7 Un día cualquiera
Jeremy y Aelita estaban en el dormitorio del rubio. Estaban tomándose un pequeño respiro de estudiar. En otras palabras, la pelirrosa estaba tumbada sobre su novio mientras se besaban aprovechando la ausencia de Patrick aquella tarde. Habían tenido muchos apuntes que pasar a limpio, y tenían aún un ratito hasta que alguien les interrumpiera.
O eso habían pensado, ya que en ese momento sonó la puerta. Jeremy sintió que sus labios de pronto besaban el aire. Aelita miró el reloj. Sí, se les había hecho corto, pero no podían dejar fuera a su invitada.
—¿Seguro que no podemos? —protestó Jeremy.
—Claro que podemos —respondió ella—, pero estaría feo.
Casi era más divertido cuando no la podías ni ver, pensó el chico, pero no dijo nada.
—Adelante —dijo Aelita, sin molestarse en bajar del cuerpo de su chico. Por quien debía ser, no debía escandalizarse. Bueno, y qué diablos. Al fin y al cabo, eran pareja, y prácticamente mayores de edad. No debería ser ningún escándalo que se dieran el lote. Laura entró en el dormitorio, cerrando sistemáticamente la puerta tras ella.
—Oh... Podría haber venido más tarde —dijo la chica al ver la escena que había interrumpido.
—No te preocupes, al fin y al cabo habíamos quedado —respondió Aelita.
—¿Qué me queríais comentar?
—Hemos estado pensando que es un poco tedioso tener que estar ayudando a nuestros amigos. A ver, que les aprecio mucho, pero siento que nos retrasamos cada vez que tenemos que preparar la lección para ellos —explicó Jeremy.
—Y estábamos pensando una alternativa, algo que nos beneficie a los tres. Para poder seguir a nuestro ritmo —continuó Aelita—. Un grupo de estudio entre los tres. Estudiamos a nuestra velocidad, nos aclaramos todo lo que nos haga falta, y luego tenemos la posibilidad de echar una mano al grupo.
—Pues me parece una buena idea. Lo cierto es que lo había pensado, pero... Me preocupaba si los demás se enfadaban conmigo. Por si pensaban que era un desprecio o algo, ya sabéis.
—Qué bobada. Si Jeremy y yo solemos estudiar a nuestra bola. Una nueva cabeza pensante en el equipo no estará de más —comentó, mientras sacaba su teléfono y montaba un grupo de chat. El nombre, "Pensemos", con ellos tres como integrantes—. Ya lo tenemos. Para organizarnos mejor.
—Perfecto. ¿Y cuál es la idea? ¿Empezar hoy?
—¿Por qué no? —preguntó Aelita.
Porque estábamos muy a gusto tú y yo a solas, pensó Jeremy, pero nuevamente acalló el pensamiento. Laura tampoco tenía la culpa de haber ido a la hora acordada. Al contrario, fui yo quien le dijo que viniera. Pero no contaba con tan espontáneo arrebato de pasión de Aelita, añadió esa línea a su mente.
Pero bueno, de perdidos al río. Jeremy sacó su portátil y encendió el sobremesa mientras se preparaban para darle caña al cerebro aquella tarde. Todo fuera por aprobar a final de curso y poder optar a una buena beca en una buena universidad.
Por su parte, Ulrich había decidido acercarse a ver a Yumi. Le había enviado un mensaje y ella no había tardado en decirle que sí, que estaba en casa y que fuera a verla cuando quisiera. Así que se había calzado después de despedirse de Odd y marchó para su casa.
El camino se le hizo inusualmente corto mientras escuchaba música en su iPod. Había encontrado un pequeño remanso de paz en ese momento mientras recorría las calles de la ciudad. No tardó mucho en torcer una esquina,
(Radio, mein Radio)
avanzar un poco por la calle,
(Ich lass' mich in den Äther saugen)
y llegar a la puerta de Yumi.
(Meine Ohren werden Augen)
Apagó la Radio, de Rammstein, antes de llamar a la puerta, y se guardó los auriculares en el bolsillo. Educación ante todo, no tenía intención de quedar mal con la familia de Yumi. La madre de su novia (se le hacía raro pensar en ella como su "suegra") fue quien abrió la puerta.
—Hola, Ulrich —saludó—. Yumi está arriba, pasa.
—Gracias.
