Capítulo 8: Mi deber

Una nueva era daría inicio y yo sería el responsable de implementarla.

Decidí entrenar y adaptarme a mi nueva armadura y a mi nueva espada antes de dirigirme al campo de batalla; sin embargo, eso no impidió que diera las órdenes para que los caballeros rojos se dirigieran a los poblados y las ciudades, de entre ellos mandaba caballeros de protección con la orden de salvaguardar a los pocos que eran inocentes y merecían el reino de mi padre.

Mi tío me comenzó a enseñar técnicas nuevas que, de haber aprendido antes, me hubieran facilitado mucho más todas mis batallas; aunque comprendía que mi tío no me las mostrara con tal de no ambicionarme y que mi corazón se volviera impuro ante el poder.

Hacía más ejercicio que de costumbre, la armadura era demasiado pesada. Al principio, mi tío me ayudaba a cargarla por medio de su poder, pero conforme pasaban los meses, podía sentir como se alivianaba paulatinamente.

Los enfrentamientos con mi tío se hacían todavía más y más complicados. Me tumbaba más que antes, pero mi voluntad era inmutable. Me levantaba a pesar de lo difícil que resultaba con mi armadura, me movía con lentitud por su culpa, pero eso no hacía más que motivarme a seguir intentando. Mi padre me dio esa armadura porque sabía que yo podría levantarla por mi propia cuenta y no lo iba a defraudar.

Aprendí que las técnicas se efectuaban por medio de un pensamiento o una emoción, al mismo tiempo que se tenían que realizar movimientos específicos para que resultara efectivo. Había ocasiones en las que indagaba por mi cuenta, llegué a descubrir técnicas poderosas; aunque debo admitir que las ideas llegaban repentinamente a mi mente.

Mi padre se mostraba muy orgulloso de mí, incluso presenció algunas de mis técnicas que había descubierto por mi cuenta, diciendo que eran técnicas secretas de la espada; aunque cuando descubrí una de las tres técnicas secretas, me detuvo diciendo que era muy peligrosa. Me enseñó que existían dos tipos, las técnicas guardianas y las técnicas destructoras: las primeras se enfocaban en potenciar al usuario, defenderlo o debilitar al enemigo, mientras que las destructoras eran completamente ofensivas, incluso mortales en su mayoría.

Llegó un día en el que pude salir finalmente al campo de batalla, tuvieron que pasar cuatro largos años; pero ahora sería mi turno. Los caballeros rojos habían hecho un trabajo formidable; sin embargo, aún quedaba bastante territorio que cubrir y ahí yo me hice cargo.

Como Sol ya no existía (y me rehusé a tener otro caballo), Destructo se ofreció a transportarme; me había emocionado al principio creyendo que lo montaría, pero le bastaba un movimiento con una de sus garras para abrir portales que me dejaban justo donde lo necesitaba, aquello me asombró en gran manera.

Con las técnicas de la espada, arrasar grandes ciudades era como un paseo por el parque. Primeramente, me aseguraba de apartar a los merecedores del reino y posteriormente desaparecía a todos aquellos que no lo merecían; un solo movimiento de mi espada era suficiente, había un inmenso poder en mi interior que no podía comprender, pero formaba parte de mí.

Era conocido ahora como el "Caballero Oscuro" o el "Caballero de la Muerte". Ya poco se hablaba de la leyenda del "El Caballero de Madera" ; esa leyenda la había dado por muerta, eso a pesar que de vez en cuando la escuchaba en la televisión, pero pensando que eran noticias mías del pasado, las ignoraba: ya no podía regresar a ser quien era.

Con el pasar de los años, mi actitud cambió, dejé de ser cálido y me convertí en un ser frío y distante, excepto con aquellos con quienes tenía una relación estrecha. Los únicos que representaban algo para mí eran mi padre, mi tío, Janice y… bueno…, mi hermanita… Lynn… a pesar de todo, la extrañaba y seguía formando parte de mí.

De hecho, fue gracias a ella que conocí la técnica guardiana secreta más poderosa de todas…, a pesar de estar tan lejos, mi hermanita era un motivo más para mí; no la podía olvidar a ella, con ella pasé muchos momentos de mi vida; también era por ella que me quería convertir en caballero, para protegerla.

