REMUS LUPIN
Decir que fue vergonzosa la charla que su querido tío le dio era quedarse corto de palabras. Quizás se hubiera reído cuando comenzó a usar la metáfora de las abejas pero terminó volviéndose tan rojo como un tomate maduro cuando dejó eso de lado al ver que no estaba sirviendo y comenzó a explicarle sin ataduras en su lengua las características de la anatomía femenina, las mejores formas de prevenir un embarazo e incluso las posiciones que a él le gustaban. Casi se sintió enfermo.
Tuvo que pasar toda esa noche y una buena cantidad de horas del día siguiente siendo incapaz de ver a Lessi a la cara antes reunir el valor suficiente de hablarle directamente sin volverse un tomate maduro. Por fortuna, los preparativos para regresar al castillo lo mantuvieron ocupado tanto a él como a los dos hermanos Nott. Su abuela no dejó tampoco que tuvieran oportunidad de estar durante demasiado tiempo juntos; y, si lo estaban, siempre estaban todos los demás acompañándolos.
El regreso al castillo también fue más complicado de lo usual ya que en vez de tomar el tren de regreso, su abuela creyó que era mejor que todos usaran la red flu y salieran directamente en el despacho del director. Por alguna razón, esto molestó a Alessia, quien tras enterarse de la noticia permaneció en un profundo silencio del que sólo era sacada cuando alguno de los adultos se dirigía a ella. Aunque incluso en esos momentos sus respuestas eran cortas y demasiado formales.
Dado que apenas estaba superando su vergüenza, no se atrevió a preguntarle al respecto pero en cuanto llegó el momento de marcharse y la tensión en el cuerpo de su prometida se hacía más notable, no pudo contenerse más y se acercó a ella, atreviéndose incluso a tocar ligeramente su mano.
— ¿Estás bien?
—Por supuesto.
La respuesta había sido igual de distante que la que daba a los adultos, lo cual le dijo que estaba mintiendo. Iba a interrogarla de nuevo en ese momento pero Theo también se les acercó y prefirió no insistir. Tras las despedidas y advertencias de buen comportamiento de parte de su abuela, fueron pasando uno por uno por la chimenea.
Theo fue el primero en ir. Se despidió de los adultos con cordialidad pero puso más atención en la abuela de Neville, deteniéndose incluso para besar su mano con galantería. Lessi fue la segunda en usar la chimenea. Sentía unos terribles nervios en la boca de su estómago al tener que ir a la oficina de Dumbledore. Ella había querido ir y hablar con el hombre pero no quería verlo tan pronto. No se sentía con el valor suficiente como para poder mirarlo a los ojos y actuar como si nada estuviera sucediendo. Su hermano le dijo la noche anterior que estaba siendo irracional y por un momento pensó que tenía razón. Ella era buena mintiendo y aparentando que todo estaba bien, ¿por qué habría de afectarla esto?
Pero en cuanto salió, casi cayendo del interior de la chimenea al despacho del director del colegio, y vio que no sólo se encontraba el anciano allí sino también un Harry Potter bastante molesto, supo que sus nervios y miedos no habían sido nada irracionales. El corazón se le aceleró en el mismo instante en que comprendió que estaba metida en muchos más problemas de lo que había imaginado tener.
Y para su peor suerte, estaba sola. Su hermano no estaba en el despacho.
— ¡Eres una…!—comenzó Harry a arremeter contra ella.
—Harry, por favor—lo interrumpió Dumbledore antes de que él pudiera arremeter contra ella—. Recuerda lo que hablamos.
Fue muy oportuno porque en ese mismo momento la chimenea volvió a arder, dejando entrar a Neville. Harry la tomó del brazo, empujándola a un lado. Podía sentir la fuerza de sus dedos presionando su muñeca. Le dolía pero no emitió ningún sonido para no demostrar debilidad. Lanzó una disimulada mirada en su dirección, notando sus rasgos tensos. Luego miró al anciano, quien sonrió ligeramente a su prometido al verlo.
Neville, quien ya había demostrado ser más perceptivo de lo que aparentaba, la miró e inmediatamente pareció darse cuenta que algo andaba mal. Harry la soltó de inmediato y ella escondió su brazo detrás de su espalda para que no notara la marca roja que había quedado.
— ¿Sucede algo?—preguntó mirando a todos.
—Estaba diciéndole a la señorita Nott que necesito hablar con ella unos momentos—respondió el director— ¿Te importaría dejarnos a solas?
Lessi le sonrió al chico lo más tranquilizadoramente posible y, aunque aún no parecía del todo convencido, se despidió de todos, dejándola con aquel par de hombres que en ese momento la aterraban. Con velocidad pensó en todas las posibilidades: negarlo, actuar como víctima, decir la verdad, mostrarse desconcertada…
—Quiero hablar con usted a solas—dijo Alessia rápidamente a Albus cuando notó que Harry abría la boca.
—Me temo que eso ya no es posible, querida—el mago se acomodó en su silla y le habló con tranquilidad—. Harry me ha contado sobre una conversación que ha oído.
