06/11/2020

Trigger Waring: Mature.

7


Deidara se retiró de ella, apoyó su cabeza en su mano, recostándose de lado. Sakura se puso boca abajo, el rubio le acariciaba la espalda en suaves masajes. Su esencia siempre era romántica y atenta lo cual contrastaba con sus deseos sexuales: bestiales y eróticos.

Él la seguía viendo, todo en ella le parecía hermoso, su cabello rosado que estaba despeinado y caía sobre su frente, después sus ojos esmeralda, ella era una gran fuente de inspiración para él, pero nunca se lo diría.

—Últimamente he pensado que hemos tenido mucho tiempo esto en secreto.

Sakura lo seguía mirando, que cambio tan drástico tenía Deidara cuando hablaba en serio.

—Es extraño cómo nos hablamos cuando estamos rodeados de más personas.

—¿Eso piensas?

Deidara se acercó más a Sakura, encendió una luz que estaba en su cabecera, iluminando el rostro de Deidara, dejando ver su expresión y la crudeza de sus palabras, el asintió.

—No quiero presionarte, es sólo que... tú eres diferente, te mereces algo más que solo encuentros casuales.

Sakura le sonrió, ella tocó su rostro.

—¿Me estás diciendo que soy afortunada por estos encuentros?

Él le sonrió, Deidara amaba la química que tenían.

—Claro, eres afortunada por tener a este hombre loco por ti.

Sakura lo siguió mirando a los ojos, ella no estaba segura de cual camino tomaría con Deidara, esa última semana había tenido tantas emociones juntas, era imposible detenerse a pensar.

—¿Entonces ya no serás un espíritu libre?

Él estiró con suavidad un mechón rosado.

—Sí, seré un espíritu libre, a tu lado.

Ella tocó el rostro de Deidara, sus ojos se fueron por su abdomen hasta la cicatriz que ella le había hecho de su cirugía.

—¿Qué te pasó? Creí que ambos estábamos enamorados de nuestra libertad.

Deidara le sonrió, él esperaba esa respuesta, él sabía que Sakura había amado mucho en el pasado y por eso se negaba a abrir su corazón de nuevo. Lo que él no sabía con seguridad es que ¿cuál hubiera sido su respuesta si el Uchiha no se hubiera aparecido?

—Me gusta ser libre y compartirme contigo—. Dijo Sakura al final.

—Fue lo que acordamos—. Dijo él.

Sakura se acomodó encima del cuerpo de Deidara, sus senos estaban en su pecho, él le pasó un mechón por detrás de la oreja.

—Quisiera hacerte cambiar de parecer.

—Tal vez yo te haga cambiar de parecer—. Ella comenzó a bajar por su abdomen, pasando sus labios por su ingle, el comenzó a sentir las sensaciones embriagantes de su boca. Soltaba pequeños quejidos, la lengua de Sakura hacía maravillas.

"Ganaste esta vez" pensó Deidara antes de entregarse al delicioso placer que el sexo oral le estaba brindando.

A la mañana siguiente Sakura despertó, llevó su mano al otro extremo de la cama para tocar a Deidara, pero él no estaba ahí, llevó las sábanas hasta su pecho y se incorporó. Escuchó el ruido de la cafetera, tomó una camisa blanca de Deidara y caminó al recibidor, la camiseta le quedaba grande, cubría todo su cuerpo hasta la mitad de sus muslos, con cada paso que daba sus senos se movían con libertad. Ella encontró al rubio cerca de una ventana, estaba concentrado en una pintura, le estaba dando los últimos detalles con un pincel muy fino. Sakura llegó por detrás y lo rodeó con sus brazos. A él le gustaba sentir ese tipo de afecto, muy diferente a sus deseos carnales.

—El desayuno está listo—. Dijo Deidara.

Ella dejó de abrazarlo y caminó a la cocina para tomar una taza y servirse café. Sakura observó de lejos su pintura.

