El rostro de Ahsoka cambio de manera drástica. En el momento que se cortó la comunicación comenzó a barajar todas las posibilidades que tenía para evitar más daños. Grievous le había dicho que se entregase o sino Lilibet correría peligro. Sabía que el general droide no tenía ningún escrúpulo con sus prisioneros y, aunque aceptara sus condiciones, tendría algo preparado. No lograba encontrar una solución que fuese segura, de modo que optó por tomar una decisión conservadora.

—Vosotros dos saldréis de la fábrica e iréis a informar de la situación al general Skywalker —dijo señalando a dos clones—. El resto vendréis conmigo a buscar a Lilibet.

—Si comandante.

Los dos clones elegidos se fueron rápidamente por donde habían venido hacia el exterior. El grupo de Ahsoka era reducido, pero ahora al separarse aún contaba con menos efectivos. El hecho de llevar algunos clones consigo y no ir sola era simplemente para hacer frente a los droides, aunque en cierto modo no tenía mucho sentido sabiendo que les superaban en número.

Ya les faltaba poco camino hasta llegar a la posición que les habían marcado. Unos cuantos metros más y podrían ver que había ocurrido.

—Solo espero que no haya pasado nada malo —murmuró Ahsoka.

—¿Decía algo comandante?

Ahsoka pareció no oír la pregunta y siguió hacia delante teniendo solo su objetivo en mente. Los clones se miraron con una expresión de extrañeza, pero a su vez entendiendo la delicadeza de la situación.

De un momento a otro llegaron a la sala de destino y vieron lo evidente. Los clones se quitaron los cascos para ver como los cuerpos de los twi'leks que les habían estado acompañando estaban ahora tendidos en el suelo. Aunque estaban acostumbrados a ese tipo de situaciones, nunca podían sentirse como si nada pasase. Ahsoka miro rápidamente identificando los cuerpos para ver si había algún superviviente y pudo ver como no estaba el de Lilibet.

—No merecían acabar de esta manera —dijo Ahsoka con una mirada baja.

—Comandante, sabe que la guerra implica esto.

—Lo sé Rex.

En pocos segundos comenzaron a escuchar como algo se acercaba. Del otro extremo de la sala apareció el General Grievous junto a dos droides y una alicaída Lilibet.

—¡Lilibet!

Después de no escuchar ningún tipo de respuesta Ahsoka comenzó a preocuparse.

—¿Qué le hiciste Grievous?

—Se quedó así al ver a sus queridos amigos padawan Tano. Y ahora tú te vendrás conmigo sin oponer resistencia, por el bien de tu querida amiga.

—Como quieras, pero suéltala.

—Creo que no estás en posición de exigir nada. Ambas vendréis conmigo sin resistencia alguna.

Ahsoka llena de impotencia entrego sus espadas a uno de los droides y se entregó. Sabía que no podía hacer ninguna tontería o habría aún más daños.

—Bien, ahora sellaremos esta salida y activaremos los detonadores para que esta fábrica explote. Suerte intentando salir de aquí clones —dijo Grievous.

Ahsoka miro a Rex con sentimiento de derrota al ver que no tenían ni siquiera una opción para salir todos de allí.

—No se preocupe por nosotros comandante, saldremos de aquí —dijo Rex.

—Dispones de cinco minutos hasta de que esto explote clon —añadió Grievous mientras se reía.

En ese momento salieron de la sala sellando la entrada y activando el contador para las detonaciones. Rex y el resto de clones comenzaron a correr por donde habían venido para intentar no quedar incinerados junto a la fábrica.

—Si tengo que morir no quiero que sea dentro de este lugar lleno de escombros —dijo uno de los clones.

—No te preocupes soldado nos hemos visto en peores situaciones, pero debo reconocer que no sé cómo saldremos de aquí.

Solo quedaban tres minutos y medio para que todo el complejo explotara y R2, que estaba con los clones, se detuvo en una intersección de la fábrica.

—No te quedes ahí parado o tus circuitos se quedarán fritos.

