Capítulo 7

Oí a alguien gritar. Una voz de hombre. Otra voz se unió a la primera y el sonido atravesó la pared de mi habitación. Me senté en la cama, desconcertada pero despejada. El despertador que tenía en la mesilla de noche marcaba las cinco y cuarto de la madrugada. ¡Dios! Era muy temprano.

No había dormido bien por culpa de los hábitos nocturnos de Gray.

Cuando por fin regresó, a eso de las once de la noche, estaba empapado en sudor. Yo decidí acostarme pronto, así que me arrastré medio dormida para ver si necesitaba algo. Después de que me dijera que se iría pronto a dormir, regresé a la cama. Pero lo escuché moverse durante horas, dando vueltas por el apartamento. Vio la televisión, habló por teléfono y tarareó por lo bajo durante un buen rato. No es que me importara que canturreara. Al contrario, me gustaba. Tararear death metal era casi un logro artístico. Y finalmente me quedé dormida mientras escuchaba Metallica. Supongo que por eso tuve unos sueños muy raros.

Pero ¿por qué Gray seguía despierto?

Los gritos se hicieron más fuertes. Salí de la cama y corrí hacia la puerta con el pijama de franela y el pelo alborotado. En el salón encontré a Gray de espaldas a mí, ante la puerta principal. Él llevaba sólo un bóxer negro. No se me ocurrió quejarme porque, ¡Dios santo!, menudo trasero tenía ese hombre. Se me hizo la boca agua y casi babeé ante la imagen que tenía ante mis ojos.

-Mira, aunque seas amigo de mi bomboncito…, esta no es una hora apropiada para visitar a nadie – murmuró Gray.

-¿Quién coño eres tú y por qué llamas bomboncito a Juvia? – La voz era de Lyon y parecía enfadado. Muy muy enfadado.

Sin embargo, Lyon y yo no estábamos saliendo. Solo éramos amigos. Así que no era asunto suyo que un hombre medio desnudo le abriera la puerta de mi apartamento a horas intempestivas. Era mi vida.

-Buenos días – dije, sin avanzar más.

Gray me lanzó una mirada airada por encima del hombro. A pesar de lo mullido que parecía el sofá, seguramente yo también estaría de mal humor si tuviera que dormir ahí. Quizá por eso se quedaba despierto hasta altas horas de la madrugada. Él había encargado otra cama para la habitación de invitados, pero todavía no había llegado, así que esa noche pensaba invitarle a compartir la mía, pero sólo como amigos, claro está.

Sus hombros suponían una gran distracción, así como las manos que apoyaba en las caderas. No es que yo fuera ligera, pero si él me hubiera dejado, intentaría subirme a sus hombros. Hace años, antes de que tuviera que dejarlo todo por mi madre, yo era distinta, más atrevida, con más desparpajo. Y había algo en Gray que me recordaba a la chica adicta a la adrenalina que había sido tiempo atrás. Echaba de menos a esa Juvia. Sin duda, era más divertida.

-Mira, ya la has despertado, imbécil. – Por una vez Gray no parecía tranquilo y despreocupado -. ¿Sabes lo estresante que ha sido para ella todo lo que ha pasado? – siguió recriminando a Lyon -. Además, ha tenido que trabajar hasta tarde.

El comentario no me pareció apropiado.

-Gray, ya está bien, déjalo. Este hombre es mi amigo y mi jefe. Se llama Lyon.

-¿Lyon? – se rió -. ¿En serio? ¿No es él con quien hablabas por teléfono la noche de la fiesta?

-Sí.

-Pensaba que hablabas con una amiga.

-Pues no. – Lyon apartó a un Gray casi desnudo para ponerme una caja de donuts en las manos. Eran de Voodoo. Se me hizo la boca agua a pesar de lo temprano que era y la discusión que se desarrollaba frente a mí.

Aunque, si he de ser sincera, también babeaba a causa de la pelea.

