Capítulo 7: La charla, parte 1

Cuando voy a recoger a los niños al colegio veo que Delly está con Josh. Ella es profesora de infantil de modo que fue primero la profesora de Dandelion y ahora la de Josh. Las vueltas que da la vida, si alguien me hubiera dicho mientras estábamos juntas en el Distrito 13 que se iba a dar esta situación en el futuro… lo habría tratado de loco de remate. Josh me ve y sale corriendo en mi dirección, me arrodillo y lo recibo con un abrazo.

- ¡Mami!

- ¿Cómo estás cielo? ¿Te lo has pasado bien hoy? –Josh asiente y los rizos dorados que ha heredado de su padre le rebotan en la frente.

- Buenas tardes Katniss –dice Delly con el tono amable que la caracteriza.

- Buenas tardes Delly –la saludo con la misma amabilidad. Me levanto y tomo a Josh de la mano–, ¿se ha portado bien?

- Sí, muy bien –dice ella sonriendo–. Josh es mucho más tranquilo que Dandelion, no me da tanto trabajo –y le guiña un ojo a Josh, eso le hace sonreír.

- Sí, no hay duda de quién ha salido a quién, ¿verdad? –digo con una risita. El pequeño es clavado a Peeta y la mayor es clavada a mí.

- Oh, ya creo. Me recuerda tantísimo a Peeta cuando era niño… –Josh se sonroja y se esconde detrás de mis piernas–. Por cierto, quería confirmar que mañana vendréis Peeta y tú para dar la charla –esbozo una mueca, en el fondo había esperado que se olvidaran del asunto, pero parece que realmente quieren llevarlo a cabo.

- Sí, vendremos… es a las nueve, ¿verdad? –digo intentando sonreír, pero la verdad es que no me apetece nada.

- Sí.

- ¿De verdad crees que es buena idea? –pregunto en un intento de hacerle cambiar de opinión.

- ¡Claro! ¡Todos están muy emocionados con esto! Dandelion la primera, no deja de hablar de ello. Está orgullosa de sus padres –no hay duda de por qué Delly escogió esta profesión; es agradable y encantadora en todo momento.

- Ya, no sé qué le ha dado a Dandelion con el tema últimamente.

- Se quedó muy sorprendida cuando os vio en las fotos. ¿No le habíais contado nada de los juegos aún?

- Sí que lo habíamos hecho, es decir sabía que participamos en los juegos y en la guerra y que eso fue algo terrible. También sabe que ese es el motivo por el que no tiene tíos ni abuelos… –entonces la veo salir del edificio y levanto la mano para que me vea, cuando lo hace se acerca corriendo– Pero supongo que nunca se planteó que todo Panem lo supiera también.

- Debe de ser toda una sorpresa descubrir que tus padres son famosos –dice Delly riendo. Recibo a Dandelion con un abrazo y ahora que ya tengo a mis dos hijos conmigo me siento completa.

- Supongo que sí.

- Hola señorita Cartwright –le saluda educadamente Dandelion.

- Hola Dandelion, justamente ahora hablábamos sobre la charla de mañana, ¿estás emocionada?

- ¡Mucho! Ojalá ya fuera mañana –y empieza a tirar de mi mano dando pequeños saltitos–. ¡Tengo muchas ganas de que mis compañeros de clase sepan lo que hiciste! –dice zarandeando mi brazo.

- De acuerdo pero intenta calmarte un poco –digo sonriendo. Los días de entrevista con Ceasar Flickerman han quedado muy atrás. ¿Por qué lo haré ahora entonces? Fácil, Dandelion me lo pidió y no puedo negarme a nada que me pida con tanta ilusión.

- Pues quedamos así –dice Delly resolutiva dando una pequeña palmadita–. Nos vemos todos mañana a las nueve.

- ¡Sí! –Dandelion ya vuelve a saltar y me sacude el brazo. Sonrío pensando que tiene demasiada energía.

- Nos vemos mañana entonces. Por cierto, ¿por qué no te pasas un día de estos a cenar con nosotros? Hace mucho que no vienes.

Cuando Delly volvió al doce nos vino a visitar y hemos estado en contacto desde entonces. Es la única amiga que Peeta conserva de su infancia y con el tiempo ha llegado a ser una buena amiga de la familia. Incluso habla ocasionalmente con Haymitch. Son pocos los amigos que nos quedan vivos y honestamente, todos somos conscientes de ello, por eso nos esforzamos en mantenernos todo lo unidos que podemos.

- Pues quizás te tome la palabra y os hago una visita pronto.

- Genial, te estaremos esperando. A Peeta le hará mucha ilusión.

