Capitulo 9.
Millicent pasaba su mirada de Rey, que caminaba de un lado al otro en amplia sala a Rose que estaba sentada en el borde de uno de los sofás. La chica de Jakku tenía la mirada perdida en algún punto de la alfombra y estaba mordiéndose el dedo pulgar mientras que la humana favorita de su amo, se detenía cabeza con ambas manos en señal de frustración.
Hacía un par de horas que habían llegado a ese lugar. Un hotel de Coruscant, demasiado elegante para gusto de las chicas que jamás habían estado en un lugar así, aunque no para el de Millie que exploró el lugar con curiosidad.
Lando les había mandado las coordenadas y les había explicado que él también se hospedaría ahí. El amigo de Han y Leia, les indicó que esperaran su arribo en su habitación para darles más información acerca del juicio.
— No sabía que, tú y Ben fueran a formar una academia —soltó de pronto Rose, interrumpiendo los pasos cíclicos de Rey en esa habitación. La Jedi se quedó viendo a su amiga que tenía la cara roja por tanto llorar. Nada más Ben la había apartado de sus labios, le dijo que fuera por Rose y se quedaran juntas, pues no debían verlos como pareja con ellas, ya que aquello podría jugarles en contra. Si descubrían que ambas estaban involucradas sentimentalmente con ellos, no los dejarían defenderlos. Así que Rey fue corriendo hasta su amiga y se sintió culpable de arrancarla de los brazos de Hux.
Alcanzó a escuchar que los dos se prometían cosas en voz baja y llena de anhelo y desesperación, justo como ella y Ben lo habían hecho.
Las dos se quedaron a unos metros atrás, Hux entró de nuevo a la casa y se colocó al lado de Ben. Minutos después una tropa de oficiales de la Nueva República arremetió en el lugar. La jovencitas vieron con impotencia que les colocaban unos grilletes a ambos y que se los llevaban.
Rey apretó los ojos recordando aquel momento y luego regresó a la realidad para contestarle a Rose.
— Es algo que he tenido en mente, pero sinceramente no me sentía lista. Quería disfrutar con Ben un tiempo y después poner en marcha el proyecto con calma. Habíamos platicado un poco acerca de lo que queríamos hacer, de no seguir las reglas del código Jedi y hacerle algunas modificaciones, pero no profundizamos tanto. Pero ahora, es como si todo me empujara a hacerlo…
— Oh, Rey… tengo miedo de lo que pueda pasar —confesó Rose, limpiándose inútilmente las lágrimas que no dejaban de salir de sus negros ojos por episodios cada vez más cortos.
Millicent, que había estado sobre la mesa de centro, se puso en cuatro patas y saltó al sillón para frotarse en el pantalón que llevaba la chica del sistema Otomok. Rose le acarició la barbilla, tratando de reconfortarse con la sensación de suavidad que le provocaba la gatita.
— Si te soy sincera yo también, pero, lo lograremos… lo lograré. Ellos quieren algo de mi parte y tienen a lo que más amo en el mundo, vamos a tener que lograr un acuerdo y no me iré de aquí hasta que no sea así —aseguró la chica con fervor—. Hemos peleado batallas peores.
— Pero… ¿Y si sólo puedes negociar por Ben? —preguntó la mecánica sintiendo opresión en el pecho. Rey se sentó al lado de su amiga y le tomó las manos.
— No Rose, los recuperaremos a los dos. No aceptaré otra cosa. Jamás te dejaría sola y tampoco lo haría con Hux.
— Gracias, Rey —le dijo Rose en un hilo de voz—. Gracias…
Ambas se abrazaron. Rey que había estado un poco más tranquila que su amiga se permitió derramar lágrimas silenciosas de angustia por breves minutos. Estaba asustada, pero sabía que no debía entregarse a ello. Ben y Hux contaban con ella. Sin embargo, no podía evitar sentir que estaban a la deriva. Rose y ella estaban en ese lugar desconocido, ahora envueltas en algo que implicaba defender a sus dos amores, tratar directamente con políticos y gente de otros planetas y negociar. Aquello era un terreno en donde ninguna tenía experiencia y eso no hacía más que incrementar sus ansias. Ella podía manipular a la gente usando el viejo truco de la fuerza, pero en este caso nada de eso iba a funcionar.
El miedo que la Jedi sentía, fue disipado un momento por el sonido de unas turbinas en el pequeño puerto de aterrizaje ubicado afuera de la habitación del hotel rascacielos. R2 y C3PO que habían estado ahí con ellas en silencio, se removieron en su lugar al notar de quién se trataba.
— Es el señor Lando —anunció el droide de protocolo. Lando irrumpió en el lugar, seguido por BB-8 que rodaba delante de él
— ¡BB! —exclamaron las chicas acercándose al droide para hacerle cariños.
— Lamento la demora —se excusó Calrissian—. Tuve que ir por este pequeño a la oficina de Poe.
— ¿Hablaste con él? —preguntó enseguida Rey. Él negó con la cabeza con pesadumbre.
— No, hacerlo sería peligroso.
— Lando, sinceramente siento que estoy algo perdida. Ni siquiera sé qué debo hacer o cómo. Necesito tu ayuda, necesito que me prepares para esto —pidió Rey, consternada.
— A eso he venido. No las dejaría solas en esto, se lo he prometido a mi sobrino. Sólo puedo guiarlas un poco, pero antes de comenzar la estrategia, este amiguito tiene un mensaje para ustedes. Si bien Poe no pudo hablar conmigo, me dijo que "su droide tenía una misión por Jakku y Hays Minor"
— Oh… —dijo Rose mirando a BB que lanzó un pitido transmitiendo su orgullo y luego alzó el casco comenzando a proyectar. Un holograma azul con la figura de su amigo, el ex general de la primera orden apareció en medio de la sala de estar. Poe vestía una túnica azul marino que le tapaba los pies y se había dejado la barba.
