- Mmm oh…

- ¡Mi señor, la señorita ha despertado! Se escucho una voz desconocida mientras ella poco a poco recuperaba la conciencia.

- Señorita… ¿Me escucha?

- Oh… y-yo ¿Dónde estoy? Sus ojos empezaban a abrirse, estaba totalmente desorientada. Hasta que vio a los ojos a su salvador.- T-Terry… ¿Qué hago aquí? Intento levantarse sin embargo un dolor de cabeza se lo impidió.- ¡Oh!

- Tranquila, no te levantes de la cama.

- No… no puedo hacerlo, mi abuela…

- Luego te llevare con ella, ahora duerme un poco.

- Oh… ¿Cómo llegue aquí? Dijo frotándose la cabeza.

- Te encontramos cerca a la laguna.

- ¿La laguna?

- Si, tú vestido estaba empapado.

- ¿Mi vestido? Candy se miro las magas observando que llevaba puesto un camisón, sonrojándose inmediatamente.

- Tranquila, le pedí a una de las criadas que te cambiara.

- Ese comentario alivio a Candy.- Agradezco su ayuda, señor Grandchester.

- Llámame Terry.

- Está bien, Terry ¡Oh es verdad! Había una señora conmigo.

- ¿Una señora? Nosotros te encontramos sola ¿verdad Archie?

- Así es.

- ¿Lo abre soñado? No, ella era tan real.

- Probablemente se trate… Archie calló por un momento.

- ¿Qué? Pregunto con insistencia.

- Bueno algunos dicen que se trata de un hada del bosque, otros de una ninfa pero son más los que aseguran que es un espíritu.

- ¿Un espíritu?

- Se dice que este espíritu ayuda a aquellos inocentes en situaciones que pongan su vida en peligro.

- ¿Alguna vez la ha visto?

- No, pero son muchas las leyendas que se cuentan de la dama de la cascada. Dijo Archie.

- Pero… dinos ¿Qué te ocurrió? Para que terminaras toda empapada.

- De pronto las lagrimas vinieron a sus ojos.- Yo… escapaba.

- ¿Escapar de quien?

- Del pueblo… ellos querían matarme. Dijo rompiendo en llanto.

- Terry estaba por consolarla sin embargo sus manos se detuvieron.- ¿Por qué?

- Piensan que soy una… ¡Hechicera!

- ¿Lo eres? Pregunto él asombrado.

- Archie se alejo un poco al escuchar las palabras de la dama.

- ¡No! Por supuesto que no lo soy. Solo me condenan porque salve a un niño. ¡No podía dejarlo morir! Tenía que salvarlo.

- ¿Salvarlo? ¿Cómo?

- Yo… ¿Dónde está? Dijo de pronto buscando su bolso.

- ¿Te refieres a esto? Dijo sosteniendo un bolso de tela.

- Démelo.

- Terry le entrego el bolso.

- Estas son preparaciones que hago, están hechas de plantas.

- ¿Y con esto ayudaste al niño?

- Ella asintió, casi nadie conoce las propiedades de las plantas pero a mi encantan, ellas esconden un sinfín de misterios.

- Cuando la escuchaba hablar sus ojos brillaban, había pasión en su mirada le recordaba a ella, nunca pensaba volver a encontrar a otra persona con la misma pasión por las plantas.- Ya veo, por eso te acusaron.

- Así es.

- Lamentablemente vivimos en una sociedad, donde las mujeres son mal vistas por saber más que los hombres.

- ¿Usted cree en mí?

- Por supuesto, eres un ser humano y eres tan capaz e incluso más que otros pobres idiotas que se creen con educación.- Señorita, Candy. Se acerco tomándola de las manos y mirándola fijamente a los ojos.- No deje de hacer lo que ama solo porque otros piensen que este mal, su trabajo es maravilloso y no permita que las palabras de los demás la lastimen.

- Ella con una sonrisa en sus labios asintió.

- ¿Quieres regresar donde tu abuela?

