Las tardes en Julio no solamente eran calurosas, sino también excesivamente bochornosas culpa de la pesada humedad en el ambiente que dejaba en la piel una notable película aperlada. Eso pensó Tenten mientras, con ayuda de su mano izquierda, limpiaba suavemente las gotas de sudor de su brazo derecho en un intento apresurado de verse más presentable.
La chica de piel morena clara afirmó el agarre que mantenía de un rollo de pergamino en su mano derecha mientras que con su otra mano cerrada en un puño golpeó la gruesa puerta de roble oscuro frente a ella.
—Adelante —la voz del sexto Hokage al otro lado de la puerta le dio permiso de girar el picaporte de la puerta para abrirla, apenas su rango de visión se amplió pudo divisar al hombre sentado en su escritorio al fondo del despacho, este tecleaba sin mucha prisa un par de cosas en su computador antes de dirigirle una gentil mirada—. Ah, Tenten, pasa.
—Buenas tardes, Hokage-sama —saludó educadamente al mismo tiempo que cruzaba el umbral y cerraba la puerta tras de ella.
—Me imagino que tienes has venido a traerme el informe en escrito de tu última misión —murmuró con tranquilidad estando seguro que esa no era visita social. Tenten sonrió, se acercó hasta el frente del escritorio de madera y le extendió el pergamino que llevaba con ella.
—Sí, lamento la demora, Hokage-sama —respondió con suavidad cuando Kakashi aceptó de buena gana el pergamino que le entregaba—. Sabe que Lee es un poco disperso a la hora de redactar el informe escrito, es una suerte tener a Hinata-chan para ayudarnos.
Habían regresado apenas anoche de la última misión que les fue asignada: un fuerte cargamento de mercancías que comprendía telas finas, costosas piezas de porcelana, perfumes e inclusive exóticas especias, había sido robado cuando estaba a punto de ser embarcado en las costas del país. Rock Lee, Hinata Hyuga -bueno, ahora Uzumaki- y ella habían sido el equipo designado para recuperar la mercancía robada antes que terminara perdida en el mercado negro.
—No te preocupes por eso —la tranquilizó el Hokage mientras desenrollaba con especial cuidado el pergamino que le había entregado—. Estoy complacido que cumplieran con éxito su misión.
—Sí, sin duda alguna el Byakugan de Hinata-chan fue clave para encontrar la mercancía que habían escondido y así poder recuperarla —continuó de forma casual con la conversación, ella también se sentía satisfecha que esta misión a su cargo terminara de la mejor manera—. Aunque...quizá no debí depender tanto de ella.
—¿A qué te refieres? —preguntó Kakashi apartando su vista del escrito que le había entregado, Tenten apretó los labios ligeramente avergonzada.
—Bueno, creo que hice que Hinata-chan se agotara de más y me siento responsable por eso —confesó no muy orgullosa apartando un momento su mirada de la profunda vista de color oscuro del Hokage—. Hubo ratos en que la pobre casi se desvanecía por el desgaste de su chakra. Eso me dejó preocupada, sobre todo porque aún después que regresamos aún estaba muy fatigada.
—Ahora que lo mencionas, creí que era mi imaginación cuando vi que estaba un poco más pálida cuando ustedes tres vinieron a reportarme su regreso —Tenten regresó su mirada hacia el Hokage, lo vio llevar su mano hasta su barbilla en una pose pensativa—, pero ya se siente mejor, ¿verdad? El equipo de Shikamaru a nada de regresar de Suna y me quiero evitar una escena de Naruto aquí en mi despacho reprochándome por exponer a su esposa.
—Hoy mientras escribíamos el informe me aseguró que ya sentía estable su chakra —respondió Tenten manteniendo su responsabilidad por Hinata como miembro del equipo que estuvo a su cargo. Si alguien iba a ser el centro de los reclamos de Naruto tenía que ser ella—. Las pérdidas de mercancía que reportamos en nuestro informe se deben a que los ladrones nos atacaron lanzando frascos de perfume y esas exóticas especias en un intento por escapar de nosotros. La verdad fue una combinación tan fuerte que nos irritaron los sentidos e incluso terminaron por darle a Hinata-chan serias arcadas, asumí que se sentiría mejor después de que descansara en casa.
—¿Asumiste?, ¿no fue así? —preguntó el Hokage arqueando una ceja y cruzando sus brazos. Tenten sintió su garganta cerrarse por un momento.