Nos despedimos y hacemos el camino de vuelta hasta casa. Últimamente a Dandelion le da vergüenza andar cogida de mi mano, pero estos días está tan contenta que parece que se le ha olvidado, así que cuando llegamos a casa los llevo a los de la mano. Nada más entrar nos llega el olor a magdalenas recién hechas y los niños salen disparados hacia la cocina. Peeta les ha preparado la merienda.

- ¿Cómo ha ido hoy el colegio? –pregunta repartiendo besos.

- Bien, bien –dice Dandelion poco interesada, ella solo quiere comerse las magdalenas cuanto antes mejor. Cuando las coloca en medio de la mesa los dos niños se abalanzan hacia ellas.

- Los tienes controlados, ¿eh? –digo sentándome al lado de Josh.

- Me sorprende que no te incluyas en eso, ¿acaso no te conquisté por el estómago? –dice burlón. La verdad es que tiene razón; más de una vez me he quemado la lengua por impaciente.

- Bien visto –y le doy un beso en los labios cuando me pasa un plato a mí. Estoy comiendo la magdalena cuando la escupo de golpe al entender sus palabras– ¡¿lo dices por el pan?! –Peeta me guiña el ojo y a mí me da un ataque de risa. Es cruel pero cierto. Por suerte estamos en un punto en el que podemos bromear sobre todo.

Los niños se comen la merienda con devoción y para qué mentir, yo también la disfruto como una niña. Peeta tiene un verdadero talento para esto. Cuando terminan Josh saca su coche de juguete favorito y empieza a construir circuitos por encima de los cojines del sofá. Dandelion sale disparada escaleras arriba.

- ¡Acuérdate de hacer los deberes! –le grito para que me escuche.

- ¡No tengo! ¡Además tengo que prepararlo todo para mañana! –miro a Peeta desconcertada.

- ¿Va a dar ella la charla? –le pregunto a Peeta entre risas.

- Creo que quiere llevarse todo el material que tiene –me coge de la mano y empieza a acariciármela– ¿Estarás bien?

- Sí, claro –digo restándole importancia–. Solo serán unos cuantos niños.

- A veces los niños pueden preguntar cosas muy raras –tiene razón y de hecho Dandelion se lleva la palma. Mi pregunta favorita fue cuando quiso saber a qué sabían los vestidos de Cinna. Como si lo más normal del mundo fuera que me hubiera dedicado a lamer las telas o algo.

- Por suerte estarás conmigo para responder a las preguntas raras.

- ¿Y quién ha decidido eso? –me pregunta burlón.

- Oh es un pacto secreto que tenemos desde que nos conocemos: yo disparo flechas y tú hablas con la gente. Y como me parece poco apropiado disparar a alguien mañana, te toca trabajar a ti –y le doy un golpecito en el pecho. Peeta se ríe.

- Oye, quizás sí podrías traerte el arco mañana.

- ¿Estás loco? Habrá niños –digo preocupada.

- Podríamos salir al patio y ponerte una diana –me propone.

- Las armas siguen siendo ilegales –le recuerdo.

- Pero no si las usas como deporte. Piénsalo. Los niños alucinarían y Dandelion estaría más que encantada.

- Oh si, a Dandelion le entusiasmaría pero… ¿y los profesores? No creo que lo vean seguro.

- Si yo disparo no lo será, pero si lo haces tú, sí –le doy vueltas al asunto.

- Bueno, ya veremos.

El día pasa demasiado deprisa, por la noche me paso gran parte del tiempo despierta y dando patadas (Peeta tuvo que ponerse lo más pegado al extremo posible). El tema del arco me ha estado rondando por la cabeza desde que me lo sugirió Peeta. En el bosque tengo escondido el arco de mi padre, pero el que me fabricó Beete lo tengo guardado bajo llave en casa. Decidí tenerlo cerca por si alguna vez nos atacaban o teníamos que salir huyendo (sigo sin tenerlas todas conmigo). Creo que es ilegal tener un arma en casa pero no hay nadie en todo Panem que no dé por hecho que duermo con un arco debajo del brazo, así que aquí lo tengo.

En el último momento lo cojo y lo meto dentro de la funda. Me tranquilizo pensando que no hará falta que lo utilice, que quizás estén contentos con tan solo verlo. Al fin y al cabo es toda una reliquia histórica, con esto maté a la presidenta Coin… no, no, no puedo cogerlo.

- Peeta he matado a gente con esto, no puedo llevármelo al colegio –le digo preocupada.

- Coge el del bosque entonces, con ese no has matado a nadie ¿no?

- Solo animales.