-¿Qué cojones pasa aquí, J? ¿Quién es este capullo? – preguntó Lyon.

-Lyon, estás siendo poco amable.

Mi amigo tenía los ojos rojos y brillantes por la ira. Estaba despeinado y el olor a perfume rancio lo envolvía como un aura. También me pregunté si estaría sobrio, porque sus movimientos eran torpes e inciertos. Probablemente ni siquiera se había acostado esa noche todavía.

Al menos no en su cama.

-¿Cómo que J? – se burló Gray, cruzando los brazos. Se dio media vuelta y me guiñó un ojo -. ¿La llamas J? ¿Qué pasa? ¿Decir su nombre entero resulta demasiado comprometedor para ti?

Solté una carcajada, aunque traté de disimular fingiendo que tenía tos. Lyon no parecía convencido, pero no me importó. El alivio hizo que se me aflojaran las rodillas. El Gray que conocía estaba ya de vuelta, bromeando y riendo. Una sonrisa de verdad en esa ocasión, no la mueca forzada de la noche anterior.

Era asombroso. Noté que Lyon se estaba irritando cada vez más. Aunque Gray le llevaba media cabeza, no tenía una actitud violenta, solo parecía divertirse con la situación. Que no le importara nada era, en realidad, parte de su carisma. Nunca había conocido a nadie como él. Pero eso no quería decir que pudiera pelearse con Lyon, aunque estaba segura de que sabría arreglárselas solo.

-Chicos, chicos… ¿Por qué no preparo café, eh? – Di un paso hacia la cocina, con la esperanza de que me siguiera alguno. El que fuera. Como ninguno se movió, me quedé quieta.

Lyon arqueó las cejas.

-Incluso aunque se trate solo de un rollo, puedes aspirar a algo mejor, Juvia – sentenció Lyon.

-¿Qué? – No solo me pareció un comentario muy grosero, es que además no era cierto.

-Ya me has oído.

-¡Lyon! ¿Cómo puedes decir tal…? – Miré a Gray con el ceño fruncido y moví la cabeza. Tenía tanta piel visible… Miré más abajo, hasta la línea de vello negro azulado que descendía desde su ombligo hacia la tierra prohibida para mí. Un camino hacia el tesoro. Un mapa que llevaba a las delicias ocultas. La caja de donuts se tambaleó en mis manos.

Tenía que dejar de mirarlo. Pero no podía, y no lo hice.

-¡Juvia! – me llamó Lyon, enfadado, arrancándome de mis ensoñaciones no aptas para menores.

-Mmm… Sí, voy. – Mi intelecto no daba para más.

-Ya están haciéndole chiribitas los ojos – comentó Gray, como si se dirigiera a Lyon -. Parece que mi bomboncito está listo para la sexta ronda.

¡Oh, no! ¿qué acababa de decir?

Lyon frunció el ceño y cerró los puños.

Sí, parecía que había dicho eso mismo.

Apreté la caja de donuts contra mis pechos.

-Es una idea fantástica, Gray – le seguí el rollo.

-Bomboncito, si todavía puedes andar, está claro que no he hecho bien mi trabajo. ¡Joder! Ni siquiera hemos intentado romper el sofá nuevo. – Se volvió hacia Lyon Si me fiaba del brillo de sus ojos, parecía estar disfrutando como nunca -. ¿Sabes, Lyon? Le preocupa que lo manchemos. Como si no pudiera comprar otro, ¿verdad? En fin. ¡Mujeres…!

No hubo más respuesta de Lyon que las líneas de tensión que aparecieron alrededor de sus labios.

Gray suspiró.

-La próxima vez lo compraremos de cuero. Es más fácil de limpiar, y además la piel no irrita tanto como se piensa. Al menos si…

-¡Basta! – grité, sintiendo que aplastaba la caja y todo su contenido.

-¿Hablar de sexo delante de tus amigos es otro de tus límites? – me preguntó Gray.

Moví la cabeza, asintiendo.

