Capítulo 17
-Ven –me dijo, entrelazando nuestras manos –Daniela estaba dormida pero, ya sabes, lo diminutas que son sus siestas. –Una media sonrisa aparece en su rostro al hablar de su hija. Yo no dije nada, tan solo dejo que tire de mí hasta la sala.
La niña aún estaba dormida con Olaf a su lado, velando su sueño.
-¿Quieres que te traiga algo de beber? –me pregunta, cuando me siento en el sofá de cuero negro.
-Zumo de melocotón.
-Vale. –Me sonríe, tranquilo. Aunque está disimulándolo, sé que está nervioso.
Lo veo ir a la cocina y trastear allí hasta que, con mi vaso de zumo y algo de beber para él, vuelve al sofá.
-Aquí tienes –me ofrece mi bebida.
-Gracias. –Lo cojo y él se sienta a mi lado.
-Kate, -dice, mirando el vaso que tiene entre sus manos –antes que nada, no fue una apuesta. –Yo no digo nada, no quiero interrumpirlo. Solo quiero saber la verdad. Suspiró audiblemente. –Te conocí gracias a Brad –Asiento. –Él, no sé cómo te conoció pero, tenía tu libro. Me dijo que se lo había comprado para ir a una de tus firmas. No quería solo que le firmases el libro ni verte en persona, quería conseguir algo más.
-Ligar conmigo –digo yo.
-Sí, pero no algo serio. Cuando te vi en la foto de la contraportada, me llamaste la atención. Me pareciste muy guapa –me sonrío tímidamente, haciendo que yo hiciera lo mismo. –Leí la sinopsis de tu libro y me gustó, así que, como Brad me lo había dado, me lo leí en tres días. Aprovechaba cada rato libre en leer. Me enganchaste. –Yo sacudí la cabeza –Busqué información sobre ti, vi que tenías dos libros más, los compré. Me vi entrevistas, busqué todo lo que había de ti en Internet y en los periódicos. Hasta me hice con todos los artículos que habías escrito.
-¡Vaya! –exclamé.
-Hiciste que me obsesionase contigo –ríe.
Achiqué los ojos.
-¿Yo? Si no sabía ni que existías –digo, divertida.
-Pero me conociste. Y fue espectacular hacerlo, soy tu fan número uno. Brad me decía que no tenía ninguna oportunidad contigo, que ir a esa firma o las conferencias no me serviría para conseguir una cita, o tomar un café. Él ya lo había intentado y no lo había conseguido y él era mucho mejor conquistando. "Don conquistador" lo llaman –reí. –Decía que me tenía que olvidar de ti y quitarme ese tonto "enamoramiento". Aunque, en realidad, me enamoré de ti cuando te conocí. Estaba allí cuando te pedí que tomaras ese café conmigo, quería ver cómo me rechazabas. Pero, aceptaste.
-Tampoco me dejaste mucha opción. No me dejabas pasar. –Arrugué el entrecejo.
-Bueno, pero no me niegues que te lo pasaste bien.
-No –dije, riendo.
-No fue una apuesta, Kate –me dijo, volviendo al tema inicial. –De verdad, que…
-Lo he entendido –puse una de mis manos en su rodilla.
-Gracias –me agradece, poniendo su mano encima de la mía y mirándome directamente a los ojos.
-Rick, lo de antes –miré hacia la habitación- quería…
-Yo… lo siento –se disculpó, interrumpiéndome. –No debería… yo, no tengo a nadie con quien hablar y, supongo que, necesitaba desahogarme. Todo me estaba superando… -se cubrió su cara con sus manos.
-¡Eh! –lo llamé, retirándole las manos. –No pasa nada –le sonreí. –Puedes desahogarte siempre que quieras conmigo. Siento que hayas tenido que pasar por todo eso. –cogí su mano.
-No tienes que sentirlo, no ha sido tu culpa, Kate. –Apretó levemente nuestro agarre.
-Pero te he hecho sentir que es tu problema, te he hecho daño, Rick. Yo no quería hacerte sentir así, ni decirte todas esas cosas que te he dicho –mis ojos comenzaron a aguarse. –Yo… estaba confundida. Estaba dolida. –Agaché la mirada cuando algunas lágrimas comenzaron a escapar de mis ojos.
-No pasa nada. Te entiendo. Yo siento que pensases que todo era una apuesta. Si hubiese sabido que era eso… -levanté la cabeza al sentir una caricia en mi mejilla.
-Rick, no tienes nada malo. Tú no tienes ningún problema. –Le sonreí algo nerviosa. –Además, Daniela te adora y estoy segura que Amy –me acaricié mi vientre –también lo hará.
-¿Amy? –preguntó, ilusionado. Asentí. -¿Se va a llamar como yo dije?
-Sí, ¿no quieres? –inquirí, sabiendo la respuesta.