- Por favor mamá lleva un arco, quiero que te vean disparar –me suplica Dandelion. Para ella sería un sueño hecho realidad.

- Sigue pareciéndome mala idea…

- ¡El arco! Mamá eres muy buena con él –Josh ha entrado tarde en la conversación pero hace lo que puede por seguir el hilo. Es tan adorable…

- Si cielo pero no es un juguete, es peligroso.

- ¿Me enseñarás a dispararlo cuando sea mayor?

- Sí, te enseñaré, te lo prometo.

- No podemos entretenernos más –nos informa Peeta–. Si no salimos ahora llegaremos tarde así que decidas lo que decidas, decídelo rápido.

Dandelion me mira con ojos suplicantes y Josh más o menos también.

- De acuerdo… pero hay que ir a por él.

- Puedo ir yo y tú mientras los llevas al colegio –dice Peeta pasándome la mochila. Él sabe dónde están los escondites en el bosque.

- Pero tardarás demasiado… –y no quiero llegar al colegio sola. Él es el amable y encantador con la gente, yo no sabré qué decir. Así que le devuelvo la mochila– iré yo, tú llévatelos.

- Vale pero vámonos ya –Peeta coge la mano de Josh y empieza a empujar a Dandelion hacia la puerta.

- Pero vendrás, ¿no? –pregunta Dandelion, yo les sigo y cierro la puerta detrás de nosotros.

- Sí, claro. Nos vemos ahora –decir eso me petrifica.

Siempre que tengo que separarme de alguien por poco tiempo me entra la ansiedad, porque también se suponía que íbamos a estar separados por poco tiempo en el Vasallaje y cuando lo hicimos resultó que la breve despedida fue la última vez que lo vi antes de que lo secuestrara el Capitolio.

- Hasta ahora –dice Peeta llevándoselos por la plaza.

Me quedo quieta unos momentos, viendo cómo se alejan de mí y me aturde la intensidad de ese recuerdo. Sin embargo me obligo a adentrarme al bosque y a centrarme. Cuando antes haga lo que tengo que hacer antes me reuniré con ellos.

Cuando llego al colegio voy directa hacia la clase de Dandelion pero la secretaria me detiene y me dice que vaya al gimnasio, que me esperan allí y me dice que en breve ella vendrá también. No lo entiendo mucho pero le hago caso y voy al gimnasio. Los pasillos están desérticos y silenciosos… hasta que empiezo a llegar al gimnasio. Empiezo a oír voces de niños y sillas moviéndose. Sigo sin entender lo que pasa hasta que abro la puerta. Todo el maldito Distrito 12 está aquí.

No solo hay hileras de sillas con niños divididos por clases, sino que a los lados y al fondo también hay adultos de pie. Identifico a algunos padres, ¿quizás quieren supervisar lo que se les dirá a sus hijos? Pero aquí también hay gente sin hijos. ¿Qué narices está pasando?

- Katniss, ¡aquí! –me llega la voz de Delly.

En un grupito están la directora, Delly, Peeta y Haymitch. Voy hacia ellos.

- Muchas gracias por venir –me dice la directora dándome la mano. Se la cojo pero sigo confundida.

- De nada, es un placer.

- ¡Oh! ¿Te has traído el arco? –dice mirando lo que llevo cargando en la espalda.

- Si pero si considera que es mejor no sacarlo yo lo guardo y… –digo empezando a excusarme.

- No, no, tú enséñalo. ¿Quizás incluso puedas hacernos una demostración? –¿Qué? Creo que la directora se ha dejado llevar por la locura general.

- Eh sí, claro, si usted lo cree conveniente…

- Genial, luego nos enseñas. Tengo que dejaros, tengo que arreglar unas cosas pero estaré a primera fila cuando empiece. Y gracias de nuevo –me da un nuevo apretón de manos y mantengo la compostura hasta que se va, luego me encaro a los otros sin ningún reparo.

- ¿Se puede saber qué es todo esto? Creía que solo íbamos a hablar para la clase de Dandelion –Peeta se encoje de hombros.

- Yo también lo creía pero…

- ¿Qué hace tanta gente aquí? ¿Y qué haces tú aquí? –le digo a Haymitch.

- Eh, eh, no te sulfures. Lion me hizo prometer que vendría, sino ¿crees que hubiera venido? Ya tengo suficiente con tenerte de vecina –tan agradable como siempre.

- Creo que Dandelion ayudó a que se corriera la voz… –me dice Peeta un poco preocupado.

- ¿Por qué? ¿Qué le hemos hecho nosotros para que nos haga esto? –estoy empezando a ponerme nerviosa, no me gusta nada no poder controlar la situación.

