—CAPÍTULO 7—. DESCENDENCIA.
N/A: ¡Hola! Gracias a todos por el apoyo que le han dado a este fic.
A partir de este capítulo, la historia irá intercalando el presente con flashbacks que muestran diferentes momentos importantes en la relación de Draco y Hermione. Para facilitar, anotaré el mes y año en que ocurre la situación. Les recuerdo que la fecha del "presente" es octubre, 2005.
Trabajar diariamente con Hermione, verla tan entregada y apasionada con sus proyectos, secundando alguna idea que él proponía, y hasta compartiendo algunos momentos de descanso, poco a poco había ido mermando el odio que sentía desde que la había conocido, aunque siendo sincero, había llegado a dudar que algún día hubiera tenido ese sentimiento hacia ella.
Sin embargo, uno de los principales obstáculos con los que tuvo que lidiar Draco cuando se percató de sus sentimientos amorosos hacia Hermione, fue el tema de la descendencia. Si algo se le inculcaba a un Malfoy desde que tenía uso de razón, era que debía mantener la pureza de la sangre en su linaje.
Draco supo desde un principio que, si decidía sincerarse alguna vez con ella, sería el único culpable de que siglos de hijos sangre pura de apellido Malfoy terminaran con él.
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Diciembre, 2000.
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La pareja llevaba un par de meses saliendo como amigos cuando Draco decidió dar el siguiente paso y le pidió a Hermione que formalizaran su relación. Ella tensó todos los músculos de su rostro. De aceptar, la interrogante que rondaba su cabeza desde su primera cita quizá provocaría su primera discusión como novios. Con los nervios a flor de piel, murmuró:
—Has tomado en cuenta la posibilidad de que, asumiendo que las cosas funcionen entre nosotros y resulta que nos casamos, ¿si tuviéramos hijos… ellos serían mestizos?
—¡Claro que sí! Y saber que esa probablemente iba a ser una de tus preguntas es lo que me detuvo de sincerarme contigo por meses, y por lo que he evitado pedirte formalmente que seas mi novia… porque sé que aún es un tema sensible para nosotros. Para tu tranquilidad, Hermione, quiero aclararte que la pureza de la sangre ya no me interesa, y mucho menos si es el motivo que me impediría estar contigo. Si nuestra relación se bendice con hijos algún día, lo que importaría es que serían tuyos y míos, no su estatus de sangre o lo que piensen los demás.
—Es imposible que creas eso… —lo miraba atónita—, tú, quien siempre se jactaba de su pureza de sangre… Incluso, puedo animarme a apostar que tus padres tienen concertado tu matrimonio con una heredera sangre pura desde que estabas en la cuna. Sé que es lo que se acostumbra en familias como la tuya —Draco frunció el ceño y negó con la cabeza—. Además… probablemente ellos no los querrían por ser su madre una hija de muggles… —la imagen de Lucius intentando hacerle daño a su hijo le heló la sangre. Su rostro demostraba angustia rayando en terror.
—Tendrían suficiente amor de nuestra parte, ¿no lo crees? —Draco tomó una de sus manos y le dio un suave apretón como señal de apoyo—. Y también el de tus padres —sonrió albergando una esperanza de que ella aceptara su propuesta.
—Hacer pública nuestra relación no dejará nada bueno, Draco —ella repuso aún a temerosa. Ni los gestos de cariño ni las palabras del mago la habían tranquilizado, y Draco, consciente de eso, añadió:
—Nada o nadie me interesa, Hermione. ¡Sólo tú! —acarició con ternura la barbilla de la joven—. Si aceptas dar el siguiente paso, sabes que sería capaz de enfrentarme al mundo entero y defender mi amor por ti ante quien sea. Y créeme, el estatus de la sangre de nuestros hijos sería en lo último en que pensaría.
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Octubre, 2005.
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Con Hermione aún dormida entre sus brazos, Draco sonrió ante ese recuerdo.
En sus cenas de los domingos, la descendencia era el tema tabú de la familia Malfoy. Y quizá, era una de las razones por las que, en tres años de matrimonio y dos de relación, nunca hubieran buscado embarazarse.
Draco evitaba mencionarlo para darle tiempo a sus padres de que se hicieran a la idea de que sus futuros nietos serían mestizos. Pero en lo más profundo de su corazón, la espinita de ver un pequeñín alegrando sus vidas iba creciendo cada día más. Estuvieran sus padres preparados o no, tenía en mente hablarlo pronto con su esposa.
Hermione, por otro lado, agradecía que Draco no insistiera con el tema, pues ella disfrutaba mucho de su etapa como profesional, pero, sobre todo, de su vida de pareja. Ella era feliz dedicándole a su esposo la mayor de las atenciones. Quería ser madre, por supuesto, pero temía por la integridad de sus hijos al vivir ellos con Lucius.
Por el momento, no querían hijos, pero fingían querer tenerlos.
