VIII
Había sido tan tierno, tan encantador, no había podido verlo de otra manera que no fuera como un excéntrico príncipe que no dejaba de insistir en hacer ese tipo de acercamientos con él, tan intenso, tan dominante, pero también tan confuso... había ciertas reacciones en él que no le convencían del todo, sin embargo, deseaba seguir viéndolo, deseaba tener un trato más grato con él, uno que no le hiciera sentir tan incómodo y, de preferencia, que fuera en un lugar que estuviera más iluminado. Hasta ese momento, era el único sitio donde congeniaban y se trataban de esa manera, ya que el resto del día, durante las horas de clase o cuando se encontraban entre los pasillos del internado solamente fijaban su mirada en el otro sin hablar, sin acercarse, sin hacer algo más evidente, algo que le dijera si su situación con el otro había mejorado...
Allen se sentía muy abrumado por los repentinos cambios que surgían en el comportamiento de Kanda, ya que a pesar de que habían comenzado a encontrarse por las noches dentro de la vieja biblioteca, seguía tratándolo bruscamente, como si el hecho de tener ese clase de contacto tan personal no significara nada en realidad; desde el primer día que fue a verlo lo sintió muy ansioso y demandante, tanto como para desconcertarlo por completo sin saber qué debía hacer, aunque también podía ver que era sumamente cálido, lo cual sólo hacía que aumentara grandemente su confusión así como el ferviente deseo de continuar con esa situación a pesar de todo.
Esa noche asistió a la biblioteca en su ahora cita acostumbrada en la que quería pasar un poco de tiempo en compañía de Kanda, esa vez solamente quería eso, pasar un largo rato junto a alguien más, en silencio, ese día había tenido muchos exámenes de sus materias y lo habían agredido más de lo normal, estaba muy cansado en varios aspectos y la gran fiesta que estaban organizando en el dormitorio de los estudiantes de primer grado no ayudaba a que se repusiera de sus ánimos y energías perdidos, por lo que ir de visita hacia su refugio secreto en la oscuridad, soledad y silencio de la noche le pareció la mejor opción antes de volver con sus molestos compañeros, necesitaba urgentemente un sitio donde poder descansar.
Entró en el edificio completamente desganado, encendió las luces molestando momentáneamente al chico oriental que estaba dentro sumamente enfocado en su lectura, asimismo tomó un libro en el estante ubicado a las espaldas de éste y se sentó en el sillón frente a él habiendo atravesado el espacio que ocupaba aquella pequeña sala.
El inglés era observado por esos penetrantes ojos desde el momento en que entró por la puerta, mirándolo por encima del libro que sostenía con la mano izquierda habiendo estirado y recargado la derecha a lo largo del respaldo del sillón donde se encontraba sentado, siguió observándolo en silencio por un prolongado lapso de tiempo en el que ninguno hizo ningún gesto ni sonido que atrajera o se dirigiera al otro.
Kanda comenzaba a molestarse por la inactividad del menor, por lo que, de pronto, simplemente se levantó de su asiento dejado el libro que leía en un pequeño atril de madera que había junto a la mesita en el centro de la sala, se acercó rápidamente a Allen arrebatándole el libro que tenía en sus manos para plantarle un profundo e inesperado beso, pues tal ambiente le fastidiaba.
-No... Kanda, espera... - decía el peliblanco luego que hubo girado lo suficiente como para lograr separarlo, desvió sus ojos plateados mirando el libro que había sido arrojado hacia su lado izquierdo.
-¿Por qué no? - preguntó Kanda sentándose frente a él sobre la mesa entre ambos sillones, haciendo un gesto que delataba lo irritado que estaba.
-Hoy no... Por favor... - dijo Allen cabizbajo limpiándose los labios con el dorso de su mano derecha, con un semblante completamente decaído.
-Tch... Si no estás conforme, será mejor que te vayas... - dijo el espadachín al haberse levantado, sentándose nuevamente en su sillón y retomando su lectura.