En el pasillo se topó con Hiroki, a quien estrechó la mano. Obviamente, el joven estaba encantado con que el chico fuera la pareja de su hermana. El alemán, por su parte, subió las escaleras y llamó a la puerta de la chica.
—Adelante.
Ulrich pasó. Y se quedó inmovilizado en la puerta. Yumi no estaba sola. Había alguien con ella. Un chaval de pelo corto y moreno, y con un pendiente en la oreja estaba ocupando la silla del escritorio de Yumi, mientras examinaba unos folios. Su novia, por su parte, estaba echada en el futón mientras sobre su vientre reposaba un portátil en el cual parecía estar pasando los apuntes a limpio. Pero levantó la cabeza al verle, y sonrió. Y el alemán, a pesar de que aquella presencia adicional no le hacía mucha gracia, se vio obligado a devolverle el gesto.
—¡Hola, Ulrich! —saludó la chica.
—Hola —respondió este—. ¿Os pillo en... mal momento?
—En absoluto, ya estábamos terminando —dijo la japonesa. Se puso en pie y fue directa a darle un breve pero tierno beso en los labios. Aquello relajó un poco al chico, que sus alertas de desconfianza parecían hacer despertado después de un largo letargo. Si le daba un beso delante de otra persona no tenía por qué desconfiar—. Nigel. Te presento a Ulrich. Mi chico.
—Encantado —dijo el tal Nigel, y tras dejar los folios en la mesa, se levantó para estrechar la mano de Ulrich. Este correspondió. Pero un hilillo de pique le llevó a apretar un poco más de lo que debía, aunque el desconocido no dijo nada—. Os voy a dejar, parejita. Tengo algunas cosas que hacer.
—Oh, ¿tan pronto? —dijo Yumi.
—Bueno...
—Tampoco es plan de echarte de mi casa. Además, no pasa nada si se queda un rato, ¿no?
Ulrich estudió la respuesta. La válida era "no". Pero debía analizar el tono de voz de Yumi. Bueno, no había hecho ningún tipo de advertencia. Hablaba tan normal como siempre. Por tanto, el tal Nigel era solo un amigo. Y un amigo de su novia debía ser su amigo. Admítelo. Casi preferirías que William le tirase los tejos en lugar de este tío que le puede meter mano en la universidad sin que nadie lo impida, pensó.
—Claro que no —respondió, encogiéndose de hombros—. ¿Así que vais a la misma clase?
—Sí, es compañero —dijo Yumi—. Él es residente en la Universidad. Pero, sinceramente, no me apetecía pasar allí más rato del necesario.
En parte, la chica quería ver a su novio. Y a su vez, quería comprobar que Ulrich no consideraba a su nuevo amigo como una amenaza. No quería volver a pasar por unos celos. Pero bueno, de momento se estaba comportando. Y eso estaba bien. Ya hablaría luego con él a ver qué tal. Pero vamos, según sus propias sospechas, Nigel era gay. Claro que igual se equivocaba. Ella sí había comentado que estaba saliendo con alguien, pero en esa conversación su compañero había respondido de un modo ambiguo, por lo que no insistió. Tampoco era asunto suyo.
En cualquier caso, estaban allí los tres. Ulrich, por su parte, no podía negarse a la presencia de Nigel. Pero, en cierto modo, podía aprovechar la ocasión y saber si había algo por lo que temer o no. El "pequeño monstruo" que representaba sus celos, y que consideraba muerto hacía mucho tiempo, había despertado, y olfateaba el aire, en busca de información para saber si podía volver a dormir o no.
—Bueno, Nigel. Ponme al día. ¿Qué debo prepararme para el año que viene en la universidad? —preguntó Ulrich, intentando hacerse el simpático.
Por su parte, William iba a pasar el día en su dormitorio. No tenía gran cosa que hacer, más allá que repasar los apuntes que sus amigos habían tenido la amabilidad de pasarle. Aunque al fin y al cabo, aquella parte del temario se la sabía, más o menos. Fue a mitad de curso cuando se vio sobrepasado, y se vio incapaz de apretar con todas las asignaturas, por lo que pensó que podía hacer un repaso rápido y enredar algo por internet. Se había aficionado a los videos de doblajes graciosos.
Pero a la que iba camino a su dormitorio, se topó con alguien en medio del camino.
