Me tardé más de lo previsto, pero finalmente está aquí. Por momento siento que no avanzo, pero es cosa de los inicios... creo. Presentar la situación de todos los personajes es tedioso.
Para esta trama quiero un romance lento que nadie note jajajaja así que tengan paciencia, apenas se están conociendo.
Casualidad o destino.
Cualquier persona hubiera suspirado ante la belleza y cuidado con el que adornaron la habitación. Él tuvo que contener la respiración a causa de las miles de emociones que lo golpearon al ver el pasillo de pétalos que llevaba a una cama con rosas y dos cisnes de toalla.
El champagne seguro ya estaba malo, los tentempiés parecían secos, y seguro el agua de la tina estaba helada.
Incluso así, él se acercó a la cama, se sentó y pasó una mano por su cabello bufando por no encontrar a cierta castaña lista para darle una muy merecida bofetada.
Estaba entre arrepentido y aliviado, se sentía culpable pero agradecido. Y es que un divorcio se vería mal, en especial porque dudaba mucho que hubiera podido mantener la fachada por más de unos meses... Era un desgraciado, lo sabia, un cobarde que merecía quedarse solo por dejar plantada a su joven novia que muchas veces lo esperó despierta después de una larga jornada de trabajo para escucharlo hablar aunque no entendiera nada de lo que decía.
Suspiró de manera audible antes de quitarse los lentes y dejarlos a un lado para pasar las manos por su rostro.
No sabia donde más buscar, sabía por Lien que no estaba con Touya ni Meiling. Y esta última tenía ganas de asesinarlo. No pensaba entrar en un enfrentamiento con la chica de ojos carmesí, de por sí tuvo que soportarla por semanas.
En un mundo alterno, Meiling y Tomoyo hubieran sido amigas muy cercanas por lo observadoras que eran. Ambas pelinegras notaron su estado dubitativo al acercarse el gran día; solo una lo confrontó, la otra se limitó a una amenaza de matarlo si hacía sufrir a su amiga.
Y vaya que lo hizo, sin querer, pero dañó a Sakura de una manera que no podría remediar.
Sintió su celular vibrar y lo sacó con un corazón alterado al creer que era la castaña llamando. Pero al ver el nombre del intento de padrino que se consiguió, solo gruñó.
—No... No la he encontrado si para eso... —espetó como saludo.
—Ya sé que no la has encontrado —refutó la otra voz con ironía—. Solo llamo para avisar que no pude cancelar los boletos para la luna, están a nombre de Sakura.
Eriol suspiró cerrando los ojos. Al momento de hacer reservaciones no quiso dejar su nombre plasmado en nada, tonterías suyas o presentimiento de que no llegaría al gran día.
—¿Cómo va la cabeza? —insistió el que llamó mientras autos se escuchaban a su espalda.
Entonces entrecerró los ojos.
—Tienes agallas, Lien —gruñó—. Esto es tú culpa...
El otro chistó varias veces.
—No, no, déjame recordarte que te dije que era demasiado, y literalmente me corriste argumentando que era un don nadie aburrido —rememoró el aludido.
—¡Pues debiste quedarte! —exclamó incorporándose y poniendo una mano en su sien al sentir una punzada en la cabeza—. Eres un desgraciado; como tu vida es patética quisiste que Sakura y yo...
—Y dale con lo mismo —interrumpió Lien sin gramo de enojo—. Ambos sabemos que no te querías casar; la despedida fue solo un pretexto barato para ahogar tus penas en alcohol... Además, ¿quién carajos tiene una resaca de veinticuatro horas?
—No tolero el tequila, lo sabes, idiota —masculló Eriol acercado a a la ventana de la habitación desde donde se podía ver toda la ciudad.
—Y aún así eso quisiste tomar —señaló si disque amigo, con obviedad—. Así que no niegues lo evidente y deja de culparme por tu cobardía.
El de lentes suspiró con fuerza y puso dos dedos en su nariz.
—¿Hablaste con Meiling?
Escuchó un carraspeo.
—Si a eso le llamas hablar... No sabe dónde está y tiene el celular de Sakura, por si la estabas llamando...
Eriol negó.
—Con razón no contesta...
—Aunque me dijo que Touya tampoco contesta... Tal vez están juntos planeando dónde enterrarte cuándo acabe contigo —dijo, jocoso, su padrino.