Allen lo veía entristecido por el mal modo en que le habló, pues incluso había hecho que temiera alguna otra mala reacción de su parte, se levantó afligido con intensión de dejar el lugar, apenas había pasado un poco el primer librero rumbo a la salida, cuando se detuvo empuñando ambas manos tratando de controlar el inminente llanto que empezaba a emerger de sus ojos, reconsiderando qué sería mejor para él en ese momento, si no estuviera tan deseoso por un poco de paz, hubiera regresado a su dormitorio sin pensar, pero en esa ocasión realmente quería estar en un lugar solitario y silencioso dónde poder ocultarse, por lo que volvió dirigiéndose hacia Kanda, se sentó junto a él siendo abrazado sutilmente por el brazo derecho del peli azul, permaneció cabizbajo sin tener el valor de verlo a los ojos, había logrado detener sus lágrimas antes de que el otro pudiera darse cuenta del lamentable estado emocional en el que ahora se encontraba.
Se recargó tímidamente sobre el hombro derecho del chico oriental, el otro permaneció en silencio viéndolo por el rabillo del ojo, para luego abrazarlo repentinamente rodeándolo con su brazo derecho hasta casi haber prensado sus labios en su boca, mas, éste se detuvo cuando Allen cerró los ojos, apretó los labios y bajó de nuevo el rostro demostrando así que no deseaba continuar con el tipo de acercamiento que el mayor quería, esto le molestó haciendo que frunciera fuertemente el entrecejo, se separó de él, casi aventándolo, al tiempo que se levantaba para ahora ser él quien abandonara el lugar azotando el libro sobre el atril de madera dando fuertes bufidos evidenciando que su mal humor se había convertido en un pésimo humor.
-Ah... Kanda, espera... no te vayas, por favor... - dijo Allen habiendo alcanzado a tomar su mano derecha antes de que pudiera alejarse más, realmente quería su compañía, le rogaba con la mirada que no lo dejara solo.
Kanda volvió a enfocar en él su fría y oscura mirada sin haber cambiado la expresión de molestia en su rostro, eran muy pocas las veces en las que el albino mencionaba algo como eso y todo en su semblante le decía que verdaderamente quería que se quedara junto a él, además de reflejar el complejo emocional que sentía puesto que hacía ya tiempo que eso era más que obvio, movido de nueva cuenta por sus impulsos, regresó a su lugar en el sillón donde un triste Allen se aferraba a su mano sin soltarla, con los ojos cerrados, las mejillas enrojecidas y una expresión de angustia en su rostro. Colocó la mano izquierda sobre su mejilla para comenzar a acariciarla, observaba detalladamente las reacciones de preocupación que no podía ocultar, veía que el chico no quería hacer aquello, pero tampoco quería irse de ese lugar; todo parecía indicar que estaba dispuesto a soportar lo que el mayor quisiera hacer en ese momento más que volver a su dormitorio, era muy contradictorio pero, habiéndolo acariciado lo suficiente, empezó a abrir los ojos sintiendo un poco más de confianza.
-Moyashi... - dijo Kanda en el tono más calmado que pudo para que el pequeño inglés levantara la vista, cuando lo hubo logrado, se acercó lentamente a su confundido rostro para volver a besarlo con la misma profundidad que la vez anterior.
No era que le desagradara ser besado por Kanda, en realidad aún no sabía distinguir qué era lo que sentía cuando lo hacía, era que, en ese momento, lo sentía tan exigente... tan agresivo y tan vigoroso... todo lo contrario a su estado emocional... sin embargo, al sentir que estaba siendo forzado y en medio de todos esos sentimientos que chocaban frecuentemente en su interior sin considerar la gran velocidad a la que bombeaba su ritmo cardíaco, no dejaba de preguntarse si aquello era lo correcto, deseaba que dejara de hacerlo de esa manera... conocía esta parte de Kanda que lo confundía tanto, sin embargo, también había momentos en los que otro tipo de sensación sobrevenía en su cuerpo, después de la cual parecía ser muy estimulante e incluso llegaba a agradarle.
