¡Capítulo 14! Espero que os guste!

Personajes de Akira Toriyama


Capítulo 14. Poderosa.

El ataque a la base de Cooler fue inevitable. Guerreros con armaduras doradas salían de la nave que sobrevolaba el planeta para atacar a los soldados que rendían obediencia al cruel tirano. Entraron a la fuerza y lucharon contra todo enemigo que se interponía en su camino. Habían recibido órdenes de matar a todo aquel que fuera contra ellos y de liberar a todos esclavos o seres de escaso poder.

Mientras se libraban diversas batallas por toda la base, Vegeta volaba por los pasillos cargando a Bulma entre sus brazos. Ninguno de los dos sabía quién era el atacante. El Príncipe solo era consciente de que aquella no era su lucha. Posiblemente podía ser una oportunidad para unirse a quien decidía atacar la base de Cooler.

–¡Vegeta! –el grito de Bulma le apartó de sus pensamientos. Contempló a la mujer que observaba detrás de él con temor. Se giró, encontrándose con Turles volando detrás de ellos.

–Hijo de perra–aferró a la mujer con fuerza y aumentó la velocidad del vuelo. Ella gritó asustada mientras veía como el guerrero les seguía con una sonrisa macabra en su rostro.

Turles no pensaba perder la oportunidad de enfrentarse con el Príncipe. No iba a dejarle escapar con facilidad, por lo que aumentó la velocidad del vuelo a la vez que estiraba uno de sus brazos. Bajó los ojos azules de Bulma, creó una esfera amarilla en la palma de su mano. Ella se espantó al ver las intenciones del saiyajin y quiso avisar a Vegeta, pero su enemigo fue más rápido que sus palabras.

Por fortuna, Vegeta pudo sentir aquella esfera de ki y, antes de que impactase contra él, protegió a Bulma con su cuerpo. El golpe le dio en la espalda y le hizo perder el equilibrio, tumbándoles a ambos en el suelo.

–¡No huyas, cobarde! –Turles bajó el vuelo y se quedó a un metro de distancia. Bulma tenía la espalda pegada al suelo mientras gemía dolorosamente por el impacto, mientras que Vegeta estaba encima de ella, rodeándola por la cintura y con una leve herida en el hombro por culpa de aquella esfera de ki–. ¿Y este es el famoso Príncipe de los saiyajins? –

Vegeta se incorporó mientras analizaba el estado de Bulma. Gracias a que la protegió salió ilesa del ataque que, aunque no era potente, resultaba mortal para alguien como ella. Con el ceño más marcado se giró para enfrentar a Turles, quien estaba de brazos cruzados, con la cabeza alta y aquella sonrisa de lado. El Príncipe estaba dispuesto a borrarla de una vez por todas.

–Esto empieza a ser divertido–comentó Turles que ignoró al Príncipe para fijarse en Bulma–. Esa mujer es con la quien tuviste al engendro. No, mucho mejor. Tuvisteis dos. –

–¿Esas serán tus últimas palabras? –Turles alzó una ceja sin borrar su sonrisa. Sabía que su postura desquiciaba a su enemigo, pero no tenía en cuenta que éste era mucho más altivo y poderoso que él.

–Deseo matarme, pero reconozco que preferiría que tu hijo fuera el primero–el saiyajin separó los brazos y los puso a ambos lados de su cuerpo. Vegeta le analizaba, sabiendo que el combate tendría comienzo en poco tiempo–. Ahora me replanteo otras cosas. –

Turles avanzó hasta él con paso lento. Vegeta, por su parte, se puso en posición de combate, dispuesto a golpearle si se acercaba más. Miró un momento a Bulma por el rabillo del ojo para comprobar que estaba bien. Ella se encontraba de pie y pegada a la pared, con un gesto asustado mientras no perdía detalle en el guerrero que les hizo frente.

–Pensaba patear al desgraciado de tu hijo y dejarle inmovilizado para que viera como disfrutaba de esa ramera que le regalé–Turles se detuvo a medio metro de él. En ningún momento desapareció aquella malévola sonrisa, la cual compaginaba a la perfección con la frialdad de sus palabras–. Ahora puedo patearos a los dos y, cuando estéis comiendo suelo y sin poder moveros, veréis como me divierto con esa de ahí. –

Un escalofrío gélido recorrió el cuerpo de Bulma cuando el saiyajin la señaló con su sanguinaria mirada. Los recuerdos del día que lo encontró en el laboratorio volvieron a ella. Su estómago se revolvió en solo pensar que esa bestia podía volver a poner sus manos sobre ella. Sintió asco y nauseas. Se mentalizó de que debía mantener la calma. Mientras Vegeta estuviera allí sabía que estaba a salvo. Sabía que el Príncipe era mucho más fuertes y que convertiría las amenazas de Turles en palabras que se llevaría el viento.

En ese momento, un temblor sacudió nuevamente la base. Ella se pegó a la pared para no caer nuevamente. Los dos saiyajins levitaron para no tocar el suelo y poder tener una pelea sin complicaciones.

–Perfecto–Vegeta mostró una sonrisa de lado que incómodo a su contrincante. Esperaba verle rabiar por su amenazaba, en cambio se mostró desafiante e indiferente a sus palabras–. Lo último que dirás serán únicamente mentiras. –

Vegeta ya había tenido demasiada paciencia con él. Odiaba tener que ver su cara y sus expresiones burlescas. Se movió rápido hacia él para propinarle el primer golpe con el que pensaba borrar su maldita sonrisa. Fue rápido y Turles no lo vio venir. El puño del Príncipe impactó con fuerza contra su rostro.