—Tamiya —saludó.
—¡William! Justo venía de tu cuarto, pero no estabas.
—Claro que no. Por eso vengo de otro sitio —bromeó el chico—. ¿Necesitabas algo?
—No, solo devolverte esto —dijo la joven, y sacó un pen-drive del bolsillo de su pantalón—. Ya tenemos las fotos de la acampada. Muchas gracias.
—No hay de qué. Pero vamos, tampoco hacía falta que me lo devolvieras adrede. Ya nos encontraríamos por aquí —respondió este, y se guardó el pen-drive.
—Ya, bueno. Milly está enfrascada con las noticias y... no hay quien la aguante cuando se pone en ese plan —susurró—, así que no me importaba salir un momento a ver si te encontraba.
—Pues muchas gracias. Espero leer pronto el artículo en el periódico.
—Qué majo eres. Creo que eres de los pocos que siguen leyéndolo. Y eso porque te caemos bien —dijo la joven.
—No digas eso. Hay más gente que os lee.
—Ya, bueno. Espero que en algún momento me lea más gente que los alumnos del Kadic.
—Oh, ¿así que quieres seguir haciendo periodismo cuando termines de estudiar aquí? —se sorprendió el escocés.
—Por supuesto. Me gusta mucho. Pero...
—¿Pero?
—A Milly le gustan las entrevistas. Yo prefiero el periodismo de investigación, ¿sabes? descubrir alguna trama corrupta, o ese tipo de cosas.
—La leche. Te gusta el peligro —se rió William, sorprendido por aquellas revelaciones.
—Bueno, alguien tiene que hacerlo, ¿no? —respondió ella—. Pero no sé. Me parece un sueño tan lejano... No se si valdré para ello.
—No te preocupes por eso ahora. Eres joven. Tienes tiempo para planificarte y poder perseguir tu sueño, si quieres.
William no se reconocía aquella actitud. Pero bueno, sería parte de lo que había madurado en el último año. Y ver la sonrisa de la chica le demostró que estaba haciendo un buen trabajo.
—Muchas gracias, William. Ojalá tengas razón.
—Verás como sí. En fin, voy a ver si aprovecho en algo la tarde.
—Yo también. ¡Hasta luego! —dijo la joven mientras se volvía hacia las escaleras.
William se sorprendió a su mismo mirándola cómo se alejaba por unos momentos. Sabía que era guapa... pero en qué estaba pensando. William, necesitas echarte una novia a la de ya, se recriminó a si mismo.
Y en ese momento se le ocurrió. Demonios, ¿por qué no? Existían aplicaciones de esas para buscar pareja. ¿Por qué no probar? Pues ya tengo plan para esta tarde.
De modo que regresó a su habitación. Por alguna razón, cerró la puerta. Y, cuando se puso el portátil sobre las piernas, lo hizo de modo que podía controlar si alguien entraba, y que esta persona no pudiera ver lo que había abierto. Le daba vergüenza y no entendía por qué, pero no iba a discutir consigo mismo.
Tras una rápida búsqueda de las aplicaciones en las que había más gente, se instaló una de ellas en el teléfono. A ver. Nombre... Edad... Unas fotos. Buscó algunas selfies quese había hecho y las cargó en la aplicación. Guay. Ahora, una biografía. Buf, con lo mal que se le daba presentarse. Optó por componer rápidamente unos versos a modo de presentación. Hubiera tardado menos si lo hubiera plagiado de internet, pero no era su estilo.
Pues ya estaba todo cargado. Y no se pudo creer lo que se encontró allí.
La tarde empezaba a terminar mientras Aelita, Laura y Jeremy continuaban estudiando. En su estilo. Era todo silencio. Solo se escuchaba el tecleo del ordenador, alguna rasgada del bolígrafo en los folios, y de vez en cuando, alguna duda que se arreglaba con facilidad. Estaban muy enfrascados, tanto que casi se infartaron cuando el teléfono de Aelita empezó a sonar.
—¡Perdón, perdón, perdón! —dijo la chica. Miró la pantalla. «Kilroy». El abogado. Tenía que excusarse. Los otros dos asintieron y ella salió de la sala.
—Diablos, si casi es de noche —comentó Laura—. ¿Un descansito?