Sentía esas manos temblorosas sobre su pecho y el estremecimiento de ese cansado cuerpo a medida que duraba el beso, el menor no sabía cómo reaccionar ante su demandante acción, a momentos parecía dejarse llevar, en otros trataba de resistirse y algunos más, lo hacía en contra de su voluntad, aquella confusión era muy notable, de tal manera que terminaba clavando las uñas en su saco al tiempo que luchaba por mantener el control en su cuerpo y las incomprensibles emociones que lo llenaban.
Allen estaba agotado a causa de las fuertes sensaciones que recorrían su cuerpo; por su parte, Kanda gustaba en gran manera tener tal cercanía con el menor, aun cuando éste no estaba de acuerdo en hacerlo, pues era la única forma en la que expulsaba toda la frustración contenida en su interior a causa de las situaciones problemáticas que vivía... era lo único en lo que realmente se deleitaba. Abrazaba a Allen cargándolo completamente sobre él, pues éste no tenía más fuerzas para sostenerse a sí mismo, había empezado a dormitar hasta que sintió cómo Kanda lo levantó del sillón sin haberlo soltado.
-Despierta, Moyashi, ya es muy tarde... ve a dormir... - dijo el peli azul mirándolo recostado en su pecho como si estuviera acomodado sobre su almohada, éste abrió ligeramente los ojos para luego cerrarlos y pegarse más al cuerpo de Kanda.
-No quiero regresar... - dijo Allen al borde del llanto con la voz quebrada, haciendo que el oriental se asombrara y desconcertara con la interrogante expresión en su rostro. -De todas formas, no me dejarían dormir... - Kanda quedó en silencio tratando de entender a qué se refería.
Le dio un fugaz beso en su mejilla izquierda notando las pequeñas lágrimas que mojaban sus ojos, los cuales había cerrado instintivamente por el sorpresivo contacto en su piel, sin decir más, Kanda se encaminó hacia afuera tomando a Allen de la mano quien comenzó a sollozar levemente a causa del descontento que sentía por tener que volver a ese lugar; al llegar a la sección de las jardineras, estando a poca distancia de la entrada, el peli azul abrazó efusivamente al menor impresionándolo nuevamente por dicha acción.
-Descansa... - le dijo al oído, hundiendo su rostro en el espacio entre el cuello y el hombro derecho del albino.
Abrió grandes sus llorosos ojos grises sintiendo una minúscula sensación de calidez dentro de su pecho, lo suficientemente grato como para hacer que dejara de lagrimear, acercó su rostro rosando los labios ajenos frente a él a modo de despedida, el cual no rehuyó... Kanda se separó manteniendo la mirada fija en él con la intensión de por fin dejarlo ir; Allen lo miró aún perplejo, pero un poco más animado, se secó los restos de humedad de los ojos y se encaminó hacia el edificio... ¿Qué había pasado? ¿Había sido su imaginación, o por un instante le pareció que el albino le había correspondido el beso?
Allen entró apresuradamente por la puerta sin voltear a verlo como solía hacer anteriormente, atravesó el desordenado lugar donde sonaba la música proveniente de la sala de estar a causa de la fiesta que todavía no terminaba, subió rápidamente hasta su dormitorio y fue directamente hasta arrojarse en su cama, abrazó la almohada acojinada contrs su rostro para esconderlo hasta que le fue necesario inhalar más oxígeno, dejando ver sus lindos ojos por encima del potente sonrojo que tenía hasta las orejas... "¿Q-qué fue lo que pasó?... yo... ¿qué hice?... " Se decía una y otra vez aumentando la turbación que lo debilitaba por lo que hizo en el último instante hasta que quedó profundamente dormido por el cansancio y el mareo mental que tenía.
