Consecuencias
Capítulo 15
Izuku se aferra con las manos a la tasa del inodoro. Sujeta fuerte, mientras la espalda se le encorva en una arcada profunda. La garganta se le contrae regurgitando únicamente liquido biliar. Quema el esófago adolorido en su trayecto de salida, mas esto no detiene las arcadas, ellas continúan acuchillando su ser desde dentro. Los espasmos se tornan incontrolables y Hitoshi debe tomar parte en la escena. Sujeta la frente de Izuku, manteniéndola en una leve inclinación hacia arriba. Con otra mano, acaricia suave su espalda.
Sube y baja.
Le llena de calor.
– ¿Papá?
Rápidamente Hitoshi extiende la mano, impidiendo que la puerta se abra.
– Papá va a estar bien – explica con calma – ve a ver la televisión.
La pequeña comprende y cierra la puerta en su retroceso. Izuku respira un poco de tranquilidad al tiempo que se fuerza a detener las arcadas. Su rostro es un mar de fluidos. Saliva y lágrimas caen al fondo del inodoro combinándose con aquel líquido verdoso que ha escapado de su interior.
Exhala pausado, usando el diafragma.
Está bien si Hitoshi le ve así de vulnerable, no sería la primera vez y seguramente, tampoco la última. A él le tiene la confianza suficiente y le provee de una sensación de protección, propia de un padre. A Hitoshi puede mostrarle su peor lado, mas no a su hija. Débil, vulnerable, herido. Ella aún es una niña y no debería preocuparla de manera innecesaria por él, que, siendo el adulto responsable, debe mostrarse firme, fuerte. Ser el soporte y protección de su niñita.
Tal y como su madre lo hizo hasta el final.
Sin embargo, es una tarea complicada mostrar fortaleza cuando cada pedazo dentro suyo se desquebraja luego de oler el aroma de Katsuki en ella.
Al inicio, el plan había sido mantener a Katsuki lejos de él, para eso Hitoshi recibiría a Mizuki en la calle. Empero, no contaban con el instinto fuera tan fuerte y traicionero, que lo llevaría a olfatear de manera obsesiva a su hija y toda la ropa que traía puesta. Las telas tienden a tener una buena fijación de aromas. Durante años, la ropa impregnada de feromonas ha servido a los omegas como apaciguador en sus celos.
Ahora, Izuku la usa para suplir el llamado salvaje que su instinto hace a su alfa. La ropa de Mizuki le transporta una tímida fragancia a neroli y madera, que, durante el tiempo que duran, menguar su malestar. Cuando el aroma se pierde en el aire, este malestar retorna con mayor fuerza.
Es como un adicto y Katsuki es su droga.
Las náuseas no tardan en regresar, incluso si ya no lleva nada en el estómago y ha arrojado los últimos rezagos de bilis. Simplemente no puede controlarlo, es más fuerte que él. El cuerpo se le encorva nuevamente y la garganta arde como si el fuego del averno saliera de ella.
Las manos de Hitoshi continúan ahí, sobre él, brindándole soporte. Le susurra una tibia entonación, seguido de palabras de consuelo. Se mantiene firme a su lado, día y noche protegiéndole y sin embargo, su mente no hace más que llamar el nombre de su alfa.
Kacchan
La sola remembranza de él, agudiza su dolor. Aunque tampoco es nuevo, ya una vez se ha sentido así antes. La primera vez que tuvo esa separación, luego de lo acontecido en la escuela. Por aquel entonces solo habían sido náuseas y un pequeño dolor muscular que ya después asocio con su embarazo. Sin embargo, ahora, Hitoshi le había explicado que aquellas sensaciones se debían a una ruptura y que, si en aquella ocasión había sido más fácil, fue por el instinto. El mismo que le destrozaba por dentro ahora, antes le había salvado, priorizando el bienestar del bebé que llevaba dentro.
Las arcadas se detienen, otra vez se fuerza a contenerlas. Las lágrimas no han cesado, pero esta vez, llora bajito.
Hitoshi, que aún le sujeta la frente, le atrae cerca suyo. Limpia su rostro con el puño de su polera. Le acomoda entre sus brazos mientras este gime como un animalito herido y tiembla contra su cuerpo. Acomoda la barbilla sobre el cabello ondulado, sus manos acarician el cuerpo tembloroso en busca de tranquilidad. Izuku termina por sollozar con más fuerza, sintiéndose indefenso ante todo lo malo que le sucede en la vida.
Deseando que verdaderamente la presencia de Hitoshi tuviera el poder de calmarlo.
