Parte 6 La Cadena de Luz

─Minako, la base de éstas técnicas es la energía que nace del corazón ─explicó su padre─. Esa energía debes concentrarla en tu cuerpo y después debes enviarlo a tu mano. Lo primero que tienes que tienes que dominar es el Crescent Beam, una vez controlado, la cadena dorada saldrá sola, ¿entiendes?

─Sí.

─Para iniciar tu entrenamiento debes aprender a concentrar tu energía, toda tu energía, para poder enviarla a tu brazo dominante.

La rubia cerró los ojos y comenzó a concentrarse, a despejar su mente, a meterse en una especie de trance. Podía sentir un enorme caudal de energía por todo su cuerpo, ahí estaba la energía, sólo debía controlarla. Esa era la parte difícil, según su padre. La base es la energía que nace del corazón. Ese era el principio. Se dedicó a escuchar sus propios latidos, a sentir como bombeaba la sangre a cada rincón de su cuerpo. Los demás sonidos desaparecieron, el viento que soplaba, el canto de las aves, el borboteo del agua, hasta su propia respiración. Sólo era el palpitar de su corazón. Un corazón enamorado.

El padre de Minako de pronto se quedó sin habla al ver que del cuerpo de su hija emanaba un aura naranja. A pesar de ser un poco débil, era increíble que hubiera podido sacar su aura en cuestión de minutos.

Minako sentía una increíble calidez en su pecho, la cuál era llevada a cada esquina de su cuerpo con ayuda de su corazón. De pronto, todo el cuerpo comenzó a dolerle, la energía se salió de control y el aura que la rodeaba desapareció de golpe. Además del dolor, se quedó sin fuerzas y cayó al suelo, agotada. Abrió los ojos y vio todo borroso, sólo alcanzó a distinguir a su padre frente a ella.

─Eso fue increíble, Minako, pero te apresuraste demasiado y tu energía se descontroló. Debes intentarlo varias veces hasta que tu aura sea estable y no te drene.

─¿Mi aura? ─preguntó con dificultad.

─¿Sentiste el calor en tu pecho?

─Sí.

─Esa era tu aura, pude verla. Descansa un poco y continúa cuando recuperes fuerzas.

El hombre comenzó a retirarse, volvería a asesorar a su hija cuando pudiera controlar su aura. Eso tomaría bastante tiempo, de hecho, pasarían varias horas antes de que Minako se recuperara. No quiso decírselo, pero ese prematuro y acelerado intento pudo reventar su corazón en pedazos, Minako podía perder la vida en uno de esos intentos.

La rubia intento ponerse de pie, pero ninguno de sus músculos respondía. El dolor ya había desaparecido, mas no así el agotamiento. No podía moverse en lo absoluto. Cerró los ojos y se decidió a recuperar fuerzas.

─Makoto...

De nuevo el rostro de su amada Makoto se dibujó en su mente. Sonrió. Pensar en Makoto le daba sentido a todo. Recordó la noche que pasaron juntas y sintió su cuerpo estremecerse. Esos fuertes brazos, su cálida piel, sus suaves labios, sus ojos esmeralda, su sonrisa dulce... Makoto. Sólo por ella daría su máximo esfuerzo.

Se quedó dormida sin darse cuenta.

Despertó hasta mediodía.

~ o ~

─¿Tenou quiere vernos en veinte días? ─preguntó Setsuna, una vez que se enteró de todo.

─Ya son diecinueve ─dijo Makoto─. Un duelo hará las cosas más fáciles.

─Eso es cierto, nos evitaremos una masacre ─intervino Hotaru.

─Podemos ir las tres. Hotaru y yo nos encargaríamos de las discípulas de Tenou, y tú, Kino, pelearías con él.

─Me parece perfecto.

─Pero, ¿creen que sea así de fácil? Ami y Rei son muy fuertes.

─Hotaru, yo misma te entrené, debes confiar en tus habilidades. Si es necesario, no dudes en usar tu verdadero poder.

Para ese entonces Serenity ya estaba en la Tierra, completamente fuera de peligro. Las tres decidieron entrenarse en el palacio hasta que tuvieran que partir. La distancia entre la Luna y Urano era de seis días, sin contar que la base de Tenou estaba a un día del puerto espacial del planeta. Saldrían con anticipación para no llegar tarde.

