Capítulo 9: Manchas de tinta
El ruido del papel sobresalto a Alfons, y se maldijo por su nerviosismo. Después de todo, era culpa de Edward que ya no pudiera sentarse tranquilo y disfrutar chequear sus cálculos en la privacidad de su propio hogar. Bueno, tal vez era su culpa también, por alentar las locas acciones del rubio.
Nada pasaría, se dijo firmemente a si mismo Alfons. Después de todo, si podía seguir oyendo el papel moviéndose, significaba que Edward seguía leyendo, lo cual significaba que seguía al otro lado de la habitación, y de ninguna manera cerca de Alfons.
El problema era que ahora que había empezado a pensar en la posibilidad, estaba empezando a estar más y más convencido que no sería tan mala idea. Después de todo, podía tener un descanso ahora.
Y Edward podía hacer las cosas más asombrosas con sus manos... y su boca...
Resistiendo el impulso de abofetearse a si mismo o algo igualmente tonto, Alfons forzó a su mente de vuelta a la tarea en mano.
Dios, era ridículamente injusto que Edward fuera capaz de hacerle esto a él. Sus sentidos estaban a flor de piel, estaba seguro que en cualquier momento Edward le saltaría, y podía sentir el sudor bajando por la parte de atrás de su cuello.
Alfons se crispo ante el crujir del sofá, pero fue una falsa alarma. Su mano dolía por lo fuerte que apretaba el lápiz.
Si solo Edward fuera a por ello, ¡así ambos lo sacarían de sus sistemas!
No era que le molestara, exactamente, la tendencia de Edward de acercársele por detrás e inmovilizarlo boca abajo en la superficie horizontal más cercana.
Después de todo, era difícil que le importara cuando Edward era capaz de hacerlo derretirse con tan solo un par de toques, incluso si le dio un desgarro en su hombro una vez por tener su brazo torcido tras su espalda.
Pero toda la situación podía ser bastante incomoda, como cuando se encontró con tinta en toda su cara, y todos se burlaron de él por supuestamente quedarse dormido sobre su trabajo.
¡Y era una maldita molestia cuando no podía siquiera pensar, porque estaba tan paranoico acerca de que le saltaran! Maldito Edward y sus tontos juegos.
Bueno, la formula no se resolvería sola. Solo se sentaría ahí tranquilamente y trabajaría, sin preocuparse por Edward en absoluto. Definitivamente no estaría afinando el oído por el delator sonido de las dispares pisadas de Edward acercándose.
Espera... Alfons se puso tenso, aunque se rehusó a mover sus ojos del papel frente a él.
Hubo un suave susurro de prendas, y demonios, Edward se estaba moviendo en su dirección. Trato de suprimir el pensamiento, y definitivamente no estaba lamiendo sus labios en anticipación. Estaba molesto, maldición, porque estaba tratando de trabajar, y ahora en cualquier minuto Edward lo agarraría, recorriendo con sus fuertes manos su espalda...
Tarareando ligeramente, Edwad paso al lado de él, y se sirvió un vaso de agua del grifo. Alfons nunca se sintió tan engañado en su vida.
Edward se dio la vuelta para mirarlo, probablemente registrando la mirada asesina que Alfons le estaba dando, y ladeo su cabeza curioso.
—Alfons, ¿está todo bien? Luces tenso.
¡El tipo incluso tenía el descaro de lucir inocentemente curioso!
Alfons resistió el impulso de fruncir el ceño, y se encontró a si mismo pensando que Edward estaba justo ahí, si Edward no iba a saltarle, siempre podía ser él quien atacara a Edward, y el resultado sería el mismo, ¿cierto?
De ninguna manera tan denso como usualmente parecía, Edward lucia ligeramente nervioso — ¿Hice algo?
No, es lo que no hiciste, Alfons quería decir, pero no tenía el coraje. Parecía que incluso el inconsciente de Edward era ridículamente contrario. Cuando Alfons estaba tratando de trabajar, las posibilidades de que Edward decidiera ser una molestia eran altas, pero cuando Alfons realmente quería una distracción, Edward era ajeno.
Y podía estar viviendo con Edward y haciendo todo tipo de cosas con él que la mayoría de la gente consideraría inmoral, pero definitivamente no iba a ceder y pedir que le saltaran. Eso sería mortificante más allá de lo imaginable.
Sintió cierto sentido de satisfacción vengativa sobre el hecho de que su silencio estaba desconcertando a Edward, quien finalmente se estaba dando cuenta que había algo que debía estar haciendo, pero no lo hacía.
El miedo hizo a Edward revolverse ligeramente en su lugar, mordiendo su labio en adorable confusión.
