Yo sé que pensaron que había abandonado esta historia y pues no! Me costó volver a ella, pero estoy de regreso para darle un final. Gracias por su paciencia.
Gracias por tanto, perdón por tan poco.
Capítulo 8.
Ben clavó sus ojos en los verdes de Rey, perdido completamente en ella y en la emoción que le embargaba por el inicio de eso que se sentía entre ambos.
Se sentaron en una de las bancas del parque Atch-To, lugar al que Ben había querido llevarla por dos razones: Era un punto alejado de la ciudad en donde ni Ventress, Bazine o Snoke pondrían sus pasos, y porque, aquel parque evocaba recuerdos felices en su infancia.
— Esto ha sido inesperado —dijo él, aun sin poder creer en su suerte—, estuvimos tan cerca todo este tiempo.
— Lo sé… —sonrió ella, sintiendo ternura y emoción por ese hecho. Era pronto para pensarlo, pero Rey no podía evitar sentir que, de alguna forma el encuentro de ambos estaba destinado. A ella le gustaba pensar en ese tipo de cosas que quizás se escribían en las novelas románticas, pero, creía fervientemente que cada una de las decisiones que había tomado en su vida, la había llevado a ese punto, a conocerlo, a encontrarlo en persona.
— Rey… quería preguntarte algo —comenzó el fotógrafo en tono vacilante.
— Adelante —asintió ella, reparando en cómo Ben se frotaba las manos con nerviosismo.
— Bueno yo… estoy muy feliz —la miró y esbozó una tierna sonrisa de lado, que desapareció enseguida al seguir hablando—, pero… quería preguntarte si en verdad quieres esto —soltó, tratando de mitigar un poco su temor. Si bien, sentía que explotaba de felicidad, una sombra de dudas se cernía en él.
— ¿Te arrepientes? —preguntó ella, arrastrando la mirada por la cara de Ben. Él enseguida negó y se odió a sí mismo y a su voz interior que, a veces se empeñaba en decirle que no era suficiente.
— No, Rey, no me arrepiento. Perdóname, no quiero hacerte dudar de nada. Es sólo… son tonterías mías…
— No lo creo Ben, si lo dices es por algo, dime… ¿qué pasa? —la reportera le tomó la mano y él se relajó un poco.
— Es sólo que, no nos conocemos bien y bueno, quizás yo no te parezca interesante o… mi vida es algo extraña y… —Rey soltó el aire en un suspiro, calmándose también. Se trataba de eso, de las inseguridades de él y no de otra cosa.
— Ben —lo llamó. Él posó sus ojos cafés en ella a la mención de su nombre—. Quiero conocerte ¿tú quieres conocerme?
— Si.
— Bueno, ahí está la respuesta. Entiendo que hay muchas cosas que no sabemos del otro, pero, por eso estamos aquí ¿no?
— Entonces, ¿está bien que todo sea así?
— Ay Ben, eres tan lindo. Creo que quieres enserio hacer las cosas muy correctas… —ella le tomó la mejilla con la mano y se la acarició.
— Hace mucho que no estoy en una relación… enserio, mucho… y temo echarlo a perder. Te he besado y no sé si realmente querías que todo fuera así o antes conocernos y…
— Oh, claro que he querido que me besaras, más cuando descubrí que los dos hombres con los que he sentido una conexión inmediata eran uno solo. No hay fórmulas Ben. Tampoco soy experta en relaciones, he tenido un par de más joven, pero, quisiera intentar esto —Ni bien ella terminó de decirle aquello, Ben la abrazó, envolviéndose en el suave aroma de su cabello y sintiendo como eso lo reconfortaba.
— Perdóname, es que no quiero echarlo a perder, y tampoco quiero asustarte.
— No, Ben, está bien. Puedes decirme lo que sea, de verdad. Es más, necesito que hablemos así, todo con sinceridad. ¿De acuerdo?
