Hola que tal, aquí la continuación.

Aviso

Este capítulo contiene una escena algo sugerente. Los próximos serán, no sé... diferentes al resto. No lo veo mal, después de las novelas de Kyoshi creo que cosas con un aire distinto al de la serie original no serían tan ajenas a este universo.

...

Estos caps tienen bastantes OC's, pero no se preocupen no serán recurrentes o no tanto dentro de la trama principal (hay algunos que solo saldrán en un par de ocasiones y ya).

Varias escenas ocurren al mismo tiempo, sobre todo donde hay lineas; estas muestran los puntos de vista de varios personajes. Oh sí: Shinu, Mak, Qin, Shyu, Kei Lo, Michi, Tom Tom y Mura son canon, jajaja por si alguien tiene duda. Los demás que van apareciendo son OC's.

Quiero ser honesta y mencionar que dos personajes están OoC, el principal es Ukano; el padre de Mai. Siento que en lo poco que se vio en la serie y en los comics, es un pseudo villano cobarde y como se vio no podría ejecutar un plan por si solo. Por esto lo cambié, aquí si será un villano un poco más serio y malo jajaja Y sí... Ukano es el primer villano del fic (aunque es uno menor). Aún ni aparecen los verdaderos antagonistas jajaja (tal vez por el final del próximo capítulo aparezca uno).

El otro personaje es Mai, bueno, jugué un poquito con ella; ya que quería mostrar algo de su relación con Zuko después de la guerra en este AU. Actuará tal vez de forma extraña, pero volverá a su personalidad normal jaja. Son jóvenes y pues ya saben.

Es por esto que quiero pedir disculpas por adelantado, no me gusta escribir personajes OoC en un fic, pero esto fue por conveniencia de la trama jajajaja. Discupenme T_T jajajaja (Además, Mai me aburre y nunca me ha gustado jajaja).

También otra disculpa por el Maiko jajajajaja pero era necesario. No se preocupen, no es reciproco; ya que esto es Toko.

Bueno, ojalá que pueda ser de su agrado y espero que estén bien. Disculpen las faltas de ortografía, lo estaré checando :/


Capítulo 7 La cacería del solitario rey dragón parte 1


Un mes después

El tenue sonido que producía la suave marea, los ruidosos graznidos de las gaviotas que sobrevolaban la zona y el rítmico crujir de la grava causado por cada paso que daba, era lo único que podía escuchar el gobernador Norio al dirigirse hacia aquel lugar. Ese viejo y abandonado edificio, daba la impresión de que pronto se derrumbaría; el sitio en donde se llevaría a cabo la tan esperada nueva reunión de la sociedad. Era el viejo almacén del general Araki, al norte de la isla principal de la nación del fuego, alejado de miradas curiosas y el ojo atento de la seguridad de Ciudad Capital.

Prosiguió caminando, mientras observaba lo calmo que se encontraba el paisaje, sonrió para sí. Agachó la cabeza hacia la grava bajo él. Pensó en la reunión de hace un mes con el joven Señor del Fuego, después de que este reprendiera al gobernador Shiro, el chico anunció lo que para él fue algo impensado: Nombraría a la isla Shuhon (que estaba bajo su jurisdicción), como el centró de las importaciones y exportaciones de materias primas y tecnologías de la nación del fuego. Estas llegarían aquí para después ser enviadas a la isla principal y luego devueltas a las restantes ya transformadas en bienes; además de la gran cantidad de mano de obra proveniente de los colonos que serían reubicados prioritariamente en su isla. ¿Por qué? Se preguntaba, ¿Por qué sucedió ese cambio? El motivo principal por el cual decidió unirse a Ukano en la búsqueda de restaurar el anterior régimen político, ahora se esfumaba. En un principio ese chico le dijo que su isla y su ciudad (Ciudad Manantial de Fuego) perderían muchos de sus privilegios, y ahora obtenía aún más. Ya no perdería el dinero ni poder e influencia que supuso, ahora tendría más de lo que inclusive llegó a tener con su padre.

Rió entre dientes menando la cabeza. Suspiró sin levantar la vista del camino.

Tal vez Qin y Shinu tenían razón después de todo. Ese chico merece una oportunidad y yo… pienso traicionarlo —el hombre de mediana edad y tez blanca, de cabello castaño lacio y algo canoso, con barba algo corta; comenzaba a sentir un inmenso sentimiento de culpa engullirlo por completo. En su familia no se acostumbraba a llevar a cabo actos tan viles como este, no hay honor en asesinar a alguien solo por codicia. Qué pensaría su hija si supiese esto, la decepcionaría y se ganaría su odio. Además, echaría abajo su naciente carrera política, después de todo ya estaba promoviéndola para que la sucediera como gobernadora de Shuhon ante el consejo. Suspiró. Tal vez se apresuró en sacar conclusiones, tal vez Ukano estaba equivocado…

Se detuvo al estar a unos metros de una de las entradas e inspeccionó los alrededores; no había rastro alguno de huellas de alces-dragón ni de ruedas. Todos fueron inteligentes y vinieron a pie, pensó; un carruaje en dirección a este lugar levantaría muchas sospechas. Se dirigió a la puerta y antes de hacer contacto con ella, esta fue abierta de golpe por quien parecía ser un guardia. Se mantuvo de pie frente a la oscuridad que yacía en el interior del edificio por unos segundos, rio entre dientes. La poca iluminación natural a causa del cielo nublado no ayudaba en nada. Era interesante pensar que, al entrar en ese lúgubre sitio sería engullido no solo por la oscuridad dentro de este, sino también por la de sí mismo. Dio un paso y entró de todos modos.

—¡Gobernador Norio, que bueno que llegara a tiempo! —el general Araki quien estaba al otro lado de la puerta, lo saludó de inmediato estrechando su mano con rapidez.

—General Araki —contestó con un aire de respeto mutuo. Vio a dos guardias, uno a cada costado del hombre.

—Por aquí, por favor —lo guió hacia una gran mesa en el centro, iluminada por varias velas. Un gran número de personas de varias edades se encontraban allí. Norio reconoció entre estos al gobernador Shiro, a otro general con el que no tenía mucha comunicación y varios soldados pertenecientes a las divisiones de estos líderes, también estaban presentes reclutas bastante jóvenes que nunca había visto e inclusive algunos arqueros Yuyan; y por supuesto… a quien orquestaba este movimiento.

—Norio, gracias por acompañarnos. Tu presencia es esencial para el éxito de este plan —comentó Ukano mirándolo directo a sus ojos color beige mientras se levantaba de una enorme silla de madera fina para estrechar su mano.

—Claro, Ukano —.

—Muy bien, creo que ya todos imaginan el motivo de esta reunión —el padre de Mai observó con detenimiento a todos y cada uno de los presentes. —Ha llegado a mi persona, información de una de mis fuentes más confiables en el palacio, referente a las andanzas de nuestro joven y querido líder. Su tío, el traidor apodado el dragón del oeste; dejará la nación con rumbo a Ba Sing Se dentro de un mes, y Zuko lo acompañará —los murmullos de los presentes no se hicieron esperar.

—¿Y qué es lo que usted sugiere, señor? —habló uno de los comandantes al servicio del general Araki. Ukano rio con fuerza.

—¡Pues asesinarlos, por supuesto! —Norio agachó la vista y tragó saliva de la forma más discreta que pudo. Escuchó las risas de los demás ahí reunidos.

—Pero nunca podríamos acercarnos a ellos con todo el despliegue de seguridad a su alrededor—dijo uno de los capitanes presentes.

—Ahí es donde nuestro amigo, el gobernador Norio entra en escena —Ukano se giró hacia el hombre mencionado, con una gran sonrisa en el rostro. —También me fue informado que viajarán en barco y pasarán por el puerto de Ciudad Manantial de Fuego, el navío fue pedido de su flota, ¿Cierto gobernador? —.

—Cierto. Pero, ¿Cómo sabe eso? —en efecto él había escuchado esto y había dado el visto bueno para el empleo de uno de sus barcos, pero no imaginó que sería para el mismísimo Señor del Fuego. La petición fue enviada por Qin sin nombre específico del ocupante.

—Ya le dije, viene de una muy buena fuente, de la que tal vez el chico nunca sospecharía. Entonces… su ayuda es indispensable en esta operación. Usted remplazará a toda la tripulación por hombres del general Araki y algunos suyos, solo gente leal a la causa —el viejo militar rio al oírlo, el hombre continuó expresándose, —Una vez zarpen, no debería ser un problema asesinarlos mientras duermen y destruir el navío cerca de Shuhon. Un horrible accidente al chocar contra las formaciones rocosas al noroeste del lugar, habrá sido un triste infortunio para nuestro amado Señor del Fuego —mencionó esto último con total sarcasmo y odio. El gobernador de Ciudad Manantial solo asintió, Ukano llamó a uno de los chicos de entre los presentes. Un nuevo recluta.

—Kei Lo, lleva esta carta a la torre de mensajería. No la pierdas —lo señaló moviendo un poco el sobre de arriba a abajo, —Es un mensaje para el gobernador Akiyama de la isla Furui —le entregó la misiva al chico y este partió de inmediato.

—Bueno, esto debe planearse mejor, ¿Procedemos? —el padre de Mai hizo una seña y unos sirvientes llevaron té a la mesa.

...

—Con esto, acabaremos con ese sucio traidor y restauraremos la gloria del mandato de nuestro verdadero Señor del Fuego, Ozai —.

—¡Viva el verdadero Señor del Fuego Ozai!, ¡Viva la sociedad de nueva Ozai! —gritaron todos los presentes al unísono para después comenzar a retirarse, todos excepto Norio y Ukano, este último se percató de esto y se acercó a él.

—Te veo muy dubitativo, mi amigo. ¿Crees que este plan fallará? —lo tomó del hombro apartándolo del resto de personas que continuaban saliendo.

—No… —musitó, —No lo hará, me aseguraré de que funcione a la perfección, Ukano —respondió con aparente seguridad en su voz al verlo a los ojos.

—Lo sé, confío en ti, mi querido amigo —esbozó una gran sonrisa, le sacudió el hombro para luego darle unas palmadas y continuó, —Será un momento de regocijo para la causa, ¡Viva nueva Ozai! —se alejó de él.

—Sí. Viva nueva Ozai —murmuró esto último apenas perceptible, agachando la cabeza. Era una basura por aceptar esto, pero él se lo buscó en un principio. ¿Querría que su hija hiciese algo como esto? No, no lo permitiría. Manchar su reputación, no. Aún hay tiempo para enmendar este error.

El comandante Teng debe saber esto. Mereces la oportunidad de probar que eres el líder que esta nación necesita, Señor Zuko —.

...

En el palacio real, una semana después

—¡Agh! —gritaron de dolor dos soldados al ser lanzados al aire. Uno cayó de cara contra la tierra, gruñendo.