—Es hermosa.

—Y dolorosa.

—¿Estás experimentando dolor?

—Solo cuando no estás—. Él se acercó y tomó su rostro. La beso con suavidad, Sakura estaba confundida, Deidara le estaba pidiendo formalizar su relación, pero ella no se sentía lista para eso, porque todo lo que empezaba terminaba, porque todas las personas se iban. Primero su madre, después Sasuke, incluso ella llegó a abandonarse a sí misma.

—Déjame llevarte hoy al trabajo.

Sakura lo miró un instante, podía ver en la mirada de Deidara algo que no había visto antes.

—Iré a prepararme—. Ella se levantó y Deidara se quedó inmóvil, miró su pintura, supo de inmediato el sentimiento que rodeaba su obra, cuando las personas la vieran en una exposición de sentirían enamoradas, porque así era como se sentía él en ese momento.


Premoniciones del pasado: Deidara

1 año antes

Verano

El día que se conocieron Deidara y Sakura parecía ser como cualquier otro, de hecho, para el rubio había sido un día demasiado ajetreado. Él estaba en su auto, conduciendo por la carretera. Tenía lentes oscuros y una mirada de concentración. Llevaba algunas horas manejando sin parar, Deidara había sido elegido como uno de los artistas más influyentes menor de treinta años, siempre había estado dividido entre su gran amor que era la corriente artística y su futuro como arquitecto. El diseño le encantaba, en cada lugar que pasaba siempre pensaba en cómo mejorarlo y en que corriente arquitectónica se habían basado. El rubio tenía que regresar a la ciudad antes del anochecer, aún tenía trabajo que hacer y su escapada a una ciudad aparentemente "cercana" no había sido planeada. Su teléfono sonó, él contestó con el altavoz del coche.

—Hey, ¿dónde estás?—. Dijo Hidan.

—En la carretera.

—¿Con una chica?

Deidara rio, sabía el motivo de la llamada.

—No, tuve algo más importante.

—Debiste avisar que no estarías, Kisame y Sasori insistieron en esperar a que regresaras del trabajo. Han estado afuera de tu casa como cuarenta minutos.

—¿Itachi vendrá? — preguntó el rubio.

—No, creo que esta noche solo seremos nosotros tres, nos vemos—. Hidan colgó y Deidara frunció el ceño, él siempre era así, actuando sin aviso.

Un mensaje de texto le llegó, Deidara lo vio de reojo.

"Itachi: Siento no poder ir, era imposible cancelar a mi padre. Nos veremos la próxima ¿entendido?"

Deidara sonrió, cada fin de mes los cinco hombres se reunían en la ciudad, a veces el cuarteto iba a la ciudad donde vivía actualmente Itachi y en ocasiones el Uchiha los visitaba.

El atardecer poco a poco iba cayendo, los colores eran una combinación entre rosados, rojos y anaranjados.

"Sublime" pensó Deidara. La atmósfera inspiradora desapareció cuando una llamada entró a su teléfono, Deidara suspiró, era su ex, o eso decía ella, realmente Deidara le había dejado muy claro el hecho que no serían una pareja, solo tendrían encuentros sin compromisos.

Deidara rechazó la llamada, era la quinta en el día.

A los pocos minutos volvió a llamar, Deidara se impacientó, la chica dejó un correo de voz que Deidara ignoró, desvió su mirada un momento para mandarle un mensaje, que la llamaría después, pero no alcanzo a escribir, unas luces cegaron su camino, Deidara no alcanzó a detenerse, el camión que estaba frente a él empujó a su auto a un barranco, lo último que recordó fue escuchar su teléfono sonar de nuevo.


Él abrió los ojos, le dolía respirar o más bien, le dolía existir. No tenía idea de donde se encontraba, las ventanas de su habitación estaban cerradas, no le daba alguna pista si era de día o si era de noche. Miró por el lugar y no encontró a nadie, no se asustó. Él sabía cómo controlar sus emociones y guardar la calma.