– Ya va a pasar – le alienta el beta. Dirige una mano sobre su mejilla, seca las lágrimas. Mantiene el pulgar en la zona, le masajea – todo va a pasar.
Y sí, toda va a pasar. Muchos omegas rompen sus lazos, marcas reales, y siguen con sus vidas al lado de alguien más. Izuku sabe que un día despertará y ya no estará más esa pesadez en sus hombros, ni las cuchillas heladas en su corazón. Empero, quisiera saber cuándo.
¿Cuánto más debe tolerar eso?
¿Cuánto más seguirá sintiendo esa desesperación por correr a los brazos de Katsuki?
¿Cuándo va a terminar eso?
Sorbe su nariz, se abraza al pecho de Hitoshi. Se aferra con fuerza, en busca de aquello que le falta y quisiera en verdad, él pudiera brindarle.
La puerta se abre, esta vez no hay quien la bloquee. Mizuki ingresa con pasos silenciosos.
– ¿Papá? – le llama en tono bajito. Casi sintiendo lastima de ver a su padre con los ojos llorosos y rojizos. Con el rostro pálido y, aun así, intentado sonreírle. Mizuki no puede más que devolver la sonrisa, tan triste como la de su padre. Despacio, se acomoda junto a ellos. Lleva una mano hacia el rostro de su papá, junto a la de Shinso– Toshi te va a curar ¿verdad?
Hitoshi le sonríe y ella siente esa sonrisa reconfortante. Llena de seguridad. Abraza a su papá, permitiendo que Hitoshi sostenga a ambos entre sus brazos.
Cierra los ojos, muy cómoda en esa posición. Entiende poco de lo que sucede, solo que siente pena ver a su padre tan decaído y débil; aun así, una parte suya lucha por no sentir felicidad. Ya que es gracias a ese malestar, que Hitoshi ha pasado los últimos tres días ahí, junto a ellos.
Hace mucho que no pasaban tiempo juntos, a solas los tres.
Los últimos meses ha estado más al lado de Kacchan. No es que se queje, ella ha logrado tomarle cariño de verdad. Kacchan no solo es Ground zero o su héroe favorito, sino que lejos de lo que en un momento pensó, él es bastante amable con ella. Le ayuda en sus tareas, juegan juntos en la agencia y una vez, le permitió ponerse una de sus granadas, aunque no logró alzarla.
Sin embargo, Kacchan es solo un amigo y a veces, ella siente que lo que quiere a su lado, es esa presencia paternal que únicamente le brinda su padre y Hitoshi. Su amistad con Kacchan no pueden compararse con ese sentimiento agradable que le embraga al sentir a Toshi cerca a ellos.
Esa sensación de pertenencia.
De ser una familia.
…
Cuando Mizuki despierta, su papá aun duerme frente a ella, aunque ya no están en el cuarto de baño. Los tres se encuentran acurrucados sobre la cama, Hitoshi acostado al borde y su padre pegado a la pared. La pequeña se queda quieta, en medio, recordando que era así como dormían cuando su abuela falleció y la calefacción fallaba en casa. Hitoshi tenía su propia familia, una casa cómoda y seguramente más caliente que la suya; empero, siempre estaba junto a ellos.
Aspira hondo, el aroma de su padre es el primero en ingresar a sus pulmoncitos. La fragancia con tintes de malestar mantiene esos rasgos relajantes que a Mizuki le fascina. Hitoshi, por su lado, no posee feromonas, pero sí un olor especifico. Ha oído muchas veces que los betas no expiran fragancias y resulta extraño, porque ella está segura de que sí, solo que nadie se toma el tiempo de inspeccionarlo. Toshi huele a lavanda, madera seca y familia.
Sonríe, orgullosa de su olfato.
En la escuela les han explicado que más adelante, cuando sus subgéneros se definan, sus narices van a ser capaces de percibir aromas que nunca han olido y otros, que son imposibles de asignarles un aroma y que, sin embargo, ellos fácilmente asociaran en su cerebro. Sucede con Hitoshi. Sucede con su padre, que más allá de sus feromonas a menta, vainilla y leche, también siente algo que solo logra asociar con abrazos, cariño y sonrisas.
Hitoshi se mueve a su lado. Ella le ve despertar, le sonríe y recibe una de vuelta como siempre. El mayor se pone de pie, dirigiéndose al cuarto de baño. Mizuki estira los brazos y luego, abraza de forma melosa a su papá, despertándole. Izuku también le abraza y desperdiga besos por su pequeño rostro. Juguetean unos segundos hasta que Hitoshi aparece nuevamente y ambos ingresan al baño a asearse. Mizuki sale primera, tarda cerca de quince minutos en estar vestida, peinada y tomando el desayuno que le ha preparado el beta. Su padre, por el contrario, toma más tiempo dentro del cuarto de baño; después de oír el inodoro correr varias veces, sale. Mueve la nariz y arruga el rostro observando la comida.