-¡Claro! ¡Claro que sí! –exclamó, contento. Tan contento que mis labios se curvaron hacia arriba. –Gracias, Kate –me agradeció y me abrazó, entusiasmado. Correspondí al abrazo tras recuperarme de la sorpresa. –Lo siento –se disculpó cuando se separó.
-No, no importa.
-¿Puedo? –preguntó, señalándome la barriga con uno de sus dedos. Yo no contesté, me limité a cogerle la mano y ponerla sobre mi vientre. Le sonreí cuando sus dedos rozaron mi piel. –Hey, Amy –se agachó, poniéndose de rodillas delante de mí. –Aún faltan 5 meses pero ya estoy deseando conocerte, tenerte entre mis brazos. Y tu mamá también –me miró y cuando nuestros ojos se encontraron, sonreí. –Es muy guapa, ¿sabes? Tienes que parecerte a ella. Es muy lista.
-Tu papá también es muy listo. –lo interrumpí.
-¿Y guapo? –inquirió, alzando las cejas.
Rodé los ojos. –Sí, y guapo, muy guapo.
Esbozó una gran sonrisa.
-Lo que más me gusta de él, son sus ojos, sobre todo, cuando se iluminan como a un niño pequeño. Exactamente, como ahora. Y su sonrisa, me gusta mucho su sonrisa. –Confesé algo ruborizada por cómo me miraba.
-¡Vaya! Ni en mis mejores sueños –dijo. Le di un pequeño golpe en el hombro. –Auch – se quejó, divertido.
-Tu papá también es un graciosillo, Amy. –Le conté a mi hija.
-¡Eh! No le digas esas cosas a nuestra hija. –Me miró, negando la cabeza, fingiendo estar indignado.
Yo reí a carcajadas.
Un ladrido de Olaf, hizo que dejásemos de bromear y mirásemos hacia el centro de la sala. Daniela, se acaba de despertar y se estaba poniendo de pie. Rick fue a cogerla y volvió con ella en brazos, sentándose a mi lado.
La niña se acomodó en su pecho.
-¿Has dormido bien? –le preguntó, retirándole el pelo de la cara.
Daniela asintió con un movimiento de cabeza.
-La pequeña dormilona aún tiene sueño –le dijo a su hija, acariciando su espalda, viendo como a esta se le cerraban los ojos.
-Papá leche –pidió con los ojos cerrados.
-¿Se lo hago yo? –le pregunté, poniéndome de pie.
-¿Quieres?
-Claro –le sonreí.
XXX
-Toma, cariño –le entregué el biberón a Daniela, ahora más despierta. Me sonrió agradecida. Se llevó la boquilla directamente a la boca, comenzando a succionar.
-Despacio, Daniela –le dijo Rick al ver su ansia.
-Tiene hambre.
-Esta glotona siempre tiene hambre. –Me contestó, acariciando a su hija. La niña agarraba con una mano el biberón y con la otra se acariciaba la oreja, una manía que tenía siempre que tomaba leche. –Kate,… -dijo, poniéndose serio –antes me dijiste que Daniela me quiere y que Amy me querría, pero… ¿y tú? –me preguntó con nerviosismo.
Capítulo 18
Tragué saliva al escuchar su pregunta. Los segundos pasaban y yo seguía sin responder. Observando cómo la mirada de Castle perdía más brillo por segundo, llenándose de tristeza.
-Yo… -carraspeé.
-Mia –Daniela habló, haciendo que desviara mi mirada hacia ella.
Sin embargo, Richard, seguía con sus ojos puestos en mí. Podía notarlo.
-Mia, papá –repitió, agarrando la cara de su padre con una de sus manos. Alzó su biberón, mostrándole la boquilla metida hacia dentro.
Aproveché cuando su foco atención estaba sobre su hija para salir de allí, escondiéndome en la habitación.
Me dejé caer en la cama, nerviosa. Escondí mi rostro entre mis manos, bufando. ¿Por qué era todo tan complicado?
XXX
No sé cuánto tiempo estuve escondida en la habitación ni cuántos veces me había reprochado mi comportamiento por no haber sido más valiente y haberle contestado. Pero ya no podía dar marcha atrás. La había vuelto a cagar con él.
Al salir, lo vi en la cocina. Estaba sacando vegetales de la nevera, supongo que para preparar la cena. El cierre de la puerta del refrigerador, provocó que nuestros ojos se encontraran.
Nunca antes había visto unos ojos más tristes que los de Rick en ese momento. No fue mucho tiempo los que nuestras miradas estuvieron en sintonía, apenas unos segundos, pero lo que vi en ellos, hicieron que me sintiese aún peor de lo que ya me sentía.
¿Cómo podía haberle hecho eso después de que él me hubiese contado aquellas cosas de su pasado?
-Rick… -dije su nombre cuando reaccioné. Él no me hizo caso, siguió a lo suyo. Titubeé por un momento si acercarme a él o no. No me merecía ningún buen gesto por su parte. Castle se merecía que yo, al menos, lo dejase en paz.