— Rey, Rose, primero que nada, quiero disculparme con ustedes por cómo se dio toda esta situación. No dispongo de mucho tiempo a solas pero trataré de explicarles. Como saben estaba viviendo en Yavin 4 con Kaydel. El día en que todo pasó, fuimos a plaza central a comprar algunos víveres y fue ahí en donde escuchamos rumores de dos cosas: La primera, estaban organizando el senado de nuevo y estaban en busca de un Canciller. La segunda, que dos figuras de los altos mandos de la primera orden estaban con vida y que se exigían sus cabezas. Llamé a Finn y decidimos venir a Coruscant a averiguar, después de todo, con la formación nuevamente del senado, los políticos y gente importante estaría pululando por aquí y a decir verdad, no nos equivocamos. Fuimos a los restaurantes que rodeaban el edificio esperando escuchar más e indagar. En uno de ellos, una reunión extraoficial estaba llevándose a cabo cuando Finn y yo irrumpimos. Nos reconocieron como gente de la resistencia y nos invitaron a unirnos con ellos. Escuchamos atentos, pero no mencionaron nada que implicara a Ben y al pelirrojo. Uno de ellos me preguntó mi visión acerca del senado y la compartí. Y bueno, dos días después termine siendo elegido Canciller —el holograma se encogió de hombros y una sonrisa diminuta apareció en el rostro del ex general. Rey sabía que, pese a su seriedad, él lo estaba disfrutando—. Sé que suena algo difícil de creer, pero así fue. Todo muy rápido. Estando ya en el puesto me enteré de que buscaban a Ben y a Hux. Como Lando y Finn les comentaron, no podía advertirles personalmente así que los envié a ellos, pero tuve que avisar a los oficiales, para que no fuera sospechoso. Enserio lo lamento, seguramente creen que fue un golpe bajo pero, no lo hice con la intención de traicionar a nadie. Tengo un plan algo vago —Poe soltó un suspiro, y luego tomó aire para lo que venía—. Rey, tendrás que hacer el 90% del convencimiento, yo no puedo tomar partido de casi nada. Como les mencioné, la asamblea se llevará a cabo mañana. Ben y Hux no estarán presentes. Digamos que antes habrá un pre con los senadores, la tarea es convencerlos y evitar llegar al juicio rotundamente. Aquí entra la parte en la que debes hacer valer tu voz y decir todo lo que Ben ha hecho por la resistencia, di que te ayudó a vencer a Palpatine y si es preciso que te devolvió la vida. No voy a decir que no la tienen difícil, pero tienen argumentos que pueden jugarles a favor. Rose puede mencionar a Hux como el espía de la resistencia y de que salvó la vida del General y su mano derecha. Además, lamentablemente deberás aceptar ayudar como Jedi a la nueva república, eso te dará puntos y puedes negociar la libertad de ambos con eso, no sé… di que los dos son Jedis o algo así... Es todo lo que he podido pensar y adelantarte. Me veré imparcial, quizás no pueda ni mirarlas a los ojos porque no quiero perjudicar nada, pero, sepan ambas que quiero ayudar a esos dos. La audiencia será mañana a medio día. Les aconsejo que se queden con Lando discutiendo todo. Lamentablemente, no les permitirán ver a Ben y Hux y yo no podré comunicarme de nuevo, pero las veré ahí. Si no se llega a un acuerdo durante la asamblea, el juicio será inminente, pero no será pronto. Pueden pasar semanas o meses en esa celda, así que espero que no lleguemos a ello. BB destruirá este mensaje tan pronto llegue a ustedes. Lamento todo esto chicas, pero confío plenamente en el éxito de esta misión.
Que la fuerza nos acompañe… a todos.
Poe terminó de pronunciar aquello y el holograma se cortó abruptamente. Rose soltó un suspiro audible.
— Bien, BB, destruye eso —indicó Lando—. Chicas, sé que están preocupadas, pero vamos a platicar de lo que ambas dirán. Evitaremos ese juicio a toda costa.
— Lando, hay algo que debo decirte, que creo que va a jugarnos en contra —anunció Rey jugando sus manos y mirando a Rose que intuía de lo que se trataba—. Yo… descubrí que soy una Palpatine… —soltó ella con pena pero mirando a los ojos a Lando para medir su reacción. Él, que había permanecido de pie, se sentó en el sillón frente a las dos. Su semblante era serio, pero después de unos segundos que para ambas les resultaron muy largos, sonrió ampliamente.
— Ya veo que los Solo tienen una debilidad por chicas que descienden de familias extrañas —soltó él recordando a Han y el momento en que se enteró que el mismísimo Darth Vader había sido su suegro—. Tú eres Rey, estás aquí con nosotros, peleaste contra Palpatine y quieres a mi sobrino, es todo lo que importa.
— G-Gracias… —dijo ella aliviada y contenta, pero enseguida su semblante se ensombreció—, pero no creo que al senado le haga gracia.
— Es verdad, no les hará, pero por ahora no es necesario que lo digas. Además, formarás tu academia… y eso, que una descendiente de Palpatine vele por la paz y la justicia es algo muy poderoso Rey. Por ahora no te mortifiques por eso.
— Es verdad —Rose asintió—. No importa de dónde vengas Rey, eres una buena persona y eso no te define.
Rey le apretó una mano a Rose y sonrió con ánimos renovados.