– Es tarde – avisa, la voz fatigada.
– Ya nos vamos. – responde Hitoshi. Se pone de pie, toma sus cosas y las de Mizuki.
La niña se acerca a su papá por un abrazo de despedida. Esta vez, la caricia no es tan efusiva como la primera del día, es suave y sin besos de por medio. El aroma a malestar ya ronda el ambiente.
Rompen paulatinamente la unión y ella, se gira a ver a Hitoshi, quien ya está frente a la puerta.
– ¿No te vas a despedir de papá?
– Ya van tarde, cariño. – La niña le ignora. Sus ojos se mantienen firmes sobre el beta. Le miran suplicantes, un pequeño puchero en los labios.
Hitoshi ceder como siempre lo hace. Camina de regreso, a donde Izuku está sentado, y deja un beso sobre su cabello. Mizuki sonríe, tan feliz que Izuku siente como su felicidad se le incrusta en el corazón y queda sangrando incluso después de que se han marchado.
Su hija añora algo que no le pude dar.
Pensar en Hitoshi era de más imposible. El beta quiere a Mizuki, pero no como ella espera. Izuku piensa, que él ha de verla como una pequeña hermana o sobrina, que es muy diferente a ver con ojos de padre. Lo deduce por el hecho de que, en tantos años, si Hitoshi quisiera algo más con él, ya se lo habría dicho.
Si Hitoshi quisiera, haría notar algo, mas no lo hace.
Izuku por su lado, se lo ha planteado innumerables veces. En algún momento había llegado a ilusionarse con la idea. Luego, viendo su realidad, aquello fue muriendo. Hitoshi había estado a su lado durante los momentos más difíciles e Izuku sentía que solo confundía la amistad con algo más. Valgan verdades ¿Qué podía ofrecer alguien como él a Hitoshi? A su edad, ya tenía una hija, no había culminado los estudios, no tenía una profesión; mientras que Hitoshi sería un gran medico en unos pocos años. La única experiencia laboral de Izuku era limpiar mesas y acostarse con personas a cambio de dinero. Y era aquello lo que más incomodidad le causaba, porque no tenía la certeza, pero intuía que Hitoshi en algún momento ha debido sospechar a qué se dedicaba. Él sabe que el beta no le juzgaría jamás por eso; que incluso de haberlo sabido, no le hubiera dicho nada.
Hitoshi nunca se molesta, nunca prohíbe, solo aconseja y deja la decisión en él. Es justo eso lo que le atrajo y que, poco a poco, ha debido dejar ir; quedando tan solo un sentimiento parecido a la admiración. Su amigo aun es joven y podría relacionarse con alguien menos complicado, como otro beta o un alfa. Porque, como si no fuera poco todo lo anterior, estaba el hecho de que era un omega y eso tarde o temprano, traería problemas. El celo era una tortura que les llevaba a terminar anhelando un alfa constantemente. Y aun si pudieran obviar ese detalle, suponiendo que lograra contener el deseo, en el caso de Izuku, no podría contener la necesidad de tener a su predestinado cerca.
Tal cual lo siente ahora.
Ya sea el instinto o el destino, no puede controlarlo. Lo intenta, quiere mantenerse lejos de Katsuki verdaderamente. La idea, después de rechazarle, ha sido esa y, sin embargo, cuando todo el malestar le viene encima, duda de haber tomado la decisión correcta. De ser una marca física, una mordedura en su cuello, solo debería tolerar aquel dolor por un año y sería libre. Mas su caso es distinto, no hay marca, solo un lazo interno que les une y ni siquiera Hitoshi puede decir a ciencia cierta si eso terminara en un año o le será eterno.
Izuku ha pensado incluso, dejarse llevar solo un poco. Aceptar la cercanía de Katsuki sin ningún tipo de compromiso, solo a intensas de saciar el instinto. Otra opción, pedirle algunas de sus ropas y que su aroma aminore el malestar. Lamentablemente, ambas apaciguan el malestar de la ruptura, mas no solucionan el problema.
Siempre va a estar unido a Katsuki y él no quiere eso.
El móvil suena, hace temblar el velador. Izuku lo toma, un suspiro cansado yace en el aire con solo ver la notificación del mensaje y, al igual que con todos los anteriores, no va a responder a ese tampoco.
…
Mizuki no necesita de mucho para ser feliz.
