Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenecen a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, al igual que algunos personajes.
Hola, después de un par de semanas sin actualizar esta historia, aquí estoy, bastante agradecida por todo el apoyo que me dan con el fic, espero que la historia sea de su agrado, sin más, nos leeremos después.
Gracias por el apoyo; cualquier error, no duden en decirme, y yo con gusto lo corregiré 💖
La puerta se abrió suavemente, la mirada gris de Scorpius se posó en el hombre que recién ingresó, puso mala cara, nunca le había agradado, siempre tenía esa expresión de superioridad, a pesar de ser un simple y común humano, se sentó en la silla que indicaba que estaba a la cabeza de aquella reunión.
—Vaya, me alegra que pudieses unirte a nosotros esta vez, Malfoy –sonrió divertido –tu sector me ha estado dando problemas ¿algo que tengas que decir?
—Yo doy órdenes, me limito a eso –respondió como si nada.
—Bueno, si das órdenes, y tus subordinados no te hacen caso ¿qué propones que hagamos? –cuestionó en un tono inocente, que no tenía nada de aquella emoción, estaba disfrutando de aquello.
—Te recuerdo, que si el tratado ha funcionado todos estos años…
—No es precisamente por ti, quizás no seas nuevo en esta organización, pero no eres el eje central, y lo sabes.
—Dejémonos de esto, y mejor dinos, Zabini ¿para qué es la junta?
Tanto Scorpius como Blaise Zabini se giraron al chico sentado al otro lado de la larga mesa, no se habían dado cuenta de su presencia, a pesar de que tenía una postura de que había estado ahí todo el tiempo.
—Te has unido –comentó Zabini en un tono más suave.
El rubio supuso, que de no haber estado presente, se habría inclinado, hincado y besado la mano y el pie del castaño, que no prestó mucha importancia a nada a su alrededor.
—Como ya lo dije, hemos estado teniendo problemas en unas cuantas zonas de recolección, la principal, en Londres, la de Malfoy.
—Scorpius –pidió el castaño, jugando con una pequeña daga.
—La torre ha estado en regla, sabes tan bien como yo, que no podemos consumir a quien no está señalado.
—Hemos estado viviendo en las sombras por siglos –comentó tranquilo –nosotros no intervenimos, hemos decidido permanecer al margen, como se nos fue indicado, esta sociedad ha mantenido al infierno y a la tierra en un acuerdo equilibrado, nosotros respetamos el libre albedrío de ustedes, humanos –observó a Zabini –y el caos que ustedes brindan –observó a Scorpius –pero ninguno de los dos puede traspasar los acuerdos, o nos veremos involucrados.
—Estuve ahí cuando se hicieron los acuerdos, Miguel, no tienes que recordarme lo que establecen las clausulas.
—Contrario a lo que Zabini recuerda, de sus clases en el vaticano, has estado involucrado en esto desde mucho antes de que se formaran –se puso de pie –pero sino pones un control, tu jefe y yo, tendremos que vernos, y no creo, que después de todo este tiempo, desee pisar la tierra de nuevo.
—Revisaré mi sector –aceptó –y yo mismo regresaré a casa a quienes no cumplan el acuerdo, descuida, Miguel.
—Usa mi otro nombre –corrigió –en el mundo terrenal, respondo a otro nombre, recuérdalo.
—De acuerdo –se burló, pero se limitó a negar divertido.
—Sin embargo, con el derecho que su tratado nos ha dado, tendrás a alguien, supervisando tus pasos, y ten cuidado, por mucho que su cara diga que es un ángel, es feroz, y no se detendrá y matará a aquel que esté fuera de los límites.
—Mientras supervise y no estorbe, me parece bien –aceptó –puede intervenir si ve que algo no va bien, pero no entrometerse.
—Bien –se puso de pie y les dio la espalda –ya debe estar en la Torre, y –le dedicó una mirada sin emoción alguna –dime ¿no encontraste algo más blasfemo que La torre de Marfil?
—Sí, pero creí que eso sería menos molesto.
—Bien, y dale mis saludos a esa alma tuya, cuando la veas.
Scorpius supo que Zabini no pudo ver al castaño desaparecer; porque era un humano, si bien uno no tan común, un humano al final, y para Scorpius todos eran comunes y corrientes.
—Sin importar lo que dijo, estoy a cargo de toda tu unidad, y por lo tanto de las zonas, así que, si no quieres regresar a la caldera donde saliste, mejor haz que todo mejore.
—Se ve que nunca has estado en el infierno –sonrió Scorpius.
—Ustedes, los Kredator, no son más que una ponzoña, el nivel más bajo de la jerarquía, los sirvientes de los sirvientes.
—Puede ser, pero a diferencia de ti, he visto a este mundo nacer y en comparación de ti, lo veré morir.
—Puede ser así, pero yo estaré en un lugar mejor que tú.
La comisura de la boca de Scorpius se elevó, en una mueca de burla que le caló al hombre de piel oscura, él conocía a los hombres así, había vivido muchas vidas, después de todo, conocía lo peor de la humanidad y había visto personas alzarse a la gloria desde la miseria.