— Bien, entonces ¿cuál es el plan? —preguntó la chica de Jakku.
Hux permanecía con la espalda recargada en el frío duracero de la celda y los pies estirados. Ya había repasado con la mirada el lugar, cientos de veces, grabándose las líneas donde empataban cada uno de los paneles que en conjunto formaban las paredes. El piso negro, estaba tan lustrado que casi podía ver su reflejo como si de un espejo se tratase. Inevitablemente esa característica le recordó a los pasillos del Supremacy y a su estadía en la Primera Orden.
Cuán alejado estaba ya de aquel tiempo en el que se dedicaba a dar órdenes a diestra y siniestra. Cuán lejos de las estrategias, los reportes diarios, las órdenes de Snoke y las peleas con Ren. Cuántas cosas no habían pasado ya en su vida.
Sus antiguas labores de General se le antojaron tan lejanas que parecían recuerdos de una vida que no era suya. Pero, lastimosamente lo eran aunque deseara con sus fuerzas borrarlos. La prueba de ello era donde se encontraban en esos momentos y gracias a qué: a todo lo que él había hecho, a todos a los que había dañado.
Ambos debían responder por sus acciones.
Armitage ladeó un poco la cabeza, divisando el cuerpo de su ahora compañero en penas. Ben estaba en el extremo del lugar, tirado cuan largo era sobre la plancha de la celda en donde apenas y cabía. Miraba el techo mientras reposaba un brazo sobre su frente.
Desde que los habían metido ahí hacía unas horas, ninguno había pronunciado palabra alguna, enfrentándose por separado a sus propios pensamientos y temores.
Desde su lugar, Hux no podía verle la cara a su antiguo rival, así que no percibía si estaba preocupado o confiado. En el pasado, podría apostar en que Ren tendría la situación bajo control y ya tendría más de un plan, pues debía reconocer que en la mayoría de situaciones en que él quiso dejarlo en mal con Snoke, el arrogante usuario del lado oscuro siempre se las arreglaba para salir airoso. Pero esta vez parecía diferente, aunque Hux trataba de buscar indicios de esperanza en su interior o emanando de Ben, para no volverse loco. Quería agarrarse de algo, aunque fuera la grieta más pequeña de luz.
— Yo también lo creo —soltó Ben, ya sin poder ignorar la ansiedad que percibía del pelirrojo—. No porque Rey no sea capaz de defendernos, sino por ellos, no nos van a dejar ir así como así. Somos dos peces gordos de la Primera Orden no creo que pierdan esta oportunidad de acabar con nosotros, a menos que el beneficio que obtengan de nosotros sea sustancioso—el ex general lanzó una risita amarga.
— Si, creo que no vamos a salvarnos de esta —concordó Hux sintiendo su corazón estrujarse.
El silencio inundó de nuevo la celda. Ninguno de los dos sintió ganas de decir algo más.
Armitage se llevó una mano al pecho y tocó con las yemas de los dedos el dije; el metal Haysiano quemaba su piel al contacto. Rose se lo había dado antes de besarlo por última vez y que Rey los separara. Y aquel beso, se había sentido de una forma que a él le pareció tan diferente a todas las anteriores en que los labios de ambos se encontraron. Quizás se le antojó así porque había sido uno de despedida, aunque, pese al pronóstico de la situación, se negaba a creerlo.
Años en la Primera Orden lo habían preparado para saber que todas sus misiones tenían un 50% de probabilidades de acabar mal y a decir verdad pocas veces se encontró en una situación de esa índole, pero siempre mantuvo el pensamiento de que, si llegaban a capturarlo y debía morir, lo haría con honor hasta el último momento y que no habría arrepentimientos en él porque había sido parte de las filas de un bando que lo había llenado por completo. Sin embargo, en ese momento se daba cuenta de que ya no podía pensar más de esa forma. Ya no era ese hombre sediento de poder, calculador y frío. Al huir, la vida le había cambiado y se atrevía a pensar en que ahí comenzó su transformación, misma que se vio impulsada cuando se encontró con Rose en el camino.
Jamás había deseado tanto salir de un embrollo y tener una vida normal, como en esa ocasión. Nunca necesitó tanto los brazos de alguien para sentir que todo iba a estar bien y que había tantas cosas que quería hacer.
Hux, se tocó levemente los labios, encontrándose con el rastro de calidez de los besos de Rose recreándose en su mente. Reconocía que el amor que sentía por ella se le salía a raudales de los poros y estaba creciendo de forma descomunal desde lo más recóndito de su ser, de una forma tan rápida e inesperada en tan poco tiempo…
Tiempo. Tiempo.
Tiempo que no tenía y que deseaba con el alma para poder estar en todos los aspectos con esa bella mecánica que le había abiertos los ojos y el corazón.
El pelirrojo se secó con rapidez la lágrima que había corrido por su mejilla en un intento de que Ben no se diera cuenta, pero él ya se había vuelto a acomodar sobre la plancha y ahora le daba la espalda.
El arrepentido ex General suspiró sintiendo dolor entre las costillas.
No tenía experiencia en el amor, pero intuía que así se sentía tener el corazón roto. No precisamente por no ser correspondido, sino por el deseo de enmendar todo y no poder hacerlo.
Metió su mano entre su pecho y la abertura de su playera y sacó el medallón de Rose, depositando un beso en él y deseando con toda su fuerza, que lo próximo que besara fueran sus labios de nuevo, aunque había una posibilidad muy grande de que eso no fuera a suceder. Así que Armitage Hux cerró los ojos y relajó su respiración. No era usuario de la fuerza y mucho menos sabía cómo funcionaba, pero, quería enviarle a Rose sus pensamientos y su amor.
