Capítulo 14: Una concurrida habitación de hospital

Alison abre los ojos.

Todo es tan blanco a su alrededor que por un instante piensa que quizás ha muerto. No obstante, descarta automáticamente la idea pues si realmente estuviera muerta simplemente lo sabría, no le haría falta preguntar algo tan tonto como eso.

El dolor es insoportable, casi parece como si un Erumpent le hubiera caído encima.

Pestañea un par de veces tratando de acostumbrar sus ojos color zafiro a la luz que pasa a través de la ventana. Y al fin consigue distinguir algo, una mata de pelo pelirroja descansa junto a la cama en la que supone, se encuentra tumbada.

Trata de incorporarse y la propietaria de la cabellera da un respingo y centra sus grandes ojos verdes en la muchacha.

-¿Lils? - pregunta frotándose los ojos.

-Ali, ¿Te sientes bien? Nos has dado un susto de muerte- le explica la muchacha. Cada una de sus palabras dejan entrever lo preocupada que está.

-Te diría que de maravilla, pero la verdad es que me duele todo - reconoce mientras termina de incorporarse sin ayuda.

Observa todo a su alrededor. Está en la enfermería, eso es evidente. Pero, ¿por qué está en la enfermería?. Y entonces, todos los recuerdos vuelven de golpe a su memoria. El sauce boxeador, la cara de pavor de los merodeadores, la carrera por el bosque, el hombre lobo y...¡Sirius!.

-Sirius...- pronuncia con voz queda.

Sobresaltada intenta bajar de la cama de golpe para ir a buscar al muchacho y comprobar que está bien. No obstante, en cuanto la pelirroja deduce cuales son sus intenciones la frena.

-Ni lo pienses, Sirius está perfectamente, de hecho lleva una semana acampado en la enfermería durmiendo en una silla junto a tu cama, casi tenemos que sacarle con una espátula. No quería ni dormir por si acaso despertabas mientras lo hacía - explica la muchacha incapaz de creer sus propias palabras.

-¿Una semana? - pregunta incrédula la rubia.

-Casi te mueres Ali, estuvo a punto de matarte - explica Lily tratando por todos los medios controlar las lágrimas que amenazan con inundar sus ojos.

Alison toma su mano.

-Si te llegas a morir cuando ni siquiera nos hablamos te juro que me encargaría de encontrar la forma de resucitarte para poder matarte yo misma otra vez- la amenazó Lily dejando rodar una gruesa lágrima por su rosada mejilla.

-No llores Lils, me siento fatal, se supone que la que estaba enfadada era yo -bromea.

La pelirroja no puede evitarlo y rodea fuertemente con los brazos a su amiga.

-Llevo un mes esperando esto- reconoce la rubia y corresponde a su amiga abrazándola más fuerte aún.

No obstante, cuando se separan comienza a atar cabos y no puede evitar preguntar. Sabe que era él. Pero no le guarda rencor, no fue su culpa. Más bien fue culpa de ella por meterse donde no debía.

-¿Él está bien? - pregunta tímidamente.

-Todo lo bien que puede estar sabiendo que casi te mata- reconoce Lily siendo completamente sincera.

-No fue culpa suya- dice más para sí misma que para Lily.

-Lo sé, pero él no piensa lo mismo. Cuando despertó al día siguiente tú estabas en el hospital inconsciente y herida. Por no hablar de que no fue a más porque se metieron de por medio Sirius, Peter y James, si no hubieran llegado a tiempo…-

Pero no termina la frase, solo pensar en lo que podía haber sucedido le parte el alma.

-Lils, no estés triste por favor, estoy bien, soy mucho más fuerte de lo que pensáis, casi estoy lista para correr un maratón -trata de animarla la rubia -además, si no hubiera pasado, a estas alturas aún estaríamos enfadadas, hay que ver el lado positivo de todo -concluyó ganándose una mirada escéptica por parte de su amiga.

No obstante, antes de poder siquiera replicar, una cabellera morena aparece por la puerta de la enfermería.

Sirius.

El moreno se queda paralizado al ver a la rubia sentada sobre la cama y despierta. El cansancio es apreciable en su rostro, es más que evidente que lleva varios días sin conciliar el sueño, las grandes y oscuras ojeras bajo sus ojos grises le delatan.