- Quisiera decirle que estoy bien… pero esas personas intentaran…

- Entones si lo deseas puedes quédate.

- ¿Quedarme aquí?

- Archie no creía lo que había escuchado.

- Si vuelves ahora te harán daño nuevamente, aquí estarás a salvo al menos hasta que decidas regresar pero por ahora es mejor que todos sigan creyendo que estas muerta.

- Pero mi abuela… al menos ¿podría escribirle?

- No creo que eso sea conveniente… podrían descubrirla y ella terminaría lastimada.

- Entonces…

- Prometo que te llevare donde tu abuela cuando las cosas estén más calmadas.

- ¿De verdad?

- Te doy mi palabra.

- Muchas gracias. Inesperadamente él tenía los brazos de la joven envolviéndolo. El rostro de la dama estaba recostado sobre su pecho con una sonrisa él no se atrevía a moverse.

- ¡Lo siento! No fue mi intención, es solo que estoy muy feliz.

- No se preocupe señorita. La dejare para que pueda comer. Inmediatamente unas mujeres ingresaron trayendo unas bandejas con comida.

- Candy tomo su bolso y lo coloco sobre la mesita que estaba al lado de la cama sin embargo al intentar colocarlo se le cayó el libro que este contenía. Recogió el libro colocándolo nuevamente en el bolso.

- Terry ¿me permites hacerte una pregunta? Dijo Archie.

- Me acabas de preguntar algo.

- Hablo sobre…

- Te refieres a Candy.

- Si ¿Por qué permitió que se quedara?

- ¿La has visto? La pobre no tiene donde quedarse, si la dejo en la calle podrían matarla o algún mal nacido intentaría propasarse con ella.

- ¿Es solo eso?

- Habla claro, Archie.

- La joven es muy bonita y…

- No te confundas Archie, lo que hago es solo por compasión.

- Terry, es evidente que esa mujer te atrae. Cuando te abrazo no hiciste ningún esfuerzo por apartarla.

- ¡Estaba agradecida! No podía apartarla.

- ¿Así? Pero tú nunca has permitido que una mujer te abrace, ni siquiera has tenido una amante que te haga compañía en las noches.

- Deja de decir tonterías.

- Aún no puedes olvidar a Lucia ¿verdad? Es más por eso que no puedes amar a otra mujer.

Archie comprendió que había abierto demasiado la boca, Terry era su amigo pero había un límite y existían líneas que no debía cruzar.

Candy miraba por la ventana recordando todo lo que había pasado, sin embargo eso no era lo qu más .e preocupaba ¿Cómo estaría su abuela? Ellas solo se tenían la una a la otra. Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando una mujer ingreso, era un poco mayor que Candy tenía el cabello castaño sujetado en dos trenzas.

- Buenas tardes señorita.

- Oh, eres la mujer que me trajo comida la otra vez. Te lo agradezco.

- Es mi deber señorita.

- De igual modo gracias ¿Cuál es tu nombre?

- Soy Dorothy.

- Dorothy... Yo soy Candy.

- Señorita Candy, el señor Grandchester la invita a unirse con él en la cena.

- Oh gracias, lo hare pero para que son todas esas cosas. Dijo Candy señalando el bulto que traía Dorothy.

- Son los vestidos que el señor mando a comprar para usted.

- ¿Vestidos? ¿Para mí?

- No se preocupe que yo le ayudare a verse presentable.

- Eh... pero. Sin decir más Dorothy tomo a Candy de los hombros llevándola a sentarse sobre una silla donde tomo su cabello y comenzó a cepillarlo.

- Dorothy…

- Dígame señorita.

- Oh vamos solo llámame Candy.

- Pero…

- Te prometo que nadie se enterara.

- De acuerdo, Candy. ¿Qué me querías preguntar?

- Este castillo es enorme y bueno… yo sentía curiosidad saber si el señor Grandchester tenía familia.

- Lo dice usted porque solo ha visto a sus sirvientes ¿verdad?

- Bueno…

- El señor vive solo desde hace muchos años.

- ¿Años? Pero si se ve tan joven. Se pregunto ella en su mente.