—Hoy en medio de la redacción del informe dijo que aún se sentía mareada, además me confesó que esa mañana terminó por volver el estómago. Quizá esa bomba de olores, combinado con su desgaste de chakra, le afectó más que cualquier efecto negativo que tuviéramos Lee o yo —Vio como el Hokage lanzó un pesado suspiro al mismo tiempo que cerró fuertemente los ojos y se llevó los dedos de su mano derecha hasta el puente de su nariz con frustración.
Definitivamente iba a tener a Uzumaki ahí haciéndole mil reclamos en cuanto se enterara.
—¡Ah!, Acompañé a Hinata-chan en el hospital antes de venir a verle, Rokudaime-sama —retomó Tenten moviendo sus manos de un lado a otro frente a su rostro en un intento de disipar la tensión que había invadido el lugar, soltó una risa nerviosa y una gota fría de sudor rodó por su sien—. Estoy segura que no es algo que deba preocuparnos más de la cuenta.
—Bueno, en un rato más cambiarán el turno en los hospitales y deben enviarme el informe del fin de jornada —respondió Kakashi relajando sus hombros tranquilizando levemente su semblante—, Así que supongo que no tardaré mucho en enterarme si está todo bien con Hinata.
Vio al Hokage dirigir su mirada hacia el reloj sobre su escritorio, quizá calculando la hora en la que recibiría el informe de últimos ninja atendidos en el hospital. Tenten relajó su postura, en un intento de transmitirle tranquilidad a Kakashi.
—Hinata-chan me aseguró que no era de gravedad, así que estaría bien creerle —Tenten sonrió tan ampliamente como pudo, por primera vez desde que la morena entró a su oficina el sexto Hokage se permitió mostrarse sonriente a través de su máscara.
—De todas maneras te agradezco que me mantuvieras al tanto y que acompañaras a Hinata. Has sido una buena líder de misión, te felicito Tenten —murmuró serenamente, quizá ya maquilaba en su cabeza la mejor manera de lidiar con el rubio Uzumaki cuando regresara de su misión, ella asintió aceptando el cumplido del Hokage—. Si no tienes nada más que comunicarme, eres libre de retirarte.
—Sí, muchas gracias por recibirme Hokage-sama —La chica de cabello castaño sonrió una última vez, hizo una pequeña reverencia y salió en silencio de la oficina.
En cuanto atravesó el umbral, cerró la puerta recargando su espalda en ella y soltó un sonoro suspiro que llegó a lastimarle suavemente el pecho. No tenía ningún inconveniente con cargar con la responsabilidad de sus compañeros mientras se mantenían bajo su mando, pero estaba sintiéndose culpable por los malestares de Hinata. Se preguntó si en su manía de cumplir exitosamente con su misión la había forzado hasta su límite, apretó sus labios con frustración.
Tomó impulso y se alejó de la puerta de la oficina del Hokage caminando por el largo pasillo de madera a un paso constante y relajado. Buscó tranquilizarse con las mismas palabras que le había dicho al Rokudaime: quizá el asunto era mucho más simple de lo que les atormentaba.
A partir de ahí, las cosas solo podían mejorar, ¿no?
-o-
Su mente se quedó en blanco y sus oídos comenzaron a zumbarle tan fuerte que pensó que iban a reventarle. Quiso alzar sus manos hasta sus mejillas y abofetearse para conseguir reaccionar pero su cuerpo estaba paralizado, agradeció que sus piernas aún fueran capaces de sostenerla a pesar que temblaban como goma.
—¿Q-qué...? —masculló tan secamente que su garganta le dolió levemente. Podía sentir su corazón latir tan desbocadamente que se preguntó si acaso iba a salir disparado por su pecho para estrellarse contra la pared.
—Sí, no hay ninguna duda —le respondió la ninja médico con una gran sonrisa mientras mantenía su mano derecha sobre la parte baja de su abdomen, bajó su mirada hasta ese sitio y observó que de la palma de la mujer que le atendía se desprendía una aura hecha de chakra que destellaba en un color azul claro—. Es pequeñísimo todavía, pero ahí está. Por su tamaño calculo que tiene un poco más de un mes. ¡Muchísimas felicidades, Uzumaki-san!
Los ojos de chocolate de la ninja médico se fijaron en ella con alegría, esperando su reacción. Hinata sintió sus mejillas arder tanto que seguramente ahora mismo era la viva imagen de un tomate, por la risa que la mujer de cabello negro trató de acallar cubriendo sus labios con el dorso de su mano Hinata imaginó que estaba acostumbrada a que pacientes en la misma situación tampoco hablaran mucho.
