—Bienvenido Reborn. —Dijo Tsuna feliz de la vida, pero por dentro maldecía el que las balas se incrustaron en las paredes del comedor, cosa que significaba más papeleo.
—Hola suegro. —Saludóq Mukuro con nerviosismo y usando a Tsuna de escudo.
—Piña, las manos donde pueda verlas. —Exigió Reborn mirando como el ilusionista abrazaba a su dame-alumno por la cintura.
Mientras estos tres montaban una escena, los demás estaban en un rincón viendo todo como si fuera una novela.
—¿Ese es el arcobaleno del sol? —Preguntó Daemon a Chrome en un susurro.
—Sí, pero ya están libres de su maldición. —Explicó ella.
Mientras, Lampo era puesto al corriente por parte de Hayato.
—Y ahora… —Dijo Reborn sobándose el puente de la nariz—. ¿Pueden explicarme por qué están Daemon Spade y el primer guardián del rayo ahí como si estuvieran viendo una película? —Pidió señalando a ambos fantasmas.
Los cuales, al sentirse aludidos, se pusieron rígidos y Lampo sintió miedo, a pesar de ser un fantasma, de que le dispararan como a Mukuro, así que inconscientemente abrazó un poco a Dae y este lo puso detrás de si como reflejo.
—Es una larga historia. —Dijo Chrome con una sonrisa nerviosa.
—Tengo tiempo. —Respondió Reborn mientras tomaba asiento con seriedad.
La décima generación suspiró internamente, hacer enojar a Reborn era el infierno.
Una explicación más tarde…
—Ya veo. —Dijo Reborn tomando su típico espresso.
Las almas volvieron a los chicos cuando el sicario habló tranquilo en vez de dispararles, mientras, Lampo y Daemon los observaban con curiosidad.
Era raro ver a un sol tan… serio y diabólico.
—¿Qué opinas? —Le preguntó Tsuna ansioso.
—Primero: buena estrategia con las cadenas de Viper. —Elogió Reborn con seriedad, pero por dentro estaba un poco orgulloso—. Segundo: me hubiera gustado estar en la reunión con los Simon. —Dijo lo último con una mueca frustrada.
Los chicos suspiraron… En verdad que a Reborn le gustaba ver el mundo arder.
—Nufufu, siento entrometerme en esta conversación, pero ustedes. —Habló Daemon señalando a los menores—. ¿No deben tomar un vuelo mañana?
—El melón tiene razón. —Dijo el sicario con una sonrisa escalofriante que evitó cualquier queja del ilusionista por el apodo—. Vayan ya a dormir o yo mismo los llevó. Y Mukuro, más te vale dormir en TÚ habitación.
Con eso último dicho todos los de la décima generación Vongola salieron corriendo a sus habitaciones, bueno, casi todos ya que Lambo seguía siendo cargado por Lampo y a la vez sostenía el reloj de Dae.
—Ustedes dos… Los espero en mi habitación mañana apenas amanezca, debo mostrarles algo. —Dijo Reborn mirando a los fantasmas.
Si no fuera porque habían visto a Giotto enojado antes... La mirada de Reborn y su sonrisa les hubiera dado muchísimo más miedo.
Al otro día…
Estaba apunto de amanecer así que tanto Daemon como Lampo, que cargaba a un dormido Lambo, entraron en la habitación del hitman sorprendiéndose al ver muchas pantallas y cómo en ellas se mostraban las habitaciones de la mansión, incluyendo las de los guardianes.
—Buenos días, tomen asiento que comenzará la función. —Saludó Reborn, aunque al ver a Lambo en brazos de Lampo hizo una mueca.
—No entiendo qué nos quieres mostrar. —Dijo Lampo frotándose un ojo.
Reborn se preguntó como un fantasma podría estar tan cansado.
—Ya verán. —Dijo y antes de apretar un boton amarillo, le gustaba salirse del clásico botón rojo.
Y apenas hizo eso, los dos fantasmas vieron con sorpresa lo que mostraban las pantallas: hielo cayó sobre Takeshi, Chrome fue mojada por un enorme chorro de agua, Ryohei terminó electrocutado, Hayato cayó víctima de tartas viejas en una avalancha de basura y Mukuro era convertido en piña asada.