— Nunca te mentiría, no tendría por qué —la chica se echó hacia atrás despegándose del abrazo que la tenía prisionera y depositó un suave beso en los labios de él.
— Ni yo. ¿Más tranquilo?
— Si —le dijo, besando su frente.
— Bueno, ahora tenemos que discutir otra cosa y sé que te preocupa, incluso más que a mí.
— Lo de nuestros trabajos —completó él, suspirando—. Bueno es que, enserio no te imaginas el escándalo que hizo Ventress, Hux apenas y se salvó y tuvimos que ayudarle a inventar una historia de que era un espía de la competencia. No nos sentimos orgullosos de eso, pero funcionó por el momento. Sin embargo, si sigo yo… mira Rey no tengo miedo por mí, pero Ventress y Snoke están locos. Ella puede hacer lo que sea y Snoke aunque no suele hacer mucho alarde, es una persona muy calculadora…
— Ben, perdóname por cambiar la conversación, te prometo que discutiremos esto, pero… si son tan terribles, ¿por qué sigues trabajando para ellos?
El fotógrafo se quedó de piedra ante el cuestionamiento de su novia. Fibras sensibles comenzaban a moverse en su interior. Había tantas razones ya, que había enumerado miles de veces en su cabeza, cada año que pasaba del porqué abandonar el DASOC, sin embargo, aún no era capaz de hacerlo.
— Porque… —ella vio el conflicto en el interior de su adorado Matt que abría la boca y luego la cerraba, incapaz de darle una respuesta.
— Oh Ben, perdóname. Está bien, no quiero presionarte.
— Y yo no quiero mentirte —le aseguró, pero no salían las palabras.
— No lo haces. Entiendo que es un tema delicado para ti y pronto podrás contarme lo que tú quieras.
— Por ahora puedo decirte que, una de las cosas que me sostiene de estar ahí son Armitage y Phasma —al fotógrafo se le iluminó la mirada nada más de pensar en sus dos locos y extraños amigos. Él no era muy sociable, en el pasado sólo había tenido a Dameron a su lado, con el cual tampoco se abría tanto, incluso con el pelirrojo y la rubia, había tenido su época en donde se resistió, pero las circunstancias en el DASOC terminaron haciendo que se juntaran aún más.
— Se ve que los quieres mucho.
— Si, pero no se los vayas a decir, no quiero que sean más encimosos de lo que ya son.
— De acuerdo.
— Bueno, retomando lo del trabajo… ¿Qué quieres que hagamos?
— Yo no tengo mayor problema en el trabajo más que tus padres me pregunten.
— Si eso pasa no tendría problema tampoco, ellos no harían nada extraño… creo. El problema está en el DASOC.
— ¿Qué propones? ¿Quieres que nos escondamos?
— Es lo que menos quiero hacer, quiero que seamos libres de ir a donde sea y de disfrutar esto… lo lamento, no lo había pensado cómo para saber exactamente qué hacer.
Ben se enojó consigo mismo. Quizás como Hux había dicho, era momento de plantearse abandonar el periódico.
— Una postura difícil, entre dos bandos —susurró Rey, sintiéndose un poco triste por aquello. No quería ponerlo a escoger entre ella y su trabajo, pero tampoco eran adolescentes para esconderse.
Ben la contempló por unos segundos. Estaban ahí, en el parque más alejado de Naboo, en una banca, platicando de lo que harían para cuidar de no ser vistos y se sintió avergonzado por tal cosa.
Le tomó apenas segundos para que la resolución llegara a él como una visión de la fuerza de esas que estaban descritas en el best seller de su tío Luke. ¿Por qué tenía que huir? ¿Por qué tenían que esconderse? Rey no lo merecía. Ella valía todo lo que fuera a pasar y él la protegería, sus amigos también, incluso su madre. Mucho tiempo había pensado que le había vendido el alma a Snoke cuando firmó su contrato en el DASOC, pero él correspondía con trabajo, era un empleado sí, pero no le debía cuentas a nadie sobre su vida privada.