Pudo darse cuenta de que todo el dolor estaba en su tórax, le dolía respirar. A su lado encontró el botón que llamaba a los enfermeros, lo oprimió una vez y esperó pacientemente una respuesta. En un par de minutos entro un joven con un clínico azul, miró la expresión de dolor de Deidara y sin embargo no se quejó.

—¿Qué sucedió?

—Tuvo un accidente, llamaré a su médico.

El enfermero salió de la habitación y Deidara cerró los ojos, quería mover sus brazos, tuvo una idea psicótica qué tal vez había perdido un brazo por la sensación de entumecimiento que sentía. Abrió los ojos con lentitud cuando escuchó los pasos entrar a su cuarto. Se sorprendió con ver una belleza ahí, ella estaba detrás de otro sujeto que se veía mayor.

—Buenas noches, jovencito.

Deidara tomó aire para hablar.

—Hola—. Soltó con dificultad.

Sakura estaba viéndolo, anotaba algunas cosas en su libreta.

—Soy tu traumatólogo, el Dr. Kent, solo quiero decirte que tu cirugía fue un éxito, estarás unos días en observación y después podrás irte a casa.

Deidara asintió, seguía viendo a la joven, aunque ella no lo viera a él.

—Te dejare con la Doctora Sakura Haruno, ella te dará los detalles. Con permiso.

—Hola—. Dijo Deidara una vez más cuando el doctor salió.

Sakura lo miró.

—Discúlpeme, estaba llenando historia clínica. Encontraron su identificación, pudimos acceder al sistema.

Él se sintió relajado con al oír la voz de ella, era tranquila y segura.

—¿Cómo se siente? Tuvo un accidente fuerte.

—¿Qué tan fuerte?—. Preguntó Deidara.

—Tuvo cirugía para arreglar su pulmón colapsado, tres costillas perforaron y hubo daños a vasos colaterales. También tuvo una cirugía en la pierna, fue muy aparatoso el accidente. Aunque, al diagnóstico fue mucho mejor de lo que esperábamos, fue muy fuerte.

Deidara trató de acomodarse, Sakura lo impidió.

—No le recomiendo moverse así, descanse.

—Tu hiciste mi cirugía—. Dijo Sakura.

—Ehh, no realmente, yo solo...

—No era una pregunta... gracias, Doctora Sakura Haruno.

Ella le sonrió, aún con los golpes en su rostro sus ojos se seguían viendo deslumbrantes.

—Aunque la cicatriz que le quedará si es de mi cortesía—. Dijo ella.

—Será un placer llevar tu arte en mi piel.

Ella no comprendió de inmediato la profundidad de sus palabras, aunque trataba de adivinar, Deidara tenía un aire de misterio y aventura.

—Estas son tus recomendaciones.

Sakura le señaló en una hoja el tratamiento al que se tenía que someter.

Deidara no entendió nada de lo que ella dijo, estaba ocupado viendo cada detalle en su rostro, sus labios de color rosado y su piel nívea, tenía unas ligeras ojeras que le demostraban el trabajo duro que ella hacía, además, no tenía que ser demasiado listo para saberlo, pero ella era un genio.

—Lo haré—. Dijo al final Deidara.

Sakura asintió y se dio la vuelta, Deidara observó el espectáculo que era verla en el clínico ajustado. Él supo que disfrutaría los días que se encontrara ahí.

En un movimiento sumamente doloroso encontró una posición adecuada para dormir. El collarín en su cuello le incomodaba, cerró los ojos y se destinó a dormir.