Respecto al resto de mi familia, llegó un momento en donde dejé de preguntar por ella, pero por Lynn siempre preguntaba. Solo quería saber si estaba bien, por fortuna, tanto Will como mi padre siempre me calmaban diciendo que estaba en perfectas condiciones y que no tenía nada de lo cual preocuparme.

Regresando conmigo, el plan de "Renovación Mundial" fue un rotundo éxito. Recién salía a los 28 años y dos meses fueron suficientes para acabar con lo que quedaba. La humanidad ahora se regía de personas merecedoras del reino…, personas que terminaron traicionando mi confianza.

Sino bien, las personas que rescaté eran merecedoras del reino, dejaron de estar de acuerdo con el régimen al ver el genocidio mundial que se había efectuado. Alrededor de 3 mil millones de personas habían muerto y todo porque no seguían las ordenanzas del Rey. De este modo, se pusieron en contra de la monarquía de mi padre y aquello solo me decepcionó más, pero aún tenía fe en ellos porque no hacían nada malo… solo no querían vivir en un mundo lleno de muerte y sangre. Por un lado, los entendí, así que no hice nada al respecto con ellos; retiré a todas las tropas y por fin pudimos descansar.

No hubo más problemas desde entonces. Me dediqué a mí mismo a partir del éxito de mi plan. Seguía descubriendo nuevas técnicas y seguía sintiendo más ligera la armadura hasta el punto de que ya no pesaba en lo absoluto, sino todo lo contrario, ahora sentía que flotaba.

Pasaron entonces seis años a partir de que se me fue concedido este equipamiento. La armadura dejó de pesarme y podía considerarme un adversario imbatible, pues tras efectuar las técnicas de la espada en contra de mi tío Will, por fin pude conseguir lo que creía imposible… lo había derrotado.

Mi tío había sido derrotado por mí. Ambos nos miramos con un inmenso orgullo, mi tío, a pesar de todo, seguía siendo un gran sujeto…, quería devolverle el favor de alguna manera. Eso sí, vencerlo no fue para nada fácil, de él aprendí que un Dagger es inmune a las ondas de las técnicas, por lo que tuve que vencerlo potenciándome a mí mismo.

La paz reinaba en el mundo, a veces bajo temor, pero estaba la paz y la armonía con la que mi padre tanto soñaba. Podía verlo sonreír en las mañanas cuando admiraba la ventana y eso me ponía muy contento. Mi padre y yo salíamos de vez en cuando a las praderas y a las montañas, viajábamos alrededor del mundo para contemplar sus maravillas.

Desafortunadamente, las personas que quedaban seguían molestas y resentidas. La mayoría perdió a sus familiares durante la masacre mundial. Admitía que era algo muy triste y que era justificable el hecho de que no nos perdonasen; pero el Rey tenía sus razones para que eso fuera de esa manera.

Las malas noticias no tardaban en salir, incluso los noticieros expresaban su molestia ante el reinado de mi padre. Muchos de ellos perdieron a seres queridos y me sentí hipócrita hasta cierta parte, puesto que yo me preocupaba por mi familia, pero jamás me detuve a pensar en todas las personas que había asesinado y pertenecían a esas familias que sufrían su pérdida. Nada podía hacer, ellos habían marcado su destino cuando se les advirtió que dejaran de insistir en su iniquidad e inmundicia…, su familia debía sufrir ahora a causa de su malignidad.

Cumplí los treinta años. El Mundo estaba intentando unirse para derrocar al Rey, información que mi padre me dio cuando me dijo que podía observar cómo la gente se reunía para conspirar en su contra. Ese día me pidió algo que cambiaría el curso de la historia para siempre… y ese día fue hoy mismo, hacía unas cuantas horas atrás.

Mi padre me mandó a llamar. Estaba en el salón del trono, estaba de pie observando a través de la ventana. Me acerqué a él con lentitud y me posicioné a su lado. Comenzó a hablar.