— Estoy siendo un idiota, Rey —dijo con determinación. Ella ladeó su cabeza y escudriñó el rostro lleno de lunares del fotógrafo—. No nos vamos a esconder, no tenemos porqué. Si nos ven no voy a mentir. Mi vida no les pertenece. Trabajo para ese periódico, pero no pueden condicionarme así, tú no mereces esto y yo quiero darte hasta el más mínimo de minuto que pueda pasar a tu lado. Quizás no pueda controlar sus acciones, pero, si pretenden hacer algo para perjudicarte lo sacaremos a la luz. Hux es reportero, tú lo eres también, les aplicaremos un periodicazo, no me importa. Si me corren, puedo buscar trabajo en otro lado, o dedicarme al blog, seguir exponiendo con Tekka… lo puedo hacer —aseguró él con ánimos renovados.
Los ojos de la reportera se iluminaron al ver la resolución a la que su novio había llegado. A decir verdad, había pensado que iban a seguir escondidos, pero que él estuviera así de decidido, no hacía más que contagiarla. Ben iba a darle su lugar y a defender su amor, ella correspondería de la misma forma.
— Estoy contigo en esto Ben —ella le tomó la mano y él se acercó a robarle un beso suave que se alargó por unos minutos.
La calidez de Rey le revoloteaba en todo su ser. Sus tiernos labios lo elevaban al cielo y al mismo tiempo, le recordaban que era inmortal y que debía vivir su vida como él quisiera. Y él la quería a ella. Rey era la respuesta a las preguntas y era las razones. Era el verbo que conjugaban todas sus oraciones. Quizás era extraño pensar de esa forma porque ciertamente se estaban conociendo en persona, pero ellos ya tenían historia. Ya había convergido con anterioridad en ese espacio virtual, siguiéndose los talones, hasta que la vida los juntó y los hizo cruzar esa línea.
Se separaron y rieron juntos de felicidad.
— Ahora que hemos resulto esto, hermosa señorita periodista ¿me aceptaría un cono de nieve? —a Rey le resplandecieron los ojos—. La heladería del otro lado del parque es la mejor de todo Naboo.
— ¿Enserio? ¿Cómo sabes? ¿Vienes mucho por aquí?
— La verdad es que no había pisado este lugar desde hace años —contestó, recorriendo las jardineras y las bancas contiguas con la mirada.
— ¿Por qué? —le preguntó curiosa.
— Me recuerda cosas en las que no quería pensar, pero pese a eso, es precioso y quería traerte aquí. Mis padres, mi tío y yo solíamos venir cuando tenía como diez años. En ese entonces, Luke había escrito el libro que le valió su reconocimiento mundial, y de hecho, lo escribió en su mayoría en este lugar, sentado en una banca. Extraño ¿no?
— Ay por dios… ¡yo soy fan de La Senda! —exclamó la pecosa, emocionada por enterarse de ese detalle. Ben rio al verla así.
— Me lo pareció ese día en el vagón, cuando me dijiste "Que la fuerza te acompañe"
— Es que creo que el asunto de la fuerza es maravilloso. Igual va a sonarte tonto, pero creo en ella, creo que existe, aunque tu tío lo haya inventado.
— Yo solía creerlo… —se encogió de hombros—, pero, no sé, creo que perdí el camino luminoso hace tiempo.
— Siempre puedes regresar a él, Ben. No es tarde —le aseguró.
— ¿Tú crees? ¿Me mostrarías cómo? —le dijo con toque pícaro, rozando la pequeña nariz de Rey con la suya.
— Si, te ayudaré. Aunque no lo creas, he visto tu futuro y te convertirás —le aseguró la chica sin una pizca de duda.
— Y… ¿No te gustaría mejor ser la Emperatriz del lado oscuro? Hay tecnología de punta, ya sabes robots para todo.
— No suena muy tentador eso de los robots, tendrás que pensar en un argumento mejor —rebatió Rey levantándose de la banca, seguida por él.
