En 2017 hablamos sobre nuestro empresario adolescente favorito, pero hace cuatro años (uyyy, que fuerte jaja, ¡Qué feo se escucha!) que no subimos un capítulo que involucre miembros de "la pandilla de subnormales" así que…
Yu-Gi-Oh! Y sus personajes le pertenecen a Kazuki Takahashi.
Este capítulo es para mí, porque si bien esta historia lleva ya muchos años esbozada de principio a fin en múltiples libretitas y en mi cabeza, al fin me animé a seguir contándola formalmente en esta plataforma.
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CAPÍTULO 15
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La tenue brisa nocturna se colaba sutilmente entre las traslúcidas cortinas de la habitación, dejando entrever el panorama nocturno. En las lejanías, las titilantes luces provenientes de la orilla opuesta del Nilo se abrían paso entre las sombras de la contemporánea urbe, alzándose hacia lo alto de los majestuosos restos de la civilización ancestral que había ocupado aquellas tierras en el pasado, hasta desvanecerse en la oscuridad del cielo nocturno.
Anzu estiró las piernas dentro de la lujosa bañera de mármol. Las violentas ondas de agua con espuma de baño acariciaron su piel antes de golpetear contra las esquinas de la tina. Agradecía que el cuarto de baño de la habitación de Ishizu contara con una bañera en vez de solamente la ducha; el poder tomar un baño de una manera similar a como lo haría en casa era algo muy reconfortante. Se dio la vuelta entre aquel mar de burbujas, y cruzándose de brazos sobre el límite de la tina, miró a través de las celosías del alargado ventanal que había detrás de la bañera, pensando con sorpresa que esa era la primera vez que le prestaba atención a la vista nocturna desde que se habían alojado en el chalet de los Ishtar.
-"Es como estar despierta en medio de un misterioso sueño…"- Susurró para sí misma, descansando la barbilla sobre sus brazos cruzados.
Observó de reojo el cielo, aquella infinidad de luces de distintas tonalidades titilando dispersas por la colosal extensión del oscuro firmamento. Realmente se sentía como si estuviera soñando; tal vez era a causa del cansancio, pero algo acerca de ese paisaje se sentía intangible, irreal. Y era que, esa noche, Los titilantes reflejos de la iluminación urbana y el destello de las luces provenientes de la bóveda celeste que danzaban sobre la superficie de las oscuras aguas eran el vestigio único de la presencia del solemne río Nilo, reflejando cual espejo todo lo que se cernía sobre él.
Parecía no tener principio ni fin.
-"A estas horas… Si no fuese por el reflejo de las luces, juraría que no está ahí"- Susurró en un tono quedito- "Luce tan fuera de este mundo…"- Terminó, por fin saliendo de su ensimismamiento. El Nilo era un elemento que le seguía causando una gran fascinación, a pesar de haberse convertido en parte de su día a día en aquellos tiempos.
De un rápido movimiento, jaló el cordón de la cortina y ambos extremos se deslizaron hacia el centro del ventanal en arco de intrincadas celosías, cubriéndolo por completo con la traslúcida tela. Se incorporó con rapidez y se envolvió en una acolchada bata de baño antes de salir de la tina. Se detuvo un momento, sintiéndose mareada por el por él súbito cambio que había experimentado después de mantenerse recostada en el agua prolongadamente; cuando por fin pudo enfocar la mirada con claridad, dejó la reconfortante bañera y cruzó la puerta en arco de herradura que daba hacia su alcoba.
Tomó asiento en el banco acojinado junto a la puerta corrediza del balcón y estiró las piernas, sintiéndolas algo pesadas después de lo que había sido un largo día.
A pesar de que había dormido hasta el mediodía, el resto de la tarde había sido bastante ajetreado, en el buen sentido de la palabra. Después de que Marik le echase un vistazo al motor para asegurarse de que la falla no había sido nada grave, los Ishtar los habían invitado a dar un paseo en la lancha que Marik y Atem habían navegado durante la mañana. Al abordarla notó que era mucho más espaciosa de lo que había imaginado cuando observó a los dos muchachos navegándola desde la orilla del río. Al ser ya de tarde, no podían alejarse demasiado, así que se dirigieron río arriba hacia el templo de Esna, el cual se encontraba relativamente cerca. Navegaron entusiastamente por más de una hora, observando los alrededores con fascinación; el contraste entre el azul cielo y las doradas montañas de arena era tan deslumbrante que todos tomaron aquella oportunidad para tomarse fotografías con aquella maravillosa vista de fondo. Anzu había aprovechado para hacerle una pequeña travesura a Atem, quien veía demasiado serio y perdido en sus pensamientos- Puso los ojos en blanco al recordarlo, ya que Atem tendía a verse serio y pensativo la mayor parte del tiempo- Y le tomó unas cuantas fotos sin previo aviso cuando ya se encontraban cerca del templo de Esna. Anzu sabía que era tal vez era de esperarse, pero al mirar de reojo aquellas fotografías, le impresionaba cómo su persona encajaba perfectamente con la atmósfera que lo rodeaba; aquel innegable sentido de pertenencia en el más profundo de los sentidos quedaba inmortalizado en la pantalla de su celular de una manera tan enigmática que no encontraba las palabras adecuadas para explicarlo. Aquel momento de revelación se hizo añicos al darse cuenta el muchacho de lo que estaba haciendo su amiga. Anzu le dedicó una risita traviesa, a lo cual el muchacho simplemente emitió una media sonrisa y puso los ojos en blanco, con lo que se ganó otro flashazo por parte de la muchacha, y una foto increíblemente graciosa, en la cual no se veía menos apuesto en lo absoluto- ¿Cómo se las arreglaba para verse bien incluso con la boca abierta y los ojos cerrados? - y varias risas por parte de Jonouchi. Todo terminó con una ceja arqueada y una miradita asesina por parte del antiguo monarca hacia su rubio amigo.
- ¿Por qué a ella no le pones cara asesina? Yo no hice nada, ¡Es injusto! - Había berreado Jonouchi, jaloneando a Atem por la delgada camisa de lino blanco mientras le lloriqueaba escandalosamente. Atem arqueó las cejas y apretó los labios, dándole unas palmadita en la cabeza, como si de un cachorrito falto de cariño se tratase. Anzu entrecerró los ojos sonriendo maliciosamente hacia el rubio mientras este la miraba con recelo por debajo de su revuelto flequillo mientras Atem seguía consolándolo; de entre todos sus amigos presentes, a los únicos a los que Atem jamás había mirado con ojos asesinos eran ella y Yugi.
De regreso, anclaron la lancha en un muelle público pasando el templo de Edfu para visitar rápidamente un mercado de antigüedades y demás productos locales; no pudieron estar mucho tiempo en Edfu y tampoco pudieron llegar hasta Kom Ombo como habían planeado, ya que habían salido algo tarde de la casa, pero al abordar nuevamente la lancha, en vez emprender directamente su camino de regreso río abajo, dieron vuelta al motor rápidamente para observar el atardecer. Fue algo espectacular presenciar el instante en que tanto el desierto como el río se tiñeron del mismismo dorado del sol al ponerse este en el horizonte, el Nilo reflejando el astro rey y todo lo que se cernía sobre él cual un extenso espejo de bronce. En ese místico momento, Atem levantó una palma hacia el sol, como observando los rayos de luz solar fragmentarse entre sus dedos. Ni Anzu ni nadie, más que probablemente los Ishtar comprendieron el por qué, pero nadie lo cuestionó tampoco.
El crepúsculo se cernía ya sobre ellos, ahogando los últimos vestigios de luz solar, cuando anclaron nuevamente en el pequeño muelle de los Ishtar a las afueras de Lúxor occidental. Había sido un día distinto, sin la presión e incertidumbre que había protagonizado los días anteriores. Pero si bien el ocaso descendía como un telón que dejaba atrás una historia, la caída de la noche, aquel tiempo de renovación anterior a un nuevo amanecer, traía consigo una nueva oleada de inminentes inquietudes.
Como si marcara el fin de una era, y el preludio de algo más.
Anzu observaba su carrete fotográfico con un aire distraído, pero inmersa en aquellas memorias. Se aseguró de enviarle a su madre una fotografía en la que ella y Yugi se veían muy alegres para mantenerla tranquila, ya que no había tenido mucha comunicación con ella durante el viaje. La vida en Japón se sentía tan lejana durante aquellos momentos...
Sintiéndose finalmente cansada del aparato, bloqueó la pantalla y lo dejó boca abajo sobre la mesa, recostando la mejilla en el dorso de su mano. Se frotó la sien con su mano libre, emitiendo un leve quejido. Le ardían los ojos, ¡Y ni qué decir de sus hombros!… El bloqueador solar que había achocado en su maleta de último momento no tenía nada que hacer ante el descomunal poder del sol sobre el reflejo de las doradas arenas. En ese momento un leve tono rojizo coloreaba sus de otra manera muy pálidas facciones.
Aunque también había otro recuerdo del día que le provocaba ardor en las mejillas, de una manera que no tenía nada que ver con insolación.