— ¿Alfons?— dijo débilmente, empezando a lucir preocupado.
Genial. Estando nervioso y preocupado, cualquier esperanza de que Edward le viniera encima en el futuro cercano podía ser olvidada. Podría ser capaz de iniciar algo más tarde, pero por ahora, parecía que había arruinado su oportunidad.
—Nada— Alfons suspiro decepcionado.
Está bien, era estúpido de su parte enfadarse porque Edward no le había leído la mente, pero no cambiaba el hecho de que tendría que ir a encerrarse al baño por un rato.
—No iba a molestarte— dijo Edward dubitativo, con un dejo de defensa en su voz —Siempre te quejas de que lo hago.
Debió quedándose viendo a Edward por cinco minutos, su boca trabajando sin emitir sonido y la mente completamente en blanco, antes de decir — ¡Eres un completo idiota!— ¿Por qué Edward siempre elegía el peor momento para captar las sutilezas? — ¡Tú eres el que se queja si no hago un alboroto!
—Pero...— Una preocupación honesta estaba escrita en el rostro de Edward, y Alfons lo hubiera encontrado conmovedor si no estuviera tan molesto en ese momento — ¡No quiero herirte!
...Oh. Ahora Alfons recorría un itinerario de maldiciones por su mente, la mayoría aprendidas de Edward. Estúpido, estúpido, nunca debió haber dicho nada, nunca debió haber señalado entre bromas que Edward mejor tuviera cuidado, porque cuando Edward lo inmovilizaba, Alfons no tenía oportunidad alguna de liberarse si quisiera. Nunca debió haberle dicho a Edward que eso lo ponía un poco nervioso.
Y ahora Edward se sentía culpable, con una horriblemente atormentada mirada en sus ojos.
Tiempo para control de daños, porque la idea de Edward nunca más acechándolo por detrás era bastante deprimente —Edward, sé que nunca me harías daño.
Edward asintió seriamente, de repente se preguntó si no estaba enviando el mensaje equivocado, y sacudió su cabeza rápidamente. Alfons trato de suprimir una sonrisa, y continúo.
—Mira, cada vez que te digo que me sueltes, me sueltas. ¿Entonces de que tengo que preocuparme?
Una esperanzada sonrisa estaba encontrando su camino en las facciones de Edward, y tomo un par de pequeños pasos en dirección a Alfons. Ven, pensó Alfons, tratando de ocultar su entusiasmo. Tal vez la tarde no sería un total desperdicio.
— ¿Entonces en verdad no te importa?— pregunto Edward titubeantemente, examinando la cara de Alfons.
—No, me...— el alemán podía sentir sus orejas arder de vergüenza, pero se las arregló para susurrar —me gusta.
Edward lo miraba intensamente, y antes esas palabras, una sonrisa presumida apareció en su cara. Solo esa sonrisa fue suficiente para desbocar el corazón de Alfons, y entonces finalmente Edward estuvo a su alcance, enredando una mano en su cabello y tirando su cabeza atrás.
Y si, eso era lo que quería, Edward mordisqueando y lamiendo su cuello expuesto, mientras recorría confiadamente con su otra mano el pecho de Alfons, dejando una estela de cosquilleo a su paso.
— ¿Cómo lo haces?— se las arregló para decir Alfons, desplomado en su silla, placenteras olas de letargo a través de su cuerpo. Edward estaba sentado en el piso junto a él, con su cabeza en el muslo de Alfons, en un claro pedido de que jugara con su cabello. Alfons no estaba ni por cerca tan entusiasmado sobre el cabello como Edward parecía estar, pero ya que a Edward le gustaba, se obligaba.
— ¿Hacer que?— Edward pregunto perezosamente.
—Esas cosas con tus manos— Si la ligera sonrisa burlona de Edward no pasaba por otra cosa, no había necesidad de elaborar. No importaba que tan rápido era en aprender, Alfons nunca lograba sacar las mismas reacciones de Edward que las que Edward sacaba de él.
Cierto, parcialmente era porque había descubierto que mientras más excitado estaba Edward, más silencioso estaba. Sabía que una mayor intensidad de las sensaciones estaba representada en los silenciosos jadeos de Edward, contrario a gemidos vocales.
—Se mucho de anatomía humana— respondió Edward.
Alfons pauso sus caricias al cabello de Edward, sorprendido. —Pero pensé que eras un alquimista— protesto. — ¡No tiene sentido! ¿Cómo podrías saber alquimia y anatomía?— ¡No era justo! La mayoría de la gente solo podía esperar ser experto en una de las ciencias exactas durante su vida, y Edward solo tenía dieciocho ¿y era bueno en dos de estas?