El último soldado que quedaba en pie disparó una rápida sucesión de bolas de fuego en dirección al chico, este con una demostración de gran agilidad y buenos reflejos esquivó cada una de estas. Al ver al hombre bajar por un breve momento su guardia, incrementó el tamaño del látigo de fuego que llevaba en su mano derecha; de un veloz movimiento de su brazo, levantó los pies del sujeto con el arma improvisada. Este solo vio de repente todo girar frente a él al caer a tierra, sintió el calor del impacto de una bola de fuego a centímetros de su cabeza.

Zuko jadeó con su brazo izquierdo extendido en dirección al hombre, había ganado. De nueva cuenta. Inspiró profundo y de un giro de su muñeca derecha, hizo desaparecer el látigo. Realizó una reverencia en señal de respeto hacia los hombres y escuchó la risa de su tío seguida de varios aplausos. Una de sus doncellas, Xian; caminó a prisa hacia él llevándole una toalla para que limpiase su sudor y un vaso de agua. Una vez saciada su sed, se acercó a donde estaba el grupo de personas que lo animaban.

—Si sigues así sobrino, tal vez no necesitaras guardias después de todo —rio Iroh al verlo llegar con la toalla alrededor de su cuello.

—Eso sería impensable, general. Nuestro deber es cuidar del Señor del Fuego, sin importar que tan fuerte sea —dijo el comandante Teng, jefe de seguridad de Zuko.

—Excelente demostración de sus habilidades, mi señor. De las más impresionantes que he visto —lo alababa el viejo consejero real, Hiromi.

Hmp. Sin contar a Azula, claro —pensó el chico, sabiendo que ella solía ser mejor que él. —No soy el más fuerte que ha habido; pero gracias. Solo intento mantenerme en forma, eso es todo. Nunca se sabe que podría suceder —dirigió su mirada a cada uno de los presentes hasta posarse en los ojos de ella, Mai. Llevaba puesto el típico conjunto de túnica roja sobre unos pantalones negros holgados, pero tenía algo que la hacía lucir distinta a otras ocasiones. No, no era el maquillaje, ni siquiera estaba usando, él no sabía porque; pero se veía algo más... atractiva que de costumbre. Era cierto, había sido un poco cortante con ella desde hace unos meses, con mayor exactitud desde su regreso al palacio. Pensó que sería lo correcto darle una oportunidad.

Se aproximó a ella con lentitud, esta le miró de reojo y sonrió de lado. Todos continuaron charlando sobre las técnicas de fuego control y estrategias de combate. Alrededor de dos horas transcurrieron y ya era medio día, o al menos eso indicaba el reloj solar de piedra ubicado entre las dos escaleras que conducen hacia el ala izquierda del palacio.

—Bueno, nos retiramos sobrino, Hiromi nos mostrará una nueva casa de té que abrieron en la ciudad, nos veremos después —su tío, el consejero y el ministro se despidieron, no sin antes de alejarse, el viejo general le alzaría las cejas en señal de entendimiento. El chico tardó un momento en captarlo hasta que por fin lo entendió, ladeó su cabeza de un lado a otro, sonriendo.

—Su majestad, los guardias lo escoltaran como siempre. Yo me retiraré para asegurar los preparativos del envío —Zuko asintió y el comandante se retiró hacia el muelle de Ciudad Capital, para resguardar la zona en donde arribaría el barco proveniente de Ciudad Manantial de Fuego para la partida de su tío.

—También me iré… —dijo Mai con un tono simplón, aunque en realidad esperaba que él hiciera algo por detenerla o algo.

—Espera… —ella sonrió para sí, ocurrió justo lo que esperaba, —Um, ¿Tienes algo que hacer esta tarde? —le preguntó sin más.

—En realidad no. Pensaba tener una aburrida reunión con unas chicas de la academia real —.

—Um, porque no te quedas. Ahem... Podríamos comer algo y después… —.

—Suena como un plan —la pelinegra sonrió de lado.

—Bien, uh… le diré a Amaya que preparé ese filete de pollo-komodo que tanto te gusta —bien, al menos no reaccionó como los días anteriores, parecía diferente por algún motivo.

—La sazón de Emiko era más de mi agrado, además era muy amigable —.

—Lo sé, pero te acostumbraras con el tiempo. La esposa del general Araki también es agradable… —.

—Mmm, Si tú lo dices —contestó Mai tomándolo de la mano.


Dos horas después, en el muelle

—Esta será la zona designada en donde el barco de Ciudad Manantial de Fuego atracará —hacía mención el comandante Teng a sus hombres, el muelle se encontraba algo concurrido en ese momento, se realizaban descargas y transportes de materiales provenientes de las múltiples islas.

—Así es señor —dijo uno de los marineros encargados del anclaje.

—Comandante, aquí está el duplicado de los papeles de selección del navío enviado por el gente del gobernador Norio —le hizo entrega uno de los soldados que lo acompañaban. Al voltearse para recibir la documentación alcanzó a observar de reojo, una figura encapuchada meterse en un callejón entre los almacenes del lugar. Corrió en dirección a este.

—¡Comandante Teng!, ¡¿Sucede algo?! —gritó el soldado mientras corría detrás de él junto a otros tres.

Al llegar no había nadie. El hombre revisó una y otra vez el estrecho callejón, no había ningún sitio que sirviera como escondite, solo un bote de basura cerca de la entrada y una pequeña ventana en el edificio de la izquierda, la cual parecía estar sellada. Le gritó a uno de sus subordinados:

—Sargento Haruki, traiga a todos los soldados que pueda, selle la zona: nadie entra ni sale. Quiero todos los edificios en este muelle registrados, ¡Ahora! Ustedes dos, revisen la parte trasera de esos almacenes —ordenó de manera enérgica al sargento, sabía que debía asegurar ese sitio por el bienestar del joven gobernante. Lo había prometido. Pudo escuchar a dos transportes de mercancías abandonar el muelle. Al estar a punto de salir del callejón para observar las carretas, chocó contra el bote de basura que había allí, se quejó un poco, pero se sorprendió al ver de reojo algo caer de este. Era un sobre blanco, se agachó y lo tomó; al girarlo vio muy sorprendido su nombre escrito en él.


Ocho horas después en el palacio

—Qué te parece este té, me dijeron que ayuda a relajar los músculos —comentó el joven Señor del Fuego a su acompañante.

—Yo se otro uso que se le podría dar y también otra forma de relajarse —le dedicó una mirada muy sugerente, la cual el chico captó en seguida.

—Oh… Sabes, puedes quedarte a dormir. Si quieres, claro —le dijo Zuko un tanto preocupado.

—¿Por fin me invitas? Vaya cambio. No me quedaré en ninguna de las habitaciones para huéspedes —dijo Mai con un tono frío.

—Hmmp, está bien. Puedes quedarte en mi recamara, si quieres —musitó el joven, apenas perceptible.

—¿Acaso escuché bien? Lidera el camino entonces —ella se alegró demasiado, sin demostrarlo claro. Se puso de pie mientras sostenía aún su taza.

...

Una vez en la habitación del chico

—Ese fue un uso simple para lo que quedaba de ese té —habló el maestro fuego, mientras se quitaba su corona para mayor comodidad.

—Lo sé, que bueno que tenía un sabor agradable —lo usaron para lavarse la boca después de toda esa comida que habían degustado hace horas, ya que lo que pasaría a continuación lo ameritaba.

—Sí —ella se sentó junto a él, al borde izquierdo de la enorme y suave cama. Observó la gigantesca habitación iluminada por gran un número de velas pequeñas, el sonido de las corrientes de aire pasando a través de las canaletas del balcón que tenía la habitación; todo parecía muy tranquilo.

Los guardias afuera del cuarto habían sido retirados por órdenes de su novio, para su conveniencia. Todo le estaba saliendo mejor de lo esperado a la experta lanzadora de cuchillos.

Pero no podía evitar sentirse sumamente extraña por estar dentro de la habitación que alguna vez ocuparon Ursa y Ozai, además de los antepasados de Zuko. Quien sabe de qué clase de historias habría sido testigo ese cuarto; fuesen felices o no. La situación comenzaba a incomodarla cada vez más, pero ella misma se había decidido a tomar la iniciativa esta vez, como en la roca hirviente cuando confesó sus sentimientos frente a alguien. Podría ser un error enorme; pero por otro lado conseguiría algo que deseaba desde hace meses y hoy tenía más ganas que nunca. Se mordió con gentileza el lado izquierdo de su labio inferior al pensar en él. Volteó a ver su pálido rostro, sus facciones tenuemente iluminadas por la cálida luz que emitían las velas. Se veía en extremo atractivo, muchas chicas harían lo que fuese por estar en el lugar que ella ahora ocupaba, eso lo sabía muy bien.

—Basta de juegos tontos, Zuko —colocó su mano derecha en el muslo izquierdo de él, comenzó a acariciarlo a un ritmo suave, de arriba abajo, —Esta vez conseguiré lo que he estado esperando desde hace casi medio año —.

—¿Que has estado esperan… Ahh… —él soltó un jadeo apenas perceptible y volteó a verla a aquellos casi inexpresivos ojos, los cuales en ese preciso instante se mostraban llenos de deseo. Volvió a emitir otro jadeo al sentir como su mano se deslizaba ahora hacia una zona más estrecha. Esto sorprendió mucho al joven maestro; ella nunca había hecho algo como esto. El tamaño de las llamas de las velas comenzaba a crecer y decrecer según la respiración del chico.

—Eres un tonto, Zuko. Ahora muévete —Ella prosiguió a empujarlo, haciéndolo apenas sostenerse con ambos brazos estirados hacia atrás. Se subió en sus piernas y comenzó a quitarse la cinta que unía las dos partes de su túnica carmesí, para posteriormente retirarla y proceder ahora con su vestido rojo, del cual se deshizo muy despacio revelando un pequeño top negro que cubría sus pechos; además de sus portadagas en ambas piernas y las muñequeras que cargaban virotes metálicos. Zuko se asombró más, al ver que aún llevará todo eso consigo, bueno no la podía culpar. La intensidad de las llamas en las velas comenzaba a tornase bastante irregular, crecía y decrecía sin cesar.

Él la miró a los ojos con total incredulidad sobre lo que estaba aconteciendo delante de él, y vio en sus orbes color beige despedir una lujuria extrema, tragó saliva. Sin poder reaccionar ella se abalanzó sobre él, besándolo de forma apasionada. Mai nunca había dado indicios de una conducta como esta, hasta parecía impropio de su parte. Esperó un beso simple y sin mucha interacción; no uno llenó de hambre y lujuria. Se quedaron así por un momento hasta que ambos se quedaron sin aire y se vieron obligados a separarse. La pelinegra colocó su mano derecha sobre su mejilla con suavidad, sin despegar en ningún momento su mirada de las doradas pupilas de su pareja.