—Sabes, pediré que me dejen torturarte en persona –se puso de pie –ver mi cara, será la mejor de las torturas, no me soportas cinco minutos terrenales ¿qué harás con una eternidad?
Avanzó hasta la puerta, sin prestar mucha atención a la rabieta de Zabini, y no es que le hubiese mentido, muchos de los miembros del vaticano, terminaban en el infierno, muchos conseguían tratos, otros cuantos, no, y se encargaría que a pesar de los dotes de ese tipo para negociar, no encontrara trato alguno para firmar.
—M—
Sin duda la mujer había aprovechado el estupor de Lily para atacarla, porque ahora estaba sobre el suelo, con la chica sentada a horcajadas sobre su cuerpo, con su aliento a frutos secos golpeando directamente a su mejilla, su respiración se agitó.
La última vez, él la había salvado.
¿Era por esa razón que cuando cerró los ojos, lo primero que llegó a su mente fue la imagen de Scorpius Malfoy protegiéndola? Soltó un sollozo débil, él la había matado en una vida pasada ¿por qué la salvaría en esta?
El calor que despedía la mujer desapareció en un segundo, abrió los ojos, esperando encontrarse con Scorpius, pero en su lugar, había otra persona que no pudo ver, ya que le daba la espalda, además, su vestimenta cubría casi todo, para impedir saber si era mujer u hombre.
— ¡Suéltame! –Se quejó la morena.
—No hay ninguna marca en ella, aun así, intentas devorarla ¿puedo saber por qué?
—No hay regulación sobre los divididos, deberías saberlo –bufó.
La tercera persona se giró a Lily, blandió una espada y la envainó, con un ligero movimiento de hombros, su cabello rubio, tan brillante como el sol y sus ojos azules se enfocaron en la pelirroja, que se sentó en el suelo, aterrada.
—Técnicamente estás en lo cierto –admitió con desagrado –sin embargo, el encargado de este sector tiene que decidir al respecto, ustedes los Kredator no pueden hacer lo que se les plazca, por fortuna.
Ahí estaba de nuevo, esa palabra que significaba más de lo que Lily podía comprender, observó a la mujer que sin duda era la encarnación de perfección, parecía un ser sacado de este mundo.
—Guarda eso, me hace sentir incómoda –bufó la morena.
Una fuerte ventisca hizo que Lily se cubriera el rostro ¿por dónde había entrado? Dudaba que el aire acondicionado lograra algo como eso, observó de una chica a otra.
—Ah ¿qué es un Kredator? –Preguntó, azorada.
La puerta del closet se abrió, la figura alta y atractiva de Scorpius Malfoy salió de ese pequeño espacio, un poco irritado, o eso pensó Lily ¿realmente era tan fácil de leer para ella?
—Esos malditos…
Se detuvo cuando vio a la rubia y después a la morena, para después, solo después, observar a Lily, sus ojos grises vagaron de nuevo por el lugar, con la quijada tensa.
—Ah, eres tú a quien decidió mandar –comentó Scorpius, ignorando a Lily –bienvenida a la torre, creí que quedó claro que no estorbarías.
—Estorbar ¿quiere decir que mandaste reclutar al alma dividida?
— ¿Quiere decir que apenas llegaste, interrumpiste a Parkinson de devorar a la dividida? –Cuestionó en tono serio –sin investigar primero la situación.
—No hay forma de que supiera que es una dividida, y cuando llegué, la vi intentando consumirla, no vi la marca, intervine ¿algo de malo?
—Para nada –dio un paso hasta la rubia, que contrario a lo que Lily pensó, no era para nada diminuta –tengo una deuda abierta contigo, puedes pedir lo que quieras, en el momento en que lo desees ¿cuál es tu nombre terrenal?
—McLaggen, Audrey McLaggen.
—Bien –se giró a la morena –creo que deberías volver a casa, Pansy –comentó –el jefe te dejó salir a divertirte, pero no quebrantar las reglas, y lo sabes.
—Antes era más divertido –bufó –tontas reglas.
La morena salió del lugar, nadie dijo algo más, hubo un silencio incómodo, por la mirada que los rubios se dirigieron, Luna supuso que se conocían bastante bien ¿habían tenido un romance esos dos? Porque las vibras eran de ese tipo, cuando te topabas con un exnovio.
—La chica es un problema ahora –habló la rubia –está prohibido que los humanos se enteren de este tratado y de nuestra existencia ¿qué hace una alma tan extraña aquí, preguntando sobre lo que es un Kredator? –Elevó una ceja.
—Tenemos un problema, si crees que ella es un problema –se interpuso Scorpius cuando la mujer sacó su espada –deberías actualizarte, las espadas dejaron de usarse hace mucho, ni siquiera en el siglo XXI se usaban en el mundo de los humanos.
—Incluso tú, eres un bebé para mí –se burló la chica –tu existencia ha sido apenas un parpadeo de lo que ha sido para alguno de nosotros la existencia.
—Sí, son muy viejos, lo sé –se burló –aun así, guarda tu espada y esas alas, o las cortaré, y lo que menos quieres, es ser un caído ¿o sí? –Se burló.