Ahora mismo, por ejemplo, ya lo es con Hitoshi sosteniéndole la mano, caminando junto a ella hacia la escuela. Quisiera que eso fuera así para siempre, que nunca se vaya de su lado y para eso, su padre debería mirarle de la misma manera en cómo las personas se ven en las novelas. Una lástima que él le repita constantemente que Toshi es solo un amigo y nada más que eso va a suceder entre ellos.
Ella asiente, finge creerle, aunque sus ojos le delaten.
Nunca se lo ha dicho. Es pequeña aun y puede que no sepa mucho del tema, pero oye cosas de otros niños y cree entender porque es que su padre actúa así. Es un omega y, según esos niños, lo que ellos más desean es que un alfa les marque.
Toshi es un beta, no puede hacerlo.
Y es en ese punto, en el que su cerebro colapsa. Porque está bien, es una niña y puede que no comprenda muchas cosas, pero una marca no debe ser razón suficiente de rechazar a alguien ¿no? Al fin y al cabo, ambos contraen matrimonio, siendo la única diferencia, que los betas se besan, mientras que los alfas muerden a su omega y no entiende como alguien puede elegir una demostración de amor tan dolorosa. Por su parte, no quisiera ver a su padre ser mordido por nadie y es por ello que quiere a Hitoshi con él.
Siente que su padre sería feliz a su lado.
Aunque todo cambia cada que se lo pregunta al otro involucrado.
– Toshi, ¿Te casarías con papá?
El mayor resopla con gracia. Curva una pequeña sonrisa de las que Mizuki conoce bien. No va a obtener una respuesta. Pellizca su mejilla, ella se molesta y contrataca con una mordida leve sobre su mano. Ambos se enfrascan en una lucha de mentira en donde ella finge olvidarse de la pregunta, para continuar caminando en armonía.
A él no logra leerlo y puede que toda la fantasía de ser una familia se rompa, si fuerza mucho una respuesta.
Hitoshi no es ajeno a sus emociones. Mizuki es una niña linda, bastante madura para su edad y por momentos, aquello le hace olvidar que continúa siendo una niña y como tal, se hace ilusiones con situaciones que imagina. Aquella no es la primera vez que formula esa pregunta, ni será la última. Él por su lado, continuara ignorándola, dejándole la respuesta únicamente a Izuku. Pues es su opinión la que finalmente vale.
Arriban a la escuela entre risas y correteos. Mizuki se despide feliz del mayor antes de ingresar a la escuela. Hitoshi le ve perderse entre los otros niños y esa aura acogedora que brindan las maestras al ingreso.
Observa su reloj. Es jueves, ese día no tiene que cubrir ningún horario de su residencia médica, aunque sí tiene clases. Sin embargo, no puede sencillamente ir a sentarse en un aula, sabiendo que Izuku la está pasando mal en casa. A estas horas los primeros síntomas ya han debido de aparecer. Por lo que decide dejea por un día más su futuro como médico en pausa.
Retoma el camino por donde ha venido.
La distancia no es mucha y ahora, sin Mizuki y sus pasos cortos, llega bastante rápido. Cuando abre la puerta, todo sigue intacto dentro de la habitación, siendo lo único ausente, Izuku. No por mucho. La puerta abierta del cuarto de baño delata su ubicación. Dentro, el omega se encuentra acostado en la pared, el rostro y pecho embarrado en vomito.
– Tienes clases – la voz de Izuku suena débil.
– ¿Qué sucedió?
– Intente comer algo. – Responde. Le rehúye los ojos, le azora una leve vergüenza por el desastre que ha ocasionado sobre sí mismo ¿Acaso es la ruptura la causante? ¿O es él mismo echándose al abandono?
Ambas, lo más seguro.
Empieza a llorar sobre su desastre. Intenta explicar, que las náuseas fueron de pronto y el ponerse de pie presuroso, sumado a su debilidad, le hicieron tambalearse. Hitoshi le oye con atención, en tanto le ayuda a ponerse de pie. No necesita que le dé explicaciones, el desastre ya está hecho, ahora solo debe limpiarlo.
Deja correr el agua de la bañera hasta que esté a una temperatura cómoda. Ayuda a Izuku a quitarse la ropa y una vez más la vergüenza se apodera de él. No le molesta que Hitoshi le vea vulnerable, no le molesta que está ahí, dándole un baño; empero eso no quita que está desnudo en frente suyo. Mas aun, que deba permitirle tocar su cuerpo, pues él solo sería incapaz de hacer todo el trabajo con el temblor desmesurado que le aqueja. Es un tiempo tortuosamente largo en el que le enjabona, talla su cuerpo y restriega su cabello con shampoo. Tiempo en el que, debe respirar profundo un par de veces, luchando contra el impulso que tiene por empujar a Hitoshi lejos suyo.