Mentalmente repasó las charlas que tuvo y con quién las tuvo pero era imposible recordar todas y aún más difícil decir cuál había sido la que había estado escuchando el chico. Creía haber sido prudente al hablar sobre ciertos temas pero al parecer se había equivocado y ahora había sido delatada.
— Te oí hablar con Snape y Malfoy—dijo Harry sin poder permanecer más tiempo en silencio.
—El profesor Snape, Harry—lo corrigió Albus al muchacho con un tono nada represor.
— ¡Los escuché!—exclamó sin hacerle caso— ¡Escuché cómo él decía que debías pasar la información que Voldemort quiere! ¡Y no quieras negarlo!
Pensó por unos segundos en la posibilidad de mentir pero si quería ganarse la confianza del director y pedir su ayuda, no creía que fuera una buena opción a seguir.
— No lo negaré.
Harry estuvo a punto de protestar pero se dio cuenta unos segundos después lo que ella había dicho. Su expresión lo hacía ver bastante estúpido pero Lessi, que sabía bien que esa no era una de las características del chico, y se abstuvo de burlarse.
— ¿No lo harás?—el director la miraba fijamente.
Lessi negó con la cabeza.
—Y usted no parece sorprendido—comentó.
Los delgados labios del hombre se curvaron en una ligera sonrisa.
—No, tienes razón, no lo estoy—dijo, ganándose una nueva mirada de sorpresa por parte de Harry—. Conozco a mis alumnos, señorita Nott, sé mucho más de lo que ellos creen que sé, incluso de sí mismos.
A la mente de Lessi vino inmediatamente la imagen de Draco. ¿Sabría también el director lo que le sucedía a él, lo que debía hacer? ¿Sabría que uno de sus profesores estaba relacionado con el Señor Tenebroso y que el mismo profesor había hecho un juramento inquebrantable? ¿O sólo estaba presumiendo? Sea como fuere, no iba a abrir la boca más que para confesar su propia situación.
—Y por ese motivo sé que eras incapaz de traicionarlo—continuó el anciano.
Lessi lanzó una mirada en dirección a Harry, preguntándose si realmente era cierto.
—No me refiero al señor Potter—añadió Albus al notarlo—, sino al señor Longbottom.
El rostro de Lessi enrojeció, lo que no pasó desapercibido para ninguno de los dos hombres.
Era cierto que en la actualidad se sentía incapaz de traicionar a Neville, que el hecho de lastimarlo de cualquier manera la molestaba demasiado pero no había sido así al comienzo, antes de conocerlo realmente. Antes, sólo era como un piquete molesto dentro de su pecho que la incomodaba pero que no tenía la suficiente fuerza como para hacerla cambiar de opinión.
—Lo que me gustaría que hicieras ahora es que me digas la verdad—le pidió el director del colegio con total calma—, quiero que me lo digas aquí, delante de Harry para que él pueda realmente confiar en ti.
—No me importa si él no confía en mí—dijo con prisa.
— ¡Y yo jamás podría confiar en ti!—exclamó Harry— Así que mantente alejada de Neville. Deja la farsa del compromiso.
La expresión de Lessi no cambió pero por dentro sintió el pánico invadiendo todo su pecho.
—No puedo.
— ¿Por qué no?
—Porque realmente estoy comprometida con él.
— ¡Oh, vamos! ¡No puede ser verdad!
— ¿Quieres que te muestre el contrato?—le preguntó desafiante—. Mi padrastro me unió a él, uno de tus amigos, para conseguir información sobre ti, Potter. No me sentí feliz, intenté protestar, pero créeme, no tuve opción. Era yo o mi hermano uniéndose a ellos.
—Claro—Harry habló con sarcasmo—, porque él debe ser mucho mejor que tú.
Los ojos de Alessia ardieron de rabia.
— ¡No te atrevas a hablar de ningún modo de mi hermano!—dijo con un bajo tono amenazante.
—Por favor, Harry—la voz del anciano intentaba calmarlos a ambos—, la señorita Nott tiene el derecho de ser escuchada, así que permíteselo. De otro modo, tendré que pedirte que te retires—giró su rostro y se dirigió a ella—. Continúa, por favor.
—No tengo mucho más que decir. Es eso lo que me pidieron, que investigue sobre Potter, que me gane su confianza estando en una relación con uno de sus amigos.
— ¿Y usaste a Hermione también? ¿No te importó juntarte con alguien como ella?
Un nuevo tipo de dolor apareció en su pecho.
— ¡¿Cómo ella?!—preguntó indignada— ¿Te refieres a una hija de muggles? ¿O esperas que la llame "sangre sucia"?
— ¡Ey…!
—Sólo dije lo que querías escuchar—dijo con molestia—. Hermione vale tanto como yo, quizás incluso más que yo. No cometas el error de pensar que porque soy de Slytherin creo en la supremacía de los sangre pura.
—Nadie pensó eso, señorita Nott—dijo el anciano, dando una nueva mirada a Harry para advertirle que mantuviera la calma y no lo contradijera—. Entiendo que la situación en la que la puso su padrastro es complicada pero también debe entender lo que siente Harry.
No estaba segura de poder realmente saber lo que pasaba por la mente del chico de lentes pero podía comprenderlo si pensaba en que alguno de sus amigos la traicionara de alguna forma. Claro que en este caso ella no estaba ni cerca de ser amiga de Harry pero había estado utilizando a Neville para acercarse a él.