-Será mejor que os deje solos, luego me paso a verte- se despide Lily dejando un tierno beso sobre el cabello de la rubia antes de marcharse.

-Ey- saluda Alison algo cortada cuando el moreno se acerca a su cama con las manos en los bolsillos.

-Has despertado -pronuncia más para sí mismo que para ella.

-Si, juro que no estaba haciéndome la dormida para perderme el examen de Astronomía -bromea tratando de disipar la tensión que impregna el ambiente.

Pero Sirius no se ríe, ni siquiera sonríe.

-Perdóname- pronuncia entonces la chica mirando fijamente a los ojos congelados del muchacho.

-Soy yo quién debe pedirte disculpas, no fui capaz de protegerte- se recrimina a sí mismo. Es evidente que se siente muy culpable.

-¿Me lo dices en serio? Me has salvado la vida, Sirius. ¿Qué más podías hacer a parte de eso? -pregunta incrédula sin apartar los ojos de los de él.

-Yo quería, llegar a tiempo...-pronuncia con pesar. Le tiembla la voz.

Alison toma su mano y la acaricia con suavidad antes de pronunciar ' y lo hiciste'.


Tras salir de la enfermería Lily soltó un sonoro suspiro. No podía creer que Alison al fin se hubiera despertado, había pasado tanto miedo esos días pensando en la posibilidad de que su amiga no se recuperara que, en ese momento, toda la tensión e incertidumbre se disipó de golpe transformándose en gruesas lágrimas que surcaron velozmente sus mejillas rosadas.

No lloraba de felicidad, tampoco de tristeza, lloraba de alivio. Al fin sentía que podía respirar tranquila.

No obstante, las lágrimas no dejaban de fluir, lágrimas que poco a poco se fueron transformando en llanto y limitando ligeramente su capacidad pulmonar. Cada vez le costaba más respirar, sentía que de un momento a otro acabaría desmayándose por la falta de oxígeno.

Estaba asustada, su corazón latía tan fuerte que estaba segura que acabaría por salir disparado de su pecho. La falta de aire consiguió que comenzara a hiperventilar y como consecuencia de ello no pudiera hacer otra cosa que dejarse caer, quedando apoyada sobre sus rodillas en las frías losas de piedra del suelo.

-¿Evans? -preguntó entonces una voz masculina al otro lado del pasillo.

El propietario de la voz se acercó casi corriendo hasta donde se encontraba la muchacha y se arrodilló a su lado. Tomó su rostro con las palmas de sus manos y la obligó a mirarlo.

-¿Estás bien?, ¿estás herida? - preguntó de nuevo preocupado.

Su voz era sorprendentemente tranquilizadora.

El muchacho limpió con las mangas de su túnica las lágrimas de la pelirroja, cuya mirada aún se encontraba perdida luchando por recuperar el aliento. Tomó con delicadeza una de las manos de la gryffindor y comenzó a acariciarla sintiendo la electricidad traspasarlo como consecuencia del contacto de su piel con la de ella.

-Potter…-susurró Lily siendo realmente consciente por primera vez de su presencia.

Poco a poco su respiración fue calmándose, permitiéndola al fin respirar con normalidad. Las lágrimas seguían escurriéndose por su rostro pero a una velocidad mucho menor.

El muchacho sintió en ese momento su fragilidad, siempre había visto a Lily Evans como una de las personas más fuertes que había conocido nunca y, en ese momento, la valiente muchacha de cabello rojizo se veía completamente rota y vulnerable. Odiaba verla así, su instinto le decía a gritos que la protegiera, que la cuidara, que evitara por todos los medios que la muchacha volviera a soltar una sola lágrima de tristeza.

Envolvió a la chica entre sus brazos temiendo que de un momento a otro la muchacha lo gritara y empujara lejos de ella pero, eso nunca sucedió. Lily se dejó abrazar, apoyó la cabeza sobre el pecho del muchacho y trató de relajarse. Se sentía muy pequeña. Solo deseaba quedarse ahí durante horas, quizás había perdido completamente la poca cordura que le quedaba.

Pasados unos minutos el chico la soltó y limpió la última de sus lágrimas con su dedo pulgar. Ella lo miraba atónita, no entendía nada de lo que estaba sucediendo. Sentía que la persona que tenía frente a ella era amable, compasiva, atenta, adjetivos que nunca antes se había planteado que pudieran adjudicarse a alguien como James Potter.

