El Viaje del Yokai.
Epílogo.
El sol ya se estaba poniendo y del cielo dos perros grandes de color blanco aterrizaron en un campo verde, sobre el lomo de uno había un joven de no más de diecisiete años, de cabellos blancos y ropa rojas, que sin problema alguno, de un salto bajo del perro. Los dos perros, en un haz de luz tomaron figuras humanas. Ambos de igual forma tenían el cabello blanco, solo que uno de ellos lo tenía amarrado en una cola de caballo y además por sus facciones aparentaba ser un hombre en sus medianos treinta. El otro tenía el cabello suelto y su edad oscilaba por los veinte. Además, cabe resaltar que a diferencia de los otros dos, no parecía muy contento.
-¿Por qué hemos venido aquí padre? - preguntó el joven de las ropas rojas.
-Es una sorpresa. -dijo Inu no Taisho con una sonrisa.
-¿Pero por qué lo haz traído a él? - dijo señalando al otro demonio.
-Cómo si hubiese querido venir, tonto. -contestó el otro demonio.
-¡Tonto tu abuela!
-Tenemos la misma abuela idiota.
Ambos demonios comenzaron a gruñir y se prepararon para atacarse.
-¡INUYASHA, SESSHOMARU, COMPÓRTENSE! - exclamó Inu no Taisho en un tono reprobatorio.
Ambos demonios jóvenes a regañadientes se dejaron de gruñir, pero aún se lanzaban miradas de odio.
-Sus madres me dicen que debo pasar tiempo con ustedes. -dijo Inu no Taisho. -Así que eso haremos, tendremos una noche de chicos y no toleraré pleitos. ¿Esta claro?
Tanto Inuyasha como Sesshomaru asintieron de mala gana y sin tener otra opción siguieron a su padre por todo aquel extenso campo hasta vislumbrar a lo lejos unas formaciones de rocas.
No era difícil notar que Sesshomaru no estaba contento con ese viaje y mucho menos estando a lado de su medio hermano, cuya existencia le había hecho la vida imposible cuando solo tenía 15 años. Solo recordaba que un día después del entrenamiento con Ren, notó un extraño olor en el castillo y al ir a averiguar de que se trataba, se encontró cara a cara con un medio demonio de 7 años. Antes de que preguntara el porqué ese mestizo estaba ahí, su padre le dijo con una sonrisa que aquel medio demonio era su hermano.
Recordaba perfectamente que sus ojos se habían abierto como platos al oír eso y no tardó mucho en atar cabos y descubrir que su padre había engañando a su madre con una humana, con eso le quedaba muy claro el porque esos últimos días Irasue, estaba de muy mal humor y si te cruzabas con ella significaba la muerte.
Al fin y al cabo la madre humana de Inuyasha había resultado ser una princesa y que a pesar de toda su aventura con Taisho esta decidió casarse con un príncipe de otras tierras, no obstante, habían acordado que Inuyasha pasaría tiempo con ambas familias. Lo que no ponía de buen humor a Sesshomaru, pues eran tantas sus diferencias que no podían estar cerca, porque siempre terminaban peleando.
Y ahora Sesshomaru tenía que aguantar al mestizo por otro verano.
-Qué curiosa roca. -dijo Inuyasha observando una formación de piedra que estaban al inicio de unas escaleras de roca.- Parece un hombrecillo pequeño.
Sesshomaru estuvo a punto de contestarle a Inuyasha de mala manera, cuando se quedó en seco al ver esa escultura de piedra cubierta por musgo.
-No se queden atrás .-dijo Taisho ya encontrándose a mitad de las escaleras.
Inuyasha subió con rapidez las escaleras, mientras que Sesshomaru trataba de reconocer el lugar en donde se encontraban.
-¿Nos trajiste a un mercado padre? -preguntó confundido Inuyasha.
Al escuchar eso, Sesshomaru alcanzó a su padre y a su hermano en la cima de la colina. Taisho los guío entre los puestos de comida sin gente hasta que llegaron a lo que parecía un puente de madera que conectaba con un enorme edificio de color rojo.
-¡Vaya! - exclamó Inuyasha. -¿Qué es este lugar?
-La Casa de Baños. - dijo Sesshomaru al mismo tiempo que se quedaba petrificado mirando fijamente el edificio.
-Es...correcto – dijo Taisho enarcando una ceja ante la respuesta de su hijo mayor, pero sin tomar importancia prosiguió. -He reservado tres lugares para nosotros. ¡Sorpresa!
