Capítulo 7
Hermione despertó cuando un rayo de sol le llegó al rostro y calentaba su hombro. Frunció el ceño, renuente a abrir los ojos y poner mala cara. Estaba tan calientita. Inusualmente cálida… ¿y desde cuándo dormía abrazada a la almohada? Una larga, cálida, suave como satín…
Chilló y se tapó la boca con la mano. Se arriesgó a abrir un ojo. La expansión del deliciosamente desnudo pecho d Severus Snape se extendía frente a ella. La luz solar mantenía tibia la pálida piel, haciendo que fuera casi irresistible, y ella no se resistió.
Los dedos de Hermione comenzaron a recorrer el pecho, despacio y deslizándose sobre el abundante vello del pecho, para luego comenzar a circular alrededor de la tetilla. El anillo dorado brilló y el corazón se le estrujó, provocando un bienvenido dolor. Era suya. Él era suyo también. Por completo. Absolutamente.
"¿Es que no está cansada, madame?"
La oscura voz, más grave y áspera por el sueño, hizo que un estremecimiento recorriera la piel de Hermione. Puso el mentón sobre el pecho de su marido y le dedicó una sonrisa cargada de picardía. "No necesito dormir mucho. Supongo que es uno de los beneficios de la juventud."
Severus le gruñó. Tenía más oscura la quijada y podía ver atisbos de barba incipiente es su piel, y su cabello estaba revuelto y se veía maravillosamente despeinado. En la fresca luz de la mañana, se veía absolutamente comestible. Esos ojos oscuros la observaban. "¿Y qué hay de la edad y la experiencia? ¿Y la… resistencia?"
"Cualidades admirables." La sonrisa de Hermione era dulce. "…En la vejez…"
Y con un gritito nacido desde el abdomen de la chica, fue volteada y puesta sobre su espalda, y Severus afirmado entre sus piernas. "Añade a eso potencia y velocidad a la lista."
Con la respiración entrecortada, ella trató de pensar en algo qué decir, algo inteligente, pero parecía trastabillar con las palabras. "¿Otro día de palabras complejas?"
Los ojos de él brillaron y le nació una sonrisa pícara. Comenzó a mover la cadera contra ella, estimulándola con su erección matutina. La respiración de ella se hizo más profunda. El repentino pulso de la necesidad se disparó a través de su cuerpo y ella también comenzó sus propios lentos y sensuales movimientos. Mierda… como si pudiera pensar en palabras complejas ahora…
"Sexo." Murmuró Severus con su voz de terciopelo, envolviendo la palabra en pecado. Su boca descendió hasta la de Hermione. "Esa es mi palabra favorita por las mañanas."
"Una excelente…"
Él comenzó a suavizar la tensión del cuerpo de ella, con tal lentitud que Hermione pudo ignorar las molestias en lugares que ni siquiera sabía que tenía.
Los brazos de su esposo temblaban y tenía la mandíbula apretada y los ojos firmemente cerrados. Lo había visto así la noche anterior, como si ella fuera demasiado para él. El ardor, el poder de ese momento, le quitó a Hermione la respiración. Acarició su rostro, tratando de suavizar la tensión.
Los ojos de él se abrieron, brillando de deseo y lujuria. "Eres real." Murmuró el hombre.
Hermione se movía al compás de los sinuosos movimientos de la cadera de él. Al oírlo, chispas de gozo danzaron en su piel. "Y pretendo serlo por un largo tiempo."
Severua soltó un gruñido de satisfacción y su boca fue a buscar la de ella otra vez, y en un segundo, todo se detuvo.
"¿¡Pero qué diablos!?"
En un instante tenía la varita en la mano y el hechizo rojo que lanzó esquivó por muy poco a una gran lechuza águila. El pobre animal emitió un sonido que casi parecía un ladrido, soltó las cartas sobre la desordenada cama y salió huyendo por la chimenea.
Severus se recostó de nueva cuenta y soltó una letanía de profanidades.
Hermione se estiró y puso su mano contra el áspero rostro de su marido. El momento se había desvanecido, en medio de los repentinos nervios.
EL corazón todavía le latía con fuerza. "Eso fue… inesperado."
Severus echó una carcajada seca. "Ven aquí."
La envolvió con un brazo y la acercó a la calidez y la fuerza de su cuerpo. Ahora fue el turno de él de soltar un suspiro, luego besó el enmarañado cabello de su esposa.
"Primero las cartas, luego desayunamos y luego, seré tuyo para que hagas lo que quieras."
Otra lechuza apareció en la chimenea, pero esta vez, dejó caer el Profeta y se largó. Evidentemente, las lechuzas compartían información sobre los clientes peligrosos. Severus echó una mirada de enfado a la criatura.
"Y esto."
Y aunque estaba enrollado, se podía ver perfectamente el encabezado en primera plana.
Héroe de Guerra, Severus Snape, atrapado… por las garras de Hermione Granger.
Bueno, a la mierda. Parece que no habían tenido a Skeeter por mucho tiempo en San Mungo. ¿Para qué mierda le habrá hechos hoyos a ese jodido frasco?