Habían pasado un par de días, a Deidara le parecía doloroso cualquier movimiento que hacía, aunque el decidió tomar esa sensibilidad para transformarla en arte, gracias al equipo de enfermeras habían concedido llevarle a Deidara un caballete sencillo, de principiantes y ponerlo a lado de su cama. Las visitas que había tenido Deidara eran variadas, desde el ingeniero y arquitecto más cuadrado de su constructora hasta su maestro de la escuela de artes, todos le habían expresado su preocupación y se alegraron cuando supieron que estaba bien. Los padres de Deidara también habían llegado, aunque fue efímera su visita, la madre del rubio era muralista y tenía proyectos importantes fuera del país, mientras que su padre tenía proyectos activistas en lugares recónditos. De todas formas, agradeció su visita y les prometió informar todos los movimientos del hospital.

Deidara estaba tan concentrado que no escuchó los pasos de ella, levantó la vista y encontró a Sakura perdida en su pintura.

—Vaya, es hermoso.

—Y doloroso—. Dijo él.

—¿Sientes dolor localizado o ambiguo?

Él le sonrió por su sincera preocupación.

—En este momento no siento dolor, es decir, si me duele el cuerpo, pero me refiero a que la pintura debe expresar dolor, porque la estoy creando con todo mi dolor.

Sakura la miró una vez más, ella se cautivó de nuevo, aunque no sentía el dolor al que se refería Deidara.

—¿Donde es? Exactamente.

En la ilustración, estaba el frente de un coche, con una carretera de fondo y los tonos anaranjados en el cielo.

—Es lo último que recuerdo antes del accidente.

Sakura lo entendió, pudo experimentar el dolor, de hecho, pudo sentirse parte de la pintura, lo que a algunas personas le parecía hermoso podía ser una fibra sensible en alguien. Ella se disculpó de inmediato y Deidara rio.

—Ese es el punto del arte, Doctora—. Dijo Deidara. —Ustedes, los médicos, son seres más bien racionales y científicos. Nosotros los artistas somos espíritus libres.

Ella se acercó a él, Deidara respiró su aroma, era único.

—No lo creo—. Dijo una voz.

Unos pasos resonaron por la habitación, Deidara se recargó en su cama, observó al joven pelirrojo con un clínico verde.

—Tardaste demasiado en venir a verme, creí que eras doctor—. Replicó Deidara.

Sakura miró a los dos jóvenes.

—Un brote de coxakie me mantuvo ocupado, vine a verte, pero estabas inconsciente— Sasori miró a Sakura, ambos acaban de comenzar la residencia en el hospital. —Aunque veo que ya conociste a mi colega.

Sakura se encogió de hombros.

—¿Se conocen desde hace mucho?— Preguntó Sakura.

—Fuimos a la misma escuela, creamos una fraternidad y después ambos fuimos a la escuela de artes.

Sakura miró con sorpresa a Sasori.

—¿También eres artista? Vaya—. Sakura se llevó una mano a la boca, él aún no la conocía bien, le agradó que ella se impresionara.

—Sasori es uno de los artistas que más respeto, tiene una gran visión, aunque a veces tiene que seguir su lado científico. Es una pena.

El pelirrojo le dio media sonrisa.

—Tu eres arquitecto, ¿cómo puedes criticar a la medicina?

A Sakura le pareció agradable como ambos discutían, también observó con otros ojos a Sasori, que hasta el momento había limitado su conversación con ella. Sakura esperaba que se llevaran mejor con el paso del tiempo.


Los días en el hospital para Deidara sirvieron de fuente de inspiración, conforme pasaba el tiempo su cuerpo se recuperaba, podía dar paseos en el hospital y en ocasiones hablar con las personas. Una mujer mayor que tenía a su esposo hospitalizado reconoció a Deidara, era famoso por su arte y por su trabajo como arquitecto. Firmó un contrato con la mujer mayor para remodelar su casa.

El rubio sentía que estaba de vacaciones, con todo el tiempo libre para reflexionar sobre su vida hasta ese momento y como estuvo al borde de la muerte. Además, había otro factor que había soportable su estadía, la doctora pelirrosa que diariamente pasaba por su habitación, había transcurrido casi dos semanas desde su accidente y había charlado con Sakura, no sabía lo suficiente sobre ella, pero lo averiguaría. Sakura era reservada y misteriosa, pero con un gran corazón y sobre todo mucha pasión, Deidara se preguntó cómo sería como amante.

