Disclaimer: Lo de siempre Takashi-sama me lo ha dejado bien claro, no me los da bah!

"MIA"

El sol comenzaba a alzarse entre las montañas, mientras el ambarino volvía a la cueva donde había dejado protegida bajo el campo de Tessaiga a su querida mujer. Una vez más el mundo se empeñaba en hacer sufrir a quién el más amaba, las palabras llenas de dolor , rabia y tristeza de la azabache aún retumbaban en su cabeza, pero estaba decidido, la protegería sin importar lo que tuviese que hacer y él sabía cuál era la única opción de Kagome para poder ser libre.

Tendría que matar al Líder del Clan de los hombres Lobo.

Al llegar hasta ella simplemente se dedicó a observarla tanto como pudiese hasta que despertara; después la llevaría a un lugar seguro y entonces iría a recuperar lo que siempre había sido suyo, sin importar si tuviese que luchar hasta morir.


öEn las montañas del Norteö

Kouga observaba el horizonte mientras el sol se apostaba sobre las montañas , este era el día en que comenzaría de nuevo la búsqueda de su mujer y la traería al fin de vuelta a casa, su aspecto lucía desaliñado, sucio y algo desorientado, pero nada le importaba, lo único que necesitaba era a su amada Kagome a su lado, con una última vista al interior de su cueva, visualizando en ella al objeto de su búsqueda salió con dirección al sol; a lo que no sabría que sería una de las peleas más difícil de su vida.

Kagome se estaba desperezando de su sueño, apenas abrió los ojos y pudo ver la silueta en rojo de su querido hanyou observarla despertar. Una calidez emanaba dentro de ella al sentirse protegida.

El peliplata se acerca y posa su mano en la mejilla de la aun recostada chica—Hola Kagome, ¿pudiste descansar?—preguntó con obvia preocupación y dulzura en sus ojos además de una susurrante voz.

—Mmmj—emitió un pequeño sonido afirmativo mientras asentía con su cabeza—Gracias por todo Inuyasha.

—No tienes por que agradecer—dicho esto le dio un pequeño beso en la frente lo cual hizo que salieran unas pequeñas lagrimas de los ojos de la chica—Kagome yo haré todo por ti como siempre debió ser, ¿de acuerdo?

—Pero Inuyash...—el peliplateado la interrumpió con un dedo en sus labios.

—Shh, no seas tonta y solo di que sí.

—Sí—pudo sentir como la emoción de su corazón invadía todo su torrente sanguineo, no importaba que sucediera su dulce Inuyasha siempre sería el héroe en sus desgracias.

—Bien entonces necesito que te levantes, ¡porque hay un lugar al que quiero llevarte!—dijo con una radiante sonrisa.

—Sí Inuyasha, pero ¿crees que sea seguro movernos de lugar...? seguramente el me está buscando... —el miedo en su voz era claramente notorio, no quería pensar en ello pero al final Kouga siempre invadía su felicidad de una manera u otra y era casi imposible que el joven lobo no la estuviese buscando como desesperado.

Inuyasha se levanto de su lado dándole la espalda haciendo que la azabache se incorporara con una expresión de preocupación en su rostro, sin embargo Inuyasha no cambio su expresión de seguridad al contrario con renovada confianza se volvió para ayudarla a terminar de levantarse.

—¡Oye no quiero excusas! ninguna mujer mía va a ser una holgazana, así que andando partiremos justo ahora.—dijo mientras sostenía en una mano su cintura y con la otra desclavaba la espada de la entrada de la cueva.

—E... e.. está bien Inuyasha.

—¿Oye porqué te sonrojas?—preguntó deshaciendo el agarre de su cintura para proceder a acomodarla en su espalda como solían hacer en la búsqueda de los fragmentos.

Dicho esto Kagome se afianzó a su espalda con la palabra "mujer" dicha por su querido Inuyasha, sus gruesas lágrimas caían al vacio mientras el semidemonio brincaba con agilidad y rapidez por aquel bosque desconocido, el podía sentir como algunas de ellas caían sobre su ropa además de poder oler la sal de las mismas provenir de ella, su cara mostraba decisión, haría cualquier cosa por su Kagome.

Después de un rápido viaje a la parte más profunda e interna del bosque, llegaron hacia la caída de una cascada, ahí el peli plata le pidió a la azabache tomar aire profundo y cruzaron el tremendo chorro de agua, avanzando hasta lo más profundo de la cueva que se encontraba en ese lugar, en la cual había una pequeña cabaña.

