Semana 4 - semana de positividad

Día 24 / te amo


Hay muchas maneras de decir "te amo"


Como no los quiero tener esperando de aquí a la eternidad, los lunes y viernes actualizaré los días que me restan hasta que se me acaben o los termine, lo que suceda primero


El salón donde se estaba llevando a cabo la recepción estaba atestado de gente elegantemente vestida. Ichigo, por su parte, llevaba un elegante traje negro que lo hacía destacar entre los otros invitados que prefirieron ir de ropas más tradicionales. El evento principal pronto comenzaría y ya no habría vuelta atrás, no es como que desee hacerlo, muy por el contrario, estaba ansioso de que pronto iniciara la ceremonia.

Era un momento atípico, o eso era lo que él creía, nunca había participado o asistido de un evento como este. También se sentía extraño de socializar con tanta gente al mismo tiempo, no siempre se le daba bien y no debía, a menos de que quisiera recibir un sermón muy largo, arruinar la noche.

Ya estaba harto de tener que asentir o negar, porque era lo único que podía hacer para no gritarle al anciano idiota que no dejaba de soltar insultos velados a diestra y siniestra, de no ser porque se empezó a escuchar la melodía del piano, que significaba que todos debían de tomar su lugar, le habría gritado al molesto hombre unas cuantas verdades.

Todos los invitados tomaron asiento a ambos lados del frente del salón, dónde se encontraban las sillas. Ichigo se paró, como ya habían practicado, en la parte central junto al oficial. Todos estaban ansiosamente esperando la entrada triunfal de la protagonista de la noche.

A la música del piano se le agregó una pequeña banda sinfónica que empezó a tocar una marcha nupcial escrita especialmente para esta ceremonia.

Desde que ella dio el primer paso dentro del salón los murmullos desaprobadores de los ancianos comenzaron. Nunca estuvieron de acuerdo con sus elecciones con respecto a la bolsa. Qué el lugar era inadecuado, que el salón era de una categoría insuficiente, que al novio le faltaban modales...

Y ahora que podían ver el vestido que ella había elegido estaban aún más escandalizados. No era ni blanco ni rojo, era un hermoso color marfil; que los guantes no tuvieran dedos tampoco les fascinaba, lo veían terriblemente vulgar, sin mencionar los intrincados bordados de las largas mangas y ese dobladillo tan amplio que tenía que cerrar con ayuda de unos listones de seda; pero, lo que más los ofendía era el vestido en sí mismo, no sólo porque ella se había negado a utilizar un tradicional vestido de novia, si no por el amplio escote que dejaba ver su blanca espalda y que se ajustaba coquetamente a la altura de los pechos, al menos quedaba matizado por el largo velo de novia y las aplicaciones y bordados del vestido que recordaban a copos de nieve.

Ichigo, por su parte, estaba encantado del espectáculo que era la novia que recorría el pasillo hasta quedar a su altura. Ver cómo le corrían el velo sería un placer que guardaría en su memoria el resto de su vida, que les pusieran el lazo y les permitieran tomarse de las manos fue un alivio, casi sentía que la perdería.

No podían dejar de sonreír mientras se oficiaba la ceremonia. Ojos ocre y violeta brillaban sin dejar de verse el uno al otro.

— Pueden decir sus votos.

Ichigo, sin romper con la mirada, comenzó a recitar las palabras que con tanto trabajo había practicado.

"Tus manos son mi caricia

mis acordes cotidianos

te quiero porque tus manos

trabajan por la justicia

tus ojos son mi conjuro

contra la mala jornada

te quiero por tu mirada

que mira y siembra futuro

si te quiero es porque sos

mi amor mi cómplice y todo

y en la calle codo a codo

somos mucho más que dos"

En respuesta, la hermosa novia recitó los votos que minuciosamente había memorizado para esta noche:

"Podrá nublarse el sol eternamente;

podrá secarse en un instante el mar:

podrá romperse el eje de la tierra

como un débil cristal.

¡Todo sucederá! Podrá la muerte

cubrirme con su fúnebre crespón,

pero jamás en mí podrá apagarse

la llama de tu amor."

— Por el investido en mí, los declaro marido y mujer.

Rukia no esperó ni un segundo cuando lo jaló de las solapas del traje de Ichigo para para plantarle un beso que hizo que muchos de los invitados la miraran reprobatoriamente, esa no era la manera de apropiada de actuar de una señorita de la familia Kuchiki. Cuando se separaron, Ichigo pudo ver pequeñas y traviesas lágrimas recorrer sus mejillas, se contuvo de limpiarlas con sus dedos o arruinaría su delicado maquillaje, aún tenían la recepción por delante.

— Te amo, Ichigo.

— Yo también, Rukia.

Depositó un casto beso en los belfos de Rukia, para no correrle el labial, antes de guiarla por el pasillo al salón donde sería la recepción y podrían comenzar su vida como el Sr. y la Sra. Shiba.

Ya después tendrían tiempo para arrumacos.


Vivir en la sociedad de almas no sería fácil, los ancianos de ambos clanes no se tomaron a bien su compromiso, unos por considerarlo a él poca cosa para la familia Kuchiki, otros por considerar un insulto que una adoptada se casara con el heredero de su clan; que decidieran sentar su residencia en el Rukongai tampoco les sentó bien a ellos porque se sentían insultados y rechazados o porque no les cumplían su capricho de volver inmediatamente al Seireitei con toda la pompa y honores que sentían que se les había arrebatado; pero la feliz pareja sólo quería un tiempo para se ellos mismos sin las presiones propias de los nobles.


Los poemas recitados por Ichigo y Rukia, respectivamente fic fueron los siguientes

Te quiero, de Mario Benedetti (fragmento) y 'Amor eterno', de Gustavo Adolfo Bécquer