Él estaba de pie, enfrente de una ventana, Deidara estaba observando en el exterior a un grupo de personas mayores que estaban recibiendo rehabilitación. Fotografió esa imagen en su cabeza, tenía la idea para su próxima obra.

—Estas impaciente por irte, supongo.

Deidara se volteó lentamente, observó a la médico pelirrosa con su clínico verde y una bata blanca. Ella estaba en el marco de la puerta.

—Al principio sí, pero en este momento estoy disfrutando mi tiempo libre.

—Supongo que eres un hombre muy ocupado.

—No tanto como tú, doctora—. Deidara se movió hábilmente con la muleta debajo de su hombro izquierdo. —¿Por qué no almuerzas conmigo?

Sakura le sonrió y se acercó a él para acomodarle la muleta.

—No salgo con pacientes. Tienes sujetarla así para evitar el estrés en tu hombro—. Dijo Sakura cambiando de tema.

Él la miró de cerca, ambos tenían esa tensión, Deidara le acomodó el cabello que tenía suelto. Ella no podía dejar de mirar sus ojos azules.

—Te veré después.


Otoño

Sakura estaba a punto de salir de su primera cirugía en ginecología, estaba nerviosa, todos sus anteriores trabajos de apoyo habían sido en cirugías de mínima invasión. Ella se quitó el gorro quirúrgico y las enfermeras le habían ayudado a quitarse las barreras clínicas. El cirujano la felicitó por su labor, y por contestar correctamente a las preguntas que le había hecho en la cirugía.

Sakura salió del quirófano y caminó por el pasillo con gran tranquilidad, se había quitado un gran peso de encima.

Cuando regresó a su locker una hoja se había salido de su lugar, ella fue al suelo para levantarla, miró con nostálgica la obra de arte que estaba plasmada en una hoja de receta médica. Deidara le había regalado su primer borrador de una pintura en la que trabajaría después de salir del hospital. Ella guardaba las cosas que sus pacientes le regalaban, eran un tesoro.

—Hey—. La llamó alguien.

—Sasori, hola.

—Vi que te dieron la cirugía de ginecología.

Ella asintió.

—A mí me dieron un cambio de sexo.

—Apoyo tus decisiones—. Dijo Sakura y ambos rieron, ella notaba la constante rivalidad que compartían, pero ambos se apoyaban. Sasori era un genio, venía de una familia de médicos mientras que Sakura fue la primera -y tal vez única- de su familia que terminó la educación superior. Por esa razón Sasori la había subestimado.

—Está noche tendré una exposición de arte, algunas de mis obras de este año están ahí. Y estoy nominado. Me encantaría que tú y la doctora Tsunade me acompañaran.

Sakura se sorprendió.

—¿Cómo puedes ser médico y artista al mismo tiempo?

—También soy el número uno de la residencia, no lo olvides.

Sakura rio.

—Vuelve a verificar tus números. Hay alguien más en primer lugar y no eres tú.

Sasori rio.

—Es a las nueve y habrá mucho alcohol.

—Estaré ahí.


En el lugar había personas por todas partes, Sakura encontró a Tsunade en la barra, tenía un martini y las mejillas rojas.

—Sabía que te encontraría aquí.

Tsunade tenía un vestido entallado de color beige, su cabello estaba suelto por su espalda. En sus hombros tenía un abrigo.

Sakura no ordenó nada, al día siguiente tendría guardia por la mañana.

—¿Quieres echar un vistazo por mí? No quiero separarme del bar.

Sakura rio, encontró a otro par de compañeros médicos que le hicieron compañía a Tsunade. La pelirrosa comenzó a caminar por la galería, las obras estaban en muros de marfil con una fuente luz apropiada, las hacía ver más reales. Rápidamente Sakura encontró una de Sasori, era una pintura abstracta, pero con gran significado, en ella una ciudad utópica estaba representada con extraños elementos.