Visualizó su hermoso rostro, sus bellos ojos rasgados, su cabello negro como la noche, cayendo en cascada a los lados y por último, recordó el sonido de su risa. Fuerte y divertida… contagiosa y reconfortante.
Hubiera deseado decírselo en persona con la emoción que sentía en esos momentos, dejando de lado la sombra de dolor que también se cernía en él, abriéndole paso al miedo. Hubiera deseado que ella supiera que lo tenía loco, que la adoraba, que confiaba en ella como jamás lo había hecho con nadie, que se le había metido hasta la capa más profunda de su ser y que comenzaba a amarla aunque le diera pena admitirlo y aunque fuera pronto para decirlo, pero no había razones para negarlo ni tampoco para no comenzar a hacerlo. Rose tenía todo para hacerlo amarla, sin siquiera proponérselo. Ojalá ella supiera que le admiraba la valentía, su optimismo, y su gran madurez y capacidad para no verlo como un monstruo.
Al joven le hubiera encantado susurrarle al oído, mientras se abrazaban en la sala de la cabaña en Endor que no había nadie en la galaxia con la que él quisiera pasar el resto de su vida intentando ser un buen hombre.
Apretó los ojos y sonrió con tristeza, esperando que la fuerza llevara esos pensamientos a su adorada Rose Tico.
Rey y Rose se detuvieron frente a la puerta del edificio del Senado. El majestuoso recinto se alzaba delante de ellas, esperando por la audiencia.
Lando las había despedido en el hotel y había quedado en recogerlas cuando todo terminara.
El nervio era palpable entre ambas. No habían podido dormir bien, pensando en ese momento y en Hux y Ben, pero confiaban en defenderlos a capa y espada. Se habían jurado no salir de ese lugar sin asegurar que fueran libres.
La chica de Otomok tomó aire y le tendió la mano a Rey, se sonrieron y entraron. Nada más habían puesto un pie en el lugar, los cuchicheos y las miradas no se hicieron de esperar. Todos sabían quiénes eran y a lo que acudían.
Ambas mantuvieron la sonrisa y la cabeza erguida y siguieron el camino por los pasillos que Lando les había indicado para tomar el palco que les habían asignado.
Llegaron a él y subieron a una especie de deslizador en forma de disco en el que había asientos y una pantalla. Al abordarlo, se fue elevando poco a poco hasta llegar al lugar que le correspondía al lado de los demás en la cámara principal. Desde ahí, aunque la cantidad de asistentes era impresionante, Rey llamó a la fuerza para que le diera calma. Pensó en Ben y lo sintió en su vínculo. Él confiaba en ella y ella no iba a fallarle.
En medio del lugar se alzaba una columna que desembocaba en otra plataforma circular en donde se encontraba Poe que vestía una túnica dorada y estaba flanqueado por dos miembros más del senado que ni Rey ni Rose conocían.
El ahora canciller les ofreció una breve mirada y asintió al público, para después abrir los brazos.
— El día de hoy, nos reunen aquí dos cosas importantes. La primera, discutir el destino de Ben Solo y Armitage Hux, miembros sobrevivientes de la Primera Orden y que hoy, pertenecen a las filas de lo que resta de la Resistencia. Lo segundo, la seguridad de la galaxia y la discusión de la reinserción de los Jedis como alternativa para mantener la paz. Quiero dejar en claro también que contamos con la presencia de la Jedi que fue la pieza clave para la caída de la Primera Orden y que hoy ha venido a explicarnos porqué ha incluido en sus filas a dos ex integrantes de la oposición, y a darnos una solución para nuestra propuesta para con los Jedis —pronunció Poe. Rey reconoció las palabras medidas de su amigo, intentando no dar pie a encaminar aquella asamblea en un linchamiento—. No quisiera dar más preámbulos así que, llamo aquí a Rey de Jakku y a Rose Tico, ingeniera de la flota de la resistencia para que emitan sus testimonios.
Rose miró a Rey y su amiga le asintió. La jovencita de Hays Minor sintió cómo su corazón daba un vuelco debido a los nervios, pero no iba a amedrentarse, así como no iba a dejar que aquellos senadores que no conocían a Ben y a Hux se atrevieran a decidir sobre sus vidas. Iban a seguir el plan que ambas habían trazado y saldría bien.
Rey se acercó a la pantalla para mover los controles. La plataforma circular comenzó a moverse hacia el centro del Senado de la Nueva República. Rose hinchó los pulmones y se enderezó en su lugar. La cálida sensación que la había invadido durante la noche volvió a llenarle el pecho. Rose creía en la fuerza y aunque no la poseía como Rey y Ben, sabía que Armitage era quién provocaba eso. Él también estaba pensando en ella.
— Te traeré a casa, Arm, es una promesa —susurró, decidida.
La angustia e incertidumbre carcomía al pelirrojo. Había estado pensando una y otra vez todos los escenarios que a su mente le llegaban. Pero no lograba aceptar ninguno. Ni siquiera los que tenían final feliz, por miedo a que no sucedieran.
Se había enterado de la hora de la audiencia gracias a que Poe les había mandado una nota y sus respectivos desayunos, mismos que ninguno probó.
Según sus cálculos ya habían pasado alrededor de tres horas de que la asamblea comenzara y aún no tenían informes de nada. Quizás estaban a punto de ir por ellos para anunciarles el juicio, o quizás los matarían ahí a quemarropa a ambos...
Armitage estaba en sus cavilaciones cuando escuchó unos pasos que se acercaban a la celda en donde los habían refundido. Se miró con Ben fugazmente y ambos chicos se pusieron de pie.