Se tomaron de la mano y comenzaron a caminar por el parque de Atch-to ante las miradas curiosas de las avecillas rechonchas que vivían en ese lugar.
— ¿Y si te digo que en el lado oscuro está un Líder Supremo que se parece a mí? —Ben enarcó una ceja y Rey se quedó pensativa.
— Así cambia la cosa. Cuéntame más…
Un mes había pasado desde que Ben y Rey había descubierto la identidad del otro en la exposición de la galería Créche y que hablaron para acordar que defenderían su relación de los posibles ataques que se pudieran dar en el DASOC.
Un mes y todo estaba saliendo de maravilla. Nadie los había visto o si era así no le habían dicho nada a Ben en su trabajo. Él y Rey habían podido empatar sus horarios la mayoría de los días de la semana, en donde coincidían en el metro en la mañana y se acompañaban por las estaciones y en la noche volvían a verse en ese lugar que los había encontrado para ir a casa del fotógrafo o de la periodista.
Los cafés, las risas y alguno que otro recuerdo de la infancia se hacían presentes cada vez más entre ambos que iban descubriéndose y abriéndose al otro.
Empezaban a conocer los gestos del otro, a darse cuenta cuando uno había tenido un mal día o momento, o cuando algo no le parecía y lo hablaban. Todo lo hablaban. Así lo acordaron, pero también era algo natural que se dio entre ambos. No siempre podían coincidir, -más en el asunto de Ben con sus padres, tema que aún le costaba al fotógrafo-, pero se entendían y se aceptaban.
Ben miró el reloj que descansaba en su muñeca derecha al tiempo que su vagón llegaba a la estación que esperaba todos los días con emoción.
Las puertas se abrieron haciendo un sonido hermético y la gente comenzó a subir. Para el fotógrafo, aquellas personas eran entes grises, caminantes con rostros que veía pero que a la vez no les prestaba atención. Para él sólo había alguien que coloreaba el panorama.
Sus deseos fueron cumplidos cuando envuelta en un abrigo rosa y un vestido negro, Rey apareció con su radiante sonrisa frente a él. Ben que estaba recargado en la pared se enderezó totalmente embelesado ante la presencia de la guapa reportera. Si pudiera describir cómo se sentía cada vez que la veía, diría que ella era un imán que lo atraía sin irremediablemente hasta sus brazos.
Las puertas volvieron a cerrarse. Las llantas volvieron a ponerse en marcha corriendo sobre los rieles.
Rey llegó hasta él y lo contempló por segundos. Era tan apuesto y dulce que se quedaba sin aliento al mirarlo. Se acercó a él y le colocó los mechones de risos negros detrás de las orejas porque, aunque a él le apenara, a ella le fascinaba esa composición en su rostro. Para ella, era el hombre más guapo de la galaxia.
Ninguno se dijo nada, pero porque sintieron que no era necesario. Rey lo abrazó por la cintura con toda la fuerza que era capaz y él la rodeó hundiendo su nariz entre los cabellos castaños que despedían un olor fresco y frutal. Ben se quedó ahí descansando en el hombro de la chica, con los ojos cerrados, sintiendo el cuerpo pequeño de Rey entre sus brazos… frágil y a la vez, fuerte.
Se fueron así todo el camino, acomodados entre el otro sin emitir palabra alguna. Sintiendo eso que compartían, anudarse en una especie de lazo invisible que pendía de cada uno. Cuando arribaron a la parada donde se encontraba el Resistance, Rey se despegó del alto fotógrafo y pasó su mano sobre la sien de su novio. Él la sostuvo de la cintura y la elevó para besarla con devoción.
— Te veré de regreso —susurró ella sintiendo su corazón desbocado.
— Te estaré esperando… —prometió Ben.
Las sonrisas aparecieron y ella giró en sus talones para salir del vagón. Las cosas habían cambiado tanto. Las veces que Ben la vio marcharse, Rey iba centrada en lo suyo, sin reparar en que él seguía su trayecto hasta que la perdía porque volvía a estar en movimiento.
