Retroalimentación.

Wonder Grinch chapter 6 . Dec 4: Sí. El propósito del tiempo en nuestras vidas es justo ese: la sanación, recuperar nuestro curso en la vida y el amor propio, y sólo así tendremos la capacidad de compartirlo nuevamente. Y así será, tendremos mucho que dar para la segunda parte de este dueto tan adorado por todos nosotros. ¡Gracias por comentar!

LizSaranjeiP chapter 6 . Dec 4: Iniciar una nueva vida es complicado, y al menos para la mayoría, el primer obstáculo son los padres (en el buen sentido), es sensato de nuestra parte escucharlos. El lemon era parte de esa sanación, porque un trauma vinculado a algo tan íntimo puede destruir a una persona, y no quería que ellos pasaran por algo así, y aciertas en pensar que el verdadero perdón no viene del olvido, sino de la humildad y la voluntad. ¡Gracias por tu comentario).

Sandra Matute chapter 6 . Dec 4: ¡Gracias por tu reseña! Disfruta el nuevo capítulo.

zaoryGuerrero chapter 6 . Dec 5: Gracias. Tenemos que ver el tránsito de nuestros personajes en su inevitable camino a la madurez, y una parte es asumir las pérdidas y confrontarlas con dignidad, y sólo así alcanzar la realización. Kero sólo es Kero, pero debe aprender a adaptarse el muy sinvergüenza. Sobre sus padres, nadie sabe lo que tiene, y esto aplica tanto como para padres y como a hijos, la búsqueda de la independencia establece intrínsecamente una pérdida, así como para los padres es menester hacerse a la idea de que los hijos eventualmente se irán. Muchas gracias por una reseña tan rica, espero disfrutes el nuevo episodio.

carmennj chapter 6 . Dec 5: Gracias. Aún nos falta una parte de este vistazo al pasado, y aún tendremos más de este dulzor cítrico que todos disfrutamos tanto. En la siguiente parte exploraremos la transición, y poco a poco, los costos que se tuvieron (y tendrán) que pagar por su tranquilidad. ¡Muchas gracias por tu reseña!

Ailin79 chapter 6 . Dec 7: Uy, sí. Y de qué forma. Me reconforta saber que estás satisfecha con el desarrollo de los personajes, es algo que trato de cuidar lo mejor posible, y espero poder explorar aún más esa condición. ¡Gracias por tu comentario!

cerezo01 chapter 6 . Dec 13: Hola. Esta historia, estarás de acuerdo conmigo, merecía ser tratada con mayor énfasis. Tenemos un par de padres que, a su modo, no cortarán las alas de sus hijos, debido a la educación que les dieron o a las lecciones que su propia vida les ha dado. Verás en breve todo lo que rodeó a la circunstancia en la que viven en el presente tan curioso, espero te deje complacida la trama. "Codiciosa" me pareció un buen término, porque, desde mi concepción, es una mujercita recatada y que come con elegancia sabiendo usar todos los cubiertos, pero que no tiene miedo o vergüenza en repetir ración. Qué bueno que logré hacerte entrar en calor. Gracias por notar las metáforas, al final, son esos pequeños símbolos los que definirán a los personajes para lo que tengamos enfrente. ¡Muchas gracias por tu reseña! Creo que ya te lo había dicho, pero disfruto mucho de tus opiniones.

Reader2109otp chapter 6 . Dec 17: Hola, ahijada. Llegaste justo a tiempo, unas horas antes de la publicación. Acá vamos. Es la naturaleza de Kero, es como un niño, o como un anciano, ahí está él de "huelemoles" como decimos en mi país. Estos dos merecen cientos de poemas, esa madurez de la que hablas es justo en lo que se sustenta el comportamiento de sus familias, al final, saben los hijos que formaron. Lo del dicho también lo decía mi jefecita: "en lo que vas por la leche, yo ya vengo con el queso". Tienes una voz de terciopelo, niña, no la opaques con estos tonos de Doctor Chapatín que me cargo. El hombre es un estratega, no puedes negar su astucia. En un beso en el corazón saber que alguien se sonroja de lo leído, y sí, quizás a algunos les quede extraño un comentario del estilo, pero también he leído lemmon tuyo, y podríamos decir que ya nos curamos de espanto. Me da mucha alegría que te haya dejado sensaciones tan agradables en el pecho, y sólo puedo decir que tendremos más felicidad en el capítulo siguiente, por cierto, no dejes de escuchar el avance. ¿Qué sabes tú de fríos en Centroamérica? Pero igual me quedo con el abrazo y te lo regreso con el mismo vigor. ¡Gracias por tus palabras!

¡Disfruten el capítulo!


VI.

Estrellas, parte 2.

—Gracias por ser tan discreto —dijo con emoción Li al ver a quien lo recibía en el aeropuerto.
—No es nada. Incluso pude conseguir un auto, no quería que alguien sospechara si pedía un chofer.

Xiao-Lang y Beiji-Hu se abrazaron fraternalmente, y luego el segundo saludó con igual efusividad a Sakura.

—¡Ve esta belleza! No me canso de decir que eres afortunado —declaró el albino, dando un apretón en los hombros a la recién llegada, pero dirigiéndose a Li.

Desde luego, ella se ruborizó a horrores.

—Puede entenderte —dijo Xiao-Lang, divertido.
—Oh… ¿aprendiste chino? —le preguntó, un poco apenado de que su piropo no fuera tan discreto como le hubiera gustado.
—Algo así —respondió ella, recuperándose y dándole una sonrisa luminosa, esperando poder ahorrarse toda la explicación de los poderes de Soullink.
—Bien, pues superada la incomodidad, bienvenidos de vuelta a Hong Kong. Vas a sorprender a la tía Ieran, te esperábamos hasta la próxima semana.
—No lo creo, para este momento ya debe haber sentido nuestra presencia.