Hermione inhaló el aroma de su hombre, familiar y superpuesto con los tentadores perfumes de sus actividades juntos.
"Creo que tuvimos una noche completa de tranquilidad. Yo diría que lo estamos haciendo bien."
"Es verdad."
Severus alzó una mano y el paquete entero de cartas voló hasta su mano. Muchas de esas cartas eran rojas. Él frunció el ceño.
"Voy a tener que leerlas todas."
Hermione se lamentó. Solo quería esconderse del disgusto y la antipatía del mundo mágico, pero sabía que eso no sería sabio. "Prefiero saber lo que está diciendo la gente de mí."
"'Para conocer a tu enemigo, debes convertirte en tu enemigo.'"
Ella hizo un gesto. "Por favor. ¿Sun Tzu? ¿Tan temprano?"
Severus sonrió. "De verdad me casé con la insufrible sabelotodo."
Ella depositó un beso en su pecho y le sonrió también. "Correcto."
"¿Los vociferadores primero?"
El estómago de Hermione se revolvió, pero Severus le dio un suave apretoncito de ánimo y ella asintió. "Los vociferadores primero."
Con un toque de su varita, Severus abrió la primera de esas cartas rojo sangre, que estalló llenando el dormitorio con el estridente chillido de Molly Weasley.
¡Hermione Granger! ¿Cómo pudiste? ¡Y con tu profesor! ¡Es una calamidad! ¡Es indecente! ¡Estoy estupefacta! ¡Llevaste a mi Ronnie de las narices! Estaba lista para darte la bienvenida a nuestra familia. Estaba ansiosa por el día en el que te llamara mi hija. Ron está devastado. Espero que seas feliz, en la horrible cama que hiciste con un hombre horrible."
Y con un giro, el pergamino rojo se destrozó en el aire y luego desaparecieron los trozos con un sonido sordo.
"Eso era… de esperarse." Dijo Hermione, apretando el puente de su nariz.
La Sra. Weasley siempre había tenido dos ideas de la castaña en su mente. La respetable Hermione que era la mujer perfecta que su hijo necesitaba, y la otra Hermione, la ramera desenfrenada, que abría las piernas con cualquier hombre que la aceptara. Nunca había entendido cómo era que la madre de Ronald pudiera convivir alegremente con esas dos ideas tan opuestas.
"Ella sabe que Ronald nunca te habría podido conservar a su lado." Murmuró su esposo, besando la sien de la chica. "Su decepción se muestra como enfado. Ella sabe lo que vales, y entonces, te menosprecia porque te has escapado de su dominio."
Hermione presionó el rostro contra el pecho de Severus. Su familiar aroma deshizo el nudo que se le había empezado a formar en el corazón. "Y fue un escape con mucha suerte."
"Ya lo creo." Otro sobre rojo estaba a la espera frente a ellos.
¿Y a quién tenemos ahora?"
El que seguía era Ronald y sus furiosos escupitajos, y Hermione gimió molesta.
"¿En qué estabas pensando, Mione? ¿Snape? Te casaste…"
Luego el sonido de murmuraciones por lo bajo llenó el vacío en la carta. ¿Acaso el idiota pelirrojo temía dirigir un insulto directo hacia el Maestro Pocionista? Severus le había ofrecido un perfecto recordatorio de quién era exactamente, después de todo.
"Me arrastraste. Anoche tenía la sortija en el bolsillo. ¡Estábamos destinados a estar juntos y tú lo arruinaste!"
"Sí, claro, como no." Masculló Severus mientras el vociferador se desintegraba.
"Y eso será lo que le dirá a su familia." Hermione le echó una mirada al periódico a los pies de la cama, mostrando su jodido encabezado. "Y a Rita Skeeter."
"Voy a disfrutar estar casado con una malvada come hombres." Apretó un poquito el muslo de la castaña y ella se carcajeó.
"Eso, definitivamente, hará la vida mucho menos aburrida."
"¿Y la última?"
"¿La estás obligando, Severus Snape?"
"Oh, Harry…" Hermione cerró los ojos y se abrazó a su esposo, necesitando aferrarse a él. Fuerte.
Mierda. El-niño-que-vivió-para-joderle-la-vida estaba metiendo la cabeza en la boca del dragón. Lily Potter no debería hacer acto de presencia cuando estaba desnuda en la cama, con su igualmente desnudo marido. Deseaba, necesitaba tiempo antes de tener que abordar ese tema. Una década o dos parecía una buena idea.
"Le dijiste a Dumbledore que siempre amarías a mi madre. Siempre, Snape. Eso no deja mucho espacio para una esposa, ¿o sí? Libera a Hermione. Ella ama a Ron. El romance…" y aquí Potter se atragantó con la palabra, "del momento la deslumbró. Devuélvele su vida."
La carta se desvaneció en el aire y solo quedó el silencio. Absoluto silencio.
Hermione tragó grueso, deseando llenar ese silencio, deseando asegurarle a Severus que no importaba, que ella sabía que Lily siempre sería parte de su corazón, de su alma, que ella era muy feliz con ese pedacito de su corazón que le pertenecía…
"Expecto Patronum."