Pues el beta le está tocando y el tacto que reclama su cuerpo, es el de su alfa.
Sin embargo, Izuku, dentro de toda la debilidad que pueda sentir, es fuerte. Le es imposible controlar las náuseas, el temblor desmesurado de su cuerpo, pero sí puede frenar el ir corriendo tras Katsuki. O el alejar a su amigo, la única persona verdaderamente atenta con él.
– Listo – anuncia, terminando de enjuagar los rizos de menta.
Hitoshi le abriga con una toalla, restriega la felpa contra su cuerpo, secando la piel. El temblor no se detiene y para él, que postula a ser médico, es fácil reconocerlo como parte del proceso de ruptura. Es normal que en los omegas su cuerpo experimente mayor sensibilidad al frío, a los olores, que le repugne los alimentos y el tacto de otros que no sea su alfa.
Le parece verdaderamente injusto que ellos estén destinados a sufrir todo ese calvario. Que deban buscar en medicamentos regulares paliativos a su dolor. Con ellos pueden aminorar las náuseas y dolores de cabeza, mas no el malestar generalizado. Muy por el contrario, la mayoría de alfas tienen malestares leves y, como si fuera una broma de las farmacéuticas, han empezado a realizar ensayos clínicos para medicamentos que calmen esto.
¿Por qué sí lo hacen para alfas y no para omegas?
Porque las medicinas son caras y un omega que acaba de dejar a su alfa, sería incapaz de poder costearla. Porque las grandes farmacéuticas prefieren a los alfas, quienes tienen mayor poder adquisitivo. Si incluso los supresores que tanto se les incentiva a tomar a los omegas, son perjudiciales para sus cuerpos.
Muy diferente de los supresores para alfas, que rara vez consumen.
¿Alguien regula eso?
No.
Los omegas no tienen escapatoria y los que, como Izuku, solo han sido víctimas de sus circunstancias, la tienen peor. Sin embargo, dentro de todo, Izuku ha tenido suerte de contar con Hitoshi. La mayoría de omegas en su situación, pasan por todo ello en refugios que lo único que ofrecen es un espacio donde echarse a morir, junto a otros tantos acinados con niños. Los omegas carecen de opciones en una sociedad que prefiere darles la espalda antes que ayudarlos. Para Hitoshi, la sociedad en la que viven es una totalmente hipócrita. Juzgan y descalifican a los omegas, los tratan como cosas; pero cuando un caso de abuso hace mucho ruido, piden las penas máximas.
Totalmente incoherente.
No importa que tanto cambien las leyes ni las iniciativas que propongan para las escuelas, si al final, los encargados de hacer llegar el mensaje san un discurso memorizado, carente de empatía.
Al final, las semillas de desigualdad continúan siendo sembradas entre en ellos. Maestros, periodistas, los propios padres. Difícilmente uno de ellos termina por crear consciencia en las personas.
A Hitoshi le consta. Su padre podía era un beta involucrado en las campañas a favor de los omegas, sin embargo, su madre tenía la mente más estrecha. Constantemente criticaba su amistad con Izuku, refiriéndose a él y a Mizuki de manera despectiva. Al día de hoy, ella no está al tanto de que Izuku sigue a su lado, mucho menos, que en algún momento vivieron juntos.
Bufa ligero.
Cuando finalmente no hay una gota de agua el cuerpo del omega, pasa a vestirlo. Izuku intenta hacerlo solo, Hitoshi entiende que ha de ser vergonzoso para alguien que siempre ha buscado su independencia, verse así de dependiente de otro. No encuentra palabras para decirle que está bien que se apoye en él en ese momento, por lo que solo continúa ayudándolo a batallar con las mangas de su camiseta.
– Espera en la cama, voy a llevar la secadora de cabello – le permite hacer ese pequeño trayecto solo.
Hitoshi aprovecha en meter la ropa a la lavadora. Se da un pequeño tiempo para respirar también, pues lleva ahí ya tres días y las cosas no pintan a que vayan a terminar pronto. Katsuki mantiene su cercanía por medio de su hija, creando inestabilidad con su olor. El cuerpo de Izuku no sabe si entrar de lleno al proceso de ruptura o ceder al destino.
Teme terriblemente que su mente se canse de esa inconstancia y termine por derrumbarse.
Un gran porcentajes de esas rupturas en omegas, terminan en suicidios.
– Hi...to...shi – la voz tiritante de Izuku le llama, haciéndole apresurar el marcado en la lavadora.