–Vegeta–el Príncipe miró por el rabillo del ojo a Bulma, que con dificultad podía mantenerse en pie–, no podemos perder tiempo. Bra nos necesita. –

El Príncipe frunció el ceño y asintió. Estaba de acuerdo con su mujer. La prioridad en ese momento era Bra y no aquel tipo, por lo que debía matarlo cuanto antes. Le observó y sonrió al ver su nariz partida y un rastro de sangre que emanaba de ella. Turles, con el dorso de su mano, se limpió la herida, ensuciando su guante con el líquido rojo. Su sonrisa se borró y dejó salir un gruñido de rabia. Alzó la mirada a Vegeta y se colocó nuevamente en postura de combate para, posteriormente, abalanzarse contra él y golpearle, pero éste era más rápido y pudo esquivar el ataque con facilidad.

Vegeta atrapó ambos puños del guerrero mientras le dedicaba una sonrisa malvada para aumentar la ira del saiyajin. Éste intentaba zafarse, pero el Príncipe le aferraba con fuerza. Elevó su rodilla y la clavó con fuerza en el estómago de Turles, que se dobló a la vez que escupía sangre. Repitió el mismo golpe dos veces más, hasta que le propinó un rodillazo en su mentón. Consiguió empujarle a dos metros de él, haciendo que su cuerpo impactase contra el suelo.

–¿Eso es todo lo que sabes hacer? –se burló el Príncipe que escuchaba los gemidos de dolor de Turles–. Ni siquiera necesito transformarme para vencerte. Eres ridículo. –

Turles se puso en pie mientras limpiaba la sangre que salía de su boca y que cubría su barbilla. Vegeta esperaba verle rabiando y blasfemando, pero, en cambio, se encontró con que el saiyajin reía a mandíbula suelta.

–Eres tan idiota–Turles aumentó su ki mientras reía y, ante los ojos del Príncipe y la científica, el guerrero se transformó en Super Saiyajin. Vegeta apreció con rabia como la fuerza de su enemigo se había elevado–. ¿Creíste que no podía transformarme? Deberías saber que todos tenemos secretos y valió la pena ocultarlo para ver esa cara que has puesto. –

Turles se lanzó para contraatacar. Esta vez Vegeta no fue capaz de esquivar el puñetazo que impactó en uno de sus pómulos, que le hizo girar la cabeza, y tampoco pudo evitar el otro que le dio en la otra mejilla. Continuó con una fuerte patada directa a la altura del pecho, empujándole a varios metros de él, tirándole al suelo ante la mirada atónita de Bulma, quien tuvo que cubrir su boca para no gritar tras el ataque.

Vegeta golpeó con fuerza las baldosas antes de ponerse en pie. Mostraba un corte en su mejilla izquierda de la cual brotaba un río de sangre que ensuciaba su rostro. Apretó los puños con fuerza. No iba permitir que Turles le venciera. Aumentó su ki para transformarse en Super Saiyajin y volver a retomar la pelea. Voló hasta el soldado y ambos comenzaron una batalla que debía finalizar con la muerte de uno de ellos.

El Príncipe le golpeó con su puño en el mentón, mientras que Turles, con el suyo, le dio a la altura del cuello. Los dos eran saiyajins poderosos, pero Vegeta había mostrado más fuerza al ganarle terreno. Contaba con más años de experiencia dominando aquella transformación mientras que su enemigo no parecía haberla utilizado en muchas ocasiones.

Vegeta consiguió estamparlo contra la pared que estaba frente a Bulma. Allí el saiyajin se quedó encajado mientras recibía innumerables golpes en el estómago. Su ki disminuía y podía ser cuestión de segundo que cayera inconsciente, pero, antes de recibir otro puñetazo, lo esquivó. Turles agarró a su contrincante por la cabeza y estampó la suya contra la de él con todas sus fuerzas. El Príncipe se vio obligado a retroceder un poco y su enemigo lo utilizó para golpearle nuevamente en el pómulo. Logró que chocara contra el muro donde se encontraba la humana.

Resbaló hasta caer sentado al suelo. Bulma quiso agacharse para atenderle, pero Turles se lo impidió tomándola con violencia por el brazo. La empujó contra la pared y allí la acorraló. Acercó su cabeza al cuello de ella para poder oler su perfume.

–Que bien me lo voy a pasar–dijo el guerrero con malicia para después pasar su lengua manchada de sangre por el cuello de ella, dejando rastro del líquido rojizo por su piel.

Vegeta reaccionó enseguida. Se puso en pie y le propinó una patada en las costillas que le apartaron de la humana. El Príncipe se giró para contemplar a la mujer que tenía una mueca de desagrado y temor. Pasó su mano por su delicado cuello y limpió la sangre que lo manchaba.

–No está marcada–Vegeta se giró al escuchar a Turles que se ponía en pie–. Su cuello no presenta ninguna marca. No es tuya. –

–Las marcas en el cuello solo lo hacéis los saiyajins de baja calaña–habló Vegeta con el ceño marcado–. Os creéis que podéis marcar a una mujer para que otro no os la quite, porque sois así de páteticos. Yo no necesito hacerle eso a mi mujer, porque sé que no se rebajaría a estar con una mierda como tú–la sonrisa se Turles se hacía más grande con cada palabra del Príncipe–. No vuelvas a tocarla. –

–Perdiste la cabeza como el imbécil de tu padre la perdió por la estúpida Reina–Turles seguía atormentando al Príncipe con sus palabras. Quería desequilibrarlo antes de matarlo–. Esa era una zorra de tercera. Recuerdo que me contaron que su hermano la prostituía para ganar dinero, porque la aborrecía por ser tan débil. Estoy seguro de como el Rey llegó a conocer a tu madre–el guerrero movió los dedos de tal manera que daba a entender que la forma en que la conoció fue pagando por ella.