Despertó al día siguiente aun sintiéndose agotado, por lo que sus ánimos no mejoraron durante las pocas horas de clase que impartían, agradecía que hubieran terminado los estudios de algunas asignaturas por lo que no sentía tanta presión como otros días, caminaba por el pasillo principal del edificio de contabilidad completamente aturdido por sus propios pensamientos, por lo que poco le importaba que los demás se dieran cuenta o empezaran a hablar de él a sus espaldas, lo único que podía hacerlo reaccionar era cierto espadachín con el que constantemente se topaba dentro de dicho edificio, había divisado su figura próximo a encontrarse con él varias veces ese día, sin embargo, al ser inundado por las fuertes emociones que le sobrevenían, terminaba huyendo del lugar sin poder disimular la gran consternación que nublaba su mente al verlo, Kanda se extrañó por tales reacciones de su parte, mirándolo con expresión de enojo al ver que se alejaba rápidamente cada vez, tal comportamiento no le agradaba en absoluto.
No se volvieron a encontrar en las horas finales, Allen miraba el vacío frente a él sentado en uno de los escritorios del aula desierta dentro del edificio principal, al no haber nadie más en ese lugar, lograba reponerse un poco de su malestar en medio de aquella paz que la soledad le proporcionaba; justo en ese momento eso era lo que él necesitaba: un lugar tranquilo dónde poder descansar, ya que no había logrado sacar de su mente la imagen de Kanda la noche pasada cuando de nuevo lo había forzado, aún no entendía por qué había preferido quedarse con él en la biblioteca que soportar el bullicio que había dentro de los dormitorios.
Cerró los ojos pesadamente habiéndose recostado sobre el escritorio y comenzó a recordar imágenes borrosas de sucesos que había vivido cuando era más pequeño, recordaba lo feliz que se sentía cuando Mana lo adoptó, cada vez que le mostró esa cariñosa y gentil personalidad, lo mucho que él quería reflejar esa misma amabilidad y bondad; también recordó la primera vez que vio a Kanda en esa reunión, la gran impresión que había tenido cuando le dirigió esas fuertes palabras... fuera bueno o malo, lo había impactado grandemente...
-... Kanda... - decía entre sueños, meditando en sus adentros sin entender por qué se habían encontrado nuevamente en ese instituto luego de tanto tiempo.
Durmió dentro del aula sin saber que era observado por el chico que inundaba su mente, éste se apartó del lugar en silencio sin haberlo confrontado; Allen comenzaba recuperar parte de sus ánimos y ahora tenía cierto interés de saber más acerca de Kanda, no podía evitar sentirse intrigado por el vacío de información concerniente a él de los últimos diez años...
Abrió poco a poco sus descansados ojos hasta haberlos abierto de golpe por darse cuenta del torrencial que caía fuertemente, tomó sus cosas y se dirigió a la salida, mas cuando lo hubo hecho, vio la impetuosa lluvia que le impedía el paso, por lo que no podría salir de ese edificio, a menos que tuviera una sombrilla o quisiera mojarse y resfriarse; abrazó su mochila mientras pensaba cómo podía salir de ahí, parecía que no había nada a su alcance con lo que pudiera resguardarse de la lluvia y hacía ya tiempo que los salones habían sido completamente vaciados... además, se había quedado dormido, si salía de esa manera, adormilado y con la sensación de calor en su cuerpo por el reposo que había tenido, sin duda alguna se enfermaría, sus ojos se llenaron de preocupación ya que tenía documentos importantes en su mochila, no podía arriesgarse a perderlos, por lo que lo único que pudo pensar fue quedarse dentro del edificio esperando que el temporal terminara.
Permaneció ensimismado viendo las densas gotas de agua cubrir la superficie cercana, cuando, repentinamente, sintió que una mano ajena depositaba un objeto alargado dentro de su mano izquierda, habiendo quedado ésta de su lado derecho por el abrazo con el cual contenía sus pertenencias, giró para ver de qué se trataba, encontrando una sombrilla negra extendida que aún era sujetada por su propietario, abrió sus ojos con asombro cuando reconoció al chico japonés junto a él.