Entra a la habitación, Izuku esta arropado en la cama, aun tiembla. Hitoshi deja correr el aire tibio por sus hebras, baja por sus hombros y espalda, luego sube y repite el mismo camino una y otra vez. El temblor se extingue paulatinamente, junto a la humedad de su cabello y da por terminado esa labor.
Izuku le detiene antes que se aleje. Los orbes de bosque húmedo le hipnotizan, suplican que se queda a su lado. Hitoshi, al igual que con Mizuki, cede. Suelta un suspiro profundo, abre el cobertor y se acomoda dentro, con un brazo bajo el cuello de Izuku. El omega se acurruca a su lado, abrazándole, enredando sus piernas. El omega de Izuku pide cariño de su alfa para aminorar ese malestar y él intenta confundirlo por un instante con el beta. Es verdaderamente tonto si tiene en cuenta que tan solo unos segundos atrás, sentía que debía alejar a Hitoshi cuando este le tocaba. Sin embargo, ha funcionado ya una vez durante su embarazo y, repentinamente, vuelve a surtir efecto ahora.
Imagina que su cuerpo también empieza a ceder. Si no tiene el aroma de su alfa cerca, al menos acepta el cariño. Las náuseas desaparecen y ciertos dolores secundarios que acompañan a ella, mas no el físico.
– ¿Cuánto más va a durar esto? – y es más una pregunta retórica, pues Hitoshi ya le ha mencionado que, al existir poca documentación formal sobre predestinados, es difícil saberlo.
Por eso mismo es que él tampoco ha mencionado sus inquietudes sobre pactar un tipo de "trato" con Katsuki.
– ¿Vas a quedarte conmigo? – continua.
Hitoshi acaricia su espalda.
– Sí.
Izuku se acurruca en la cuenca de su cuello, le rodea con sus brazos, escondiendo la mano tras sus cabellos violetas. A veces siente que sus peticiones, son verdaderamente egoístas, forzando a Hitoshi a permanecer a su lado mediante lastima.
Al día de hoy, no le ha conocido una relación formal, aunque en unas ocasiones, ha percibido el aroma a feromonas impregnado en él. Los betas no suelen notar cuando un alfa u omega le marca con su aroma, reclamándolo como suyo. Izuku mismo se ha visto haciendo lo mismo, buscando alejar a otros de su amigo. Es la única manera que encuentra de poder tener a alguien a su lado. Es un omega con un pasado que ningún alfa desearía. Tiene una hija de la que pocos querrían hacerse cargo. Es un omega sin nada que ofrecer, pensar en tener que sobrellevar la vida que le queda solo, le aterra.
En cambio, con Hitoshi a su lado, siente que puede seguir. Todos necesitamos de un apoyo, sabernos acompañados; de que, si nos caemos, alguien estará ahí para levantarnos. Si nos paralizamos, alguien nos dará un empujoncito.
Para Izuku, la vida es una carrera en parejas y Hitoshi es la suya.
…
Despierta perezoso. Parpadea liviano, con la luz del sol extinguiéndose y el cuerpo tibio de Hitoshi a su lado. La respiración calmada del beta, le arrulla las emociones, ahora sí siente que ha descansado. El malestar no ha vuelto aun y quisiera que eso fuera así por mucho más tiempo y no solo hasta que llegue Mizuki y el aroma endemoniado de Katsuki reviva todo de nuevo.
El pensamiento le lleva a observar el reloj sobre el velador, falta poco para la llegada de su hija. A un lado, la luz titilante del móvil indica que hay mensajes nuevos sin leer.
Mensajes de Katsuki, seguramente. Solo había tenido un día de paz luego de la conversación que tuvieron. Después de eso, los mensajes habían empezado a llegar a su móvil. "Tenemos que hablar", "Es sobre Mizuki", "Necesitamos acordar cosas", habían sido algunos. Izuku los había ignorado, puesto que no se encontraba de humor para lidiar con nada de eso ahora. Sin embargo, aquello no había detenido al alfa, quien finalmente había sacado a la luz sus intenciones.
[10:10hrs] B.K.: "Quiero pasar un día con Mizuki"
Que bien se podía traducir, en que su hija se quedaría a dormir en casa de él. Ya que inmediatamente después, había explicado que tenía una habitación libre para ella.
