—¡Vamos! ¡Levántate!
—Ya no quiero más… ¿No podemos hacer otra actividad física?
Una de las cejas de Kuvira se enarcó y le dio a su acompañante una sonrisa de autosuficiencia.
—Oh avatar, ¿Qué otra actividad física quieres hacer conmigo?
Korra al entender la posible malinterpretación de sus palabras, se sonrojó de oreja a oreja.
—¡N-No! ¡Yo no…! ¡Eso no quise…! -al ver como la mujer del lunar no podía ya aguantar la risa y estalló en una carcajada ante sus tartamudeos, hizo un puchero y se cruzó de brazos- Aish, a veces eres imposible Kuvira…
—Y tú eres una gran bebé llorona Avatar Korra -mencionó la mujer limpiándose una lágrima de la risa.
—No lo soy – refunfuñó frunciendo el ceño- además tú me dijiste que me enseñarías a hacer danza metal como la que te vi haciendo con Su y las otras chicas la primera vez que vinimos a Zaofu hace tantos años. -mencionó la morena haciendo mímicas con las manos- Con ejercicios aéreos como los que a veces haces aquí… pero no, en vez de eso me tienes anclada al suelo como un topo tejón.
Kuvira sonrió nuevamente al ver la pataleta del avatar. Debía admitir que le gustaba cuando se portaba así. ¿Quién diría que el ser más poderoso del mundo, aquella que había adquirido tanta sabiduría con cada batalla también era una gran y revoltosa niña que se indignaba cuando algo a la primera no le salía?
Ni a la primera… ni a la segunda… ni a la tercera… de hecho llevaban allí… ¿Cuánto? ¿Unas dos o tres horas? Ya había perdido la cuenta su cerebro solo pensaba una cosa: Korra era una pésima bailarina. Era como un perro oso polar intentando ser delicado en una tienda de teteras de porcelana de Ba Sing Se. Sus movimientos eran toscos, parecía que quería matar de un puñete a alguien… ¿No que los maestros agua eran fluidos? Esta mujer, contrario a su etnia, parecía tener rocas y fuego en la sangre. Y ni que decir de sus dos pies izquierdos, más ritmo tenía una piedra.
Korra era un desastre, sí, pero un bello desastre.
Había pasado todo este tiempo enseñándole, pero también contemplándola. Admirando sus intentos de imitar los movimientos que le enseñaba, analizando el cambio de sus expresiones de la frustración a la ira, luego la tristeza y hasta la risa nerviosa al lanzar sin querer un zapato y romper la ventana que daba al patio (Su las regañaría sin duda alguna).
Sí, contemplarla era un vicio, como ahora que Korra parecía estar esperando una respuesta mientras ella había quedado embobada observándola. Carraspeó y trató de mantener su tono natural.
—Siempre tan apresurada mi estimada avatar, primero debes aprender a caminar antes de correr ¿No lo crees?
—En este caso es dar saltitos y vueltas estúpidas antes de volar…
—¡Hey, es un arte! Vamos, no me dirás que unos simples pasos de baile te van a ganar, ¿Acaso no bailan en el polo sur?
—Claro que sí, pero nada como estos ridículos pasos… sin ánimo de ofender… es solo que me recuerdan al ballet al que Asami me obligaba a ir…
Asami.
Otra vez sus pensamientos iban a su ex.
La vida era extraña, irónica en realidad, y parecía ensañarse con el avatar.
Sino ¿Cómo explicar entonces que cuando parecía que estaba comenzando a superarla, su ex aparecía justo en la puerta de la casa donde vivía?
Y estaba tan linda como siempre… quizás un poco más delgada que de costumbre… ¿Estaría comiendo bien? Además, olía a ese perfume que a Korra tanto le encantaba…
Mierda.
Se supone que la estaba superando.
Asami se había portado mal, no la había priorizado.
A la CEO le importaba un rábano su relación y por eso ellas habían terminado.
No había vuelta atrás…
Entonces ¿Por qué se sentía tan ansiosa de saberla en el mismo recinto que ella?
La vida no solo era extraña e irónica, sino que era una maldita perra.
Kuvira notó el cambio de ánimo y el ensimismamiento de la ojiazul e hizo una mueca. Lo que menos quería es que la Korra rota volviera a nublar aquella sonrisa aperlada que tanto le gustaba, así que intentó redireccionar el tema.
—Oye, -mencionó dándole un pequeño empujón en el hombro usando el propio ¿Qué tal si probamos algo diferente?