-Kate –se giró al notar que estaba detrás de él -¿qué quieres? –me preguntó en tono calmado pero con la misma tristeza en sus ojos.
-Yo… lo de antes –agaché mi cabeza, avergonzada –quería…
-Kate, -me interrumpió –no pasa nada, lo entendí. No te preocupes, sé que no tienes porqué quererme y sé que esa pregunta estaba fuera de lugar. No sé –se limpió las manos con una servilleta. –Siento haberte puesto en ese aprieto. No volverá a pasar. Espero que podamos seguir siendo amigos.
-Rick…
-¿Puedes quedarte con Daniela un momento? Tengo que ir al supermercado para comprar algunas cosas que faltan para hacer la cena. –Me pidió, pasando por mi lado.
-Sí, pero…
-Gracias. –me agradeció, saliendo del loft.
XXX
La cena fue la más incómoda que he compartido con él. Cada vez que yo juntaba el valor para sacar el tema de la pregunta, Rick, cambiaba de tema o hacía que no me había escuchado.
Tampoco tardó mucho en desaparecer tras la puerta del dormitorio de su hija con la excusa de que iba a dormirla.
Lo esperé por más de media hora pero no salía, supuse que al igual que yo antes, ahora era él que necesitaba espacio, así que, me fue a la habitación a dormir, o, al menos, a intentar hacerlo.
XXX
El ruido de unos sollozos provocaron que me despertarse. Busqué a Castle a mi lado pero las sábanas estaban intactas. Miré hacia la puerta, la había dejado abierta para que entrase cuando quisiera. Estaba exactamente igual a como yo lo había dejado.
Otra vez escuché a alguien sollozar. Me levanté de la cama y salí a la sala. Mi corazón se encogió cuando vi a Richard sentada en uno de los bancos de la cocina con un vaso de Whisky en una mano, inclinado hacia delante con la cara escondida en uno de sus brazos.
Su espada subía y bajaba por culpa de los temblores del llanto y, cada poco, un sollozo, escapaba de sus labios.
Tragué saliva y me mordí mi labio inferior. Mis ojos se habían cubiertos de lágrimas que amenazaban con salir.
Todo eso lo había provocado yo con mi silencio y mi huida.
Me moví despacio hacia él, nerviosa, muy nerviosa.
Sin decir nada, lo abracé desde atrás. Inmediatamente, su cuerpo de tensó ante mi contacto.
-Kate –sollozó, poniéndose de pie, lo que hizo que dejase de abrazarlo.
Sus ojos estaban totalmente rojos e irritados por el llanto. Con ayuda de sus manos se limpió las lágrimas de sus mejillas.
-Rick… -titubeé –lo siento.
-No, por favor, no quiero hablar de eso. –Cogió el vaso lleno de whisky que estaba en la barra de desayuno y se lo bebió de un trago.
-Escúchame, por favor –le pedí.
-No quiero volver a escuchar cómo me rechazas –sollozó.
-No –dije, rápidamente. Acorté la distancia que él había puesto entre nosotros al levantarse. Alcé una de mis manos y acaricié su mandíbula, su barba y su mejilla. Dejándola ahí. Di un paso más. –Escúchame. –Solo asintió. Suspiré, intentando encontrar las palabras adecuadas. –Casi desde que te conozco, he pensado que te acercabas a mí por una apuesta –fue a protestar pero no se lo permití al levantar más la voz. –Me equivoqué, fui un mal entendido. –Respiré profundamente –Pero eso hizo que juntase todas mis fuerzas para no enamorarme de ti. Me tenía prohibido quererte. No sé si lo conseguí –una media sonrisa apreció en mis labios por unos segundos. –Ahora que sé la verdad, no sé lo que siento por ti. No lo sé. –repetí, notando como una lágrima rebelde había escapado de mis ojos. –Fueron algunos meses reprimiendo mis sentimientos, auto convenciéndome que no sentía nada por ti. ¿Te quiero? No lo sé, Rick. No sé si me enamoré de ti. Lo que sí sé es que no me eres indiferente, que tengo sentimientos hacia a ti. Y que siento haber huido está tarde, pero me asusté. No sabía que contestar y…
Puso un dedo sobre mis labios para que me callase.
-Shh –susurró. –Yo siento no haberte dejado hablar antes. –Me acarició la mejilla.- Lo que me has dicho, significa mucho. Que sientas algo por mí me hace muy feliz. Y puede que no sepas si estas enamorada o no o hasta dónde llegan tus sentimientos por mí. Pero, si quieres, yo puedo ayudarte a descifrarlo. –Terminó de decir con un deje de miedo en su voz.
No dije nada, tan solo acerqué mis labios a los suyos, rozándolos. Aproveché cuando los entreabrió para besarlo. Gemí, cuando nuestras lenguas se encontraron. Fue en el mismo momento en el que Rick me rodeó la cintura con sus brazos.
-Me parece bien –respondí, aún agitada, cuando nos separamos. La sonrisa que apareció en su rostro, me hizo sonreír a mí.