Turles era un manipulador con experiencia y consiguió que sus palabras envenenadas hirvieran la sangre de Vegeta. Ni aun estando muerta ningún saiyajin podía desprestigiar a la Reina, porque eso era traición y se pagaba con la vida.

–Voy a cambiar mis planes–Turles siguió hablando con cinismo–. Pienso matarte a ti y a tu mujer, después me encargaré del asqueroso de tu hijo y de su ramera–Bulma notó un nudo en el estómago. Aquel hombre era tan impredecible que conseguía atemorizarla–. Tengo mucha curiosidad, Vegeta. ¿Cuántos años tiene tu hijita? –

La arrogancia de Turles y sus palabras manchadas por su crueldad fueron un detonante para Vegeta. Nadie podía poner una mano encima a ningún miembro de su familia, y, a la que menos, a quien ni siquiera debían mencionar, era a Bra. Su pequeña era el ser más inocente que conocía y no pensaba dejar que su infancia se viera marcada por el mismo tormento que destruyó la suya. Ella tenía a sus padres y a su hermano, cuando él perdió todo aquello por culpa de Freezer. No permitiría que un ser como aquel arrogante saiyajin se atreviera si quiera a nombrarla.

La rabia que sentía se extendía a gran velocidad por todo su cuerpo, consiguiendo que su ki se elevara notoriamente. Turles no dejaba de contemplar con una sonrisa la imagen del Príncipe con las venas marcadas en sus músculos. Ignoraba por completo lo que estaba ocurriendo antes sus narices.

El cabello de Vegeta era más erizado y la llama dorada que lo envolvía estaba acompañada de pequeños rayos azules. Turles, en ese instante, se percató de que su ki no se había elevado a causa de la cólera, sino porque estaba alcanzando la transformación del Super Saiyajin 2.

–Enhorabuena, Turles–Vegeta mostró una sonrisa más malévola que la que mostraba anteriormente su rival–. Has hablado lo suficiente para cabrearme. –

Vegeta extendió su brazo apuntando a Turles y abrió la palma de su mano justo a la altura del pecho del guerrero. Su enemigo se encontraba inmóvil. Estaba tan asombrado de ver al Príncipe en Super Saiyajin 2 que no era capaz de reaccionar.

–Te daré la última oportunidad para que elijas las palabras correctas antes de eliminarte–Vegeta formó una potente bola azulada de ki en la palma de su mano–. ¡Habla, insecto! –

Turles fue capaz de reaccionar al ver la esfera de ki. Apretó los dientes y los puños. No pensaba morir allí carbonizado y mucho menos a manos de Vegeta. Se lanzó hacia él para propinarle su mayor golpe y matarlo antes de que éste se adelantase. El Príncipe vio su movimiento y no dudó en reaccionar. Libero la bola y la estampó contra el cuerpo del guerrero que volaba hacia él.

Tras el impacto, una fuerte luz blanca inundó el pasillo e hizo temblar todo el lugar. Bulma se vio incapaz de mantenerse en pie y cayó al suelo mientras cubría sus ojos, protegiéndolos de aquel brillo tan intenso que duró varios segundos.

Se formó una gran humareda que se disolvió escapándose por el gran agujero que se creó en aquella parte del pasillo a causa de la explosión. Vegeta observó el cuerpo de Turles tirado en el suelo y con los ojos en blanco. Sonrió satisfecho al ver que su enemigo yacía sin vida.

–¡Vegeta! –Bulma se puso en pie y se acercó al guerrero para abrazarle con sus fuerzas. Ella era consciente, aunque fuera incapaz de sentirlo, de que él había aumentado su poder. Mostró una sonrisa de tranquilidad y apoyó su cabeza en el pecho del Príncipe, quien acarició su cabello con delicadeza.

–Tenemos que salvar a Bra–recordó el Príncipe mientras volvía a su apariencia normal.

Bulma se separó de él y, con el semblante serio, asintió. Debían apresurarse en buscar a los demás y en llevarse una nave. Su hija corría severo peligro y debían salvarla.


Raditz iba volando por los pasillos con su hermano siguiéndole a medio metro de distancia. De vez en cuando le observaba con disimulo y, en algunas ocasiones, estudiaba a la mujer que cargaba entre sus brazos. Físicamente parecía una mujer saiyajin por su cabello y sus ojos negros, pero la falta de cola y el ki diminuto decían otra cosa.

–¿Serán enemigos de Cooler? –escuchó la voz de su hermano menor cuestionar. Tenía un semblante serio mientras seguía el vuelo de Raditz–. Están masacrando a todos los soldados. –

–No parecen interesados en los esclavos–cuando Raditz pronunció aquellas palabras contempló a Chi Chi–. Es probable que sea una venganza. –

–¿Crees que nos atacarán? –la pregunta de Kakarotto generó angustia en Chi Chi.

–Somos soldados en esta base–confirmó el melenudo mientras fruncía el ceño–. No dudarán ni un segundo. –

–¡Pero tú no eres como el resto, Goku! –aquella situación tenía atemorizada a la mujer. Primero por la pelea con Paragus y ahora por quien atacaba la base.

–Seguro que podremos hablar con ellos–Kakarotto, manteniendo su sonrisa, intentó tranquilizar a la mujer.

Raditz escuchaba con cierto recelo a la pareja intercambiar palabras. No imaginó que su hermano estuviera emparejado con una mujer que le resultó bastante atractiva. Lo que más le inquietaba era aquella forma que tenía ella de nombrarlo.

–¿Por qué esa mujer te llama Goku? –cuestionó Raditz con un tono de evidente molestia.

