PARTE 8
─Señorita Ami... Señorita Ami, despierte, por favor... Señorits Ami ─escuchó una voz pequeña y lejana entre sueños─. Despierte, tenemos algo urgente qué hacer.
─¿Uh? ─abrió los ojos y después de dos o tres segundos logró enfocar a la gatita gris frente suyo─. ¿Diana? ¿Qué pasa? ─preguntó, aún adormilada. Se frotó los ojos y se sentó en la cama mientras Diana encendía la pequeña lámpara de la cómoda.
─Transfórmese, tenemos que salir ─le pidió la gatita con apuro─. Pero debe darse prisa, nos están esperando.
─¿Esperando? ¿Quiénes? ─preguntó enseguida, cambiándose la ropa con rapidez antes de transformarse.
─Las Senshi, ellas le esperan ─contestó con visible emoción. Ami le miró con los ojos muy abiertos─. Por favor, hay que apresurarnos ─insistió la minina, corriendo a la ventana.
─¡Por el Poder Estelar de Mercurio! ¡Transformación! ─exclamó con nerviosismo y emoción.
─¡Vamos, yo la guiaré!
Salieron por la ventana a gran velocidad, Diana en el hombro de Ami. La peliazul agradeció a la casualidad que Rei le pidiera que durmieran en sus propios cuartos. De haber sido lo contrario, le hubiera resultado imposible salir del templo con tal facilidad.
Sólo esperaba que a Rei no se le ocurriera hacerla una visita nocturna, como solía hacerlo a veces solo para poder dormir a su lado. Se iba a preocupar mucho si no la encontraba en su habitación.
─Mercury, póngase la capucha encima, por favor ─le pidió Diana con un tono que, claramente, daba a entender que había olvidado pedírselo con anterioridad─. Si ellas la descubren así como así, no será tan agradable la sorpresa.
─De acuerdo ─obedeció al instante sin dejar de correr. Al parecer, iban al centro de la ciudad en una dirección que era desconocida para Ami.
─Tienes cinco minutos para explicarnos todo ─le pidió Uranus a Pluto con irritado tono─. ¿Qué rayos quieres decir con que viene Sailor Mercury?
─Sigues siendo muy impaciente─ rió Pluto con una fina carcajada.
─Pero debes decirnos, no es justo que nos tengan en tanto misterio ─intervino una seria Venus─, tengo la sensación de que han estado jugando con nosotras.
─No lo digas así, Venus ─reprochó Saturn con una sonrisa─. Fueron órdenes del futuro, sólo nos tocó obedecer. Allá tienen la culpa, además ─amplió su sonrisa─, todo salió tal cuál lo planeado.
─Eso también tienen qué explicárnoslo ─intervino de sorpresa la voz de Luna, que entraba por la ventana junto con Artemis─. Ahora sé porqué no podíamos entrar con el contacto con el futuro. Tú lo bloqueabas.
─Espero que halla una buena razón para haberlo hecho ─musitó Artemis, colocándose junto a Luna, sobre la mesa─. Si no, juro que esto se los reclamo en el futuro.
─Todo tiene un motivo, pero créanme que todo ha salido muy bien, y más en el futuro ─explicó la Guardiana del Tiempo con una de sus enigmáticas sonrisas─. Ustedes también fueron de mucha ayuda, chicas.
De pronto, escucharon que el timbre de la casa sonaba.
─Por lo menos ella sí es educada ─musitó Neptune con divertido tono, mirando de reojo a los que entraron son avisar siquiera. De inmediato se dirigió a la puerta.
Mientras, afuera, Ami temblaba de los nervios después de tocar el timbre. El auto estacionado frente a la casa, aquel auto amarillo en el que ya había subido una vez, le dio una idea de a quién pertenecía la casa. Eso sólo quería decir que ahí vivían Haruka y Michiru y que ambas eran Sailor Senshi. Jamás lo habría imaginado así pero, por alguna extraña razón, ya sospechaba cuáles eran las identidades del resto de las senshi.
─No se preocupe, todo saldrá bien, Mercury ─le tranquilizó Diana.
La puerta se abrió. Ami sintió su piel erizarse por los nervios.
─Eres tú ─dijo Neptune con un tono relativamente tranquilo.
Ami le miró, por primera vez veía a una de ellas así de cerca y con tanto detalle. Era Sailor Neptune y más o menos adivinaba que, tras el sailor suit, estaba Michiru Kaiou.
─Pasa, por favor ─le invitó de manera amable, permitiéndole el paso al interior de la casa.
Mercury sólo hizo un movimiento afirmativo con la cabeza y entró al lugar. Por los nervios no logró contestarle nada al momento. Llegó a la sala y ahí estaban todas junto con los gatos de Usagi y Minako. Ami sintió un escalofrío en la espina dorsal. Vio a Sailor Mars y ésta también le miró. Ami, claramente, percibió un conocido calor en su cuerpo al reconocer aquella mirada poco amigable y a la vez tan intensa.
