Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.


Capítulo 7 – La tía Bella lo hace mejor.

–¡Que disfrutes! ¡No te pelees mucho con tu hermana!

Bellatrix puso los ojos en blanco al escuchar a Sirius y se introdujo en la chimenea, tras unos segundos, una llamarada verde cegó a los ocupantes del salón.

–¿Cuando vuelve la tía Bella? –Harry parpadeaba confundido por la centelleante luz.

–En un par de días. Hasta entonces, tu y yo tendremos la casa para nosotros y podremos hacer todas esas cosas que la tía Bella no nos deja hacer. –Sirius estaba emocionado, incluso más que su ahijado.

Bellatrix iba a pasar unos días en un balneario junto a su hermana Andromeda. La relación entre ambas había mejorado considerablemente con el paso de los años, pero de vez en cuando tenían alguna que otra recaída. Como era el caso actual. Por eso a Ted se le había ocurrido, hacia ya años, que cuando se enfadase se fueran a un balneario. Estos viajes se habían repetido asiduamente y Sirius había llegado a sospechar que sus enfados eran falsos, y lo que realmente querían las dos mujeres era estar unos días a todo lujo. No le parecía mal, por eso guardaba el secreto y seguía la corriente cada vez que su mujer le decía que debía irse a un balneario con su hermana para fortalecer su relación de hermanas.

–Tio Sirius, ¿podríamos salir a volar en la escoba? –Harry le suplicaba poniendo un puchero. –La tía Bella nunca me deja.

Con aquella última frase, Sirius estuvo completamente convencido. Harry había adquirido cierta predilección por Bellatrix, no es que estuviera celoso, le gustaba ver que tuvieran buena relación, pero siempre pensó que debido a su buena amistad con James, Harry le nombraría su favorito. Por eso ahora se esforzaba el doble para ser el tío guay.

–¡Por supuesto! Vayamos a por las escobas.

Salieron al jardín trasero. El día era estupendo, el ideal para volar. No había viento, el sol lucia en el cielo y la temperatura era más que agradable para estar en invierno. Como Harry era aún muy pequeño, solo volaban a unos metros de altura. Además, aunque vivieran en un barrio mayoritariamente de familias mágicas, en los últimos años se habían mudado algunas muggles. Estuvieron volando una hora, el crio reía y se esforzaba por cumplir todos los retos que se le ponía. Sirius intentaba que aquella sesión de vuelo no fuera solo divertida sino también didáctica. Si Harry había heredado la mismas cualidades que James, podría convertirse en un buscador excepcional.

–¡Muy bien Harry! –Sirius aplaudió. –Probemos algo un poco más difícil.

El crio asintió feliz. Si su padrino le decía que era más difícil querría decir que era algo para niños grandes y él quería ser un niño grande. Sirius le indicó que volase un par de metros sobre uno de los arboles más pequeños que había en la propiedad y que cuando estuviera cerca de este, cambiase drásticamente su rumbo. Así podría practicar para futuros partidos de Quidditch. Observó como Harry le obedecía y cuando estuvo bastante alto inició el descenso en picado. Todo estaba saliendo correcto, todo hasta que cuando solo quedaba medio metro para impactar contra el árbol, el crio aun no había cambiado el rumbo.

–¡Gira hacia tu derecha! –Así evitaría el obstáculo.

Harry cambió ligeramente su dirección a la derecha, pero en el ultimo instante giró hacia la izquierda, aquello provocó que impactase contra el árbol y se quedase atrapado entre las ramas. Preocupado, Sirius se acercó en su escoba. El pequeño estaba sujetado por las ramas que le impedían caerse al suelo. A simple vista parecía estar bien, solo tenía algunas marcas por la cara. Consiguió sacarle de allí sin mucho problema y lo bajo en su escoba. Una vez seguros en suelo firme, comprobó cuanto daño se había producido.

–¿Por que no giraste a la derecha? –Los cortes de la cara eran superficiales y solo necesitaría una poción sanadora. Bellatrix le había dejado varias preparadas. –Harry agachó la cabeza una vez finalizó. –Me tienes que hacer caso. Además, si quieres jugar al Quidditch necesitas tener mucha disciplina. –Harry aún seguía con la cabeza gacha. Sirius interpretó aquello como una señal de indiferencia. –¡Te estoy hablando! –Se estaba enfadando.

Ante el tono de voz de su padrino Harry finalmente levantó la cabeza. Estaba enfurruñado y completamente colorado.

–¡No se cual es la derecha y cual es la izquierda! –Gritó.

Aquello tomó por sorpresa al hombre. No se había percatado que Harry aún estaría lidiando con esos problemas infantiles. Y ahora que se paraba un momento a pesar, recordó como Harry primero se fue a la derecha y después giró a la izquierda. No diferenciaba entre ambas. Quiso reírse, pero aquello haría mas daño al pequeño.

–Lo siento Harry. No lo sabía

El crio se encogió de hombros.

–Tío Sirius, solo tengo seis años. –Dijo como si aquello fuera la mayor obviedad del mundo.

–Cierto, lo había olvidado. Yo en cambio, ya tengo demasiados. –Ni si quiera recordaba cuando él mismo aprendió a diferenciar ambos lados. –¿Que te parece si nos tomamos unos batidos de chocolate y nos curamos las heridas?

Harry se llevó un dedo a la boca de forma pensativa y tras unos segundos asintió emocionado.

–¿Me pondrás mucho chocolate? La tía Bella no lo hace.

Otra vez, ese último comentario le hizo pensar en la rivalidad que compartía con su mujer por ser el favorito de Harry.

–Toneladas de ello.