Sonrió, y tomó la hermosa flor entre sus dedos, dándole vueltas al tallo juguetonamente, perdiéndose en aquel vibrante mar de tonos azules y purpúreos sin evitar sonreír con calidez al recordar el rostro del chico al momento de acomodar dicha flor entre sus castaños cabellos.
El joven la había mirado por debajo de aquellas largas y gruesas pestañas negras, al tiempo que le sonreía de una forma tan…
...
Sus dedos detuvieron el juguetón movimiento que ejercían sobre el largo y delicado tallo de la flor. Anzu cerró los ojos sin siquiera percatarse de su acción, y una vez más volvió a perderse en la profundidad de aquellos deslumbrantes ojos de borgoña carmesí. La joven no se sentía capaz de encontrar la palabra adecuada para describir la sensación que Atem había provocado en su ser durante ese efímero instante en el cual la había mirado con tanta intensidad, tanta dulzura...
Sin embargo, en la profundidad de aquellos cálidos orbes borgoña, se asomaba un tinte de algo más.
Algo incontenible, poderoso, abrumador…
Pero al mismo tiempo, tan enormemente reconfortante.
Nunca había visto atisbo de una expresión como aquella en el muchacho, ni siquiera cuando compartía cuerpo con Yugi.
…
-"Te sienta bien…"-
…
Había susurrado con voz tenue, profunda; tan sutil como una caricia de la cálida brisa que rozaba los cuerpos de ambos mientras se mantenían de pie en aquellos escalones frente a la ribera del Nilo.
La joven apretó los párpados y se estremeció violentamente, de una manera que no tenía relación con la temperatura nocturna, en absoluto. Sólo segundos después, a pesar de que no había nadie ahí presente para mirarla o juzgarla, sintió vergüenza, culpabilidad.
-"Uh…"- Gimió para sí misma, dejándose caer hacia el frente hasta apoyar la frente contra el frío vidrio del ventanal al darse cuenta de que estaba histérica por lo que obviamente sólo había sido un gesto amistoso por parte del muchacho. Sólo había dos chicas presentes en aquella casa, Ishizu y ella; lo más probable era que Atem, al ver que Marik recibía a Ishizu con un bonito detalle, no quiso que ella se sintiese excluida, y por eso cogió aquella flor y se la obsequió al regresar. Pero definitivamente no había ningún motivo para que los latidos de su corazón la ensordecieran al recordar la sensación del sutil roce de las yemas del muchacho contra su cabello, no había razón alguna en absoluto para que las rodillas se le debilitaran con solo recordar el tono de su voz, y tampoco tenía sentido que de un momento para otro le hirviera la sangre, acalorando la totalidad de su cuerpo cuando hacía apenas unos minutos había tomado un baño. Tenía que controlarse.
Si era sincera consigo misma, Atem, de alguna manera, le hacía sentir miedo.
Le daba miedo lo mucho que que la podía hacer sentir su simple presencia en el mundo.
Su media sonrisa, la gentil manera que tenía de mirarla, el profundo timbre de su voz, que a la vez era tenue como una caricia al pronunciar su nombre… Pero, sobre todo, el saber que respiraba, que su corazón latía, el tenerlo a su lado nuevamente, vivo… Aquel pensamiento la inundaba de una calidez que le era sumamente necesaria en ese momento, sobre todo durante las noches.
Las noches se habían convertido en una hora temible para la joven de unos días a la fecha. Ya que, durante aquellos momentos en los cuales se quedaba sola con sus pensamientos y le entregaba su cuerpo al cansancio, una angustia inmensurable le invadía el pecho, inmovilizándola, helándole la respiración. Aquella sensación siempre llegaba acompañada de bizarros sueños, como malos augurios que la acechaban desde las sombras, esperando el momento ideal para…
…
Abrió los ojos súbitamente, sin recordar haberlos cerrado. Después, se incorporó casi en automático hasta quedar sentada.
A pesar de estar exhausta, no se sentía capaz acostarse e intentar dormir aquella noche. Le aterraba la posibilidad de experimentar aquellos horribles sueños sin sentido y aquel dolor punzante como una daga palpitante en lo más profundo de su pecho al despertar. Aún no estaba segura de qué le podría estar provocando tantas malas noches consecutivas, pero algo le decía que la presente noche no tendría mejor suerte que las anteriores.
Inclusive, podría jurar que se sentía más inquieta que antes…
La joven suspiró, y tras admirarla por última vez, introdujo la flor de loto azul en un folleto que había dejado sobre la mesa y colocó su celular encima, ejerciendo presión sobre ella; era la única manera en la que podría conservarla, aún después de que marchitase por completo.
Tal vez, inconscientemente, sentía incertidumbre por el día que se avecinaba, el sol saliera y un día nuevo comenzara oficialmente. ¿Cómo serían las cosas a partir de ahora? Se preguntó a sí misma, soltando el celular y cruzando las manos sobre su regazo.
En unas horas, Ishizu llevaría a Atem al aeropuerto de Luxor, con el fin de evitar su paso por el ajetreado sistema de migración y asegurarle un regreso más tranquilo a Japón, sin tener que improvisar demasiadas explicaciones.
Sabía que eso era lo mejor para su amigo, pero, sería la primera vez que sus caminos se separarían desde que lo rescataron.
Sintió el galopar de su corazón contra su pecho, resonando estruendosamente en sus tímpanos ante ese pensamiento. Aún no sabía de qué manera justificar ni controlar aquella angustia que la carcomía; de alguna manera, las cosas habían sido favorables para Atem y para todos…
Demasiado favorables…
Hasta el momento.
Una punzada particularmente violenta provocó que se llevara una mano al pecho instintivamente. Respiró profundamente, en un intento desesperado de deshacerse de la molestia. La noche aún era joven, pero aquel descontrolado y arrítmico latido ya había comenzado a atacarla. Sabía que debía de hacer algo para mantener la cordura; era como sentirse enferma todo el tiempo.
Estaba segura de que la respuesta no era acostarse a dormir. Por supuesto que no… Sabía cómo terminaría aquello.
La joven cerró ambas manos en dos puños y se incorporó en un solo movimiento. Al tocar la piel de sus desnudas plantas el frío suelo de losa roja, una intensa corriente de adrenalina atravesó su cuerpo como si de un relámpago se tratase; el viento nocturno acarició su rostro, y se sintió más despierta que nunca. Lentamente deshizo la tensión que mantenía ambas manos en puños, y presionó las yemas de sus delicados dedos sobre el marco de la ventana corrediza, mirando nuevamente el panorama frente a ella.
-"Sería una locura si…"- Susurró para sí misma con la mirada perdida en el horizonte.
X
Le dolían los músculos de las piernas como si hubiese entrenado por días en los lugares más recónditos del desierto, cuando en realidad sólo había sido un día más o menos ocupado. Sentía algo de frustración por el hecho de que el pequeño recorrido por el que los Ishtar los habían llevado como despedida lo hubiese cansado a tales extremos. Gracias a sus recién recuperados recuerdos, conocía sus límites perfectamente, por lo que le resultaba exasperante el hecho de sentirse tan oxidado. Pero muy en el fondo de su ser, sabía que sus amigos tenían razón…Tenía que aprender a tenerse paciencia a sí mismo. Decidió que intentaría dejar de pensar en ello y se enfocaría disfrutar la suave textura de las sábanas de algodón y la comodidad de las almohadas de plumas; el pijama que Rishid había hecho el favor de comprarle junto con el resto de la ropa que había estado usando era ligero y cómodo; sus dedos jugueteaban con la tela de los pantalones azul medianoche, sintiendo la textura mientras esperaba, expectante.
-"Ya regresé"- Se escuchó la voz del joven de ojos violeta resonar desde el pasillo que conducía al baño de la habitación.
Atem se incorporó levemente sobre la cama, adoptando una posición sentada.
Había estado a punto de recostarse para intentar dormir un poco, pero instantes después de haberse acomodado entre las sábanas, Yugi le pidió que aguardase un momento. El anterior monarca levantó una ceja y sonrió ante la expresión de su amigo; conocía bien esa cara, tenía algo en mente y era algo que consideraba importante.
-"Perdona por hacerte esperar. Debes de estar tan cansado como yo, huff"- Exhaló exageradamente, haciendo reír a Atem. El chico sujetaba algo con ambas manos, el objeto le parecía demasiado familiar al anterior rey.
Atem sonrió- "No te disculpes"- Le dijo a su amigo. Le dio una palmadita al colchón justo al lado suyo, invitando a Yugi a acercarse a él.
El duelista número uno del mundo se sacó las pantuflas en dos movimientos, y con ayuda de una mano se echó sobre la cama y se deslizó hasta quedar junto a Atem en una posición sentada. Enseguida, cruzó las piernas sobre su regazo y cubrió aquel objeto dorado con ambas manos, al tiempo que le sostenía la mirada a su anterior otro yo, apretando sus labios en una inocente sonrisita.
-"Puedo ver claramente que escondes algo"- Le dijo Atem, ladeando el rostro traviesamente. Yugi dejo caer el rostro en expresión de derrota mientras retiraba lentamente las manos del objeto. Pronto alzó la mirada nuevamente. Su rostro se tornó expectante, esperando la reacción del egipcio.
La mirada de Atem se profundizó al instante.