El único que se salvó fue Tsuna porque a penas su cama estaba por aplastarlo, él saltó de ella como si quemara... Ventajas de haber tenido y tener al hitman de tutor y la super intuición.
—¡Reborn! —Se escuchó el grito conjunto de los adolescentes.
—La vaca se salvó por estar contigo. —Le dijo Reborn a Lampo con una mueca.
—Él y Kyoya por no estar aquí. —Comentó Daemon con una gotita de sudor.
—¿En serio creés eso? —Preguntó el Hitman con una sonrisa escalofriante.
Justo en ese momento, en una mansión tradicional japonesa ubicada en Namimori, el mencionado guardián de la nube estaba por ir a dormir, pero cuando se paró junto a su futón…
—Maldito carnívoro. —Se quejó al sentir como un liquido viscoso y de color rosa lo bañaba completamente.
Volviendo a Italia…
—¿No creés que fue algo cruel? — Preguntó Lampo, aliviado de haber presentido algo malo y llevarse al pequeño niño.
—Tal vez para ustedes lo sea… Pero esto les enseña a soportar todo, ya que si quieren arreglar el "camino de Vongola", deberán sobrevivir a las peores cosas del bajo mundo. —Explicó Reborn con seriedad mirando a ambos fantasmas.
Luego de eso se retiró de la habitación, dejando a ambos pensando sobre eso.
—Aunque no me guste la idea… Tiene razón. —Concluyó Daemon con un suspiro.
Luego de eso los dos van a ver a los chicos para ayudarlos, en especial a Mukuro cuyo cabello quedó en muy malas condiciones.
Tras un desayuno rápido todos salieron corriendo como si hubieran visto a Talbolt en calzones, ya que Reborn les había dicho que el vuelo salía en una hora.
Lampo estaba entre emocionado y asustado porque, aunque fuera fantasma, sería la primera vez que viajaría en un avión. Cuando todos subieron, inmediatamente Lampo decidió ir al anillo a descansar ya que seguía cansado por despertar tan temprano y prefería guardar energías para su llegada a Japón.
¿Cómo llegamos a esto?—No tiene por qué ser así.Exacto, no todo estaba perdido, él podía salir adelante con ellos, con él.—No, ya no hay vuelta atrás. Me robaste lo que más amaba por tu cobardía, y eso jamás te lo perdonaré.—Dae... Po-por favor... —No consiguió articular nada más, el nudo en su garganta por el llanto se lo impidió.El ilusionista lo observó por unos instantes, mismos en los que su mirada pareció vacilar al ver el estado deplorable en el que se encontraba su pequeño, por su culpa.—Ya es tarde para mi...Lampo quiso acercarse para convencerlo de lo contrario, pero entonces el ojo derecho de Daemon brilló con el símbolo de la pica, y acto seguido, decenas de armas se materializaron en la habitación.—¡¡¡Daemon!!! —Lo llamó Lampo, horrorizado al ver cómo varias de las armas atravesaban su cuerpo.Pero no fue lo único, los pilares de la construcción fueron destrozados y el edificio estaba cediendo. Serían enterrados vivos si no se iban, pero eso no le importaba al peliverde.—¡¡¡Suéltame Knuckle!!! ¡¡¡Suéltame!!! ¡¡¡Daemon!!! —Gritó mientras forcejeaba para soltarse del agarre del sacerdote que intentaba alejarlo del derrumbe.Lo llamaba y extendía su mano hacia él en un intento desesperado para no perderlo, no le importaba el dolor en su garganta por sus gritos.Pero lo único que recibió como respuesta de Daemon, fue una sonrisa melancólica con lágrimas cayendo por su rostro, y un silencioso "lo siento" antes de que una viga cayera y lo sepultara mientras que él era sacado del derrumbe.¡Lampo!Su voz… todavía la escuchaba…¡Lampo! ¡Ya llegamos!¿Llegamos?
—¡Lampo! —Gritó Daemon logrando despertar al peliverde.
Este se sobresaltó y lo observó conmocionado, preocupándolo cuando lágrimas comenzaron a caer por sus ojos.