-No entiendo. -dijo Inuyasha. -¿Por qué haz reservado un lugar para bañarnos? ¿Que tiene de diferente estos baños con los del Castillo?
-Jajajajaja – rió Taisho ante la pregunta de su hijo. -Aveces olvido que eres muy joven Inuyasha. Verás esta casa de baños es famosa por atender a yokais divinos, y gracias a mis viejos contactos pude volver a conseguir una invitación para disfrutar de sus instalaciones. Créeme hijo, te gustara, una tina enorme, agua caliente y perfumada, mucha comida y mujeres bonitas.
-¿Dijiste mucha comida? - preguntó Inuyasha emocionado. -¿Qué estamos esperando?
Inuyasha camino a paso rápido por el puente hasta llegar a la entrada, Taisho solo pudo suspirar al ver la reacción de su hijo más joven quien solo había mostrado interés en la comida y no en otra cosa. No obstante, no pasó por alto el semblante petrificado de Sesshomaru, quien seguía sin apartar la vista del edificio.
Como un golpe fuerte en la cabeza, los recuerdos de cuando estuvo en ese lugar volvieron a él sin piedad. Recordó la forma que había llegado, los trabajos humillantes que había tenido que hacer y por supuesto su pelea en el tejado contra aquel muchacho con peinado de hongo.
En su mundo habían pasado varios años, por lo que desconocía cuanto tiempo había pasado desde que se había ido, pero al menos por como se veía el edificio reparado y mejor que nunca, pudo suponer que pasó bastante tiempo.
-¿Sesshomaru, estás bien? -preguntó Taisho a su hijo mayor. -Haz estado muy callado, más de lo normal podría decir. ¿Acaso puedes detectar las energías divinas? ¿Te afectan?
¿Qué si podía detectarlas? Claro que si podía, pero a diferencia de cuando era más joven, estas ya no le abrumaban.
-Estoy bien. - dijo cortante.
Sin decir más, los tres demonios se reunieron en el interior del edificio, donde ya se encontraba una mujer esperándolos en la recepción.
-¡Hola! ¿tienen reservaciones? .-preguntó la mujer alegremente.
-Si, está al nombre de Taisho. -contestó el demonio mayor.
-¡Oh! ¡Los estábamos esperando, permitanme ver si ya está lista la tina grande.
La mujer se interno detrás de una cortina dejando a los tres demonios esperando en la recepción. Sesshomaru observó el lugar detenidamente y se percató que lo habían remodelado y que en la pared que estaba a su lado izquierdo había un retrato de Yubaba y que este tenía en la parte inferior del marco las fechas de su nacimiento y muerte.
Un sabor amargo se le formó en la boca al recordar el cuerpo inerte de Yubaba en el suelo de su oficina.
-¡Que mujer más fea! - dijo Inuyasha por encima del hombro de Sesshomaru.
-Esa mujer era la antigua dueña de esta Casa de baños – dijo Taisho acercándose hacía donde estaba el retrato.- La recuerdo bien, era un poco mandona, pero sabía dirigir bien el lugar. No hace mucho me enteré que había muerto, por ahí escuché que su discípulo la asesinó a sangre fría, algo lamentable, pero con eso mi veto desapareció.
-¿Veto? - preguntó Inuyasha.
-Es una historia larga.
-Su tina ya esta lista. -dijo la mujer regresando a la recepción. -Por favor siganme.
Inuyasha fue el primero en seguir a la mujer, seguido de su padre y por último, con bastante rezago, Sesshomaru. Este no quería meterse en una tina con su padre y su hermano. No, apenas hubo descubierto que su padre los había llevado aquel lugar, su mente no solo se lleno de recuerdos de cuando era joven. Sino que la inquietud por buscar a alguien en concreto se intensificó.
Así que fingiendo que iba a excusarse por unos segundos debido a que tenía que ir al sanitario, Sesshomaru logró salir del cuarto de las tinas y caminó por el lugar en busca de aquella persona.
La Casa de baños estaba abarrotada de huéspedes y empleados que iban de un lado a otro. Había reconocido a varios hombres y mujeres con los cuales tuvo contacto años atrás, en incluso vio a la rana a quien golpeó con la roca la primera noche. Esperaba que estos lo reconocieran de inmediato, pero no fue así. Quizá era debido a su carga de trabajo que hacía que no prestaban atención.