-"El cofre del rompecabezas…"- Murmuró Atem, más para sí mismo que para Yugi. A pesar de que el objeto fue una constante en la vida que había compartido con Yugi, aún le impresionaba lo bien conservado que se encontraba aquella cajita de oro macizo que había conocido en su infancia tres milenios atrás.
Yugi sonrió y asintió levemente mientras jugueteaba con la cajita, sintiendo los pulcros detalles del grabado en altorrelieve con las yemas de sus dedos – "Ha sido el mejor contenedor de baraja que he podido tener"-Comentó con sinceridad, removiendo la tapa cuidadosamente. A continuación, el chico acercó el objeto hacia su amigo, deslizándolo sobre la superficie de la cama.
Al mirar al interior del contenedor, Atem se percató de que dentro de aquella cajita había cartas de duelo de monstruos, como era usual. Sin embargo, algo le decía que el mazo ahí presente no era el que había creado Yugi la noche anterior al duelo ceremonial.
-"Después del duelo… De alguna manera, tu mazo regresó hacia mí"- Murmuró Yugi, desviando la mirada y encogiéndose de hombros – "Me di cuenta justo después… Durante nuestro trayecto al aeropuerto de Luxor"- Hizo una pausa, exhalando- "Tomé el cofre, y al abrirlo…- Frunció el ceño, esbozando una leve sonrisa- "Me sorprendió muchísimo darme cuenta de que no estaba vacío"- Explicó el chico, riendo nerviosamente- "No entiendo cómo es posible, pero supongo que habrá sido a causa de…"-
-"La magia del ritual"- Terminó Atem, asintiendo- "El mazo en realidad siempre se mantuvo en tu posesión. Lo que yo hice fue invocar a los espíritus de las cartas…" - Explicó con algo de aprensión- "Gracias a la magia ceremonial del duelo"- Terminó. Aún le impactaba la manera en la que Yugi aceptaba con naturalidad cualquier explicación sobrenatural si venía de sus labios; sabía que el chico tenía una confianza inmensurable en él.
Eso era algo que jamás terminaría de agradecerle.
Yugi sacudió la cabeza- "Vaya… sabía que había lógica en lo que yo pensaba"- Rio nerviosamente, llevándose una mano a la nuca- "Entonces"- Se aclaró la garganta- "Es hora de hacerte entrega formal de estas cartas, en su forma... hum"- Titubeó- "¿Real?" – Dijo, arqueando una ceja al tiempo que le echaba un último vistazo a la cajita. Ambos rieron por unos instantes - "En cuanto me percaté de que las tenía, eso fue…"- Negó con la cabeza, dejando su frase a medias y tragando saliva nerviosamente- "¿Sabes?, Incluso, me parece que estaban de la misma manera en la que tú las dejaste antes de nuestro duelo, mou hitori no boku"- Terminó el joven.
De pronto, el ambiente se tornó serio una vez más. Ambos muchachos contemplaban el contenedor con algo de nostalgia.
-… El mazo que construimos juntos…- Pensó Atem al ver la pila de cartas boca abajo.
El anterior rey de Egipto frunció los labios y levantó la mirada hacia su amigo.
-"Yugi"- Comenzó con voz suave, al tiempo que colocaba una palma delicadamente sobre la muñeca de su amigo- "No tienes que hacerlo…"- Le sonrió tenuemente- "Estas cartas te pertenecen a ti, este mazo que armamos juntos es tuyo…"- Le aseguró- "Yo ya no tengo una razón para luchar en este mundo"- Se encogió de hombros- "No necesito blandir una espada…"- Le recordó.
¿Qué significado tendría ahora el duelo ceremonial si volvía a poseer su arma de combate?
-"Yo sé que ya no las necesitas para pelear"- Contesto su amigo, con un nudo en la garganta- "Pero…"- Lo miró con ojos suplicantes- "Has puesto tu alma en armar este mazo…"- Sonrió con ojos vidriosos.
Atem sonrió. Yugi había armado un nuevo mazo a lo largo del tiempo que habían luchado juntos, uno que era exclusivamente suyo; sabía que aquel gesto no significaba que el joven duelista quisiera deshacerse del mazo que construyeron juntos, o que no tuviera un fuerte vínculo con las cartas que representaban su lucha juntos. Yugi más que nadie sabía lo valiosos que eran los vínculos creados por medio de una baraja. Atem pensó que tal vez aquel impulso podría tratarse de un gesto inconsciente del muchacho en búsqueda de independencia. De pronto, el anterior faraón se sintió sumamente nostálgico, no por su vida pasada como faraón, sino por los días tempranos de su amistad con Yugi; sintió un orgullo inmensurable al ver cuanto había crecido su amigo, al igual que siempre estaría infinitamente agradecido por la manera en la que Yugi lo había ayudado a crecer de igual forma.
- "Es el símbolo de nuestro viaje juntos, y también significan muchísimo para mí…"- Aceptó el muchacho, cerrando los ojos de manera solemne al tiempo que descansaba su palma sobre la pila de cartas- "Si tú hubieras…"- Titubeó, disintiendo con la cabeza casi imperceptiblemente- "Si no estuvieses aquí ahora, jamás pensaría en separarme de ellas…"- Sonrió cálidamente, en su mirada había cierta melancolía, delatando que el chico había pensado por un instante en cómo se sentiría si su antiguo otro yo realmente hubiera partido al más allá – "Pero en esta situación…"- Sonrió cálidamente- "En verdad siento que lo correcto es que permanezcan a tu lado…"
Las facciones de Atem se ablandaron al observar el rostro de su amigo mientras pronunciaba aquellas palabras. Cerró los ojos por un instante, sonriendo; tal vez Yugi tenía razón, aquellas cartas eran el vestigio del viaje que acababa de llegar a su fin, pero en su corazón, en el fondo, Atem seguía siendo un duelista después de todo.
-"Aibou…"- Susurró muy quedito.
-"Aunque, en teoría, todas las cartas que tenemos nos pertenecen ambos"- Rio Yugi entre dientes, intentando aligerar el ambiente- " Si quieres, puedes modificar tu mazo con nuestra colección en cualquier momento, mou hitori no boku…"
-"Está bien, entiendo"- Le respondió a su amigo, acercando una mano y tocando nuevamente la parte superior del recipiente. - "Estas también siguen siendo tuyas, aunque estén en mis manos, Aibou"- Le dijo, sonriendo tenuemente al hacer contacto con el contenedor de aquellas cartas junto a las cuales había luchado para recuperar su identidad- "Es extraño decirlo en voz alta"- Rio un poco- "Pero lo cierto es que no creo volver a jugar profesionalmente…"- Frunció el ceño, mirando el mazo con sentimiento- "Aun así…-"
Yugi lo miró, entendiendo a que se refería. Tomó las dos primeras cartas del mazo boca abajo entre sus dedos.
-"Aun así, jiichan y tú siempre me enseñaron que hay algo en ellas que trasciende al juego… Que su valor está en lo que significan para nosotros…"-Tragó nerviosamente- "Inclusive, algunas de ellas tienen alma…"- Mientras hablaba, le dio la vuelta lentamente a las dos cartas que sostenía entre su dedo índice y pulgar.
Atem miró en silencio las cartas que ahora sostenía su mano derecha.
-"Yo sé que te gustaría tenerlos contigo…"- Afirmó, enseñándole las caras ilustradas de las cartas para después deslizarlas rápidamente entre los dedos de su amigo.
Yugi le había entregado las cartas del mago oscuro y de la maga oscura
-"Esas definitivamente deberían permanecer a tu lado"- Dijo su amigo, esbozando una sonrisa triste- "Ahora comprendo que siempre fue el destino que llegaran a nuestras manos…"- Cerró los ojos por un instante- "Incluso, eran las únicas que se encontraban boca arriba cuando abrí el cofre"- Sus orbes violetas lo miraron con fascinación- "Sentí que era una señal… Fue como si…"- Cerró los ojos y negó con la cabeza- "Ahora estoy seguro de que intentaban decirme que tú aún estabas entre nosotros…" -Sonrió solemnemente -"Ellos fueron los que nos llevaron hacia ti…"
Atem observó detenidamente ambas cartas. La expresión del chico se ablandó, su cálida mirada trascendió más allá de los dibujos de duelo de monstruos para ver por un instante a sus mejores amigos de la infancia reflejados en las tarjetas. Ahora que recordaba quienes habían sido, aquellas cartas eran aún más preciadas para él. Frunció los labios en una tenue sonrisa nostálgica y después de unos momentos colocó ambas cartas en el cofre junto con el resto de su mazo, observándolas por algunos instantes más. Sus amigos del pasado habían confiado en sus amigos del presente para rescatarlo de aquel sueño milenario. Ni tres mil años, ni él pertenecer a un plano existencial completamente opuesto al que él habitaba se en ese momento podrían romper ese inquebrantable vínculo.
-Mana, Mahado…-
Orientó su mirada hacia la otra persona con la cual había creado un lazo incondicional, trascendiendo las barreras de tiempo.
- "Yugi… Gracias"- Le dijo de corazón, asintiendo levemente con la cabeza y apretándole la muñeca con afecto.
