace tiempo, así que no hay mucho además del trabajo, papá —le dije de forma casual—. Conocí a una chica muy dulce, se llama Emily.
—¿Una chica? —tragó en seco—. Oh, entonces eres… no creí… es una sorpresa. ¿De verdad eres…?
—¿Lesbiana? Sí, qué locura, ¿eh? —sonreí—. Creí que sería raro, ya sabes, sexualmente, porque no tienen… pero puedes comprar consoladores ajustables para reemplazar…
—Dios, Bella. —Casi se ahogó con su agua.
—Relájate, papá, sólo te estoy molestando. Todavía me gustan los hombres, no hay novias a la vista, ¿de acuerdo? —me reí y él comenzó a regresar a una tonalidad roja menos intensa—. Emily es sólo una amiga, de hecho es una muy buena amiga.
—Qué bueno. —Asintió con un suspiro de alivio—. No es que no me agraden Amber y Carmen, pero es bueno tener diferentes amigos.
—De hecho, Emily se irá de viaje por Europa en unos meses, así que será una amistad a distancia —sonreí—. Le tengo mucha envidia… lo hará todo ella sola. Irá a una ciudad, espera encontrar trabajo durante unas semanas y usará ese dinero para pasear. Luego irá a otro lado y lo hará de nuevo. Desearía poder ir con ella.
—Creo que preferiría pensar que eres lesbiana antes que pensar en ti viajando por Europa, Bella —gruñó papá.
—De todas formas, no es como que pueda ir, relájate papá —me reí—. Hablando de viajar, iré a San Francisco la próxima semana por trabajo.
—¿Por qué?
—Mi jefe tiene que ir y yo también necesito estar ahí. Sé que será algo de trabajo, pero de todas formas me emociona ir. —No di más explicaciones de por qué el viaje me interesaba tanto, hay algunas cosas que papá no necesitaba saber.
—¿Cómo es ese jefe tuyo? —preguntó—. Escuché que era muy duro.
—Sí lo es —dije, recordando las primeras semanas.
—Estaba hablando sobre él con tu madre; ella escuchó que era muy difícil trabajar con él —me dijo papá—. Es el nuevo, ¿cierto?
—Síp, su nombre es Sr. Cullen —dije, intentando sonar casual—. Sabe lo que quiere y se asegura de conseguirlo. Creo que Phil lo está preparando para su puesto.
—¿Es mayor? —preguntó papá fríamente.
—¿Mayor? —sonreí—. Sí, es mayor.
Papá me miró con atención.
—¿Casado?
—Sólo con su trabajo, papá —me reí.
Asintió todavía suspicaz.
—¿Qué tan mayor?
Me encogí de hombros.
—No le pregunté su fecha exacta de nacimiento, papá.
Veinte de junio de mil novecientos ochenta y cuatro.
—¿Cincuenta? ¿Cuarenta? —Claramente no iba a dejar pasar el tema.
—Dios, papá. No sé… treinta tal vez. —Apenas podía verlo y esperaba que mis mejillas no me estuvieran delatando.
—Dijiste que era mayor —dijo y puse los ojos en blanco.
—Sí es mayor —argumenté débilmente—. Es mayor que yo, ¿no?
—Es tu jefe, Bella. —Se veía exasperado.
Gemí.
—Lo sé, papá.
—¿Phil lo sabe? —me preguntó y se me secó la boca.
—¿Que si Phil sabe qué? —pregunté nerviosa.
—Que te gusta tu jefe.
—Dios —gemí—. Primero Irina, ahora tú. No me gusta.
¿Tengo alguna especie de letrero brillante sobre la cabeza?
—Sólo te cuido, cariño. —Estiró el brazo sobre la mesa y me apretó la mano.
—No necesitas preocuparte, papá. Edward es mi jefe y eso es todo.
—¿Edward? ¿Qué pasó con el Sr. Cullen? —preguntó rápidamente.
—Papá —siseé—. Déjalo. Respeto lo que ha conseguido y su éxito es muy inspirador.
—Trabajo es trabajo, Bella, no mezcles los negocios con el placer. No lo olvides. —Soltó mi mano y le hizo una seña al mesero—. Ya estamos listos para ordenar.
Odiaba mentir, pero él no lo entendería. Yo formaba parte de todo este asunto y no estaba segura de entenderlo. A veces sentía que había algo real entre nosotros, algo que tenía un futuro, pero luego las palabras que dijo en mi habitación regresaban una y otra vez a mí. Había ciertas cosas que se había propuesto conseguir y nada iba a detenerlo. Ni siquiera yo.
Edward…
Puedo llamarla… no, no puedes. Ella tiene planes con su padre. ¿Tal vez podría verla después? Aunque si quisiera verme luego de la cena, me lo habría pedido. ¿Seguía molesta por la persona que llevaría a la fiesta? Tal vez si no hubiera sido tan cabrón y le hubiera dicho a quién iba a llevar, se daría cuenta de que no tiene nada de qué preocuparse y estaría aquí justo ahora. Jugar con ella siempre es contraproducente, debería recordarlo. Hay un montón de cosas que debes recordar cuando estás en una relación… mierda, ¿estamos en una relación? Carajo…
Estos dos necesitan comunicarse, parece que ambos están en la misma página y no lo saben. Charlie es muy suspicaz, si Bella no se cuida terminarán descubriéndolos. Y de nuevo el tema de la acompañante de Edward, ¿a quién creen que lleve a la fiesta?
Mil gracias por leer, como siempre espero ansiosa sus comentarios :)