—¿Hmm? -Korra espabiló un poco y enarcó una ceja- ¿Cómo qué?
—Me dices que en las tribus también danzan ¿No? -Al obtener un asentimiento de la castaña prosiguió- entonces muéstrame que sabes y quizás de allí podamos partir pequeño ratón-saltamontes.
La morena se rascó la barbilla un tanto pensativa.
—Hmmm pues no sé si serás digna de adquirir una de las más antiguas tradiciones tribales antigua, Kuvira -al ver la cara de estupefacción de la otra mujer, no pudo seguir actuando su seriedad y las comisuras de sus labios comenzaron a curvarse hacia arriba. Recibió un codazo por parte de la chica del lunar y soltando finalmente la risa, intentó hablar- ¡Está bien, está bien! Comencemos entonces querida alumna…
—Soy arcilla en sus manos, mi querida maestra.
Korra giró sobre sus talones y caminó hacia el jukebox para cambiar a una música más apropiada… y para que la pálida mujer no viera el pronunciado sonrojo que generaron sus palabras.
"Muy bien, esto ha resultado más difícil de lo que pensaba… ¿Es mi idea o han aumentado más alas? ¿Será por el largo tiempo que llevo sin venir?"
La pelinegra volvió a girar por otro pasillo y siguió su tranquila marcha mientras su mente divagaba intentando recordar en los recovecos de su mente el camino al salón que sabía utilizaban para la Danza Metal.
Si era sincera el recinto no era totalmente desconocido para ella, pero sí había momentos en que se perdía…
—O quizás sea porque la última vez que estuviste aquí lo que menos hiciste fue salir de la habitación, Sato… -se dijo a si misma con una media sonrisa en el rostro
Ella recordaba bien su última visita al lugar, bueno, quizás no el principio de la misma, pero sin duda sí el final…
-Flashback-
—A-Asami… -la voz entrecortada del avatar salió como un murmullo lastimero en medio de jadeos
—Vamos cariño, sé que tienes más para mi…
—Debería…. Deberíamos tomar un descanso… he-hemos pasado como tres días aquí metidas y… ¡Ah! -Su propio gemido rompió cualquier argumento coherente que fuera a salir de su boca.
—Entonces… -la ingeniera susurró entre las piernas del avatar mientras con lenta tortura introducía su índice en la húmeda profundidad de su amada- ¿Me dirás que ya no quieres más? - detuvo su dedo juguetón y miró con suficiencia a su ya ansiosa novia
—Oh mierda no me dejes así… más, ¡Dame más, Sato!
—Sus deseos son mis órdenes, Avatar..
Palabras sucias,
gemidos agudos,
sonidos húmedos;
gloriosas sinfonías que inundaban la habitación.
Hace tres días habían arruinado los planes del comandante Guan.
Hace tres días habían vuelto a la mansión del Clan Beifong.
Hace tres días Korra había comido como un batallón (y raptado ciertas provisiones consigo).
Hace tres días Asami le había dicho a Suyin que no las interrumpieran a menos que Vaatu volviera y amenazara con la extinción.
Hace tres días se habían encerrado en la habitación y ese mismo tiempo llevaban inmersas en maratónicas sesiones de sexo solamente interrumpidas por intervalos de necesario sueño (O desmayos post-orgásmicos como Asami gustaba llamarlos), necesidades biológicas, consumo de algún alimento o bebida que Korra había hurtado de la cocina y/o la imperiosa necesidad de una ducha para quitarse el sudor y otros fluidos producto de sus arduas labores… aunque de igual manera terminaban con otra sesión de placer en la regadera.
Una, otra y otra vez, sin parar.
Tres días de placer, sin escape, sin restricciones.
Tres días llenos del mejor sexo jamás hubiese podido soñar
No sabía exactamente que había motivado tal hambruna, pero la CEO no se cansaba
¿Quizás fue ese periodo del lavado cerebral?
Tan cerca de no volver a ser ella misma.
Tanto arrepentimiento de haber lastimado a Korra.
Tanto miedo por no querer perderla…
Y por ello quería poseerla y ser poseída por ella, tanto como pudiera.
Secretamente Korra esperaba que su habitación fuese insonorizada, tanto porque estaba segura que los gemidos emitidos por ambas eran tan fuertes que seguramente en toda la mansión se escuchaban, como porque no pensaría en restringirse el placer de proclamar a viva voz el delirio que su amada brindaba
Secretamente Asami esperaba que la habitación no fuese insonorizada, para que todos (en especial cierta mujer del lunar) supieran el delirio sexual en el que se hallaban y cuanto ambas lo disfrutaban.
