Disclaimer: She-Re and the princessess of the power no me pertenece, ni sus personajes obviamente, sino que son propiedad de sus propios autores.


Dolor

Adora se encontraba en su habitación, recostada en su cama, sola…y triste.

Ya próxima a cumplir sus 13 años, sentía vivir una terrible pesadilla a plenitud de su adolescencia. Ojalá su lamento fuera a causa de una de esas tonterías cualquiera, como cometer algún error, enfadarse con alguien, preocuparse por su apariencia o discutir con sus padres, pero no…su corazón, constreñido por una fuerza invisible, con una sensación asfixiante, se sentía casi como si de un momento a otro simplemente se detendría, a veces incluso dejaba de sentir los latidos, hasta que este, repentinamente dolía otra vez.

Su mente la torturaba con el recuerdo…ese terrible suceso, si tan solo lo hubiera sabido…nunca la hubiera dejado ir…estúpidos protocolos…estúpida Catra…por ser tan insistente…

…por haberse ido.

Sus lágrimas se formaron a orilla de sus ojos, se derramaron y recorrieron, el camino ya formado sobre su rostro hasta su barbilla, hasta morir en su propia agonía. Hipó, cerró sus cristalinos celestes, haciéndose ovillo sobre las sábanas, intentando ocultarse, intentando escapar.

Un esfuerzo inútil.

Recuerda, ese instante en el que sus manos se separaron en aquel, aparentemente, último baile, su suavidad, esos ojos tan brillantes que le miraban sonriendo, ese bello rostro…tan salvaje y vivo…la vio estar con su hermano, y reír con otras princesas, sin darse cuenta exactamente, el momento en que la perdió de vista…cómo deseaba no haberlo hecho.

Exhausta y ya cansada, buscó a su bálsamo de toda la vida, sabía que, al encontrarla, el cansancio se esfumaría y la energía regresaría a su cuerpo, solo para cerrar el festejo a su lado, como siempre. Comenzó preguntando a sus conocidos, a su hermano, a los reyes…parecía que nadie sabía a dónde se había ido Catra…pero ella, no podía haberse ido, le prometió el baile final de aquella noche. Recorriendo el castillo, en cada sitio donde pudiera estar, donde creía la podría encontrar, una sensación extraña comenzó a formarse en su interior, una especie de aflicción que no conocía hasta ese momento.

Al ver la preocupación en su rostro, ya finalizada la fiesta, sus amigos y algunos sirvientes se unieron a la búsqueda, incluso los padres de Catra, pero no sirvió de nada, el esfuerzo fue infructuoso. Preocupada, pensando en la razón de por qué su amiga se fue sin anunciarse, sin decirle nada, casi rompe en llanto por primera vez, pero los reyes y los padres de Catra le consolaron, que seguramente había una buena razón, que al día siguiente volvería a verla sin falta.

El día siguiente llegó, con una calma antinatural, cierta pesadumbre en al ambiente. Se preparó para su día, igual que cada día. Esperando…volver a verla…y cuando lo hiciera, le reclamaría no haber cumplido su promesa, algo que le cobraría sin falta, quizás, pidiéndole un abrazo, o un paseo donde tomaría su mano, se sonreirían y entonces…entonces, cada segundo se volvió pesado, pasó distraída la mayor parte del día, la mañana fue tan larga, la comida un tanto pesada, pues no le apetecía. La tarde le pareció eterna, sin embargo, los colores naranjas colorearon el cielo, anunciando la proximidad de la noche…no supo cómo exactamente fue capaz de soportar tanto…quizás porque aún tenía una pequeña luz de esperanza en su corazón…

-Catra- dijo su nombre solo para dejarlo ir de sus pensamientos, en un intento de llamarla…Adora tembló. No era suficiente, no importaba lo bien que la trataran, o que su hermano intentara hacerla sonreír. La felina simplemente formaba parte de su vida, de su día a día, el hecho que no estuviera ahí…le hacía sentir que no era ella misma, estaba asustada, la incertidumbre del paradero de Catra le hacía sentir tal inseguridad ¿Estaría bien? ¿No le habría sucedido algo malo? ¿Volvería?...

En el anochecer, estando en la sala, ver entrar a sus padres junto a los padres de Catra, le indicaron que efectivamente, era una mala señal, sus semblantes serios y angustiosos, no mejoraba la situación. Al mirar a la madre de Catra derramar lágrimas solo de verla, le hizo sentir como si el espacio en el que estaba fuese tan pequeño.

