Disclaimer: Yu-Gi-Oh! GX no es mío. De otra forma la parte de Haou habría durado al menos el triple, y posiblemente habría acabado con un Sho vs Judai para salvar a su amigo.
Capítulo 7
Sho estaba muy concentrado terminando sus deberes de matemáticas cuando su abuela le interrumpió.
—Tienes una llamada telefónica —dijo la anciana y luego se retiró para seguir con sus quehaceres diarias.
Sho frunció el ceño mientras salía de su habitación y se dirigía a las escaleras. ¿Quién podía llamarle? No le había dado su número telefónico a nadie, ni siquiera a Judai, a quién podía definir como su único amigo.
Tomó el auricular y contestó.
—¿Hola?
—¡Hola! —la voz de Judai se escuchaba demasiado entusiasta para esa hora, tomando en cuenta que no era siquiera el mediodía.
—¿Judai? —preguntó extrañado—. ¿Cómo obtuviste mi número?
—Está en el directorio.
Sho parpadeó un par de veces. Eso… tenía sentido. Aunque eso le hizo preguntarse si Judai habría marcado todos los números en el directorio con su apellido hasta que lo encontró.
—¿Qué harás esta tarde? —preguntó Judai.
—Eh, tarea. Hay muchos deberes pendientes para la próxima semana.
—¿De verdad?
—Lo sabrías sí prestaras atención. —Judai todavía pedía prestadas sus notas, pero no parecía importarle mucho entregar sus deberes.
—Sí, bueno, eso es aburrido. ¿Puedes posponerlo? Mamá está en la ciudad, y quiere conocer a mis amigos. Bueno, conocerte. Eres mi único amigo en la ciudad en realidad.
—¿Hoy?
—Sí, hoy mismo. Esta noche, para ser especifico. Tendremos una pequeña cena. Sólo tú, mamá y yo.
Sho suspiró.
—Sí, bueno, está bien.
—¡Sí! Te buscaré esta tarde, como a las seis.
Antes de que Sho pudiera decir nada más, Judai colgó. Se quedó allí un rato, con el auricular en la orna escuchando el pitido que indicaba que la llamada se había cortado, pensando en lo surrealista que se sentía aquello. Él nunca recibía llamadas de amigos ni invitaciones a sus casas. No al menos de la forma sincera en que lo hacía Judai. Cuando era Sho Marufuji había muchos que querían estar bien con él, ya fuera para disfrutar algo de la influencia de su familia, o porque querían usarlo para acercarse a Ryo. Era extraño tener un amigo al que realmente podía llamar suyo.
Sho regresó a su habitación para tratar terminar sus deberes antes de la hora de la comida. Sin embargo, no pudo concentrarse. Sólo pensaba en la invitación de Judai. ¿Era normal sentirse tan extraño por una simple invitación a cenar para conocer a su madre?
Hizo una mueca ante lo último. Fuera de contexto, eso podría interpretarse como alguien que está nervioso por conocer a los padres de su novio o novia.
"¿Qué tonterías estás pensando?", se cuestionó mientras dejaba caer la cabeza sobre el cuaderno.
Recordó lo extraño que Judai se había comportado la noche del festival y no pudo evitar sonrojarse. ¿Por qué demonios Judai había tenido que hacer esas cosas tan vergonzosas? ¿Y por qué después de más de un mes desde entonces no podía apartar eso de su mente?
Quedando claro que no podría volver a concentrarse en sus tareas, cerró el cuaderno y decidió tomar una ducha fría para ver si eso le despejaba la mente. De todas formas, tenía que pensar en que usaría esa noche. Si la madre de Judai quería conocerlo lo ideal sería estar presentable para dar una buena impresión, después de todo, ella amablemente lo había invitado a cenar a su casa.
Frunció el ceño al pensar en las palabras de Judai. Dijo que su madre estaba en la ciudad, y por la forma en que lo dijo dio a entender que ella no estaba mucho por la ciudad. Debía ser triste estar lejos de ella, después de todo por la forma en que Judai habló de ella, incluso en pocas palabras, podía notar lo mucho que la quería.