–Porque ese es mi nombre–la respuesta de Kakarotto no tardó en conocerse, lo que provocó que Raditz detuviera su vuelo de golpe para encarar a su hermano, quien frenó al mismo instante que vio detenerse al melenudo. El mayor tenía una mirada agresiva que consiguió incomodar a la mujer–. Los saiyajins me mandaron a la Tierra y allí un anciano me crio y me dio un nombre. Goku. –

–Pero nuestros padres te pusieron Kakarotto, un nombre saiyajin y no humano–Chi Chi contemplaba la escena con cierta preocupación. No entendía porque debían detenerse a debatir. Solo veía que Radtiz estaba molesto por la historia de su pareja.

–Siento si te ofendo con mis palabras–Kakarotto bajó el vuelo cuando notó que los temblores cesaron. Soltó a Chi Chi y está se colocó detrás de él. La presencia de Raditz la intimidaba–, pero yo viví en la Tierra. Allí me criaron y allí era donde quería morir. Me siento más humano que saiyajin–Kakarotto bajó la mirada–. Sobre todo desde que vivo aquí con el escuadrón. –

Raditz enmudeció. Sus palabras le hicieron recordar el momento en el que fue reclutado para trabajar bajo el yugo de Freezer. Gran parte de su vida la pasó encerrado en aquella infernal base. Recordaba los entrenamientos con Vegeta, las viejas anécdotas que contaba Nappa sobre su planeta y su raza y las ocurrencias de Bulma para que pudieran pasar ratos divertidos. Apretó los puños cuando a su cabeza vino su compañero caído. Sabía que si estaba vivo, en parte, era gracias a él.

Observó a su hermano y se dio cuenta de que él llevaba mucho más tiempo de esclavo. Era evidente que no se llevaba bien con el resto de su escuadrón y era por la diferencia de ideales. Kakarotto era similar a Trunks. No se ensuciaba las manos de sangre inocente, mientras que el resto de saiyajins no dudaban en matar para salvar sus propias vidas.

Soltó un fuerte gruñido como respuesta mientras volvía a poner sus pies sobre el suelo. Le dio la espalda y decidió seguir con su camino, pero se sorprendió al ver que alguien iba a su dirección a gran velocidad.

Raditz fue capaz de esquivar el golpe de la mujer que alzó su puño contra él. Contempló con rabia a la mujer que llevaba una armadura dorada, luciendo el dibujo de un sol en ella. Tenía el cabello castaño hasta la mitad del cuello, tapando su frente con el flequillo, sus ojos agresivos eran verdes y en su rostro tenía numerosas pecas que le daban una apariencia infantil. Lejos de pensar que se trataba de una cría, mostraba una fiereza que puso en alerta al saiyajin.

Tenía un ki muy fuerte, pero Raditz la superaba. La agarró de la muñeca para atraerla hacia él y así poder golpear su frente contra la de ella. La liberó de su agarre mientras contemplaba a la mujer retroceder unos pasos hacia atrás a la vez que se tocaba la zona afectada.

–No me pillas de humor, mujer–gruñó Raditz mientras avanzaba con agresividad hacia ella.

La mujer alzó la mirada y le mostró los dientes. Los apretaba con fuerza tras recibir el golpe del melenudo. No dudó en lanzarse de nuevo hacia él pero no logró nada. Raditz esquivaba los golpes y de un momento a otro sonrió al ver que no se detenía en intentar golpearlo. Hasta que en un descuido, consiguió que su puño golpease el rostro del saiyajin.

–Raditz–Kakarotto iba a acercarse hacia su hermano, pero éste le miró con frialdad. No quería que se entrometiera en su lucha.

–Esto te va a costar caro–Raditz estaba dispuesto a contraatacar y su oponente estaba lista para recibir su ataque.

–¡Cuidado! –Raditz se despistó al escuchar el tono de su hermano.

Alzó la mirada hacia detrás de la mujer al sentir la presencia de dos kis que se acercaban hacia su ubicación. Frunció el ceño al ver a dos muchachos colocarse a ambos lados de la guerrera. Estaba preparado para atacarlos, pero uno de los críos le dejó estático en su sitio.

Se escuchó un fuerte grito detrás de él. Provenía de Chi Chi que no pudo reprimirlo al ver a los dos jóvenes.

El mayor, que parecía estar entrando en la pubertad, tenía el cabello corto y revuelto, de un negro tan intenso como lo eran sus ojos. Su expresión era agresiva al principio, pero luego cambió dejando ver una sonrisa radiante, mostrando la niñez que aún quedaba en él.

El pequeño aún no había dejado la niñez. Su apariencia física fue el imán de las miradas de todos, en especial la de Raditz porque fue quien le detuvo. Era una copia exacta en miniatura de Kakarotto

–¡Gohan! ¡Goten! –Chi Chi salió corriendo a abrazar a los dos menores. Las lágrimas salían de ella sin poder evitarlo, pero no era de pena, sino de una felicidad que la llenaba de vida.

–¿Qué ocurre? –dudó Raditz mientras contemplaba la escena.

–Son mis hijos–Kakarotto se puso al lado de Raditz mientras miraba con una sonrisa a los niños–. Les tuve que mandar al planeta Riolhase para que estuvieran a salvo de Cooler. La última vez que les vimos fue en una comunicación hace por lo menos un año. –

–¿Eso es cierto? –preguntó la guerrera contemplando a los niños. Gohan asintió mientras abrazaba a Chi Chi con cariño.

–¿Por qué estáis aquí? –preguntó Chi Chi mientras les regalaba una sonrisa que podía ensombrecer a sus lágrimas.