Entre marzo y julio, mientras la pareja terminaba de recorrer Asia continental y parte de Oceanía, Beiji-Hu estrechó mucho los lazos con ellos. Se había vuelto su fuente de noticias y confidente sobre inquietudes de cualquier tipo, y podía entender a ambos dado que había vivido en el espectro mágico y no mágico de su familia, y más allá de la complicada historia previa que compartieron, el zorro pudo integrarse a lo que quedaba de la familia Li, con Ieran como su nueva tutora, y sus primas como sus guías educativas.

Largas videoconferencias los habían mantenido en contacto, y un fuerte y legítimo afecto se había forjado entre todos ellos. Y por eso mismo, la inquietud los sacudía a los tres para ese momento, puesto que lo que Li tenía que contar a su madre, definitivamente no iba a gustarle.

—Debo reconocer que te admiro… —decía el zorro, concentrado en el volante—, la tía Ieran es muy justa, y aunque un poco rígida, es generosa… pero la he visto molesta un par de veces y da miedo… y tú vas a plantarte frente a ella para decirle tus planes… no sé cómo es que soportas tanta presión.
—Bueno, es mi madre. Si le temiera más de lo que la quiero, tendríamos un problema. Ella me enseñó que sin importar la situación, debía enfrentarla y luchar por mis sueños, y es justo eso lo que voy a hacer, aún cuando sea ella misma quien se oponga… y no creas que es tan fácil, me están temblando las piernas… —pasó la mano por arriba de su hombro, hacia el asiento posterior del auto, donde Sakura la tomó y dio un apretón, él enfatizó el gesto—. Sin embargo, no estoy solo. Cuando el miedo me domina, sólo debo hacer esto y tengo la certeza de que pase lo que pase, todo estará bien.

Conversaron con desenfado después de que el auto fuera aparcado en la cubierta del ferri, el mismo que haría camino hacia la isla. Luego de atracar y recorrer unos kilómetros más, fue visible la restaurada mansión Li, que se erguía con nuevas cicatrices, pero más orgullosa que nunca.

—¡Señor Xiao-Lang!, ¡señorita Sakura!—exclamó Wei con una mezcla de alegría y sorpresa, acercándose a recibirlos al aparcamiento—. No los esperábamos aún.
—Estoy seguro de que mamá sí, ¿puedes avisarle que llegamos y solicitar audiencia?
—Perdone mi atrevimiento, pero, ¿no preferirían descansar un poco antes?
—No, quisiera terminar con esto lo más rápido posible.
—A sus órdenes.

Por primera vez, Xiao-Lang notó cansado el paso de aquel venerable hombre y mentor de artes marciales, que aún así se las arregló para dar órdenes amables pero firmes a otros miembros del servicio, que prestos atendieron a su comando.

Miró con nostalgia los pasillos de esa gran casa que lo cobijó durante su peculiar infancia, teniendo buen cuidado de no soltar la mano de una Sakura meditabunda, que miraba sin mirar los testimonios artísticos del paso de los Li por China y el mundo.

En contraposición de lo esperado, el mayordomo no guió al par hacia el estudio de Ieran, sino a los amplios jardines posteriores, entre los cuales aún eran apreciables algunos trabajos, en especial los que correspondían al auditorio a la distancia, que más que una reparación, requería una reconstrucción total.

Y en el cuidado césped, una única mesa de jardín con tres asientos los esperaba, sólo uno de ellos estaba ocupado, ahí, Ieran tomaba el té con tranquilidad, vestida de blanco, que ahora no hacía tanto contraste con su cabello gris.

Estando lo suficientemente cerca, fue Sakura la que aceleró el paso, Ieran se puso de pie y recibió el abrazo de Sakura como si fuera su propia hija, mientras que Xiao-Lang se detenía a unos metros de ellas, sereno.

—¿No hay un abrazo para tu madre? —preguntó la mujer sin soltar a la jovencita.
—Qué gusto verte, mamá —dijo al fin, con un sentimiento extraño al no estar acostumbrado a ser tan demostrativo, mientras se abrazaban.

Tuvo que agacharse un poco, para ese momento él ya era bastante más alto que ella.

—Bien… supongo que llegó la hora de la charla, ¿no es así? —retomó Ieran invitándolos a sentarse con ella a tomar té. Su respuesta fue un asentimiento de sus invitados—. Ha llegado el momento de tomar tu herencia, hijo. En un par de semanas, después de tu fiesta de cumpleaños, te convertirás en el rostro de nuestra familia, dentro y fuera de China. Es una responsabilidad enorme, y sé que no será fácil. Tendrás que cumplir con muchos estándares de excelencia: académica, laboral, como empresario y como uno de los dirigentes de tu nación. —Observó cómo los chicos se miraban entre ellos, y continuó—: No quisiera que se separaran nuevamente, y en esa consideración he preparado los exámenes de admisión para varias de las mejores escuelas aquí en Hong Kong para que Sakura también continúe sus estudios, por supuesto, en tanto su familia esté de acuerdo, aunque no estoy muy segura sobre qué tipo de carrera te gustaría tomar… —desde debajo de la mesita sacó un pequeño portafolios repleto de folletos de escuelas—, sé que el idioma ya no es un problema para ti, podrías ir a mi alma mater, la Universidad de Hong Kong de Ciencia y Tecnología, o si te interesa, podrías tomar alguna carrera mágica.
—Mamá… —llamó su atención Xiao-Lang, viéndola demasiado inmersa en su discurso.
—¿Qué pasa?
—La verdad, es que no creo que Sakura pueda tomar una carrera universitaria aquí.
—¿De qué estás hablando? —al hacer esa pregunta, su rostro se ensombreció un poco. Era como si supiera desde antes de iniciar la charla que algo no iba a salir como tenía previsto.