—Muy gracioso —susurró, cansado.
Hubo silencio y luego escuchó que el chico cerró una puerta.
—Si quieres un consejo...
—¿Otro?
—Uno que deberías seguir —alegó Lien con cierto hartazgo—. Dale espacio; la dejaste plantada en su boda, obvio no quiere saber nada de nadie...
—¿Y si hace algo? No sé... Ella es...
—Es Sakura, lo manejará a su modo —musitó el otro con cierto tono de tristeza—. Años de noviazgo y jamás la terminaste de conocer.
Aquella frase hizo que Eriol arquera una ceja con confusión, pero sacudió la cabeza descartando ideas.
—Esta bien —admitió—. Si llegas a saber algo...
—Serás el segundo en enterarte, ya sabes que Meiling anda como fiera y cualquier cosa para calmarla me servirá...
El de lentes asintió.
—Bien, gracias.
Hubo silencio por unos segundos.
—A todo esto, ¿dónde estás?
Eriol miró a su alrededor con un gesto decaído.
—El hotel de la noche de bodas...
Lien chistó con fuerza.
—Y me dices idiota.
—¿Hamburguesa?
—Comida rápida.
—Subway.
—Comida rápida.
—Alitas...
—Ni siquiera es comida.
—Tienen pollo...
—Y debes comer como veinte para sentir que te alimentaste con algo decente.
Orbes verdes parpadeaban con incredulidad mientras su acompañante se movía incómodo al manejar.
—¿Me estás diciendo que jamás has ido a un restaurante de comida rápida? ¿Nunca?
Syaoran se volvió a mover en su siento, esa cara de estupefacción lo hacía sentirse bicho raro.
—No sé que tiene de raro cuidarse —alegó con seguridad.
—No es que sirvan veneno en esos lugares...
—Pues casi, casi...
—¿Ni una pizza has probado? —Syaoran suspiró con fuerza antes de negar—. ¿Qué clase de infancia tuviste? —cuestionó Sakura llevando la mirada al frente.
—Una mucho más saludable que la tuya, eso te puedo asegurar —refutó él endureciendo la mandíbula.
—O limitada; Dios, ¿quién no ha probado una pizza en su vida?
—Pues yo no le veo lo malo...
—¿Cuántos años tienes?
El castaño levantó ambas cejas con sorpresa no esperando la pregunta. Se aclaró la garganta y se detuvo en un semáforo rojo.
—Amm, veintiocho...
La chica puso ambas manos en su boca. ¿Tan viejo se veía?
—¡Veintiocho años! —exclamó, incrédula. Sí, tal vez ya se le veían arrugas o...—. ¡Tantos años sin probar una pizza!
El chico parpadeó varias veces antes de verla de reojo no pudiendo creer que ese tema fuera algo tan importante para la joven novia.
—¿Y tú cuántos años tienes? Para calcular cuánto tiempo de vida te queda por tanta porquería que seguro comes.
Sakura entornó los ojos antes de hacer un puchero.
—Eso nunca se le pregunta a una mujer...
—¿Treinta?
La castaña volteó a verlo con los ojos y boca muy abiertos.
—¿Me veo vieja?
—¿Veintiuno?
La chica frunció el ceño.
—Ahora me estás dando por mi lado...
—Nada te parece.
Sakura cruzó los brazos con un gesto de enojo.
—Eso no se le pregunta a una mujer, menos a una que acabas de conocer.
Syaoran giró hacia la derecha y puso sus intermitentes. Presionó un botón en el techo de su camioneta y Sakura volteó para encontrarse con un alto edificio color gris. Las puertas negras de metal, frente a ellos, se estaban abriendo con lentitud. Llevó la mirada más arriba para notar que el edificio era enorme y se veía lujoso en extremo.
—¿Por qué les ofende decir su edad?
—¿Vives aquí? —cuestionó ella de regreso.
El chico hizo girar los ojos entendiendo que no le sacaría su edad, aunque no necesitaba ser un genio para deducir que tenía entre veinticinco y veintiocho años.
Se estacionó en su lugar designado, tras apagar el motor y quitar las intermitentes, bajó del vehículo para darle la vuelta y abrir la puerta trasera de dónde sacó las muletas de su acompañante. Después de cerrar, repitió el acto pero con la puerta del conductor, le entregó las mencionada y esperó para cerrar.