Suspira agotado. Esconde el rostro en la cuenca del cuello de Hitoshi nuevamente. No está listo para dar una respuesta. A diferencia de un inicio, ya no ve a Katsuki como una potencial amenaza hacia su hija. Ella le quiere, le consta, y el alfa también. Mizuki le cuenta constantemente sus días juntos, cuando le ayuda con sus tareas, juega con ella y a veces, cuando sale de la escuela agotada, la carga de camino a su trabajo. Aun así, dejarlos juntos no es algo que le agrade del todo. Una parte suya teme que ella pueda generar mayor cariño por Katsuki que por él.
Incluso si toda su vida ha sido él con quien ha estado.
Los niños suelen ser ingratos.
La alarma suena. Hitoshi despierta agazapado, Izuku finge despertar junto a él. El beta apaga la alarma y se pone de pie, es hora de esperar por Mizuki. Izuku esboza una tenue sonrisa al ver salir de casa a su amigo, siempre tan diligente con sus pedidos.
"Creo que, si fuera alfa, pensaría en dejarme marcar por él."
Y algo se agria dentro de Izuku.
Como omega que ha sufrido todo tipo de vejámenes por la sociedad, se esperaría que su mentalidad fuera más libre. El verdaderamente quiere eso y educa a Mizuki sin involucrar estereotipos en ella, empero le es imposible a él. Ha vivido durante años en una sociedad que corroe todo lo que toca y, quiera o no, siempre termina dejándose llevar por esas aguas turbias y es que, si Hitoshi fuera un alfa, quizás no hubiera desistido tan rápido a la ilusión que había tenido entorno a ellos. Constantemente se repite que lo que sintió por Hitoshi en algún momento de su juventud, fue convirtiéndose en simple admiración y más tarde, en ver como algo imposible por lo sucio que se consideraba para su amigo. Pero lo cierto era que, más allá de todas esas escusas, la única razón era que Hitoshi no podía brindarle una marca; y sin ella, cualquier alfa seguía siendo una amenaza para él.
Comprende que ese no debería de ser un impedimento válido. Que, en la actualidad, la tasa de alfas y omegas que deciden casarse con betas ha incrementado. Aun así, Izuku no logra verlo del todo viable, porque - una vez más- Katsuki es un problema y la única manera de amortiguar esa predisposición a estar siempre pendiente de su predestinado, era una marca.
Oye el pestillo de la puerta girar y el instinto le recuerda una vez más a aquella persona en la cual no quiere pensar.
Pero a la que el destino siempre termina por guiarle.
Izuku, ya sin nauseas ni fatiga, corre hacia la puerta abierta. Carga a Mizuki entre brazos, apretujándola contra su nariz. La pequeña ríe ingenua, sin comprender que sucede. Cuando la baja al suelo, le quita el abrigo antes de enviarla a lavarse las manos. Sujeta con ahincó la prenda junto a su rostro a sabiendas que ese olor, que ahora se siente como un manjar, en breve se tornara en dolor. Mueve los orbes hacia Hitoshi, quien, dé pie en la cocina, le observa meneando el rostro, en desaprobación total. Izuku le entiende, es el beta quien más tarde va a lidiar con todos sus males. Quien limpiará el desastre que haga y se amanecerá a su lado, consolándolo.
Tuerce los labios, con la euforia que ha recorrido su cuerpo disminuyendo la intensidad. Hitoshi da vuelta y saca del refrigerador la cena de Mizuki. Izuku se acerca despacio, un poco arrepentido.
– Ve a descansar – Hitoshi le ordena.
Izuku no obedece. Hay algo más importante que preguntar en ese momento.
– ¿Te ha dicho algo? – murmura.
– Que respondas sus mensajes.
Izuku se apoya en la mesada, al lado suyo. Observa a su hija que ya ha salido del baño y ahora prende la televisión.
– Quiere mi autorización para pasar un día con ella – Le cuenta, a sabiendas que Hitoshi no sabe a qué mensajes se refiere y que tampoco se lo va a preguntar.
Hitoshi nunca cruza ciertas líneas de privacidad.
– ¿Qué vas a hacer?
– No lo sé. – responde confundido por todas las emociones que tiene encima en esos momentos. Su mente es un lio. – Por momentos dudo de la decisión que he tomado. – Hitoshi le mira, esperando mayor información. Izuku intenta explicar lo que tiene en mente, mas es el instinto quien hablan por él– Siento que podría terminar con todo esto si aceptara a Katsuki. Ya no tendría todo este malestar, no habría una ruptura. Mizuki le quiere y podría...
– ¿Qué estás hablando? – interfiere el beta, ceño fruncido. Su rostro muestra confusión y algo más.
Izuku baja la mirada.
– Soy un omega con una hija de su alfa predestinado ¿Qué otra opción tengo? – Por una vez, quiere dejar de lado esa fortaleza y permitirse poner en palabras sus inseguridades – En poco mi celo llegara ¿Qué voy a hacer entonces?