—No me vendría mal —respondió el rubio. Cerró los ojos con fuerza. Veinte segundos. Los abrió despacio. Un truco para descansar la vista. La verdad, se habían dado una buena maratón de estar enterrados en los libros—. Madre mía. Este ritmo nos va a matar.
—Desde luego —respondió ella. Incluso las mentes más acostumbradas al estudio tenían sus límites. Aunque lo bueno de estar allí de vuelta era que no era víctima del yugo de su padre. Con él tenía que echar más horas estudiando que viviendo. Se agradecía estar ahí. Y al menos, ahora tenía amigos. Después de tanto tiempo de soledad.
—Te voy a confesar algo —dijo Jeremy—, lo de hoy me daba un poco de miedo. Pero veo que todo está bien entre vosotras. Y tengo que darte también las gracias por lo de Kilroy.
—No hay de qué —respondió Laura—. No vamos a permitir que se la lleven, ¿verdad?
—Claro que no.
—Pues hay algo que también me gustaría confesarte. No es nada malo, pero... no será justo para ti si no te lo digo.
—Me estás asustando...
—Verás. El día de la acampada... me levanté un momento por la noche para... bueno. El caso es que pasé cerca de vuestra tienda. Y escuché... algo.
Sus sospechas se confirmaron cuando Jeremy se puso colorado como un tomate.
—No... no pretendía escucharlo. Es solo que llamó mi atención.
—Mierdamierdamierdamierda... —se desesperó Jeremy.
—Oye, cálmate. No había nadie más fuera en ese momento. Si alguien oyó algo, no podían saber que érais vosotros. Y lo que hiciérais... no tiene nada de malo.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque yo también... lo he probado —confesó con una sonrisa tímida.
Aquella confesión no se la esperaba el chico. Lo cierto era, que, pese a sus miedos, la noche con Odd había disfrutado bastante. Y, por lo que empezó a contarle la chica, ella también lo había pasado bien aquella noche. Era liberador poder contarse algo como eso. Se había planteado en qué lugar le dejaba algo como aquello. Pero la reflexión de Laura era cierta: seguía con Aelita. Seguía queriéndola.
Era extraño. Jeremy se sentía cómodo con la chica. Todo fuera dicho, la primera vez quehabía probado a tener sexo con ella, le había gustado mucho. Y era cierto que era muy atractiva. Tal vez... no, era una locura. Un trío. Descarto proponerles algo semejante. Más bien pensó que podría volver a quedar con la rubia, pues al fin y al cabo tenían esa libertad. Y con Aelita, al fin y al cabo, se veía mucho. Mucho. Curiosa palabra para definirlo.
En ese momento la pelirrosa entró de nuevo al dormitorio.
—Has tardado —dijo Jeremy, saliendo de su ensimismamiento—. ¿Algo bueno?
—No. Qué va —respondió Aelita, con cara de hastío—. Gracias por recomendármelo, Laura, pero por muy bueno que sea, parece que Tyron es mejor. Ha llegado hasta Suiza, rastreando su laboratorio, pero al parecer hay una barrera legal por la que no puede llegar hasta él. Así que no tengo ni idea de dónde anda... Lo mismo se presenta aquí mañana.
—No me importaría presentarle mis respetos —comentó Laura, con cierto desprecio hacia aquel hombre—. Pero tendremos que tener cuidado.
—Yumi dijo que podía quedarme en su casa si hacía falta. Ese cabrón sabe dónde encontrar la vieja fábrica abandonada. Y no sé si conoce la existencia de The Hermitage.
Jeremy se quedó pensativo. Con todo lo que habían solventado hasta ese día, un loco como Tyron no debía ser una dificultad semejante.
Patrick había estado dando una vuelta por el patio de la academia. Había algo que tenía que hacer. O más bien, sentía que debía hacerlo. Pero no le apetecía. Aunque no podía acallar cierto sentimiento de culpa. Aunque técnicamente no había hecho nada malo. Bueno. Jeremy solía decir repetir esa expresión en latín. ¿Cómo era? Excusatio non petita, acusatio manifesta, o algo así. De modo que lo mejor era limpiar su conciencia de aquel sentimiento de culpa y arreglarlo lo antes posible.
De modo que se dirigió al edificio de las habitaciones. Subió hasta la planta de los chicos, preguntándose si estaría con quien quería hablar. Y no tardó en descubrir que sí. Jim estaba discutiendo con el inquilino.