Él se revolvió en su silla, mientras miraba hacia el suelo con una expresión culpable, casi miserable.

—Durante este tiempo, mientras volvíamos hacia aquí, estuvimos charlando… y podríamos decir que tenemos un plan.
—¿Qué tipo de plan? —preguntó la matriarca, con las mejillas tensas.
—Un plan de vida —se anticipó Sakura, y de inmediato se arrepintió, bajando el rostro, en el conocimiento de que esa charla era entre madre e hijo.
—No sé cómo te va a sonar lo que te voy a decir, pero… no voy a separarme de Sakura… ella ofreció algo más que su vida allá en Inglaterra, y a pesar de que regresamos victoriosos, perdimos mucho en el camino. Y si bien sé que ella puede asumir con abnegación ese camino, no quiero que lo tome. Quiero que ella sea libre para ser feliz… y yo quiero estar con ella cuando eso suceda.
—Xiao-Lang… no es tan fácil, no puedes simplemente renunciar a tu herencia y tu legado…
—Sé que parecería una cobardía el no tomar la vida que pareciera que me corresponde, pero…
—No, hijo, no me estás entendiendo… literalmente no puedes simplemente deslindarte de la responsabilidad. Hay una serie de bloqueos mágicos que atan tu vida a tus deberes como líder del clan, el primero y más importante de ellos está ligado a tu nombre y tu linaje.
—Sé de eso… y te parecerá curioso, pero lo tengo cubierto.
—Hijo… —la mujer se masajeó las sienes, abrumada—, debes ser consciente, eres mi único hijo varón, y el único hechicero…
—Eso es circunstancial.
—¿De qué estás hablando?
—He estado estudiando las mecánicas mágicas de la sucesión del liderazgo del clan. Son contratos mágicos muy antiguos, y repletos de matices y sellos… pero si algo he aprendido sobre contratos en mi parca experiencia, es que todos tienen lagunas. Ni el sexo ni el Don son determinantes, cualquiera de linaje puro Li en la línea sanguínea principal puede tomar el liderazgo, este puede ser hombre o mujer, y también puede ser o no un dotado.
—¿De dónde sacas eso?
—Estuve estudiando algunos rollos antiguos del clan.
—¿A la distancia? No es como si esos documentos estuvieran en google docs o en wikipedia —reviró ella, sarcástica, pero suspicaz.
—En efecto, no lo están, pero hay formas de obtener esa información. Los medios digitales son muy eficientes para eso, en estos días se puede extraer el texto de una fotografía.
—Tenías un infiltrado… ¿pretendes que Wei pierda su pensión?
—Wei va a morir trabajando para esta familia, el viejo es demasiado testarudo para retirarse, y por eso lo admiro tanto, pero no fue él quien me ayudó, de hecho, dudo que siquiera esté enterado.

Ieran agudizó la mirada.

—Beiji-Hu —concluyó, no pudiendo evitar que su voz saliera en un siseo.
—Lo descrito en los textos fue confirmado con las experiencias que he vivido, estas últimas generaciones han sido el ejemplo más claro sobre las formas que tiene el liderazgo del clan para ser transmitido, y he llegado a la conclusión de que no es imprescindible que pase a mí —se acomodó en su silla, listo para dar un pequeño discurso sobre sus hallazgos—: si bien, el contrato mágico original de tiempos confucianos establece que el patriarca del clan debe ser un hombre, hubo una reforma en el siglo VI a la luz de los eventos que involucraron a la joven Hua. Esa reforma hizo que el sexo no fuera determinante, y que grandes lideresas guiaran en más de una ocasión a nuestra familia, como Yen Li en el siglo X, Ming-Yi Li en el siglo XVIII y por supuesto, Ieran Li en el siglo XXI.
—Bien, el sexo no es determinante. Aún eres el único hechicero.
—Reforma de la revocación del Don de mil novecientos cuarenta y uno. Durante la invasión japonesa que inició en el treinta y siete, tres líderes del clan fueron asesinados, ninguno tuvo hijos dotados. El Concilio de Oriente, luego de penalizar a Japón, exhortó a China para que modificara el contrato mágico y permitiera que la familia Li heredara el cargo de líder a alguien sin el don, lo cual fue finalmente permitido. Ping Li tomó el puesto, un general del ejército chino que contribuyó de muchas maneras para frenar la invasión y terminar la guerra en el cuarenta y cinco. Un no mago, padre de…
—Gang Sheng Li. Mi suegro…
—Y anticipándome a tu próxima pregunta: la pureza de sangre. Esta no tiene una reforma, sino que está sustentada en el contrato nupcial del líder en turno: en tanto haya celebrado un matrimonio con reconocimiento civil o religioso, el cónyuge pasa a ser un Li puro a partir de ese momento en tanto adopte el apellido. Ejemplo: una Wu que pasó a Li a finales del siglo XX.
—¿Quieres dejar de ocuparme como ejemplo?
—Partiendo de todo esto, hay al menos cinco opciones además de mí para ocupar mi lugar como guía del clan.
—Yo ya no estoy en edad, tus hermanas ciertamente podrían , pero…
—Oh, no estaba pensando en ti como parte de esos cinco candidatos, la verdad es que sí me gustaría que te retiraras, debes descansar… pensaba, de hecho, en el primero que en la línea de sucesión era quien legítimamente debía heredar el clan.
—Beiji-Hu —citó por segunda vez Ieran. Luego vino un largo y reflexivo silencio.