—No importa si les das de comer, si les das de beber y si les das un techo. No importa si manejas todo para que nadie deba esforzarse demasiado y pueda salir adelante sin muchos problemas, no importa si erradicas la corrupción de los gobiernos y les das a todos un trato justo en donde cada uno se alza por su propia cuenta —pausó por unos momentos. Esperé a que siguiera hablando, no sentía nada en específico, hacía tiempo que mis emociones y sentimientos eran opacados con facilidad. Mi padre suspiró—. El hombre siempre querrá libertad. Si no tiene libertad, entonces la buscará. Si el hombre no puede satisfacer sus placeres, entonces se sentirá incompleto —desvió su mirada al trono—. Podré ser un buen Rey, pero para ellos soy un monstruo vil y sin corazón —volvió a ver la ventana—. Lincoln… estoy cansado de este mundo… de su gente.

Caminó por unos instantes, dándome la espalda.

—Lincoln…, este mundo ya no vale la pena. Me harté…, ya no puedo seguir siendo Rey de un mundo que no me quiere más como su Rey —suspiró—. Quiero que destruyas el mundo y al Mundo.

Retrocedí impactado de su orden.

Yo…

¡Yo no podía aceptar esa orden!

—Pero…, mi Rey —me acerqué un poco—, aún hay gente buena que es merecedora de su reino.

—Solo ocho personas en el mundo están de acuerdo con mi reinado y ellos están alejados de todos. Están en soledad —dejó una pausa, seguí escuchando—. Y una de esas personas es errante en el mundo —volteó a verme—. En serio, hijo… nadie merece vivir en este mundo y ellos menos. Ellos se han esforzado tanto… no quiero que se queden solos, sería deprimente —se acercó—. Es por eso que te pido que los asesines para acabar con este mundo.

¿Qué…?

—No…, no voy a matar a gente inocente, además, ¿por qué matarlos a ellos? ¿Qué tienen de especial? ¿Qué son ellos para que con su muerte se pueda destruir el mundo? —puso su mano en mi hombro.

—Lincoln…, se trata de tu familia —abrí los ojos en grande.

¿Mi… familia?

No podía pronunciar palabra alguna, estaba estático, procesando todo lo que el Rey me había dicho.

—Es una orden, Lincoln.

—¿Qué opinaría Janice de esto? —lo miré con molestia.

—Estaría de acuerdo conmigo —me ofusqué. Mi padre estaba muy extraño, él no diría esas cosas.

—¡No puedes decir eso! Janice jamás estaría de acuerdo con esto…

—Es mi mujer y la conozco. Ella sabe más que tú y es por eso que está de acuerdo conmigo —no lo podía creer.

—No…, no haré eso, padre. ¡No mataré a mi familia por tu capricho! —lo señalé.

—No lo entiendes… y es aceptable —su mirada era seria—. Sin embargo, el día ha llegado. Fue para esto para lo que te había elegido. Eres único en este Universo, Lincoln Dagger Loud —sonrió—. Es tu propósito.

No…, no entendía nada.

—¡No! Yo decido mi destino, padre. ¡No te obedeceré! —desenfundé mi espada.

—Oh…, ya entiendo —su sonrisa se volvió burlesca—. ¿Sabes, hijo? Mi padre me dijo una vez… —comenzó a caminar al centro del salón. Yo lo seguía con fiereza—, que si nunca llegaba a rebelarme era porque no era su hijo en verdad —hizo aparecer su espada amarilla de energía—, pero sí me llegué a rebelar contra él. Eso aplica para ti también, pero a diferencia de él, a ti te voy a enseñar a obedecerme.

Gruñí con enojo. Me posicioné en frente…, debía vencerlo. ¡La humanidad dependía de mí! Y de paso…, podía devolverle el favor a mi tío Will.

—¡Padre! —lo señalé con mi espada—. Si te derroto, dejarás vivir al Mundo.

El Rey mantenía su sonrisa.

—Sí yo te derroto, te daré la razón definitiva para que me obedezcas. Te daré el conocimiento con el que entenderás todo.

—Voy a vencerte, padre —asumí mi pose de batalla—. Si pude vencer a Will, ¡te podré vencer a ti!

—Eso es tener mucha confianza, hijo —se posicionó—. Me gusta.

Era hora de enfrentar a mi padre… era hora de enfrentar al Rey. ¡Era hora de asumir mi papel definitivo como protector de esta Tierra! ¡Lo haría por mi familia, por el mundo, por mi tío Will…! Lo haría… por Lynn.