Antes de que pudiera preguntarle qué ocurría, el menor se abrazó a él temblando y sollozando en silencio, parecía completamente aterrado, así que Daemon solo lo envolvió de forma protectora para intentar calmarlo.
—¿Lampo-san? —Lo llamó el bebé vestido de vaca mientras se abrazaba a su pierna—. Lambo-san no quiere ver a Lampo-san triste... —Dijo mientras sus ojos se empezaban a aguar al ver el estado del mayor.
De inmediato Chrome se acercó a calmarlo y observó a los fantasmas preocupada.
—¿Qué le pasa? —Preguntó Reborn en nombre de todos.
Daemon tensó su mandíbula por un instante antes de sonreír algo apenado y observar a sus acompañantes.
—Lo lamento chicos, la verdad es que Lampo le tiene miedo a las alturas. —Tsuna sintió su hiperintuicion punzar ante estas palabras, cosa que Mukuro notó por su conexión mental—. Creí que estaría bien al estar dentro del anillo y haber pasado siglos, pero parece que el viaje lo asustó y tuvo pesadillas. ¿Podrían dejarnos con Rowl y adelantarse? Los seguiremos pronto.
Varios de ellos se notaban renuentes a dejarlos, les preocupaba la condición de Lampo. Pero todos debieron ceder cuando Tsuna accedió y le hizo una señal a Mukuro para que sacará a Rowl, al que le ataron el anillo del rayo en una de sus patas.
—Daemon-san. —Lo llamó Tsuna antes de irse con los otros—. Por favor tómense el tiempo que necesiten.
Daemon solo asintió en forma de agradecimiento, ya se esperaba que Tsuna no se tragaría esa mentira barata del vértigo.
Suspiró para luego observar a Lampo que seguía temblando entre sus brazos y comenzó a besar su cabello mientras acariciaba su espalda en un intento por calmarlo.
¿Qué fue lo que te pasó pequeño?
Se preguntó Daemon, frustrandose por no ser capaz de detener las lágrimas de su pequeño ni saber la causa de estas.
Continuará...
Bermuda: Hoy Vada no estará ya que debe seguir estudiando. —Anunció el portador de llamas de la noche.
Yo: Recemos por su alma. Que el cerebro de Hayato la acompañe. —Dijo ella mientras le rezaba a un pulpo en un altar.
Verde: Y que el lacayo sufra cuando vea que secuestré a su mascota. —Murmuró él mientras se acomodaba sus gafas con un brillo malévolo.
Bernuda: Sí que les gusta hacerlo sufrir. —Negó con la cabeza ante la actitud de Verde, que al parecer era muy parecida a la de Reborn.
Yo: Yo lo hago por el bien de Silva y para que no me dejen sin galletas. —Dijo observando como Mosca Verde sostenía un plato de galletas con crema de limón.
Bermuda: Hablando del sádico... ¿Donde está?
Yo: Emmm... Creo que ahora estaba por el Sáhara en un extrenamiento exaustivo...
Verde: Nop, ahora está luchando contra las pirañas en el Amazonas. —La corrigió mientras observaba lo dicho en la pantalla de su tablet.
Yo: ...¿Le pusiste un dron para que lo siguiera?
Verde: No me iba a perder el autocastigo de Reborn.
Bermuda: Dejando a esos dos... ¿Ya saben lo qué es la pesadilla de Lampo?
Particularmente esa parte junto a lo que les hizo Reborn para despertar fueron mis partes favoritas.
Jessi: Ay... Mi pobre rayito. —Comentó antes de abtazar a Verde para empezar a llorar.
Verde: Gracias por hacer que vuelva a llorar Bermuda. —Le dijo rodando los ojos y limpiando las lágrimas de su protegida.
El de vendas sonrió bajo estas y Verde suspiró al nitarlo, de verdad que el portador del pacificador de la noche podía ser más malicioso que él conbinado con los otros 6 locos.
Entonces aparecio Mosca Verde sosteniendo un cartel que decía:
"La pregunta de la semana es... ¿Cómo será todo ahora que llegaron a Japon?"