Los siguientes días Makoto se mantuvo alejada de Setsuna y de Hotaru, prefirió entrenar sola. No podía dejar de pensar en Minako. Temía que ella hubiera cometido alguna locura después de que se fue ó, tal vez, seguía en la cabaña; quizá había vuelto a sus viejas andadas: el robo. No estaba muy segura, con Minako nunca sabía que esperarse.

─Me encantaría saber qué tanto haces, mi adorada diosa ─se decía Makoto una y otra vez.

~ o ~

Era su tercer botella de sake.

Era el segundo libro que leía en esa tarde.

Las mejillas de Rei estaban completamente rojas a causa de la bebida, ya ni siquiera era capaz de ponerse de pie, pero no quería levantarse, le agradaba estar así. Estaba sentada en el pasto, recargada en el tronco de un árbol. A su lado, una considerable cantidad de sake; en sus piernas, Ami recostada, leyendo un libro.

Llevaban toda la santa tarde en esa misma posición. No habían intercambiado palabra alguna en horas. De vez en cuando cruzaban miradas y se sonreían.

Una pareja en verdad extraña.

Se conocían de toda la vida a pesar de no tener ningún lazo de sangre. Y, si no solían hablar mucho, se debía a que ambas habían desarrollado la habilidad de comunicarse mentalmente. Las dos eran más que amigas, más que hermanas, más que amantes. Simplemente ya no podían estar lejos la una de la otra.

Su pasado estaba lleno de dolor y lo único que las sacó con vida de ahí fue estar juntas.

Ami cerró el libro y lo puso a un lado. Ya casi anochecía, así que se acomodó en el regazo de Rei para dormir. Rei se limitó a sonreír antes de darle un trago a su botella de sake. Le acarició su azulado cabello durante un largo rato hasta dormirla. Era como un cachorro a la hora de dormir. La fogata frente a ellas les proporcionaba suficiente calor, así que esa era todo lo que necesitaban para pasar la noche con comodidad.

Tal como habían quedado, estaban en la Tierra tomando un descanso. Al amanecer tendrían que regresar a Urano.

La Luna brillaba sobre ellas, acompañada de un ejército de estrellas.

~ o ~

Ya podía controlar su energía, el único problema era sacarla por su mano. Siempre que lo intentaba la energía se quedaba estancada y le laceraba la mano por dentro. Bueno, ese no era su único problema, ya llevaba seis días y sólo le restaban cuatro. Y aún no dominaba ninguna técnica.

─¡Maldición! ─gritó por enésima vez.

Su mano le dolía demasiado, llevaba todo el día, y la tarde y esa noche tratando de hacer el Rayo Creciente y aún no lograba nada.

Su padre ya le había dado todas las pistas para hacer ambas técnicas. Su trabajo era seguir las pistas y dominar las técnicas. Pero era agotador y doloroso. Más no se rendiría, prometió esforzarse cuanto fuese necesario para hacerse más fuerte.

Reprimió unas lágrimas de dolor y volvió a concentrar su energía.

Y de nuevo falló.

─Debo intentarlo otra vez ─se decía a sí misma─. Otra vez.

Y otra vez fallaba.

─No me rendiré.

Pasaron dos días completos de puros intentos. Solo se daba tiempo de comer y beber lo suficiente, casi no durmió, lo único que le daba fuerza era pensar en Makoto y su promesa de ayudarle a pelear contra Tenou.

─Makoto, por ti haré lo que sea...

Y seguía fallando. Ya casi no sentía la mano, pero tenía la sensación de que cada fallo era un paso más para dominar el Rayo Creciente. La cadena dorada sería más fácil según tenía entendido, sólo debía concentrarse e intentarlo cuantas veces fuesen necesarias.

Su padre le observaba desde una ventana. Esa hija suya era una terca sin remedio, dudaba que pudiera dominar el Rayo Creciente en el tiempo estipulado, pero llevaba un increíble avance. En circunstancias normales un miembro normal del clan llevaría ese mismo avance después de un año de intenso entrenamiento. Minako era extraordinaria.

Aún no sabía quién era la persona que Minako tanto amaba, lo único que repetía una y otra vez era el nombre de Makoto. ¿Quién podría ser ese tal Makoto? Debía ser alguien fuerte para soportar el genio burlón de la rubia chica, debía ser dulce para que ella suspirara de esa manera, debía ser de buen corazón para que Minako le amara de esa manera loca y desesperada.