Sakura las tomó pero no pudo evitar estudiar los autos estacionados, escuchó la puerta cerrarse a su espalda y luego vio de soslayo a Syaoran bajar las bolsas de comida. Todos los vehículos a su alrededor eran de lujo, incluso al fondo había un Ferrari rojo.
No era de intimidarse, jamás lo fue gracias a las múltiples fiestas a las que acudió de pequeña. Se alejó de todo eso cuando su madre... Sintió su estómago caer al suelo y bajó un poco la mirada rememorando el enorme esfuerzo que hizo su padre por pagar el vestido de novia que ahora yacía en una bolsa negra de basura.
—¿Vienes? —Escuchó detrás.
Se aclaró la garganta antes de forzarse a poner un gesto neutral y girar para seguir al castaño.
Llegaron hasta una puerta automática que se abrió apenas se acercaron, cruzaron el lobby de azulejo negro y paredes grises con acabados de lujo en el que un policía de gesto serio dio un leve asentimiento al ver a Syaoran.
Caminaron hasta el elevador de puertas de cristal, el castaño presionó el botón de flecha arriba y las puertas se abrieron inmediatamente. Él le hizo con la cabeza un ademán de que entrara a lo que ella obedeció sintiéndose bicho raro, pues el lujo iba acrecentándose con cada paso que daba.
Él seleccionó el botón número ocho, una vez que las puertas se cerraron, se apoyó en una de las paredes de cristal mientras que ella volteó para ver con asombro cómo el lobby se iba alejando conforme subían. Era un elevador que no ocultaba a sus usuarios, en cambio, dejaba a plena vista la asombrosa estructura del lugar.
Una vez que se detuvo, levantó la vista y quedó con la boca abierta al encontrar el cielo azul sobre su cabeza.
—Vamos —masculló su acompañante.
Sakura parpadeó varias veces antes de regresar en sí y fruncir el entrecejo mientras miraba la espalda del castaño. ¿Sería rico?
¿O sería un narco y por eso conocía tanto de México?
Negó varias veces tratando de alejar esos pensamientos de su cabeza. Ya habían dormido bajo el mismo techo. Hasta ese momento se puso a pensar en que probablemente era un sicario y que ella hasta a su casa de ensueño —o pesadilla—, lo invitó.
Se detuvieron frente a una puerta color negro con un número cuatro, de metal, en ella.
Syaoran sacó una tarjeta de su cartera y la introdujo en la ranura que mostraba una luz roja, no pasaron ni tres segundos cuando esta cambió a verde y la puerta se abrió, sola.
Fue cuando detalló que ni manija tenía.
El chico empujó de a poco antes de trastabillar y endurecer la mandíbula. Algo que puso a su acompañante en alerta al imaginarse que en efecto era algún tipo de criminal que la envolvió sin darse cuenta. Vagamente se vio usando una de sus muletas como arma, dándole un fuerte golpe en la cabeza al hombre que la ayudó en múltiples ocasiones.
—Mierda, lo olvidé —susurró él.
No supo porqué, pero Sakura de pronto se imaginó a una mujer desnuda sobre un lujoso sillón esperando por el caballero que la acompañaba. La escena le despertó un muy visible sonrojo y odió que su mente brincara de una cosa a otra en cuestión de segundos.
Su hermano decía que tenía una imaginación muy activa, ella solo se consideraba rara en demasía.
Syaoran la volteó a ver un segundo antes de regresar la mirada a su hogar. Se movió de un pie a otro antes de bufar y finalmente abrir la puerta.
Y aunque no había mujer desnuda, la escena fue igual de incómoda como si lo hubiera estado.
Vislumbró pétalos de rosa sobre el suelo de madera gris que formaban un camino hacia algún destino del departamento. Cada cierto espacio yacía un vaso con agua y una vela apagada en ella. Al llevar la mirada a lo que probablemente era la sala —no veía muy bien en la oscuridad sin sus lentes—, encontró más pétalos que formaban un corazón.
—Vaya —musitó, asombrada.
Syaoran rascó su cabeza antes de negar y pasar la mano por la pared a su lado. Entonces las persianas del lugar se levantaron de manera automática dejando entrar el brillo del sol en la estancia donde había una sala color negro de piel. Sakura no quería ni apoyar las muletas, temía rayar el suelo.