-…¿Qué sucede?- preguntó angustiosa.

Pesé a lo difícil de la situación, el rey Randor solo asintió, para que su leal sirviente hablara, y dijera…la verdad…el ambiente era tenso…

- Catra…se ha ido…- habló el padre de Catra sin rodeos- lo lamento princesa Adora, sabemos que usted la ha estado esperando…pero ella, no vendrá…

-…¿Por qué?- ya no pudo ocultar el temblor en su voz…contenida, pues repentinamente solo quería explotar, lo que le decían…no podía ser verdad…Catra no se iría, no la dejaría…

-Porque Catra…- esta vez fue el rey Randor, su padre, quien habló-…se enteró de la verdad, de su pasado…de sus verdaderos padres…

Adora lo miró confundida, no tenía ni idea de lo que su padre decía, y aunque eso no respondía su pregunta, definitivamente algo muy malo sucedía…porque Catra no estaba ahí, a su lado, y aún más, le afirmaban que, en efecto, ella no llegaría.

Escuchó con atención, la historia, cada palabra, viendo de primera mano a los protagonistas…menos a su principal. Conociendo una verdad, que al parecer no era un secreto, al menos no entre los adultos, y pese a afectarle directamente…no le importó para nada…no le importaba, solo quería tener a Catra devuelta.

-…ella se fue, al saber lo que acabas de escuchar, princesa Adora…- la madre de Catra le miraba entre lágrimas, compasiva, con su propio dolor…-…no hemos vuelto a saber de ella, no dejó ningún mensaje…nada…

Adora se quedó mirando a la nada, con una expresión de incredulidad absoluta, el silencio inundó la sala, se sentía observada, y ciertamente…la reacción que tuviese era lo más importante…qué se suponía que debía decir, qué hacer…no supo en que momento, la debilidad se apoderó de su cuerpo, la tristeza se manifestó al fin, sus ojos se humedecieron, derramando sus primeras lágrimas.

-Adora…- le miraron sus padres con preocupación.

-Hermanita…- Adam intentó acercarse, pero ella lo detuvo con un simple gesto al levantar la mano.

-…No…- dijo con la voz ahogada-…no me importa…no me importa… ¡No me importa! ¡NO ME IMPORTA!- gritó exasperada, no pudiendo contenerlo más-…!Lo que sea que haya pasado antes…NO ME IMPORTA!...solo quiero…que Catra este conmigo…!Quiero que vuelva!- se abrazó a sí misma, en su desolación-…quiero que vuelva…ella…no se pudo ir…solo así…dejándome…no me pudo haber dejado…

Adam corrió a abrazarla, a sostenerla entre sus brazos, se miraba tan frágil, a pesar de saber que su hermana era una persona fuerte, el que Catra se hubiera ido, la había destrozado por completo. Adora sentía que le costaba respirar, mantener la concentración, intentaba ser racional, pero el dolor en su interior era demasiado, le calaba hasta lo más profundo, hasta que no pudo más, cayó desmayada entre los brazos de su hermano. Todos se preocuparon, pero al ver que todavía respiraba, suspiraron con alivio temporal. Fue llevada en brazos de su hermano hasta su habitación, dejándola reposar…tal vez mañana, la princesa pudiera tener una mejor perspectiva.

La habitación era amplia, y los ventanales se alzaban mostrando una bella mañana. Catra vestía de maravilla con su smoking negro, solían gustarle los trajes más varoniles, no usaba nada que fuera demasiado femenino, y sin embargo le sentaba de maravilla su particular forma de vestir. Adora la miró sentarse a su lado y sonrió. Estando frente al amplio plano del salón de música, Catra le devolvió la sonrisa, alzando sus manos, para iniciar una hermosa melodía. Adora le miró fascinada, reconociendo las notas al instante. Con parsimonia, ella alzó sus manos en su lugar y le acompañó, tocando las teclas con habilidad a la par de su amiga.

El maestro escuchaba fascinado a ambas jóvenes, no tenía más para enseñarles en aquella lección. Decidió abandonar el salón y dejar a las chicas en el maravilloso mundo de música que crearon donde, al parecer, solo existían ellas.

La melodía era tranquila y armoniosa, sin prisa ni lentitud, con un ritmo perfecto. Dejó a la felina tocar las últimas notas. Adora se perdió estando con Catra, ellas compaginaban casi de forma perfecta, incluso cuando discutían, una melodía en piano no sería problema.

-Hey Adora…- le dijo al terminar, mirándola con esos hermosos ojos.