Silencio.
Hitoshi comprende la preocupación. Ha llegado a enterarse lo sucedido durante su celo y aunque Izuku ha negado rotundamente que haya llegado a mayores, lo cierto es que no logra creerle. Si algo ha logrado descubrir del omega con el paso de los años, es que suele minimizar los acontecimiento para hacerlos menos chocantes. O para que le duelan menos a él mismo. Recuerda el cómo, años atrás, le conto sobre su embarazo de Mizuki. Primero se trataba de un enamoradito de su escuela, luego de un amigo que se propaso. Cuando finalmente llegaron a la verdadera razón, Izuku no hacía más que culparse.
Porque era un omega y su deber era cuidarse de los alfas que no lograban controlarse.
– Izuku, nosotros somos personas antes que alfas, omegas o betas. – pone la cena de Mizuki en el microondas – ¿Qué otras opciones tienes? No muchas si piensas como omega.
Hitoshi respira hondo. La conversación queda pausada unos tortuosos segundos en los que solo se oyen las caricaturas de Misuki, junto al característico sonar del microondas.
– Sé que el celo es difícil. – continua – Sé que la última vez, no logre protegerte. Pero ahora es distinto, él ya sabe que no lo quieres cerca y no vendrá acá a menos que tú se lo pidas. – el pitio del microondas suena, avisa que la comida ha terminado de calentar. Hitoshi retira el plato de el – Como beta, no puedo sentir lo mismo que tú, más sí entenderte.
Posa la mano sobre el hombro de Izuku, acariciándole suave por encima de la ropa. En verdad hubiera querido poder protegerlo de Katsuki.
Ahora y a sus catorce años.
Sin embargo, entiende que, llegado a este punto, el único capaz de hacer algo, es Izuku mismo. Podría denunciar al alfa, obtener la justicia que merece y hacerle pagar el sufrimiento que ha llevado a cuestas.
El omega ha dejado en claro que no lo hara y aunque sus respuestas van desde la vergüenza hasta el querer proteger a Mizuki de la verdad, lo cierto es que él piensa, es ese lazo que les une lo que le impide. Adicionalmente, está la mentalidad romántica con la que se suele criar a los omegas y no duda que Izuku en el fondo, aun añore una relación de cuentos con su predestinado.
Algo que el rechaza por completo.
– No tomes decisiones dejándote guiar por el instinto, mucho menos, basándote en construcciones sociales. No te condenes a una vida de infelicidad. – deja caer su mano a un lado – Y si no sabes que responderle, pregúntaselo a ella. – Señala a Mizuki, quien ajena a todo, observa concentrada sus caricaturas – al final es decisión suya.
Hitoshi curva los labios en una leve sonrisa antes de llevar la comida a Mizuki. Izuku se queda más relajado con ese último gesto. Al final, no ha sido tan malo dejar salir sus dudas. Hitoshi tiene razón, es una persona antes que un omega, no puede condenarse a algo solo porque el destino así lo quiere. Entiende, que el instinto va a seguir ahí atormentándolo, que ese sufrimiento se puede prolongar eternamente y que habrá momentos en los que la duda de ir tras Katsuki le aquejaran nuevamente. Sin embargo, Hitoshi estará ahí para traerlo a tierra siempre.
Por lo pronto, ha de ir solucionando un problema a la vez.
[18:45 hr] Deku: "Si ella acepta, puedes pasar el sábado"
…
Siguiente capítulo:
La secuencia, sucede muy rápido para Izuku. El rostro asustado de su hija, seguido por el dolor lacerante en su nuca, tan potente que le hace caer inconsciente.
Nota de la autora:
Este capítulo es bastante texto, explicaciones y puntos de vista; básicamente, porque necesitamos ir entrando en contexto (y recordando ciertas cosas) para lo que se viene.
Por si no lo recuerdan, esta frase: "Creo que, si fuera alfa, pensaría en dejarme marcar por él." Izuku la había escrito en su álbum de fotos. Por lo que era de esperarse, que en un momento de su vida, él estuvo enamorado de Hitoshi.
Ahora, entre otras cosas menos importantes, quiero anunciarles que tengo dos historias cortas nuevas. Algunos ya las leyeron, pero para los que no, se los dejo aquí:
· Confinamiento: Un omegaverse en donde explico un poco mi punto de vista el origen de este universo.
· Entre espinas, tú: Trata de la vida de Izuku contada en cada capítulo por una experiencia con alguien. (Es la culpable de la tardanza en esta actualización, pues la tengo bastante avanzada)
Bais.