Minako entrenó toda la noche, todo el día siguiente, y el siguiente y nada...

Sólo le quedaban dos días.

~ o ~

─¡Ami, no dejes de moverte! ¡Rei, no le pierdas el rastro, no dejes que te confunda con la niebla!

Ambas hacían su mayor esfuerzo. Rei se concentraba en la escurridiza presencia de su compañera, que no paraba de correr entre la niebla, en diversas ocasiones logró acercársele más no herirla, siempre podía esquivarla en el último momento. Ami trataba de esconder su presencia tanto como podía, pero ella aún la sentía, la atacaba por todos lados y siempre la esquivaba; lo único cierto es que su niebla era un excelente escudo y Rei no podía moverse ni atacarla.

Haruka mantenía su estricta postura, pero por dentro sentía un inmenso orgullo por ellas. Las dos eran tan fuertes que ya no podían hacerse daño entre sí. Las presionaba para hacerlas más poderosas, invencibles. Michiru les miraba con un orgullo similar al de Haruka, ella les había enseñado a ser discretas, ágiles, calmadas. Parte de su poder se le debía a su intervención.

─¡Rei, concéntrate y muévete para tocarla, usa tu técnica para desaparecer la niebla! ¡Ami, aumenta tu velocidad y no descuides tus escudos!

Ambas se esforzaban al máximo. Todo por la persona que les salvó la vida.

~ o ~

Ami era la hija de una difunta pareja de sirvientes que trabajaba para una adinerada y cruel familia de Marte. La noche que los padres de Ami murieron, la familia adinerada encontró a una niña abandonada en sus campos de cultivo, una niña más o menos de la misma edad de Ami, cuatro años aproximadamente. Desde entonces, esa familia trató como esclavas a ambas infantes.

Trabajaban en los campos de cultivo, en la casa como sirvientas y apenas si recibían vestido y suficiente alimento. Seguido eran golpeadas por esa familia, cualquier motivo era suficiente pretexto para moler a las niñas a palos. Dormían a la intemperie y el único calor que las mantenía con vida era el que se daban mutuamente.

Desde pequeña Rei siempre había sido más rebelde, razón por la cual siempre recibía más castigos que Ami, que era más callada y sumisa, quizá por su carácter tímido y cerrado. No obstante, se defendían mutuamente de los abusos que recibían. En varias ocasiones intentaron huir, por iniciativa de Rei, claro; pero siempre las atrapaban y las castigaban. Fue un milagro de los dioses que soportaran semejante vida.

Cinco largos años sobrevivieron al maltrato.

En ese entonces todo el Milenio de Plata atravesaba el final de la guerra entre Serenity y Beryl, la desaparición del battusai anónimo y la traición de Haruka Tenou a la nueva reina. Los rumores más fuertes que corrían por Marte eran sobre la muerte de Haruka Tenou. Algunos aseguraban que habían visto como Tenou era lanzado desde una nave espacial hacía la zona de asteroides, otros juraban haber encontrado los restos calcinados del battusai en el desierto marciano, los más exagerados anunciaban a grandes voces que Tenou no estaba muerto y que planeaba una venganza desde Júpiter.

Con o sin cambio de gobierno, la situación era la misma para Ami y Rei.

Una noche de esas, el ebrio jefe de familia intento abusar de la pequeña Ami. Rei evitó ese acto tan grotesco golpeando al malvado con una de las herramientas de campo. La familia enfureció y decidió deshacerse de ambas niñas. El primogénito, un joven de veinte años con la misma mala sangre de su familia, se disponía a costarles la cabeza cuando...

─Si hay algo que odio más que a los débiles es a los cobardes ─sonó una poderosa voz.

Para terror de la familia, el dueño de la voz era nada más y nada menos que Haruka Tenou, en vivo y en persona.

─Malditos cobardes, merecen morir.

─¡Señor Tenou, misericordia! ¡No nos mate!

Todos se arrodillaron ante Haruka, pero sólo le provocaron asco. Miró de reojo a las niñas, que permanecían abrazadas en una esquina, asustadas, pero sin perder de vista lo que ocurría.

─Morirán, sólo son unos malditos cobardes.

