Disclaimer: Ya quisiéramos todas.

«Esta recopilación participa en el Drabblectober 2020 del blog "De aquí y de allá" by: TanitBenNajash».

Palabra: Verano


El lago

Peter suspiró, mirando el sol reflejando sus últimos rayos sobre la cristalina superficie del lago. Estaba sentado a lo indio, entre James y Remus. Sirius estaba delante de ellos tres, descalzo y con los pantalones arremangados hasta las pantorrillas, los pies hundidos en el fango de la orilla. Se agachó, buscando algo en el suelo. Se alzó de nuevo y lo lanzó con fuerza hacia el agua. La piedra rebotó tres veces antes de hundirse.

—¡Remus! ¿Has visto eso? —gritó complacido, mirando hacia ellos—. ¡Rebotó tres veces!

Remus le felicitó a voces y James soltó una carcajada. Se alborotó el pelo, disfrutando de la calidez del sol de mayo, ya más cercana al verano que a la primavera. Inspiró con fuerza. Abrió de nuevo los ojos y, al ver a Peter observándole, le despeinó a él también, riéndose cuando se quejó.

—Esta noche tenemos que explorar el túnel que descubrimos el otro día.

—¿Hoy? —preguntó Remus. Sus facciones, pálidas al reflejo de la luz del sol, parecían más reanimadas, pero Peter sabía que era un espejismo: dos noches después habría luna llena y volvería a aparecer cansado—. Tenemos deberes de Transformaciones atrasados y McGonagall no tendrá piedad con nosotros si no los entregamos.

—Tiene que ser esta noche —afirmó James—. Le toca ronda a Kettleburn. No vamos a tenerlo más fácil en lo que queda de curso. Es hoy o nunca.

—De acuerdo —asintió Peter, apoyándole.

Remus se encogió de hombros, resignado a una noche entera en vela. Peter le sonrió, dándole ánimos. Era necesario que visitasen ese túnel antes de final de curso. Habían comenzado a tomar notas y realizar algunos croquis sobre diferentes partes del castillo y estaban razonablemente seguros de que ese pasadizo no era de conocimiento común entre el profesorado. Aunque con Dumbledore uno estaba seguro.

—Entonces haremos los deberes de Transformaciones después de la cena —advirtió Remus, cediendo.

Un grito de triunfo de Sirius llamó su atención. Alzaba el puño, satisfecho de sí mismo. Peter alcanzó a ver una piedra botando en dirección al centro del lago. Contó tres rebotes, pero era evidente que solo había visto los últimos.

—¡Siete! —gritó Sirius, celebrándolo—. ¿Lo habéis visto?

Los tres chicos dudaron, pero antes de decidir si mentir o admitir que no estaban prestando atención, un largo tentáculo blanco emergió del centro del lago, el centro de la última onda provocada por el rebote de la piedra. Sus caras mudaron a una expresión de terror. Sirius frunció el ceño ante su expresión, desconcertado.

El tentáculo del calamar gigante azotó como un látigo y Sirius se llevó la mano a la nuca con un quejido de dolor. Se dio media vuelta a tiempo de ver el tentáculo hundiéndose de nuevo en el agua, maldiciéndole por el golpe de la pedrada. Peter estalló en risotadas que se contagiaron a sus dos amigos al momento. Sirius, enfadado, se apresuró a volver hasta donde estaban cuando el agua volvió a agitarse en el centro del lago.