Detrás de la reja de la celda apareció la figura de un oficial que se detuvo a teclear el código de apertura.
— Caminen —les ordenó.
— ¿A dónde nos llevas? —preguntó Ben desconfiado.
— Tengo órdenes de liberarlos. Caminen —recitó sin decir nada más.
El pelirrojo que también permanecía extrañado por la respuesta y dudó antes de ponerse en marcha.
— Tiene que ser una broma —susurró Hux. El guardia rio ante las reacciones de los dos presos más extraños que habían pisado la prisión del Senado.
— Bien, si prefieren quedarse encerrados entonces tendré que decirle a la criatura peluda que los espera que en realidad desean su condena a muerte
— ¿Criatura peluda? ¿Es un wookie? —el guardia asintió—. Entonces, llévanos con él —pidió Ben, relajándose un poco.
— Es lo que trato de hacer, pero al parecer no están tan ansiosos por salir de aquí como todo mundo piensa —comentó encogiéndose de hombros.
Hux fue el primero en salir, seguido de Ben y por último el guardia cuidándoles las espaldas. Aquel elemento de seguridad los llevó por un elevador hacia el primer piso, pues las celdas se encontraban en el subterráneo. Las puertas se abrieron y caminaron por otros pasillos internos hasta que llegaron a la parte trasera en donde estaban las plataformas para las naves.
Ahí se encontraron con un agitado y emocionado Chewie que bajaba del Halcón y los recibió manoteando y lanzando gruñidos.
—¡Chewie! ¡Tranquilo! —exclamó Ben tratando de calmarlo. El wookie se aproximó a él y lo alzó en brazos —¡Ey! ¡No! ¡Bájame, Chewie!
— ¿En dónde están Rose y Rey? —preguntó Armitage viendo la tierna escena. El peludo amigo de Han Solo le respondió con un gruñido que lo hizo retroceder y luego comenzó a decirle algo a Ben que el pelirrojo, por supuesto, no entendió.
— Dice que no va a hablar contigo, pero que nos llevará con ellas —Hux no pudo evitar poner los ojos en blanco.
— Criatura peluda… te salvé la vida ¿No lo recuerdas? —Chewie volvió a gruñir.
— Eso fue un no —tradujo Ben, y soltó una carcajada que contagió al pelirrojo. Ambos sintieron que se estaban volviendo locos de felicidad y aunque aún no tenían los detalles de lo que había pasado, comenzaban a saborear la libertad.
Una vez que estuvieran con Rey y Rose, la alcanzarían.
Chewie aterrizó en la plataforma del hotel y abrió la compuerta trasera del Halcón Milenario para que ambos jóvenes salieran. Rey ya estaba ahí de pie a unos metros, esperando. Ben se aproximó a ella y se abrazaron con fuerza. Hux vio a la chica derramar lágrimas, sin embargo, todo pasó a segundo plano cuando divisó la figura de Rose acercándose hacia la plataforma.
Sin más, Armitage corrió hacia ella y la cargó, embargado por la emoción. Rose aferró sus brazos alrededor de su cuello y lo besó.
— Te extrañé, preciosa…
— Y yo a ti… —Rose repartió pequeños besos por toda la cara de Hux y sintió que la alegría volvía a ella de forma intempestiva— iremos a casa Arm y todo estará bien —las lágrimas comenzaron a brotar de los ojos negros de Rose. Él negó con la cabeza y le limpió el llanto.
— Ya estoy en ella —pronunció.
Cextaday.
1930 hrs
De vuelta en Endor.
Todo lo que esperábamos que pasara en la asamblea no sucedió. En realidad, fue aún mejor de lo que habíamos previsto, pues todo dio un giro inesperado.
Fui la primera en emitir mi testimonio, como Rey y yo lo habíamos acordado. Narré con detalle el día en que Armitage me había contactado bajo el pseudónimo de "Rubí" por un viejo canal de la resistencia y cómo comenzó a darme información sumamente valiosa. Puntualicé hasta el último detalle, explicando paso a paso como cada aporte le dio la ventaja a la Resistencia de actuar en contra de la Primera Orden y cómo también, los datos que me mandó del Steadfast sirvieron para que elaborara una estrategia de ataque hacia la flota de la Primera Orden. También narré el día en que él llegó a Ajan Kloss, rescatado por Ben y Poe y cómo estaba siendo su comportamiento entre nosotros.
Luego fue el turno de Rey que se extendió más y aportó información que sostuvo lo que yo había mencionado acerca de Armitage. Dijo absolutamente todo con lujo de detalle, de cómo Ben la ayudó a pelear contra Palpatine y cómo, con el uso de la fuerza, le devolvió la vida, lo que a decir verdad impresionó a todos, provocándose un murmullo entre el senado.
Y la bomba se soltó después.
Rey declaró que Ben y Armitage se habían ido con nosotros a Endor porque estaba comenzando su academia y ambos trabajaban para ella. Ben le era indispensable, al ser un usuario sensible a la fuerza y proclamado Jedi y Armitage le servía con sus conocimientos en estrategias militares.
Fue entonces cuando la negociación comenzó. Mi amiga dijo que estaba dispuesta, junto con todos los integrantes de su academia, a servir como mediadora en la paz de la galaxia, trabajaría para ellos directamente con Ben, dejando al libre albedrío de sus alumnos y de sus padres, el participar o no para proteger a cada planeta, y argumentó sin una pizca de duda que necesitaba a Ben y a Armitage en su equipo.