—Yo… te amo Zuko. Siempre lo he hecho —con la intención de esconder su rostro por completo enrojecido, ella llevó sus labios hasta el cuello del chico. Descendió un poco para comenzar a dejar un rastro de besos que iban desde su clavícula hasta detrás de su oreja izquierda, la que había sido quemada durante el Agni Kai con su padre; él se estremeció al sentirla. Mai se separó un poco y lo miró de reojo por un momento, todo esto era nuevo para ambos y algo que pensó; tal vez mejoraría su relación con él. Intentaba imitar de cierta manera lo que había escuchado de otras chicas en sus últimos años en la academia real y entre las soldados durante su estadía en el reino tierra.

—Lo… siento —.

—Está bien —exhaló con pesar el joven al sentirla interactuar con su piel marcada, —Ahm, yo… también te quiero —la chica arqueó ambas cejas al oír esto, no era lo que esperaba escuchar con exactitud; pero era un avance. Volvió a lo suyo. Zuko daba gracias que ella no era una detectora de mentiras como su pequeña amiga, Mai no sabría que él no decía exactamente la verdad, por ahora.

La pelinegra comenzó a desabrochar la pesada indumentaria del Señor del Fuego, para luego meter sus manos debajo de esta, pasando lentamente por cada uno de sus marcados y firmes abdominales mientras cerraba sus ojos y volvía a morder su labio inferior. Subió hacia sus pectorales evitando la cicatriz que tenía cerca del medio y pasó hacia su espalda, Zuko ya empezaba a mostrar un aumento bastante más significativo en su masa muscular, su cuerpo ya mostraba aún más esa forma tan masculina en uve, —Todo ese estúpido entrenamiento está rindiendo sus frutos —pensó mientras comenzaba a mover sus caderas lentamente de atrás hacia delante de manera casi instintiva, a pesar de aún llevar pantalones.

El maestro fuego dudaba sobre si tocarla o no, la verdad él no quería, bueno en un principio sí, pero no estaba tan seguro. Colocó su brazo izquierdo alrededor de ella sin rozar su piel con la palma de su mano. Debido a la constante fricción, él notó algo cambiar bajo sus caderas, por lo que decidió detenerla. Si bien, una parte de él quería entregarse a los estímulos; otra le decía que lo mejor sería parar. Las llamas de pronto descendieron en tamaño, cosa que llamó la atención de su novia.

—Hey, ¿Pasa algo? —.

—Um… no. Todo está bien —al jadear, intentaba ordenar sus ideas sobre una excusa para cortar con esto.

La chica prosiguió y vio las llamas permanecer en tan baja intensidad. Se separó de él.

—Sí pasa algo. Las llamas de esas velas son tan bajas, parecen apenas pequeñas llamitas. Ja, tal vez comience a decirte así: Llamita. ¿O prefieres ser una flama? —la pelinegra rió al escucharse decir esto y continuó besando su cuello. Zuko abrió los ojos de golpe y se separó al instante.

—¡¿Qué?! —.

—¿Qué?, ¿Qué sucede? —Mai le preguntó entre jadeos.

—¿Que dijiste? —.

—¿Prefieres ser una flama? —rodó los ojos mientras trataba de recuperar el aliento.

—No, eso no... Antes —jadeó.

—Las llamas de las velas son tan bajas… —intentaba decirlo en un tono monótono mientras inhalaba y exhalaba con fuerza.

—¡No! —.

—¿Que… te diré Llamita?, es solo un apodo estúpido y sin ningún significado —se sorprendió al sentir como él la tomaba de ambos brazos con fuerza y la agitaba un poco.

—¡¿Por qué dijiste eso?! ¡¿Por qué dijiste ese nombre?! —.

—Zuko, tranquilízate. ¡Es solo un apodo estúpido! Solo es eso —lo miró un poco preocupada al ver el desconcierto en sus ojos. El maestro fuego intentaba recuperar el ritmo de su respiración. ¿Por qué justo en ese momento debió recordarla, porque a la maestra tierra? Porque tenía que pensar en ella en este momento justo. Le repugno eso. Recordó su sonrisa al recibir el regalo en Ba Sing Se. No, ella no era repugnante, para nada; ella era pura. Durante el tiempo que la conoció, llegó a pensar que tal vez todas esas actitudes que externaba eran en realidad una coraza que resguardaba un blando interior; justo como él. Porque esas palabras se la recordaban en ese preciso momento, al estar casi por iniciar… eso. Por se preocupó al pensar en ella.

Zuko eres un tonto recordó que Mai le había dicho antes de iniciar con esta actividad. Eres un tonto, Llamita la recordó a ella. Sintió el estómago revolvérsele al no saber porque le sucedía eso.

Vio a la chica bajar su mirada con tristeza.

—Mai, yo… —un rápido golpeteó llamando a su puerta lo interrumpió, ambos chicos dirigieron la mirada hacia esta con preocupación.

—¡Que sucede, había dicho que no me molestaran! —gritó.

—Lo siento en verdad mi señor. Soy Xian. El comandante Teng solicita su presencia de manera urgente en la cámara de guerra —.

—¡Agh! ¡Un momento! —espetó el chico bajando su mirada, se llevó una mano al rostro para masajear sus ojos uno segundos. Se movió hacia el borde de la cama y pasó una mano a través de su cabello suelto. Cerró los ojos con alivio, —Gracias, Agni —dijo en sus pensamientos. Se incorporó y abrochó su túnica, daba gracias también que esta estuviera algo holgada. Sería incomodo ir así. Mai con bastante rapidez tomó su túnica y se cubrió el torso.

Zuko de un veloz gesto de su mano derecha, apagó todas las velas y se dirigió a abrir la puerta. La doncella le miró una marca en el cuello y apartó la vista algo sonrojada, muy molesto se compuso su túnica de la parte del pecho dándole un ligero tirón para cubrir la parte del cuello.

—Discúlpeme señor, yo no sabía que… —con mucha preocupación Xian intentó excusarse.

—No te preocupes… —le mencionó algo más calmado. Cerró la puerta tras de sí, —Aquí no sucedió nada. En verdad —recalcó con el movimiento de sus ojos.

—Ahora, ¿Qué es eso tan importante que me quiere decir el comandante? —.

—L-lo siento señor, no me dio más detalles… —comenzaban a alejarse por el gran pasillo que conectaba las habitaciones con el resto de cuartos. Mai abrió lentamente la puerta y los vio en la lejanía. Se preguntó que sería tan importante como para llamarlo a estas horas, decidió seguirlos, en silencio.

...

Un poco extrañado, Zuko estaba por tomar la carta que le extendió el comandante Teng cuando fue interrumpido por su consejero real.

—¡Espere su alteza!, ¡¿Qué tal si esta envenenada?! —Hiromi alzó un brazo en dirección a las manos de ambos.

—Tranquilízate Hiromi, no lo está. De ser así, ya hace varias horas que yo hubiera muerto —indicó el comandante.

—De acuerdo —respondió el anciano. Zuko tomó con lentitud la carta y procedió a leer su escaso contenido.

Comandante Teng, las vidas del Señor del Fuego y el general Iroh se encuentran en la mira de ciertas personas que añoran el pasado. Dentro de dos semanas, cuando zarpe el barco, el viejo general y el chico serán asesinados al abordar el vehículo.

Confió en que harás lo necesario para evitarlo.

—La misiva no posee ningún remitente, ni siquiera un sello de identificación de alguna casa noble, general o de los sabios del fuego. Nada —expresó el comandante ante el chico.

—Podrían ser ciudadanos comunes. Sería muy difícil encontrar a los culpables entre tantos —sugirió el anciano ministro de guerra Qin.

—Tal vez… —.

—¿Pero como es que saben cuándo zarpará el barco?, el muelle en donde lo hará y quien viajará en él —preguntó Hiromi muy preocupado ante la información presentada.

—Tal vez existan agentes infiltrados en el palacio —mencionó el comandante Teng, todos los presentes a excepción de Zuko se vieron los unos a los otros.

—Es probable —respondió Qin con firmeza.

—¿Cuántos estamos aquí? ¿Cuatro? Mi tío sigue dormido, los guardias de afuera no pueden escuchar nada de lo que decimos aquí —.

En el corredor cercano a la cámara de guerra, Mai se encontraba oculta tras uno de los pasillos que llevaban a otras de las habitaciones. Intentó acercarse lo más que pudo, pero era imposible. Lo que sucedía en la enorme cámara no podía ser escuchado desde fuera, además sería imposible aproximarse, ocho guardias custodiaban la entrada. Se ocultó con rapidez al ver a uno de los soldados voltear en su dirección.

—El general Shinu está en caminó, señor. Acompañado por el coronel Mak —habló el ministro de guerra.

—Bien, ¿Qué tal si simplemente cambiamos el día y la hora de partida? —sugirió.

—Muy buena idea, señor. También elegir a toda una nueva tripulación, tal vez compuesta por solo hombres de confianza en Ciudad Capital —complementó Hiromi.

—Sí, sugiriendo eso deberíamos investigar a la gente del gobernador Norio. Después de todo… la tripulación es de la Ciudad Manantial de Fuego —dijo Qin.

—¿Piensas que él está detrás de todo esto? —inquirió Teng.

—Es probable —le respondió el viejo ministro acariciando su canosa barba.

—No lo sé. Qué razón podría tener para traicionar al Señor del Fuego. Después de todo, su majestad firmó los tratados de comercialización para que la isla Shuhon se convierta en el centro del comercio de toda la nación, no tendría sentido perder todos los privilegios que esto conllevaría —sugirió Hiromi, los demás concordaron con su planteamiento. Lo investigarían no tan a fondo dándole así el beneficio de la duda.

—Reemplacen a toda su tripulación por gente de nuestra confianza —ordenó Qin.

—De acuerdo entonces está decidido… —habló el comandante.

...

Mai quien se escondía tras un enorme pilar rojo, lo observó caminar por uno de los largos pasillos que llevaban al comedor, seguido de cuatro guardias.

—¡Zuko! —gritó al acercársele a prisa. Los guardias y el joven voltearon en su dirección. Estos llevaron su mano hacia su costado en listos para desenvainar sus espadas. El maestro fuego con gesto de su mano los hizo volver a guardia.

—Mai —la tomó de las manos al esta llegar frente a él, —¿Qué haces despierta? —ella lo captó en seguida.

—Escuché los golpes en tu habitación y luego te vi salir acompañado por una de las doncellas. ¿Está todo bien? —él movió de costado sus labios, pensando.

—Guardias, retírense —.

—Pero señor, tenemos órdenes estrictas de escoltarlo, tanto del comandante Teng, como del ministro Qin y su consejero Hiromi —le respondieron dos de los guardias que iban adelante.