La mujer, luego de escrutar a los muchachos, hizo un gesto con la mano para pedir algo de espacio, para levantarse y caminar por algunos minutos en torno a la mesa, evidenciando reflexiones profundas al tiempo que observaba el paisaje alrededor. Si bien cedió ante el deseo de su hijo de tener una "escapadita" de todo el mar de responsabilidades que le requerían, ciertamente no había contemplado un escenario en el cual él no figurara como la cabeza de su familia. Ni siquiera era ella quien había decidido que ese lugar le tocara, el destino se encargó de ello mucho antes incluso de que Xiao-Lang naciera, y por lo mismo, ella lo daba como un hecho consumado.

—Admito que me sorprende que hayas hecho tu tarea de forma tan eficiente aún en la distancia, en tu lugar, me hubiera dedicado a disfrutar mi tiempo en libertad.
—Gracias.
—Sakura… ¿qué opinas tú de todo esto?
—La verdad, es que no hay mucho que pensar… si Xiao-Lang decide quedarse aquí en Hong Kong, o si quiere ir a cualquier otro lugar, yo lo seguiré. Llamaré "hogar" a cualquier lugar en tanto esté con él.

Para sorpresa de ambos, la mujer pareció triste, más no porque su hijo estuviera rechazando el lugar que le correspondía… parecía triste justamente por no poder darle esa libertad. Regresó a sentarse junto con ellos, tomando la mano de ambos.

—Una de las últimas veces que viajamos en familia fue sólo unos días antes de enterarme que estaba embarazada de ti, ¿sabías? —comenzó a relatar.
—Hay un retrato de ese viaje, recuerdo que papá y tú me contaron una vez que aún no lo sabían, pero esa sería mi primera fotografía —recordó él con cierta añoranza.
—¿Recuerdas a detalle la imagen?
—Pues… ahora que lo mencionas, sí… están tú y papá al centro, mis hermanas posan alrededor de ustedes…
—¿Y recuerdas el lugar donde fue tomada?
—El palacio de la Kokkai, en Tokio… —respondió él, reflexivo.
—¿El capitolio de mi país? —intervino Sakura al fin, sintiendo que esa no podía ser una coincidencia.
—Así es… fue un viaje de negocios de Hien, pero insistió en llevarnos, prometiendo unos días de turismo en Tokio, promesa que fue cumplida a cabalidad, debo decir… —su rostro siguió descendiendo en la intranquilidad a medida que seguía hablando—, entonces no lo vi como nada fuera de lo común, pero mientras conocíamos el capitolio… una jovencita en una silla de ruedas estaba en uno de los jardines, cuidada por varios tipos que parecían guardaespaldas. Recuerdo que ella estaba ahí, como dormida, hasta que pasamos cerca de ella. La chiquilla reaccionó repentinamente, y miró hacia uno de sus escoltas, y el hombre dirigió su silla de ruedas hacia mí. Cuando finalmente la tuve frente a frente, no pude más que sentir compasión… era increíblemente delgada, su piel era casi tan pálida como su cabello largo y blanco, y las cataratas opacaban sus ojos —pareció estremecerse un poco mientras hacía la evocación completa—. Desorientada, movió su mano hacia mí. Siendo honesta, mi primer impulso fue retroceder, pero al final no lo hice, y ella pudo poner su mano en mi vientre… y balbuceó como pudo la palabra "Ryu".
—¿Dragón?

Ieran asintió.

—Imaginarás que ninguno de nosotros habló jamás de ese incidente, especialmente porque no nos pareció nada importante… y entonces, la semana pasada, llegó esto para ti.

Ieran les alcanzó un último paquete que también reposaba debajo de la mesa. Era un empaque sencillo con un sello de envío internacional en él, procedente de Tokio, en él, Xiao-Lang veía la dirección de la mansión Li en el destinatario, pero entendió al leer el nombre de entrega el porqué de la inquietud de su madre.

—"Ryu" —leyó en voz alta Xiao-Lang.
—Fue hasta que lo abrí que supe que había cometido un error al hacerlo, pues esto no era para mí… ahora entiendo que al decir la palabra "dragón", esa extraña mujer no hablaba de mí, sino de ti, y el paquete es en realidad tuyo, y me disculpo contigo por haberlo abierto.
—No te disculpes, mamá, no lo sabías —concilió él, mientras abría la cajita.

Al vaciar el contenido sobre la mesa, él y Sakura se miraron sorprendidos y hasta algo asustados.

Una nota y una carta de tarot. Xiao-Lang tomó el papel y leyó el mensaje escrito en japonés con una caligrafía de gran pulcritud:

Eres voluntad y determinación.
Soberano que reniega su legado, no por cobardía o ineptitud, sino en servicio del amor.
Pero sólo en tarea regia compartida, serás capaz de ver tu verdadera misión.

El arcano era El Emperador.

Sakura extrajo de su bolsillo el arcano que ella misma había obtenido poco más de un año atrás, el estilo era el mismo, de hecho, se podría decir que correspondían al mismo mazo.