-Kanda... - dijo el albino mirándolo fijamente, agachó su mirada para ver el objeto en su mano. -... tu sombrilla... -
-La necesitas más que yo... - dijo Kanda para después salir sin la menor preocupación de mojarse por la lluvia, bajó los pocos peldaños de la entrada y finalizó. -... además, no creo que quieras que te acompañe. -
Allen sintió un amargo pesar en su ser al haber escuchado ese comentario, sabía que lo decía por haber huido de él cada vez que se habían encontrado en el pasillo, pero, habiendo reaccionado por un repentino impulso, se apresuró para alcanzarlo.
-N-no me molesta... - dijo haciendo un pequeño puchero sin poder disimular su ansiedad, colocándose al lado derecho del peli azul sin voltear a verlo mientras levantaba la sombrilla para que ambos pudieran protegerse de la insistente lluvia que los amenazaba.
Miró al albino junto a él extrañado de nueva cuenta por su rara conducta, dio un leve resoplido a manera de risa dibujando una imperceptible sonrisa en su rostro; ninguno se había encarado, ambos miraban volteado hacia el lado opuesto, el menor trataba de ocultar su tenue sonrojo y nerviosismo, había podido recuperar parte de sus ánimos perdidos gracias a la siesta que tomó, por lo que quiso hacer menos abrumador el trayecto que había emprendido junto al japonés, pero aún no tenía el suficiente valor como para poder mirarlo a los ojos.
-¿C-cómo sabías que necesitaba una sombrilla? - dijo Allen con lo primero que se le vino a la mente.
-Eres un Moyashi cabeza hueca que nunca se prepara debidamente para algún contratiempo. - contestó con una gran sonrisa burlona cuya satisfacción se basaba en el hecho de que el menor no podría contradecirlo, por lo que el albino sólo hizo un puchero con una pequeña mueca de molestia; lo observó de reojo durante un largo rato antes de continuar. -Estaré muy ocupado en estos días, así que no te veré hasta la siguiente semana... -
Allen bajó la vista con algo de asombro en su mirada al escuchar aquello, pensando en lo que acababa de decirle, algo no estaba bien dentro de él, se supone que ésa era una buena noticia que debería hacerlo sentir aliviado o feliz porque pasaría un tiempo de tranquilidad sin las exigencias del oriental, pero... en vez de eso, sentía una fuerte punzada en su pecho, como si fuera una dolorosa espina clavada justo en el centro de su corazón, eso lo mantuvo en estado zombie hasta que llegaron a las escaleras de la entrada de su dormitorio, Kanda giró quedando frente a él, tomó en su mano derecha la sombrilla que el albino sostenía, se acercó lentamente y le dio un ligero beso en la mejilla izquierda mientras acariciaba su rostro con la mano que tenía libre.
-Adiós, Moyashi... - le susurró separándose de él, Allen lo veían perplejo sin reaccionar, hasta que el mayor lo dirigió tras haber terminado con su despedida. -Entra de una vez... - dijo señalando la puerta delante de ellos.
Ese gesto lo hizo obedecer, volteó a verlo antes de abrir la puerta apenas logrando cruzar su mirada con la de Kanda por un instante, pues inmediatamente éste se encaminó hacia su dormitorio sin dedicarle más tiempo; el albino lo vio alejarse en medio de la lluvia sintiendo un par de lágrimas saliendo de sus ojos a causa del sentir que tenía.
-"¿Qué?... ¿Po-por qué estoy llorando?... ¿Acaso soy idiota?... " - se decía habiendo girado para entrar al edificio, secó un poco sus ojos mientras atravesaba el pasillo, dirigiéndose hacia el ascensor.
Fue directamente hasta su recámara, dejó todos los papeles que traía en su mochila sobre el escritorio que había dentro de su habitación, los cuales formaban varias montañas llenando por completo el espacio entre su computadora y la pared; ésos documentos eran los proyectos que debía terminar para poder aprobar las materias de su carrera antes de que acabara el ciclo escolar, quería ignorar esa molesta sensación dentro de su pecho, trataba de fingir que no le importaba, por lo que, lo único que se le ocurrió hacer para no pensar más en eso, fue continuar con sus deberes escolares apresurándose para acabarlos lo más pronto posible.