Por otro lado, lo llamó su único amigo en la ciudad. No pudo evitar sonrojarse. No entendía cómo podía hacer. Sí, bueno, Judai era un poco arisco durante el día, pero una vez que el sol se ocultaba era posiblemente el chico de su edad más enérgico que había visto en su vida, en especial cuando se trataba del duelo. Debía admitir que, en las últimas semanas, algo de ese entusiasmo se le estaba contagiando. Había olvidado lo que era batirse en duelo sólo por diversión y sin tener que pensar en la presión de ser el mejor únicamente porque era un Marufuji y para no dejar en vergüenza a su hermano. Judai le había devuelto eso. Así que no le cabía en la cabeza porque alguien como él sólo tenía un amigo. Parecía ser el tipo de persona que podría rodearse fácilmente de gente.
Pensando en la forma en la que se comportaba en la escuela, y esa aura extraña que a veces lo rodeaba, al parecer asustando a otros (a él mismo le daba miedo algunas veces, pero a la vez le resultaba imposible dar la vuelta y alejarse como el resto de las personas), se dio cuenta que tal vez Judai no hacía más amigos en la escuela o entre los duelistas que participaban en los torneos en los que lo inscribía porque no quería.
Sin embargo, si quería ser su amigo. ¿Por qué alguien como Judai querría ser amigo de alguien como él?
Sacudió la cabeza ante ese pensamiento. Uno que definitivamente Judai no aprobaría.
Volvió a hacer una mueca. Allí estaba de nuevo, reprendiéndose a sí mismo en base a lo que pensaba que Judai diría si lo escuchara.
Ah, definitivamente necesitaba esa ducha fría.
Después de su ducha, avisó a su abuela que su amigo lo había invitado a cenar en su casa. Su madre no estaba en casa debido a horas extra en el trabajo. En las últimas semanas eso no era una novedad.
Su abuela parecía tan contenta de esto como un par de horas atrás, cuando le avisó que tenía una llamada de un amigo. Lo cierto es que, más que molestarse porque llegara continuamente tarde de la escuela, la anciana parecía muy feliz por eso. Tal vez pensaba que ya había superado la depresión que le provoco el divorcio de sus padres.
Tal vez era así. Sus corridas detrás de Judai de tienda en tienda y torneo en torneo dejaban poco tiempo para pensar en su padre y en lo deprimido que lo dejó fallar en su examen de la Academia de Duelos.
Como sea, su abuela no se molestó con él por comer un poco menos de lo normal. Incluso cuando lo normal era que insistiera en que comiera dos o hasta tres platos.
—Te ayudara a crecer. Eres muy bajo para tu edad.
Sho sabía que en realidad su estatura era por genética, los genes buenos se los llevó su hermano; pero tampoco podía romper el corazón de la amable ancianita, así que trataba de comer todo lo que le servía.
A las seis de la tarde, se sentó en la sala y miró el reloj de pared con nerviosismo. Judai llegaría en cualquier momento.
Estaba usando la mejor ropa que tenía sin llegar a ser completamente formal. Es decir, sólo era una cena en casa de su mejor amigo, no era necesario usar traje y corbata, o algún traje tradicional, para eso. Tampoco es como si fuera a conocer a su futura suegra.
Volvió a reprenderse por pensar cosas vergonzosas.
Casi saltó cuando escuchó el timbre de la casa. Respiró profundamente para tranquilizarse, revisó que todo estuviera bien, especialmente su disco de duelo —el mismo que Judai insistió en comprar para él como regalo de cumpleaños, incluso cuando él le insistió que no era necesario pues faltaban meses para eso— y su mazo. Estaba seguro que Judai querría tener un duelo luego de la cena, o tal vez antes.
—Ya me voy, abuela —anunció—, volveré más tarde.