—Cierto… —apretó sus ojos y suspiró al recordar eso por unos segundos. Se giró hacia Mai, —Iré a la biblioteca, ¿Quieres venir? —.

—Claro —.

Los dos chicos continuaron el camino hasta llegar a la gran biblioteca del palacio, Zuko hizo a los guardias esperar en la entrada y no permitir el acceso a nadie más que a su tío en dado caso que él apareciese.

Él de momento se rehusaba en creer que alguien quisiera atentar a su vida por querer la vuelta del anterior gobierno. ¿Quién podría querer ese régimen casi totalitario de vuelta?, ¿Quién podría aún querer la guerra con las demás naciones? No, no quería pensar que gente así estuviera planeando algo en estos momentos. Aunque en el fondo bien sabía que personas de peores intenciones existían en el mundo.

Se sentaron en una gran mesa, en donde el chico dejo caer su cabeza sobre sus brazos, el sueño comenzaba a vencerlo. Mai quería continuar con la sesión que fue interrumpida, pero él se negó con amabilidad. Usó como excusa perfecta su evidente somnolencia y la preocupación que la inesperada noticia le había causado.

Mai un poco molesta, al menos quiso saber qué era lo que sucedió en aquella reunión de emergencia. Desafortunadamente o afortunadamente, el Señor del Fuego le contó casi todo a su novia, incluida la nueva fecha y hora en que zarparía el navío,a excepción de las sospechas del gobernador Norio; ya que el mismo se rehusaba a pensar en ello.

...

Al otro día, la pelinegra hizo lo mismo de aquella vez en la cena con sus padres.

—Padre, necesito tu ayuda. Mejor dicho, Zuko la necesita —le habló al cerrar las puertas de su despacho en la planta baja de su mansión.

—¿A qué te refieres Mai?, ¿De que podría solicitar ayuda su majestad a un hombre sin cargo político como yo? —inquirió Ukano al estar sentado, sin voltear a verla.

—Tú conoces gente. Necesita tu ayuda, alguien intentará atentar contra su vida y la de su tío el día de su viaje a Ba Sing Se —el hombre abrió los ojos de golpe y casi se ahoga con su propia saliva, se giró con rapidez a verla y se levantó de su silla.

—¿Cómo?, ¿Alguien intenta amenazar la vida de nuestro querido gobernante?, ¿Por qué? ¿Quién querría volver al antiguo régimen? —preguntó con un fingido tono de preocupación e incredulidad.

—Exacto, quien querría volver a esos días. Solo unos estúpidos —respondió su hija con un tono muy venenoso.

—Sí, solo unos estúpidos —agachó su mirada un poco y jugó con su barba por unos instantes, devolvió su mirada hacia la de ella. —Conozco gente. Haces lo correcto al decirme esto, hija —le sonrió.

—Gracias padre —le hizo una pequeña reverencia con sus manos y le devolvió la sonrisa.


Más tarde, en un piso franco al noroeste de Ciudad Capital

El viejo ex-gobernador abrió las puertas de la habitación de golpe, los dos guardias que lo escoltaban las cerraron tras de ellos.

—¡Es imposible, imposible! ¡Se suponía que nadie debía enterarse de esto! Nadie más que nosotros ¡Sabia! —gritó totalmente furioso. El general Araki se levantó de golpe al verlo entrar, el otro político se encontraba junto a él y un sargento de los Yuyan jugaba con una daga.

—Que es imposible, Ukano —mencionó con un tono en extremo calmo el gobernador Norio, sin mirarlo.

—Se enteraron. Ellos se enteraron. ¡En el maldito palacio! —.

—¿Cómo? —preguntó preocupado Araki.

—Sí, se enteraron. Mi fuente me lo informó. Pero tranquilos, aún no sospechan de nadie de nuestra organización. ¿Pero cómo?, nos aseguramos de no ser seguidos… —se sostenía la cabeza mientras caminaba de un lado a otro. —A menos que… exista un topo entre nosotros… —pensó al detenerse, esto lo preocupó aún más, —Tal vez… Araki, ese viejo se habrá arrepentido o alguno de los no presentes. Norio es un buen amigo, él no se arriesgaría a ser descubierto; después de todo usamos a su gente y recursos en esta operación. Sí, él no podría ser, es el único en quien puedo confiar en este momento hasta no saber lo contrario —.

—Ukano… —lo llamó el general por cuarta vez.

—Cambio de planes, se cancela el atentado al Señor del Fuego, por ahora al menos… —respondió.

—Entonces… ¿No haremos nada? —preguntó incrédulo el viejo general.

...

—¿Sobre que me querías hablar, Ukano? —preguntó el gobernador. Araki y el arquero se habían ido hace tan solo unos cuantos minutos.

—Norio, amigo mío. Ya que estamos a solas, puedo hablar. Tal vez eres el único en el que puedo confiar por ahora. El ataque se llevará acabo, con la nueva información de por medio cambiaremos el plan a ejecutar. La guardia real pondrá a su propia gente como tripulación, el asesinato se cancela como tal —respondió Ukano.

—Esos reactivos altamente explosivos que fabricas para la minería. Quiero que tu gente suba esos explosivos en los compartimientos de contrabando del barco antes de entregarlo a la guardia real, debemos hacerlo volar por los aires… —.

—Entiendo… —.

Minutos después, Ukano vio a su amigo alejarse de la casa en su carruaje personal. Hizo un gesto con su mano despidiéndose de él.

Ahora todo debe salir como debería… a menos que… tú seas el traidor. No te dije que miembros leales a la causa harían lo que sea con tal de que Ozai recupere el poder. Cosas de las que muy poca gente sería capaz de hacer; además aún tenemos gente dentro de sus filas. Si nos vuelven a descubrir, eso solo significa que el traidor eres tú, Norio. Espero equivocarme, pero tengo que desconfiar de todos en momentos como este —pensó el padre Mai, con una sonrisa aún en su rostro. Debía volver a casa. También pensó en su hija, debía evitar entonces que visitara al falso Señor del Fuego. Tal vez ese nuevo recluta Kei Lo podría probar su valía.


Una semana y media había transcurrido desde la reunión de emergencia en la cámara de guerra del Señor del Fuego. La investigación del gobernador Norio y su gente resultó en su aparente inocencia, no hubo indicios de actividad sospechosa; la tripulación del barco fue remplazada por hombres del general Shinu. A pesar de todo, Zuko continuó sus entrenamientos diarios de fuego control; así como, volvió a emplear sus características espadas duales dao en algunas ocasiones.

Continuó atendiendo a distintas juntas políticas de vez en cuando, hizo lo propio con juntas con miembros de la nobleza, miembros del gremio de comercio y los sabios del fuego; visitando Shyu, el ahora gran sabio del fuego (nombrado por el chico) en el templo principal de la ciudad. También visitaba a habitantes promedio de la capital. En general era bien recibido en todas estas visitas y juntas, especialmente con la gente común de la isla.

A partir de esa noche en la biblioteca y recordando el consejo de su tío, decidió volver a leer libros; tal vez algo podría ser de gran ayuda, sin embargo durante sus búsqueda por material útil, se encontró con un viejo libro que solía leer su primo Lu Ten cuando aún vivía en el palacio. Usos de Fuego control durante… el chico no pudo evitar enrojecerse al leer el título de esa obra, tal vez más adelante podría llegar a ser de utilidad.

En uno de los días posteriores recibiría una noticia poco alentadora; los emisarios que fueron enviados a hacer contacto con las colonias del norte, dejaron de enviar reportes de su situación. Aunado a esto, se había distanciado de nueva cuenta de Mai.

...

Dos días antes de la nueva fecha de la partida de su tío, el comandante Teng se encontraba de nuevo en el puerto, iniciaría la supervisión del cateo de todas las edificaciones alrededor de este. El sitio en cuestión se notaba en extremo tranquilo, demasiado para su gusto, no podía evitar sentir una extraña sensación causada por el ambiente que le daba escalofríos. Cerró los ojos e inspiró aquel olor salino que desprendían las calmas aguas; recordó a ese ser querido, —Dame fuerza. Ora ante los espíritus por mí —dijo dentro de su mente. Al llegar con el oficial encargado del muelle, este le haría entrega de una nueva carta hallada por uno de sus hombres en la zona exacta donde atracaría el navío. Al abrirla encontró lo siguiente:

Comandante Teng, las palabras viajan con el viento. Ellos saben acerca de la nueva fecha. Tenga cuidado al llegar el barco a medio día, si toca algo indebido; todos podrían desaparecer.

El militar frunció el ceño y apretó su mano libre, sin lugar a duda alguna, en el palacio había un topo y debía hallarlo o esa era a conclusión más factible del porque ocurría esto. Pero primero debía preocuparse por la seguridad del chico y el general. ¿Qué significaba eso?, ¿Desaparecer? Acaso intentarían atacarlos en el muelle antes de abordar, un ataque con maestros fuego, arqueros… Desaparecer, ¿Un secuestro? o… ¿Explosivos? Debía elevar aún más la seguridad.

...

En el comedor del palacio real, más tarde ese mismo día

Zuko y su tío se encontraban sentados en la mesa del enorme comedor del palacio. El maestro fuego había tomado un baño después del arduo entrenamiento que tuvo por la mañana empleando tan solo sus espadas dao. Pensaba en los acontecimientos de las últimas dos semanas, el supuesto intento de asesinato en contra de su tío y él; ya se lo había hecho saber y este lo minimizo un poco. Tal vez no quería preocuparlo. Aunque había una buena noticia, recibió una nueva carta de Toph, en la noche la leería en privado.

Miraba las tenues ondas de vapor que desprendía la caliente taza de té frente a él. Se encontraba absorto entre sus pensamientos cuando fue llamado de vuelta a la realidad por su tío.

—Zuko, si dejas que se enfríe perderá su encanto —le mencionó con una sonrisa.

—Huh… Uh, cierto —tomó la taza con su mano derecha y la cercó a sus labios, sopló un poco sobre el líquido y le dio un sorbo.

—¿Hay algo que perturbe tus pensamientos? —.

—No, um, bueno no lo sé… yo… —respondió trabándose un poco, mientras colocaba la taza de vuelta sobre el plato en la mesa.

—Es sobre mi vuelta a Ba Sing Se, ¿Cierto? —.

—Sí —respondió agachando la vista.

—Ya te lo dije, sobrino. No deberías preocuparte tanto por eso. Quiero pensar que solo se trata de un caso aislado, no deberían estar tramando nada en tu contra. Serían muy tontos en hacerlo, después de todo tú ya estas empezando a ser un muy buen gobernante, mucho mejor que tu padre —.

—Lo sé tío, pero lo que me preocupa es tu seguridad… eres la única familia que me queda y el día del viaje está cada vez más cerca —su mirada permaneció sobre la mesa. Iroh lo miró sonriente. A veces, su sobrino daba muestras de su vieja personalidad, la verdadera.