Se sentó frente a la computadora pensando cómo debía crear y diseñar cada uno de sus proyectos, leía sus papeles una y otra vez hasta que decidió comenzar a traspasar en documento digital toda la información que tenía, se esforzaba por concentrarse en su trabajo cuando un pensamiento fugaz cruzó su saturada mente en el momento más inoportuno.
-"No nos veremos hasta la siguiente semana... quedan dos días más de clases, después viene el fin de semana... Kanda va a estar tan ocupado que ni siquiera irá en la biblioteca... entonces, nos veríamos hasta el lunes... hasta el lunes... " - pensaba sin poder evitar sentir tanta tristeza por sus propios pensamientos, la suficiente como para hacer que sus ojos volvieran a humedecerse al sentir la lejanía que habría entre ellos, pues sentía que faltaban muchos días para que pudieran volver a verse.
Cubrió su rostro con ambas manos apoyándose en sus codos sobre el escritorio, no entendía qué le sucedía ni por qué reaccionaba de esa forma, solamente sabía que sus lágrimas habían comenzado a caer incontrolablemente; esa noche no pudo terminar ni siquiera uno de sus trabajos, se sentía muy triste como para poder continuar con sus proyectos y, sin poder hacer algo que lo hiciera sentir mejor, se fue a dormir deseando poder relajarse mientras acariciaba su mejilla izquierda, donde Kanda había puesto ese pequeño beso de despedida.
Aquel había sido un largo fin de semana para Allen, el primero en el que había deseado que el día lunes se apresurara en llegar, no había podido disimular del todo su malestar, por lo que su padre se dio cuenta de ello; afortunadamente, no sospechó ni preguntó más cuando le dijo que había dejado algunos pendientes en el internado, éste lo creyó además de suponer que también se debía a los cambios propios de la edad que estaba viviendo. Al volver al internado, estaba muy ansioso buscando con la mirada aquel a Kanda, pensando que en cualquier momento lo encontraría entre clases, para su sorpresa no fue así, y ahora se sentía muy desanimado al no haber podido verlo en ningún momento del día, por lo que no pudo evitar asombrarse cuando llegó al aula del club de libertad de pensamiento, pues en ese lugar, en el escritorio más alejado de todos, se encontraba sentado con su usual aura de mal humor al espadachín lector quien, al percatarse de su presencia y dado que no había nadie más dentro del salón, levantó el rostro que apoyaba sobre la palma de su mano derecha apartando la vista del libro que yacía abierto sobre el escritorio para posar sus iris en el albino, mostrando la pequeñísima interrogante en su expresión acerca de la inusual fijación del menor sobre él.
Allen miraba con atención a Kanda y éste le devolvía la mirada esperando que reaccionara de su aturdimiento y bajara de la nube a la que se había subido desde hacía varios años luz, puesto que le confirmaba que el pequeño inglés seguía siendo un cabeza hueca que vivía dentro de su propio mundo; permanecieron así hasta que la profesora entró al lugar junto con algunos estudiantes, por lo que Allen se apresuró a tomar asiento, ya que no se había dado cuenta de que se había quedado de pie.
Todos se retiraron al terminar la sesión, cuando Kanda pasó cerca de Allen, éste actuó por reflejo y estiró su mano izquierda tratando de alcanzar la derecha del peli azul, mas se detuvo al percatarse de ello, empuñó la misma mano y con ella tapó su boca a manera de retención para no dejarse llevar por el fuerte impulso que sentía; por lo que tuvo que esperar hasta después de clases para poder encontrarlo otra vez, sin embargo, para su sorpresa, había más alumnos que de costumbre, salió rumbo al ancho pasillo que conducía hasta la puerta de la entrada, logrando ver a cierta distancia de él al japonés malhumorado quien también pretendía salir del edificio principal, por un momento deseó correr directamente hacia él y abrazarlo por la espalda, pero hacer dicha acción no solamente sería vergonzoso, sino muy inapropiado debido a la cantidad de estudiantes presentes en ese momento, por lo que tuvo que contener tal pensamiento. Apresuró el paso para comenzar a correr y lo evadió pasando a su lado hasta haber salido de aquel lugar, mostraba una expresión de angustia en su rostro por no haberse atrevido a acercarse más, puesto que realmente tenía la intención de haber llegado hasta él.