—Es por esto que creo que renunciar a tu herencia no sería realmente una opción —indicó Ieran—. No sé qué es todo esto, pero el tipo de firma mágica que tiene es muy diferente a cualquiera que haya sentido antes, me atrevería a pensar incluso que no es magia.
—¿Y qué podría ser si no es magia? —preguntó Sakura sin dejar de ver los arcanos.
—Divinidad.

Xiao-Lang pasó un largo rato entre reflexiones, hasta que finalmente pudo organizar sus ideas para continuar:

—Admito que esto es algo que no esperaba y que muchas cosas cambian desde aquí, pero he llegado a una determinación. No tomaré el liderazgo del clan Li.
—¿Qué es lo que harás?
—Me marcho a Japón con Sakura. Conservamos algo de dinero, si nos concentramos en lo básico lo lograremos. Los próximos años estudiaremos, trabajaremos, emprenderemos o lo que sea necesario. Buscaremos la vida que siempre deseamos.

Ieran miró a su benjamín con sentimientos encontrados. Por un lado, le dolía que aquél en quien depositó prácticamente todo el futuro de su dinastía rechazara de forma tan tajante la cesión que le correspondía. Por otro, no podía ocultar el inmenso orgullo que sentía de su determinación y coraje, al renunciar a cualquier oportunidad económica en pos de buscar su realización al lado de quien amaba.

—Hablaré con el consejo de la familia, y luego los enfrentarás tú —dijo luego de aceptar las palabras de su hijo.

Sakura dio un apretón en la mano de él. Compartieron una mirada profunda, haciendo que Ieran se sorprendiera del nivel de compenetración que esos dos habían alcanzado. Fueron miradas, un par de gestos, pero ella se dio cuenta de que en ese breve espacio de tiempo hubo una conversación completa en total ausencia de palabras.

—Gracias, mamá… pero antes de eso, quisiera plantearte una propuesta de cara a lo recién descubierto.
—Ya tenían un plan de respaldo, ¿cierto? —preguntó suspicaz la mujer.
—Podríamos decirlo.

Beiji-Hu fue invitado a la charla. A medida que aquella conversación de al menos un par de horas avanzaba, la sorpresa en el gesto de Ieran lentamente daba paso a la contrariedad. Porque lo que escuchaba era elaborado y disparatado en igual proporción, y nunca se le hubiera ocurrido, sin embargo, dentro de lo aparentemente ridículo que parecía, era verosímil.

—En realidad, no estaríamos engañando a nadie —decía el zorro, terminando la exposición del plan—. Japón nos dará apoyo, dejé muy buenas amistades por allá que me ofrecieron ayuda incondicional por lo que hice por ellos cuando mi padre intentó su violenta conquista.
—Ustedes no alcanzan a ver lo serio que es esto, ¿verdad? ¡Hablamos de usurpación de título! ¡Del título más importante de esta familia!
—En realidad, no —argumentó el lobo—. En tanto no mintamos a la hora de la sucesión, Beiji-Hu y yo tenemos los mismos derechos de heredar, e incluso podemos transferir esa herencia entre nosotros. El problema real sería la familia extendida Li dentro y fuera de China.
—Y también he pensado en eso, tía. Nada que un poco de tinte, lentes de contacto y un bronceado de spa no puedan resolver —dijo jovial el albino.
—¿Quieres tomar el puesto que correspondía a Shandian? —preguntó con interés legítimo la matriarca—. Te advierto que es un mar de responsabilidades.
—Lo sé, tía, pero tengo la impresión de que será temporal… y siempre puedo dejar al mando a una de mis primas si este perezoso no regresa.
—Entonces… ¿por qué lo harías en primer lugar?
—Xiao-Lang y Sakura no sólo son mi familia, la noche del año nuevo no sólo refrendó nuestro vínculo, sino que me dio otra oportunidad al perdonar mi vida. Si puedo hacer cualquier cosa que mejore la suya, lo haré sin dudarlo.
—Creo que el signo más evidente de que estoy envejeciendo es que accederé a este desquiciado plan —declaró finalmente Ieran—. Sakura, Beiji-Hu… ¿me darían un par de minutos a solas con Xiao-Lang?

Ambos muchachos obedecieron en el acto. Se alejaron charlando entre ellos en otra parte del jardín. Por algunos minutos, madre e hijo hicieron competencias de miradas.

—Accedo, porque quiero que seas feliz —comenzó ella—. Si yo hubiera tenido la posibilidad de quedar al margen de toda esta burocracia, lo hubiera hecho… y tú te encargaste de buscarla por tu cuenta, no quiero privarte de ella. Sin embargo… —tomó aire—, ya eres un hombre y puedes hacer lo que desees. Lo que no puedes hacer, es escapar a las consecuencias de esos deseos.
—Gracias por tu sabiduría, mamá.
—¿Cuándo se van?
—Debemos vernos con el señor Kinomoto en una semana.
—Quédense unos días con nosotros entonces, les acondicionaré una habitación, y puedo apoyarte con algunos recursos para que no empiecen desde cero.
—Mamá, preferiría que no ocuparas tu dinero para…
—Después de lo que estás haciendo con TU vida, no se te ocurra opinar sobre lo que hago con MI dinero.
—De acuerdo —dejó escapar él con una sonrisa resignada.


Después de un par de días de alegre convivencia en la mansión Li, y de que Ieran dejara claro cuán importante era mantener en secreto sólo para el círculo más interno de la familia lo que iba a suceder, en una mañana de principios de julio, en presencia de Ieran y sus hijas, Beiji-Hu y el señor Wei, Xiao-Lang ponía en el anular izquierdo de Sakura el mismo anillo que Ieran habría cargado cuando ella y Hien se comprometieron.