Mars seguía con sus ojos fijos en la persona encapuchada, sí, ella era Sailor Mercury, con quien habían estado peleado todo ese tiempo. A su mente llegó aquella visión de su sueño, la persona que había bailar el agua su antojo. Tenía una corazonada que no la dejaba en paz.
─¡Buenas noches! ─exclamó Diana, saliendo del interior de la capucha de Mercury.
─¡¿Diana?! ─exclamaron los presentes al mismo tiempo─. Ya decía que esa colita me parecía familiar ─musitó Artemis con alivio y sin lograr ocultar la alegría de ver a su hija ahí.
─Por fin puedo hablar con ustedes, me alegro mucho ─dijo con bastante contento. Enseguida se dirigió a Ami─. Descúbrase, Sailor Mercury, es hora de presentarse.
Ami, con manos temblorosas, se quitó la capa y la capucha. Todas le miraron con mucha sorpresa. Ella desprendía una increíble energía que todas reconocían con la frescura del agua. Rei abrió los ojos como platos al reconocer aquella presencia, aquella energía. Tenía sus brazos cruzados y estos cayeron a sus costados. Era la capa la que evitaba que ella pudiese reconocer la energía, ahora se explicaba porqué nunca se dio cuenta que Ami Mizuno era aquella persona encapuchada.
─¿Ami? ─preguntó Mars con tono tembloroso.
El resto de las senshi miraron a su compañera con sorpresa. Mercury bajó su rostro sonrojado y apenado.
─Sí, Rei, soy yo ─contestó con un murmuro.
El silencio en el lugar era sepulcral. Todo mundo miraba a la pareja sin atreverse a decir nada. El estado incrédulo de Rei era muy notable, de la misma manera en que lo era el de Ami.
Después de todo, sus sospechas eran ciertas, Ami Mizuno sí era la persona a la que aquel encapuchado buscaba, lo que sí fue sorpresa fue que ella se revelara como Sailor Mercury. Mars le reconoció al instante, aquella energía que le estremecía el cuerpo, aquella presencia fresca y agradable. Al parecer, Ami también adivinó al momento la identidad de Sailor Mars. La única que sabía porqué ellas se reconocieron al instante, fue Sailor Venus.
─¿Porqué estuviste peleando contra nosotras, Ami? ─preguntó Uranus, interrumpiendo el incómodo silencio que se había apoderado del cuarto.
─Eran las indicaciones de Diana ─contestó, aún apenada y ligeramente incómoda─. A decir verdad, estoy tan confundida como ustedes...
─Sólo seguía las instrucciones que le dábamos por medio de Diana ─intervino Pluto, quitándose su transformación. Saturn le imitó y ambas tomaron asiento en uno de los sillones de la casa─. Les explicaré todo en cuanto se pongan cómodas, chicas.
Las demas chicas se quitaron también su transformación y se acomodaron donde pudieron. Haruka se quedó de pie junto a Michiru, que estaba sentada en un sencillo sillón, las demás, con excepción de Rei, se acomodaron a presión en un sofá. La sacerdotisa permaneció contra la pared, bastante consternada aún. No podía creer que nunca se dio cuenta de las cosas. Ami le miraba y, cuando sus miradas chocaban, era ella quien bajaba sus ojos llenos de pena y evitaba a la sacerdotisa.
─Como sabrán todas ─comenzó a explicar la senshi del tiempo─, Sailor Mercury no pudo unirse a nosotras en un principio, algo falló y nació después que nosotras y además estuvo viviendo en Alemania casi toda su vida.
─Estaba escrito que ella no se uniera a nosotras en éste tiempo pero ─continuó Hotaru y miró a Ami con algo de pena─. Arreglamos los papeles de tu mamá, impidiéndole que pudiera estar contigo en su interinato y tuviera que dejarte con alguien más. La suerte o el mismo universo hicieron que ella decidiera mandarte aquí, de regreso a Japón.
Ami bajó el rostro, sorprendida y algo triste a la vez. Entonces sí hubiera estado con su mamá de no ser por la intervención de ellas. Las demás permanecían en un perfecto silencio.
─De todas maneras hubiéramos vencidos solas a aquel enemigo que apareció ─aclaró Setsuna─, las consecuencias de no tener a Sailor Mercury son en el futuro.
─En el siglo XXX hay enemigos muy poderosos que vienen de sitios lejanos de éste mundo ─continuó Hotaru─. Fue durante una de esas peleas que encontraron a Mercury entre los civiles, pero no estaba al nivel de poder que las demás, le hizo falta toda la preparación que viene desde éste siglo.
─Por esa misma razón, la Mercury del futuro nos pidió que hiciéramos esto. Teníamos que preparar a la Ami de éste tiempo para que la batalla en el futuro fuera más sencilla para todos.
─Esperemos que comprendan porqué tuvimos que ocultar a Ami así ─dijo Diana, después de que Hotaru y Setsuna terminaran su explicación─. Fue Sailor Mercury del futuro quien dispuso que todo fuera así, ella dijo que sólo de ésta manera su yo de éste tiempo avanzaría mucho más rápido en cuanto a habilidad.