–El Rey está atacando a Cooler–avisó Gohan mirando a su padre, quien volvió su semblante más serio–. Sabe que raptó a su hija y ha venido para salvarla. –

–¿No será una muchacha rubia? –Raditz recordó pronto a la chica que acompañaba siempre a Trunks. Sabía que era de linaje real.

–La Princesa Aloy–asintió Goten al saiyajin, luego miró a su madre que estaba preocupada–. Le pedimos al Rey que nos dejara venir para poder salvaros a vosotros. –

Chi Chi abrazó con fuerza al menor de sus hijos. Hacía mucho que no se sentía tan feliz como en aquel momento.

–¿En paz? –Raditz alzó una ceja contemplando a la guerrera que le extendió la mano en señal de amistad. Éste gruño y apartó la mirada de ella–. Idiota. –

–Os llevaré con vuestra Princesa–fue lo único que dijo para retomar su camino ante la mirada de aquel grupo que acababa de formarse.


Vegeta y Bulma llegaron a la puerta que llevaba al vestíbulo del escuadrón. Iban a teclear el código en el panel, pero en ese momento se encontraron a Raditz en compañía de varios más. La peliazul observó a tres figuras que no conocía, sorprendiéndose que dos de ellas eran unos niños. Sus ojos se abrieron de golpe al ver que el más pequeño era exactamente igual que Kakarotto. Fue en ese momento que recordó a Chi Chi confesarle que tenía dos hijos pequeños.

–Debemos abandonar la base cuanto antes–dijo Vegeta mirando a Raditz.

–No deberían hacernos nada–Raditz mostró una sonrisa que confundió tanto al Príncipe como a la humana–. Son aliados. –

–¿Qué dices? –Vegeta frunció el ceño no comprendiendo lo que decía el guerrero.

La puerta del vestíbulo se abrió y por ella salieron Trunks y Aloy. Bulma no dudó en abrazar a su hijo con fuerza. Deseaba darle la noticia de Bra cuanto antes, pero no pudo a causa de que cuatro guerreros de armadura dorada aparecieron al otro lado del pasillo.

Vegeta estaba listo para entrar en combate. Contempló a cada uno de los hombres y se percató de que no eran cuatro, sino que había otro más y estaba en medio. Se trataba de alguien mayor que él, con media melena y barba castaña y ojos marrones. Llevaba puesta una armadura dorada de la cual colgaba una capa rojiza que llegaba a acariciar el suelo. Observó detenidamente lo que llevaba sobre su cabeza. Una brillante corona.

–Son soldados de Cooler–habló el hombre con la corona al ver a Vegeta delante de ellos–. Acabad con ellos sin tocar a las mujeres ni a los niños. –

Vegeta iba a enfrentarse a los guerreros. Había medido el ki de cada uno de ellos y podía decir que eran fuertes, pero no lo suficiente para enfrentarse a él.

–¡No! –la voz de Aloy se escuchó con fuerza. Vegeta y los soldados se detuvieron ante el potente grito–. No son enemigos. –

Los ojos del Rey se abrieron de golpe al ver a la muchacha que se puso justo delante de Vegeta con la mirada puesta en el monarca. Ordenó de manera inmediata a sus soldados detenerse y, con una radiante sonrisa, se acercó a la adolescente.

–Mi pequeña–el hombre avanzó hacia la muchacha que le recibía con una sonrisa. Cuando por fin llegó hasta ella la abrazó con fuerza, provocando que unas pequeñas lágrimas emanaran de ambos.

–Padre–ella alzó la mirada para ver los ojos marrones de su padre, los cuales eran iguales a los suyos. Le notaba algo cansado, con ojeras y con la mirada algo triste, pero con ella a su lado volvió su luz–. Creí que estabas muerto. –

–Lo intentaron–el Rey se apartó mientras comprobaba el estado de la joven–. Envenenaban mi té y yo ni me daba cuenta. Hasta que apareció alguien que me alertó–Aloy escuchó con una fuerte congoja en su pecho el relato de su padre–. Me dijo que estabas viva y que Cooler te tenía presa. En cuanto me recuperé ejecuté al que me intentó matar y preparé a mis hombres para venir a buscarte. –

–Estoy tan feliz de tenerte aquí–Trunks observaba sonriente el reencuentro de Aloy con su padre. Ella se creyó perdida sin él y ahora volvía a lucir como tuvo que hacerlo siempre–. Si estoy viva es gracias a ellos. –

Aloy se giró para observar al grupo. Bulma contestó con una sonrisa mientras el Rey hacía una leve reverencia como gesto de agradecimiento.

–Quien más hizo por ella fue Trunks–informó Bulma mientras colocaba una mano en el hombro de su hijo, quien se sonrojó al instante.

El Rey avanzó hacia el adolescente bajo la atenta mirada de su hija. Trunks trago saliva al verle. Ese hombre imponía tanto por su ki como por su apariencia.

–Estoy en deuda contigo, muchacho–el Rey le extendió la mano. Trunks no dudó en estrecharla–. ¿Cuento contigo para matar a Cooler? –

–Cooler no está aquí–Bulma intervino, consiguiendo la atención del monarca y de su hijo. El Rey borró su sonrisa mientras rompía el contacto con Trunks–. Partió al planeta del Rey Cold. –

–Eso no puede ser–gruñó Raditz al escuchar a la humana–. Nadie sabe donde está ese monstruo. –

Bulma sonrió y se dio un golpe en el pecho con orgullo.

–Yo lo sé–Bulma sonrió ampliamente mientras se ganaba las miradas de sorpresa de la mayoría–. Pude hackear los archivos privados de Cooler desde el ordenador de la enfermería. Tengo las coordenadas. –

Trunks sintió algo en su interior que le estremeció. Después de todo lo que tuvo que pasar y de tanto dolor y sufrimiento, por fin podría buscar a su hermana y salvarla de las garras de esas bestias.