Llevó al crio a la cocina y le sentó sobre la mesa. Debía curar esas heridas antes de que se infectasen. Ya tenia bastante con una cicatriz en la frente como para añadir más.

–La tía Bella siempre te pone esto ¿no? -Señaló la etiqueta del frasco. Sirius nunca había hecho esos menesteres.

–No lo sé.

Finalmente Sirius se fio de su instinto y de lo poco que recordaba de pociones. Abrió el frasco y comenzó a aplicárselo.

–¡No! –Gritó Harry. –Así no. La tía Bella no lo hace así. –El crio le señaló a una caja sobre la encimera de la cocina. –Utiliza algo de dentro de esa caja.

Sirius suspiró pesadamente y fue a abrir la caja. Dentro había ciertos artículos de primeros auxilios tanto muggles como mágicos. Ignoraba que Bellatrix estuviera tan bien preparada.

–Esta bien. –Tomó una de las gasas y se volvió a Harry. –¿Así lo hace?

Harry volvió a asentir y pudo aplicarle la poción sanadora.

–¡Ahora el batido! –El crio no dejo que le bajase de la mesa ya que pegó un salto y se fue directo a la silla. –¡Venga tío Sirius, date prisa!

Sirius sonrió feliz y se comenzó la elaboración. A eso Bellatrix no le iba a ganar. Su mujer era nefasta para la cocina. Su ahijado le iba a nombrar su favorito cuando probase su delicioso batido con toneladas de chocolate. Cuando estuvieron listos los dos batidos, uno para cada uno, lo puso delante de Harry, el cual no tardó ni dos segundos en darle un enorme trago. Sirius esperó a empezar el suyo hasta saber la opinión del crio. Ya se estaba llenando de satisfacción imaginándose las bondades que su ahijado le iba a decir…

–Esta malo. –Harry hizo un gesto de asco. –Me gusta más el que hace la tía Bella.

Ante las malas criticas probó un sorbo de su batido. No estaba de acuerdo con Harry, ¡estaba delicioso!

–Si esta muy rico.

Harry negaba pero seguía tomando su batido.

–Tiene mucho chocolate. –Ya se lo había bebido casi por completo.

Sirius cerró los ojos y respiró profundamente. No creía que fuera tan difícil contentar al pequeño. Negó con la cabeza antes de abrir los ojos de nuevo... Solo era un crio. Pero ese crio dejo de ser tan crio cuando el azúcar de todo el chocolate extra hizo efecto. Harry corría hiperactivo por toda la casa. Apenas podía darle caza y fallaba en todos los intentos de petrificarle.

–¿Harry quieres ver la televisión?

–¡No!

–¿Quieres que juguemos a gobstones?

–¡No!

Harry corría a su alrededor como si se hubiera tomado una poción de velocidad. Ahora entendía porque Bellatrix le ponía tan poco chocolate en los batidos. Aquella situación duró tres horas más. Sirius se había dado por vencido y esperaba sentado en el sofá hasta que al crio se le bajase el subidón. El pequeño, ya calmado, acabó sentándose a su lado, estaba completamente agotado. Antes de que se quedase dormido creyó conveniente hacer la cena. Otra vez ocurrió algo parecido. Le estaba chirriando demasiado el, "la tía Bella lo hace mejor"

Pensando que solo eran cosas de críos le llevó a la cama.

–¿Me lees un cuento?

Sirius sonrió. Casi siempre era él el que le leía los cuentos. Seguro que a eso no le ganaba su mujer. Harry le tendió un libro, era la historia de Blancanieves y los siete enanitos. El crio miraba atento a las imagines, le estaba encantando o al menos eso creía porque de vez en cuando le miraba de una manera extraña.

–¿Te ha gustado? –Preguntó cuando llegaron al final. Era la primera vez que le leía ese libro.

–No. –Quizás era un cuento muy terrorífico para un crio tan pequeño. –La tía Bella lo hace mejor.

Sirius ya se había hartado de aquellas comparaciones en las que siempre salia mal parado.

–¿Por qué? –Realmente estaba molesto. –¿Qué hace la tía Bella que no haga yo? –Su entonación para la lectura era la mejor.

Harry se hundió un poco en la cama. No quería enfadar a su padrino.

–La tía Bella hace muy bien de la madrastra de Blancanieves. Se ríe como una verdadera bruja malvada.

La confesión de Harry hizo que se riese. Esperaba un comentario como los anteriores. Dudaba que el crio le hubiera dicho eso a su madrina.

–Es que ella tiene mucha experiencia en el tema. -Bromeó, aunque Harry no entendió el mensaje.

–También la tía Bella me contó cual es el final verdadero. –Aquello le tomó por sorpresa, y le animó a que continuara hablando. –Que Blancanieves fue enviada a Azkaban por un delito de alzamiento de bienes. La madrastra era la heredera universal tras la muerte del padre de Blancanieves.

Sirius abrió los ojos estupefacto por la historia que Bellatrix había creado para que la bruja malvada del cuento fuera la buena. Pero al ver la convicción en el crio lo dejo estar.

–Es cierto, se me olvido comentarte la parte mas importante.

Parecía que Bellatrix había logrado una mas que excelente relación con Harry, y aunque en un principio le había dolido, ahora estaba emocionado por saber como Bellatrix había acogido a Harry como si de un hijo se tratase. Es más, no solo como si de un hijo se tratase, si no que le quería y se preocupaba por esa maquina babosa, tal y como se dirigía al pequeño durante sus primeros años de vida.

Apagó la luz de la mesita de noche de Harry y le deseo buenas noches. Pero antes de llegar la puerta el crio le hizo una última pregunta.

–¿Cuando vuelve la tía Bella? La echo de menos.

Sirius sonrió.

–Pronto.

Él también la echaba de menos.