Pero como ya era costumbre desde que estaban juntos, esa vez, Rey se quedó parada frente a las puertas que se acababan de cerrar segundos después de que una alarma de aviso fue emitida, y le sostuvo la mirada hasta que el vehículo siguió su curso.
Y eso les llenó el corazón a ambos.
Rey se encontró a Rose en la entrada del periódico y ambas subieron animadas hacia el piso que albergaba sus cubículos. Rose estaba igual de feliz y enamorada que ella y le contó que todo entre ella y Armitage caminaba viento en popa.
Estaban platicando muy quitadas de la pena de sus planes para el siguiente fin de semana cuando al abrirse las puertas del ascensor, vieron a Poe discutir con Lando.
— Se está cegando. Necesita descansar —lanzó Poe irritado.
— Ya la escuchaste, ella se siente bien —rebatió su jefe—. Cuando Leia decide algo no hay poder sobrehumano que la haga cambiar de opinión.
— ¿Es que no te das cuenta?
— ¿Qué está pasando aquí? —preguntó Rey metiéndose.
— Nada. Ustedes a lo suyo —les ordenó el moreno—. Rose quiero ver las fotografías de la marcha del gremio minero, ahora.
— Si, señor, las tengo justo aquí —contestó Rose parpadeando ante la orden y dejando a Poe y a Rey solos, muy a su pesar.
— Poe ¿qué pasa?
— Pasa que he visto muy extraña a Leia, siento que está demasiado estresada o cansada, no sé. Hace raro que entré a su oficina casi se desmaya mientras hablábamos. La tuve que ayudar a sentarse y Jannah le pasó un té.
— Debería ir al doctor a checarse, por si acaso.
— Es lo que le dije a ella pero no quiere, dice que sólo es cansancio, yo temo que sea otra cosa. Lando se ofreció a llevarla o llamar a Han pero ella nos lo prohibió rotundamente.
— ¿Y si intento hablar con ella? —se mordió el labio, nerviosa.
— Te lo agradecería mucho porque en este periódico nadie se da cuenta que no tenemos que preguntarle sino llevarla, aunque sea a la fuerza a que se revise o por lo menos que se tome unos días.
— De acuerdo, iré a verla. Tranquilo —trató de calmar Rey.
Sin más la jovencita se apresuró hacia la oficina de Leia. La reacción de Poe le tenía preocupada, su amigo no se podría mal si fueran sólo nimiedades con la directora del Resistance, asi que parecía ir enserio.
Rey tocó la puerta con los nudillos y esperó la respuesta de Leia que llegó segundos después con un dejo de irritación.
— Pase quién quiera que sea que quiera comprobar que aún no me ha pasado nada —comentó. Rey entró a la amplia oficina que la había recibido apenas tiempo atrás cuando entró al periódico.
— H-Hola, buenos días Leia —le saludó queriendo parecer casual y quedándose parada frente al escritorio, donde la figura de la legendaria mujer descansaba sobre su silla reclinable.
— Seguro estás aquí por todo el alboroto que se armó.
— No te enojes con Poe, está preocupado por ti.
— Lo sé, pero estoy bien. Nada que no puede manejar.
— Leia… si me permites, sé que no nos conocemos mucho, pero, no me gustaría que te pasara algo. Hay muchas personas que te aprecian.
Leia estudió el semblante preocupado de Rey, Sus ojos avellana no mentían. La dueña del periódico tomó aire. Su esposo Han ya le había dicho que esa jovencita estaba en una especie de relación con Ben y aunque en un principio le dijo a su esposo que no debían meterse no pudo ocultar su curiosidad. No quería que su hijo se enterara que, estaba sintiéndose un poco mal, sobretodo porque, tampoco quería admitirlo ante nadie.
— Preferiría que esto se quedara entre nosotros y que no le dijeras nada a Ben —comentó Leia, descolocando a Rey enseguida.
