Me he dado al cometido de atrapar a mi marido cometiendo adulterio. Aunque los resultados no han sido los que esperaba, aunque lo veo constantemente convivir con Itzel no ha habido alguna situación con la que los pueda acusar. Sé que tal vez este mal intentar sumergir a Itzel en este problema, pero a veces me siento tan sola y apartada, si bien cuando vivía en la ciudad no era muy sociable ni asistía a muchas reuniones, es verdad que extraño un poco el ruido de casa, las risas de mi familia en el desayuno, el ruido de carruajes y caballos que entraban por la ventana de mi habitación, las criadas de un lado a otro contándose chismes.

Seguí caminando hasta llegar a la base de la colina, donde me habían dicho, se encontraba Itzel; la encontré sentada bajo un árbol en compañía de mi marido. Aunque se encuentran sentados muy juntos realmente no hay acción alguna que indique que tienen un amorío entre ellos. Sé que la cercanía que presentan debería ser suficiente para alegrarme como un indicio de que cada vez estoy más cerca de mi cometido, pero atraparlos así me molesta de sobre manera.

-Itzel- dije para hace saber sobre mi presencia.

La muchacha se levantó velozmente y con sorpresa visible en el rostro me encaró.

-¿Sí, señorita Chiara? – preguntó un tanto nerviosa.

-Es una sorpresa encontrarte aquí, fui a buscarte a tu habitación.

-Eh… Em… puedo explicárselo señorita-dijo mientras ocultaba algo en su falda.

-Eso espero, por ahora solicito que me acompañes ya que necesito de tu ayuda.

-Sí, señorita Chiara.

En un segundo mi esposo se había posicionado junto a mí.

-¿Ha pasado algo malo, Chiara?

-No es nada, sólo necesito de Itzel un momento.

Comencé a caminar rápidamente hacia la cima, seguida por Itzel, mientras que mi marido se quedaba rezagado.

Pronto llegamos al castillo, pero me di cuenta de que realmente había sido estúpido llamarla para interrogarla sobre el cómo era su relación con mi esposo, así que pensé en alguna otra tontería para ocultar la verdadera razón del porque la había llamado.

Entramos a mi habitación y cerré la puerta tras de ella, aunque realmente no hubiese necesidad de ello, ya que la mandaría fuera tan pronto fuera posible; la pobre chica lucía realmente nerviosa, mientras que mi esposo se había mostrado relajado ella se encontraba al borde, me senté frente al tocador y saqué algo de un pequeño cofre.

-¿Podrías…?

-Lo lamento señorita. Se lo explicaré todo. El señor Fernández se ha ofrecido para darme lecciones de lectura y operaciones matemáticas, es sólo que le he pedido que lo ocultara, en espacial a usted, ya que es un poco impertinente de mi parte el querer aprender algo cuando estoy aquí para servir a usted-confesó apresuradamente.

-Bien… Entiendo…-dije un tanto descolocada por la marea de palabras que salió de su boca-. No tienes nada porque preocuparte.

-¿No está molesta?

-En lo absoluto. Te he llamado aquí porque necesito que te asegures de que esta carta llegue a su destinatario- le extendí un sobre-. Pero ya que me lo has contado me gustaría que me dijeras un poco más sobre eso.

-Yo me encargó, señorita- tomó el sobre un tanto dubitativa-. Le diré todo lo que quiera saber.

-¿Dices que se ha ofrecido él?

-Así es, señorita.

-No tenía idea de sus ideas altruistas, mucho menos que fueran a favor de la educación de la mujer. ¿Cómo es que se la ha ocurrido esto? …Disculpa, no era mi intensión asediarte, es sólo que no conocía este lado tan amable y considerado de mi esposo.

-¿De verdar?-preguntó algo confundida y sorprendida-. El señor Antonio siempre ha sido de carácter amable.

-Al hablar así parece que lo conoces muy bien- señalé al percatarme del cambio en la forma de referirse a él y la seguridad en su voz al describir su carácter.

-Ah… Sí… Es…

-¿Qué es?

-El señor Antonio y yo nos conocemos desde la infancia- dijo un tanto tímida-. Pensé que él se lo habría comentado anteriormente.

-¿Es así? A decir verdad no sabemos mucho el uno sobre el otro, así sucede cuando es un matrimonio repentino, pero cuéntame más, ya que es notorio que a él no se le ha presentado la oportunidad para contarme sobre esto me gustaría que me lo contaras, sería bueno saber un poco más sobre la vida de mi esposo antes del matrimonio.