La mujer la tomó amablemente de la mano, que no dejaba de temblarle, y la ayudó a sentarse en una de las sillas que estaban justo delante de su escritorio, con cuidado le soltó la mano, la posó con dulzura sobre su hombro antes de alejarse para tomar su lugar frente a ella.
—Además de tus náuseas matutinas, eso explica tu desgaste tan rápido de chakra —comenzó a explicarle suavemente mientras buscaba entre sus cosas sobre el escritorio su bitácora y un bolígrafo para comenzar a anotar en ella—, Tu bebé aún no desarrolla su propia red de chakra es por eso que, por ahora, depende por completo de la tuya. Debes ser muy cuidadosa con eso en mente. Aún no estás exenta de tus misiones, pero en el siguiente informe al Hokage le pediré que reconsidere tus próximas asignaciones.
Sus manos temblaban tanto que se sorprendió cuando reaccionaron de un momento a otro abrazando la parte baja de su abdomen, como si quisiera aferrarse a ella misma, como si quisiera proteger su vientre de un inexistente peligro.
—Mi bebé... —repitió su mente en un tono parecido al de una canción, repitió esa frase mil veces en ese momento aún sin poder ni siquiera susurrar alguna frase o palabra, sólo se limitaba a acariciar su vientre por encima de su ropa. La ninja médico frente a ella le sonrió una vez más; soltó el bolígrafo que sostenía, abrió una de las gavetas de su escritorio y sacó un pequeño frasco con una etiqueta que decía "semillas de amapola" lleno hasta el tope de unas diminutas pepitas color gris oscuro, eran tan pequeñas que la mujer de ojos oscuros solo tuvo que sumergir suavemente su dedo índice para poder tomar una.
—Ahora mismo tu bebé es de este tamaño —le explicó con amabilidad extendiendo hasta ella la diminuta semilla, Hinata juntó sus manos como si fueran un cuenco y acunó el objeto apenas la médico la dejó caer entre sus palmas.
—Es tan pequeño... —susurró con apenas un hilo de voz, mantuvo la semilla en su mano izquierda mientras su derecha se posó nuevamente sobre su vientre—. Mi bebé...es tan pequeño.
—Así es —respondió la médico con entusiasmo aliviándose que el ensimismamiento de Hinata poco a poco se fuera disipando, le dedicó una sonrisa amable y comprensiva—. Depende de ti que crezca sano y muy fuerte, aunque es un hecho que será fuerte teniendo en cuenta quién es su padre, ¿verdad?
No solo era su bebé...
Hinata apartó su mirada de la semilla de amapola y la redirigió hacia la mujer delante de ella, la vio escribir tranquilamente en su computador lo que era probablemente los resultados de su evaluación. La mano sobre su vientre se aferró a la tela de su ropa, en su cabeza pudo divisar un alborotado cabello rubio, adorables marcas en las mejillas y unos profundos ojos azules.
Era el bebé de Naruto.
Sus ojos le temblaban y su vista estaba tan acuosa que no sabía por cuánto más podría contener las ganas de llorar.
—Sí —afirmó en un impulso de su corazón, decidió dejar de luchar contra sí misma y permitió que sus lágrimas bañaran las mejillas —. S-Será tan fuerte como su papá.
Era el bebé de ambos.
-o-
El suave soplar del viento en una tarde tan calurosa como esa era sinceramente de agradecer, pensó mientras mantenía los ojos cerrados con su espalda recostada en un gran árbol del cual tomaba prestada su sombra para descansar un rato. A sus oídos llegaba el canto de las aves del medio día así como el sonido del agua corriendo entre las rocas en el río a unos cuantos pasos de él. Le pareció justo robarle al día unos cuantos minutos de paz, después de la dura misión que cumplieron, pensó que él y sus compañeros se la merecían.
—Oye, Kiba —Shikamaru escuchó la enérgica voz de Naruto al llamar a otro de sus compañeros haciéndole abrir pesadamente los ojos, quizá sus minutos de paz ya estaban por terminar. El ninja de cabello rubio se encontraba de pie al lado del chico de piel morena quien estaba de cuclillas para estar a la misma altura que su ninken de gran tamaño y pelo claro, a la izquierda de Naruto un silente Shino solo observaba la escena—. ¿Qué tal está Akamaru?
—Su herida parece estar cicatrizando bien —le aseguró Kiba terminando de colocar el vendaje en el muslo izquierdo del ninken después de haber lavado su herida en el río a un lado de ellos—, de todas maneras le pediré a mi hermana que lo revise en cuanto lleguemos a casa.