-Lo siento – se disculpó Gray -. Lo siento de verdad. Me he equivocado.

Demasiada hostilidad para tan reducido espacio. Era evidente que Lyon se había puesto celoso. Estaba de uñas e irradiaba furia como si fueran chispas. No dejaba de mirarnos a Gray y a mí con una expresión airada.

Hay que entender que antes de ese momento, no estaba completamente segura de que Lyon se diera cuenta de que yo era una mujer. Sin embargo, allí estaba, mostrándose posesivo como si yo fuera un territorio que debía defender. Y eso era algo que Gray no pensaba permitir, al menos así lo deduje por su maniobra. Los dos me rodearon lentamente, como si fuera una danza salvaje extraña, algo propio de los hombres de las cavernas. Me resultó divertido.

Sin embargo, al primero que intentara marcarme con orina, le cortaría las pelotas.

-Tu amiguito piensa que solo soy un rollo – se rió Gray con una mirada de soslayo -. Oye, bomboncito, ¿por qué no le sacas de su error?

Al escucharlo, Lyon dilató las fosas nasales.

Me quedé clavada en el suelo como si mis pies hubieran echado raíces. El corazón empezó a latir tan rápido dentro de mi pecho, que seguramente se rompió alguna costilla. Tuviera el pelo hecho un desastre por la almohada o no, este era un momento inolvidable. Deseaba que lo subieran a YouTube para poder verlo siempre que quisiera… Bueno, quizá no sería bueno tenerlo en internet, pero ya sabéis a lo que me refiero, ¿no?

Carraspeé, aclarándome la garganta y me enderecé. Me sentía diez veces más alta al ver cómo se peleaban por mí.

-Lyon, estoy saliendo con Gray.

-Estamos viviendo juntos – me corrigió Gray.

-Bueno, eso también – aclaré y me dirigí a Lyon -: Era mi intención decírtelo ya. Empecé a vivir con él hace dos días.

-¿Este… este es Gray? – Lyon se quedó paralizado -. ¿Te refieres a Gray Fullbuster, el batería de Fairy Tail?

-Sí.

Los ojos de Lyon brillaron todavía con más intensidad. No dijo ni una palabra más.

-Ahora que hemos resuelto este asunto, creo que me voy a duchar – anunció Gray -. Os dejo a solas para que habléis de lo que consideréis oportuno.

-Gracias – repliqué.

-De nada. – Me dio una palmada en el trasero, haciendo que pegara un brinco. Luego se dirigió al cuarto de baño al tiempo que se rascaba la mandíbula, cubierta por una barba incipiente.

Sentí un hormigueo en la nalga mientras me anotaba mentalmente estrangularlo cuando estuviéramos a solas. O lo mataba o me lo tiraba. Una de dos. Mis hormonas estaban muy revueltas y confusas.

En el momento que Gray cerró la puerta del baño, Lyon me agarró del brazo y me arrastró a la cocina. Todavía no había amanecido. La luz del salón iluminaba débilmente su furiosa expresión. Se le habían torcido las gafas de montura de pasta negra, lo cual hacía que su apariencia resultara todavía más alterada. Quizá debería sentirme celosa, pero por primera vez no lo estaba.

-¿De qué cojones va esto, Juvia? Me dijiste que lo habías conocido, nada más. ¡Joder!, ya decía yo que me resultaba familiar…

-También ha sido una sorpresa para mí. Pero es guay, ¿no crees? – Aunque estaba tan despeinado como yo, en su caso no era por estar recién levantado. Por eso, no iba a permitirle que viniera a mi casa a echarme un sermón por encontrarme en una situación supuestamente similar a la suya.

-Sí, muy guay – replicó con firmeza y algo de decepción.

-Gray es un tipo muy agradable cuando lo conoces.

