Advertencia: Este one-shot contiene escenas sexuales explícitas, así que lee con responsabilidad.


-Nuestro sendero-

VII. Te necesito

[Rated: M]

~Petición hecha por Monica 15~


Resulta asombroso cómo de una vida puede nacer otra. Cómo se desarrolla durante meses en el vientre de una mujer, cómo crece, vive, siente, late.

Para Videl, tener a su hija había sido una experiencia maravillosa, casi como un milagro y algo que nunca, jamás, esperaba que la pudiera llegar a hacer tan feliz.

Cuando era más joven, Videl pensaba que nunca querría tener hijos. ¿Para qué traer al mundo a alguien si pensaba que jamás iba a tener un vínculo tan fuerte como para crear una vida nacida del amor?

Además, era muy consciente de la fugacidad de la vida, del hecho de que un día estás con tu familia y al siguiente, tal vez no.

Claro que todo cambió cuando Gohan apareció en su vida, llevándose todos sus traumas, sus pensamientos negativos y preestablecidos que tenía sobre las relaciones de pareja, el matrimonio y la maternidad.

Por eso, cuando vio por primera vez a Pan, no podía creerse que ella hubiese sido quien hubiese dado a luz a un ser tan pequeño, puro y noble como lo era su hija. Aunque tenía sentido que fuera así, pues era nada más y nada menos que la hija de Gohan, que, posiblemente, era la mejor persona que había conocido.

Estaba segura —y además, eso quería— de que la niña en el futuro se parecería mucho a su padre.

Mientras miraba la cuna, donde Pan dormía plácidamente, sintió a Gohan adentrándose en la habitación de la niña y posándose a su lado, fijando después sus ojos negros en el pequeño cuerpo que descansaba allí también.

Videl tenía las manos apoyadas en la barandilla de la cuna y, de pronto, Gohan movió la suya y la posó encima de la de su esposa, deslizando su dedo pulgar sobre la superficie delicada de su mano para acariciarla con cautela.

—Es preciosa, ¿verdad? —preguntó Gohan tenuemente, sin mirar a Videl, simplemente observando la respiración sosegada de Pan.

Videl, en cambio, posó sus ojos en el perfil del rostro de Gohan. Se le veía tan calmado, tan a gusto, tan en paz, que la mujer de mirada clara se alegró infinitamente de poder ser testigo de ese momento.

—Sí que lo es —contestó ella como si fuera la obviedad más grande del mundo.

Tras aquella afirmación, Gohan volteó la cabeza y le sonrió ampliamente, cerrando incluso los ojos.

—Deberíamos ir a dormir.

—Sí… —afirmó Videl en un susurro.

Después, se quedó mirando la espalda de Gohan mientras salía de la habitación de Pan para dirigirse hacia la que compartían desde que se habían casado.

El semisaiyajin siempre había sido tremendamente respetuoso con todas las personas que conocía, pero especialmente, con Videl. A veces, incluso ella consideraba que era demasiado respetuoso.

Era por ese motivo que Gohan le había comentado a Videl en los primeros meses de embarazo que le daba miedo lastimarla o lastimar a Pan si es que llegaban a compartir la intimidad.

La mujer no lo comprendió muy bien e intentó explicarle que tener sexo durante el embarazo no es peligroso ni dañino, sino todo lo contrario. Sin embargo, decidió desistir porque sabía cómo era su esposo y sabía que podría fingir que lo había convencido y después sentirse culpable o mal consigo mismo.

Por eso, llevaban meses sin acercarse el uno al otro. Y ahora que habían pasado dos meses desde el nacimiento de Pan, Videl realmente quería sentir sus caricias, el roce de las pieles y el placer que solo él podía brindarle.

Lo necesitaba.

No obstante, tampoco sabía demasiado bien cómo acercarse a él. Sí, aunque pareciera extraño porque estaban casados y habían sido pareja desde hacía años. Se sentía extraño pedirle algo así de forma explícita, así que supuso que lo mejor era actuar.

Cuando llegó al cuarto, Gohan estaba quitándose el suéter y la camisa que solía llevar puestos para ponerse el pijama e ir a dormir, pero Videl lo interrumpió.

Se acercó hacia él y deslizó las manos en la piel desnuda de su estómago, posando además su torso en su espalda.

Como respuesta, Gohan se estremeció entero, se le erizó el vello de todo el cuerpo y se sonrojó ligeramente, pues podía sentir perfectamente los senos de su esposa rozando su espalda, como hacía mucho tiempo que no los sentía.

—Vi-videl… —titubeó él algo inseguro y después se dio la vuelta mientras su la mujer soltaba su cálido agarre.

Ella volvió a abrazarlo, esta vez mirándolo a los ojos desde abajo. Después, bajó la vista de nuevo y comenzó a depositar suaves, ardientes y mojados besos en el pecho de Gohan, quien se estaba poniendo cada vez más nervioso.

Sin embargo, mientras Videl se concentraba en realizar aquella tarea que ella misma se había impuesto, sintió las grandes manos de su marido posándose en su cuello y subiéndole el rostro para mirarla.

—¿Qué pasa? —preguntó ella algo preocupada por el hecho de que hubiese cortado tan repentinamente el contacto.