-¿Estás mejor? - preguntó él notablemente preocupado escudriñándola con la mirada.

-Si, solo necesitaba desahogarme, las cosas no han sido demasiado fáciles estos días -reconoció dejando ver a James esa parte de debilidad en su interior que tanto se había esforzado en mantener oculta para los demás.

-Sabes que incluso para ti está permitido derrumbarse de vez en cuando ¿no? - le recordó James con una sonrisa tímida.

-Aún no te he dado las gracias por lo que hiciste el otro día por mí y por Sarah - dijo entonces la chica ignorando las palabras del castaño sin despegar sus orbes esmeralda de los ojos de él.

-No debes dármelas, hice lo que tenía que hacer- susurró simplemente restándole importancia.

Tras asegurarse de poner a salvo a su prima y llevarla a la enfermería, el castaño había ido directo a buscar a Lily y Sarah para informarlas de lo ocurrido. Sabía muy bien que ellas y Alison llevaban más de un mes sin cruzar palabra alguna, pero lo que había sucedido hacía que cualquier conflicto hubiera dejado de tener importancia. Además, conocía de sobra a su prima y tenía claro que cuando despertara, lo primero que haría sería preguntar por ellas.

-Aún así te lo agradezco, no me habría perdonado no estar ahí para ella en una situación como esta- explicó la pelirroja con un tono de voz que denotaba el cansancio que sentía.

Ninguno había podido conciliar el sueño esos días, estaban demasiado ocupados culpándose por lo que había sucedido y haciendo turnos en la enfermería para no dejar en ningún momento sola a la rubia.

-Eso significa la amistad ¿no? anteponer el amor a las discusiones absurdas- señaló elocuentemente sin dejar de mirarla ni un solo segundo.

Y así se quedaron durante varios minutos hasta que un grupo de alumnos ruidosos invadió el pasillo obligándoles a levantarse por fin y seguir sus respectivos caminos en silencio, rememorando en sus cabezas una y otra vez lo que acababa de suceder en aquel recóndito pasillo.


James sabía que Alison se había despertado, no solo Lily se lo había contado, sino que además, la señora Pomfrey le había informado de ello mediante una lechuza. Por ello, tras el extraño encuentro con su compañera pelirroja se dirigió apresuradamente hacia allí.

La relación con su prima no era la mejor del mundo, nunca lo había sido, de hecho. No obstante, eso no significaba ni mucho menos que no la quisiera, la quería mucho más de lo que admitiría nunca, y verla aquella noche en la casa de los gritos había conseguido asustarle como nunca antes lo había estado.

Tras sacar a su prima del bosque junto a Peter, la había tomado en brazos. Estaba completamente inconsciente y sangraba mucho por la herida que tenía en la cabeza. No obstante, no fue capaz de derramar ni una sola lágrima, no era el momento, debía hacer lo posible por salvarla. Así que hizo acopio de toda la fuerza de voluntad de que disponía y decidido, la tomó en brazos sin demasiado esfuerzo y la llevó inmediatamente a la enfermería pues estaba seguro de que la señora Pomfrey podría sanarla.

Y así fue, echó a los muchachos de la enfermería y evaluó el estado de la muchacha para decidir cuál sería el mejor tratamiento para ella. Horas después salió a informarles de que la rubia estaría perfectamente en poco tiempo, pues la herida de la cabeza no había sido demasiado grave, aunque les advirtió que posiblemente la conmoción haría que pasaran varios días hasta que consiguiera despertar. A parte de eso, solo tenía magulladuras y raspones por todo el cuerpo, nada de lo que preocuparse dadas las circunstancias.

-Me han dicho que has despertado, peligro -saludó James entrando en la enfermería.

-Por supuesto, no me perdonaría pasar ni un solo minuto más sin poder molestarte- replicó ella en respuesta con una sonrisa en el rostro que podría iluminar la más oscura de las estancias.

-Veo que el golpe en la cabeza no ha arruinado tu encanto, es una auténtica lástima- la chinchó tratando de molestarla.