- Piensa que es una gran oportunidad, es normal que nadie se la quiera perder. Ha sido increíble, cuando ha empezado a llegar gente… –Delly está súper emocionada– ¡Hemos tenido que habilitar el gimnasio para que cupieran todos! –no se me contagia su entusiasmo, solo incrementa mi terror.

- No pasa nada, irá bien, ya lo verás –me dice Peeta poniendo una mano en mi brazo–. Solo son niños, ¿recuerdas?

- Los niños pueden hacer preguntas extrañas –le devuelvo sus palabras–. Además, ¿cuántos años tienen? ¿Saben lo que fueron los juegos? –a lo lejos veo a Josh.

- Tienen de seis a doce, sus padres están de acuerdo en que asistan y el colegio también. El viejo gobierno apostaba por la desinformación pero ahora se quiere educar a los niños para que no se vuelva a repetir lo que sucedió. Yo también pienso que cuanto antes mejor –estoy de acuerdo con que se debe saber la verdad, pero no sé si hace falta atormentarlos desde tan jóvenes…

- Ya está todo listo, cuando queráis podéis empezar –y veo que la secretaria lleva un micrófono, las manos me empiezan a sudar.

- Gracias, ¿nos dais un momento? –pide gentilmente Peeta.

- Sí, claro y nosotros deberíamos ir a ocupar nuestros sitios –dice Delly.

- Oh sí, Lion me ha guardado sitio por allá –dice Haymitch.

- Ahora volvemos –le dice Peeta a la secretaria que espera con el micrófono. Me coge de la mano y me lleva fuera. Cuando nos quedamos solos Peeta me pone las manos en los hombros– No tienes por qué hacerlo si no quieres. Puedo encargarme yo… –apoyo mis manos en su pecho y niego con la cabeza.

- Se lo prometí a Dandelion...

- Lo siento, no pensé que se montaría todo este jaleo.

- ¿Por qué Dandelion…?

- Porque está orgullosa. Quiere que todo el mundo conozco a su madre.

- Y a su padre –añado.

- Creo que le gusta saber que fuimos importantes –me separo de Peeta.

- Pero nosotros nunca le dijimos nada de todo esto, la educamos para que tuviera valores, no para que elogiara mi maquillaje.

- Creo que precisamente por eso quedó tan impactada al vernos con esa ropa, porque nunca le enseñamos la imagen que dimos. Odio recordar esos días tanto como tú, pero supongo que para una niña ver a sus padres con trajes de ensueño, recorriendo el Capitolio en una carroza y recibiendo rosas del público debe ser de lo más impactante. Sobre todo teniendo en cuenta que a ti nunca te ha visto maquillada –dice sonriendo–. Tenemos que aceptar que teníamos buen aspecto.

- Sí, eso sí. Si moríamos al menos que fuera con estilo, ¿no? –me paso las manos por la cara, intentando tranquilizarme– De acuerdo, de acuerdo, vamos a hacerlo.

- Si sale algún tema escabroso siempre podemos no responder –eso me hace reír.

- ¿Tema escabroso hablando de los juegos y la rebelión? No creo –digo con sarcasmo. Peeta se ríe.

- Anda, vamos adentro.

Cuando la secretaria nos ve nos indica que nos esperemos, que nos presentará antes. Así que ella sube a la tarima primero y da un discurso de bienvenida. Al final nos señala con la mano y dice buen fuerte.

- ¡Recibid con un gran aplauso a Katniss Everdeen y Peeta Mellark!

Da igual los años que pasen y da igual que todo el mundo sepa que estamos casados; a mí me siguen llamando Everdeen. No me desagrada en absoluto porque es mi apellido original y ciertamente no creo que nadie esté preparado para escuchar "Katniss Mellark", ni siquiera Peeta. Pero me hace gracia, no conozco a nadie más que le pase lo mismo. Y además es raro, porque en cierto modo es como si no me incluyeran en la familia, porque a mis hijos los conocen mayoritariamente por Mellark.

Subimos al escenario y se hace el silencio. Todo el mundo nos mira y nos escucha con atención.

***Nota autora: ¡Hola! Creo que a Delly le pega mucho hacer de profesora de infantil, ¿qué opináis? También me hace una gracia tremenda poner a Katniss en esta situación pero, bien pensado, ¿no querría la gente realmente acudir a verles? Pienso que es algo bastante factible.

Creo que quedan mínimo tres capítulos antes de finalizar esta historia y el próximo es la "Charla parte 2". Espero que os guste y ¡muchas gracias por seguir leyendo!