Su abuela lo despidió y se dirigió hacia la puerta.
Judai sonrió en cuanto lo vio de esa forma radiante en la que sólo él podía.
—Oh, qué bien que traes tu disco y tus cartas. Olvide decirte que las trajeras.
—Bueno, ¿no dices que un duelista siempre debe estar preparado?
Los ojos de Judai brillaron ante esa respuesta.
—Eso mismo. Además, seguro mamá querrá enfrentarte en duelo.
Sho parpadeó sorprendido.
—¿Tu madre?
—Sí, ella es muy buena. De hecho, me enseñó mucho de lo que sé sobre el duelo.
No pudo evitar sentirse algo intimidado por eso. Judai era muy bueno. Nunca había podido ganarle una sola vez, y eso que ya había conseguido ganar un par de los torneos más pequeños (todavía se ponía algo nervioso si avanzaba mucho en los torneos más grandes). Estaba seguro que, si Judai se inscribiera en vez de quedarse atrás a darle ánimos, los ganaría todos.
Comenzaron a caminar en dirección a la casa de Judai, conversando casualmente sobre la última expansión que se lanzaría a mediados de mes. Judai estaba especialmente expectante, ya que incluiría nuevo soporte para los Héroes.
Durante el trayecto, algunas veces Sho sentía que habían estado caminando durante horas, sólo para mirar el reloj en su teléfono y darse cuenta que apenas si habían pasado unos minutos. También, no pudo evitar sentir que estaban dando muchas vueltas innecesarias, casi como si la ciudad se hubiera convertido en un laberinto. Claro, Judai parecía no darse cuenta de esto y seguía hablando como si no pasara nada.
Finalmente se detuvieron frente a una enorme mansión de estilo europeo. Se veía algo sombría, especialmente a esa hora de la tarde, en que el sol estaba en su punto más bajo antes de desaparecer.
Sho tragó saliva. De pronto se sintió como si fuera un cordero entrando en la guarida del lobo.
—¿Estás bien? —preguntó Judai cuando notó que no lo había seguido a través de las verjas de la casa.
Sho lo miró, volvió a tragar, y luego asintió.
—Vamos, Sho, entra. Mamá está esperando por nosotros.
Dio un paso al interior de la casa. Sintió un escalofrío. Judai sonrió y lo tomó de la mano para tirar de él hacia el interior de la propiedad. Las verjas se cerraron solas en cuanto se alejaron lo suficiente de ellos, haciendo que diera un respingo.
—Son automáticas —aclaró Judai—. Algo así como las puertas de los centros comerciales.
Asintió aceptando esa respuesta, aunque no estaba seguro de si Judai estaba siendo honesto. Algo le decía que no era algo tan simple en realidad.
El escalofrío volvió con más fuerza cuando se detuvieron en el pórtico y Judai abrió las dos enormes puertas de madera casi sin esfuerzo.
Se encontró en un salón que le recordó los de las mansiones de los socios de su padre, a las que tuvo que ir a socializar cuando este aún tenía algo de esperanza en que resultara ser un buen activo para la familia Marufuji. Había un piso de azulejos que recordaba a un tablero de ajedrez, en cuyo centro había una larga alfombra que se dirigía a las escaleras de tres tramos con forma de Y. El paisaje se complementaba con columnas de mármol, y una decoración anticuada pero elegante, casi como si hubiera retrocedido en el tiempo unos cien años o más.
—Buenas noches —escuchó la voz de una mujer proveniente de las escaleras.
Alzó la mirada. Allí estaba una dama de aspecto elegante de pie en el descanso central de las escaleras. Tenía rasgos europeos, una larga cabellera color verde esmeralda y una mirada penetrante que le provocó escalofríos. Además, iba ataviada con un elegante vestido el cual no desentonaba para nada con la decoración de la casa. Esto hizo que sintiera no haber elegido el traje formal y la corbata después de todo. Oh, bueno, lo animaba el hecho de que Judai vestía tan desgarbado como de costumbre.