Sin embargo, cuando por fin estuvo junto a su cama la tomó de la mano. Necesitaba sentir su tacto, el calor de sus manos. Cuando la había cogido en brazos aquella noche estaba completamente pálida y fría como el hielo. Necesitaba de alguna forma asegurarse de que estaba bien, que volvía a ser la risueña alocada de siempre.

-Gracias- pronunció sin más - y bueno, perdona, no debí seguiros -reconoció arrepentida.

-No, no debiste hacerlo-señaló James serio. A pesar de todo, estaba muy enfadado, pero más consigo mismo que con ella, por no haber sido capaz de prever lo que sucedería.

Alison bajo la cabeza aún más arrepentida de todo el lío que se había organizado por su insana curiosidad.

-Pero...ten por seguro que por mucho que me meta contigo o te haga de rabiar, siempre voy a estar ahí para protegerte y cuidarte cuando lo necesites- le recordó el castaño decidido.

La chica sonrió tímidamente y simplemente asintió con la cabeza.

-Oye James, quiero verle -pronunció entonces consiguiendo que el muchacho volviera a centrar su mirada en los suplicantes ojos color zafiro de la chica.

-No sé si…- empezó el muchacho antes de ser interrumpido por la chica.

-Por favor-pidió ella entonces.

-Vale, haré lo que pueda, pero no prometo nada-


Llevaba tanto tiempo encerrado en esa dichosa habitación que casi había perdido por completo la noción del tiempo. Quedaba poco para las vacaciones de navidad y los exámenes habían terminado, por lo que eso sumado a los recientes acontecimientos hizo que tanto el director Dumbledore como el resto de los profesores le permitieran dejar de asistir a sus clases durante unos días.

Estaba física y emocionalmente destrozado. Ni siquiera era capaz de recordar la última vez que había comido. Llevaba tanto tiempo revolcándose en su autocompasión que ni siquiera sus amigos habían conseguido sacarlo de la cama.

Justo cuando empezaba a sobrellevarlo sucedía algo como eso, en ocasiones se preguntaba si lo mejor sería morir para evitar volver a hacer daño a nadie nunca más. Trataba de ser racional, de afrontar la realidad y vivir con sus demonios internos pero en ocasiones resultaba increíblemente difícil hacerlo.

En el fondo sabía que sus amigos no le guardaban rencor, bueno quizás Sirius un poco. Aunque intentaba ocultarlo a toda costa, pero el castaño había notado cómo lo miraba, aunque fuera involuntariamente. Pero por otro lado era más que evidente que el moreno se culpaba más a sí mismo, por alguna incomprensible razón, de lo que le culpaba a él.

El crujido de la gran puerta de madera del dormitorio al abrirse interrumpió sus pensamientos. Y tras la puerta apareció un sonriente James que lo miraba sin un ápice de rencor o enfado en el rostro. Bueno para ser sinceros su amigo jamás lo había mirado de aquella forma, no era ese tipo de persona, aunque deseaba que lo hubiera hecho.

-Alison ha despertado- anunció con una gran sonrisa dibujada en el rostro.

El castaño asintió y suspiró aliviado pero no pronunció palabra alguna.

-Sé que estás ocupadísimo regozijándote en tu autocompasión pero si sacas un rato entre latigazo y latigazo, quiere verte- le informó el muchacho mientras sacaba de su armario su uniforme de Quidditch para prepararse para el entrenamiento de la tarde.

-Yo no…-empezó el merodeador en respuesta abriendo mucho los ojos sorprendido y asustado a partes iguales.

-Al menos le debes eso- le recordó James jugando sucio.

Sabía que sería complicado que su amigo aceptara enfrentarse a esa situación salvo que se sintiera tan culpable que sintiera que era su deber hacerlo.

-Está bien- aceptó dejando escapar un largo suspiro antes de levantarse de la cama que llevaba siendo su guarida varios días.

-Pero será mejor que te duches antes- bromeó James mientras con una mano se tapaba la nariz teatralmente y con la otra empujaba a su amigo lobuno hacia el baño para obligarlo a que tomara una increíblemente necesaria ducha.