—Perdón, olvidé que me salí sin limpiar...
La chica entró sin apartar la vista del camino de pétalos.
—¿Y no aceptó? —masculló sin pensar.
El joven se movió incómodo habiendo escuchado lo murmurado.
—Ammm... Pues sí, dijo no.
Las mejillas de Sakura se encendieron al darse cuenta que expresó en voz alta sus pensamientos. Giró tan rápido como las molestas muletas le dejaron y lo vio avergonzada.
—¡Hoe! Perdón, no te quise hacer sentir peor...
Syaoran se encogió de hombros aunque en su pecho sentía una doloroza punzada.
—No pasa nada; la cocina está al fondo, te espero ahí —señaló encaminándose hacia el lugar. En el trayecto, negó mientras dejaba caer sus hombros.
El rechazo de Akiho lo dejó mal. Tanto que solo salió de su departamento dejando todo como estaba, ignorando incluso que se pudo incendiar el lugar por las velas.
Nunca pensó en los pormenores de regresar al lugar donde la que creyó que era el amor de su vida le arrancó el corazón para luego darlo de comer al conejo que sí se llevó con ella.
Sakura, por su lado, mordió el interior de su mejilla odiando esa manía que tenía de decir cosas que pensaba en voz alta.
Eriol le pidió matrimonio en un restaurante de lujo, a la manera antigua de rodilla doblada y promesas de eternidad. Su ex era un galante de exagerada labia que no tenía ni pizca de detallista. Todo lo hacía con la boca...
Ok, eso sonó más pervertido de lo que realmente quiso... Algo así.
Pero jamás le hizo fiestas sorpresa o cosas como la que estaba presenciando, no se imaginaba qué clase de mujer pudo rechazar una pedida de matrimonio de ese nivel.
Al querer seguir al castaño, alcanzó a ver un portaretratos color dorado. Haciendo una mueca de culpa e indecisión, se acercó a la chimenea y observó la imagen con detenimiento.
La chica era hermosa, eso no lo podía negar: Cabello dorado cenizo, ojos azules llenos de inocencia, una sonrisa tierna, mejillas coloradas —¿sería maquillaje?—, y pómulos llenos en sus respectivos lugares.
Los caireles a cada lado de su rostro la hacían ver un tanto aniñada, pero eso incrementaba el atractivo.
—Se llama Akiho. —Escuchó y se sobresaltó, giró para ver al castaño con las manos dentro de su pantalón con un gesto de tristeza y confusión—. Llevábamos cinco años de relación y creí que estábamos listos para el siguiente paso.
Syaoran no entendió porqué le estaba contando, era como si el haber conocido al patán que la dejó plantada, hubiera creado una deuda que sentía debía pagar compartiendo su lado de la historia.
—Algunas personas le temen al compromiso. —Quiso justificar ella alejándose de la fotografía.
El chico pasó su peso de un pie a otro antes de suspirar.
—En realidad, conoció a otra persona —corrigió en voz baja clavando la mirada en uno de los vasos.
Sakura no pudo describir lo que sintió en ese momento, fue acidez mezclada con ansiedad junto a una sensación de caída libre.
"Otra persona"
—Vaya —susurró mordiendo su mejilla—. Eso... ¿Lo siento?
Syaoran se encogió de hombros. Había acudido a la sala a barrer los pétalos, pero al encontrar a la chica admirando la fotografía de él con su ex, algo lo empujó a hablar.
—Como te dije, estaremos bien... —refutó antes de aclararse la garganta—. ¿Sabes hacer de comer o solo te alimentas de cosas mortíferas?
Sakura entornó los ojos y luego sacó su labio inferior.
—Mientras tú prendas la estufa, puedo maniobrar con estas cosas para ayudarte —dijo avanzando a él.
—Supongo que prender la estufa con muletas es un reto —señaló Syaoran guiándola a la cocina.
La chica suspiró con fuerza.
—En realidad le tengo pavor al gas y el fuego, yo quería una estufa de ignición pero Eri... Él dijo que debía superarlo.
El chico hizo la boca de lado.
—Bien.
No estaba de acuerdo con eso, pero se lo guardó. Algunas personas no entendían que no siempre hay que enfrentar los miedos para superarlos; a veces, solo se incrementa el temor.