-Mi padre era un criollo que se puso al servició del suyo cuando su familia recién llegó de España, fue como si creciéramos en la misma casa, sus padres permitían a mi hermano y a mí gozar de los privilegios de ser hijos de un hombre de confianza aún a pesar de nuestro mestizaje, nuestra madre era un mujer indígena, pero aún así los señores Fernández nos abrieron las puertas a nosotros y a mi madre, el señor Antonio solía jugar más con mi hermano, pero aún así hacia lo posible por incluirme en sus juegos, cuidó de nosotros como si fuésemos sus hermanos menores.

»Fue poco después del anuncio de su compromiso con usted que mis padres cayeron victimas de una enfermedad y fallecieron. Poco después del entierro nos ofreció a mi hermano y a mí trabajar aquí, dándome como tarea servir a usted, fue en la misma ocasión que me ofreció enseñarme a leer, se le ocurrió que nunca está de más que alguien adquiera conocimiento sobre gramática y aritmética.

-Entiendo, concuerdo con él, nunca esta demás aprender un poco. ¿Te ha gustado aprender?-asintió con timidez-. Ahora que me lo has explicado me gustaría ayudarte también, con el apoyo de ambos seguro que logras avanzar de forma más veloz. ¿Qué dices? ¿Eso te gustaría?

-Por supuesto, señorita.

-Muy bien, entonces vayamos a la biblioteca, me gustaría saber que tanto has progresado.

-¿Ahora?

-Sí. ¿Acaso tienes alguna tarea pendiente?

-No, señorita.

-Una cosa más, Itzel.

-¿Sí?

-Llámame Chiara, solamente Chiara.

-¿Está segura?

-Completamente.

-Como diga.

Fuimos a la biblioteca y pasamos largo rato, el nivel que tenía Itzel era bueno, considerando el poco tiempo que llevaba aprendiendo. Itzel hacía la lectura de una oración larga cuando la puerta se abrió interrumpiéndola, mi esposo entró a la habitación un tanto dudoso.

-¿Chiara?- puso cara de idiota-. ¿Interrumpo algo importante?

-Revisaba los avances que ha tenido Itzel en cuanto a gramática- él sonrió ampliamente-. ¿Necesitaba algo?

-No es nada importante, prosigan por favor- se inclinó para depositar un beso sobre mi mejilla.

Dio la vuelta y salió con una gran sonrisa en su cara, mientras dirigí mi mirada a Itzel que miraba a un punto completamente apartado en su intento de darnos cierta privacidad después de ese intercambio.

Tras terminar con Itzel decidí buscar a mi marido, para hablar con relación a estas lecciones y que pudiera contarme algunas de sus observaciones sobre el progreso de la joven.

-¿Necesitas algo Chiara?

-Quisiera hablar un momento con usted.

-Claro. ¿Sobre qué quieres hablar?

-¿Por qué me ha ocultado lo de Itzel? Es mi dama de compañía, creo que era algo que me concernía- solté más a modo de reclamó en lugar de lo que verdaderamente quería preguntar.

-Eso ha sido porque no fue decisión mía, a pesar de mis intentos por convencerla de que no tendrías mayor problema al decirte ella se negó, sentía vergüenza por aspirar a tener acceso a eso personas adineradas como tú y yo, es por eso que me pidió que no te mencionara nada.

-¿Pero porque debería sentirse avergonzada? Si viene es cierto que parecen ser actividades reservadas para la clase alta no hay nada de malo con que ella quiera aprender.

-Se trata de su posición, debes entender que como mujer mestiza la sociedad la limita en cierta medida, a veces la sociedad se encarga de hacernos creer que simplemente por el color de piel algunos merecen que se les prive de tantas cosas.

Solté un suspiro de resignación, me había metido en un tema que realmente no era algo en lo que tuviera la intención de verme inmersa.

-Lo entiendo, pero que sepa que no por eso me parece menos incorrecto el que me haya ocultado esto-soltó una pequeña risa ante mi respuesta.

-Gracias por tu comprensión ante la situación- me abrazó por la cintura y depositó un beso en mi frente.

-Eso era todo lo que quería decirle. Ahora me retiro.

-Espera. Quisiera pedirte algo.

-¿Podrías dejar de hablarme de usted?-parecía un poco nervioso.

-Sí así lo prefieres.

Me dedicó una enorme sonrisa antes de retirarme.