–Permíteme–el Rey llamó la atención de la humana. Éste metió la mano por dentro de su armadura y de ella sacó un pequeño papel doblado y se lo entrego–, ¿son estas? –

Bulma agarró el papel que el Rey le ofreció y lo desdobló. En él estaba escrito con tinta negra unas coordenadas y, sobre éstas, se podía leer claramente "Rey Cold". Tuvo que verlo varias veces para verificar que era la misma información que ella tenía. Su sonrisa volvió a la vez que entregaba de nuevo la pequeña hoja al monarca.

–¡Son las mismas! –Bulma estaba más tranquila, ahora había descubierto que las coordenadas eran exactas. No podía haber fallo alguno en su plan–¿de dónde las sacó? –

–Quien me dijo sobre el paradero de mi hija me dejó también la nota debajo de la almohada–el monarca guardó el papel dentro de su armadura–. Pensaba ir a buscarle una vez enviase este planeta al otro mundo. Una de mis naves tiene fijadas las coordenadas. –

–Podríamos utilizar la nave para ir a buscar a Bra–intervino Trunks mirando a su madre, que asintió ante la propuesta.

–¿Nos dejaría esa nave, Majestad? –el Rey pareció poco convencido, miró a su hija y está movió la cabeza levemente para que accediera.

–Os llevaré hasta ella–el Rey les dio la espalda para caminar hasta el punto donde debían ir.


El grupo llegó hasta la gran nave en la que vino el Rey. Allí dentro había una nave lo suficientemente grande para que la ocupasen hasta diez personas. Bulma estudiaba el vehículo dorado que parecía recién salido de la fábrica.

–Debo entender que destruiréis a Cooler y a Cold–habló el Rey acercándose a Trunks.

–Tienen a mi hermana–confirmó el muchacho mientras apretaba los puños con fuerza–. Debemos salvarla. –

–En ese caso destruiré este infierno y pondremos rumbo a Riolhase–Aloy contemplaba a su padre hablar con Trunks. Ella tragó saliva bastante nerviosa–. La nave tiene grabadas las coordenadas de nuestro planeta, para que regreséis una vez cumpláis con vuestra misión. –

Se creó un silencio incómodo en ese momento. Ahora llegaba el momento más difícil. Unos debían partir a la misión, mientras que otros debían ponerse a salvo.

Kakarotto se acercó a Chi Chi y le pidió que se marchase con sus hijos al planeta Riolhase. Ella le rogó para que se fuera con ellos, pero él se negó. Le decía que debía pelear con Cooler y hacerle pagar por toda la sangre y sufrimiento que dejó su malvada tiranía. Ella se abrazó a él y lloró en su pecho desconsoladamente. No quería que ese fuera un adiós definitivo.

Bulma y Vegeta, por su parte, mantenían una fuerte discusión. Ella quería viajar y él se lo prohibía. La humana quería ir a por su hija y no esperaba que nada la echase atrás. Él intentaba ser razonable. Le prometía que volvería con Bra y con Trunks y que ella debía esperarle en un sitio donde estuviera segura.

Por otro lado, Aloy estaba con la cabeza agachada delante de Trunks. Lloraba amargamente al pensar que él debía marchar a una batalla a muerte. Deseaba fuertemente que no fuera víctima de esos monstruos.

–Aloy–susurró él poniendo sus manos sobre sus hombros–, por favor…–

–Prométeme que volverás–Aloy levantó la cabeza y miró los hermosos ojos del adolescente, eran tan azules que sentía estar viendo el cielo de su planeta–. Prométeme que volverás vivo. –

–Sabes que no puedo prometerte tal cosa–ella lloró más al escucharle. Trunks notaba como su corazón se rompía. Lo único que le tranquilizaba era que ella podía volver a su casa y que seguiría viva por mucho tiempo.

Aloy, con sus manos temblando, se quitó el collar que Trunks le regaló para dárselo a él. El adolescente lo contemplaba sin comprender nada, hasta que vio en sus ojos la desesperación.

–Llévatelo–habló con temblor en su voz–y te ordeno que vuelvas para dármelo–emitió una triste sonrisa–. Ahora ya tienes un motivo para volver sano y salvo. –

Trunks sonrió y se colocó el colgante. Ella le abrazó con fuerza y, en su pecho, dejó salir todo su llanto.

–¡Prometí que os protegería y si no voy no podré cumplirlo! –el grito desesperado de Bulma resonó en la nave. Delante de ella estaba Vegeta que no podía convencerla de quedarse–. ¡Por favor! –

–¡No puedes exponerte, mujer! –Trunks se separó de Aloy para acercarse a sus padres. Colocó una mano en el hombro de su progenitor para que éste se calmase.

–Padre tiene razón–habló mirando a su madre. Ella volvió a gritar de rabia, dolor y desesperación–. Debes irte a Riolhase. –

Trunks se acercó a su madre y a la envolvió en sus brazos para calmarla, pero eso era imposible. Él entendía la postura de ambos, pero debía ser razonable. Bulma tenía que ponerse a salvo.

–Deberíamos marcharnos–dijo Raditz mirando a madre e hijo abrazarse–. No podemos perder más tiempo. –

Trunks apretó con cuidado a su madre para que sintiera el calor de su abrazo. Ella lloró y él le susurró al oído que no se preocupase. Se apartó de ella y miró a Aloy quien se cubría en el pecho de su padre para desahogar su dolor. Se apartó de su progenitora y, sintiendo un pinchazo en su pecho, marchó al planeta de Cold.