—No te preocupes tanto, aún tienes a tu hermana y ¿Porque querrían fijarse en un viejo como yo? —rió con fuerza, —La fecha fue cambiada no hay de qué preocuparse. Lo mejor será cambiar de tema —el anciano tomó su taza y bebió de nueva cuenta, ya era la tercera.

—Entonces, sobrino. ¿Cómo van las cosas contigo y la señorita Mai? —preguntó Iroh con un tono de picardía.

¿Señorita Mai? Ja, yo diría que es más como una muñeca de repisa —pensó aguantándose unas ligeras ganas de reír, —¿Qué cosas? —dirigió su mirada a la de él, y respondió haciéndose el desentendido.

—Ahora que la guerra terminó, pensé en verla más seguido por aquí, tal vez quedándose incluso contigo —al escuchar sus palabras Zuko derramó un poco de té sobre su plato.

—¿Porque me dices eso? —su tío alzó una ceja y le sonrió.

—Oh, veras, ahora que pronto te convertirás en un adulto joven y ella también, pues me preguntaba… cuando me convertirás en abuelo —lo miró con una gran sonrisa cerrando sus ojos, —Este lugar solía estar tan lleno de vida. Tal vez en un futuro cercano tu podrías hacerlo volver esos viejos tiempos —.

—¡¿Qué?! —Iroh rio al ver el rostro de su sobrino todo enrojecido, —Tío, en estos momentos no tengo tiempo para siquiera pensar en algo como eso. De hecho ni siquiera lo había pensado. Hay cosas más importantes que atender ahora, —Yo no… —.

—Lo siento, solo era una broma —el anciano rio de nueva cuenta, —¿Ya no estas interesado en ella? —.

—No es eso… Es solo que… Espera, ¿Y eso que rayos significa?, ¿Ella habló contigo? —le preguntó irritado, —Ella no se atrevería o ¿Sí? No. Si lo hizo, ¡Monos voladores! Agh! —gritó en su cabeza.

—Así es —el anciano volvió a beber de su té caliente, —Ella está preocupada por ti, piensa que tal vez ya no gustas de ella, ¿Ese es el motivo por el cual te has distanciado de ella en las últimas semanas? Bueno y en realidad creo que meses —el joven maestro fuego se sorprendió mucho al escucharlo reír tan fuerte.

Zuko intentaba calmarse, tomó la taza lista para darle un sorbo —Ella me importa, es solo que… —.

—¿Te gusta alguien más? —el chico se paralizó un momento, bajó la taza con lentitud hasta el porta tazas. Hubo un breve silencio en aquel cuarto.

—… —.

—No. No, no, no. Por supuesto que no. Al menos no que yo sepa —le respondió sin dirigirle la mirada, —Es solo que los deberes como Señor del Fuego en verdad consumen gran parte de mi tiempo, y yo… —recordó esa risa… Vamos Llamita, ¿O acaso eso es todo lo que tienes? Jajajajaja… y las cartas.

—Yo creo que necesito… divertirme —sonrió de manera estúpida, —Y Mai no sabe cómo divertirse —volvió su mirada a la del anciano por un momento y luego ambos rieron.

—Ya veremos tío —decía justo al momento en el que vieron y escucharon las puertas del comedor abrirse. Era el comandante Teng.

—Mi señor, general —les hizo una reverencia, al finalizarla les mostró otro sobre blanco, —De nuevo, otra advertencia. Saben del cambio de fecha —

...

Era la tarde del día siguiente, Zuko caminaba por las calles del centro de Ciudad Capital, solo. Se había escapado de la constante vigilancia impuesta por Teng, usando sus habilidades de sigilo. Gracias a que su cabello había crecido aún más; ya podía cubrirse con mayor facilidad su cicatriz ya que lo llevaba suelto. Una túnica negra y su capucha puesta completaban su vestimenta para pasar desapercibido. Haber hablado el día anterior con su tío lo hizo pensar que tal vez debería darle una oportunidad a Mai, aunque él no estaba tan seguro, algo dentro de sí le decía que no debía hacerlo. Pasó cerca de varios locales de todo tipo, el murmulló de la gente llamó su atención. La ciudad parecía muy feliz, mucho más que de costumbre; o al menos que como la recordaba. Tal vez si estaba haciendo un buen trabajo como Señor del Fuego. Continuó caminando hasta que vio a la pelinegra sentada cerca de una hermosa fuente que mostraba dos dragones entrelazados en espiral.

—Hey —.

—Hey —le respondió con ese aburrido y frío tono de voz de siempre.

—Recibiste mi mensaje —.

—Si Zuko. No estaría aquí de no ser así —cierto, que tonto; pensó él al escucharla.

—Ahm, ¿Quieres ir por una paleta helada? —.

—Hmmp —él suspiró ante su respuesta, eso era un sí.

...

—Zuko, aquella noche… Dijiste que me querías, ¿Eso aún es cierto? —preguntó ella con mucha curiosidad por saber lo que él diría, posó su mirada en su paleta y luego en su rostro, ambos estaban sentados en unas bancas de piedra cerca de un pequeño parque. El chico al ver su mirada tan penetrante desvió la mirada con rapidez, lo que él podría decir no le gustaría.

—Sí, te quiero, claro que aún lo hago ¿Por qué lo preguntas? —respondió con un tono de voz muy calmado, a ella le recordó vagamente al de su madre, Ursa. Él mentía por supuesto.

—Desde aquel día… De hecho, desde nuestro regreso a esta isla te he sentido algo distante —.

—Lo siento, en verdad. Es solo que… ser Señor del Fuego no es tan fácil, créeme, me he dado cuenta por la mala —ambos rieron un poco, —Y además este supuesto ataque en contra de mi tío y yo, me ha tenido pensando en las últimas semanas, estoy muy nervioso por mañana —contestó mientras veía a la gente pasar. Por un momento pensó en cuanto le gustaría a veces ser como ellos, sin las preocupaciones propias de un gobernante; claro tendría otras, pero tal vez aun tendría a su madre.

Vio a una pareja de padres llevar de la mano a un niño pequeño, él sonrió de lado. De pronto comenzó a sentir algo frío bajando por sus dedos hacia su muñeca. La miró sorprendido, lo que le quedaba de paleta se le deshizo. Mai lo miró con pena al ver la mueca que este hizo.

—Al menos esta vez no la tiraste sobre mí —.

—Sí —él rio entre dientes al recordarlo, que triste.

—Todavía tenemos algo pendiente —lo miró a los ojos de una forma muy sugerente.

—Uh, claro. Supongo… pero tendrá que esperar —se pusieron de pie y continuaron caminando, el chico intentó conseguir algo con que limpiarse en alguna tienda cercana.

...

—Sabes, he pensado en ir a ver a mi padre —.

—¿Qué? —Mai preguntó bastante sorprendida, ¿En serio él pensaba hacer eso, ver a ese monstruo después de todo lo ocurrido?, —Pero… —.

—Lo sé, pero… aún tengo que averiguar sobre el paradero de mi madre —.

—Pero Zuko no deberías hacer eso. Qué tal si intenta manipularte, que tal si… —.

—¿Me convierto en él? —la interrumpió de forma rápida, anticipando lo que con mucha seguridad saldría de su boca.

—.

Eso no sucederá —le respondió sonriente, su visión periférica le permitió identificar a unas patrullas de guardias aproximarse en dirección a ellos. ¿Tal vez lo estarían buscando? Mai se dio cuenta de su cambio de humor al ver su rostro y luego eso.

—¿Te vienen a buscar como a un niño pequeño? —.

—¿Tu, intentando hacer un chiste? —la volteó a ver sorprendido y le sonrió.

—¡Qué! —volteó hacia otro lado con los ojos entrecerrados.

—Nada, solo es… raro, —ambos se levantaron y comenzaron a caminar en dirección opuesta a los guardias, —Te acompaño a tu casa, vamos —se ofreció a ayudarla.

—No, yo puedo hacerlo sola, gracias. Sabes, no deberías preocuparte, tú eres el Señor del Fuego. Tu comandante hará un gran trabajo y nada sucederá. Te acompañaré mañana, intentaré escaparme del trabajo —lo tomó del brazo. Él sabía que luego de su regreso a Ciudad Capital, ella había comenzado a laborar en la floristería de su tía.

—Gracias, espera… ¿Lo harás?, gracias. Uh… después de lo que ha pasado creí que ya no lo harías —ambos sonrieron levemente. Justo al llegar a una intersección en las calles ella habló:

—Sabes, ni siquiera Tom Tom tiene tanta gente tras de él aun después de su desaparición en Omashu —él solo ladeó su cabeza al escucharla y se despidieron.

...

Por fin el día había llegado y con ello un nuevo mes (El sexto desde su regreso al palacio). Zuko se levantó como siempre con el primer rayo del sol que cruzó por las ventanas de su habitación; eran lo que serían las siete.

Intentó meditar, pero el estrés comenzaba a mermar su mente; aun así, lo intentó lo más que pudo. Decidió no entrenar ese día, ya que de todas maneras no tendría tiempo alguno, la nueva hora de salida del barco sería en un estimado de cinco horas. Tomó un baño y con la ayuda de sus doncellas Ikeda y Xian preparó su vestimenta. La noche anterior por petición de los miembros más cercanos del consejo, decidió no viajar con su tío y desembarcar en Ciudad Manantial de Fuego; cambiaron el plan establecido.

Al estar listo, se encontró con Iroh en el comedor y lo acompañó en el desayuno, pasarían el tiempo conversando hasta estar listos para ir al muelle en dos horas, treinta minutos antes de que el barco zarpara, siempre atentos al reloj de fuego en la habitación.

...

El comandante Teng se encontraba ya en el muelle de la isla principal a las nueve horas de la mañana. Debía tener la situación bajo control, no había lugar para errores, la vida del Señor del Fuego estaba en juego y la de su amigo el viejo general.

Preparó un fuerte operativo de seguridad en el muelle: nadie entraba ni salía. Una sección de hombres a sus órdenes patrullaba la zona de desembarco. Dos pelotones de cincuenta hombres cada uno; cortesía del general Shinu, resguardaban el perímetro de alrededor de quinientos metros a la redonda, incluyendo pequeños botes rápidos.

Las torres de vigilancia estaban listas ante cualquier emergencia que pudiera aparecer. Las puertas de Azulon permanecerían abajo, ya que un ataque por agua era impensado ante tal despliegue de fuerzas. Después de alrededor de una hora y cuarenta minutos de tiempo transcurrido según el reloj de sol en el muelle, todo parecía ir de acuerdo al plan; hasta que la vio… Una carta en la mano de uno de sus soldados.

—Señor, una patrulla encontró esto —le entregó el pequeño papel, —Un hombre encapuchado la soltó, salió de una de las torres de vigilancia en el camino central, huyó, pero tres patrullas más están tras él en estos momentos. Un escuadrón se encuentra registrando la torre —.