—A-Asami… ya no puedo más amor… voy a…
—Eso Korra, termina para mi bebé… quiero todo de ti…
Un gemido sonoro fue el anuncio del manantial desbordante en el cual la CEO se zambulló gustosa de degustar hasta que no quedara nada de dicho manjar.
Decidió ser generosa y avanzó de forma felina hasta el rostro de la ojiazul para besa aquellos labios de chocolate que tanto amaba, compartiéndole de su propio sabor.
Pero se distrajo con la cálida lengua rozar la propia y su amada se recuperó más rápido de lo que esperaba, volteándola y quedando a horcajadas sobre ella
—Mi turno Señorita Sato… -indicó con ronca voz mientras se relamía los labios, ansiosa por probar de aquella fuente, que bien sabía estaría esperando su lengua ardiente.
Asami se erizó mientras Korra comenzaba entre besos y lamidas a descender…
Según sus cálculos mañana ya tocaría volver a Ciudad República, a sus vidas ocupadas, al juicio de Kuvira, a la dirección de su empresa, horarios extendidos de trabajo, viajes para capturar maleantes, entrenamientos extenuantes… en fin, a la cotidianidad.
Por ello estaba agradecida de que, pese al cansancio, ambas tuvieran un pacto implícito de no perder el tiempo, de no negarse esta gran oportunidad.
Luego lidiarían con que cara poner frente a los Beifong después de su aislamiento obviamente sexual… fingirían demencia o talvez inocencia o quizás si se sentían muy atrevidas con total desfachatez admitirían la verdad…
Después de todo lo que pasa en Zaofu, se queda en Zaofu… ¿Verdad?
-Fin del Flashback-
Mentalmente le pareció escuchar a Opal diciendo "Quien solo se ríe, es porque de sus maldades se acuerda"
Y cuánta razón tenía.
Entre sonrisas y recuerdos la ingeniera siguió caminando, pareciéndole que por fin había encontrado el camino correcto.
—Bien, bien, tu ganas. Esto no va a funcionar
—¡Te lo dije! Pero fue divertido ¿No?
—Eso sin duda
Kuvira dio una sonrisa ligera pero sincera mientras se secaba el sudor con una toalla.
La Danza de las tribus agua no era lo adecuado a lo que ella quería para asociarlo con la danza metal. Era en realidad una oposición total.
Los movimientos de los tribales eran enérgicos saltos rítmicos, giros y ademanes con algarabía que denotaban la salud de su pueblo y su fuerza muscular; y, orientados a mantener el ánimo elevado ante las vicisitudes, la caza y bajas temperaturas de los polos.
En cambio, en otro punto muy lejano estaba la delicadeza y fluidez de los movimientos de los nativos de Zaofu.
Técnicas diferentes, sí, pero no podía negar que el baile tribal tenía lo suyo, había sido fácil de aprender, intenso, agotaba el cuerpo, pero vigorizaba el espíritu; así que estaba feliz de aprenderlo.
De hecho, solo por el mero hecho de saber más de ella, de su cultura y obtener esa torcida sonrisa de perfectos dientes, la experiencia había valido la pena, aunque no aportara a su objetivo de enseñarle a Korra su danza metal.
Kuvira pensó mientras veía a Korra tomar un poco de agua y secarse también el sudor, de repente una idea se le vino a la mente.
—¿Oye Korra?
—¿Hmmm? – Respondió la morena con una seña de cabeza mientras seguía bebiendo agua
—Tienes conocimiento de baile de Salón ¿Verdad?
La morena dejó su bebida y asintió
—Tuve que aprender, te dicen que como Avatar debes luchar por el equilibrio… ¡Pero nunca te avisan que también debes saber bailar sin pisarle los pies a tu pareja!
La mujer de la trenza volteó los ojos pero sonrió.
—Quién diría que los compromisos sociales serían el perfecto némesis del avatar…
—Oh calla -bufó dejando la toalla y acercándose hacia el centro del salón donde estaba su maestra- Pero ¿Por qué lo preguntas?
—Es muy fácil, tienes ritmo Korra -mencionó alejándose de la morena hacia el jukebox para buscar la canción en la que estaba pensando- lo que te falta es bajarle unos niveles a tus revoluciones, ser más sutil y delicada… ¡Bingo! -la pelinegra seleccionó la pista adecuada volvió con su pupila- Así que partiremos de tus conocimientos previos de baile de salón.