Yugi le sonrió ampliamente- "No necesitas agradecerme nada de nada"- Canturreó alegremente, mientras colocaba la tapa del cofre sobre este para después estirarse hacia el frente y asentarlo en la mesita de noche de Atem. Después posó una mano sobre la muñeca del joven egipcio, su expresión cambiando repentinamente al ejercer dicha acción.
-"Se que ya te lo he dicho varias veces, pero no me cansaré de repetirlo…"- Yugi sonreía cálidamente, pero con los labios apretados, como si pudiese comenzar a llorar en cualquier momento -"Me alegra que estés aquí, mucho…"- Miró hacia abajo por un segundo, al tiempo que le daba un apretón firme pero gentil a su brazo. Instantes después lo miró nuevamente a los ojos- "Se que todo esto no es lo que esperabas cuando cruzaste ese portal hace unos días…"- Frunció el ceño y sonrió algo avergonzado.
Atem separó los labios para preguntarle a su amigo por qué parecía que se disculpaba por algo en lo que no estuvo involucrado en absoluto…
-"Pero Atem"…- Yugi sostuvo su brazo con más fuerza, como si hubiera visto hacia su interior e intentara hacerlo sentir seguro, tranquilo -"Lo has estado llevando muy bien… ¡Eres… realmente muy fuerte!"- Le sonrió cálidamente- "Si fuese yo en tu lugar, dudo que pudiese sobrellevarlo de la misma manera…"- Agregó con vergüenza. La mirada del anterior rey se ablandó ante tal confesión por parte de su compañero del alma.
Por un momento, se había sentido como si el vínculo entre sus mentes continuara activo. Yugi realmente comprendía por lo que estaba pasando, incluso si no lo sentía en carne propia.
El joven rey de los duelistas continuó antes de que Atem pudiese decir algo.
-"Se que puede sonar algo egoísta, pero…"- Frunció los labios antes de continuar- "Realmente me alegra que podamos estar juntos de esta manera"- Sonrió tristemente- "La verdad es que todos lo estamos"- Sonrió- "Siempre existiría un vacío en cada uno nosotros sin ti… Simplemente no sería lo mismo, ¿Sabes?"- Terminó el joven, casi en un susurro, desviando la mirada ligeramente hacia las sábanas.
-"Aibou…"- Exhaló Atem, disintiendo levemente. Su expresión se tornó lúgubre, abatida. Apreciaba demasiado las palabras de Yugi, pero, muy dentro de su ser, Atem era consciente de la cruda realidad. Una parte de él se rehusaba a aceptarlo, luchaba contra ese pensamiento casi en todo momento desde que había despertado en aquel hospital…
Pero al final del día, sabía que era verdad, que aquella vocecilla en lo más recóndito de su ser diciéndole que él no debería estar ahí tenía razón…
Que probablemente sus amigos estuvieran mejor sin él.
Frunció el ceño con frustración, intentando rechazar aquel pensamiento intrusivo al instante. Aquella presión punzante en el pecho comenzaba a sofocarle lenta y tortuosamente de nuevo, justo como el día anterior.
…
Yugi, alarmado, notó al instante la expresión decaída en los nublados ojos de su antiguo otro yo, junto con el drástico cambio en su respiración.
…
-"!Es verdad¡"-
Le aseguró, mirándolo con ojos suplicantes, en un intento de reafirmarle sus sentimientos. Atem intentó apaciguar su desolada expresión al mirar a su compañero, sintiéndose aun ligeramente agitado.
Yugi dejó caer los hombros.
- "No tienes idea de cómo han mejorado los ánimos de los chicos desde que dijiste que regresarías con nosotros a Japón…"- Yugi emitió una risa quedita y cerrando los ojos dulcemente, hizo una leve pausa. Le impresionaba que alguien tan grandioso como su antiguo otro yo llegase a subestimarse tanto en ese aspecto; realmente Atem no dimensionaba el impacto que había tenido sobre él y el resto de sus amigos, en especial…
…
- "En especial Anzu…"- Pronunció en voz alta antes de detenerse a considerarlo dos veces. Segundos después de que aquellas palabras abandonaran sus labios, Yugi abrió los ojos de par en par, sobresaltado, percatándose de que había hablado en voz alta y sintiéndose claramente sacudido por el repentino impulso que lo había llevado a pronunciar aquella frase. No había sido su intención vocalizar ese pensamiento de aquel modo tan repentino, pero comprendió al instante que la intensidad del momento lo había impulsado a expresarse de aquella manera tan abierta.
Aun así, no estaba seguro de que hubiese sido lo correcto en aquella situación.
-Aunque…-
No estaba mintiendo. Aquel pensamiento logró apaciguarlo hasta cierto grado.
Lentamente, entornó su mirada hacia su amigo hasta fijarla en sus ojos. Intentó mantenerse sereno, pero más bien se encontraba en un estado completamente expectante, con el pulso a la altura de los oídos, ensordeciéndolo, ansioso por observar la reacción de su compañero.
…
El corazón de Atem se saltó un latido al escuchar las palabras de su amigo acompañadas de aquella tranquila, pero a la vez intensa expresión en sus ojos.
Y fue entonces cuando Yugi volvió a presenciarlo. Aquello que no había percibido anteriormente en Atem, ese algo que había cambiado en él en relación con Anzu.
Porque para cualquier otra persona hubiese pasado desapercibido, pero Yugi fue capaz de advertir el ínfimo instante en el que la mirada de Atem se intensificó desmesuradamente, expresión que fue acompañada de una entrecortada y temblorosa exhalación al escuchar el nombre de su amiga.
-"Anzu…"- Murmuró Atem ausentemente, frunciendo el ceño y desviando la mirada hacia las sábanas.
Por un instante que se sintió como una eternidad, su memoria logró arrastrarlo sin piedad a aquella desolada escena en el oscuro pasillo del barco un par de noches atrás. Segundos después, la sensación de la mirada de Yugi sobre él lo aventó de vuelta a la realidad, y Atem se percató al instante de que había reaccionado de manera intensa e involuntaria ante la mención de la joven. A pesar la conmoción interna que lo invadía hizo un esfuerzo por regular su entrecortada respiración y recuperar la compostura al instante.
Los labios de Yugi se curvaron en una media sonrisa antes de que el anterior rey pudiera levantar la mirada.
Lo sabía.
Definitivamente la joven movía a su compañero de alma de una manera distinta ahora. Estaba seguro de haber notado algo peculiar en la mirada de Atem cuando se la mencionó durante la mañana, antes de partir con los Ishtar, sin dejar de lado que, después de que Atem y Marik regresaran de su expedición por el Nilo, cuando Yugi lo dejó a solas con Anzu para apaciguar el pleito entre Jonouchi y Honda, pudo observar algo de la interacción entre ellos desde la distancia.
Como el momento en el que Atem colocaba una flor en el cabello de la chica, e incluso después de que una Anzu muy radiante trotara hacia él y sus demás amigos, Atem se había quedado en su sitio unos momentos más. Yugi logró observarlo a pesar de que la castaña había impactado juguetonamente contra él, distrayéndolo. El joven parecía intentar ocultar una sutil sonrisa tras una pose cabizbaja y desentendida, pero Yugi había notado la manera en la que se mordía el labio inferior intentando esconder aquella sonrisa...
Esa clase de sonrisa que nunca había visto en Atem, era algo más que una sonrisa de felicidad; estaba seguro de que jamás había observado atisbo de una expresión tan intensa y pura en el rostro de su amigo.
Sospechaba que Jonouchi había notado algo también, ya que le el rubio le había propinado un codazo a Honda en las costillas cuando quiso bromear sobre ella y Atem.
.
.
…
-Anzu y Atem…- Canturreó el castaño- Sentados frente al Nilo, b-e-s-a-n…
Yugi se quedó pasmado en su sitio, mirando en dirección a su amiga discretamente. La joven, más roja que un atardecer egipcio, parecía estar a punto de explotar contra su castaño amigo cuando…
-¡AUCH!-
Jonouchi había llevado una mano a la boca de Honda antes de que pudiera seguir canturreando, clavándole un codo en el costado derecho al mismo tiempo.
-¡Ya cállate pico de pato!- Gritó Jonouchi- ¡A menos que quieras morir!- Agregó en un tono más lúgubre, riendo macabramente al oído del muchacho mientras este forcejeaba por liberarse.
-P-PEROO- exclamó Honda, en un gemido ahogado por la palma de su amigo. Acto seguido el castaño le lamió la mano a su rubio compañero, ocasionando que el chico hiciera una mueca de asco y lo soltara- ¡¿Me estás amenazando?!- exclamó, cerrando ambas manos en puños y adoptando una posición de batalla.
El rubio se limpió la mano sobre la camisa de su amigo, y antes de que este pudiera replicar, le pasó un brazo por la espalda para acercarse a él y susurrarle al oído tras su palma.