—Gracias, cabo. Será mejor que vuelva a su puesto —.

—Sí, señor —el soldado lo saludó y se retiró a su posición. El comandante procedió a abrir el mensaje con suma cautela.

Cuando sea medio día, un destello semejante al sol aparecerá por un momento en este muelle. Estar demasiado cerca es absolutamente peligroso. Una vez que vea el barco aproximarse recuerde las almejas; lo más importante se encuentra en su interior. Su decisión puede cambiarlo todo.

¡Por Agni!, ¿A qué se refería con todo eso? El comandante se preocupó en demasía al leer su contenido, aunado al texto del anterior mensaje ¿Qué significado tenía? Se movió de un lado a otro, gotas de sudor resbalaban por su frente hasta rodear sus ojos. El rugido del silbato del barco y la característica estela de humo que dejaba lo pusieron aún más nervioso; jugaba con sus manos. El barco ya había llegado, estaba pasando las puertas de Azulon, en unos minutos más atracaría en el sitio designado, el Señor del Fuego y su tío llegarían en treinta. Tenía que descifrarlo todo a como dé lugar o si no… la vida de aquel chico y su amigo el general, se perderían.

Piensa, piensa, Teng. Perder la cabeza, un destello momentáneo. No. Ya lo había pensado… pero no se atreverían… ¿O sí? ¿Esos psicópatas serían capaces de hacer estallar el barco? Aquí, en Ciudad Capital. Increíble, pero bien podría suceder en estos momentos… —.

—¡Capitán Fuji, que sus hombres registren todos los almacenes del lugar, levanten cada piedra y madera que encuentren, no me importa si ya lo hicieron hace una hora, ayer o cada día en el último mes; háganlo otras veinte veces más!, ¡Ahora! —gritó el encargado de la seguridad.

—Sí, comandante. ¡Sargentos, a mí! ¡Nuevas órdenes! —.


Al mismo tiempo que el navío llegaba a las puertas de Azulon, en la floristería de la tía de Mai

—Tía, ya casi es medio día y todo ha estado muy tranquilo. ¿Crees que pueda tomarme el resto del día libre?, ¿Solo por hoy claro? —preguntó Mai muy expectante ante la respuesta de su tía Mura, dueña del negocio.

—Claro Mai, solo ayúdame a poner estos arreglos en su lugar, ya casi es hora de la comida de tu hermano —habló Mura mientras llevaba un arreglo en su mano derecha y en la otra llevaba bien sujeto al pequeño Tom Tom, quien reía al ver a su hermana. Otros dos arreglos se encontraban en el mostrador.

—Por supuesto —le dijo con una pequeña sonrisa y tomó uno de estos llevándolo hacia un estante detrás de la ventana que daba a la calle. Al estar por colocar en un sitio adecuado el segundo, vio pasar un chico de una aparente edad similar a la ella, quizás un poco más alto, de ojos y cabello cafés, este último lo tenía en forma de un flequillo algo texturizado que caía hacia la izquierda de su rostro. Debía aceptarlo, era algo atractivo; aunque Zuko lo era más. Permaneció viéndolo por un momento, parecía estar buscando algo hasta que…

...

Kei Lo, el nuevo recluta de la sociedad de Nueva Ozai, había recibido por parte de su líder Ukano la misión de impedir que una chica; Mai (según le había dicho era su nombre), acudiera al puerto de la isla. No le dio explicación alguna del porque debía hacerlo; ni porque ella en especial. Era una orden y tenía que acatarla si quería pertenecer a la sociedad.

El ex-gobernador le había dicho que la buscara en la parte oeste de la ciudad, cerca de la zona comercial, en una floristería llamada La casa de los lirios.

La reconocería por su vestimenta de dos piezas: una túnica roja carmesí y negra, cabello negro sujeto con dos coletas sobre sus hombros y un flequillo sobre su frente, de acaso su misma estatura y de una mirada muy seria.

Continuó su camino. Llegó a una de las calles principales; que a pesar de la hora, no estaba muy concurrida. En esta comenzó a buscar entre los negocios, giró hacia su izquierda… y nada, suspiró un poco frustrado. Llevaba ya casi media hora buscándola hasta que… la vio por fin.

A través del aparador de la tienda, sus miradas se cruzaron por unos momentos. Su jefe nunca le mencionó lo atractiva que era esta chica en realidad, la descripción que le había dado fue muy vaga y no hacía justicia a su belleza. Sus ojos eran color beige, muy penetrantes, lo que le daba en efecto esa mirada seria; pero llena de misterio. Para él eso resultó bastante atractivo.

La miró por unos segundos más, hasta que ella colocó un arreglo floral que llevaba en un estante y se retiró de prisa. Sin duda era ella, se arregló lo mejor que pudo su túnica y entró al establecimiento.

—Buen día —saludó el chico a la señora tras el mostrador, la vio cargando a un niño pequeño.

—Buen día joven, ¿En qué podemos ayudarle? —preguntó Mura quien volteó a ver a Mai de reojo.

—Buscaba un arreglo para el festival de Agni, ¿Me podría ayudar a elegir alguno? No soy mucho de flores, pero mi hermana me pidió ayuda —les sonrió, el niño pequeño en los brazos de la señora comenzó a llorar.

—Claro joven. ¿Mai puedes ayudar a este apuesto chico?, Tom Tom ya tiene hambre —la joven asintió con la cabeza a pesar de su disgusto interno, Mura se retiró con su pequeño hermano. ¿Por qué ese tonto se le ha quedado observando desde que lo vio en la calle?

—Hola, que tal, —le extendió una mano en señal de saludo, lo cual no fue correspondido por lo que la quitó con rapidez, —No sabía que era un requisito para las floristas ser tan bellas como las flores que venden —la pelinegra lo miró algo irritada, —Mi nombre es Kei Lo —le sonrió.

—¿Quién dijo que nos llamáramos por nuestro nombre? —le respondió Mai ya muy irritada, el chico soltó una leve risilla bajando su mirada al suelo y luego volviendo a la de ella.

—¿Qué puedo hacer entonces para ganarme el derecho de conocer tu nombre? —ella arqueó una ceja al escucharlo.


A falta de hora y media para la llegada del barco, el Señor del Fuego y su tío partieron rumbo al puerto en uno de los carruajes reales, escoltados por otros dos carruajes y diez unidades montadas a caballo-avestruz. Durante el camino, Iroh conversaba con Hiromi acerca del té que habría en su tienda El Dragón de Jazmín y le extendió una invitación para que lo visitara algún día.

Ya habían comenzado a descender el volcán inactivo, Zuko se mostraba algo nervioso al pensar en lo que podría ocurrir al llegar al puerto, ¿En verdad intentarían asesinarlos?, ¿Por qué?, ¿Por qué alguien querría volver al antiguo régimen? Nada de esto resultaba coherente para el chico.

Pronto comenzaron a descender por el complicado camino que llevaba a Ciudad Capital desde el muelle, en donde se reunirían con una escolta más a cargo del coronel Mak.


Mientras veía como aquel navío era escoltado por los botes patrulla hacia la zona de atraque designada, el comandante Teng pensó en la respuesta probable para lo que significaba el texto. Muy seguramente hablaba acerca de explosivos; pero todo el puerto ya fue revisado por los hombres hasta más de veinticinco veces. No tenía sentido que atacaran desde tierra. —¡Eso era!, no podía ser desde tierra. Lo más importante se encuentra en su interior, como las almejas. ¡Sí! —el comandante abrió los ojos de golpe.

—¡Todos atrás! ¡Ahora! —gritó a todos los hombres dispersos por la zona de atraco al ver al navío ubicándose en la posición designada. Los soldados acataron la orden y retrocedieron de inmediato, muchos de ellos se miraban los unos a los otros con evidente miedo en sus ojos.

El barco atracó por fin y se quedó un momento sin mostrar señales de vida hasta que un hombre de mediana edad se dirigió hacia la rampa de acceso al muelle, seguido de otros tres marineros.

—Capitán Tadashi reportándose, señor —miró al comandante y lo saludó junto con los otros tres miembros de la tripulación.

—¡Es el barco!, ¡Debe estar lleno de explosivos! —gritó Teng, todos los hombres se tensaron, incluidos los tripulantes. Los botes patrulla retrocedieron varios metros.

—¡¿Qué!? —gritó bastante preocupado el capitán al escucharlo.

—Debemos cerciorarnos de esto. ¡Esperen! —volvió a gritar Teng al ver a un par de soldados decididos a acercarse, —Traigan a las crías de Shirshu, ¡Ahora! —.


Los botes de motor se encontraban listos con la sorpresa incluida. Se habían deshecho de sus uniformes de la nación del fuego y se colocaron las máscaras de tela para cubrir sus rostros de quien pudiera llegar a reconocerlos. Uno de los ocho preparaba su arco y flechas listas para el trabajo más importante de su vida.

Golpearon sus puños en señal de camaradería. El primer paso se había cumplido, los guardias de la torre encargados de subir la puerta izquierda fueron asesinados por ellos, así como los de la torre de vigilancia más cercana. Divididos dos en cada bote de motor, aguardaban el momento indicado tras las puertas de Azulon cerca de una gran formación rocosa a la izquierda de estas.

—¡Muy bien hermanos, este es el día en que libramos a nuestra gloriosa nación de las garras de esos asquerosos traidores! —, gritaron los otros terroristas totalmente extasiados.

—¡Seremos nosotros quienes serán recordados como héroes de la nación, al devolverla a su legítimo líder! ¡El Señor del Fuego Ozai! —, volvieron a gritar.

—Cuando el sol se pose en la tercer roca de la izquierda, esa será la señal. La señal para la purificación —el hombre señaló unas pequeñas formaciones rocosas en la pared tras la que cual se ocultaban.


—Muchas gracias por la ayuda con el arreglo, mi hermana estará muy feliz —Kei Lo le sonrió a Mai mientras la seguía. Se dio cuenta que la dirección que seguía era en dirección al puerto y sabía que tenía que evitar que llegará a allá.

—¿Porque me sigues? —preguntó Mai aun irritada, debía reconocerlo era muy insistente pero ya le había sacado un par de sonrisas, aunque quisiera negarlo. Aun así era un estúpido. Debía darse prisa o si no perdería el viaje con Zuko.

—Creo que aún no me has dado tu nombre; además, yo vivo en esa dirección ¿Y tú por qué vas hacía allá? Espera… —la llamó al verla cambiar de dirección.

—Iré a mi casa, necesito llegar a un sitio lo más rápido que pueda. Necesito un caballo-avestruz de mi padre —contestó Mai con firmeza.


Las crías de las bestias Shirshu guiaban a los rastreadores y miembros de unidades pesadas hacía la cubierta de almacenamiento del barco gracias su increíble olfato. El ambiente en el lugar era tenso, nadie decía ni una sola palabra. De pronto uno de los animales se acercó a una extraña compuerta y con insistencia raspó la entrada metálica de esta.