El hechizo fue pronunciado con claridad y seguridad.
Una luz plateada salió de la punta de la varita de Severus y comenzó a tomar forma en medio de la bruma. Era un león. Grande y con la melena tupida. Saltó de la cama y caminó por la alfombra. Se dio la vuelta y los miró con unos ojos oscuros y astutos ojos, luego Severus terminó el hechizo.
"¿Viste mis recuerdos?"
"No." Ella tragó otra vez y se humedeció los labios. Su boca estaba muy seca. "No. Él me contó un poco, pero me rehusé a mirar. Eran tus recuerdos. Obligué a Harry a hacer un juramento inquebrantable para que no los compartiera con nadie, o su contenido. Con nadie, aun después que se finalizara tu juicio."
Lo habían declarado inocente, pero algún idiota del ministerio había esparcido partes de las transcripciones del juicio a la prensa. Ahora, el mundo mágico completo sabía de su inquebrantable devoción por Lily Evans.
"Potter se refiere a la noche en la que le mostré a Albus mi patronus. En ese tiempo, todavía era un reflejo de Lily, una cierva. La amé, por un muy largo tiempo. Ella era el único recuerdo sano y tenía que aferrarme a eso con uñas y dientes, más allá de toda razón. Cuando desperté esta semana, mi patronus había cambiado."
Puso un dedo en la barbilla de la chica y levantó su cabeza. Su voz sonaba ahora muy suave.
"Muéstrame tu patronus, Hermione."
A regañadientes se soltó de Severus y buscó su varita.
Su patronus siempre había sido una nutria, una cosita juguetona y bonita, pero ahora, ella quería ver a una compañera para ese majestuoso león de él.
"Hazlo de nuevo." Le murmuró ella y vio el sombrío león aparecer frente a ella.
Hermione cerró los ojos y pensó en sus recuerdos.
En ver a Severus otra vez, como se sentía real y cálido en sus brazos, y real. Su piel, el sabor de su boca, esa confesión murmurada que la amaba. Entonces, conjuró el patronus.
El gozo saltó de ella y Hermione contó los segundos para abrir los ojos. Allí estaba. Una bella leona sobre la alfombra, echando miradas de cautela al macho a su lado. El león se acercó y frotó el cuello de la hembra con su hocico, con una expresión de paz absoluta en sus ojos oscuros.
Hermione sintió que las lágrimas le llenaban los ojos. Se cubrió la boca con una mano para detener una mitad risa, mitad llanto que quiso escapar.
"Ni pienses que voy a empezar a proveerte con cada comida. Ya sabes que no sé cocinar… o cazar antílopes…"
Severus la acercó hacia él, riendo mientras hundía el rostro en el cabello salvaje de su esposa. "Créeme Hermione, puedo vivir felizmente sin tu sobre cocido antílope."
El hombre tomó una inhalación para tranquilizarse.
"¿Lo ves?" Su voz sonaba extrañamente apretada. "El Sr. Potter está hablando con el trasero."
"Todos están en nuestra contra."
"¿Y?"
Hermione casi podía percibir, sin tener que verlo, cómo la ceja de su marido se alzaba. Deseaba ser tan fuerte como él… pero dudaba que alguna vez hubiera una persona más inquebrantablemente fuerte que Severus Snape.
"Tú me haces fuerte."
Ella bufó contra el cuello de él, tratando de ignorar lo que sentía en el pecho. "¿Invadiendo mis pensamientos de nuevo?"
"No lo necesito." Retrucó él. Los ojos oscuros la observaban de nuevo. "Te conozco." Apareció una sonrisa ladeada. "Y es un honor." La media sonrisa se desvaneció. "Sí, habrán vociferadores y titulares mordaces, y se dirán cosas a tus espaldas y te las dirán en la cara también. Pero nosotros… lo que tenemos tú y yo, lo vale."
Y por algunos instantes, hubo un dejo de duda en los ojos de Severus. La culpa llenó a la chica. Ella era la culpable de eso. Mierda. ¡Mierda!
Pero él tenía razón. Tenía toda la razón del mundo. Él valía más la pena que la furiosa estupidez de sus amigos o de extraños. Él le pertenecía y ella lo adoraba.
Hermione se lanzó a los brazos de su esposo. Los papeles volaron en todas direcciones, pero no le importó.
"Olvidemos el resto de las cartas. Todas. Olvida el desayuno. Te deseo ahora mismo. Ya. Para siempre."
Severus presionó su frente contra la de Hermione con un suave suspiro.
"Siempre, mi esposa. Siempre."
N/T: Y ahí está todo. Espero que les haya gustado. Me hubiera encantado una secuela de esta historia, pero creo que no la hay. Por las dudas, voy a chequear.
¡Ah! Y gracias a todas las personas que dejan comentarios, pero que no están registradas en FF, así que les contesto por acá. ¡Muchas gracias!
Pórtense bien, anden con cuidado, no dejen que tosan en sus caras, ni le tosan la cara a la gente, y ¡sean felices! ¡Un abrazo enorme y hasta la próxima historia!