Lo único que Ami y Rei pudieron sentir fue una ligera brisa alrededor de Tenou, cómo éste sacaba su espada y, en un parpadeo, a toda la familia sin vida a sus pies. Ya no tenían miedo, solo un inmenso alivio. Tenou se dirigió a ellas.

─Ustedes también morirán ─murmuró, levantando de nuevo su espada.

Para sorpresa suya, ambas niñas bajaron la cabeza, dispuestas a recibir el mortal golpe. Parecían felices. Guardó su espada y dio media vuelta.

─Mejor olviden que me han visto y váyanse de aquí, no tardará en llegar la guardia.

Tenou lentamente se retiró. Ami y Rei se miraron entre sí y sonrieron, ya sabían que hacer.

─¡Señor Tenou, espérenos!

─¡Queremos ir con usted!

Haruka dejó que ellas le siguieran, esas niñas eran fuertes, podía verlo en sus ojos.

~ o ~

El amanecer del décimo día.

El líder del clan Aino tomó un sable ceremonial y salió a la sala de entrenamiento. Minako estaba en medio de la sala, sin sentido.

─Esto fue mucho para ti, Minako, has muerto antes de tiempo.

Volvió la espalda y se dispuso a organizar un cortejo fúnebre.

─¡Eh, espere, que aún no me voy! Sólo tomaba una siesta.

Se sorprendió al ver que Minako seguía con vida.

─Lo logré, he dominado ambas técnicas.

─Muéstramelas ─ordenó el hombre, no muy convencido.

Minako se puso de pie frente a su padre y elevó su aura a un nivel increíble, brillante. Extendió su brazo derecho y apuntó su dedo índice hacía un muñeco de entrenamiento. De pronto, un poderoso rayo de dorada luz salió disparado del dedo de Minako, atravesando la roca de lado a lado. El hombre estaba sin habla, simplemente no lo creía.

─El Rayo Creciente ─anunció Minako con orgullo.

─¿Qué hay de la Cadena Dorada?

Sin decir nada más, la rubia volvió a concentrarse, pero ahora era su palma derecha la que brillaba. Segundos después, una cadena de oro salió de la mano de Minako, medía más de tres metros y destilaba la misma energía naranja que la ninja. Tomó la cadena y la giró para atraár a ese mismo muñeco y cortarlo por la mitad de manera limpia.

─¿Satisfecho, padre? ─preguntó Minako, mirándole con una sonrisa de satisfacción.

El maduro hombre guardó silencio. Su rostro no demostraba ningún sentimiento pero su mente le decía que su hija era extraordinaria, la mejor. No obstante, seguía siendo una desertora y debía salir del recinto, para siempre.

─Ven conmigo, Minako ─dijo el hombre con voz seria, dirigiéndose a la bodega de armas.

La rubia le siguió sin comprender muy bien lo que planeaba. Una vez en la bodega, el hombre se dirigió a una esquina donde había un enorme aparato cubierto por una manta. Al destaparlo, Minako descubrió que era una nave espacial compacta, para una persona.

─Es un modelo un poco antiguo pero es muy veloz, con esto llegarás a la Luna en un día y podrás alcanzar a esta persona.

Minako se quedó sin palabras. No lo esperaba. Una ligera sonrisa adornó su rostro y miró a su padre con agradecimiento.

─Padre...

─Ahora retírate, Minako, no quiero volver a verte por aquí, ¿entendido?

La ninja asintió con la cabeza, seria. Entre los dos sacaron la nave a un espacio abierto, Minako cargó algo de comida y agua y se dispuso a partir.

─Muchas gracias, padre. Prometo que no regresaré jamás.

El hombre no dijo nada. Minako también se quedó callada y se inclinó educadamente ante él. Dio media vuelta y subió a la nave, solo pudo escuchar una especie de susurro.

─Deseo que seas feliz con esa persona, hija mía.

Minako volteó de nuevo pero su padre ya no estaba. Se había despedido de ella con el corazón. Sonrió al ver a su madre en una ventana, despidiéndose de ella con una dulce y maternal sonrisa. Quiso llorar pero se limitó a mandarle un beso a la mujer que le dio a luz. Subió a la nave y despegó.

─Gracias por todo, prometo no fallarles, ni a ustedes, ni a Makoto... Lo juro.

Continuará...