Todos comenzaron a ver como R2 se movía de manera nerviosa y emitía pitidos incesantes indicando otro camino para salir del lugar. Durante un buen rato había vuelto a intentar escanear de manera minuciosa la fábrica con sus sensores.

—Nos está diciendo que ese es el camino.

—¿Estáis seguros que es buena idea?

Los clones no sabían bien que hacer, la situación no daba lugar a pensar mucho y los nervios eran más que evidentes.

—Seguiremos al droide —dijo Rex—. Vi varias veces al general Skywalker confiarle una situación delicada a este pequeño y nosotros no seremos menos.

Todos cambiaron de dirección y se dispusieron a seguir a R2 con la esperanza de poder salir de allí.

La pareja de clones que se había ido antes por orden de Ahsoka ya estaba en el exterior con el objetivo de solicitar ayuda. Aunque les costó bastante salir, habían tenido el tiempo suficiente desde que se separaron del grupo. Activaron el comunicador que tenían instalado en los cascos con el objetivo de encontrar alguna frecuencia que les permitiese comunicarse con alguien. Después de unos intentos consiguieron la tan ansiada respuesta.

—General Skywalker, ¿puede oírme?

—Alto y claro soldado. ¿Qué ha ocurrido? ¿Dónde está Ahsoka?

—Nos separamos de la comandante para poder conseguir ayuda, no sabemos que les ha pasado.

—Esperadnos ahí, vamos de camino.

El grupo de Anakin continuaba en la plataforma de transporte atravesando a la máxima velocidad que podían los terrenos arenosos de Ryloth. Todos estaban agarrados fuertemente a las barandillas de sujeción debido a los bandazos que estaban dando de lado a lado.

—Skywalker entiendo que tengamos que llegar lo más rápido posible, pero si no lo hacemos de una pieza no tendrá sentido —dijo Cham Syndulla mientras luchaba por no caerse del transporte.

—No se preocupe general, agárrese bien y disfrute de las vistas.

Mientras tanto a Rex, R2 y el resto de clones no les quedaba apenas tiempo para que todo explotase. El tiempo que restaba era un minuto y no parecía que estuviesen cerca de alguna salida. En ese momento el droide se detuvo y señalo hacia arriba al mismo tiempo que pitaba. Había una trampilla de algo más de un metro de anchura. Todos entendieron que esa era la única opción que tenían y si no había nada al otro lado seria su fin. R2 utilizó sus propulsores y activó uno de sus apéndices para abrir una salida. No le llevo más de quince segundos y el momento que la trampilla cayó al suelo todos vieron como entraba luz del exterior. Rápidamente comenzaron a saltar e impulsarse con los brazos para salir. El lugar al que daba esa abertura era un antiguo estacionamiento de transportes de mercancías. De repente se escuchó un fuerte ruido y el suelo comenzó a temblar. La fábrica estaba comenzando a explotar y todos empezaron a correr lo más lejos posible.

En pocos minutos el ambiente se veía devastado. Salían grandes cortinas de los restos de la fábrica y los alrededores estaban llenos de escombro. Los clones que esperaban a Anakin fueron a ver qué había ocurrido mientras esperaban a su general. Intentaron buscar signos de vida, pero las dimensiones del lugar y el estado en el que se encontraba no favorecía nada la búsqueda. Lo que sí pudieron ver fue una nave que se dirigía hacia el espacio, aunque no sabían quién estaba a bordo.

No paso mucho tiempo hasta que Anakin y resto llegaron. La plataforma de transporte tenia indicios de que había sido forzada a ir a su máxima velocidad durante todo el trayecto, algo que se notaba en el humo que desprendía su motor. Cuando vieron el desastre que se había producido no pudieron evitar quedar sorprendidos.

—Que habrá pasado aquí —dijo Cham con cierta cara de terror.

—Informe solado —añadió Anakin.

—De un momento a otro todo comenzó a explotar. No sabemos cuál ha sido el motivo ni que ha pasado con el resto. Solo vimos una nave salir del planeta.