—¡Lo encontramos! —gritó uno de los soldados que esperaban en la cubierta exterior. Estos apresaron a todos los miembros de la tripulación, quienes se defendían diciendo ser inocentes.

Un grupo de seis soldados más, acompañados por el comandante Teng entraron a la cubierta de almacenamiento. Uno de los hombres forzó la compuerta con una varilla, al ver en su interior; no había nada, solo un pequeño montículo de pólvora. Los soldados registraron cada rincón del navío por orden del comandante, no hallaron nada. El comandante sintió un alivio tremendo al comprobarlo.

Al subir a cubierta, Teng vio el carruaje del Señor del Fuego ya a unos metros de la zona de atracó, saludó a los hombres y al coronel Mak, quien había recién arribado al lugar.

—¡El barco está limpio! —les gritó sonriente.

De pronto algo dentro de él le dio muy mala espina y solo lo comprobó al ver a un soldado corriendo hacia él por la zona del muelle, todos lo observaron expectantes.

—Señor… —trataba de recuperar el aliento, —Recibimos, el aviso… dos de las torres de vigilancia al oeste de la puerta no responden a ningún llamado. Fueron enviados… dos escuadrones liderados por el capitán Fuji… a comprobar el estado de esos hombres… —.

Todo esto fue demasiado extraño para el comandante, tenía una corazonada, siempre debía pensar en todas las posibilidades; ese era su trabajo. Sí el barco estaba limpio… ¿Cómo lo harían estallar? Estaban dementes…

—¡Suban las puertas de Azulon!, ¡Suban las malditas puertas! Y la segunda barrera de inmediato, hagan todo lo posible —gritó lo más fuerte que pudo, —¡Coronel Mak!, ¡Sáquelos de aquí ahora! —dos maestros fuego que utilizaban casco se vieron el uno al otro y asintieron. Llevaron dentro del carruaje a Zuko y a Iroh.

—¿Pero el barco está limpio? —preguntó Mak.

—¡Sáquelos!, ¡Sáquelos! —el coronel hizo caso ante la insistencia del jefe de seguridad y subió a su caballo-avestruz escoltando de vuelta al palacio al carruaje real.

—Pero… ¿Qué sucede? ¿El barco está limpio, o no? —preguntaba Hiromi muy confundido.

—Todo había salido muy bien… —dijo Zuko al comenzar a preocuparse.

—Lo siento su alteza, pero es por su seguridad —dijo uno de los guardias cerrando la puerta el carruaje. El conductor de este golpeó al par de alces-dragón que tiraban del carruaje para moverlos en dirección a Ciudad Capital.


El sol se posó sobre la roca y esos gritos lo evidenciaban, era la hora. Prendieron los motores de las lanchas.

—Fue un honor servir con ustedes hermanos, ¡Y recuerden sin lastima ni misericordia!, ¡Por Ozai! —.


Dos explosiones en el cabo izquierdo de la isla se visualizaron a lo lejos, le demostraron lo que se temía. La torre que controlaba la puerta izquierda y la de vigía aun lado de esta, habían sido reducidas a escombros. La puerta derecha subió, pero la otra por obvias razones no.

Divisó en el horizonte de la puerta que permaneció abajo, una pequeña lancha aproximándose a toda velocidad hacia la segunda barrera de defensa Un arquero abordó de esta disparó dos veces hacía una de las torres más cercanas. Los botes patrulla lo rodearon en cuanto pudieron cerrándole el paso; pero este se inmoló al instante. Una nube de humo negro dañaba la visibilidad hacia la puerta izquierda. Teng ordenó a todos que se fueran del muelle de inmediato. Una segunda lancha apareció de entre la nube y se impactó a toda velocidad contra la segunda barrera de seguridad haciendo estallar uno de sus costados, inutilizándola.

Fue entonces que…


El conductor del carruaje al oír y ver las explosiones de las torres de vigilancia, golpeó tan fuerte como pudo a los alces-dragón, debían alejarse de allí cuanto antes. El coronel Mak les seguía el paso pero volteó al escuchar el estruendo.

—¡Que fue eso! —gritó Zuko bastante preocupado, se acercó lo más que pudo a la ventana del carruaje.

—Oh no... —se lamentaba Hiromi.

—Tranquilos, tranquilícense. Estoy seguro que el buen comandante Teng tiene todo bajo control —mencionó Iroh intentando calmar los ánimos, aunque él sabía que la situación no se escuchaba nada favorable.

Zuko al estar bastante alterado, sacó medio torso a través de la ventana del vehículo para observar la situación que acontecía en el muelle. Vio a la figura de un hombre que se observaba diminuta por la distancia que habían tomado del puerto sobre la embarcación que habría trasladado a su tío. Esa figura desapareció en un instante al ser engullida por una enorme llamarada, seguida de un estruendoso sonido, varios cuerpos de soldados cerca del navío salieron disparados.


Segundos antes en el barco

Fue entones que… otras dos lanchas de motor cruzaron a toda velocidad la segunda nube de humo en dirección hacia el navió, a esa distancia Teng pudo escuchar el rugir de los motores de aquellos veloces vehículos; además de los gritos de esos sujetos.

Volteó su mirada hacia el camino a que llevaba a Ciudad Capital, y vio allí al carruaje siendo escoltado. Sonrió para sí. Lo había logrado, había cumplido su deber. Salvarlos; el chico y el general Iroh vivirían. Al menos eso le reconfortaba en esos momentos, sabía que hasta ahí había llegado. Vivió su vida con honor, hasta el final. Cerró los ojos al agachar su cabeza y recordó a su esposa fallecida y su hija que aún vivía en la isla Kirachu de la nación.

—¡Por nueva Ozai! —fue lo que alcanzó a escuchar a aquellos individuos gritar con un fervor enorme.

—Nos reencontraremos por fin, mi querida esposa —alzó la vista y sonrió. En segundos fue devorado completamente por las enormes llamaradas.


Momentos antes de la explosión

—Espera, déjame acompañarte, por favor —le pidió aquel chico que apenas hoy había conocido. En verdad la desesperaba esa actitud tan persistente.

—No —respondió Mai con frialdad al voltearlo a ver de reojo, —Ya me has hecho perder demasiado tiempo —miró hacia el frente y escuchó un fuerte sonido en la lejanía. Por un momento una columna de llamas se alzó, seguida de una grande de humo, —Zuko —pensó preocupada. Taconeó al caballo-avestruz para avanzar y luego apresurar la marcha.

—¡Espera…! ¡Tal vez te acabo de salvar la vida…! —le gritó Kei Lo al verla alejarse con gran rapidez, —Ukano me matará —pensó, suspirando al sentirse derrotado.


Desde su habitación en el hotel que se hospedada en Ciudad Capital, el gobernador Norio se acercó con preocupación al barandal de la pequeña terraza del cuarto. Una sensación de horror se apoderó de su ser al presenciar la columna de humo que se alzaba en dirección hacia donde estaba el puerto principal de la isla.

Esto no es posible… Yo mismo me cercioré que mis hombres quitaran la mayor cantidad de explosivos dentro del barco en caso de que Teng no lo descubriera a tiempo, incluso antes de que intercambiaran las tripulaciones A menos que… ¡Ukano! —pensó para sí el gobernador de la Isla Shuhon y Ciudad Manantial de Fuego. Sus manos y parpados comenzaban a temblar de manera incontrolable, ¿Habría sido descubierto? O dentro de los nuevos tripulantes había infiltrados, tragó saliva y dio un par de pasos hacia atrás al imaginar que lo que podría ocurrir de ser cierto. Tendría que salir de la isla.

...

Al ver la hora en su reloj de vela, volteó en dirección a la ventana de su despacho en el segundo piso de su casa. Vio la columna de humo proveniente del puerto.

Ukano colocó sus codos sobre la mesa delante suyo, posó su mano izquierda sobre su rostro por un momento y comenzó a reír, cada vez con más fuerza. Su plan, ¿Habría funcionado? Tendría que esperar y ver.


Una larga y tensa semana había transcurrido desde el día del atentado. Zuko se encontraba recostado en el cómodo sofá de su habitación haciendo un recuento de los acontecimientos de los últimos días.

Ese día después de la explosión, volvió al palacio. Un fuerte operativo de seguridad fue desplegado tanto en él como en toda Ciudad Capital hasta este día.

Se hicieron los recuentos de las pérdidas tanto de vidas como de materiales: el comandante Teng falleció al momento de la explosión, quince soldados que se encontraban tanto dentro del navío como en el muelle cerca de este (De entre los que destacaba el sargento Haruki); así mismo toda la tripulación que venía en él desde Ciudad Manantial de Fuego. Los restos de seis hombres más (Entre estos el del capitán Fuji), fueron hallados en las torres de vigilancia cerca del cabo de izquierdo de la isla, un guardia más en una de las torres cerca del barco murió al recibir un flechazo a la cabeza. Por las versiones de lo ocurrido que contaban los guardias que lograron sobrevivir, se supuso que alrededor de ocho terroristas murieron en el ataque, inmolándose con lanchas llenas de explosivos. No se había escuchado acerca del intento de asesinato a un miembro de la casa real desde hacía muchos años, inclusive antes de Sozin.

Todo esto sin contar las pérdidas de infraestructura en una cuarta parte del muelle, dos torres de vigilancia y la segunda barrera defensiva. Algo rescatable fue, que ningún civil murió ni ninguno de los animales rastreadores.

Zuko creyó que el ataque iba dirigido hacia su tío pero aún desconocía la verdad o se rehusaba a pensar en ello.

En los días posteriores al suceso, tres batallones bajo las órdenes del coronel Mak fueron enviados a Ciudad Manantial de Fuego, con el propósito de interrogar al gobernador Norio y a su gente. Sus fábricas y empresas, así como su pequeña flota de barcos fueron cateadas; pero no existió evidencia que lo incriminara. Todos sus inventarios (especialmente los de explosivos empleados en minería) se hallaban completos, toda su gente se encontraba con vida y en la isla. La tripulación después de todo, fue cambiada por gente de la isla principal por lo que el gobernador fue descartado, y lo fue aún más luego de que constructores hallaran en los restos de las torres, un collar hecho de un mineral hallado principalmente en cuevas cerca del rió Jang Hui.

Justo en una de las fábricas cercanas al río, se reportó el robo de material explosivo. Todos los esfuerzos se dirigieron hacia ese sitio, en donde cerca del curso medio del gran rió,dentro de una pequeña cabaña, fue hallado el cuerpo sin vida de un hombre con varias cartas hablando del ataque al barco del viejo general. Estas iban dirigidas hacia alguien en Ciudad Capital, tal vez quien les suministró información.