Cold se encontraba en su trono en compañía de su hijo, que estaba en pie con los brazos cruzados. Cooler llegó hacía unas horas en compañía de varios soldados cargados de maletines. El gran tirano bajó su frívola mirada hasta el hombre que yacía malherido a los pies de él. Tarble tenía heridas graves y estaba cubierto de sangre tanto seca como reciente.

–Así que para eso fuiste a Riolhase–Cold levantó su pierna y colocó su pie sobre la cabeza de Tarble para aplastarla–. Avisaste al Rey para que atacasen la base de Cooler. –

–Mis hombres son muy fuertes. Resistirán–gruñó Cooler mirando con rabia al hombre–. Te dije que le debías haber matado cuando era un crío. –

–Tarble me fue leal siempre–Cold aplastó la cabeza de Tarble, escuchando sus quejidos fuertes de dolor–. El muy traidor decidió investigar y descubrió la verdad sobre sus orígenes. –

Los gritos desesperados de Tarble alimentaron la sed de sangre de Cold. Bra, quien estaba detrás de ellos, contemplaba la escena con los ojos llorosos. Estaba aterrada y los quejidos de dolor la estaban terminando de desequilibrar.

Cerró los ojos y recordó la visión que tuvo. Debía ser hoy. Era el día que tendría lugar aquella batalla que vio. Lo único que pedía era que llegasen cuanto antes, porque no aguantaba más aquella situación. Pensaba que en ese momento le gustaría ser tan fuerte como su padre o como Trunks, porque de esa forma podría salvar a Tarble.

Apretó los ojos con fuerzas mientras sentía como las lágrimas resbalaban por sus regordetes mofletes. En su cabeza gritaba "ven pronto, papá", una y otra vez sin descanso. Sabía que él no la fallaría, sabía que él vendría y los salvaría. Con cada grito de Tarble, con cada golpe de Cold, más lo pedía.

Las puertas de la sala se abrieron con violencia, haciendo que los presentes se sobresaltaran. Bra abrió los ojos para ver lo que ocurría. Creyó que no era real, pero al escuchar un gruñido por parte de Cold sabía que no estaba imaginando. Era el mundo en el que vivía. Ese en el que aparecieron su padre, su hermano, Raditz y otro hombre que no conocía, pero que parecía dispuesto a luchar contra los tiranos.

El Rey Cold se puso en pie, ocultando con su capa el cuerpo de Tarble. Se colocó un paso más adelante que su hijo Cooler, quien se mostraba sorprendido de ver a los cuatro saiyajins.

–Que grata sorpresa–habló con frialdad Cold, observando a cada uno de los presentes–. No esperaba esta reunión hasta mañana, pero no pasa nada porque se haya adelantado un día. –

Vegeta ignoró por completo a aquella enorme bestia. Bajó la mirada y se encontró con la niña de cabellos azules. Tenía su melena suelta e iba con un vestido blanco y unos zapatos a conjunto. Sus mejillas estaban coloradas por el llanto y sus ojitos parecían apagados. Notó un fuerte nudo en su garganta al contemplarla. En ese momento lo único que quería era envolverla en sus brazos y protegerla de aquel mundo cruel.

–Como ves–habló Cold al darse cuenta de que Vegeta contemplaba a su hija–, la hemos cuidado bien. –

Vegeta miró con frialdad a Cold. Su ki se elevaba cada vez que pensaba en que ella había estado cerca de él.

–No podemos decir lo mismo de él–Cold agarró su capa y la movió, mostrando a Tarble desangrándose en el suelo. Vegeta observó al hombre herido que no conocía de nada. El tirano le agarró por la cabeza y lo levantó, mostrándoselo mejor al Príncipe–. ¿No sabes quién es? Deberías. Porque ambos habéis salido de la misma mujer. –

Con fuerza, Cold tiró el cuerpo de Tarble hasta donde estaban los guerreros, dejándole a los pies del Príncipe. Vegeta se quedó mirándole unos instantes y sintió que algo en él le resultaba familiar. En su cabeza se repitieron las palabras del lagarto y algo pasó por su mente que le desequilibró.

Se agachó para comprobar su estado. Respiraba difícilmente y le costaba tener los ojos abiertos.

–¿Tarble? –preguntó Vegeta mirando el cuerpo herido del hombre. Éste tosió y escupió sangre. El Príncipe intuía que le quedaba poco tiempo de vida.

–Her… Hermano–Vegeta apretó los puños y sintió una punzada fuerte en su pecho.

Si su hermano estaba allí era porque aquel tirano se lo arrebató de los brazos de su madre. Ella que les quería proteger de esos monstruos y no pudo cumplir con su promesa. Solo de pensarlo sentía la rabia invadirle.

–Debe ser duro–los guerreros miraron detrás de ellos al escuchar una voz que provenía de la puerta.

Raditz contempló con los ojos abiertos al ser que cruzaba lentamente la puerta con las manos detrás de la espalda. Vegeta apretó los dientes al reconocerle. Volvió a la vida, aunque con un cuerpo medio robotizado, pero ahí se encontraba. Su sonrisa maligna y su mirada asesina eran inconfundibles.

–Freezer–le nombró Cold. El nombrado reía mientras pasaba de largo por la sala hasta llegar hasta su padre y su hermano.

Trunks frunció el ceño al escuchar aquel nombre. Las sospechas que tenía eran ciertas. Aquel proyecto en el que trabajaba su madre era para revivir al tirano Freezer. Podía notar que desprendía un ki descomunal y sintió más temor al darse cuenta de que los tres juntos eran muy poderosos. Se estaba cuestionando si saldría con vida de aquel lugar.