-Claro…

-Me hace reír, ¿sabes? Y me hace mucho caso – aseguré, lanzando una directa. Parecía que esa mañana tenía sed de sangre y él se lo merecía por haber sido tan maleducado con Gray. Aunque muchas de las mujeres con las que él salía no me gustaban, yo nunca las había insultado -. Lyon, me gustaría pedirte que no vuelvas a insultarlo.

Me miró boquiabierto.

-Juvia, pero ¿tú has visto cómo me ha hablado?

-No pensarás decirme que fue él quien empezó, ¿verdad? Uno no llama a la puerta a estas horas y dice al que le abre que es un capullo. Lyon, eso no es nada agradable.

-Lo siento – se disculpó mirando a mi maltrecho refrigerador.

-Además, ¿a qué viene todo esto? Jamás te ha importado con quién salgo. Y tampoco es que lo hiciera mucho durante los últimos meses.

-No es nada. Es que esperaba que…

Permanecí en silencio, pero no llegó a terminar la frase. Quizá sería mejor dejar el tema.

-¿Quieres un café? – le sugerí.

-No, me voy a ir a casa.

-Como prefieras. Gracias por los donuts. – Puse la caja de cartón sobre la encimera.

-De nada. – En su mirada había una mezcla de enfado y tristeza. No sabía cómo tomármelo… Todavía estaba irritada.

-Lyon…

-No pasa nada, Juvia.

-Escucha, no quiero que esto afecte a nuestra amistad – aseguré.

Cuadró los hombros.

-No, no lo hará. No te preocupes.

-Muy bien. – Algo en mi interior me impulsó a abrazarlo. Parecía deprimido y necesitaba consolarlo. Mi madre no era demasiado cariñosa, y yo había salido a ella en ese aspecto. Cuando lo rodeé con mis brazos, me sentí rígida y tope, así que le acaricié la espalda una sola vez y luego me separé de golpe, antes de que él pudiera reaccionar. Casi podría considerar que mi gesto fue un ataque sorpresa.

-Bueno, cuéntame, ¿qué tal estuvo tu cita? – le pregunté, intentando animarlo.

-Nada especial. ¿Y tú? ¿Qué hicisteis?

-Gray pidió la cena y pasamos una noche tranquila en casa. – En cuanto mencioné a mi compañero de apartamento, la expresión de Lyon se transformó. Quizá si no apestara a sexo, sería más fácil sentir simpatía por él, aunque se estuviera comportando como un idiota.

-Bueno, me largo – dijo -. Nos vemos después.

-Hasta luego.

Permanecí allí de pie un buen rato, mirando la puerta que Lyon, mi eterno amigo, acababa de cerrar de golpe. En el fondo no me sentía enfadada ni triste, pero sí un poco sorprendida al saber que, después de todo, sí parecía interesarse por mí de la manera que yo había deseado durante tanto tiempo. Lo que no sabía era cómo afectaría esta nueva situación a nuestra relación.

Gray reapareció con el pelo peinado hacia tras. El color negro azulado resultaba mucho más oscuro cuando lo mojaba. Los ángulos de su rostro quedaron perfectamente a la vista y se puso unos jeans y una vieja camiseta de AC/DE. Sin embargo, no se había calzado; los dedos de sus pies eran largos y tenían un poco de vello. Las uñas estaban perfectamente cortadas.

-¿Un café? – pregunté mientras ya se lo estaba sirviendo. Era la excusa que necesitaba para apartar la mirada de sus fascinantes pies. ¿Quién decía eso de que los pies son feos? Sin duda los suyos no.

-Estupendo, gracias. ¿Se ha ido ya tu pequeño hípster?

Dejé la taza sobre la encimera, y se puso a echarle azúcar… Una, dos, tres cucharadas bien colmadas. En ese instante entendí de donde procedía toda su energía.

-Lyon se marchó hace un rato – le comenté, eligiendo un donut. Eran deliciosos.

-Ahora me resulta difícil no pensar mal de ti.

-¿Por qué?

Le vi timar un sorbo de café mientras me miraba por encima del borde.

-Ese idiota te cae bien. Es más, te gusta.