El bullicio no se hizo esperar, sin embargo, un senador le preguntó a Poe acerca de su postura. En un inicio él dudó y dijo que no le parecía adecuado dar su opinión ya que ahora era el Canciller. Sorpresivamente, los senadores lo alentaron a hacerlo, y fue cuando él develó que Hux le había salvado la vida a él, a Finn y Chewbacca y que por lo tanto consideró que tenía una deuda con él, y también con Ben por haberle devuelto la vida a Rey.
Esa declaración desató lo demás. Otro senador le preguntó a Poe acerca de sus planes a futuro para Ben y Hux y él respondió, firme, que él no era como la Primera Orden, ambos habían ayudado a la causa en la que él creía, arrepintiéndose de pertenecer a la Primera Orden y que pensaba dejarlos exiliados en algún planeta para que pasaran ahí sus vidas. Fue entonces que la solución llegó: Animados, los senadores cuestionaron a Rey acerca de si aceptaba la protección de parte de los Jedis, para la galaxia cuando fuera necesario y ella aceptó siempre y cuando dejaran libre a los prisioneros.
Hubo una votación rápida y por unanimidad dictaron la libertad de Ben y Armitage a cambio de que dieran nombres de miembros de la resistencia que hubieran quedado con vida, y asegurando su permanencia desempeñando labores en la Academia de Rey.
Apenas y pude creerlo cuando Poe anunció la resolución. Habíamos logrado evitar el juicio, los habíamos salvado. Todos iríamos al planeta que ya sentíamos como nuestra casa y estaríamos bien, estaríamos juntos.
Moría por ver a Armitage y Rey sentía lo mismo acerca de Ben. Sin embargo y tratando de protegerlos, nos adelantamos al hotel con Lando que fue por nosotras en su nave. Chewie que había llegado a media asamblea, se ofreció a llevar a Ben y a Hux con nosotras ni bien los liberaran.
Cuando llegamos al hotel, Rey y yo nos abrazamos y nos quedamos en la sala, ansiosas por ver llegar al Halcón Milenario.
La luz que se colaba por la ventana le pegó en la cara al pelirrojo, interrumpiendo sus ganas de seguir durmiendo. Hux se quejó audiblemente y abrió los ojos despacio. Notó enseguida a su lado a Rose que descansaba acurrucada cerca de su hombro. Se movió despacio para no despertarla y se recargó sobre su propio brazo para contemplarla por un momento. Inevitablemente sonrió al ver su expresión tranquila y sintió la paz emanando entre ellos.
— Si me sigues mirando así no voy a poder seguir durmiendo —dijo la chica de Hay Menor, aun con los ojos cerrados.
— Esa era mi intención —le contestó, acercándose a ella y comenzando a depositar suaves besos sobre el rostro de Rose.
— Tu barba me hace cosquillas —rió, moviendo la cara para alejar el picor.
— Si quieres me la corto y me dejo las patillas.
— No, por favor no. Así justo como estás me gustas —Rose abrió los ojos para contemplar los azules de él que le hacían perder la cordura. Pasó el dedo índice por la nariz de Armitage y luego bajó por sus carnosos labios, acariciándolos—. Es más, me gustas así como estás, sin N-A-D-A… —pronunció despacio con coquetería para después lanzarse a la boca de él en un delicado beso.
— Qué coincidencia, a mí también me gustas así y preferiría que esta sábana —expresó comenzando a bajarla despacio— no estuviera aquí —el pelirrojo alzó una ceja.
— Oh cielo… Me encantaría repetir lo de anoche, de verdad, pero te recuerdo que Ben te desafió en un duelo de sables hoy después de que prepares el desayuno para todos.
— Si, si ya sé —suspiró Armitage derrotado. Maldita la hora en que se le había ocurrido aceptar el jueguito del Jedi.
— Pero, hoy no tengo mucho trabajo, así que después de echarle un ojo a las naves que trajeron Finn y Jannah para los estudiantes, puedo escabullirme y podemos desquitarnos… —dijo Rose guiñándole el ojo—. ¿Es un trato?
Hux le otorgó una mirada seria y ella ladeó la cabeza en espera de su respuesta.
— Que se le caiga el pelo a Millie sino ¿eh? —ella soltó una carcajada, aunque casi enseguida se sintió culpable.
— Ay no pobre, ¡no seas malo Arm! ¿Por qué dices eso?
— Necesito amenazarte con algo que adoremos ambos, así que tú sabes si cumples o no tu promesa, preciosa —él se encogió de hombros. Rose negó con la cabeza divertida y buscó sus labios nuevamente. Se permitió un momento ahí, saboreando despacio sus labios.
— Iré a bañarme, guapo —le anunció.
— ¿Y… si te alcanzo? —preguntó animado.
— ¡Arm! —Rose alcanzó una almohada que estaba a su lado y se la tiró.
—¡Esta bien, está bien! —le mostró las manos en señal de rendición—. Le daré el desayuno a Millie de mientras —el pelirrojo se aproximó a la puerta del cuarto y la abrió. La ojos verdes y acusadores de Millicent lo recibieron junto con un maullido cargado de reproche—. Oh Millie, ¿estabas ahí? ¿Escuchaste todo lo que dije...? ¡No me muerdas! ¡Espera! ¡Ya voy! ¡No te enojes!
Rose soltó una carcajada desde el baño al escuchar a cierto humano en aprietos con Millie. Y no pudo evitar que la felicidad la embargara.
Desde que habían regresado a Endor después de la asamblea, todo había cambiado. Todo.