El gran perro soltó un activo ladrido, quizá queriendo darle a entender a su amo que se encontraba bien. Kiba le sonrió a su peludo amigo y acarició amistosamente su lomo alborotando el esponjado pelo blanco.
—¡Ah!, en ese caso debemos apresurarnos y llegar a Konoha lo antes posible, ¿no te parece? —soltó Naruto con entusiasmo, el moreno se levantó para estar a la altura de su compañero.
—Tienes mucha urgencia de llegar, ¿verdad? —preguntó Kiba arqueando una ceja, Naruto sonrió llevando su mano derecha hasta su nuca.
—Bueno, esta misión nos tomó más tiempo del que pensamos. No quiero que Hinata esté preocupada-ttebayo —confesó el rubio sin alejar su mano de su nuca, sin borrar su sonrisa. Shikamaru se cruzó de brazos y en sus labios se esbozó una fugaz sonrisa de medio lado.
No se sentía en posición de juzgar a su amigo, ya habían dejado atrás la frontera con el país del viento y ya sentía enormes ganas de regresar corriendo. Le reconfortaba recordar que no faltaba mucho para que esa frontera dejara de ser la causa de tal ansiedad.
—La verdad el que parece estar preocupado eres tú, Naruto —soltó Kiba con una risotada, posó su codo sobre el hombro del rubio, arqueó su ceja y le sonrió con cinismo—. ¿Qué pasa?, ¿crees que Hinata ya no esté en casa cuando regreses?
Naruto abrió tanto los ojos que Shikamaru pensó que le saltarían de la cara, se hizo hacia atrás para alejarse del toque de su amigo tomando un semblante severamente ofendido.
—¡Kiba, idiota!, ¡No digas eso ni de broma! —espetó el rubio sintiéndose agraviado, Kiba solo se limitó a reír a sonoras carcajadas sintiéndose victorioso de jugarle una pesada broma a su amigo.
—Por favor, como si Hinata fuera a hacer eso —respondió el moreno una vez pudo controlar su risa, se limpió la solitaria lágrima que se escapó de su ojo por reír tan fuertemente, caminó hasta su viejo compañero de equipo y le golpeó suavemente el estómago con su antebrazo en un signo de camaradería, Naruto los veía a ambos frunciendo el entrecejo y sus labios en un puchero—, ¿Qué crees tú, Shino?
—Ciertamente, Hinata sería incapaz de hacer algo como eso —corroboró Shino empujando sus lentes oscuros sobre el puente de su nariz, Akamaru ladró en acuerdo con Shino, Naruto relajó los hombros y su rostro se tornó más tranquilo—. Aunque Kiba tiene razón en algo, Naruto, tienes un semblante preocupado.
—Oye, en eso no bromeaba —se defendió Kiba cruzándose de brazos volviendo a dirigir su mirada hacia Naruto, ahora el rubio los veía con curiosidad y un poco de sorpresa—. Tranquilízate, hombre, si fue enviada a alguna misión mientras estuviste lejos seguro que supo arreglárselas.
—Eso es seguro, es sólo que...¡No lo sé!, ¡¿está bien?! —respondió Naruto ligeramente exasperado cruzándose de brazos ante el repentino interrogatorio—. Sólo sé que quiero llegar a Konoha de una buena vez.
—Entonces es mejor que nos pongamos en camino, ya hemos descansado suficiente —habló Shikamaru dignándose por fin a intervenir en la conversación. Se puso tranquilamente de pie y metió sus manos en los bolsillos de su pantalón. Sus tres compañeros le dirigieron una mirada curiosa, Shikamaru dibujó en sus labios una ligera sonrisa—. Si nos apresuramos llegaremos antes que anochezca, ¿no es así, Naruto?
El chico de marcas de bigotes en las mejillas parpadeó unas cuantas veces, saliendo de su ensimismamiento, y le dedicó a su amigo una grande y brillante sonrisa. Agradecido por intervenir a su favor.
—¡Excelente! —exclamó Naruto con sus energías renovadas—. ¡Vamos a casa-ttebayo!
-o-
Reposó su espalda en el respaldo de su silla y estiró los brazos hacia al techo en un intento de despejar su cabeza. Aún tenía mucho trabajo que hacer antes de pensar en relajarse.
—Disculpe, Hokage-sama —la voz de Shizune le hizo regresar su mirada hacia el frente, ella caminó hasta su escritorio y colocó sobre ella una elegante caja que de madera que llevaba con ella, el objeto de color rojo con el símbolo de fuego en la tapa hizo un ruido pesado al aterrizar sobre su escritorio. Parecía que estaba bastante lleno—. La correspondencia rumbo a la casa del señor feudal está a punto de partir. ¿Hay algo más que debamos enviar?