—¿Inuyasha y este lugar?— pronunció con curiosidad.

—Yo lo construí la mañana de ayer después de cazar la comida—dijo con cierto dejo de orgullo y felicidad.

—¿Tú solo la construiste?—para ser una pequeña cabaña estaba muy bien hecha y con el poco tiempo que había estado fuera el chico ella estaba realmente sorprendida de que lo hubiese hecho sin ayuda.

—Así es, la hice para ti Kagome...—dijo ahora con timidez en su voz, ¡¿pero a donde rayos se había ido toda su seguridad?! cerró sus puños con fuerza era el momento de hacerle saber sus verdaderos sentimientos, pero de la forma correcta no entre llantos y sufrimiento. ¡No, Kagome merecía mucho más y por Kami que el haría todo por ella!.

El peliplata se aproximó a Kagome y la tomó de los brazos haciendo que Kagome instintivamente dirigiera su mirada al agarre. Estaba decidido quería por lo menos antes de partir dejar tranquilo el corazón de la chica, ya no quería sentir el miedo mezclados con su aroma y con el aroma de ese lobo imbécil sobre ella, quería sentir felicidad y ternura como cuando ella había despertado en la cueva, como el momento en que ella sintió el toque de su mano en su mejilla en ese momento no había miedo ni dolor, solo era calidez y dulzura por un segundo fue la misma Kagome de siempre.

La miraba de frente mientras la aludida parecía hipnotizada por el fuerte agarre de sus brazos —Este lugar es sólo un poco de lo mucho que puedo llegar a darte, sé que no lo he hecho bien pero te juro por mi vida que esta vez te protegeré de todo y de todos, te proveeré y te daré todo lo que me pidas, ¡ropa, joyas, incluso no te obligaré a que estés conmigo para tener cachorros!—las lagrimas de la azabache volvían a caer de nuevo—Lo único que quiero es que nunca te vayas de mi lado, ¡quiero estar el resto de tu vida a tu lado, Kagome!—ella levantó su rostro en medio de sollozos, más no emitia palabra alguna— ¡Te amo! Por favor sé que no soy nadie ni nada y si mi vida ha tenido algún valor es porque tú se lo has dado. Por favor, quédate conmigo.

—I... nu... ya... sha... —exclamó hipeando sus lágrimas ahora de felicidad inundaban una vez más el rostro de la cansada y perpleja sacerdotisa —¡Inuyasha! —gritó en llanto lanzándose a su pecho—¡Claro que sí Inuyasha ¡Sí! ¡Tonto! ¡Tonto! ¡Tonto! ¡¿cómo puedes decir algo así?! —"Si mi vida es de él, tonto! su vida es lo más valioso para mí! Tontoooo! Claro que quiero tener bebés con él! Tooooontooo! Claro que no quiero joyas ni nada de esas cosas lo único que quiero es estar a tu lado" pensaba mientras sollozaba—¡Eres un tonto! Yo también te amo.

El de mirada ambarina lloraba en los cabellos de su amada— Deja de llorar mi pequeña Kagome, todo estará bien, todo estará bien ahora, porque ya no estamos solos, Kagome.

—Sí Inuyasha.

Y dichos sus nombres él se agachó hacia sus labios mientras ella se hacía de puntillas para fundirse en un tierno beso. Nuestra chica se dio un baño bajo la protección de nuestro querido hanyou y al entrar a la cabaña se encontró con un lindo kimono tradicional de las princesas de la Era Feudal, que se le hacía muy familiar.

La azabache salió de la pequeña habitación que tenía la cabaña a la salita donde su hombre la esperaba —Estoy lista.

—Te ves preciosa Kagome...—en sus ojos había un brillo especial.

—Dime ¿de donde sacaste estas cosas...?

—¿No te gustan?- pregunto aún deslumbrado por la pequeña en las vestimentas rosa y azul.

—Sí, me parecen preciosas, pero...

—Esa ropa que llevas puesta la mande a hacer para ti hace tiempo, esas telas eran las favoritas de mi madre, son muy caras y delicadas además de muy hermosas como tú.

La joven sacerdotisa entendió entonces porque había sentido tan familiar aquellas vestimentas, observando sus mangas con atención, sonrió y después miró a Inuyasha abriendo sus brazos para recibirlo entre ellos.