Alessia no había pensado jamás que tendría que hablar delante de Harry también pero al parecer no le quedaba más opción. Quería realmente poder liberarse de toda esta situación pero al parecer era imposible hacer sin abrirse completamente a las dos personas que estaban allí.
—Lo siento—dijo molesta porque su orgullo le impedía disculparse correctamente con ellos—. Realmente lamento que la situación sea así pero les aseguro que no tenía demasiadas opciones. Detesto a mi padrastro y no creo que se hagan una idea justa de cuánto. La única persona que siempre estuvo allí para mí cuando mi madre murió fue Theo.
—Pero aún elegiste meterte con Neville—la interrumpió Harry— ¿Lo elegiste a él porque creíste que podrías manejarlo con más facilidad?
— ¡No! ¿A caso no escuchas?—le preguntó Lessi con molestia— ¡No tuve opción! Mi padrastro llegó un día y me dijo que estaba comprometida con él. Había ido a hablar con su abuela, le lanzó un Imperius y la obligó a firmar. Yo no tuve opción. Ya estaba hecho.
— ¡Eso lo mandaría a Azkaban!—exclamó Harry con entusiasmo.
—Es cierto, Harry, pero no podemos simplemente acusarlo—comentó Albus con esa usual calma que, en estas circunstancias sacaba de las casillas al chico.
— ¡¿Y por qué no?! ¡Ha lanzado una maldición imperdonable!—gritó.
—Lo sé—aseguró.
— ¿Y no podrían acusarlo de ser un Mortífago?—preguntó Lessi.
Harry la miró con sorpresa. A pesar de que acababa de escucharla decir que detestaba a su padrastro, no había podido creerle. Pero ahora… ¿Acababa de acusarlo abiertamente de ser un mortífago? ¿Era posible que realmente hubiera sido sincera y no quisiese a Nott?
—No sin poner en peligro tu vida y la de tu hermano—le contestó el director del colegio y aclaró al ver la expresión de desconcierto de ambos jóvenes—. Piensen, ¿cómo creen que reaccionarían los aliados de tu padre si descubren que fue encarcelado por ser un Mortífago? ¿O por haber lanzado una maldición imperdonable? Los primeros sospechosos de haberlo delatado serían sus dos hijos y, aunque estoy seguro que el cargo que ocupa dentro de los seguidores de Voldemort no es de importancia, este acto no dejaría de verse como traición. Traición no sólo hacia el señor Nott sino también hacia el mismo Voldemort y su causa.
— ¡Pero no pueden quedar las cosas así!—exclamó molesto el muchacho.
—No será así.
—Entonces, ¿eso quiere decir que podrá cancelar el compromiso?—preguntó Harry.
Lessi miró atenta a Albus, con la respiración contenida. Ella no quería seguir engañando a Neville pero si el compromiso era roto debería de darle alguna explicación. ¿Y qué se supone que le diría? ¿La verdad? Neville la odiaría si lo hacía y la simple posibilidad de que eso sucediera le estrujaba el corazón.
—Me temo que no. El contrato que han firmado ambas partes no puede ser cancelado por nadie más que los firmantes: o sea, el señor Nott y Augusta Longbottom.
Lessi miró sorprendida al director.
— ¿Usted vio el contrato?
—Por supuesto, Augusta me lo mostró.
— ¿Qué?—el corazón se le aceleró— ¿Ella… sabía?
—Ella es muy consciente de que ha sido maldecida para que firmara. Me dijo que sólo recordaba partes de la charla con tu padrastro pero que claramente hubo magia involucrada. Puede ser una mujer mayor pero su memoria aún es excelente.
—Pero, entonces, ¿por qué…?—estaba demasiado desconcertada como para completar la oración pero el anciano pareció comprender lo que quería decirle.
—Augusta siempre ha sido una mujer inteligente y capaz. Cuando comprendió que estaban involucrando a su familia en un asunto tan delicado, no quiso quedarse con los brazos cruzados o simplemente tomar el camino fácil y huir. Estuvo de acuerdo en seguir con el compromiso, permitiendo que tu padrastro creyera que consiguió su objetivo.
—Entonces, ¿ella siempre supo que yo estaba usando a Neville?
—Efectivamente—asintió el anciano.
— ¿Y Neville también lo sabía?—preguntó con un hilo de voz.
Lo peor que podía suceder era que, queriendo utilizar a Neville, él estuviera usándola todo este tiempo, burlándose de ella.
—No—aseguró y negó repetidas veces con la cabeza—. Augusta prefirió que su nieto permanezca ignorante en todo este asunto. Le dije que debía de confiar en él más e involucrarlo, pero no quiso escucharme.
¿Era esa la razón por la que la abuela de Neville había actuado de ese modo tan peculiar todo este tiempo?, se preguntó. ¿Habría temido que su nieto resultase herido? Quizás había pensado que el beso que habían compartido ambos en el invernadero era sólo una treta por parte de Alessia. Aunque le dolía pensar en esas posibilidades, entendía la razón de la anciana para pensar y sospechar tales cosas.