—Sho, te presento a mi madre.
El chico asintió. Tenía la impresión de que la había visto en algún lugar, pero por más que trataba no era capaz de encajar en dónde. Casi como intentar recordar un sueño. Decidió que debía ser su imaginación.
—Camula Karnstein —se presentó la dama con un tono que hizo sonrojar a Sho—, es un placer conocerte.
—El gusto es mío, soy Sho Fujita.
La dama descendió el tramo de las escaleras casi como si flotara sobre los escalones, o así le pareció a Sho ya que casi no notaba el movimiento de sus pies ocultos por el largo vestido.
En pocos segundos la mujer estaba frente a él. Lo sujetó por la barbilla con sus largos dedos enguantados.
—Eres un chico realmente lindo —dijo, haciendo que el sonrojo de Sho se incrementara.
—Muchas gracias por invitarme.
—No es problema.
Se alejó de Sho pasando junto a Judai.
—Podemos pasar a la sala a hablar un poco.
Judai sonrió a Sho para tranquilizarlo, y luego ambos siguieron a la dama.
La sala tenía una decoración europea de siglos pasados, igual que el salón. Sho quedó sorprendido, era casi como entrar a un museo o a un set de una película de época ambientada en Europa, algo muy poco común de ver en Japón.
—Por favor, toma asiento —pidió la dama, mientras ella ocupaba el sillón individual.
Sho se sentó en el sofá grande, y Judai a su lado.
—Judai me ha contado mucho de ti. La verdad, me alegro de que puedas ser su amigo. Le es muy difícil hacer amigos.
—¡Mamá!
Ella rio quedamente de la reacción de Judai. Su voz era como una campanilla.
—No es nada, de verdad —respondió Sho sonrojado.
La conversación trascurrió con casualidad. Camula le hizo algunas preguntas sobre la escuela, en especial como le estaba yendo a Judai. Sho no sabía si debía contestar con sinceridad. Miró a la madre de Judai un momento, notando un brillo de interés en sus ojos. Abrió la boca, sintiendo la necesidad de decir la verdad, pero a medio camino se arrepintió, no queriendo traicionar a Judai.
—Él… se esfuerza.
El brillo en los ojos de la dama pareció incrementarse, lo cual hizo que Sho volviera a sentir escalofríos.
—Es bueno escuchar eso.
Judai se rio con nerviosismo.
—Entonces, Judai me dice que eres un duelista muy bueno.
—Está exagerando.
—Tonterías, Sho, realmente eres bueno.
Sho se sonrojó.
—Bueno, la única forma de saberlo es probando, ¿no te parece?
Sho asintió, mientras llevaba su mano a su disco de duelo.
—¿Por qué no jugamos del modo tradicional en la mesa?
Sho estuvo de acuerdo. Decidieron usar la mesa del café para su duelo. La madre de Judai jugaba con un mazo de zombis, en especial vampiros. Sho hizo su mejor esfuerzo, pero pronto quedó claro que ella era tan buena como había pensado según lo que Judai dijo.
—Ciertamente puedo ver el potencial —dijo ella cuando terminó el duelo, mirando a Judai, quien asintió con una gran sonrisa en su rostro.
La dama se puso de pie.
—Creo que podemos ir pasando al comedor.
Sho se sintió algo intimidado cuando se encontró con un comedor enorme, para al menos veinte personas. Parecía demasiado exagerado para sólo tres personas.
La cena igualmente pasó en una conversación casual. Las preguntas sobre la escuela pasaron a otras un poco más personales, aunque Sho en el momento no se percató de ese detalle. La comida estaba deliciosa, y una vez que se acostumbró a la extraña atmosfera que había en casa de Judai, comenzó a sentirse muy cómodo y a responder las preguntas de la madre de Judai sin prestar mucha atención a lo que respondía.
Para cuando se dio cuenta, ya era muy noche y comenzaba a sentirse somnoliento.
