Neville no había llegado a entender qué le provocaría hacer lo que había querido desde un primer momento.

Como había una gran diferencia entre cruzar la línea del deseo, y tomarlo todo para él.

Estaba intoxicado, obligándose a apartarse de ella al menos algunas horas al día.

Su abuela se había retirado a la casa de campo que poseían los Longbottom, apartada de la sociedad mágica londinense, y Neville había tenido que dejar de inventar mentiras que comenzaba a no creerse ni él.

Bellatrix era una droga, no podía entenderlo de otra manera.

Había días que trataba de resistirse a él, días donde se tiraba sobre su cuerpo para obtener todo lo que él le daba. Días que solo se quedaba quieta, mirándole.

No entendía que pasaba por la mente de ella, ni siquiera entendía qué pasaba en la suya. Pero sí sabía que había sido él el que la había obligado a entrar en esa extraña relación de necesidad.

La cama que le había instalado tenía las sábanas revueltas, y ella estaba bocabajo, con el pelo demasiado largo regado por todos lados. Neville aún jadeaba, esa noche había querido prolongarlo hasta volverlos ambos locos.

Estaba agotado, horas de estar al borde para retirarse, calmarse y volver a excitarlos a ambos.

Acarició la curva entre su espalda y su trasero, estaba completamente saciado sexualmente. Ella se estremeció, pero no se volteó a mirarlo, y aún así sabía que estaba despierta.

—¿Quieres que te corte el pelo?—preguntó tocando los rizos que casi llegaban a su baja espalda.

Se giró, puros ojos oscuros, ¿qué diablos estaba haciendo con ella?

No contestaba, de hecho lo raro era oírla hablar, y cuando lo hacía siempre eran insultos, los otros sonidos que salían de ella eran quejidos, jadeos y gemidos.

Pero nunca habían conseguido conversar.

Una mano pequeña y un poco temblorosa llegó hasta su rostro.

Podría poseerla pero nunca se fiaba de ella al 100%.

Pero sus manos, por primera vez no fueron garras queriendo destrozarle sino que le acariciaron la barbilla.

No se había afeitado en semanas, y una pequeña barba oscurecía su rostro.

Neville besó sus dedos, le gustaría que hablara con él, aunque creía poco probable que lo que saliera de ella fuera a gustarle.

Hacía semanas que había dejado que querer herirla de algún modo, quizás fuera el sexo, quizás es que no era capaz de mantenerse tanto tiempo en ese estado.

Ella se giró, de lado, mientras Neville aún besaba sus dedos. Con otra mano, la atrajo hacia sí mismo. Sin dejar de mirarla.

Siempre atento al mínimo rastro de que ella quisiera atacarlo, pero no lo hizo. La abrazó contra su cuerpo, casi ocultándola entre sus brazos.

Notaba su respiración en la clavícula, sí, podría morderlo, patearlo, ya lo había tratado de hacer antes. Pero solo estaba quieta, bajó a mirarla y ella le devolvió la mirada.

La besó suavemente, sus bocas habían chocado muchas veces, con necesidad, con rabia, puras dentelladas a veces, otras robando jadeos. Pero un beso suave, no. La suavidad no estaba entre las cosas que ellos hacían.

¿Qué estás haciendo Neville?, se preguntó Neville a sí mismo, cuando no dejaba de besar sus labios pero no encontraba respuestas que le hicieran parar.

o0o

Bellatrix sabía lo que esperar, una nueva rutina que cada día se repetía. Le recordaba a aquellos años del pasado cuando su marido y su hermano entraban a su alcoba queriéndola embarazar.

Salvo que en este caso no tenía nada que ver con eso, Neville entraba con los ojos llenos de un deseo que le sabía a pura hiel, hasta que esta se transformaba en la miel que la hacía jadear hasta deshacerse.

Cada vez más horas juntos, cada vez menos reticencia de su parte. Eso la hacía sentir peor que estar encerrada, que pensar en lo que él le había dicho sobre su amo.

Saberse con necesidad de él era lo peor en sus días, y sin embargo, también era lo mejor de ellos.

Cuando por fin se iba, se sentía completamente sola, más que nunca en su vida.

Era el encierro, era lo que le hacía sentir, lo que la obligaba a sentir. Nunca se había sentido sola de ese modo, deseando que volviera, deseando pelear, deseando ceder.

La cordura sobre la que caminaba tan al borde estaba siendo puesta a prueba.

Se mordía los labios para no hablar, para no darle lo que él quería, y sin embargo, cuando se iba, le llamaba en silencio.

Loca, pero loca por aquel estúpido.

Sentía como sus manos acariciaban su espalda, y como sus besos eran completamente nuevos. Unos que ella nunca había tenido.

No era sexo, ni siquiera quería poseerla de otro tipo de forma. ¿Qué hacía? ¿Por qué se sentía tan bien?

Cuando se descubrió a sí misma respondiendo a esas caricias sobre sus labios, se apartó y él la dejó. No se fue, solo la miraba, y volvió a ocultar su rostro contra la almohada de la desordenada cama.

¿Qué estás haciendo, Bellatrix?, se preguntó a sí misma, pero no encontró ninguna respuesta.


Continuará


No me gusta mucho publicar en fin de semana, y este capítulo, aunque cortito ya estaba listo.

Le calculo tres o cuatro capítulos más. Mi incursión en el hetero toxiquito me está gustando.

Hasta la semana que viene.

Besos

Shimi