¿Y cómo demonios pudo pensar Albus Dumbledore en involucrar a Neville? ¿A caso no podía darse cuenta que Neville era realmente un buen chico, que jamás podría haber armado toda esa artimaña ridícula?
¡Neville era de los buenos, por Merlín! Ella era la maldita.
Alessia se sentía cada vez peor, no sólo consigo misma sino con toda la situación que estaba saliéndosele de las manos. Había pensado que simplemente tendría que ir a hablar con el director, a contarle lo que estaba sucediendo. Nunca habría imaginado que él ya lo supiera, ¡que la abuela de Neville lo supiera!
— ¿Qué cambió?—preguntó lentamente.
Harry no entendió la pregunta y Albus simuló no hacerlo.
— ¿A qué se refiere?—inquirió el director.
— ¿Qué cambió?—repitió Alessia— ¿Qué es lo que hizo que Augusta y usted acordaran que yo pasase por esta oficina hoy? ¿Fue la conversación que oyó Harry? ¿O el que ella nos encontrara a Neville y a mí, besándonos? ¿O fue algo más?
— ¡¿Besaste a Neville?!—preguntó sorprendido el muchacho pero luego recordó aquella prenda íntima que vio en las manos de su amigo y supo que no tenía que sorprenderse realmente— ¿Cómo puedes hacerle algo así?
Alessia lo miró con molestia pero cuando habló intentó controlar su mal genio porque sabía muy bien que Harry pensaba que ella era una basura.
—No te debo ninguna explicación, Potter, pero quiero dejarte en claro que lo nuestro siempre fue meramente platónico… Hasta ese momento en que Augusta nos descubrió—aclaró.
— ¡Claro!—el sarcasmo se identificaba fácilmente en su voz—Era tan platónico que le regalaste tus…—pero se silenció de repente y, no sólo Alessia sino también él, enrojeció como un tomate cuando se dio cuenta de la divertida mirada que les lanzaba Albus.
—Harry, si te tranquiliza saberlo, Augusta me confirmó que Neville le dijo que era la primera vez que se besaban—comentó con calma el anciano.
— ¡Eso no me tranquiliza!—exclamó el chico de lente.
A Alessia tampoco. Lo que había pasado entre ella y Neville se supone que no debía de saberlo nadie más que ellos, pero Augusta había ido rápidamente con el chisme al director del colegio. ¡Por Merlín, estaba tan avergonzada! ¡Avergonzada y furiosa!
—Quizás, si la señorita Nott aclarase cuáles son sus sentimientos, podrías sentirte más tranquilo.
Alessia miró al director con rabia. ¿A caso pretendía humillarla? ¿Quería burlarse de ella? Negó con la cabeza y mantuvo la boca cerrada.
—Por favor—pidió.
No quería hacerlo pero la mirada insistente de Dumbledore la taladraba. También Harry estaba observándola. ¿A caso no le quedaba más remedio que hablar? ¿Realmente podría ser eso suficiente como para conseguir que finalmente le dijeran por qué demonios estaba allí?
—Neville me gusta—murmuró.
— ¿Te gusta?—le preguntó Harry con burla, como si lo que acabara de decir no fuera importante— ¿Sólo vas a decir eso?
— ¡¿Y qué se supone que quieres que diga, Potter?!—le preguntó con rabia, casi gritando— ¡Él me gusta, me gusta mucho! ¡La idea de lastimarlo me enferma! Puedo entender que no me crean pero… ¡Por Merlín!—exclamó algo desesperada— Qué me hagan decírselo a ustedes como si fuera realmente asunto suyo es horrible. ¡Es humillante! ¡Y si pretenden basar su confianza en mí por lo que yo llegue a sentir por él, me temo que además están siendo ridículos!—les dijo a ambos, importándole muy poco que estuviera siendo impertinente e irrespetuosa con el director.
El anciano sonrió ligeramente, aunque no con burla.
—Por el contrario, el amor es uno de los sentimientos más poderosos que pueden existir.
— ¿Amor? Yo nunca dije que amo a Neville—aseguró.
—Tampoco me has dicho que no lo haces.
Los ojos del anciano nunca dejaron los de ella, incluso por unos segundos ninguno parpadeó. Alessia se sintió repentinamente insignificante y, no pudiendo soportarlo, bajó los ojos al suelo. De pronto, la punta de sus zapatos eran más interesantes que la conversación que estaban teniendo.
Harry la miraba también con una absoluta sorpresa que se mezclaba con incredulidad. ¿Por qué ella no lo negó? ¿Por qué no dijo que no amaba a Neville? ¿Por qué se mostraba tan avergonzada y se ruborizaba de ese modo? ¿Podría ser verdad? ¿Realmente? El muchacho intentó recordar todas las veces que los había visto juntos. Él sabía que Neville sentía cosas por ella pero ¿Ella? ¿Había sido sólo una estratagema el sentarse a su lado, el buscarlo todos los días, el sonreírle? ¿Esa estratagema se había vuelto algo más? Él no era precisamente un experto en eso de los sentimientos pero tampoco era tan tonto como para no darse cuenta de las cosas más simples.