—Se te ve hermoso, pequeña —dijo la matriarca con sinceridad—, pero será mejor que no te acostumbres mucho a llevarlo puesto, a pesar de que ahora es tuyo, y que deberás guardarlo hasta que llegue el momento en que lo des en herencia.

Y es que el plan llevaba una cláusula: la naciente pareja formal debería abandonar Hong Kong… como un matrimonio. Ieran y sus hermanas se desvivieron en disculpas y promesas de compensación cuando Sakura expresó que le sabía un poco mal no poder compartir esa ceremonia con Tomoyo o su propia familia, pero que todo eso era trivial al tener la oportunidad de finalmente cristalizar su deseo de desposar al hombre de su vida.

Así, el trece de julio, un juez civil de toda la confianza de la familia celebró el contrato nupcial en expreso secreto, y finalmente se anunció que Xiao-Lang Li saldría del país por una temporada para comenzar a prepararse para asumir el liderazgo de su familia en sucesión a Ieran Li.

Un vuelo privado llevaría a la nueva familia Li a Tokio para dar los toques finales a su ocultamiento, mientras que Beiji-Hu era ayudado para tomar la identidad de su primo por el tiempo que fuera necesario.


—Vaya… todo esto fue tan repentino —dijo Fujitaka esa mañana, no había notado que llevaba casi tres minutos con la taza de té levantada frente a su rostro.
—Lo sé, pero era el camino que debíamos seguir… —se disculpaba Sakura—. Pero no te preocupes, apenas tengamos oportunidad, haremos la boda sinto, tenemos que hacernos cargo de algunos asuntos con el registro civil antes.
—Y sé que esto le sonará muy extraño, señor Kinomoto —intervino Xiao-Lang—, pero desde hoy, mi nombre será Hiroyuki Sato. Sobre mi antiguo nombre, le suplico que lo olvide.
—¿Olvidar qué? —preguntó con un desconcierto muy convincente el hombre, finalmente dando un sorbo a su té.
—Muchas gracias.
—¿Y ya han pensado qué es lo que van a hacer en adelante? —reorientó Fujitaka.
—Buscaremos un lugar donde vivir, porque obviamente no nos vendremos a meter a tu casa —aclaró Sakura, acalorada—. Pensé por un momento reclamar la casa que el abuelo me heredó, pero…
—Lo sé, sería fácil ubicarlos ahí si lo que quieren es ocultarse —el hombre reflexionó por algunos segundos—. Cuando hice mis prácticas profesionales, me mandaron a la provincia… recuerdo un lugar que me parece se ajustaría a sus necesidades. En lo personal, lo consideraba como un sueño. Justicia poética considerando el nombre del lugar.
—¿Y cómo se llama? —inquirió Li… o mejor dicho, Sato.
—Yumetani.

Fujitaka sonrió ampliamente, y luego de pensárselo por muy poco tiempo, indicó a los muchachos que viajarían en su auto. Al calor del momento, sonó como una gran idea, y durante el transcurso de seis horas que se turnaron él y Hiroyuki para conducir, Fujitaka habló de llevar a Nadeshiko alguna vez a dicho pueblo, proyecto que dada la repentina partida de ella, no se pudo llevar a cabo.

Las montañas de resplandeciente verdor los recibieron cuando bajaron a la cueca de Shirakawa, y desde el momento en que Sakura vio el pueblo quedó enamorada de él. Pasaron ese fin de semana en una posada, conociendo el poblado. Sólo le bastó a Hiroyuki contemplar la espalda de Sakura en presencia de un amanecer para saber que ese era el sitio donde su nueva vida debería comenzar.

La víspera fue breve a partir de ese momento. En sólo unas semanas, los recursos económicos que la pareja aún tenía fueron utilizados para la compra de una extensa propiedad a las orillas del bosque, donde una antigua casa muy amplia y de arquitectura tradicional reclamaba atención, misma que Sakura le proveyó por medios mágicos, dándole nueva vida, poblando de flores sus jardines y dotándola de la calidez que sólo un hogar podía dar. Quizás uno de los más felices con la adquisición fue Kero, que con la vitalidad de un niño recorría a vuelo los espacios interiores de la morada, incluso el jardín cuando no había vecinos curiosos en los alrededores, que dada la parca demografía del lugar, era la mayor parte del tiempo.

En los últimos días del verano, en septiembre, Sakura y Hiroyuki celebraron una modesta boda sintoísta en el jardín de su nueva casa, en compañía únicamente de su familia más cercana, donde incluso Touya parecía conforme con el resultado, tanto así que finalmente liberó el fideicomiso que había creado en secreto para su hermana con todo lo ahorrado en los montones de trabajos de medio tiempo y el formal actual, mismo que Sakura trató una y otra vez de rechazar con lágrimas en los ojos de pura gratitud.

No hubo una luna de miel, tampoco tiempo de reposo, aunque siendo justos, ya habían tomado ese beneficio por adelantado. Ambos comenzaron trabajos de media jornada mientras estudiaban sendas carreras en la universidad local, en administración y docencia, y lentamente comenzaban a echar raíces en aquel que sin lugar a dudas, era reconocido como su hogar. Solos al fin, al único amparo de un sorpresivamente respetuoso Cerbero, Sakura y Hiroyuki pasaban sus días trabajando y estudiando con ahínco, disfrutando de la mutua compañía los fines de semana y vacaciones, desayunando y cenando juntos cada día de trabajo, creando una nueva rutina a cada día llena de afecto, y gradualmente ajustándose a los patrones de una vida de la cual no habría más responsables que ellos mismos.