- Cuando llegue a esta casa a penas era una niña y el señor Grandchester nos trato muy bien. Mi abuela lo había cuidado cuando él era un niño y cuando ella murió mi madre se hizo cargo a pesar de ser muy joven. Ella le sirvió hasta sus últimos días y el fue muy amable en apoyarme en el entierro de mi madre.

- ¿Tú eras una niña? Un sudor frio comenzó a correr por la frente de Candy. ¿Qué significaba eso?

- Oh… yo… eh… Creo que la conversación será suficiente por hoy. Dorothy sentía que había hablado de más al parecer la joven no sabía quién era el señor Grandchester.

Al pie de las escaleras se encontraba esperando a que la dama de sus pensamientos bajara.

- Pareces ansioso. Comento Archie aguantándose la risa.

- Deja de decir tonterías, solo soy caballero.

- Disculpen la demora. La voz de Dorothy hizo eco en el salón.

- Giro en dirección de la voz y ahí en lo más alto de las escaleras estaba ella. Su cabello rubio estaba sujetado con cintas de seda, su vestido hacia juego con el color de sus ojos.

- Ella sonrió al estar frente al él.

- Te ves preciosa.

- Candy se sonrojo y tomada de la mano, Terry la llevo a la mesa.

La cena había transcurrido con tranquilidad pero las preguntas se llenaban en su cabeza, Candy quería saber muchas cosas. Su abuela le había dicho que esa curiosidad algún día terminaría por causarle problemas pero no podía evitarlo.

- ¿Le pasa algo señorita?

- Oh…yo.

- Note que esta pensativa ¿Qué dudas tiene señorita?

- No quiero causarle molestias pero tengo una gran duda señor. El rostro de Candy se torno serio.

- Adelante, le responderé a su pregunta.

- Hace mucho tiempo cuando era pequeña escape de casa. Mi abuela se enojo mucho pero lo que más recuerdo de ese momento fue que al estar en el pueblo escuche a un anciano hablar sobre un castillo y un hombre.

- Terry se aclaro la garganta y su rostro se fue tornando serio.

- Disculpe creo que son solo tonterías de mi parte, mejor no me haga caso. Dijo Candy al sentir la incomodidad de Terry.

- Terry se levanto de su asiento y camino a su ventana dando la espalda donde finalmente hablo.- Es verdad.

- Candy abrió los ojos de sorpresa.- Pero… ¿Dicen que eso paso hace muchos años?

- Una hechicera me maldijo y aunque eso fue hace años aún hay personas que están con vida y estuvieron presentes cuando esa maldita… Terry se sujeto de la ventana mirando al piso dejo caer unas lagrimas que cayeron de sus ojos. Pensaba que haciendo eso ella no lo vería pero…

- Unos brazos delicados le rodearon.- No hace falta que siga señor.

- Él se dio media vuelta y estuvo frente a Candy.- ¿Por qué lloras? Sus ojos verdes estaban brillando y sus mejillas estaban mojadas por las lágrimas que no dejaban de caer.

- Llevo su mano a su mejilla donde limpio una de las lágrimas.

- Lo siento.

- No te disculpes ¿por qué lloras? Pregunto con ternura.

- No entiendo, pero mi corazón… me duele. Siento un gran dolor al escuchar su historia y… Las lágrimas la volvieron a traicionar y cayeron mojando el pulgar de Terry.

- No llores preciosa, tus ojos son tan bellos y solo deben brillar de felicidad, no por las lagrimas. Él tomo su barbilla con su mano y mirándola a los ojos se perdió en ellos. Sus rostros estaban cerca el uno del otro.

Ambas miradas se cruzaron y algo ocurrió en ese momento una punzada en el corazón de Candy. Su mente le decía que debía alejarla, solo la lastimaría pero sus emociones eran más fuertes, sus labios rosados estaban tan cerca que casi podía rozarlos. Guiado por su instinto se dejo llevar pegando sus labios a los de la joven en un beso dulce y tierno.

Continuara…