—Ah, sí... —respondió Kakashi levantándose de su silla. Abrió la tapa de la caja de madera, colocó en el interior un par de pergaminos enrollados y perfectamente sellados—. Su excelencia estaba inquieto por el asunto del asalto en el puerto en las costas del país. Se alegrará en saber que el equipo de Tenten hizo un excelente trabajo recuperando la mercancía.
—Sí, parece que Hinata se ha adaptado muy bien a la dinámica de Tenten y Rock Lee, ¿no es así? —corroboró Shizune con una apacible sonrisa, cerró la elegante caja de madera una vez Kakashi terminó de colocar todos los informes que le serían enviados al señor feudal. Una vez se aseguró que la tapa estaba correctamente sellada tomó ambas asas doradas del objeto y lo levantó necesitando un poco más de esfuerzo—. Me da gusto por ellos.
—Por cierto —retomó Kakashi sentándose nuevamente en su silla, acomodándose tras su escritorio, escuchar el nombre de la chica de ojos blancos de pronto le hizo recordar su plática con Tenten al medio día—. Ya ha terminado el turno del medio día en los hospitales, ¿cierto?, ¿será que ya han enviado su informe de los ninjas atendidos en la última jornada?
—Así es, es la bitácora de color azul justo a un lado de las solicitudes por revisar. Seguramente vinieron a dejarlo cuando usted salió a almorzar —respondió su asesora dirigiendo su mirada hacia la esquina derecha del escritorio del Hokage, justo donde estaba en informe que describía, después dirigió su vista al reloj empotrado en una de las paredes del despacho, queriendo corroborar la hora—. Sí, ese debe ser el informe de la jornada de medio día. ¿Necesita saber de alguien en específico, Hokage-sama? Puedo hacerme cargo si gusta.
—Yo me encargo, no te preocupes. Pero muchas gracias —le rechazó educadamente sonriendo detrás de su máscara, Shizune le sonrió de vuelta, agachó su torso en una leve reverencia y salió del despacho con la correspondencia en los brazos.
Una vez solo, se permitió relajar sus hombros al mismo tiempo que soltaba el aire de sus pulmones en un suspiro. Estiró su mano hasta el archivo de color azul que le había indicado su asistenta, la bitácora era liviana lo que significaba que habían sido pocos los ninja que habían acudido al hospital en la última jornada y eso siempre era de agradecerse.
El que los reportes de ingreso estuvieran en orden alfabético hacían el trabajo más sencillo, pensó.
Uzumaki Hinata.
Sintió su garganta secarse y tuvo que parpadear varias veces para asegurarse que no había nada mal con su vista. Quizá leyó aquel registro unas mil veces antes de convencerse que no estaba malinterpretando lo que decía.
—Vaya... —resopló tan fuerte que el pecho le dolió, instintivamente dirigió su mirada hacia la ventana de su oficina donde podía contemplarse el monumento Hokage, centrándose específicamente en el cuarto rostro esculpido en la montaña.
Era una sensación difícil de interpretar, pero el sabor en su boca era dulce. Debía ser alegría pero además de eso, la sensación le llenaba el pecho como si los rayos del sol le tocaran directamente la piel, era como si se sintiera verdaderamente orgulloso.
—Sensei —murmuró sin alejar su mirada del rostro tallado en la gran roca—. Lo felicito mucho.
Alejó su vista de la ventana y la regresó a la bitácora sobre su escritorio. Sólo para asegurarse por milésima vez que había leído correctamente el informe registrado.
Uzumaki Hinata: primer trimestre de embarazo.
N.A: Escribir este capítulo me ha llenado mucho el corazón, de verdad he disfrutado mucho escribirlo. La parte desde el punto de vista de Hinata fue mi favorita, espero haberle hecho justicia a toda la emoción y felicidad que ella seguramente sintió cuando se enteró que tendría a su primer bebé.
También fue refrescante escribir desde otros puntos de vista: Tenten, Shikamaru y Kakashi, siendo este último mi favorito pues ha sido la primera persona en enterarse. ¡Espero que disfrutaran sus pequeños protagonismos en este capítulo!
Nos leemos la próxima semana, espero tener la sabiduría para interpretar lo que, según mi cabeza, fue para Naruto enterarse que tendría un hijo. ¡Hasta entonces espero leer sus comentarios! Se los agradezco inmensamente y los atesoro mucho.
Sin más, ¡hasta el próximo jueves!
-Kao