—Tal vez debas acompañar al joven Marufuji a su casa.
Sho quiso replicar respecto al error del apellido, pero la verdad estaba tan agotado que sólo pudo asentir, mientras Judai se ponía de pie.
—Vamos, Sho, te llevaré a casa.
Sho no recordaba mucho del trayecto de regreso a casa. Parecía que había cerrado los ojos y luego ya estaba frente a la puerta de su casa despidiéndose de Judai. Al pensar en ese detalle, lo atribuyó a lo cansado que estaba, pero no podía deshacerse de cierta cesación de extrañeza, de nuevo, como tratar de recordar un sueño.
—Lo hiciste muy bien —creyó escuchar a Judai mientras comenzaba a quedarse dormido, lo cual no tenía sentido. ¿Cómo podría estar en su habitación?
Lo último que creyó sentir antes de quedarse dormido fue que alguien besaba su frente.
Camula se sentó en la sala esperando a Judai, mientras se llevaba una copa llena de sangre a los labios, saboreando su dulzura con especial placer. No era lo mismo que beber directo de la fuente, pero estaba bien para relajarse en esa noche tan preciosa.
Realmente el niño Marufuji era interesante. Tanto como su hermano. No estaba esperando que fuera así, pero considerando que descendía de esa familia no era algo tan extraño en realidad. La familia Marufuji era tan antigua como el propio Japón, y de hecho hubo un tiempo en que tuvieron parientes de ambos lados del velo. O al menos así había sido siglos atrás. Lo que quedaba de los Marufuji en las Doce Dimensiones había sido aplastado siglos atrás, claro, su sangre perduraba debido a sus múltiples matrimonios con otros clanes samuráis de las Doce Dimensiones, en especial con seis clanes muy especiales, a cuyo grupo alguna vez pertenecieron.
Considerando eso, era una sorpresa que los últimos descendientes directos del Séptimo Señor de la Guerra al servicio de los Shogunes de Shien fueran usuarios de máquinas.
Camula había aprendido todo lo posible sobre estos guerreros, a quienes se había enfrentado algunas veces. En algún punto del pasado, una de las familias de vampiros de Oriente había secuestrado y convertido a una princesa del Shogunato de Shien, y desde entonces ellos habían tenido una guerra contra el Clan de la Noche. No es como si pudieran hacer mucho contra el poder del Rey Supremo, pero eran persistentes.
Los Marufuji habían sido los más insistentes en la guerra, considerando que dicha princesa había sido nieta del Jefe de su clan. Esto hizo que a su vez los suyos los cazaran con especial ferocidad, propiciando su desaparición.
Eso también explicaba porque Sho era inmune a muchos de los poderes de los vampiros —los siete clanes en su momento recurrieron a toda clase de artes con tal de obtener ventaja sobre sus enemigos sobrenaturales—. Por supuesto, esa noche le había demostrado a Judai que en realidad no era rival para un vampiro experimentado como ella. Una verdad constante para los suyos, era que entre más viejos más poderosos se volvían. Por ejemplo, a los ancianos del consejo no les costaría nada poner bajo su dominio a una ciudad entera.
Volviendo a los hermanos Marufuji, la verdad, si Judai quería Engendrar a Sho por ella no habría problema. Ella misma iba tras el hermano mayor. Sólo desearía que ese molesto Kagemaru se apresurara en reunir al resto de los Asesinos para pasar al ataque. Estaba deseando beber la sangre de Káiser, y ni hablar de lo mucho que anhelaba el momento en que su sangre se deslizaría por su garganta para hacer que se levantara como un orgulloso miembro del Clan de la Noche.
—Los dos herederos Marufuji bajo nuestro poder —dijo saboreando cada palabra.
Casi podía sentir a sus antepasados retorciéndose en sus tumbas. Esa sería la venganza más dulce contra quienes acabaron con prácticamente toda la Familia de Oriente.