—Creo que debes procesar tú sola los sentimientos que puedes llegar a tener por el señor Longbottom—dijo el anciano luego de un instante—. En cuanto a la pregunta que me has hecho sobre qué ha cambiado—continuó—, fueron todas esas cosas que mencionó antes: la conversación que Harry oyó, la proximidad cada vez más notable que hay entre ustedes y los constantes acontecimientos que marcan el curso de la historia.
— ¿Qué acontecimientos?—preguntó Harry con sospechas, lanzando una mirada a la mano ennegrecida del hombre.
Pero en vez de contestarle, el director siguió observando atentamente a Alessia, quien había vuelto a alzar la mirada cuando la conversación dejó de ser tan vergonzosa para ella.
— ¿Y qué se supone qué pasará conmigo ahora?—quiso saber la chica.
—Bueno, en primer lugar, como no podemos anular el compromiso, lo fundamental es aprovechar esa situación—explicó Albus con tranquilidad—.Su padrastro debe creer que usted seguirá cumpliendo su papel.
—Pero entonces, debo pasar información sobre lo que hace Harry.
— ¿Ya lo has hecho antes?—preguntó el chico, intentando hablar con fuerza para no ser ignorado nuevamente.
—No.
— ¿Por qué no? ¿No has averiguado nada?
Esa era una buena pregunta.
—Lo he hecho, en realidad. Me enteré que ustedes dos se reúnen constantemente y, si no interpreté mal, el profesor te muestra recuerdos de cuando el Innombreable era joven. Además, podría haberle dicho sobre las ausencias de usted—dijo observando al director—. Son muy notables, señor.
Harry estaba demasiado sorprendido y en director también, aunque fue más prudente y no lo demostró notablemente.
— ¿Cómo lo sabes?—inquirió el muchacho.
Alessia no respondió.
— ¿A caso lo que más importa no es que no se lo haya dicho a nadie?—preguntó pero de inmediato pensó que quizás sus palabras podrían ser tomadas como un acto de atrevimiento y decidió ser sincera—He escuchado una conversación que tenías con Hermione y Ron. Deberían ser más prudentes.
Harry frunció el ceño, pensando en cuál de todas podría haber oído. Lo cierto era que en la mayoría de ellas usaban el hechizo silenciador que había encontrado en el libro del Príncipe Mestizo, incluso a pesar de las protestas de Hermione.
—Es muy notable, ciertamente, que no haya dicho absolutamente nada. ¿Puedo preguntar por qué?
—No podía—dijo llanamente.
Harry estaba por preguntar nuevamente "¿por qué no?", pero el ver la mirada que el director le lanzaba a la chica, supo quedarse en silencio. Ambos hombres se quedaron callados durante unos instantes y finalmente Alessia suspiró.
—Nunca quise hacer nada de esto. Nunca quise ayudar de ningún modo al Innombrable—confesó—. La idea de decir cualquier cosa no… no me parecía correcta.
Harry no quitó sus ojos de ella. Parecía absolutamente sincera y aunque su instinto le decía que podía confiar en ella, simplemente no quería hacerlo… no aún, al menos. Resultaba más fácil pensar en ella como el enemigo, como alguien a quien debía de odiar por intentar traicionarlo.
— ¿Y qué cree que es correcto?—le preguntó Albus y al ver la expresión algo perdida de la joven, se apresuró a decir— Me temo que esa es una pregunta un poco complicada que hasta las personas más sabias del mundo tardarían en responder. Me disculpo por hacerla, no fue correcto de mi parte.
— ¿Y usted sabe qué es lo correcto?
Albus sonrió ligeramente.
—A pesar de todos los años que tengo, esa es una pregunta que estoy intentando resolver. Muchas veces, lo que es correcto no se presenta ante nosotros con claridad ni mucho menos como una gran revelación que aparece en un determinado momento de la vida. Deduzco que la mejor opción que tenemos es dejarnos llevar por el instinto y confiar en él.
Harry sintió que la mirada del anciano se posaba en él y su corazón se aceleró de repente. Siempre había sospechado que el director podía leer los pensamientos con absoluta facilidad y que por eso, en ese instante, lo observaba de aquella manera, porque él había pensado segundos atrás que su intuición le decía que debía confiar… Pero no podía. Nunca podría estar seguro de su fidelidad, ¿verdad? Era amiga de Malfoy… o lo había sido antes.
— ¿Y qué le dice su instinto sobre mí?—preguntó Alessia con seriedad.
—Que estás confundida pero que no tienes realmente maldad en tu interior.
— ¿Y confiará en mí?
—Sí.
Lo dijo con una absoluta confianza, sin dudarlo en ningún instante, lo que sorprendió demasiado a los dos adolescentes. Durante unos instantes solo hubo silencio de las tres personas pero un ligero murmullo que provenían de los cuadros que estaban alrededor de ellos, oyendo cada una de las palabras que decían.
— ¿Qué tengo que hacer ahora?—preguntó Lessi finalmente.
—Como he mencionado, el compromiso no puede ser disuelto y no es conveniente tampoco intentar hacerlo para proteger tu vida y la de tu hermano.
—Entonces seguimos como hasta ahora.
—Sí y no—dijo el hombre pero antes de que pudiera decir algo más, unas llamaradas verdosas salieron de la chimenea y un hombre salió de ellas, seguido al instante por otro más— ¡Ah, Severus! Veo que lograste encontrarlo.