—¡No puedes poner la música a ese volumen! —riñó—. ¡Y menos aún esa música tan guarra!
—¡Ni que fuera reggaeton! —protestó una voz dentro del dormitorio—. Y no estaba tan alta.
—Aún así. Como vuelva a repetirse, tú y yo vamos a ir a ver al director.
Patrick se quedó cerca, pero sin atreverse a pasar hasta que Jim se marchara.
—Belpois, a ver si le explicas a este amigo tuyo las normas de convivencia entre los alumnos —gruñó Jim mientras se alejaba de allí a grandes zancadas. Estaba enfadado.
Por su parte, Patrick entró a ver a su amigo. Carlos estaba de nuevo poniendo un poco de música en un altavoz. No estaba muy alta, pero entendía por qué alguien como su profesor se había escandalizado. Al fin y al cabo, había alumnos más jóvenes en la academia que tal vez no deberían escuchar versos del estilo: Ven, no te avergüences / no tengas miedo / es solo sexo / empecemos con un par de besos / caricias, mordisquitos / susurros y piel de pollo / También me vale / "aquí te pillo, aquí te follo".
—Vaya bronca, ¿no? —comentó, y se tomó la libertad de bajarle la música antes de que Jim volviera y cumpliera su amenaza.
—Pues tampoco es para tanto, creo yo —respondió este—. Oye, ¿dónde andaba tu primo? Le tengo que dar las gracias por lo de la VPN.
—¿La qué?
—Para ver las series y eso de mi país, me estuvo ayudando a configurarlo el otro día.
—Pues supongo que estará en el dormitorio... pero antes de eso me gustaría hablar de algo contigo.
—Tú dirás. Pero siéntate —dijo, ofreciendo tanto una silla de escritorio bastante cómoda (comprada por él, seguramente, pues en Kadic no ofrecían lujos) como la cama. Sin embargo, Patrick se quedó donde estaba. En pie, cerca de la puerta. Por si acaso.
—Prefiero que no...
—¿Qué pasa? Ni que me hubieras matado al gato —bromeó Carlos.
—No... tanto como eso no.
—¿... Me has matado al... hámster?
—No. Le pedí una cita a Emily. Y he ido con ella al cine. Vamos, fuimos el otro día.
Carlos se quedó sin palabras por unos momentos. Pero no dijo nada. Y ante el incómodo silencio, Patrick habló nuevamente, aunque no estaba seguro de si debía hacerlo.
—Se... se supone que entre tú y ella no hay nada...
—No lo hay —aseguró Carlos. ¿Por culpa de quién?, se recordó a si mismo.
—Por eso pensé en proponérselo.
—Ya veo —dijo el otro. Incapaz de mantener la mirada, optó por mirar por la ventana. Aquello no lo esperaba. Y a pesar de que sabía que no tenía ningún tipo de derecho a reclamar ninguna explicación (a Emily, y por tanto, a Patrick menos), eso no impedía que una ola de celos se apoderase de él en ese momento—. ¿Os... habéis besado?
—Le di un beso, sí. Solo eso. No hubo lengua, ni...
—Vale, vale —interrumpió el español—. No quería saber tanto. Bueno. ¿Y vas en serio con ella?
—No lo sé. Tampoco hemos hablado nada más. Solo quería que te enterases por mi antes de que algún rumor...
—Gracias. Pero no tienes que explicarme nada. Ella es una amiga, tú eres un amigo.
Pero obviamente entre vosotros ha ocurrido mucho más, pensó Patrick. Y eso es lo que me da miedo. Si intento acercarme a ella, ¿te sentaría mal? ¿O tal vez ella solo intenta olvidar algo porque no te olvida? Esos eran sus motivos para no querer arriesgarse a algo más serio con la chica, pero tampoco lo quería expresar en voz alta.
—Pues, si está todo bien... solo quería que lo supieras.
—Gracias, Patrick.
Este se marchó de ahí. Desconocedor de que apenas un rato antes, su amigo había estado pensando en invitar a un café a la chica. Pero en ese momento, se alegró de no haber enviado el mensaje. Tenía que saber qué sentía ella antes de actuar. Tal vez... ya fuera tarde.
Mientras reflexionaba sobre lo que acababa de hablar con su amigo, Patrick se fijó en otra puerta que estaba abierta. La de William. Se asomó a saludarle.