Tenían, por supuesto, sus peleas, porque a pesar de lo rápido que estaban madurando, eran jóvenes e impetuosos, no obstante, esas riñas eran trivialidades que quedaban corregidas al paso de unas horas o menos. Kero, sintiendo el ambiente enrarecido, declaraba su intención de explorar los bosques por las tardes, incluso en algunas noches, hábito que había tomado en últimas fechas, en especial porque le evitaba escenas incómodas con la pareja, y le daba algo de libertad que nunca antes creyó necesaria, pero que lo hacía sentir revitalizado.

Uno de esos días sin el guardián, en una discusión particularmente fuerte por la distribución de gastos, Sakura y Hiroyuki pasaron un domingo entero sin hablarse. Ninguno de los dos quería ceder, aún así, él hizo los arreglos en el jardín que ella había pedido desde unos días antes en una gran disciplina, y ella hizo la cena más deliciosa que pudo con total abnegación.

—Gracias por arreglar el vallado —susurró ella, algunos minutos luego de iniciada la cena.
—No hay de qué, no hice mucho en realidad. Las bugambilias se verán increíbles ahí.
—¿Tú crees?
—Sí.

Durante unos minutos, se concentraron en comer.

—Está delicioso —se atrevió él en voz muy bajita también.
—Probé con especias nuevas —dijo ella, bajo también, pero sin poder ocultar cierta euforia.
—Se nota… está muy bueno.
—Gracias.

Un nuevo silencio, uno que se prolongó hasta que los platos estuvieron vacíos. Llegado ese punto, Sakura se levantó, recogiendo la mesa, llevándolo todo a la cocina, Hiroyuki la miró sin estar seguro de qué hacer a continuación. Ella fue y regresó con un nuevo plato entre las manos.

—¡Sakura, perdóname! —exclamó él al verla volver, loco por no haber dicho esas mismas palabras antes.

Sakura se quedó clavada al piso a un par de pasos de él, en sus manos, el pequeño plato ponía en letras de jarabe de chocolate un "perdóname" junto con un diminuto pastel individual del mismo sabor. Finalmente se miraron a los ojos, la pesadez del ambiente comenzó a disminuir. Y un minuto después echaron a reír mientras volvían a la mesa, listos para compartir la golosina.

Esa había sido sólo la primera parte de la reconciliación, y sin saberlo, era el inicio mismo de una nueva etapa de su matrimonio, una que recordarían con peculiar afecto en los años venideros.


Comenzó todo con la ducha y la ida a dormir. Como cada noche desde que vivían en esa casa, se abrazaron bajo las mantas mientras dejaban que el sueño se adueñara de ellos, y permitían que las visiones de un futuro tranquilo y prometedor los envolvieran. Y si bien era común que en alguna de tantas noches intercambiaran besos y otras caricias más íntimas, se mantenían sobre cierta línea de castidad e inocencia, pero esa noche era diferente. Sakura era quien sentía que era diferente.

En ese espíritu, durante la madrugada, la mujer despertó. Se sentía extraña, pero no en el mal sentido… tenía algo de calor a pesar de estar en una estación fría, y dicha sensación la tenía en una especie de confortable letargo. Se sentó en la cama, mirando a través de las cortinas la claridad que entraba por la ventana.

—¿Sakura…? —atinó a preguntar su compañero con voz cavernosa, al notarla despierta—, ¿todo en orden?
—Sí, todo está bien —respondió ella, sonriente. Se inclinó un poco besando los labios de Hiroyuki con dulzura, repitiendo la caricia varias veces.

A él, sensible como estaba por seguir aún medio dormido, le parecieron los besos más tiernos y dulces que pudo recibir. Tanto así que cuestionó a su esposa con la mirada el porqué de tan bella atención.

—Sólo tenía ganas de besarte. Eres mi esposo, puedo hacerlo cuando quiera, ¿no? —respondió ella con voz baja, casi como un ronroneo que acariciaba los oídos, cautivadora.
—Por supuesto que sí… y yo lo agradezco.

Siguieron con los mimos por algunos minutos. Ella se dejó llevar por la sensación del momento. No sabía explicarlo, era como si simplemente hubiera caído en cuenta de lo que estaba pasando, del momento que estaba viviendo y sus implicaciones, que estaba en casa, con el hombre que amaba y libre de disfrutar de su compañía sin ningún tipo de limitación. Quería verlo ahogado de felicidad, seducirlo hasta que no pudiera más que aceptar el ineludible hecho de que era suyo, y que por eso tendría muchas cosas nuevas que descubrir a su lado, al menos en lo que respectaba al amor marital.

—¿Quieres algo antes de dormir? —preguntó él, solícito como era siempre con su reina, usando ese diálogo para extender su vigilia, y preparándose para levantarse de la cama—, ¿te provoca un vaso con agua?
—¿Te digo la verdad? —respondió ella, manteniendo la misma actitud casi nihilista hasta el paroxismo que hizo tragar pesado al hombre mientras ella comenzaba a acariciar sus muslos lenta, pero vigorosamente—, me provoca más… un poco de leche tibia…
—¿Sakura…?

Las caricias de ella habían tenido un efecto físico literalmente inmediato en él. Indefenso, la vio bajar el delgado pantalón del pijama sin ningún tipo de oposición, y antes de poder sacar en claro que estaba pasando, su hombría, expuesta, estaba rígida, casi hasta el nivel del dolor, mismo que ella se decidió a aliviar. En un sólo y suplicante bocado lo obligó a soltar un gemido, aferrándose a las sábanas, mientras ella hacía un desquiciante vaivén con su cabeza, entre suspiros ahogados, dedicándole miradas expectantes, llenas de suficiencia, que ganaban brillo ante cada gesto que nacía de la tortura que él estaba experimentando.