— ¡Profesor Lupin!—Harry burbujeó de felicidad al verlo nuevamente, a pesar de que días atrás le había contado sus sospechas sobre Malfoy y Snape.
—Es un gusto verte de nuevo, Harry—lo saludó y luego volteó hacia Alessia—, y también a usted, Señorita Nott.
Al parecer, la llegada de Remus Lupin había cegado momentáneamente a Harry porque fue a saludarlo animadamente, olvidándose por completo de la presencia de Severus Snape en aquel despacho.
—He pedido al profesor Snape que busque a Remus por una razón específica—dijo y fueron esas palabras las que hicieron que Harry notara al otro profesor y lo contemplara con sorpresa.
— ¿Qué…?—comenzó a preguntar.
Albus se adelantó a su pregunta.
—El profesor Snape y yo estamos conscientes de la situación del señor Malfoy, Harry.
— ¿Eso quiere decir que saben qué es lo que Voldemort le ordenó hacer?—preguntó el chico de lentes.
—Creo que se está adelantando a los acontecimientos, Potter—dijo Snape con brusquedad—. Nadie dijo que Draco Malfoy está relacionado de alguna manera con Voldemort y ninguna conversación que haya escuchado puede probar eso.
Alessia supo mantener su expresión seria y neutral pero por dentro sentía la necesidad de rodar los ojos. Sabía que la conversación que había oído Harry no delataba a Draco, sino a ella; de todos modos, aunque tampoco tenía una conversación ni pruebas evidentes, no tenía duda alguna que su antiguo amigo estaba relacionado con el Señor Tenebroso. Aunque no voluntaria. Sin embargo, eso era algo que Potter era incapaz de ver.
—El profesor Snape tiene razón—indicó Albus—. No es correcto ir haciendo suposiciones sobre las personas, Harry. Debes tener pruebas. Además, en estas circunstancias, deberías de olvidarte del señor Malfoy y concentrarte en otras cosas que son más importantes como la señorita Nott—todos los presentes la miraron, poniéndola incómoda—. Si te he permitido que presencies esta conversación es porque necesitaba que también pudieras confiar en ella. Créeme, Alessia no es tu enemiga.
— ¿Debo ver en ella una aliada?—preguntó Harry aún con desconfianza.
—Sí—dijo el director—, aunque comprendo que te resulte difícil hacerlo. ¿Puedes prometerme que te comportarás y que harás absolutamente todo lo que yo te pida?
—Pero…
—Harry, prométemelo. De otro modo, me temo que todo cambiará.
Alessia miró fijamente a Harry y notó que contemplaba algo herido al anciano, casi como si no pudiera creer que detrás de esas suaves palabras hubiese una amenaza escondida.
—Lo prometo—dijo al final de un largo minuto de silencio.
Los labios del director se estiraron en una sonrisa.
—Bien—volvió a posar su mirada en ella—. Señorita Nott, como estaba diciéndole, el contrato seguirá en pie. Además, deberá comenzar a pasar información al profesor Snape y él se encargará de hacerla llegar a quien corresponda.
— ¿Y qué se supone que diré?
—Serán pequeños trozos de información estratégicamente pensados—informó—que yo mismo me encargaré de hacerle llegar. En cuanto los reciba, espere uno, dos o más días y luego acérquese al profesor Snape para comunicárselos.
— ¿Por qué debo esperar ese tiempo?
—Para no levantar sospechas. Nunca se sabe quién podría estar espiándola—informó—. Aquí está la primera noticia—buscó un trozo de pergamino doblado sobre su escritorio lleno de papeles y se lo tendió.
Alessia lo desdobló y leyó con prisa:
El profesor Dumbledore ha estado dando clases particulares a Harry Potter durante las noches.
Sintió que Harry intentaba leer detrás de ella y, queriendo ser buena para ganarse su confianza, se lo tendió. Él la miró con ciertas dudas pero finalmente tomó el pergamino y leyó la corta oración.
—Esa es una verdad a medias que permite mucho margen a la duda—comentó el anciano—. Puedes añadir algunas palabras pero esa será la idea central. ¿Comprendes?
—Sí. ¿Siempre serán notas?
—Efectivamente. Levantará demasiadas sospechas si nos reunimos. Le pediré solamente que una vez que lea las notas y las memorice y queme para que nadie más lo haga.
Alessia asintió con su cabeza y una vez que recuperó el pergamino de las manos de Harry, usó su varita para quemarlo delante de los ojos de todos los presentes y volverlo nada más que cenizas.
—Si mi trabajo aquí ha terminado, me retiraré—informó Severus Snape y tras un ligero asentimiento con la cabeza por parte del director, el profesor salió ondeando su oscura capa con cada paso que daba.
—Seguramente ustedes se estarán preguntando el motivo por el cual hice venir al profesor Lupin.
El hombre se aclaró ligeramente la garganta.
—Por favor, Albus, creo que ambos pueden simplemente llamarme Remus o Lupin dado que no he sido su profesor desde hace más de tres años.