—¡Hola! —dijo, asomando la cabeza.
—¡Patrick! —respondió este—. Pasa y cierra la puerta.
—¿Ha ocurrido algo?
—¡No te lo vas a creer!
—¿El qué? ¿Que quieres que cierre la puerta? —dijo este, extrañado.
—No, no es eso. ¡Mira!
Patrick cerró la puerta de William y se sentó en la cama a su lado. El escocés le mostró lo que estaba viendo en su móvil.
—¿Fish? ¿En serio te has bajado Fish?
Era el nombre de la aplicación para buscar pareja que se había instalado William. El eslógan de la aplicación, por supuesto, era Porque hay muchos peces en el mar. Pero Patrick nunca había pensado que su amigo se animase a probar con alguna aplicación de esas.
—¿Algún problema?
—No... es que... como tenemos el Acuerdo, tampoco hace falta encontrar una pareja, ¿no? —mintió.
—Díselo a Emily —comentó el escocés—. Pero no es eso lo que te quería enseñar. ¡Mira!
La aplicación tenía una pestaña de "Ver más tarde". Ahí William había guardado lo que le interesaba. Perfiles que, ya en miniatura, llamaron la atención de Patrick.
—¿Esa... Esa es...?
—Valerie Žličarić, sí, de nuestro curso —dijo, en referencia a una alumna de cabello castaño.
—Pero si no tiene dieciocho...
—Pues habrá mentido para apuntarse —comentó William—. Quién lo diría de ella, con lo modosita que parece, ¿verdad?
—¿Le vas a enviar un "anzuelo"?
—¿Por qué no? Este año cumple la mayoría de edad, yo no soy tan mayor para ella. Y mira...
Había encontrado el perfil de otra compañera que también se había puesto un año de más para apuntarse a la aplicación.
—Tania Grandjean. Nada mal la pelirroja, ¿verdad?
—No... Joder, pues a clase nunca va con ese bañador —comentó Patrick. La chica, en las clases de natación, se ponía el clásico traje de baño de una sola pieza, en color negro. Pero a su perfil de Fish había subido una foto en bikini en la playa mientras tomaba el sol.
Como la aplicación funcionaba según la distancia de sus usuarios, William había encontrado a alguna compañera "traviesa" más. Y de paso, a Anaïs Fiquet, que aunque había terminado sus estudios en Kadic, vivía por la zona.
—¡¿Qué coño...?! —gritó en ese momento Patrick—. ¿Qué hace Aelita apuntada a Fish?
—¿Qué? Ah, no, es Taelia —respondió William, quitándole importancia. Pero igualmente le enseñó la foto a Patrick, para asegurarle que la chica no le estaba poniendo los cuernos a Jeremy—. Es también vecina en la zona... es raro, cuando sus padres se mudaron aquí, ella se fue a estudiar a otra academia...
—Gente para todo —dijo Patrick—. Pues me has dado una idea. Me voy a apuntar yo también —añadió mientras sacaba su teléfono. Ya que lo de Emily no lo terminaba de ver claro, podría buscar a alguna otra persona. No tenía firmada ninguna exclusividad al fin y al cabo. Y era lo más cómodo. Podría buscar anzuelos incluso durante las clases. Rellenó su perfil y pronto ambos amigos empezaron a buscar.
—Hasta mañana —se despidió Yumi de Nigel.
—Hasta luego, colega —añadió Ulrich, detrás de su novia, mientras veía al amigo de su novia alejarse.
—¡Nos vemos! —respondió este mientras se marchaba.
—Bueno, es casi de noche —dijo Ulrich—. Creo que yo también debería...
Y en ese momento fue atrapado por los labios de Yumi. Le rodeó el cuello, asegurándose de que no podía escapar. El chico no esperaba un arrebato semejante. Vale que Hiroki y la señora Ishiyama habían salido a por la cena, pero los impulsos de Yumi se habían dado en la confidencialidad de su dormitorio, no en medio del pasillo de la casa.
—Joder, Yumi... Qué apasionada —comentó.
—¿Cómo no iba a serlo? Llevo todo el día sin ver a mi novio, y lo echaba de menos... ¿Sigo hablando de tí en tercera persona? —bromeó la japonesa—. Sé que te tienes que ir en un rato... Espera al menos a que llegue mi madre.