Se preguntó en donde podría estar ella y la respuesta era simple: en el cuarto de las calderas. Así que con dificultad comenzó a caminar por el lugar en busca de las escaleras internas que conducían al sótano. El lugar parecía ser el mismo que el de hace años, por lo que si no recordaba mal las escaleras debían estar junto al ascensor.
Segundos más tarde, se encontraba a escasos metros de las escaleras, y cuando estuvo a punto de acercarse, un hombre con un enorme plato de comida pasó frente a él sin previo aviso. Sesshomaru sin dificultad esquivó al hombre, pero al dar un pequeño salto hacía atrás sintió como alguien chocaba contra él.
-Perdone – dijo una voz femenina. -No era mi intención.
Sesshomaru dio media vuelta para ver quien era la persona que había chocando con el y se llevó la sorpresa que aquella persona era una chica que aparentaba unos 18 o 19 años, de piel blanca, cabellos negros y que vestía con un hermoso kimono de color salmón.
Apenas los dos hubieron cruzado miradas dijeron al mismo tiempo:
-¿Rin?
-¿Sesshomaru?
Ambos esbozaron una sonrisa y Rin abrazó al demonio, este, sin molestarse correspondió el gesto.
-Creí que no te volvería a ver. - dijo Rin. -¿Qué te trajo de nuevo aquí?
Sesshomaru se tomó el tiempo suficiente para observar discretamente a Rin de arriba abajo, la niña que había conocido años atrás se había transformado en una hermosa mujer y eso era algo que no había pasado por alto.
-Mi padre nos trajo a mi y a mi estúpido medio hermano de sorpresa. -contestó Sesshomaru.
-¡Espera un segundo! - dijo Rin abriendo los ojos. -¿Tú padre es el señor Taisho?
-Si, ¿hay algún problema?.
-No, no, ninguno. Solo que no creí que… bueno...el cliente vetado de Yubaba regresara a la Casa de los baños.
-Algo de eso mencionó. ¿Acaso ya había estado aquí?
-Aogaeru me contó una vez que el señor Taisho estando ebrio intentó coquetear con Yubaba, pero esta se ofendió y lo expulsó de los baños por el resto de su vida. Viendo las cosas, el veto expiró.
Sesshomaru enarcó una ceja al escuchar aquello, eso explicaba muchas cosas, aunque ¿en serio con Yubaba? Esperaba que realmente estuviera muy ebrio cuando ocurrió. Y no queriendo hacerse una imagen mental de lo que pasó en ese tiempo, optó por cambiar el tema.
-Veo que el lugar ha cambiado. -dijo el demonio lanzando una mirada a mi alrededor.
-Lin y yo lo hemos dirigido desde aquel día...en que...tú sabes. -dijo Rin. - Desde entonces nos han llegado muchos clientes.
-Me alegro.
Hubo un silencio incomodo entre los dos, el cual solo se interrumpió debido a que una muchacha más grande se acercó a ellos no muy contenta.
-¡Rin! - dijo Lin. -Tenemos un problema…¿Yako?
Apenas Lin se hubo percatado del demonio alto que estaba a su lado, no pudo evitar abrazarlo de la emoción. Sesshomaru sin tener otra opción dejó que lo abrazara y Rin se rió al ver como éste ponía una cara no muy feliz ante la muestra de afecto de Lin, lo que le hizo darse cuenta de que solo el demonio permitía que Rin lo abrazara.
Una vez que Lin se separó de Sesshomaru, pudo notar la mirada avergonzada de Rin que hacía cuando el demonio le dirigió la vista. Y con una sonrisa dijo:
-Rin, ¿por qué no vas con Yako a comer algo?
-¿Pe-pero y el problema? - dijo Rin
-No te preocupes, yo me encargo. Anda ve, de seguro ustedes dos tienen mucho de que conversar.
Sin permitir que respondieran algo, Lin los palmeó a los dos en la espalda y salió corriendo de ahí, dejándolos completamente solos.
-¿Te...gustaría comer algo? - preguntó Rin tratando de no sonar nerviosa.
-Claro. -dijo Sesshomaru y al mismo tiempo le ofreció su brazo.
Rin sonrió aceptando la invitación del demonio y sin perder tiempo los dos caminaron rumbo al restaurante del lugar.
Y mientras caminaban, Sesshomaru juraba no dejarla ir.
FIN.