Korra ladeó la cabeza cual si fuera Naga, incrédula y sin comprender una sola palabra
—Uhmm… bueno, como digas…. ¿Estás segura de que esto sí servirá?
—Claro que sí, así que dime… ¿Prefieres guiar o yo te guio?
Una dudosa Korra meditó la pregunta mientras la melodía comenzaba a salir del dispositivo musical…
Esto debía ser una broma del destino…
¿Tenía que ser justamente esa melodía?
¿Justo aquel vals?
-Flashback-
—N-no yo no puedo…
—Vamos cariño… ¿A qué le tienes miedo?
Korra calló.
Estaban en medio de uno de los salones de entrenamiento de la mansión Sato. Este era dedicado a la práctica de artes marciales por lo que los tatamis fueron quitados, dejando a la vista un bello piso de caoba.
La morena vio al piso como si meditar sobre su falta de desgaste pese a los años de la mansión fuera el asunto más interesante; sin embargo, ante un carraspeo y un leve "¿Korra…?", suspiró y algo avergonzada se sinceró.
—Mira… yo… yo… yo no soy muy buena para bailar…
—Eso ya lo sé, linda, por eso estamos aquí.
—Sí, lo sé pero… la verdad es que… no quiero hacerte daño… -lo último lo dijo en un tono tan bajo que Asami no pudo comprenderlo a la primera
—¿Disculpa? ¿Qué dijiste?
Korra gimió desesperada
—Es que no solo soy "no muy buena… soy mala bailando Asami… ¡De hecho soy pésima! Y no quiero hacerte daño…
—Vamos, no puede ser tan malo…
—Una vez noqueé a Mako de un puñetazo y no despertó hasta el día siguiente… y le fracturé todos los metatarsos de un pie a Bolín… ¡Todo mientras me enseñaban a bailar!
—Oh… Upss… -la ingeniera hizo una mueca de dolor- wow… eso no lo sabía…
Tan observadora como era, la CEO sí había notado la aversión de Korra al baile. De hecho, hace unos días había meditado el asunto escarbando en su memoria, en la reunión de Tarrlok, hace ya tantos años, nunca vio a Korra bailar (Y sí que estuvo atenta porque desde aquel entonces le daba un poco de curiosidad el Avatar). En el Matrimonio de Varrick y Zhu-Li la vio concentrarse en la comida y cuando ya parecía que la presión social la obligaría a salir a la pista… el Avatar simplemente se había esfumado, escabulléndose hacia algún lado donde de lejos se disfrutara de la música, pero sin riesgo de que le pidieran dar rítmicos pasos.
¿Por qué se puso a pensar en esto? Sencillo. La siguiente semana habría un baile en honor a la reciente Elección de la Presidenta Moon y obviamente Asami Sato quería sacarle lustre a la pista con su hermosa, pero aparentemente mortal al bailar, novia.
Por eso le había tendido una trampa atrayéndola con la promesa de un entrenamiento… solo que nunca le dijo de que sería este… ni tampoco sabía de las catastróficas experiencias de baile anteriores.
Un suspiro resignado de Korra la sacó de sus cavilaciones.
—Creo que deberíamos dejar este asunto, soy un caso perdido… -mencionó cabizbaja mientras se giraba queriendo ir rumbo a la puerta
—No, shh shh Korra -Asami la retuvo y la atrajo sosteniéndola por los hombros- no digas esas cosas Nunca debes pensar eso, no en mi turno señorita. Tu eres capaz de todo lo que te propongas -la pelinegra observó con intensidad a los ojos de su novia, queriendo transmitirle que cada palabra que de su boca salía no era nada más que la verdad de lo que pensaba. Poco a poco su mirada fue cambiando a una llena de picardía que combinaba con la traviesa sonrisa naciente que se asomaba en su rostro- Además… quizás solo necesitas a la maestra indicada y el incentivo adecuado…
La pelinegra se acercó más a su morena, trazando con besos un camino desde su mandíbula hasta su oído mientras la abrazaba de la cintura susurrándole con tono seductor.
—Si pones todo de tu parte y aprendes antes del Baile de Gala de la Presidenta Moon, compraré aquel strap-on que te vi observando de reojo la otra vez en la Plaza del fuego… y durante todo el fin de semana dejaré que me tomes con el como te plazca… y por donde te plazca…
Asami se regocijó al sentir como la piel de su amada se erizaba y fue un éxtasis total escuchar el gemido que sin querer escapó de sus labios ante la propuesta.