Sin palabras el joven se acerco a ella con gracia y así como Kagome se acomodó perfectamente en su pecho, el rodeo a la sacerdotisa con sus brazos enterrando su nariz en el aroma que despedía el cabello de su preciosa mujer, era perfecto, ambos podían sentir esa conexión al estar de ese modo como si encajaran perfectamente el uno en el otro, Inuyasha quería guardarlo por siempre en su memoria, pues sabía que el momento de partir había llegado.

—Mujer, es hora de que me vaya.—susurró deshaciendo el abrazo.

—¡No! aún no por favor! ¡Es muy pronto! —soltó en un grito casi ahogado aferrándose de nuevo a su pecho.

—Tengo que hacerlo —trataba de usar la voz más tranquilizadora posible para que ella le dejase marchar—Yo volveré por ti cuando todo esto haya terminado, te lo prometo, recuerda, tú eres mía.

—Pero...—una vez más el peliplata la interrumpió.

—Basta no me vas a convencer, así que ahora se buena y despídete de tu señor, ¿sí? —la chica del futuro no pudo evitar sentir sus mejillas arder, al escuchar a Inuyasha utilizar el calificativo "su señor" que era en la era feudal lo equivalente a la palabra esposo en su época.

Así que asintió con su rostro algo compungido sin más remedio.

Él la observó con seriedad y dulzura en sus ojos, tomó un mechón de cabello de Kagome entre sus garras para poder olerlo, mientras que la chica poso sus manos en las mejillas de este mientras el procedió a sujetarle de la cintura para un cálido beso, el beso de su despedida. —Me voy.

Inuyasha enfundó su espada y la aseguró bien en su cintura, para partir sin mirar atrás, no debía perder tiempo ¡ni un segundo! sabía que al momento de deshacer el campo protector de su espada el aura de su amada mujer estaba expuesto era solo cuestión de tiempo para que Kouga apareciera y debía enfrentarlo lo más lejos posible del lugar.

Lanzó un último grito a la silueta de su querido hombre mitad bestia que desapareció rápidamente en el ocaso—¡Te estaré esperando!... Inuyasha...—susurró su nombre con preocupación.


En medio de la espesura del bosque

El inuyoukai avanzaba con velocidad mientras el ocaso lo acompañaba en su carrera contra el tiempo, al llegar a un claro se detuvo, mientras observaba con furia hacia la nada frente a él, desenvaino a Tessaiga y simplemente esperó, podía oler su presencia acercarse, la idea de que pudiera desviarse y buscar un atajo para encontrar a Kagome lo asustó, pero se tranquilizo al darse cuenta que la presencia no iba para ningún otro lado sino directamente hacia él, y entonces cuando el sol se hubo ocultado por completo el joven lobo por fin llegó.

Kouga gruñó y con una diabólica mirada en su rostro fue al grano—¿Dónde está?

—Cuánto tiempo Kouga...

—Déjate de juegos, ¡¿mi mujer en dónde está?!— la furia comenzaba a emerger de su interior, pero que se creía ese sucio hanyou para interponerse entre él y su compañera.

—Ella está segura lejos de todo lo que le hace daño, lejos de ti Kouga, he venido para darte el mensaje de que no la busques más.

—Estas enfermo si crees que voy a dejar ir a Kagome de mi lado, ¡me pertenece!

—Kouga, recapacita o me veré en la necesidad de aniquilarte.

—¡Já! ¿tú? no me hagas reír, te haré un favor ¡y te regresaré con los tuyos!—no bien terminó su frase el lobo se encontraba atacando a Inuyasha, el cual no hizo más que esquivarlo.

—¡Kouga entiende! ¡Ella no te ama y yo no quiero matarte! te debo mi vida tanto como a Kagome por eso... ¡no puedo dejar que te acerques a ella!—pero parecía que sus palabras no tenían efecto en su encolerizado enemigo que una vez más blandía sus ataques en contra de él.

—¡Te mataré bastardo! ¡Todo esto es culpa tuya! — El ojiazul no estaba pensando, solamente atacaba a diestra y siniestra, su aspecto lucía fuera de control como si hubiese perdido la razón.

—No me dejas otra opción lobo asqueroso...

Continuará...

N/A: espero que les haya gustado, lamento la demora, pero pues aquí esta su capítulo ¡cualquier duda, opinión o queja es bienvenida!

Cariños y besos

Moon Skin.