Rey había podido financiar su academia gracias a los créditos que la galaxia le otorgó como remuneración por traer de vuelta la paz. Había hecho caso omiso de las reglas del antiguo código Jedi, y había sentado sus propias bases de enseñanza junto con Ben. Su academia no era un internado, sino una verdadera escuela en donde acudían chicos de todas las edades y sus padres, a quienes se les instaba a estar junto a sus pequeños en todo momento durante el proceso de aprendizaje.
En un principio, Ben y Hux habían tenido miedo de perjudicar a Rey, y de que la gente no quisiera acudir a la academia por la presencia de ambos. Pero la respuesta estaba siendo favorable. Ellos habían ganado fama y despertado la curiosidad de muchos que atestiguaban su cambio.
Por su parte, Rose también había recibido una buena cantidad de créditos y con eso había construido junto a sus amigos, su pequeña cabaña en donde, desde hacía medio año vivía muy feliz con Armitage y la adorable Millicent.
Si bien, el trato con el senado de la Nueva República había sido que los antiguos miembros de la Primera Orden se quedaran en Endor, sirviendo a Rey, aquello había resultado todo menos un castigo.
A su regreso en el planeta de los Ewoks, y conforme los días pasaban entre la construcción de la academia y la casa de los Hux, la imposición de residencia de Ben y Armitage dejo de serlo y se sintió como un hogar que habían elegido. Ciertamente lo era, porque habían llegado ahí antes de que al senado se les ocurriera, y aunque ellos no lo sospechaban, nada empañaba la felicidad de ambas parejas.
Al igual que a los maestros Jedi, a Rose y a Armitage les había hecho muy bien formar parte de esa escuela. La chica de Otomok había retomado su amor por las naves, desempeñándose como mecánica e impartiendo clases a los padawans para ampliar sus conocimientos en esa materia, pues Rey y Ben querían que sus alumnos estuvieran formados en todos los conocimientos que les fuera posible, no sólo para hacer uso de la fuerza, sino también de sus habilidades. Así que, de igual forma, Armitage laboraba en ese lugar, abarcando dos aspectos: El primero, siendo el chef oficial de la Academia Solo para Jedis, y el segundo, como maestro en uso de armas blasters.
Rose se amarró las agujetas de sus botas y vió a Armitage acercarse a ella. Cuando ambos estuvieron listos, el pelirrojo tomó en brazos a Millicent y la metió dentro de su mochila, dejándole una abertura para que fuera a gusto y pudiera ver el paisaje. Rose acarició la cabecita de Millie y le dio un beso al pelirrojo.
— Te amo, Arm... —le dijo. Él la tomó de la cintura y la acercó hacia sus labios.
— Y yo te amo a ti, Rosie...
Se sonrieron, listos para la aventura del día. La pareja salió al nuevo día en la Academia para Jedis, topándose con Rey y Ben de frente saliendo también de su casa.
— ¡Buenos días! —los saludó Rey animada de verlos.
— ¡Hola! —respondió Rose con un ademán.
— ¿Listo para perder, pelirrojo? —soltó Ben sin importarle las formalidades o saludos matutinos. Armitage torció la boca.
— No te confíes, Solo. Si pierdo, te voy a dar la vuelta en el duelo de blasters.
— Por favor, los dos procuren contenerse. Se supone que están dando clases a los alumnos, no cobrando ventaja por viejas rencillas —les recordó la Jedi.
— Pues los alumnos tienen que aprender cómo son los duelos reales. Tanto con usuarios de la fuerza como tu Rey, como con los que no lo son como éste —señaló el joven Solo.
— Ben… —lo regañó su diada, recibiendo una sonrisa de lado de él, que estaba disfrutando, como siempre incordiar a Hux—. Mejor cuéntame Armitage… ¿hoy qué harás para el desayuno? —cuestionó Rey pestañeando. El desayuno era su parte favorita del día porque casi siempre probaba platillos nuevos y dulces, sumamente deliciosos.
— Nuestro flamante canciller Poe mandó unas provisiones ayer, además de que, recolecté Muja de tu huerto, Rey, así que auguro algo de tu gusto. Dulce y esponjoso.
— ¡Si! —exclamó ella, ansiosa por probar.
Asi, El desayuno hecho por Hux para todos, maestros y alumnos transcurrió con tranquilidad. Aún eran pocos. Quince younglings y ellos cuatro, aunque, esperaban que dentro de poco se sumaran muchos más a las filas de la academia.
Terminaron de desayunar. Rose y Hux se encargaron de la limpieza del comedor en lo que Rey y Ben se llevaban a sus pupilos a entrenar.
A medio día la hora del duelo de sables al que Ben Solo había desafiado a Armitage, llegó.
Rose dejó por un momento sus labores de mecánica con las naves y se sentó en la periferia del área de combate para observar a los dos, ahora amigos, llevar a cabo aquella locura.
El pálido maestro de armas, se acercó a ella
— ¿Me das un beso de buena suerte? —le preguntó buscándole la cara y besándola.
— Todos los que quieras, mi amor —respondió Rose. Besándolo apasionadamente.
— Si pierdo, que es muy probable, no te burles ¿Si?
— No lo haré —le sonrió—. Anda, ve ahí y da lo mejor de ti.
Armitage le dio un beso fugaz y luego caminó hasta el centro del campo que utilizaban como lugar de entrenamiento. Rey le alargó su sable al pelirrojo y salió del lugar para colocarse en la periferia al lado de los padawans que observaban curiosos.
— Te voy a quitar esa sonrisa arrogante de la cara —declaró Hux.
— Lo dudo —contestó Ben. Sin previo aviso el combate empezó. Las espadas, moradas y dorado chocaban en movimientos fuertes entre ambos.