Sakura pasó su mirada a la obra más hermosa que había visto en su vida, era un cuadro sencillo pintado al óleo, en él estaba un grupo de ancianos en el exterior, vistos a través de una persiana. A Sakura le pareció familiar, era una habitación de hospital. Era la habitación donde había estado Deidara.

Ella caminó hacia atrás y topó con algo blando.

—Encontraste la obra por la cual estoy nominado.

Sakura lo miró atentamente, Deidara se veía más atractivo, ella no sabía si era porque el rubio estaba en su elemento, pero él se veía radiante, usaba un traje negro con una camisa negra sin corbata, el cuello se veía desarreglado. Un grupo de hombres se aproximaron a Deidara, tenían un aire artístico también. Él no dejó de hablar con Sakura a pesar de que estuvieran esperando a que se desocupara.

—Caballeros—. Dijo Deidara dirigiéndose a los hombres. —Ella es la doctora Sakura Haruno. Mi cirujana.

Todos estrecharon la mano de Sakura, los hombres no molestaron a Deidara, sabían que su atención se dirigiría a su invitada.


Al terminar la exposición y los premios, Sakura estaba a punto de irse, vio a Sasori estuchar a muchas personas y felicitarlo por su galardón de esta noche, aunque no quería irse aún, quería hablar con Deidara, ella nunca negó o afirmó la tensión sexual que había entre ellos, no sabía si eso sería correcto, pero por una noche quería caer bajo sus más primitivos instintos.

Sakura salió, aún había una gran conglomeración de personas, como si Sakura lo hubiera llamado por telepatía, Deidara apareció detrás de ella, antes de llamarla, el rubio la admiro de pies a cabeza, le volvía loco, ella estaba usando un vestido negro clásico y elegante, se ajustaba en su cadera, intento calmar sus ganas.

—¿Disfrutaste la velada?

—Estoy encantada.

No podían dejar de verse, él se estaba acercando a ella, él sabía que no era el momento, pero no podía callar su deseo.

—¿Quieres que te muestre el lugar? Curiosamente tengo una conexión con él.

Sakura asintió, él le ofreció su brazo y Sakura lo tomó. Ambos entraron nuevamente a la gran mansión.

—Está mansión fue remodelada y trabajada por mi equipo. Fui el líder del proyecto.

Sakura se maravilló por la arquitectura tan hermosa que había. Podía ver el sello de Deidara en ella.

—Actualmente sirve como museo y galería, pero perteneció a una familia acaudalada en los cincuenta. Tiene mucha historia—. Explicó Deidara.

Sakura pasó su mano por un muro de marfil.

—Este sitio me ayuda a pensar a veces cuando tengo algún bloqueo creativo.

—¿Siempre puedes pasar? — preguntó ella.

—Es un beneficio que me dieron. Tengo un estudio privado de arte arriba. Algún tiempo estuve pensando en abrir una academia de arte aquí. Pero la enseñanza no es lo mío.

Sakura le asintió.

—Enséñame tu estudio.

Deidara la miró, había un brillo diferente en su mirada. El sentía lo mismo, ganas asfixiantes de hacerla suya.

Él le ofreció una mano y subieron por las escaleras de madera. Avanzaron un par de pasillos y en una puerta de caoba negra se detuvo Deidara.

—Estas a punto de pasar a lo que para ti es el quirófano, esto es lo que verdaderamente me apasiona.

Sakura estaba impaciente por entrar, todo acerca de él le maravillaba.

Deidara abrió la puerta y Sakura entró, encontró un gran piso con amplias ventanas en toda la pared, la luz de la noche entraba y agregaba un ambiente estimulante para la creatividad. En el techo un par de apliques daban una tenue iluminación. Deidara tenía todo tipo de instrumentos para la pintura, la escultura y el tallado. Muy cerca de una pared había un escritorio, en el estaban cientos de bosquejos sobre edificios y viviendas, Deidara era un artista nato.