—Es que yo… no quiero lastimarte. Hace solo dos meses que nació Pan y tú…

—Yo estoy completamente recuperada ya, Gohan —interrumpió Videl—. Y… necesito… sentirte.

Gohan tragó saliva. También necesitaba sentirla, que sus labios le rozaran el rostro con lujuria, que sus manos recorrieran todos los rincones de su cuerpo, que disfrutaran el uno del otro.

Mientras aquella maraña de inseguridades se colaba en su cerebro, sin dejarle actuar apropiadamente, Videl se alzó un poco sobre su cuerpo e interceptó sus labios para besarlo, borrando así todos los pensamientos negativos que le impedían actuar.

Sentir la lengua de Videl sobre sus labios de nuevo provocó una explosión en su interior, que además hizo que todos los músculos de su cuerpo —que se encontraban tensos por completo antes del beso— se relajaran.

Condujo sus manos hacia la cintura de su esposa y la empezó a acariciar de forma ansiosa. Podía ser que al principio estuviera algo temeroso, pero ahora las ganas habían vencido y los meses de espera y de necesidad habían caído sobre él repentinamente con fuerza.

Entonces, fue andando hacia la cama, dirigiendo el cuerpo de Videl hasta el colchón para tumbarla mientras seguía acariciándola sin cesar.

Al verla en la cama mirándolo con deseo desbordante en sus iris azules, con la boca entreabierta y la ropa arrugada por las intensas caricias que él mismo le había dado, sintió la necesidad imperante de verla desnuda y de que su unión —aquella por la que llevaba esperando tanto tiempo— se hiciera de nuevo tangible, real.

Comenzó quitándole la camiseta y el sostén y se quedó asombrado de nuevo mientras miraba su pecho.

Videl nunca había tenido los senos grandes y eso había sido un motivo para sentirse acomplejada hasta que Gohan llegó a su vida. Porque cuando observaba sus senos desnudos la miraba casi con admiración y eso la hacía sentir mucho más segura con su cuerpo y consigo misma en general.

Después de observar su torso desnudo durante largos segundos, se inclinó para rozarlos primero con su lengua y después con sus labios mientras Videl, extasiada por el placer, se mordía los labios para no expulsar de su boca los gemidos que nacían en su garganta de forma involuntaria y apretaba ligeramente la cabeza de Gohan para que no se detuviera.

Videl notó además la mano de su esposo colándose por debajo de sus pantalones y su ropa interior, llegando hasta su intimidad y moviendo sus dedos contra aquella parte de su cuerpo que le proporcionaba más placer. Y no tardó demasiado en experimentar un orgasmo que la sacudió por completo e incluso la mareó en cierto modo.

El semisaiyajin se separó de su esposa y se despojó de la ropa que todavía él llevaba puesta, pero también de la de Videl.

No esperó mucho tiempo más, pues se enterró en su interior, expulsando a su vez un gemido desquiciado sobre la boca de la mujer, que tuvo exactamente la misma reacción al sentir la intimidad de Gohan hundiéndose en las profundidades de la suya.

Cuando comenzó a mover sus caderas, Videl se sintió casi en el cielo.

Se agarró a su espalda con fuerza y se movió contra él también, haciendo que la sincronía entre sus cuerpos fuera perfecta.

Gohan sujetó una de sus manos contra la suya y la apretó, envolviendo los dedos de ambos.

Pocos minutos después, todo acabó entre gemidos callados, caderas ansiosas que chocaban una y otra vez contra la otra; entre la mezcla de sus alientos cálidos y, ahora sí, satisfechos.

Gohan se tumbó de lado en la cama y atrajo el cuerpo de sus esposa hacia él para abrazarla y, sin decir una palabra más, ambos se quedaron durmiendo.

Sin embargo, justo antes de dormirse, se quedó mirando el rostro tranquilo de Videl, siendo consciente de que no tendría vida para agradecerle al destino que la hubiese puesto en su camino.


FIN


Respuesta a los reviews anónimos:

Melissa-chan: Muchas, muchas gracias. Me alegra infinitamente que te haya gustado. Pensé que sería cursi poner a Gohan llorando, pero es que con lo bebé que es, no me lo imagino de otra manera. ¡A mí también me gustó mucho el atuendo de su boda en DBS! Mucho más que el de final de DBZ, por cierto. Y déjame decirte que personas como Gohan, es decir, buenas, atentas y cariñosas, existen también en la vida real. Yo tengo la suerte de tener a alguien así en mi vida y además desde hace muchos años. Así que ya llegará. Besos, linda.

Sigo contestando los reviews de los que tengáis cuenta en privado. :D


Nota de la autora:

¿Qué tal? Hoy vengo con doble actualización, así que os dejo el último one-shot también subido. Monica, espero que haya sido de tu agrado (tu nombre también es muy bonito, por cierto ¬.¬) y de todos, por supuesto.

Yo también pienso que Gohan no querría tener relaciones sexuales durante el embarazo porque bueno... ya sabemos todos cómo es. Así que estoy muy de acuerdo con esta idea y no me ha resultado extraña escribirla.

Os adoro. Ya podéis leer el siguiente.