Disclaimer: Todo reconocible de Harry Potter es propiedad de J.K Rowling.
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Feliz Cumpleaños Princesa
24 de Abril de 1994
Era un domingo soleado y agradable para andar por los verdes terrenos de Hogwarts, desde sentarse bajo la sombra de un árbol hasta para nadar en el lago negro. En su mayoría, no había deberes que hacer o al menos no los había para aquellos que ya los habían hecho. Así que era un día perfecto para cumplir doce años y pasárselo genial. O eso creía Astoria.
La niña asistía a Hogwarts desde septiembre del año pasado y había sido seleccionada con orgullo para la casa de Slytherin. El lugar era tal cual se lo había explicado su hermana, quizá hasta mejor y no se podía quejar de nada. Había hecho nuevas amistades, sobre todo con las chicas con las que compartía el dormitorio. Aunque no por eso se había olvidado de sus otros conocidos, aunque sí que parecía que alguno se había olvidado de ella, pero eso no era algo de lo que se fuera a preocupar y menos aún en ese día.
El día comenzó con un desayuno convencional en el Gran Comedor, a donde llegaron varias lechuzas con las felicitaciones de siempre, de la gente de siempre. No obstante, también hubo algunos regalos más de sus nuevos amigos. En su mayoría habían sido dulces y chocolates los que habían llenado la mesa donde estaba sentada Astoria, pero también hubo otra cosas, como el brazalete de plata que le había dado su hermana o los aretes con forma de serpiente que fueron cortesía de Paige, quien se había convertido desde el inicio del año en su mejor amiga. Por supuesto que tampoco pudo faltar el regalo de Blaise, que pese a lo que hubieran pensado otros, fue el que más le emocionó a la niña, pese a ser nuevamente para su gato. Una linda canasta negra con almohada y listón verde para Salem.
—En serio, Zabini, ¿quién cumple años? ¿El gato o Astoria? —le recriminó Daphne al chico cuando vio el regalo.
—A mí me gusta, ¿sabes? —intervino la cumpleañera, sonriendo de forma amplia y dándole un abrazo a Blaise en forma de agradecimiento.
—Igual eso no le quita lo raro —reiteró su hermana mayor.
—Raro fue regalarte una suscripción a "Corazón de Bruja" el año pasado y no te quejaste —se defendió Zabini sonriendo triunfante—. ¿Sabes lo mucho que estos se burlaron cuando llegó mi lechuza con un paquete rosa? —añadió, señalando a Theodore, Vincent y Gregory quienes solo rieron un poco al recordar.
La aludida bufó y no le dio más importancia al asunto.
Así pues, Astoria continuó abriendo los regalos, que al final de cuentas llevó a su cuarto con ayuda de sus amigas, Paige y Geraldine. Después de eso, y aprovechando el buen clima, las amigas salieron a rondar por ahí. Anduvieron por los alrededores del castillo, charlando y bromeando de todo lo que se les ocurría, hasta que llegó la hora de la comida.
Las chicas volvieron al castillo para comer, pero antes de dar un paso dentro del Gran Comedor, Blaise, Theodore, Tracey, Daphne y dos chicos más que eran amigos de Astoria las llevaron de nuevo afuera, para tener una mini-celebración a la orilla del lago.
—Todo fue idea de Blaise —comentó Theo, sentándose un una roca, mientras acomodaban las cosas.
—Cole merece más crédito, pues fue él el que entró a la cocina para pedirle comida a los elfos —señaló Zabini, mirando al Slytherin de doce años quien tenía el cabello castaño claro y los ojos azules.
—Gracias —murmuró la festejada, dándole un efusivo abrazo al chico, provocando que él se sonrojara un poco.
— ¡Merlín! Dejen la cursilería que quiero comer —declaró Daphne, sacando de la canasta un pastel.
—Primero la canción de feliz cumpleaños —intervino Blaise, riendo un poco ante la expresión de desesperación que tenía la hermana mayor de Astoria.
De esa manera le cantaron rápidamente a la festejada, para enseguida devorar la comida que había llevado y luego comer el pastel.
Fue una tarde muy agradable y divertida, donde terminaron dentro del lago, nadando, jugando y comprobando lo dócil y amistoso que resultaba el calamar gigante pese al susto inicial que se habían llevado cuando un tentáculo levantó a Astoria por los aires.
La mini-celebración o fiesta se terminó cuando el sol comenzó a ocultarse detrás de las montañas y el calamar gigante también se alejó.
El grupo de Slytherin regresó al castillo y se dirigió a la sala común, decididos a cambiarse antes de ir a cenar para no obtener un resfriado por andar con la ropa humeda. Al llegar a la sala de su casa, cada cual se dispuso a ir a sus respectivos dormitorios, sin embargo no pudieron evitarse topar con cierta pareja que ahí se encontraba.
— ¿Pero que os ha pasado?— preguntó Pansy Parkinson, mirando con cierta burla a los recién llegados—. ¿A caso Peeves decidió bañarlos por lo mal que olían?
—Celebramos el cumpleaños de Astoria en compañía del calamar gigante y créeme que es mejor compañía que tú —le contestó Blaise.
—Sin duda alguna tú y el calamar harían buena pareja, sus citas serían muy húmedas —se burló Draco, sonriendo con malicia.
—No te maldigo solo porque ya estás malherido —gruñó el chico, haciendo una mueca de desagrado. No era secreto para nadie lo mal que se llevaban esos dos y quizás nunca nadie entendería el porqué, cuando en primero y segundo año solían llevarse bien.
—No te tengo miedo, Zabini —respondió el rubio, chasqueando la lengua de manera despectiva.
—No vale la pena, Blaise —intervino Astoria, sin ponerle cuidado a Malfoy.
Desde que había comenzado el año, Astoria y Draco no se habían dirigido la palabra ni una sola vez. De hecho, nadie que no fueran Theodore, Daphne, Vincent, Gregory o Pansy, podría decir que esos dos se conocían. Aunque Pansy, al igual que Draco, ignoraba a la pequeña Greengrass. Por eso no era de extrañarse que la pareja no hubiese formado parte de la celebración, mucho menos que no se hubieran tomado la molestia de felicitar a Astoria en su cumpleaños.
Zabini resopló y haciéndole caso a Astoria se dirigió a los dormitorios de una buena vez, seguido de los otros chicos y luego de las chicas que se fueron a sus respectivos cuartos.
La ultima en abandonar la sala común fue la niña que acaba de cumplir doce años. Sus ojos verdes dedicaron una última mirada de reproche y resentimiento a esos dos, quienes ni siquiera le prestaron atención. Sin embargo, cuando Astoria se volteó para tomar rumbo a su habitación, un par de ojos grises la siguieron hasta que se perdió por las escaleras.
Dichos ojos brillaban de coraje y decepción.