La conclusión más probable a la que llegó el consejo, fue que el ataque lo planeó un pequeño grupo rebelde aprovechando una única oportunidad robando material de la fábrica cercana. Todos parecían haber muerto pero un grupo de investigación permanecería en la zona. La idea de la existencia de un topo ahora era completamente real y peligrosa.

El Señor del Fuego suspiró al pensar en todo eso, le había producido un fuerte dolor de cabeza. Poco sabía el chico que esto era tan solo el inicio de lo que vendría, el primero de seis intentos de asesinato en su contra.

Una lástima que el comandante pereciera en el ataque, era un buen hombre —pensó. Enviaron una respectiva carta donde externó sus condolencias y una compensación monetaria a la hija del hombre. Lo mismo se llevó a cabo con las familias de los demás difuntos.

...

Media semana había pasado. Cerca de la noche del miércoles, Zuko se encontraba en la parte oeste de la isla, con una escolta de alrededor de cincuenta hombres. Sin embargo, solo el ministro Qin, su consejero Hiromi y el coronel Mak (En representación del general Shinu) sabían del verdadero propósito de este movimiento. Fue con la finalidad de despedir a su tío Iroh, quien viajaría de vuelta a Ba Sing Se; pero esta vez lo haría por medio de un dirigible. Usaría el mismo que los trajo hace seis meses de vuelta a la nación. En esta ocasión no le contó a Mai, los guardias pensaban que el motivo de la misión era solo fue un ejercicio más, en la búsqueda de la seguridad del Señor del Fuego.

El joven se despidió de su tío quien se mostraba reacio a abandonarlo, pero el maestro fuego pensando en que el objetivo del ataque fue el anciano, se rehusó a permitir que permaneciera por más tiempo en la isla. En el reino tierra él estaría más seguro que en la isla.

En contra de su voluntad, pero obedeciendo los deseos de su querido sobrino y ahora Señor del Fuego, Iroh accedió finalmente a volver a la gran ciudad amurallada. Hizo prometer a Zuko que aumentaría la seguridad en el palacio y que por ningún motivo cayera en la duda y se volviera como su hermano Ozai. Volvieron a despedirse con un cálido y fuerte abrazo. El general abordó el dirigible, acompañado por el ministro Qin y una pequeña guardia de confianza. Le prometió enviar correspondencia de manera constante.

Al otro día, por sugerencia del mismo Iroh, Hiromi, Qin y Shinu; el general Yoshiro, fue elegido como nuevo jefe de seguridad del Señor del Fuego. Algo más anciano que Shinu pero no tanto como Hiromi y Qin. De la misma estatura que el comandante Teng. Poseía una larga y canosa barba, así como su cabello. Su rostro evocaba la sensación de no ser muy accesible pero en realidad era todo lo contrario, muy amigable. Estrechó la mano del joven gobernante y prometió realizar su trabajo al máximo, para honrar la memoria del difunto comandante, ahora un héroe.

El resto de la semana transcurrió sin ningún inconveniente. Como medida de seguridad sugerida por Hiromi, el chico evitó dejar el palacio hasta por lo menos dos semanas más. Durante este tiempo lo bueno para él, fue que las reuniones con el consejo, miembros de la nobleza, militares o personas comunes, se cancelaron. Durante este tiempo volvió a retomar su entrenamiento diario de fuego control y su práctica con las espadas dao.

Habiendo poca gente de su edad y estando aburrido, comenzó a entablar conversaciones con algunos de sus sirvientes principalmente por las mañanas, entre ellos: Xian, Jiro e Ikeda.

Al principio las pláticas eran muy extrañas y no solían llegar a ningún lado, Zuko intentaba socializar pero terminaba luciendo sobre todo ante las chicas como un torpe pato-tortuga. Después, ellas se empezaron a abrir más y logró descubrir que en efecto, no eran personas comunes: Ikeda era nieta del general Yoshiro (Eso explicaba por qué varias veces los encontraba hablando y él parecía darle ánimos por alguna razón que aún desconocía, después de todo era la más cerrada de las dos), de Xian ya sabía que era la hija del general Shinu. Le parecía muy interesante que dos chicas miembros de familias con poder y un estatus social más alto que el promedio fuesen doncellas en su palacio. Jiro por su parte era miembro de una familia de clase baja, pero al final del día eso no le importaba al chico, pues era alguien de fiar.

Mai iba a verlo la tarde de cada día, aunque no se quedaba por las noches. El día del atentado fue a verlo directamente al muelle, pero logró encontrarse con él casi a la entrada de la ciudad, subiendo el camino que venía desde el puerto.

Él notó un ligero cambio en su personalidad, muy sutil, apenas perceptible para quien no la conociera; pero él lo hacía muy bien. Seguía con su personalidad monótona, aburrida pero ahora empezaba a ser un poco más cálida. Trataba de no llamarlo por sobrenombres como lo había hecho en aquella ocasión; sobre ello, no volvió a sugerirle pasar la noche juntos, aunque ella aprovechaba cada momento que tenía para estar cerca de él.

En ese tipo de instancias: solía provocar roces de sus manos, trataba de ser un poco más complaciente con el joven maestro; puesto que buscaba obtener algo como lo solía hacer con sus padres (guardando silencio y obedeciendo) y en gran cantidad de ocasiones se recargaba en su hombro, en algunas de estas hasta quedándose dormida.

Zuko en algunas instancias se sentía un poco atosigado, pero con el paso de los días comenzó a apreciar de una forma muy leve los gestos de Mai, tal vez solo la usaba de manera egoísta para evitar la soledad.

Solía evitar pedirle su opinión respecto a diversas situaciones debido a su falta de empatía hacia él, respecto a sus problemas. Eso era algo que poco a poco comenzaba a sembrar un resentimiento hacia ella dentro de su corazón.

Trataba de no pensar en eso de todas formas; puesto que había cosas más importantes que ocuparon su tiempo. Como por ejemplo, la idea de que habría sucedido si él y su tío hubiesen abordado ese barco. Todo habría terminado, su nación quedaría en manos de quién sabe quién o al menos surgiría una lucha por el poder con total seguridad, pero algo más comenzaba a incomodarlo de nueva cuenta, sobre todo por las noches: era el no saber en dónde estaba su madre. El sentimiento de imaginar morir sin ver a su madre una vez más, lo empezaba a atormentar al igual que el inicio del miedo que sintió aquel día al ver morir a Teng y esos hombres.

Otra semana transcurrió e iniciaron las pesadillas, no muy recurrentes; pero aun así bastante molestas. Se levantaba en medio de la madrugada, su habitación tan solo iluminada por la luz de la luna que atravesaba sus cortinas. Creaba una pequeña llama en la palma de su mano y con cuidado buscaba dentro de un enorme ropero, una vestimenta que no había usado en mucho tiempo: su traje negro de sigilo y su mascarilla para cubrir la mitad de su rostro. Usándolas, comenzó a escapar por las noches hacia las partes que aún continuaban inhabitadas en la isla, algunos días al no poder dormir trataba de meditar y practicar aún más su fuego control.

La noche de un sábado, cerca del término de la semana, decidió que quizá era hora de hacerle una visita a Ozai.

...

Una nueva semana transcurrió (el inicio del séptimo mes desde su regreso a la nación del fuego), el Señor del fuego continuó con sus escapadas nocturnas ahora cada noche sin falta alguna hacia las zonas aún deshabitadas de la isla.

Un día mientras Zuko entrenaba, Hiromi se encontraba en su habitación leyendo los últimos reportes del grupo de expedición enviado a Yu Dao, el último fue hace dos semanas. Empezó a parecerle preocupante el hecho de que ese equipo dejó de responder a las cartas al igual que los enviados al norte del reino tierra. Algo debía hacerse al respecto.

Se quitó los anteojos que usaba para leer y comenzó a presionar sus ojos con los dedos índice y pulgar de su mano derecha. De pronto escuchó un par golpes llamando a su puerta.

—¿Sí? —contestó. Podía escuchar aún el chico entrenar en uno de los patios junto a varios soldados, por lo que los únicos que estarían dentro del palacio, serían los guardias, los cocineros, los sirvientes y las doncellas.

—Um… Buen día, consejero Hiromi. Soy Xian… traigo correspondencia para usted —habló la pelinegra.

—Oh, Xian. Pasa, está abierto —la chica abrió la puerta y se acercó al escritorio del viejo ex-comandante, entregándole un sobre. Este se giró hacia ella para recibirlo.

—Aquí tiene. Es del ministro Qin, llegará en las próximas horas —.

—Oh muchas gracias —el anciano pudo ver el remitente escrito en el sobre y sonrió de lado.

—Puedes retirarte Xian, muchas gracias —le sonrió y se dio media vuelta colocándose sus lentes, pudo escuchar que aún seguía allí.

—Ahm, ¿Sucede algo Xian? —se volvió a girar hacia ella.

—Sí señor, tengo que confesarle algo. Es sobre el Señor del Fuego —se inclinó un poco hacia el hombre diciendo esto último en voz baja.

—¿Que sucede con nuestro gobernante? —.

—La semana pasada, no recuerdo el día especifico —se llevó una mano a la cabeza rascándose, —Me levanté cerca de la media noche por un poco de agua, al volver de la cocina pasé cerca de su habitación y escuché fuertes jadeos y gritos. Me sorprendió mucho el no ver guardias por ninguna parte, sobre todo fuera de su habitación —comentó algo preocupada, —Bueno… pensé en tocar y preguntarle si todo está bien, pero decidí no hacerlo —agachó la mirada, —Esperé un poco más y me acerqué a la puerta, llamé y no obtuve repuesta alguna, lo hice tres veces más y lo mismo. Al decidirme a golpear la puerta pude notar que solo estaba emparejada —dirigió su vista al anciano de nueva cuenta.

—Entré con mucho temor y con la ayuda de una pequeña flama que generé en la palma de mi mano, lo busqué por toda la habitación, no se encontraba por ninguna parte. Salí entonces a la terraza y pude observar una sombra muy oscura saltar el muro del patio izquierdo del palacio. Pensé en alertar a los guardias, pero quise suponer que se trataba de él —la calmada expresión del anciano cambió por una de preocupación e intriga.

—¿Estas completamente segura? —ella sintió, —Esto es muy preocupante… ¡Por Agni!, ¿En qué rayos piensa el chico? Escapándose por las noches y despedir a los guardias de su habitación. Escucha Xian, quiero pedirte un favor. Después de lo ocurrido en el puerto, no podemos dejar nada a la deriva. Quiero que desde hoy lo vigiles cada noche que puedas, ¿Crees poder hacerlo? —preguntó el anciano.

—Sí, señor —musitó la chica.

—Gracias, esto es solo es por su bien. Si alguien se entera de esto, podría usarlo en su contra, —Aún no se encuentra al infiltrado —pensó, —Y conseguir que lo… —.