Todavía alumbraba el sol de la tarde temprana sobre el Instituto Royal, aún faltaban algunos minutos antes de que comenzara a anochecer cuando Kanda llegó a la biblioteca, según era su extraña costumbre, el oriental sintió un pequeño asombro cuando encontró dentro al albino sentado en el lugar que siempre ocupaba.
-¿Qué haces aquí tan temprano? ¿No tienes tareas qué hacer? - dijo con un tono desinteresado mientras pasaba junto a él para ir por el libro que había estado leyendo la vez pasada.
-Ah... y-yo... sólo quise venir a leer un poco, es todo... - contestó Allen cabizbajo, leyendo el libro que tenía abierto sobre sus rodillas pero sin prestar atención a la lectura.
-Heeh... entonces sólo viniste a este lugar a leer, ¿no? - dijo con sarcasmo e indirecta para escuchar qué clase de respuesta daría el peliblanco, y se sentó en su lugar habitual frente a él.
-... No... ...no vine por eso... - dijo sonrojándose sin haber volteado a verlo, empuñó sus manos a causa del nerviosismo que tenía puesto que podía sentir esa oscura mirada sobre él.
-¿Entonces, a qué has venido? - dijo con arrogancia, observándolo detenidamente por encima del libro, para después continuar nuevamente con su lectura.
Permaneció sentado en silencio con el libro que leía en su mano izquierda levantada en alto al nivel del rostro, su brazo derecho estirado a lo largo del respaldo del sillón y las piernas cruzadas, como la vez pasada; no recibió respuesta del ojiplata, éste solamente agachó más su mirada, frotando con fuerza sus manos y un potente sonrojo que claramente se veía hasta las orejas, decidió dejarlo de esa manera por un poco más de tiempo, pensando en qué sería lo que pretendía ahora, con burla y satisfacción disfrutaba grandemente cada pensamiento que pasaba por su mente mientras especulaba cuál sería la razón de su ansiedad, asimismo recordaba el inusual comportamiento del albino en ese día, él ya había esperado mucho por el menor, y ahora, de cierta manera, parecía como si éste no quisiera esperar.
-¿Vienes acá o voy para allá? - fue lo único que dijo después de unos largos y tensos minutos para el inglés, éste elevó la mirada para verlo por un momento mientras procesaba lo que le había dicho, después de lo cual, finalmente se levantó del sillón dejando el libro que leía sobre la mesa de centro, y se acercó a él tratando de no mostrarse tan deseoso.
Se sentó en el lugar desocupado al lado derecho del peli azul, quien no se movió ni hizo ninguna otra expresión durante un rato más en el que continuó con su lectura sin preocupación, contrario al estado en el que se encontraba Allen, pues éste no dejaba de preguntarse cuánto más tardaría, volteaba de rato en rato para verlo sin que éste iniciara con su dominante comportamiento. Pensó que estaría muy molesto con él, lo suficiente como para no haber iniciado ya, afectando su dolido ánimo que aún no se recuperaba, hasta que el otro hubo cerrado y abandonado el libro en el atril, se giró para verlo directamente a los ojos mientras acariciaba su rostro y comenzaba a rodearlo con su brazo derecho, algo dentro de Allen empezó a cambiar a medida que sostenía la mirada del oriental, no sabía decir qué era, pero creció rápidamente en cuanto volvió a sentir esos labios sobre su boca.
Kanda lo sujetó de la nuca y parte del cuello para profundizar aún más el ansiado beso, al cual Allen todavía no sabía de qué manera responder, no sabía qué hacer, y era evidenciado por el descontrol emocional que sus movimientos demostraban, sin embargo, ahora podía sentir que, de alguna manera, era atraído por el japonés que lo besaba y hacía reaccionar su cuerpo de forma tan intensa y desconocida.
Gracias por leer "No llores" OwO
Bladegaur