—¿Y qué propones? —preguntó Ulrich. No creía que en ese momento le propusiera tener relaciones. No podían hacer algo tan arriesgado. Y menos con el riesgo de quedarse a medias, habían acordado desde que se habían animado a "expresar físicamente su amor" a no empezar si existía el riesgo de quedarse a medias.
—Podemos subir a mi cuarto a seguir besándonos... y podemos tocar por debajo de la ropa —propuso—. Ha sido un día muy estresante, y me vendría bien que me ayudaras a relajarme un poquito —añadió con una falsa voz inocente que a Ulrich no engañaba.
—Oh, así que solo me quieres para eso —bromeó Ulrich.
—Baka —replicó ella, y haciéndose la ofendida le soltó y fue corriendo a su habitación. Ulrich no tardó en seguirla, pero ella aguardó al otro lado de la puerta y, cuando entró, volvió a agarrarle y con el impulso cayeron sobre el futón. La japonesa se aseguró de ponerse donde le correspondía: arriba, sobre su chico, a horcajadas encima de él.
—¿Tú no estabas enfadada? —Ulrich hablaba también con un tono de voz falso.
—Claro que no. En realidad, estaba preocupada esta tarde, ¿sabes?
—¿Preocupada?
—No sabes mentirme. Y... te he visto disimulando cuando has visto que Nigel estaba aquí.
Ulrich se quedó muy serio.
—Me has pillado —reconoció él—. No me ha gustado verle aquí, no me lo esperaba.
—No quería contártelo. Prefería que vinieras cuando quisieras. Y que vieras por ti mismo que no hay nada... eh, mírame —Ulrich había desviado la mirada, pero con suavidad ella le sujetó de las mejillas y le hizo mirarla—. No quiero que tengas miedo. Él es un amigo. Sí, me voy a pasar mucho tiempo con él en clase. Pero recuérdalo: también estuve muchas horas en clase con William. ¿Y a quién escogí?
—... A mi.
—Eso es. Te quiero. Te quiero mucho. Y me ha costado mucho poder estar contigo. No voy a hacer el imbécil por ahí en el campus. Pero a cambio necesito que confíes en mi.
Era todo lo que necesitaba de su novio en ese momento. Que confiase. Si no, su relación estaría comprometida. Ya no estudiaban en el mismo centro, no tenían forma de verse entre horas (una charla de cinco minutos por videollamada no era "verse"), y le dolería mucho tener que verse sola en aquella situación.
—Confío en ti —aseguró el chico—. Y no me ha parecido un capullo. Ni le he visto intentando tirarte ficha —aunque tampoco esperaba que hiciera alguna tontería delante de mi, pensó, pero no lo dijo.
Yumi se dejó caer sobre él. Le dio un tierno beso y se quedó echada sobre su pecho, escuchando los latidos de su corazón. Lo encontraba relajante.
—¿Sabes? Hay algo que he pensado —comentó la japonesa, mientras se levantaban. Habían escuchado la puerta de casa abrirse: señal inequívoca de que Ulrich debía marcharse ya.
—¿El qué?
—¿Te gustaría que hablase con Sissi... y nos fuéramos los tres el sábado a The Hermitage? —propuso a su novio.
¡Hola a todo el mundo! Sí, llevo la vida sin actualizar este fanfic. Pero entre haber entrado en navidades, trabajo, y ese tipo de cosas, no he sacado tiempo. Pero debía regresar y así lo hice, que ya tocaba por fin. Espero que os haya gustado el capítulo, pues ya tengo unos cuantos más pensados ;) Y sí, sé que en este capítulo no ha habido lemmon... pero es que tampoco hacía falta, no voy a meterlo por meter como en el original ;)
Nath0722: Bueno, no eres el primero que comenta el capítulo más reciente desde el uno, cosas que pasan xD Yo estoy pensando qué hago con ellas, la verdad. Y sí, Tyron tiene que aparecer para molestar o no es Tyron. Mmmm... ¿proponer que Jeremy y Aelita le traten como a un zombi?
Mishki Silva: Yo soy más de Jerlita xD Pero habrá cosas entre ellos también.
Antes de que se me olvide, las canciones del capítulo son "Radio", de Rammstein, y "Ven, desnúdate" de Dia Sexto, las tenéis por YouTube. Hasta el siguiente capítulo. Lemmon rules!