Y una estufa de ignición valía lo mismo que la que vio en casa de la joven novia. El hombre era un patán disfrazado de caballero.
Ojalá nunca tuviera que interactuar, de nuevo, con él.
¡La chica sabía cocinar! Pero era un desastre para coordinar.
Comieron en el desayunador de la cocina desde donde Sakura no dejó de admirar el lujo del departamento. Pero cuando de verdad envidió al castaño, fue cuando alcanzó a ver el mini refrigerador lleno de chocolates justo en la parte baja de donde se alimentaron.
¿Comida saludable?
Bah, podía morir por exceso de azúcar en cualquier momento. Y lo disfrutaría.
La chica lo observó mientras lavaba los platos que utilizaron; hicieron pollo teriyaki con arroz. Ninguno sabía calcular cantidades, así que tenían de sobra para comer, cenar y probablemente desayunar al siguiente día.
—¿Puedo pasar a tu baño? —preguntó ella dejando su celular sobre la barra.
Syaoran no se giró.
—Fondo a la izquierda —respondió de manera desinteresada.
—¡Gracias! —exclamó ella acomodando sus muletas para seguir las instrucciones dadas.
Cuando se fue, el castaño se limpió las manos con la toalla que colgaba a su lado y volteó. Al encontrar el celular de Touya en la barra frunció el ceño.
Sakura creía que no notó que cada llamada la desvió. Que desde que salieron de la playa solo vio el aparato para meterse a Tik Tok.
No se imaginaba lo que su hermano estaba sintiendo. Y eso, si la chica no había apagado la ubicación real del Whatsapp.
Sintiéndose un tanto culpable por los hermanos, se acercó a la barra y tomó el aparato. Solo mandaría mensaje a la persona que llamaba con tanta insistencia para hacerle saber que estaba bien.
Al desbloquearlo encontró 38 llamadas perdidas.
Entornó los ojos y bajó el menú de notificaciones para encontrar que las llamadas eran de ML. Arrugó el entrecejo antes de meterse al WhatsApp.
Solo un mensaje... No vería nada más.
Pero el dichoso WhatsApp era esa versión pirata, hackeada también llamada WhatsApp plus. Lien una vez se lo mostró, estaba emocionado porque permitía ver los estados sin dejar rastro, leer mensajes sin mostrar las dos palomas y mucho más.
Perfecta para un mujeriego como él... Cómo Lien.
Notó que el modo avión estaba activado, así que la chica sí dejó de compartir la ubicación y literalmente se desconectó de todo.
Suspiró, cansado. Si fuera su hermanita estaría más allá de preocupado; es más, si la chica fuera Tomoyo ya la habría regañado por desaparecer después de todo lo que pasó.
Activó el WhatsApp, esperando que Sakura entendiera que dejar a su familia en ascuas era malo, y abrió los ojos con sorpresa cuando más de cien mensajes llegaron, uno tras otro, en el chat de ML.
—¿Qué...?
Todos los mensajes eran ofensivos, todos. Unos con palabras antisonantes, otros con emojis y stickers de enojo, y muchos más diciéndole que era un cobarde, patán, como el idiota que dejó plantada a su hermana.
Fue que cayó en cuenta que esos mensajes y llamadas eran para Touya. No para Sakura.
—¿Qué haces?
Dejó caer el aparato ante la sorpresa, fue tanta su torpeza que incluso llegó al suelo.
—Mierda —musitó agachándose para levantarlo. Para su desgracia cayó del lado de la pantalla.
—¡Hoeeeeeee! —exclamó Sakura avanzando, con torpeza, a él—. ¿Se rompió? Dime que no se rompió.
Cuando el chico giró el aparato, ambos se encogieron al notar la pantalla estrellada.
—Mi... Erda —suspiró Syaoran pasando una mano por su cabello.
—Hoeeeeeee.
Si se sentía culpable por andar de chismoso, ahora se sentía peor por ser un destructor.
Tengo las escenas del próximo capítulo sin editar y como borradores mal estructurados. Espero terminar para el fin de semana y ya por fin empezar con lo bueno de la trama.
Siempre quise usar un shipp en mis historias, creo que lo notaron en la última escena. Vamos a ver como se dan las cosas porque mis personajes suelen hacer lo que se les da la gana.
¿Ya quieren que estos empiecen con el un clavo saca a otro clavo? Yo estoy ansiosa :D