–Han pasado muchos años–habló Freezer mirando a los guerreros, deteniéndose en Trunks–. ¿Ese es el hijo que engendraste en mi base? –

Vegeta se puso en pie y avanzó un par de pasos para proteger el herido cuerpo de su hermano. Freezer desvió la mirada de Trunks hasta la niña que estaba al lado de su padre. Su sonrisa se volvió más sádica.

–Se parece a Bulma cuando me la llevé de la Tierra–Vegeta se puso en postura de combate. No iba a permitir que tocase a su hija–. Dos hijos… ¿Quién imaginaría que serías un hombre de familia? –

–Te maté una vez–Vegeta quería borrar la sonrisa maliciosa de Freezer. Verle allí le hizo recordar el infierno que le hizo pasar y eso incrementó su ira–, lo volveré a hacer. –

–Sigues siendo igual de arrogante–sonrió de medio lado el tirano.

Vegeta estaba preparado para pelear. Le mataría rápido, porque quería salvar a su hija y salir de allí cuando antes.

–¿Por qué siempre subestimas? –Vegeta abrió los ojos. No quería creer lo que estaba escuchando. Giró su cabeza hacia la puerta y ahí la vio, avanzando por la sala con la cabeza alta.

–Bulma–Freezer la nombró mostrando su sonrisa más sádica–. ¿Acaso no debería? He vuelto más fuerte y, por lo que sé, es todo gracias a ti. –

–Madre–la mujer se giró a ver a su hijo, que estaba en el mismo estado de nerviosismo que su padre–, ¿qué haces aquí? –

Ella frunció el ceño y miró a su hija que se encontraba atemorizada al lado de Cold. La pequeña miró a su madre de manera suplicante y ella, para calmarla, le dedicó una dulce sonrisa.

–Tomé otra nave–contestó la científica, esta vez fijándose en Freezer–. Tenía que salvar a mi hija. –

–Eres buena madre–Freezer sonrió viendo a la niña atemorizada–. Hizo un viaje para verte, mocosa. Ve con ella. –

Bra estaba inmóvil. Miró a Freezer y luego a su madre, que dio unos pasos más, mientras Vegeta le pedía que parase, se agachó y abrió los brazos mientras mantenía su sonrisa para apaciguar el miedo de la niña. Temblando y a paso lento, se acercó hacia donde estaba Bulma.

Vegeta vigilaba a Freezer por si se le ocurría hacer algo mientras la niña andaba hacia su madre, pero éste no hizo absolutamente nada. Bra llegó hasta Bulma y se echó a sus brazos, rompiendo su llanto en el hombro de la científica.

–Ya estoy aquí, cariño–Bulma aferró con fuerza a la pequeña mientras olía su dulce aroma. Añoró tanto aquella sensación que eso le dio más fuerzas–. Todo se acabó ya, Bra. –

–No le mientas a la niña–Bulma escuchó las frías palabras de Freezer. Se puso en pie y colocó a su hija detrás de ella–. Si he dejado que vaya contigo es para que Vegeta pueda ver esa imagen tan bonita de madre e hija muriendo a la vez. –

Vegeta estaba harto de él y pensó en comenzar el ataque, pero Bulma alzó el brazo para detenerle. El Príncipe le miró perplejo. Su actitud le estaba desquiciando. Primero le desobedecía y ahora tenía la osadía de enfrentarse al tirano.

–Siempre te has jactado de los débiles–habló ella con la cabeza alta–. Te piensas que son tus siervos y que deben temerte por ser más fuerte, pero eso no es así. –

–Vegeta me soltó un discurso parecido hace tiempo–Freezer rio al escuchar a Bulma, mientras que el mencionado gruñó al recordar las últimas palabras que le profirió.

"Te mataré con mis manos, pero será porque he entrenado para ello toda mi vida. Así que recuerda, Freezer, porque la Reina, la humana y todo el pueblo saiyajin acabarán ahora mismo contigo".

–Ríete cuanto quieras–siguió hablando Bulma mientras sacaba del bolsillo de su bata blanca un pequeño control–. Sé que es divertido para ti pensar que te he ayudado a volver a la vida para que tú después acabes con la mía. –

Freezer observó el pequeño control que Bulma mostraba con una radiante sonrisa.

–Precisamente porque soy tu enemiga no tuvieron que dejarme trabajar en ese proyecto–la sonrisa de Bulma se hizo más amplia–, porque llevas una bomba en el pecho. –

Los ojos de Freezer se abrieron de golpe y ella, con rapidez, presionó el único botón de color negro que había en el control. Éste acto desencadenó que un agujero creciera en el pecho del tirano y éste absorbía todo su cuerpo. Bulma no despegó sus ojos de aquella escena mientras abrazaba a su hija. La cubría para que no viera la horrible imagen a la vez que tapaba sus orejas para que no escuchase los gritos que resonaban en la sala.

Aquel pequeño agujero negro absorbió al tirano y luego causó una pequeña explosión que no hirió a nadie. Todos los allí presentes quedaron impactados por aquel inesperado suceso.

Freezer tal y como vino se fue. Bulma acabó con su vida y apartó de la batalla a un tirano sin que nadie resultase herido. Su plan salió tal y como lo pensó. Ahora podía respirar un poco más tranquila mientras aferraba con fuerza a su pequeña.


Esta vez fui más rápida para subir el capítulo. ¿Qué os pareció este momento de Bulma? Tenía muchas ganas de escribir este capítulo precisamente por ese momento.

Puedo avisar que quedan tres capítulos, dos normales y el epílogo. Me da mucha pena terminar con esto la verdad, pero seguiré escribiendo más aventuras de esta pareja ;)

Gracias por leer y haber dejado review! Seguid haciéndolo y no os desconectéis ;)