Rose, que miraba a lo lejos sabía que Armitage no era muy diestro en el uso del sable de luz y no era un usuario de la fuerza tampoco, pero gustaba de retarse con Ben de vez en cuando e iba a dar todo de sí. Además de que no lo hacía tan mal, su entrenamiento militar lo hacía dar pelea.
La mecánica apartó un momento la mirada del duelo y abrió el cierre de la mochila de Hux para que Millie pudiera salir. La gatita anaranjada se estiró y luego caminó en cuatro patas, acercándose al lugar de los hechos.
Lamentablemente cuando Millie salió de su escondite captó la atención de los pequeños aprendices que no pudieron ver cuando Ben hizo que el sable de luz dorado de Rey, que Hux portaba, saliera volando.
— Maldita sea, has perdido y nadie te vio —dijo Ben, frustrado—. La Diosa roja nos roba cámara.
— Bueno, por lo menos me ahorré la vergüenza y ahora es mi turno Solo. Duelo de blasters mañana, aquí mismo.
— Acepto —asintió Ben relamiéndose los labios.
La demostración terminó y Armitage regresó hasta Rose. Se sentó a su lado para contemplar lo que restaba de la clase de los maestros Jedis con los niños.
Rose se recargó en el hombro de él, sintiendo que aquel día no podía ser más perfecto.
— Arm… ¿Eres feliz? —le preguntó ella, de pronto. Él buscó su mano y se la tomó, acariciándole suavemente el dorso.
— Lo soy —contestó embargado por las emociones.
— ¿De verdad? ¿Aunque nada de esto fuera lo que imaginaras? —Hux rió ante la pregunta.
— Estoy contigo así que, todo es perfecto…
Los dos se abrazaron por largo rato, disfrutando de las sensaciones que les provocaba estar en los brazos del otro, y pasado unos minutos se retiraron del campo de entrenamiento para dar un paseo por el bosque.
Millicent que había estado disfrutando de las caricias de los younglings, los siguió, sumándose a la felicidad de sus dos humanos.
Los tres se perdieron un momento entre el bosque de Endor, disfrutando el paisaje y su felicidad compartida.
Al fin todo estaba bien.
Al fin, todos, habían encontrado su lugar en la galaxia.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
Rose estaba en la cocina, reparando el grifo. Hux, aprovechó el momento para ir a la habitación de ambos, tomó el diario de Rose y fue hasta la última página.
Ella no había abandonado su práctica de escritura, y a decir verdad, Armitage esperaba que no lo hiciera, pues disfrutaba verla concentrada y feliz plasmando en esas hojas, todo lo que su mente y corazón experimentaba. Así que, pensó que algún día ella podría toparse con sus palabras lo cual le sería el recordatorio de todo lo que sentía por ella. Así entonces, se posó en la última hoja del diario, y escribió:
No importa el día que leas esto.
Ni la hora estándar que sea.
Rosie,
Aquel día en el que llegué a Ajan Kloss y mi vida se volvió a cruzar contigo, fue el día en que volví a nacer. Tú me diste la fuerza para pelear por esto que ahora tenemos, me ayudaste a creer en mí, a caminar poco a poco, por mi cuenta, pero nunca solo, siempre estuviste a mi lado… siempre lo estás.
Eres la mujer más maravillosa de la galaxia y el amor de mi vida.
Gracias por darle un sentido a mi existencia y por quedarte conmigo a pesar de todo.
Gracias por depositar tu confianza sobre mí y poner tu vida entre mis manos, gracias por aceptar mi amor. Muchas veces sentí que no merecía tanto, pero ahora, gracias a ti, sé que puedo permitirme tanta felicidad.
Preciosa, gracias por amarnos tanto a Millie y a mí, dejarnos reposar en tu corazón y meterte en el nuestro.
Mi bella musa… no hay lugar en el que más desee estar que entre tus brazos en nuestra alcoba, o enlazando las manos durante una caminata en el bosque o sentarme a tu lado en el desayuno. Quiero todos esos momentos, porque son extraordinarios contigo, porque siempre hay algo nuevo y divertido y porque siempre me enseñas tantas cosas, de ti y de mí.
Rose, quiero despertar contigo todos los días, encontrar tu sonrisa risueña entre las sábanas, y recibir ese beso que cambia mi día. Quiero proclamarte una plegaria todas las noches… quiero que me hagas el honor de ser el padre de tus hijos, cuando llegue el momento. Quiero hacerte el doble de feliz de lo que tú ya me haces.
Te amo Rose, con todo mi ser…
Y si hay una sola cosa que pudiera pedirte, es que nunca dejes de amarme, por favor cariño.
Arm.
Tu espía.
Hace tiempo que no me pasaba que tuviera los sentimientos a flor de piel por terminar una historia y ya lloré mucho jajaja xD
Esta es mi primer historia Gingerrrose. Estos bebés se metieron en mi corazón en marzo de este año, sin previo aviso, haciéndome dejar de lado mis otros fics porque no pude pensar en otra cosa más que en ellos dos.
Desde el fondo de mi corazón espero que esta historia les haya gustado. Puse todo mi corazón en ellos y prácticamente estos dos decidieron el rumbo de la historia.
Encontré en Armitage y Rose un ship que nunca esperé y que me ha llenado el corazón y espero pronto seguir escribiendo de ellos.
Gracias por el apoyo y el amor y por sus comentarios tan lindos en esta historia. Gracias por las que iniciaron sin amarlos, y vinieron a leer por curiosidad, y terminaron queriéndolos tanto como yo.
Ahora sí, seguiré lo demás que tengo pendiente.
Gracias por el amor. Enserio, gracias.