Su amiga le golpeó el hombro con el suyo propio. Adora se lo devolvió. Y así estuvieron, en ese tonto juego, hasta que su gatita, se arrojó sobre ella haciéndola caer al piso, para poder tener a su merced a la princesa de Eternia. Catra movía su cola de un lado a otro…estaba feliz.

- ¡Oye! - se quejó Adora, solo a voz alzada, pues le encantaba la cercanía que su amiga siempre buscaba entre las dos…-…me vengaré…- dijo simple.

Entonces abrazó a su amiga repentinamente, sorprendiendo a Catra, que terminó sobre el pecho de la rubia. Sujetándola desde el cuello, Adora acarició con suavidad el cabello de Catra, subiendo de a poco, hasta encontrar sus orejas, y brindarle esas caricias que ya acostumbraba. Al fin, lo que buscaba sucedió, una sonrisa tonta se plantó en sus labios, al escuchar el tierno ronroneo de su amiga. Esa era, la prueba de su cercanía, la prueba de su intimidad, pues la princesa tenía bien sabido, que nadie más, excepto quizás los padres de Catra y ella, tenían el privilegio de poder acariciarla de esa manera, Catra ya se había negado expresamente a que otros pudieran tocar sus orejas o cola, menos acariciarle…justo como Adora hacía en ese momento.

-Adora…- esa voz, ese tono, hacían palpitar su corazón, más al sentir que Catra se apegaba más a ella-…Adora…

La voz, al decir su nombre por segunda vez, se escuchó tan lejana. Se asustó, haciéndole soltar un jadeo.

Adora abrió sus ojos, extrañada, algo aturdida.

Se dio cuenta que se encontraba en su habitación, vistiendo el mismo atuendo del día anterior... "el día anterior". Se levantó de golpe, asustada, al recordar todo de inmediato, regresando sus lágrimas a sus ojos y el nuevamente dolor en su interior, en su corazón. Solo había soñado con ella, uno de sus más bellos recuerdos…eso era cruel, su mente le jugaba muy sucio…pues Catra, no estaba ahora.

Sus padres acudieron a la habitación al escuchar su llanto. Como la tonta que era, estaba preocupando a todos.

Intentó tranquilizarse, iniciar el día, debía seguir…con su vida…pero no podía… no alcanzaba a comprender qué era su vida sin Catra en ella.

Así que pidió permiso para hacer, lo único que quería en ese momento. Buscar a su gatita.

Pero su padre, el rey Randor no se lo permitió, eso la destrozó.

Al preguntar por qué, su padre solo le respondió que era muy peligroso para ella, recorrer las afueras del castillo, ella era una joven princesa aún, no podría con el inhóspito exterior, pero que él, pediría a un grupo selecto de soldados buscar a Catra por él…para ella. Adam al estar presente, se ofreció para formar parte de dicho grupo, el rey no tuvo problema con eso, pues su hijo ya estaba por alcanzar la mayoría de edad. Su hermano le miró con determinación, diciéndole que haría todo lo que estuviera en sus manos para traer de vuelta a su amiga. Adora, le pidió entre lágrimas que, por favor, la encontrara, que la trajera devuelta a su lado.

La impotencia de su ser, destrozaba su corazón.

No pudo hacer más, que esperar, y ver como se solucionaba todo mágicamente…o eso esperaba.

Subió, en aquel atardecer, a una de las torres más altas, se quitó la tiara que sujetaba levemente su cabello, ese día vestía lo más sencillo, pues no tenía ánimos de nada, se sentía perdida, como si una parte de ella fuera muriendo lento, sin poder detenerlo.

¿Qué haría si Catra no volvía? ¡No! ¡Eso no podía ser! ¡No quería ni pensarlo!

Sin darse cuenta, sus lágrimas ya se derramaban sin poder contenerlas. A lo lejos, veía que su hermano regresaba. Bajó con prisa, a lo mejor traía buenas noticias…a lo mejor, la encontró al fin. Sus pasos resonaban, la ansiedad se apoderó de ella, hasta llegar y atravesar las puertas principales del castillo. Agitada y esperanzada, miró a su hermano a lo lejos, lo vio bajar del caballo y avanzar, hasta que sus miradas se encontraron. Al verla, él la miró triste, agachó su rostro apenado, esquivando la mirada de Adora.

Adora se desplomó en el suelo, no importaba el ensuciar su vestido, lo comprendía al instante, cubrió su rostro con sus manos, dejando salir su llanto, sus lágrimas no se detenían, negando lo inevitable…

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Continuará…