-Qué no ves que ahí viene Atem, y si te escucha …- Carraspeó Jonouchi, ligeramente ruborizado y un tanto ansioso al ver que su amigo se acercaba lentamente a la escena- ¿Realmente quieres molestarlo, sabiendo por todo lo que ha pasado durante estos días? - Sonrió con incomodidad- Además…-
El rubio orientó la mirada hacia donde se encontraban Yugi y Anzu por un fugaz instante, mientras que el castaño, inmovilizado por su compañero, dirigió los ojos hacia el par. Yugi simplemente ladeó el rostro y le sonrió a Jonouchi, cerrando los ojos dulcemente, mientras que una sonrosada Anzu desviaba la miraba hacia el suelo, mordiéndose el labio inferior de manera ansiosa y tocándose discretamente el cabello, cerca de donde tenía prendido el loto azul. Yugi pensó que tal vez debería de decirle algo a Anzu, que no se agobiara, que Honda sólo estaba jugando… Pero antes de que pudiera hacerlo, Atem llegó a la escena del crimen, caminando lentamente y observándolos con expresión perpleja al pasar junto a ellos. Yugi lo miró, notando que había logrado disfrazar la expresión que logró observar en él instantes atrás al llegar a la terraza techada de los Ishtar.
El joven egipcio arqueó una ceja.
-¿Qué pasa?- Preguntó con aire ausente, tomando una de las toallas que había dejado Ishizu en uno de los muebles y echándosela sobre el cabello con desinterés, escaneando rápidamente con la mirada a sus amigos y deteniéndose en Anzu unos cuantos instantes de más. La joven, aún ruborizada, lo miró con dulzura, sonriendo de manera tenue y serena, tal vez en un intento de camuflar la situación.
-Naaaaaaada, nada- canturrearon Honda y Jonouchi, nerviosos ante la cuestionante mirada del anterior rey, abrazándose entre ellos y esbozando un par de sonrisas lobunas para nada convincentes.
Atem desvió la mirada hacia el suelo por un ínfimo instante, imperceptiblemente ruborizado, pero no para quien mejor lo conocía.
Se encogió de hombros.
-Está bien- les sonrió levemente a los causantes del alboroto, para después guiñarles un ojo a Yugi y Anzu antes de entrar a la casa.
…
.
.
Yugi juntó los labios en una sonrisita furtiva, apretando los ojos en un intento de mantener la compostura y de camuflar su reacción. Tenía que admitir que observar al usualmente hermético Atem luchar por disimular sus reacciones era bastante divertido; normalmente, él era el único que podía notar los cambios de expresión en el antiguo faraón, aunque aquel tipo de reacciones no era algo que estuviese acostumbrado a presenciar en su compañero.
Suspiró, entornando la mirada nuevamente hacia su perplejo amigo.
En realidad, aún no estaba seguro de que realmente estuviera sucediendo lo que intuía que estaba sucediendo, pero era claro que ahora la joven ocupaba un lugar más elevado en el corazón de Atem. Y extrañamente, a pesar de sentir cierto vacío en su pecho, una misteriosa especie de alivio lograba eclipsar casi por completo el primer sentimiento.
El joven duelista sonrió para sus adentros. El corazón palpitaba galopante contra su pecho, capturado por la intensidad del momento. No estaba seguro de entender sus propios sentimientos en ese preciso instante. Aquella punzada en su interior se extinguía con rapidez al recordar la expresión de felicidad pura esbozada en el rostro de su hermano. Sabía que tal vez se lastimaría a sí mismo como consecuencia, pero al mismo tiempo, su voz interior le imploraba que dijera algo…
Supuso que no perdía nada con insistir sólo un poco más.
-"La noche antes de nuestro duelo…"- Comenzó, inseguro- "Ella estaba realmente triste, creo que, como todos, Anzu sentía que el duelo era una conclusión demasiado apresurada a nuestro tiempo juntos, mou hitori no boku"- Yugi frunció los labios en una triste sonrisa- "Era muy duro verla así…"- Confesó en tono quedito, con la voz cargada de emoción - "Aunque todos decidimos darle prioridad al duelo antes que a nuestros sentimientos, incluso ella…"- Recordó con tristeza y arrepentimiento el momento en que la joven dejó su camarote la noche anterior al duelo ceremonial con aquella sonrisa de entusiasmo fingido, y el rostro sombrío y ojos nulos de energía al pensar que Atem se había marchado para siempre unas horas después.
Por su parte, Atem cerró los ojos con pesar. Entendió que Yugi hacía referencia a la visita de Anzu aquella noche, de la cual el no debería de saber nada. No tenía idea de que contestarle a su amigo si se lo decía directamente. Era incapaz de fingir que no lo sabía, que no había experimentado en carne propia aquel momento del pasado el día anterior, sólo unas noches después de que hubo sucedido en la realidad.
Sintió el desesperado impulso de confesarle a Yugi que sabía de la visita, que incluso la había visto bañada en lágrimas afuera de su habitación cuando su amigo ya no podía observarla, que presenció aquel momento tan frágil de la joven cuando ya no tenía que ser fuerte por el bien de sus amigos, por su bien…
Pero aquello conllevaría a no una, si no dos pláticas más complicadas, y al menos tenía que ser sincero consigo mismo.
No se sentía listo.
Mientras tanto, Yugi observaba detenidamente la melancólica expresión en los profundos ojos de su amigo. Frunció el ceño, analizando la situación; segundos después, decidió que tal vez estaba presionando demasiado algo que tal vez era difícil de asimilar, o duro de lidiar por el momento. Podría percibir un torbellino de abrumadoras emociones emanar del conmocionando amigo que quería como si fuese su hermano de sangre.
Sintiendo que tal vez había ido demasiado lejos, decidió dejar las cosas ahí por el momento. No había querido inquietarlo, pero por alguna razón, sintió que lo correcto había sido por lo menos intentar decirle…
Ya que, aquella fatídica noche no muy lejana, Anzu había acudido a su camarote con claras intenciones de hablar con Atem, pero las circunstancias eran demasiado delicadas en ese entonces, y Yugi, aunque le doliera rechazar la silenciosa petición de su mejor amiga, se había forzado a darle prioridad al duelo, a que tanto su corazón como el de su otro yo permanecieran enfocados en la batalla sin turbar sus emociones más de lo que ya se encontraban. Sabía que como consecuencia había herido a Anzu, orillándola a desistir antes de que la muchacha pudiera concretar su intención de hablar con Atem. Pero en aquel instante, al fijar su mirada en la de la muchacha antes de que esta inventara una excusa para salir de la habitación, pudo ver en sus azules ojos que ella había entendido perfectamente, que estaba de acuerdo en dejar sus sentimientos en segundo plano…
Pero ahora, la situación era completamente distinta. Yugi había insinuado el sentir de Anzu impulsivamente, pero la realidad era que ya no existía ningún inconveniente para ocultarle a su antiguo otro yo sobre aquella noche.
Y había estado a punto de confesárselo, hasta que notó la abatida apariencia abatida de su compañero al hacer alusión a los sentimientos de la joven. Sí, lo mejor era detenerse antes de que pudiera infligirle una carga de consciencia más abrumadora…
Por otro lado, algo le decía que traicionaría la decisión de la joven, quien continuaba reprimiendo lo que sentía, si le dijera a Atem las cosas tan abiertamente.
Supuso que lo más sabio sería no actuar impulsivamente. Sus dos amigos descifraran las cosas por sí mismos, seguramente…
A decir verdad, igual él tenía mucho en que pensar.
Al menos, había logrado ver aquel brillo en los ojos del antiguo faraón una vez más.
¿Qué era lo que sentía en realidad su antiguo otro yo?
Le sonrió a su amigo del alma con comprensión.
-Poco a poco- Pensó, entendiendo que Atem necesitaba más tiempo.
Él, Anzu… Todos, a decir verdad.
-"Entonces…"- Habló para recuperar la atención del egipcio- "Espero que sepas lo mucho que significas para nosotros…"- Terminó. La expresión de Atem se tornó más serena al cambiar Yugi el rubo de la conversación.
Atem dejó caer los hombros y sonrió con dulzura.
-"Por supuesto"- Murmuró con voz quedita.
Yugi sonrió ampliamente, tomándolo de la muñeca nuevamente, ocasionando que su amigo se sobresaltara ligeramente.
- "Gracias por darnos la oportunidad de acompañarte en esta nueva vida, Atem"- Le dijo Yugi, de corazón - "Te prometí que haría todo lo posible para que seas feliz"- Repitió la promesa del día anterior con convicción- "Jamás olvides que yo estaré siempre para ti en todo momento, como tú lo has estado para mí"
De pronto, Un sentimiento de culpabilidad de apoderó de Atem, agobiándolo. El tacto de su amigo sobre su muñeca se volvió pesado. No intentó zafarse, en cambio, lo miró ligeramente boquiabierto durante algunos instantes, sin saber cómo contestar. Seguía algo turbado desde que Yugi había tocado el tema de la noche antes del duelo, momento que le había carcomido el alma desde aquel "sueño" la noche anterior; si bien su compañero no se lo había dicho directamente, cosa que de cierta manera agradecía, Atem podía asumir claramente que estaba haciendo referencia a la visita de Anzu. Al mismo tiempo, sintió una calidez acogedora al asimilar las palabras de su amigo sobre lo mucho que significaba su estancia en el mundo actual para sus amigos, para Yugi, para ella…
Pero, por otro lado, la sensación de algo siniestro cernirse sobre sus hombros, como un perverso espectro observándolo desde la distancia cada vez que se permitía disfrutar su nueva realidad. Sus sentimientos estaban hechos un lío. Estaba consciente de que la expresión que proyectaba su rostro en ese instante podría ser confusa para su compañero del alma, no era que no le causara felicidad poder tener una vida normal junto a Yugi, era algo más…
Tragó instintivamente y esbozó una leve sonrisa. Sus labios pronunciaron las únicas palabras que en le parecían correctas, las únicas que podía emitir con plena sinceridad y seguridad en aquel momento.