Sakura todo con mucho cuidado un caballete que estaba enfrente de una ventana, Deidara la observaba con curiosidad, ella estaba completamente absorta en el estudio de Deidara.

El rubio tomó un carboncillo y se lo puso a Sakura en las manos, ella no supo que hacer, con su mano la fue guiando para crear líneas, tomó la otra mano de la pelirrosa y apretó sus dedos, los llevó a la línea que acaba de trazar y la fue difuminando. La pelirrosa estaba sorprendida del efecto tan sencillo que producía.

Ella se percató de la nula distancia que había entre ellos, podía sentir el pecho de Deidara subir y bajar, ella soltó las manos del rubio y se puso frente a él. Ambos se estaban mirando con deseo, el comenzó a bajar su cabeza hacia ella, midiendo sus reacciones, Sakura no se oponía. Ella quería hacerlo.

—Soy tu médico—. Dijo cuando él estuvo lo suficientemente cerca de sus labios.

—No eres más mi médico— dijo el en un susurro. —Y te deseo tanto.

Sakura cerró los ojos y puso sus labios sobre los de Deidara, el rubio se deleitó con ella, él ponía sus manos en todo su cuerpo, tocaba con frenesí sus pechos, su cintura tan estrecha, sintió el cierre de su vestido a su espalda. El comenzó a bajarlo, Sakura comenzó a desabotónale la camisa, ella quería lo mismo que él.

El vestido de Sakura cayó al suelo, quedándose con su ropa interior negra, ella le quitó la camisa, Deidara sin dejar de besarla la llevó hasta su escritorio y se sentó en él. El rubio la recostó, Sakura estaba sobre los bosquejos y trabajos de arquitectura. Lentamente le bajó las panties, Deidara llevó su mano hacia ella, sintió la tibia humedad que emanaba, él quería ser más noble con ella, la subestimo, la vio tan delicada que jamás esperó que tuviera la misma pasión que él.

Sakura se retorcía en el escritorio a los movimientos que Deidara hacía con sus dedos.

Él se excitaba de verla disfrutar, su exhalación era más rápida, se quitó el cinto y desabrochó sus pantalones.

"Al Diablo con la nobleza" pensó él, Sakura le daría una noche, y demasiado tremenda. Deidara se introdujo en ella, comenzó a penetrarla rápidamente, ella se seguía retorciendo en el placer. Deidara no podía pensar en nada, observó el cuerpo de ella, sus senos eran hermosos, sin dejar de penetrarla llevó su lengua hasta ellos, jugaba con sus dientes y el umbral del dolor. Él podía sentir como sus piernas trataban de apretarse más, para recibir el orgasmo. Deidara iba cada vez más rápido, los senos de Sakura subían y bajaban con la velocidad de sus embestidas. El sudor de su frente estaba cayendo en el blanco abdomen de la chica, él tomó a Sakura por la nuca, levantándola hacia él, quería ver sus ojos cuando ella se viniera. Sakura sintió el cambio del ángulo, ella estaba frotando su clítoris con el abdomen de Deidara, la sensación sería catastrófica, todos sus músculos se tensaron para recibirlo. Deidara soltó un grito cuando sintió el clímax, los espasmos comenzaron a actuar y lo último que escuchó antes de venirse fue a Sakura gritar su nombre.

El terminó y recargó su mentón encima de la cabeza de ella, se veía tan hermosa, su cabello estaba despeinado. La tomó del cuello y comenzó a besarla. Tuvo un pensamiento fugaz, de todas las obras de arte que había hecho ahí, estar con Sakura era su favorita.


Hola, esta vez subí dos capítulos porque me mudaré :DD dejénme saber que piensan (de los caps no de que me mudo jajaja) y que sean felices siempre