Di otro bocado al donut. Una excusa como otra cualquiera para no responder. Si masticaba despacio, podía poner punto final a ese tema.

-Lo noto perfectamente aunque a mí me mires con chiribitas en los ojos. – Por desgracia, continuó -: Tienes suerte de que yo no sea nada celoso.

Me atraganté con lo que tenía en la boca.

-Ah, ya. ¿Por eso te pusiste a contar tus hazañas sexuales?

Se rió por lo bajo de forma burlona. No supe de qué estaba riéndose exactamente.

-¿Gray?

-Tu amiguito aparece aquí, después de pasarse la noche bebiendo y follando por ahí, ¿y espera que lo recibas con los brazos abiertos…? No, no. De eso nada. No me gusta.

-Solo somos amigos.

Apartó la vista mientras se humedecía los labios, saboreando el café.

-Juvia, por favor…

Me molestó el tono de decepción que había en su voz. Quise buscar alguna disculpa. Sacar a colación las normas que habíamos acordado. Quise protegerme, pero ni siquiera sabía de que. Gray no me estaba atacando. Sin embargo, sus silenciosos reproches traspasaban mi coraza de una forma que no habían logrado nunca los sermones o las exigencias de Mirajane.

-La cuestión es que si los dos sois heterosexuales – explicó -, no podéis ser amigos. Todo ese rollo de la amistad no funciona entre hombres y mujeres. Uno de los dos acaba enamorándose del otro… Siempre es así, está demostrado.

-De acuerdo. Lyon me gusta – confesé -. Me gusta desde hace tiempo. Pero él…mmm… no me ve de esa manera. Ya sabes…

-Es posible. Pero te aseguro que a él no le gustó nada encontrarme aquí. – Dejó la taza y apoyó la cadera contra la desgastada encimera gris de la cocina. El cabello húmedo se deslizó sobre su cara, ocultando parte de su expresión -. Oye, no se te habrá ocurrido utilizarme para ponerlo celoso, ¿verdad?

-¿Quieres saber si es mi intención manipularlo a él y ser una bruja contigo? No, no lo tenía pensado, pero gracias por preguntarlo.

-De nada. – Se encogió de hombros -. Es un idiota y se merece lo que le pasa. Mira que venir y actuar como si le debieras algo…

Me rodeé con los brazos.

-Lamento que fuera tan grosero contigo. Pero ya he hablado con él, y no volverá a comportarse así.

Soltó una carcajada.

-No tienes que disculparte, Juvia. No soy un tipo delicado.

-Da igual. – Tomé un sorbo de café.

-¿Sabes? Si quieres utilizarme para que reaccione, no me importa. ¡Joder! Así los dos sacaremos provecho de esta situación, ¿no crees?

Noté algo raro en la forma de decirlo. Algo que me retuvo. Si no hubiera ocultado su expresión detrás del pelo, podría sopesar mejor por dónde iba esto.

-Es más, podemos explotar la situación tanto como queramos – aseguró.

-¿Harías eso por mí?

Esbozó una sonrisa de medio lado.

-Si tú quieres, sí. Es muy fácil provocar a ese idiota, y por ti estoy dispuesto a hacer el esfuerzo. Como bien sabes, nací para poner celosos a todos los hombres.

Sonreí como única respuesta, con cautela. Sin comprometerme a nada. La situación exigía una reflexión profunda, y la tentación de aceptar era muy grande.

-Aunque creo que tiene razón en una cosa: puedes aspirar a más. – Tenía clavados en mí los ojos azul oscuro. Como siempre, había en ellos una pizca de diversión, pero también parecía estar desafiándome, presionándome para ver por dónde salía. Así que mi primer impulso fue provocarlo -. De todas formas – continuó al tiempo que movía los hombros -, Eres tú la que decide. A fin de cuentas, conoces a Lyon desde hace… ¿cuánto?

-Dos años.