El rostro de Anakin denotaba preocupación y dudas. Lo único que se le ocurrió en ese momento fue intentar establecer comunicación con R2. Sabía que si el droide respondía había posibilidades de saber lo ocurrido. Activó el comunicador de su muñeca en busca de alguna señal.

—¿Erredós me recibes? ¿Erredós?

Pasaron unos cuantos segundos hasta que obtuvo una respuesta. Escuchó como respuesta una serie de pitidos con un tono de alegría y a su vez nerviosismo.

Rápidamente fueron hasta el lugar donde R2 había indicado su posición. Cuando llegaron, comenzó a emitir pitidos muy agudos y señalando en una zona concreta llena de bloques de hormigón y metales debido a la explosión. Anakin entendió al momento lo que su amigo intentaba decirle. Se separó un poco, cerró los ojos y comenzó a utilizar la Fuerza. De repente, los escombros de esa zona comenzaron a separarse del suelo para asombro de todos. Ya habían visto actuar antes a los jedis, pero nunca a ninguno con semejante poder. En ese momento vieron la imagen de Rex aparecer ante ellos. Lo sacaron de ahí tan rápido como pudieron y lo acomodaron de la mejor forma posible.

—Rex, ¿te encuentras bien?

—Parece que si general. He vuelto a gastar otra vida, no sé cuántas me quedaran ya.

—¿Qué pasó con los demás?

—Deben estar bajo estos escombros también. Tuvimos el tiempo necesario para salir, pero los restos de la explosión nos alcanzaron.

—¿Todo el mundo está atrapado? —preguntó Syndulla.

En ese momento el rostro de Rex cambió drásticamente. Tenía que decirles todo lo que había pasado dentro de la fábrica.

—No, los únicos supervivientes fueron clones, Lilibet y la comandante.

Rex comenzó a explicar todo lo ocurrido. La trampa que les tendieron, la aparición de Grievous, la muerte de los twi'leks, la captura de Ahsoka y Lilibet y la detonación de la fábrica. Mientras contaba todo, la cara del General Syndulla se inundaba de una enorme tristeza. Aunque estaba preparado para estos desenlaces era imposible que no se rompiera por dentro.

Cuando ya habían oído todo lo ocurrido les llego una comunicación desde una de las ciudadelas twi'lek.

—¡General Syndulla tenemos problemas!

—¿Qué sucede ahora?

—¡Ha llegado un acorazado separatista a la atmosfera de Ryloth!

—Esto complica las cosas. Por el momento no hagan nada y esperen nuevas órdenes.

La comunicación finalizó y Cham se llevó una mano a la cabeza. No quería que su planeta se volviese otra vez un campo de batalla. Su gente no podía soportar más los efectos de la guerra. Anakin se le acercó para darle ánimos y explicarle el siguiente movimiento.

—No se preocupe, ya habéis hecho demasiado. Esta guerra no os tiene que quitar nada más. Pediré refuerzos a la Orden para terminar con esto de una vez por todas. Usted solicite un transporte que me lleve a mi nave junto a los clones y mientras intenten encontrar algún superviviente más en estos escombros.

—Como digáis Skywalker.

En poco más de quince minutos ya había llegado un transporte para recogerlos. Estaba tripulado por unos cuantos twi'leks que venían para buscar a los clones que estaban atrapados.

—Rex, ¿estás seguro que puedes venir?

—Si general. Debemos rescatar a la comandante.

Todos se acomodaron en el transporte para iniciar la misión de rescate. Justo antes de que se cerrase la puerta Cham se acercó.

—Skywalker, traiga a Lilibet a salvo por favor.

—Téngalo por seguro.

—Que la Fuerza le acompañe jedi.

Anakin asintió con la cabeza mientras se cerraba la puerta.

Mientras tanto, Ahsoka y Lilibet estaban siendo escoltadas por Grievous a una de la celda. Las empujaron dentro de manera violenta y rápidamente Ahsoka abrazó a su compañera, aun con el espíritu roto, en señal de defensa.

—Espero que disfrutéis de la estancia — dijo Grievous mientras se iba tosiendo.

Ahsoka miró con tristeza a Lilibet diciéndose para sí misma maestro, no tardes mucho.