— Yo…
— Rey… sé que estás saliendo con él, mi marido los vio en la galería de Tekka, hace tiempo —Rey agachó la cabeza, un tanto apenada no por el hecho de salir con Ben, sino de que no se lo hubiera dicho a su jefa porque precisamente su hijo no lo quería así—. Tranquila, no te estoy reclamando nada, de verdad, pero… hace tanto que no sé de él que no puedo evitarlo… él… ¿está bien? ¿es feliz? ¿te hace feliz? —cuestionó inclinándose un poco hacia su escritorio.
El semblante avergonzado de la chica cambió enseguida a una enorme sonrisa que no se esforzó en esconder. Leia no lo pasó desapercibido.
— Él… está bien Leia, su hijo es… significa mucho para mí. Estamos empezando, pero, él me hace muy feliz y quiero pensar que yo a él. Ben es un hombre maravilloso, que estaría muy preocupado por usted si supiera que está bajo mucha presión —la aludida se quedó viendo a su empleada y "nuera". Se acomodó, irguiéndose en su asiento y la miró con una sonrisa de autosuficiencia.
— Eres una chica lista Rey, pero estoy bien. Esta señora se quedará a dar lata a todos en este periódico, por mucho tiempo —concedió. A Rey no le agradó mucho esa respuesta y decidió presionar.
— Debería considerar tomarse unas pequeñas vacaciones, quizás.
— Han y yo las tenemos planeadas para fin de año, no te preocupes —Rey suspiró ante el discurso de Leia que no cedía ni un poco.
— De acuerdo… entonces, volveré a mis labores, pero si necesita algo, por favor sólo hágamelo saber.
— De hecho, si Rey, si necesito algo —le indicó mientras la chica parpadeaba—. Necesito que hagas muy feliz a Ben, por favor.
— Oh… es lo que quiero, créame —confesó la periodista sintiendo que el corazón le bombeaba más rápido que de costumbre y Leia le sonrió realmente agradecida.
— ¡Rose! ¿Tienes las fotos? ¿Buscaste mi mejor ángulo? —Finn llegó al lado de la jovencita que había tomado distancia para tomar las fotografías del reportero junto con el corredor de la fórmula 1, Cassian Andor.
— Le busqué el mejor ángulo a Cassian, ¿a ti qué? Si no vas a salir en estas fotografías —el moreno volteó los ojos.
— Ya sé que no, pero no estaría mal tener una foto entre él y yo. Pero gracias amiga, ni quería…
— Ya Finn, obviamente te tomé algunas, luego te las paso.
— De acuerdo —asintió animándose—. Bien, tenemos tiempo para ir por la comida y después a casa —Finn miró su reloj en su teléfono—. ¿Qué se te antoja? ¿Pizza? ¿Hamburguesas? O ya sé, podríamos ir por esa lasaña que tanto les gusta a ti y a Rey, tengo que hacer tiempo para esperar a que Jannah salga y pasar por ella, podríamos regresar por el rumbo a Keren…
— En realidad… —comenzó la fotógrafa distinguiendo la delgada y alta figura que la hacía suspirar, a unos metros en la tarima entrevistando al piloto de autos al que también había ido a ver—, ya tengo planes.
Finn siguió la dirección en la que su compañera miraba y no pasó desapercibido que se trataba del pelirrojo con el que había visto a Rose bailar la vez que los cuatro salieron juntos.
— Rose… ¿qué tienes con ese tipo? Sabes que es de la competencia.
— ¿Y eso qué? No le estoy haciendo daño a nadie Finn. Relájate.
— ¿Y si quiere espiarte?
— ¿En qué galaxia vives? Somos adultos no adolescentes, así que, como ya te dije, relájate un poco. Lamento no poder acompañarte a comer, pero ya había quedado con Armitage. ¿Sabes? siento mucho que seas mi compañero y mi amigo y no te interese mi felicidad. Si Jannah estuviera en el DASOC yo te apoyaría, Finn. Espero que puedas alegrarte por mí —tajó la de ojos rasgados, un tanto molesta por la actitud del chico.