—Como gustes, Remus—comentó el anciano con una ligera sonrisa antes de volver a hablarle a los dos adolescentes—. Como les estaba diciendo, seguramente se preguntarán la razón por la cual hice venir a Remus hoy—hizo una breve pausa—. Hace unos días me detuve a pensar en las circunstancias peligrosas en la que todos nosotros nos encontramos, pero, especialmente, en las que se encuentra el profesor Snape—ante esto, Harry frunció el ceño—. Es por eso que creí oportuno presentarle a usted, señorita Nott, otro aliado con el que puede contar si el profesor Snape no se encuentra disponible.
— ¿Por qué lo hace sonar como si realmente creyera que eso sucederá?—le preguntó ella sin poder evitarlo.
—Como dije—respondió el director—, las circunstancias que vivimos actualmente son peligrosas.
—El profesor Dumbledore sólo quiere que tenga presente, señorita Nott, que puede buscarme y pedir ayuda siempre que lo crea necesario—aclaró Remus y se acercó a ella con cuidado, mirándola con precaución.
Alessia no comprendió al comienzo el motivo por el cual aquel hombre actuaba de aquel modo pero pronto se dio cuenta que podía estar relacionado con su licantropía y las circunstancias que lo hicieron renunciar al cargo de profesor años atrás.
Había escuchado después de eso a Draco y otros compañeros a burlarse del pobre hombre e incluso insinuar que lo habían despedido, que se lo merecía. Ella, cansada de esa actitud, sólo le había dado una mirada de disgusto a Draco y había dejado de hablarle durante todo un día. Eso había sido suficiente como para conseguir que cerrara la boca.
Una ola de tristeza la invadió al recordar que ya no eran como antes y que había pasado demasiado tiempo sin que se dirigieran la palabra… pero rápidamente se obligó a dejar esos pensamientos atrás y a concentrarse simplemente en el presente.
— ¿Y cómo puedo ponerme en contacto con usted?—le preguntó con normalidad.
Su respuesta sin burla y su mirada sin prejuicios parecieron conseguir que el hombre se relajara ligeramente. Lo vio buscar en el interior de uno de los bolsillos de su túnica desgastada hasta encontrar lo que necesitaba y sacarlo para que todos lo pudieran ver: era una pequeña libreta. Tan pequeña que fácilmente cabía dentro de su mano.
—Esto es un cuaderno de doble entrada—le explicó—. Puede escribir dentro de él y decirme lo que desees. Yo, que llevaré un cuaderno idéntico siempre conmigo, y sabré que me ha escrito porque se calentará ligeramente. Así podré responderte lo más rápidamente posible y usted podrá leerlo.
La magia implicada en aquel artículo común era asombrosa, pensó Alessia.
— ¿Puedo pedirle algo ahora?
El hombre la miró sorprendido pero asintió de inmediato.
—Quiero que proteja a mi hermano.
Remus lanzó una mirada en dirección al anciano, quien asintió ligeramente.
—Obviamente su hermano no le ha confesado esto—comenzó a decir el hombre más joven—, pero ya hemos hablado con él al respecto. Buscó al profesor Dumbledore poco antes de Navidad y tal como sucede ahora, me llamó para asegurarle que siempre que desee puede ponerse en contacto conmigo.
Alessia se quedó sorprendida. ¡Él no le había dicho esa importante pieza de información! Tendría que hablar muy seriamente con él en cuanto saliera de allí.
— ¿Podría lanzar un conjuro de reconocimiento mágico permanente sobre él?—le preguntó al hombre lobo, cambiando de tema.
Éste sonrió y asintió con la cabeza pero cuando miró a Harry, quien seguía atento toda la conversación, notó que no comprendía lo que era aquello.
—Es un hechizo sencillo, en realidad—comentó Remus—. Sirve para que sólo el dueño legítimo de algo pueda utilizarlo. En este caso, impedirá que alguien más que la señorita Nott pueda abrir el cuaderno y leerlo o usarlo.
—Se utilizó en el pasado con mucha regularidad, pero se hizo conocido gracias a las batallas internas de las brujas de Cambridge, quienes los utilizaban para todo—comentó ella y luego miró a Harry—, lo dimos hace dos años en clase de Historia de Magia.
—Eg…—Harry se rasgó la nuca con nerviosismo—. Sí… yo, lo olvidé.
Alessia se abstuvo de rodar los ojos y simplemente miró a los otros dos hombres que contemplaban algo divertidos a Harry. El muchacho, al igual que la mayoría de los alumnos que asistían a esas clases, terminaban durmiéndose en sus bancos en vez de escuchar lo que el profesor decía.
—Sostenga el cuaderno, señorita Nott— le pidió Remus y en cuanto ella lo hizo, sacó su varita, se concentró y con un movimiento seco sobre las manos de la chica, lanzó el hechizo— ¡Listo!
Ella sintió no sólo la magia sino también un calor intenso por unos segundos en el contacto entre sus manos y el cuaderno.
—Prueba abrirlo, Harry—le pidió Albus.
El chico de lentes lo intentó pero, aunque el cuaderno no tenía cerraduras, permaneció firmemente cerrado sin importar cuánta fuerza aplicara.
— ¡Esto es…! Es muy útil—dijo con sorpresa— ¿Cómo es que no todos saben de este hechizo?