— ¿Alas? –Preguntó Lily, observando de nuevo a la chica.
—Los humanos no pueden verlas –dijo Scorpius para ella.
—Humanos ¿significa que soy humana a pesar de ser una dividida? No comprendo –admitió.
—Las almas solo pueden habitar un cuerpo humano, porque a pesar de ser hechas por energía celestial, son…
—Si fueses especial, verías las alas, niña –cortó Audrey la explicación de Scorpius –ah, claro, claro, Miguel me dijo que tenías una alma humana de juguete.
—Creo que no soy el único que tiene juguetes, algunos de los suyos también –sonrió –ah, es cierto, ahora son caídos ¿no es así?
—Sabes que puedo matarte ¿no es así?
—Si pudieses, ya lo hubieses hecho –se giró a Lily –dime ¿qué haces aquí? Lupin me dijo que me detestabas tanto, que no me buscarías.
—No tiene nada que ver contigo –soltó, pero se puso roja de inmediato.
—Mientes, te conozco, dime ¿por qué estás aquí?
—Quería respuestas, de porqué tuve un sueño, donde apareces tú, empujándome de un risco, mientras te suplico por mi vida.
—Eres como un videojuego, cuando me aburro, te reinicio ¿tiene algo de malo? –Sonrió.
La pelirroja no le creyó ni una sola palabra, posiblemente no estaba siendo honesto por la otra mujer que estaba con ellos en aquella habitación, pero eso no hizo que lo disculpara, se sintió ofendida y humillada, así que avanzó hasta la puerta.
—Espera –la detuvo Scorpius –ya lo dijo Audrey, ya sabes demasiado, y una vez que sabes de nosotros, nosotros sabemos de ti.
—Sí, eso dijo la loca antes de atacarme –comentó.
—Vas a necesitar protección –comentó.
—No te importa –murmuró Lily –deja que alguien más reinicie el juego, tendrás más emoción la próxima vez ¿no?
Azotó la puerta tan fuerte como fue capaz y bajó las escaleras corriendo, pudo sentir la mirada del chico en su espalda, mientras atravesaba el lugar, pero no se atrevió a mirar atrás, ahora, lo único quería eran los brazos reconfortantes de Teddy alrededor de ella.
El viento helado de la calle le hizo relajarse por alguna razón, avanzó tan apresurada como pudo hasta la parada de autobús, mientras más rápido llegara a casa, mejor.
Claro que ahora que Scorpius Malfoy sabía dónde vivía, no se sentía para nada segura, tenía miedo por lo que pudiese hacerle a sus padres, no le habían dicho que eran a ciencia cierta los Kredator, pero su esencia, podía explicar la razón por la cual tenía tanto miedo y precaución cuando se acercaba a ella.
—X—
Teddy sonrió al ver a Lily, esta tenía varios copos de nieve en el cabello, ella pasó de largo ignorando el beso que iba a darle, la observó atentamente, estaba bastante molesta y no entendía por qué.
La chica bufó enfadada dejándose caer en el sofá, observó a su novio y sonrió relajándose un poco, su mueca de confusión lo hacía verse más adorable.
—Me gustaría saber que te puso de tan mal humor –admitió.
—Me gustaría saber qué rayos es un Kredator.
Se tensó de inmediato, la sonrisa en los labios de Lily seguía tan amplia como antes, cuando Malfoy había hablado con él y lo había amenazado con que no le dijera aquello, que no la involucrara, creyó que era para protegerla, pero como siempre, quería quedar como el bueno ante los ojos de la pelirroja, para ganarse su confianza y terminar asesinándola como siempre lo hacía.
—No sé qué es un Kredator –comentó.
—Entonces dime ¿qué sabes de las almas gemelas?
Teddy sonrió y bajó la mirada, aquellas preguntas no eran solo por hacerlas o curiosidad, ella sabía las respuestas, solo estaba probando su confianza.
—En serio no sé qué es un Kredator, ni siquiera creo que ellos sepan lo que son, solo fueron creados, y tengo entendido que son algo así como una clase de demonios, los más bajos de todas las jerarquías.
—Claro ¿y las almas gemelas?
—Lo que tú y yo somos –respondió sentándose junto a ella –tampoco sé mucho sobre eso, solo sé que no importa cuántas vidas tengamos, en cada una de ellas nos encontraremos, y estamos destinados a estar juntos.
—Claro –se burló –dime ¿y cómo sabes que soy yo?
—Solo lo sabes, supongo que te pasó lo mismo, tenías sensaciones al respecto, y normalmente, terminamos en la cama desde el primer momento en que nos vemos y podemos hacerlo.
Ella se sonrojó, recordando la vez que había aceptado a ir a su apartamento, no hacía mucho atrás, habían terminado teniendo sexo apasionado toda la tarde y noche, y sí, en efecto, tenía esa sensación de querer compartir su vida con él, de paz, de felicidad, nunca antes se había sentido tan completa estando con alguien como cuando estaba con Ted. Era muy pronto, pero sabía que estaba loca y profundamente enamorada de él.