Todas lo comprendieron, incluso la misma Ami. Hablaban de asuntos del futuro y, pese a la confusión, sentía una extraña emoción en su pecho.
─¡Lo importante es que ya estamos completas! ─exclamó Usagi con enorme contento y se lanzó sobre Ami para abrazarla─. ¡Bienvenida al equipo, Ami!
La alegría pronto contagió al resto y el alboroto se llenó de bienvenidas y amistosas palmadas de saludo. Ami estaba entre nerviosa y contenta por el recibimiento, pero Rei sólo se había acercado un poco y seguía con un extraño gesto en su rostro.
─Trabajaremos juntas de hoy en adelante" decía Minako con importante tono de voz─, tú serás la estratega del grupo, Ami. Espero que te sientas feliz con nosotras y aceptes nuestra sincera amistad.
─Por supuesto, gracias por aceptarme ─contestó, por demás sonriente.
No pasó demasiado antes de que todas decidieran regresar a casa, ya tendrían tiempo de seguir conociéndose con su nueva compañera de manera más adecuada. Cada quien siguió por su camino.
Ami y Rei caminaban en dirección al templo, habían permanecido en perfecto silencio durante el trayecto. La sacerdotisa seguía con un raro y poco amigable gesto en su rostro. La chica genio estaba demasiado nerviosa como para hablar. Pronto, aquel estado fue insoportable y fue Ami quien se decidió a romper el silencio.
─Rei, siento mucho no haberte dicho que...
El dedo índice de Rei le cerró los labios, interrumpiendo sus palabras. La chica genio miró a Rei y, contenta, vio que por fin sonreía.
─No tienes nada de qué disculparte ─murmuró, abrazándola por la cintura─. Sólo me siento algo molesta por que ─calló unos segundos, no muy segura de decir lo que estaba a punto de revelarle a su pareja─. Me siento mal por no haberte reconocido antes, es todo.
─Yo tampoco te había reconocido ─dijo Ami, también abrazándose de Rei y recargando su cabeza en el hombro de ésta─. Ahora entiendo porque, cuando me contabas sobre las senshi, me decías lo fabulosa que era Sailor Mars.
─¿Y acaso no lo es? ─preguntó Rei con tono juguetón, sonriendo más ampliamente.
─Ja... Si tú lo dices ─contestó Ami con una risilla, demasiado feliz como para ocultarlo.
─Hey, recuerda que yo casi te atrapaba cada vez que peleabas contra nosotras ─reprochó con un gesto de aparente enojo, aunque se gesto era más cómico que molesto.
─Tú lo has dicho, casi...
─Ah, ¿ahora te haces la graciosa?
Un callejón obscuro a su lado pronto le dio la idea a Rei. Sonrió malévolamente y, sin aviso, jaló a Ami consigo al obscuro interior del callejón. La poca luz de un faro apenas si permitía que ambas se vieran. Rei puso a Ami contra la pared, tomándola firmemente por la cintura y clavando sus ojos negros en los de ella. La mirada de la sacerdotisa era hipnotizante, atrayente, demasiado misteriosa como para ignorarla.
Ami estaba pérdida en aquella mirada. Sus mejillas poco a poco se pintaron de un lindo carmín.
─Rei...
─Te amo, Sailor Mercury ─ronroneó Rei a su oído, con una mano acarició delicadamente el rostro de su pareja.
─Yo... Yo también te amo, Sailor Mars ─contestó Ami con queda voz, con dulce tono.
Se miraron solo un corto rato, pues un beso se hizo urgente, siendo Rei la que tomara la iniciativa. Se abrazaron. Su beso se alargó por eternos minutos y las caricias hacían coro al dulce beso. Ami sintió un cosquilleo en su estómago cuando Rei la presionó con un poco más de fuerza a su cuerpo.
─Vamos a casa ─dijo Ami con cierto trabajo, los labios de Rei eran demandantes y no le daban tiempo de siquiera respirar.
─Buena idea ─contestó Rei entre el beso. Pronto le miró a los ojos y Ami vio en su pareja una chispa ardiente en esos ojos negros como carbones. Ambas sonrieron.
De la mano, ambas regresaron al Templo Hikawa.
─Setsuna...
─¿Uh? ¿Qué pasa, Hotaru?
─Olvidaste decirle a Ami que...
─Lo sé, Hotaru, pero así está bien, será menos doloroso para ellas.
─¿Tú crees?
─Lo espero. Recuerda que esa fue la indicación que la Mercury del futuro nos dio.
─De acuerdo, pero será un golpe duro.
─Sólo en éste tiempo, solo por un tiempo. Todo se compensará en el Futuro.
Hotaru y Setsuna platicaban en el dormitorio de ésta última. Seguían en casa de Haruka y Michiru. Veían el paisaje por la ventana, pronto iba a amanecer.
─Es algo que tiene que pasar, Hotaru.
─Tienes razón.
─Anda, es hora de dormir, es tarde.
Continuará...