-¿Llevas dos años enamorada de él sin hacer nada al respecto? Tendrás algún motivo, ¿verdad?

-Sí – convine, sin sonar demasiado creíble.

Se rió y, en ese momento, me resultó odioso. Nunca había admitido abiertamente la debilidad que sentía por Lyon, pero allí, confesándome con Gray, que me lo echaba en cara… La cosa es que lo que tenía con mi jefe era preferible a cualquier otra relación que había mantenido desde los dieciséis años. Si él se enrollaba con otra mujer, no se me rompía el corazón. Además, ¿quién sabe?, quizá algún día termináramos juntos.

¿Por qué actuar cuando no hacer nada servía tan bien o mejor a mis propósitos?

El gran batería moreno me miraba de forma burlona y con una sonrisa de satisfacción. Lo sabía. No sé cómo, pero lo sabía. Odiaba ser tan transparente, en especial con él. Lo odiaba con toda mi alma.

-De acuerdo – claudiqué -. Lo haremos.

Dejó de reírse.

-Hablo en serio. Quiero poner celoso a Lyon. Por supuesto, si tú estás dispuesto a ayudarme.

-Acabo de decirte que lo haría. Aunque la verdad es que no pensé que estuvieras dispuesta… - Se terminó el contenido de la taza -. Puede ser interesante. A ver, ¿sabes cómo ser una auténtica rompecorazones?

-¿Es necesario que lo sea? – Miré al otro lado del salón, donde estaba abierta la puerta del cuarto de baño. Había una toalla mojada en el suelo, junto al bóxer que Gray se había quitado para ducharse.

Era evidente que me tocaba a mí hacer la limpieza.

-¿Pasa algo? – preguntó.

-No.

Siempre tan curioso…

Cuando vivía con Sherri también me tocaba hacer la limpieza. No se me había ocurrido hasta ese momento. Otro vestigio más de haberme visto obligada a llevar una casa siendo aún demasiado joven.

-Dime, ¿qué te pasa, Juvia?

-Has dejado la toalla mojada y los calzoncillos en el suelo del cuarto de baño – Los señalé, sólo por si se había olvidado de dónde se encontraban.

-Bien, cambio de tema – comentó acercándose a mí y deteniéndose demasiado cerca -. Pero tienes razón. He dejado mis cosas tiradas por ahí, aunque quedan muy bien con la decoración. ¿No te parece?

No dijo nada más.

Ambos miramos la ropa sucia, que parecía estar reprochándonos algo. Y estaba bastante segura de que el silencio de Gray era una recriminación. Eso, o yo era una obsesa del orden. A punto estuve de rendirme.

-¿Qué piensas hacer al respecto, bomboncito? – me preguntó en voz baja.

-¿Sabes? Lo cierto es que no me gusta que me llames así.

Hizo un ruido de desdén.

Suspiré. De todas formas, esta era una guerra que él jamás ganaría. Después de haber criado a una adolescente de trece años, sabía muy bien que debía elegir mis batallas.

-Eso no es asunto mío – aseguré.

-¿No?

-Si ensucias algo, te ocupas de limpiarlo y dejarlo como estaba – dije con firmeza.

-¿Es eso otro de tus límites?

Me erguí en toda mi estatura.

-Sí, lo es. No soy tu madre. Tienes que recoger tus cosas, Gray.

Sonrió.

-Lo haré ahora mismo.

-Gracias. – Le sonreí, sintiéndome aliviada -. ¿A qué te referías con que debería ser una rompecorazones?

-A que vas a romper el mío. Por supuesto, después de demostrarle a ese imbécil lo buena novia que puedes ser.

Hasta ese momento sólo había sido un buen paño de lágrimas. Pero a la mierda con eso también. Los malos hábitos estaban para romperlos.

-Lo haré.

Gray apartó la vista.

-Por supuesto que lo haré – repetí.

-No lo dudo, bomboncito. Ni por un instante.

¿Y bien? ¿Os ha gustado? Contadmelo en un review!