— Lo siento Rose… no lo había pensado —admitió, apenado—. Es sólo que, me sale esto de querer protegerlas, a ti, a Rey…
— Te lo agradezco, enserio, pero yo puedo cuidarme solita y con Armitage, realmente no hay porqué temer. Nos queremos y vamos enserio —defendió ante la sorpresa del moreno.
— De acuerdo. Me alegra saberlo. Te dejo entonces. Te veré mañana.
— Salúdame a Jannah y cuídate Finn.
Cuando el reportero se despidió y se alejó lo suficiente, Armitage fue hasta la fotógrafa que ya lo esperaba sonriente.
— Hola, hermosa —le saludó.
— Hola, mi amor —Rose le tomó la mano y le acarició el pulgar frotando el suyo sobre su piel.
— ¿Todo bien? Vi que tenías una conversación que parecía acalorada.
— Algo. Le dije a Finn lo nuestro y no lo tomó muy bien en un inicio.
— Ya veo…
— Pero se le va a pasar, lo sé —dijo abanicando con la mano, restándole importancia—. ¿Vamos a comer?
— Si, es una excelente idea. Salgamos por la puerta de allá —le señaló el flujo de personas a unos metros delante de ellos y se metieron entre estos.
Caminaron por la puerta trasera del hipódromo, por donde salía la prensa. Iban hombro con hombro sin el pendiente de que alguien los viera. Ya habían abandonado la idea de mantener todo en secreto, aunque aún se reservaban un poco las demostraciones afectuosas más por profesionalismo que por otra cosa.
No era el primer evento en el que se encontraban después de que decidieron estar en una relación, pero el pelirrojo si sentía que era una ocasión diferente. Pues otras veces él iba con Kylo o Rose con Rey o Poe y terminaban sólo por saludarse a lo lejos. Para esa vez, se habían mensajeado previamente y quedaron en juntarse para hacer algo después del trabajo.
Sentir a Rose a su lado tenía muchos efectos en el periodista que ya no estaba dispuesto a reprimir y junto con ello, algo le rondaba la cabeza desde hacía días y quería decírselo a Rose. El impulso que brotaba desde su estómago lo estaba presionando.
— Tienes algo —soltó la bella fotógrafa, adivinando los pensamientos de Armitage. Él curvó sus cejas anaranjadas, sorprendido de que ya le conociera los gestos.
Estaban saliendo ya a la calle, dejando atrás el lugar al que ambos acudieron por sus trabajos. Armitage le tomó de la mano y la guio unas calles más alejadas. Se detuvieron bajo el cobijo de un árbol enorme que les brindaba sombra y privacidad.
— Quiero renunciar —declaró—. Desde hace tiempo lo he estado pensando. Desde antes de conocerte, mi presencia en el DASOC no se sentía muy bien que digamos, pero ahora —el pelirrojo observó los rasgados y negros ojos de su novia que denotaba expectación—, ahora que estamos juntos lo único que sé es que si voy a estar en un trabajo que me amenace para estar con la persona que quiero, entonces, no vale la pena.
— Oh, Armie… ¿estás seguro? Es decir, no hay prisa…
— Lo estoy —asintió para después besarle la frente—. En el DASOC nunca voy a crecer, lo tengo claro y yo quiero hacer más cosas en mi carrera. Así que, presentaré mi renuncia terminando la semana. Quizás Snoke se merezca que le deje el trabajo botado, pero, Phas y Kylo no y no quiero afectarlos, así que prepararé todo. Quizás tarde un poco en encontrar algo nuevo, pero, es lo que quiero.
— Si lo has decidido, te apoyaré, lo sabes.
— Gracias, guapa —la abrazó emocionado por el cambio que tanto estuvo esperando—. Oye y… ¿no hay alguna vacante en el Resistance?