-"Gracias, Aibou"-
Yugi sonrió de vuelta, frunciendo levemente el entrecejo. Tal vez para cualquier otra persona ese leve instante de dubitación no hubiese sido evidente en absoluto, pero Yugi conocía a Atem de una manera en que las demás personas probablemente jamás lo harían. Decidió dejarlo pasar por el momento, aunque le causara algo de intranquilidad; ya habría tiempo de hablar después. Seguramente no era buena idea agobiarlo a unas horas del nuevo día que les esperaba; ambos debían descansar para lo que les deparaban sus respectivos viajes, y su inminente llegada a Japón.
-"Estaremos bien"- Le aseguró, intentando aliviar cualquier inquietud que Atem pudiese tener. El chico se imaginaba que el anterior faraón debería tener bastantes, pero tal vez no estaba listo para hablar de ellas en ese momento.
Atem parpadeó. La voz de Yugi sonaba segura, firme. A la luz de las estrellas y en contraste con la oscuridad de la habitación, sus naturalmente infantiles facciones parecían más maduras.
El anterior monarca exhaló, dejando ir la presión acumulada dentro de su pecho. Entre del mar de confusas emociones que lo gobernaban desde que había cruzado el portal hacia el más allá, la sólida positividad de Yugi sobre el incierto futuro que se extendía frente a sus ojos, era uno de los aspectos más reconfortantes dentro de su nueva vida.
-"Sin duda"- Asintió Atem, sonriendo cálidamente. Movió su mano para liberarse del agarre de su amigo y luego se la ofreció, en señal de saludo. Yugi dejó escapar una risita traviesa y estrechó la mano de su anterior otro yo, para después chocar palmas con él como tantas veces habían hecho en el pasado, antes de comenzar un duelo.
-"Será toda una aventura"- Agregó Yugi, más para sí mismo que para su amigo. Su mente seguía tratando de encontrar las palabras adecuadas para explicarle la situación a su madre, pero el solo pensarlo le causaba jaqueca. Sabía que debía bordar el tema cuanto antes al llegar a casa; quería que su progenitora estuviera enterada de la inusual situación antes de pudiese ver con sus propios ojos a Atem, porque definitivamente no es cosa de todos los días que un chico egipcio con un insólito parecido a tu único hijo repentinamente cruce la puerta de tu casa. Por eso era algo conveniente que Atem regresara a Japón con los Kaiba, aunque, al viajar en un avión privado que no tenía que realizar escalas, lo más probable es que pisaran suelo japonés mucho antes que ellos…
-Tal vez podría pedirle a Kaiba-kun, uhm…- hizo una mueca, cuestionándose si eso realmente fuese una buena idea…- Que aguarden un momento para que me dé tiempo de explicarle con calma a mamá...
Yugi rió nerviosamente al tiempo que sacudía la cabeza rápidamente, para después sonreírle de forma traviesa a su compañero. Atem frunció el ceño, algo divertido por la expresión en el rostro de su aibou. No sabía exactamente en qué pensaba el nuevo rey de los duelistas, pero de alguna manera compartía el sentimiento de emoción e inquietud que denotaba el semblante del chico.
Suspiró, dejando caer los hombros.
-"De eso estoy seguro…"- Cerró los ojos por un segundo, frunciendo el entrecejo.
-"¡Pero no pongas esa cara!" - Añadió Yugi con una suave carcajada, profundizando la sonrisa de Atem- "Como te dije antes, estamos juntos en esto"- Lo tomó por los hombros- "Vamos, es hora de dormir"- Lo apuró, empujándolo levemente hacia la cama- "Vaya…."- Miró la hora que marcaba el reloj de la mesa de noche-"Es tarde, disculpa"- Le sonrió mientras saltaba ágilmente por encima de él para quedar del otro lado de la cama- "Solamente quería…"-Titubeó- "Bueno, darte las cartas y hablar un poco contigo…"-
-"Está bien"- Le respondió Atem, descansando la cabeza sobre las almohadas- "Desvelarme hablando contigo me hace sentir joven"- Le guiñó un ojo, mientras se cubría hasta la nariz con las sábanas. A Yugi le causó gracia; era cuando su amigo hacía esa clase de gestos los momentos en los que podía apreciarse lo joven que realmente era, aunque la mayoría del tiempo aparentara lo contrario.
-"Eres joven, Atem"- Respondió el chico, imitando a su antiguo otro yo y cubriéndose con las sábanas- "Buenas noches, mou hitori no boku"- Susurró en la oscuridad
-"Buenas noches Aibou"- Respondió el aludido, aun con los ojos levemente abiertos, mirando fijamente hacia el ventilador decorado del techo, ensimismado con el movimiento de este.
Sus pesados párpados se cerraron lentamente.
…
Ya había pasado un tiempo considerable desde que ambos se habían quedado en silencio; los únicos sonidos perceptibles dentro de la habitación eran el murmullo de las aspas del ventilador al trabajar y el ocasional silbido del viento al colisionar contra las celosías de las ventanas, en un insistente intento de llevar sus fugaces ráfagas hasta el interior de la habitación.
Estuvo a punto de quedarse dormido, cuando …
-"¿Atem?"- Susurró Yugi con voz quedita.
…
-"¿Hm?"- Respondió, adormilado.
-"… Estás de acuerdo con esto, ¿Cierto?" -
Atem abrió los ojos de golpe, despertando completamente ante la súbita pregunta. No respondió, no le quedaba claro a qué se refería su amigo. Estiró las piernas bajo las sábanas, considerando aquel cuestionamiento y estuvo a punto de preguntar…
-"Me refiero a… Uhm…"- Titubeó el rey de los duelistas, comprendiendo el silencio de su amigo- "Ir a Japón con nosotros, es lo que realmente quieres hacer, ¿Verdad?" - Elevó la cabeza ligeramente, Atem notó el cambio de posición de su compañero, pero él permaneció impávido- "Yo sé que ayer dijiste que estabas listo, pero…"- El joven titubeó- "No me gustaría que te sintieras obligado a decir eso… A hacer eso… Sólo porque es lo que yo…"- Hizo una pausa- "Lo que nosotros queremos…"-
…
Atem comprendió al instante. El día anterior había afirmado ante todos que estaba listo para ir de regreso a Japón con ellos, pero Yugi quería asegurarse de que tanto él como el resto de sus amigos no estuvieran haciendo menos los sentimientos de Atem, orillándolo a tomar una decisión apresurada después de aquel gran giro del destino.
-"Esta… Es tu vida después de todo"- Le recordó Yugi, mirándolo con comprensión, esbozando una sonrisa un tanto triste- "Y tendrás todo nuestro apoyo, elijas lo que elijas…"-
Yugi sabía que jamás podría sentir en carne propia por lo que pasaba su antiguo otro yo, pero al haber resguardado su alma como si fuese la suya misma durante tanto tiempo, podía empatizar con el de manera natural. Tal vez no tenía mucha idea sobre la vida del faraón Atem más allá de lo que había aprendido en los últimos días, pero conocía muy bien el corazón y mente de mou hitori no Yugi.
Y sabía que había mucho que el anterior faraón no estaba diciéndole.
Atem era fuerte, no estaba a discusión. Pero, incluso las personas más fuertes necesitan tiempo para sanar.
No quería agobiarlo, deseaba que él eligiera por sí mismo abrir su corazón.
-Puedes decirme qué te preocupa… No tienes que hacerte al fuerte conmigo…- Fue el mensaje que quiso transmitirle-
…
Atem cerró los ojos suavemente, sonriendo con serenidad. Japón era la mejor opción que tenía, sino que la única; no había más que recuerdos atándolo a Egipto, y por más que los atesorase, no se podía vivir solamente del pasado. Los Ishtar le habían ofrecido apoyo y la opción de permanecer con ellos, sin embargo, Atem consideraba que la familia ya había hecho demasiado por él hasta el grado de adoptarlo al darle su apellido, gesto que lo había conmovido profundamente; a ojos del muchacho, eso definitivamente era increíblemente considerado de parte de la familia, teniendo en cuenta todo el sufrimiento y responsabilidad que indirectamente había puesto sobre ellos. Los Ishtar merecían tiempo a solas, ya libres de su tarea como guarda-tumbas.
Asimismo, Atem aun luchaba internamente con el vacío de estar en un plano existencial diferente al de su familia, sin un propósito claro y con un futuro incierto. Sabía que se sentiría aún más desolado si se alejaba de sus mejores amigos.
Era hora de mirar hacia adelante.