—Estas olvidando química, física, e ingeniería— fue la adición de Edward, autosatisfecho.
Alfons lanzo sus manos al aire —Me rindo. Eso no tiene sentido en absoluto.
De forma imperativa Edward refregó su cara en el muslo de Alfons, y se rehusó a responder hasta que Alfons obedientemente volvió a sus caricias —Mi alquimia se especializaba en la materia. Obviamente, en orden de transmutar materia, tengo que saber su construcción; de ahí, la química. En orden de transmutar objetos físicos, tengo que saber cómo están construidos. Eso significa ingeniera y...— Edward se calló abruptamente, una mirada afligida en su rostro. Le tomo a Alfons un momento darse cuenta que lo estaba molestando, pero entonces entendió: Edward se había referido a su alquimia en tiempo pasado.
Para mantener la mente de Edward alejada de ello, rápidamente cambio el tema — ¿Entonces por qué anatomía?
Afortunadamente, Edward se permitió a si mismo el ser distraído —Para saber cómo construir el cuerpo de Al. Era la única manera que podía pensar para traerlo de vuelta. Es por eso que termine aquí.
Con la mente tambaleándose, Alfons apenas internalizo el final de la oración, demasiado ocupado en la primer parte, —Tu... ¿tu sabias suficiente de anatomía como para construir mentalmente un cuerpo humano entero?— No era posible, ¡apenas era humano! ¿Cómo podría alguien procesar esa cantidad de información?
Edward guardo silencio, y Alfons casi se perdió el susurro, —Eso espero.
Entonces esta era la transmutación de la que Edward siempre hablaba, aquella que no estaba seguro de haber hecho bien. Este era el por qué Edward no estaba seguro si su hermano seguía vivo.
El silencio se estaba volviendo opresivo, y Alfons sabía que tenía que cambiar el tema, o corría el riesgo de tener a Edward depresivo por el resto del día.
— ¿Terminar aquí?— Se aferró a la segunda parte de la declaración de Edward. —Pensé que te apuñalaron.
Edward suspiro, su cabeza aun contra el muslo de Alfons, se giró lejos de él —Esa fue la segunda vez— explico huecamente, en el ligeramente horrorífico tono que tomaba cuando hablaba de su propia muerte —Envidia me apuñalo a través del estómago, y morí. Al me trajo de vuelta a la vida— Un estremecimiento le recorrió el cuerpo, y Alfons continuo tranquilamente jugando con su cabello, haciendo pequeños sonidos de aliento.
— ¿Cómo?— esa era la pieza faltante, supo instintivamente, la verdadera razón por la que Edward había terminado en su mundo.
—La Piedra Filosofal— Edward dijo desoladamente —La uso para hacerme un cuerpo nuevo. Desperté, y él ya no estaba.
Una especie de horror helado se estaba apoderando de la mente de Alfons, mientras se daba cuenta de la inevitabilidad de lo que debió haber sucedido después. Antes de que comenzara a creerle, Edward solía mofarse de él con sangrientas historias del sacrificio de su brazo y pierna, pareciendo disfrutar lo perturbante que era, casi saboreándolo. Dado lo que había aprendido de la naturaleza de lo que Edward llamaba "Intercambio Equivalente"... —Te intercambiaste por él— Apenas noto como su mano había parado las caricias. Edward alzo su mano, girándose para mirar a Alfons, una expresión indescifrable en su rostro.
—Sí.
—Te mataste— Alfons contemplo a Edward con horrorizada fascinación. El suicidio era malo. Peor que malo. Peor aún que lo que Alfons estaba haciendo con Edward.
—No tuve opción— Edward no estaba pidiendo ser entendido, simplemente marcaba un hecho, y Alfons encontró eso incluso más aterrador.
Sabía que Edward era depresivo, inestable, pero nunca hubiera pensado que Edward era capaz de cometer suicidio. No solo intentar suicidio, como a veces era susurrado sobre estudiantes universitarios que fracasaban tras trabajar muy duro, sino realmente ir por todo el camino, y tener éxito.
Abruptamente, Alfons se encontró a si mismo necesitando espacio, tiempo para pensar, pero no podía pensar en una manera de empujar a Edward sin herirlo irrevocablemente.
—Siempre tienes opción— Alfons se encontró diciendo, y Edward se estremeció de forma casi imperceptible.
Edward se apartó y se puso de pie, y Alfons no hizo movimiento para seguirlo, secretamente aliviado.
Era aleccionador saber que Edward había probado ser totalmente capaz de destruirse a si mismo cuando sentía que la situación lo justificaba. Y Alfons no podía evitar preguntarse, ¿que detenía a Edward de hacerlo una segunda vez?