— ¿Estás hablando enserio? ¿Te pasarías al otro bando? —Hux rio levemente.
— Hablo muy enserio.
Rose se puso de puntitas y jaló a Armitage del cuello para besarlo sin poder contener la emoción.
Rey observaba maravillada el estudio de fotografía que Ben tenía dentro de su casa. Miles de retratos, fotografías de paisajes, lugares, edificios llenaban las paredes del lugar.
— Es… es genial Ben, esto es, tan tú —le dijo girando en su propio eje para captar cada detalle y cada cosa en la habitación—. Estoy… es como estar dentro tu blog y es… mágico.
— Tenerte aquí es mágico —aseguró el fotógrafo. Ben se precipitó hasta ella atrapando los delgados labios en los de él. Ya era adicto a sus besos y a su presencia a su lado. Ya no podía verse sin ella.
— Ben, hay algo que tengo que decirte —cortó ella abruptamente el beso porque estaba preocupada por Leia. Vio en la cara de Ben que se cernía la duda y se le adelantó—. Descuida no es acerca de nosotros.
— ¿Entonces? —Rey acarició el rostro de Ben con las yemas y reparó en cada uno de esos lindos lunares esparcidos en su piel.
— Sé trata de tu madre. Hoy que llegué al periódico, Lando y Poe se estaban peleando, porque Leia casi se desmaya. Ella insistió que se encontraba bien, incluso yo entré a hablar con ella a ver si podía convencerla de ir a visitar un médico… me dijo que no te contara y quizás traicione su confianza, pero, es necesario que sepas…
El semblante de Ben sin duda demostraba lo alarmado que estaba por lo que Rey le explicaba, pero también había dolor en sus ojos cafés, tan parecidos a los de su madre.
— Por suerte, está Dameron con ella —dijo con algo de celos impregnados en el tono.
— Ben, tú eres su hijo y sé que es algo que te cuesta trabajo pero…
— Es que no puedo volver, ni con ella, ni con Han… no puedo. Renegué del camino que ellos querían para mí, más mi madre y entonces le alié con su enemigo número uno. Ni siquiera he sido fiel a lo que quería hacer. Me fui de su lado para, en vez de ser libre, atarme a Snoke.
— Lo entiendo, pero mantenerse lejos no va a arreglar nada. Las cosas son se arreglan por sí solas, menos algo como esto. Tengo miedo de que le pase algo a tu madre y tú no te hayas acercado. Sé que lo vas a lamentar.
— Perdóname, es sólo que… yo no soy tan fuerte, no sabría qué hacer o decirles… no sé…
— Esta bien, amor —Ben se fue a sentar en un banco dispuesto frente a su escritorio y Rey le abrazó con fuerza, queriendo transmitirle seguridad—. Es algo que debes hacer, pero debía decirte… sólo promete que vas a pensarlo.
— Te lo prometo, de verdad…
Poe se había quedado hasta tarde esperando llevar a su jefa y quien fuera como una madre para él cuando sus padres murieron, a su casa.
Por su mente pasaba seriamente avisarle a Ben de la situación. Estaba casi seguro que seguía viviendo en la casa de su abuela, así que, después de dejar a Leia en el taller de Han, iría a hacerle una visita a su ex mejor amigo. Dameron estaba seguro que no iba a recibirlo con las manos abiertas, pero tenía el antecedente de su plática ese día en que habían salido a festejar la entrevista de Rey.
El reportero escuchó la puerta de la oficina de Leia abrirse al fin. Se puso de pie, se colgó su bandolera en el hombro y salió de su cubículo.
— Bien, Leia, te voy a llevar a tu casa y no acepto un NO por respuesta, ya le avisé a Han en lo que él termina de revisar un auto que le dejaron, así que…
El joven paró su explicación en cuanto vio a la directora del Resistance aferrarse de la puerta. Poe corrió a tiempo para tomar a Leia entre sus brazos cuando cayó inconsciente.