-"Por supuesto que no me siento obligado, Aibou"- Le respondió, con voz quedita- "Mi decisión no ha cambiado, estoy listo para irme de Egipto"- Respondió con honestidad, cerrando los ojos suavemente.
Atem no estaba mirando a su amigo en ese momento, pero solamente por el tono de su voz al responder, supo que el duelista de ojos violetas sonreía.
…
-"Bien"- Respondió Yugi con firmeza- "Eso me tranquiliza"- Agregó, recostándose- "Descansa, Atem"-
-"Descansa, Yugi"-
…
Mientras que Yugi, aparentemente satisfecho con la respuesta, se acomodaba entre las sábanas, Atem abría los ojos un tanto intranquilo, con la primera frase de su amigo haciendo eco en sus oídos.
¿Estaba bien?
Si era sincero, no lo sabía. No estaba en desacuerdo con regresar a Japón, tampoco se sentía obligado, o presionado...
Simplemente, había cierta incertidumbre alrededor de todo el asunto que lo hacía sentir un tanto ansioso.
El repentino ardor en el área donde le habían colocado aquel sello milenios atrás y que dicho sello fuese perceptible nuevamente, la fresca abertura de la herida con la que había cerrado aquel fatal sacrificio de sangre, aquel sentimiento interno de rechazo hacia su persona que lo invadía cada vez que se permitía disfrutar de algo, de sentirse cómodo en su actual situación y en su pellejo nuevamente…
Y el intolerable sentimiento de ira al estar cerca del santuario de Wedju el día anterior. La sensación que se había apoderado de él en aquel momento era incomprensible, como si no proviniera de sí mismo.
Mana le había dicho que la magia podría manifestarse en él nuevamente, y lo entendía, pero Atem tenía el presentimiento que aquel asunto involucraba mucho más que eso.
La magia de la que hablaba su mejor amiga de la infancia era parte de su esencia, de la persona que había sido tres mil años atrás, pero aquello de los últimos días…
No podía evitar sentir… Como si algo no estuviera bien con él.
Y como si todo eso no fuese suficiente, aquel encuentro tan peculiar con cierto colega de Ishizu había sido una experiencia extrañamente perturbadora. Ishizu le había asegurado que no tenía que preocuparse por Abdul, que simplemente era un hombre ambicioso y receloso de su trabajo en el consejo de egiptología. Pero Atem sentía que había algo en Abdul que iba mucho más allá de una rivalidad laboral con Ishizu; aquel hombre le causaba desconfianza instintiva.
Atem hizo una mueca.
La manera en la que ese hombre miraba a su ahora prima tampoco le ayudaba a ser menos receloso.
Además, si lo pensaba bien, incluso si esa persona en específico no era particularmente peligrosa, podrían aparecer más personas como Abdul que sí lo fueran, personas ambiciosas con sed de poder y riqueza, como aquel beduino daba la impresión de ser. Atem sabía que existía gente muy perspicaz en el mundo y no había garantía de que egiptólogos y conocedores de la cultura egipcia que sintieran curiosidad por antiguos secretos sin respuesta, como todo lo que giraba alrededor de la existencia del "faraón anónimo", no intentaran irrumpir en tumba y descifrar los escritos de las paredes…
…
Sus articulaciones comenzaron a tensarse, mientras que un súbito y abrasador calor se apodero de su cuerpo, inmovilizándolo.
Conocía bien esa sensación, también la aborrecía con todo su ser, era de lo más frustrante.
Estaba asustado.
No por lo que pudiese pasarle a él específicamente, ya que, aunque contaba con algo de sentido de autopreservación y prefería, de ser posible, no sufrir nuevamente, lo que en realidad le aterraba era que algo pudiese ocurrirles a sus amigos…
A los Ishtar, quienes lo habían acogido como si fuese uno de ellos a pesar de la difícil vida que habían tenido a causa de su existencia y a pesar de los eventos de ciudad batallas; a Jonouchi y Honda, quienes le animaban el día a todos con sus ocurrencias y quienes habían apoyado enormemente a Atem durante toda la travesía en búsqueda de sus memorias, dándole un lugar en aquella pequeña hermandad de ahora cinco, reconociéndolo como una persona diferente de Yugi…
Miró de soslayo al ahora rey de los duelistas, quien ya dormía plácidamente. Sus leves ronquidos apenas se escuchaban sobre el susurrar del ventilador de techo. Atem esbozó una triste sonrisa.
-"Aibou…"- Musitó débilmente. Cerró los ojos y su mente divagó, dibujando fugazmente los rostros de sus seres queridos. De un instante a otro, sonrientes ojos azul rey le dedicaron una radiante y dulce mirada desde su subconsciente.
Su corazón se estremeció.
-"Anzu…"- Sus labios articularon el nombre de la chica en una exhalación sin emitir sonido alguno, un susurro silencioso. No podía arriesgarse a ponerla en peligro nuevamente, ni a Yugi, ni a ninguno de sus amigos, nunca más.
Esperaba que aquellos sucesos solo fuesen secuelas del repentino retorno de su alma a su cuerpo físico; Ishizu le había asegurado que eso era lo más probable.
Pero, de cualquier manera, existía la ínfima posibilidad de que…
Abrió los ojos nuevamente, suspirando. Apretó sus labios en una línea, al tiempo que fruncía el entrecejo, completamente turbado. Ladeó el rostro y por el rabillo del ojo le echó una mirada al cielo estrellado más allá de las ventanas.
Se encontraba enteramente abrumado, incapaz de cerrar los ojos e intentar conciliar el sueño.
-"Será… Una larga noche…"- Susurró para sí mismo en tono derrotado.
X
El deambular sin cesar de su hermano pequeño alrededor del poco espacio disponible dentro de la estrecha habitación la estaba poniendo nerviosa.
-"Marik, detente ya"- Exclamó la morena, quien manipulaba varios documentos sobre su elegante escritorio de madera, el cual prácticamente ocupaba un tercio del pequeño cuarto oculto que utilizaba como estudio dentro de la casa de verano. Ishizu se detuvo durante unos instantes para organizar el saturado lugar de trabajo; los tomos y pergaminos que habían logrado rescatar de la tumba de Atem durante las prisas descansaban al frente de los documentos del consejo de egiptología- "Ve a dormir de una vez"- Le indicó, sin levantar la mirada, tomando una pequeña lupa con su mano derecha. Ya hacía un esfuerzo sobrehumano al trabajar a esas horas después de la semana tan caótica que habían tenido como para tener que tranquilizar al cenizo – "Mañana debemos salir temprano, y ya son más de las once…"-
Marik se detuvo en seco ante las palabras de su hermana. Le dirigió una fugaz mirada a su hermano mayor, quien se encontraba recargado sobre el marco de la pequeña ventana en arco con celosías que daba hacia la terraza delantera. Rishid asintió levemente con semblante serio, en señal de que estaba de acuerdo con Ishizu. Marik tronó los labios, irritado; le decepcionaba que el mayor no se pusiera de su lado en ese momento. Se volvió de nuevo hacia su hermana.
-"Pero, Nee-san…"- Replicó, en un tono casi suplicante- "¿Vamos a seguir ignorando lo obvio…?"- Caminó hasta donde se encontraba su hermana y aporreó ruidosamente ambas palmas sobre la mesa de cedro, la pelinegra dio un brinco sobre el elegante sillón acolchado –"Tu acosador claramente se veía muy interesado en Atem, lo cual…debió de ser bastante obvio para ustedes dos también y les diré por qué…"-Hizo un ademan con su mano- "Apareció de la nada en aquella oficina en la que sabemos que no tiene ningún asunto, justamente en el momento en que nosotros terminamos de expedir, de un momento para otro, un registro completo de vida para un chico de casi diecisiete años, porque toda la información previa sobre él se "borró de la base de datos" misteriosamente…"- Puso los ojos en blanco, llevándose una mano a la frente para darse una palmadita- "Sé que expedir un certificado de nacimiento y un nuevo pasaporte es algo "sencillo" pero en este caso, literalmente le creamos una identidad… y… Ese hombre…"- Se llevó las manos al cabello- "No lo sé, Nee-san, pero parece una clase de amenaza… Aunque hayamos sido sumamente cuidadosos, no puedes asegurar que tus colegas de confianza a los que les pediste el favor de registrar a Atem no van a hacer comentarios…"- Objetó- "Tampoco puedes negar que fue sospechoso encontrar a Abdul ahí, justo en ese momento"
La morena dejó caer la lupa sobre los papeles tamaño oficio que había estado repasando frenéticamente momentos antes para mirar a su hermano.
El cenizo continuó antes de que su hermana pudiera interrumpirlo
-"Pero lo más importante es…"-Tomó aire por un instante para después - "Atem está intranquilo…"- Expresó, exhalando y volviendo a inhalar con urgencia- "He intentado aplacarlo"- Añadió con frustración- "Se que lo oculta porque no quiere preocuparnos, pero recuerda…"- Hizo un ademán con la mano en dirección a su hermana- "El mismo dijo que siente algo de magia en su interior…"
Ishizu frunció el entrecejo y regresó la mirada a los papeles que se había pasado repasando una y otra vez desde hacía una hora, sin prestarles atención.
Su hermano era astuto, ella también tenía un mal presentimiento.