Con voz entrecortada Korra preguntó
—¿L-lo prometes…?
Asami sonrió alejándose un poco para besar con deseo a la castaña. Al terminar se relamió los labios disfrutando del sabor de su novia y le guiñó un ojo.
—Claro. Una Sato nunca falta a su palabra.
La música comenzó a sonar por la estancia, una melodiosa canción que practicarían una y otra vez, que quedaría grabada en su alma.
En menos de una semana Korra se había convertido en la pareja perfecta de Baile para la CEO, tomando la guía al momento de danzar en ese y en cualquier otro compromiso de gala posterior a los que debieran asistir.
Sobra decir que ese fin de semana fue catalogado como el mejor frenesí sexual,
tanto por dar como por recibir.
-Fin del Flashback-
Un carraspeo la hizo salir de sus memorias y la expectante mirada de Kuvira le dio a entender que todavía esperaba una respuesta.
—Yo no… hmmm… mejor tú guía… -balbuceó tratando de que sus sentidos volvieran plenamente a la realidad.
Se sentía erróneo bailar esa canción con Kuvira… más aún guiarla como Korra lo había hecho tantas veces con Asami después de que esta le enseñara. Esa canción era de Asami y de ella… era de ambas…
Solo que ya no había un "ambas".
Kuvira notó la tribulación en la mirada de su compañera de baile y tomó la batuta para no dejarla sumirse nuevamente en depresivos pensamientos.
—Entonces solo sígueme Avatar… -susurró con intensa mirada
Kuvira posó sus manos en las caderas de Korra acercándola más, quizás más de lo debido.
Korra se sorprendió al percibir su cercanía, la sentía sudorosa y caliente por cuanto llevaban practicando… pero extrañamente no le importó, extrañamente se sintió bien…
La ojiazul sintió que una corriente partía de las manos que estaban ahora en su cuerpo, y subía por su columna… ¿Cómo eso pudo hacer que sus mejillas se calentaran? Prefirió no pensarlo, vaciar su mente y dejarse llevar.
Tal como le habían enseñado…
Tal como Asami le enseñó…
—Finalmente, este es el pasillo.
La ingeniera dudó un poco, pero al final vio una puerta que se le hizo muy familiar, sin duda alguna ese debía ser el lugar.
Se acercó a paso seguro y una vez frente a la puerta escuchó un vestigio de música que se filtraba de aquella instancia. Pista suficiente, no podía estar equivocada.
Colocó su mano en la manija y despacio la bajó mientras lentamente abría la puerta.
Con cada centímetro de estancia que ante sí aparecía más música inundaba su audición.
Oh, esa canción…
Sin embargo, la sonrisa que iba a nacer de sus labios ante la remembranza de los recuerdos, se truncó.
Sus nudillos palidecieron por el fuerte apretón que le estaba dando al pomo del portón.
Pero este no tenía la culpa, tampoco la música y mucho menos era culpable la rendija de la puerta, que cada vez se expendía más y más revelando a las dos unidas formas que lentamente danzaban en el salón.
¡Hola!
Okey sí, tuve un pequeño gran paro creativo… ¡Pero así es la vida!
Sin embargo, una vez que me metí a escribir las ideas fluyeron y salió este capítulo que en lo personal creo que no salió tan mal.
Debo recalcarles que sé tanto de danza como de ingeniería espacial (Es decir nada, de nada, pero así con mayúsculas NADA), así que mis disculpas si pongo mal algún término o expresión.
Lo único que investigué fue la danza de los Inuit, viendo videos de como bailaban: me pareció muy interesante y sí imagino a Korra y su familia en bailes así e incluso en otros tribales de movimientos más fuertes, aunque no pertenezcan a la cultura en la que están basadas las Tribus Agua.
Por cierto, ando probando la inclusión de tintes sexuales ¿Qué tal van?
En fin, espero este capítulo haya sido de su agrado y si es así gustosa espero sus reviews.
No sé cuando volveré a actualizar ya que ando dándole un poquito de cariño a cada fic, así que veré si ahora me toca darle amor a Petite o a Celo… O quizás terminar el Three-shot Korrasami que dejé en mis borradores solo culminado el primer cap jajaja.
Veré para que lado apunta tanto el tiempo como la creatividad.
Saludos.
Le chat et l'abeille.