La indefensa actitud de él la hizo sentir poderosa, dueña absoluta de la situación, ama inequívoca de sus deseos, de su cuerpo y de su espíritu, mientras él apenas recordaba su propio nombre, tratando de balbucear el de ella.

—No te resistas, amor… —le dijo, castigándolo con más crueldad aún, sabiendo que él no tenía siquiera ya control sobre sus extremidades, su única respuesta fue escuchar su nombre entrecortado, suplicante.

El desenlace al que aquella naciente amante orilló a su inocente esposo inundó su boca, logrando que la recompensa emocional viniera junto con la sensación física. De ninguna manera rehuyó o rompió el vínculo, el contacto le pareció tan puro, sus reacciones tan adorables y las sensaciones tan íntimas y espirituales, que cualquier resultado era simplemente perfecto.

Sonriente, Sakura se incorporó y desabotonó la parte superior del pijama de Hiroyuki, que aún no terminaba de recuperarse, mientras que él la miraba actuar sin comprender del todo su proceder, aunque estaba fascinado. Ella acarició con admiración el abdomen de él, contemplándolo con adoración, convencida de que no existía un ejemplar más hermoso que él, y aún mejor, que era completamente suyo para su deleite.

—¿Qué es lo que más te gusta de mí? —lo provocó, mientras acariciaba sus mejillas.
—Todo de ti me gusta —respondió él con sinceridad.
—Debe haber algo particular que te atraiga de mí… que te excite más que cualquier otra cosa…

Él la miró un poco descolocado, pero finalmente cayó en cuenta de cuál era el camino que ella buscaba explorar con su pregunta. Cuando los ojos de Hiroyuki reflejaron el haber llegado a ese conocimiento, ella sonrió satisfecha.

—Tú ya tienes esa respuesta, cariño… —dijo, engrosando la voz y finalmente sintonizando con ella.
—Veamos si acierto.

Juguetona, tomó la parte baja de la blusa de su propio pijama, levantándola y haciendo un nudo en la parte frontal del mismo, descubriendo su ombligo, se levantó sólo lo necesario para deshacerse del pantalón y se dio la vuelta.

Él no pudo más que lanzar una exclamación al aire. Ante él, la perfección de la figura de su esposa, de la mujer que amaba y que ocupaba y conocía todos sus más profundos secretos y deseos, era exhibida en absoluta entrega y disposición, mientras ella enredaba sus brazos sobre la cabeza, acentuando la estrechez de su cintura en relación a sus caderas, imagen que simplemente dejó sin aliento al desvalido hombre aquél.

Después de unos instantes de incrédula contemplación, ella retrocedió hasta sentarse en las piernas de su amado, serpenteando para evitar que su ánimo decayera, empresa inutil considerando que no había forma de que aquello pasara. Él tomó su cintura embelesado en lo pequeña que era, ebrio de deseo, perdido en la belleza y nueva actitud de Sakura.

—Espera… debo tomar un…

Sakura no le permitió terminar la oración. Con determinación tomó su masculinidad, dirigiéndola al sitio donde debía concretar la unión.

—No te preocupes por nada… hoy es seguro.

Un gemido agudo y hermoso abandonó su garganta, sintiendo como la cálida espada de su hombre se deslizaba en ella. Se sentía llena, feliz, deseada y complacida, fascinada ante la idea de provocar los sentimientos más lascivos en el hombre a sus espaldas, que respondía con vigor al armonioso movimiento de sus caderas, sabiendo que él la observaba pensando en las cosas más descabelladas mientras la poseía, cautivada por la idea de hacerle el amor piel a piel y volver a sentir su caliente semilla regándose por su vientre. No tuvo reparos ni pudor, estaban solos en casa, dejó que su voz inundara la habitación, exclamando cada palabra que le viniera a la mente que expresara su sentir o sus deseos, libre del yugo de la vergüenza o la timidez.

Le pidió que tocara sus senos, y él obedeció sin pensarlo, apretándolos a través de la tela con ímpetu descontrolado mientras bufaba contra su espalda. Sus cuerpos se acomodaron con tal precisión que Sakura descubrió inconscientemente que su hombre había encontrado aquel lugar especial en ella que llevaba una letra por nombre… e incapaz de resistirse al estímulo, encadenó dos escandalosas culminaciones seguidas, para luego sentirlo a él palpitar en su interior, concluyendo la faena entre respiraciones suplicantes.

Él se dejó caer sobre el lecho, y ella se recostó sobre él, mientras ambos se esmeraban por recuperar el aliento. Se miraron como pudieron entre el esfuerzo y la poca luz, y comenzaron a reír, inundados de una felicidad nueva, desconocida y maravillosa.

Unos minutos después ella lo montaba sobre el pequeño sillón de la habitación, abrazando su cabeza y básicamente tratando de asfixiarlo entre sus pechos; y un poco más tarde, él la embestía de pie contra el marco de la ventana, levantando su corto cabello y mordiendo su nuca y sus orejas, bajo las sonrojadas e indiscretas estrellas.

Un sello se rompió para siempre ese día, cuando descubrieron que en la soledad de su alcoba, podían ser ellos mismos, podían amarse sin miedos, podían ser libres al fin. Por tres años el amor físico se volvió un pilar en su vida, que los unió de una forma completamente desconocida y gratificante.

Nunca, antes o después, disfrutaron del sexo como en esa época.

VI.

Fin.


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