—Creo que se duermen en clase de historia igual que tú—se burló ella sin poder evitarlo, causando que el joven se sonrojara y que los otros dos hombres rieran suavemente.
…
Poco después, ambos adolescentes salía del despacho del director en completo silencio. Ella solo estaba esperando a que Harry volviera a saltar, acusándola de ser una traidora pero él permaneció en completo silencio mientras caminaban a la par sin pensar realmente a dónde iban.
—Supongo que nuevamente tendría que disculparme contigo—comentó Alessia conteniendo un suspiro.
Él volteó a verla.
— ¿Supones?
— ¡Bien! Sé que debo disculparme pero estaba realmente diciendo la verdad cuando dije que no tenía forma de negarme—le dijo con cierta brusquedad pero tras unos segundos, tomó aire profundamente y lo intentó de nuevo—. Lo siento. Realmente siento que las cosas hayan resultado así. Quise negarme; en realidad, lo hice al comienzo, pero no tienes idea de cuán insistente puede llegar a ser el señor Nott. Y aunque puedas pensar cualquier basura de mi hermano, te aseguro que estás equivocado y que él no es igual a su padre.
— ¿Qué vaya con Hermione al baile era parte de tu plan?—le preguntó.
— ¡No!—exclamó—Él… —titubeó—A él…—no sabía cómo decírselo sin delatar los sentimientos que tenía por la amiga del chico de lentes.
No obstante, no pareció hacer mucha falta porque Harry comprendió de inmediato. Se le abrieron los ojos enormemente y la miró totalmente anonadado.
— ¡A él le gusta Hermione!
— ¡Shh!—lo reprendió, ordenándole que guardara silencio— ¿Podrías bajar la voz?
— ¿Por qué? ¿Se avergüenza de…?
— ¡Estoy completamente segura de que no es así!—exclamó— Pero tú pareces no ver la realidad. A él, siendo hijo de quién es, no podrían perdonarle algo así. Su padre tiene muchos contactos—dijo entre dientes—. Si se llegasen a enterar, estaría en peligro no sólo mi hermano sino también ella.
Harry pareció comprender finalmente.
— ¿Y entonces por qué fue a la cena de Navidad con ella?
—Creo que merecía al menos una oportunidad con Hermione, ¿no crees? Además, si su padre dijese algo podríamos rápidamente cubrir el hecho con una mentira: podríamos decirle que necesitaba ayuda para ganar la confianza de Neville y una forma era relacionarse con su amiga.
Harry se quedó pensando unos instantes antes de preguntar:
— ¿Y sucedió algo entre ellos es noche?
—No lo sé. No vi a Hermione después de esa noche y Theo tiene demasiado respeto por ella como para ir contándole a alguien lo que sucedió o dejó de suceder—le respondió con seriedad.
Por extraño que fuera, él parecía creer lo que Alessia estaba diciendo. Lessi no sabía si realmente podía ver que estaba siendo sincera o si se debía a la promesa que le había hecho al director del colegio momentos atrás. Sea como fuere, estaba conforme con la forma en que se estaba desenvolviendo la situación.
Siguieron caminando por el castillo en silencio. Lessi miró la dirección en la que iban y se dio cuenta que estaban cerca de la entrada de la sala común de Gryffindor. Ella tenía que girar en la siguiente esquina, tomando la dirección contraria a la de Harry para ir a su propia sala y así poder hablar con su hermano.
— ¿Se lo dirás a Neville?—preguntó el chico de repente.
—Creo que se lo debo—respondió con pesar—. Merece saber la verdad.
Aunque aún no tenía la menor idea de cómo decírselo. Quizás era simplemente lanzarse llorando contra él y contarle todo de un tirón, rogando que la perdonase. Ella no solía llorar fácilmente delante de nadie y mucho menos rogar. Sin embargo, no creía que le fuese difícil hacer ambas cosas con Neville teniendo en cuenta lo sensible que se encontraba en ese momento.
Pero parecía que el Destino tenía otros planes para ella, y prefería castigarla por sus malos comportamientos.
En ese momento, cuando estaba a punto de despedirse de Harry para ir a hablar primero con su hermano, vio que frente al cuadro de la Dama Gorda que llevaba a la sala común de Gryffindor se encontraban Hermione y Neville hablando. Ambos se silenciaron en el momento en que escucharon el sonido de sus pasos y alzaron la vista en su dirección. Al reconocerla, la expresión de los dos leones no fue nada agradable. Hermione la miró con puro desprecio.
Neville, por su parte, parecía roto, como si no pudiese soportar el peso de las noticias que acababa de enterarse por parte de su amiga. Miró unos segundos a su prometida y, sin decir absolutamente nada, volteó, murmuró la contraseña y entró a su sala común.
—Eh… Lo siento—murmuró Harry a su lado—. Le dije a Hermione lo que escuché. Fue antes de que hablase contigo y Dumbledore.
Alessia no se sentía con el valor suficiente como para responder. Creía que si lo hacía comenzaría a gritar con desesperación. Sintió que las lágrimas llenaban sus ojos pero antes de que comenzaran a deslizase por sus mejillas, salió corriendo a su sala común.