Alison llevaba mucho tiempo en la enfermería, demasiado, y empezaba a perder la paciencia. No podría soportar ni un segundo más en esa incómoda cama. Había tratado de escapar en varias ocasiones pero, para su mala suerte, la señora Pomfrey había conseguido frustrar todos sus intentos de huida y la había amenazado con atarla a la cama si volvía a intentarlo. Estaba frustrada, hasta la mañana siguiente no la daría el alta para que pudiera marcharse, por lo que tendría que pasar otra infernal noche en esa maldita cama.

Sarah y Lily le habían llevado algunos libros para que estuviera entretenida y Peter había logrado colar a espaldas de la enfermera algunas chucherías que guardaba en su arsenal privado para tratar de animarla y que pudiera comer algo más que la triste sopa, extremadamente sosa, de pollo y puerros que servían para los pacientes de la enfermería.

Pero ni siquiera eso había conseguido cambiar el humor de la rubia, se sentía mejor que nunca y tan solo quería salir de esa maldita cama y hacer cualquier otra cosa que no fuera estar en reposo.

Quedaban pocos días para las vacaciones de navidad y dado que estaba obligada a volver a su casa pues sus padres nunca la habían permitido pasar las vacaciones en el colegio a pesar de sus súplicas, quería aprovechar el tiempo que la quedaba en el castillo con Sarah y Lily, más aún ahora que los exámenes habían terminado y podían hacer cualquier otra cosa que no fuera estudiar.

Para su sorpresa la puerta se abrió de repente dando paso a un desgarbado y cabizbajo muchacho. El chico caminó hasta su cama sin despegar en ningún momento la mirada del suelo.

-¡Remus! -exclamó emocionada saltando de la cama y rodeando al muchacho fuertemente con sus brazos -Pensé que no vendrías -reconoció dejando que la alegría inicial diera paso a una tristeza que impregnó cada una de sus palabras.

-Lo siento muchísimo- pronunció él simplemente sin mirarla en ningún momento mientras se dejaba caer sobre sus rodillas junto a la cama de ella.

La chica bajó de la cama de un salto y se situó a su altura.

-No estoy enfadada Remus, de hecho el que deberías estar enfadado eres tú-señaló tomando las manos del chico que por primera vez la miró con incredulidad.

-Esto no es ninguna broma Alison, pude haberte matado -contestó con frialdad el chico.

-En eso tienes razón pero no lo hiciste y eso es lo que importa, es lo que a mí me importa al menos. Además, yo soy la accidentada y te prohíbo que te sientas culpable. No fue nada más que eso, un trágico accidente que no volverá a suceder porque me ha quedado clara la indirecta, no seguiros cuando no queréis que os siga - apuntó la muchacha en tono de broma levantando con uno de sus dedos el mentón del muchacho que de nuevo se encontraba cabizbajo.

-Eres demasiado gentil conmigo- replicó con pesar pasándose una de las manos por el rostro.

-¿Lo soy? - preguntó divertida agarrando la mano del chico para apartarla de su rostro y que la mirara de nuevo -Lo digo porque a cambio pienso pedirte ayuda con los deberes muuuuuuchas veces y no podrás decirme que no - explicó consiguiendo que el muchacho rodara los ojos y una tímida sonrisa apareciera en su rostro.

-¿Hay algo que te tomes en serio? -preguntó en queja el muchacho que inexplicablemente había dejado de sentirse tan culpable de un momento a otro.

Esa chica realmente era asombrosa. Nunca había tenido la oportunidad de conocerla pues antes de ese accidentado curso, no se habría acercado voluntariamente a él y el resto de merodeadores ni aunque la hubieran pagado por ello. Además, a diferencia de Lily y Sarah, tampoco pasaba demasiado tiempo en la biblioteca. Era en cierto modo algo inaccesible.

No obstante, al poder conocerla como consecuencia de la discusión con sus amigas, se había sorprendido descubriendo a una chica increíblemente divertida y con uno de los corazones más grandes que había visto nunca. Ahora entendía por qué ella y Lily eran amigas.

-No-replicó con agilidad sacándole la lengua -Y por cierto, teniendo en cuenta que llevas como una semana en plan ermitaño, tengo que decirte para evitar que metas la pata que Lily se ha asegurado de evitar que Sarah supiera toda la verdad porque sabía que era importante para ti ser tú quien se lo cuente en el momento oportuno-

-Gracias- pronunció antes de besar la frente de la chica en señal de despedida y marcharse con la conciencia y el corazón algo más tranquilos.