- "Es parte de él, de quien es…"- Respondió en un susurro- "Lo extraño sería que no conservara al menos una mínima parte…"- Terminó la morena, entrelazando los dedos de ambas manos y descansando la barbilla sobre ellos, en un intento de escuchar y verse tranquila y compuesta.
- "Tampoco puedes negar que lo que ha ocurrido en el santuario de Wedju no parece una simple coincidencia"- Replicó el joven en un tono de voz que denotaba cierto temor- "Y si lo es, pues … ¡Vaya sincronización de los dioses con el despertar de nuestro amigo! ..."-
Ishizu se llevó el dorso de la mano a la frente y suspiró pesadamente. Marik cesó sus insistentes observaciones por un momento. La morena levantó la mirada, seria. Rishid dejó su sitio junto a la ventana y adoptó una posición erguida al notar el conflicto en los ojos de su hermana.
- "Sí, eso definitivamente es algo…"- Musitó la morena; sacudió ligeramente la cabeza- "Se que parece sumamente extraño que sea una simple coincidencia"- Aceptó la chica- "Pero es una posibilidad que tampoco podemos descartar"
Marik puso los ojos en blanco nuevamente
- Las lápidas de los tres dioses egipcios, inalcanzables sin maquinaria especial, protegidas por vidrios especiales contra la humedad, antisísmicos, antibalas desde su descubrimiento…"- Exclamó Marik, batiendo sus brazos en el aire – "Aparecen fisuradas de un día a otro dentro de sus carcazas protectoras, coincidiendo perfectamente con el despertar de Atem…"- Marik dio un paso hacia adelante- "Algo así no puede ser simple casualidad…"- Agregó exaltado- "Recuerda las inscripciones de las paredes en la cámara funeraria, el sello…"
-"Necesitamos investigar a fondo ese asunto y no saltar a conclusiones precipitadas"- Aseguró su hermana, interrumpiéndolo "Y lo haremos"- Asintió, continuando antes de que su hermano pudiera hablar nuevamente- "Mañana mismo inclusive, después de que Atem y los chicos tomen sus respectivos vuelos de regreso a casa…" -
-"Nee-san…"- Comenzó Marik.
-"El estará bien y nosotros también"-Interrumpió Ishizu una vez más, tratando de hacer que su hermano se sintiera seguro. No quería que se preocupara demasiado por algo de lo que nadie tenía certeza en aquel momento – "Ya no hay nadie en este mundo que esté atrás de poderes ancestrales, o que sepa que existen en primer lugar…"- Lo tranquilizó- "Al menos contamos con tiempo para descifrar las cosas con calma"- Le dijo a su hermano menor, suavizando su cansada mirada.
Marik suspiró. Parecía que aquella noche no se saldría con la suya; la resolución de su hermana era fuerte.
Decidió resaltar otro tema que consideraba de suma importancia.
-"¿Alguno de ustedes tiene idea de qué pasaría…"- inquirió Marik- "Si ese sello recuperara el poder que solía tener en el pasado… y se rompiera?
La morena juntó sus manos sobre su regazo y levantó la mirada hacia su hermano.
-"No lo sé"- Confesó Ishizu, comenzando a sentirse exasperada por lo delicada que podría tornarse la situación si algo así llegase a suceder- "Puedo suponer que no sería muy agradable para Atem"- desvió la mirada unos instantes- "Recuerda que tampoco es garantía que todos sus atributos mágicos regresen al cien por ciento… Que él perciba algunos ecos de aquella magia no me preocupa por ahora…"- Se retiró un mechoncito de cabello de la frente- "Es gracias a la magia que está aquí, vivo… ¿No es así? Me parece natural que la sienta fluyendo en el…"-
Marik titubeó.
-Sí- Pensó el rubio ceniza- No suena completamente ilógico, si lo vemos de esa manera…-
"-Marik…"-Lo llamó Ishizu, usando un tono más suave que antes. Realmente odiaba ser demasiado severa con su hermano menor después del trauma por el que habían pasado. Sin embargo, la paranoia del muchacho la estaba enloqueciendo – "Nadie además de los chicos y de nosotros sabe quién es Atem en realidad"- Le aseguró- "Hemos sido extremadamente cautelosos"- Se incorporó con delicadez y caminó lentamente hacia su hermano.
-"¿Y que hay sobre Abdul?"- Insistió Marik. Realmente no le agradaba el tipo- "Incluso Atem te lo dijo… ¡Ese tipo se trae algo!"-
Rishid tosió indiscretamente. Ishizu lo miró con sorpresa e incredulidad - ¿El también? –
-"Pensé que lo considerabas una persona no muy inteligente"- Argumentó la joven, ladeando el rostro sin despegar los ojos de los de su hermano menor.
Marik titubeó. Miró a Rishid por un instante, los dos asintieron en dirección al otro. La morena arqueó una ceja ante la interacción entre sus hermanos.
-"Eso pensábamos"- Explicó Marik- "Pero no puedes negar que hoy se comportó de manera muy sospechosa al ver a Atem"- Se tornó serio- "¿Seguramente notaste la manera en la que se dirigió a él?"- Preguntó sarcásticamente- "Porque a mí me dejó los pelos de punta…"
La joven desvió la mirada a la mesa de cedro repleta de trabajo sin terminar. Sí, ella había pensado lo mismo durante la mañana. Abdul podía ser difícil de vez en cuando, no era fácil lidiar con el debido a su personalidad insistente, ambiciosa, urgida de escalar en la pirámide de poder del consejo de antigüedades; ella también había sido objeto de fascinación del hombre cuando se habían conocido.
Una egipcia de sangre pura. Con esas palabras había expresado su admiración el beduino sin despegar la mirada de sus ojos, solo minutos después de haberse presentado. Aquella forma de mirarla como si se tratara de un objeto en una exhibición no había cambiado mucho desde aquel entonces, razón por la cual su hermano menor se refería a él como su "acosador"
No era de extrañarse que reconociera en Atem la misma característica que tanto interés había despertado en él al verla a ella y a Marik por primera vez. Sin embargo, su hermano menor tenía razón en hacer énfasis en el modo en el que se había dirigido a Atem. No podía negar que aquel tono y la elección de palabras de su colega le habían causado inquietud incluso a ella.
A decir verdad, presenciar esa escena le había hecho dudar de que el beduino realmente creyera que Atem era un mestizo como Ishizu le había dicho, y no el egipcio de sangre pura que evidentemente era.
De sangre pura, y de sangre real.
Pero de nada servía alimentar esa clase de sentimientos negativos en sus hermanos, sólo perturbaban la paz que habían logrado construir en su familia después de muchos años de tragedia.
Se puso de pie en un solo movimiento, el chirrido de la silla al crear fricción sobre el mármol rojo del suelo hizo eco dentro de la estrecha habitación.
-"Supongamos que sus intenciones hacia mí no sean buenas, como tú siempre has observado"- Comenzó la morena, caminando hacia sus hermanos- "Aun así…"- Se acercó a la ventana- "No hay manera de que sepa quién es Atem en verdad…"- Les respondió la egiptóloga, intentando sonar convencida de sus propias afirmaciones- "Y si sospechara que hay algo extraño y decidiera investigar"- Marik abrió la boca- "Lo cual no sucederá, pero suponiendo…" - Añadió rápidamente- "¿Qué podría hacer? Incluso si intenta buscar, no encontrará nada"- Afirmó-" Mejor aún, no sabría qué buscar- Agregó, haciendo énfasis en su última frase- "No tiene manera de comprobar que Atem no es simplemente nuestro primo que nació en El Cairo y se mudó a Tokio a los seis años…"- Afirmó contundentemente- " Y como descendiente de una familia guardiana de tumbas que vivía aislada de la civilización, es totalmente común que no se tenga un registro de datos tan completo sobre su existencia como el de las personas que se criaron en la superficie…"- Les recordó, haciendo una breve pausa antes de continuar-"Abdul solamente es un humano común, sin artículos milenarios o poderes extraordinarios. No es una amenaza para nosotros"- Concluyó tajantemente- "No deberías darle tanta importancia, Marik…"-
-"Sólo sé que hay algo en el que me hace desconfiar…"- Espetó el cenizo.
La morena ladeó el rostro, mirando a su hermano con entendimiento.
- "Se que es incómodo su enorme interés en el linaje ancestral puro"- Suspiró.
-"Es enfermizo"- La interrumpió el menor de los Ishtar- "Ese viejo decrépito mirándote como si fueras una pieza de exhibición"- Hizo una mueca, mirando de soslayo a su hermano mayor, quien asintió discretamente-"No creo que sólo sea la pureza de nuestra sangre, hermana…"- Le dijo con lentitud- "Si así fuera, a mi tampoco me dejaría en paz"- Razonó- "Nuestra sangre es igual de pura…"
Ishizu bufó. Las dramatizaciones de su hermano se estaban tornando absurdas.
-"Es obvio que su ambición laboral está muy relacionada con la manera en la que me mira"- Respondió, sin estar segura de sus propias palabras- "Le gustaría tener mi actual cargo, pero es solamente eso…"-
Sabía que su afirmación era parcialmente certera, aunque la realidad era que ella también sospechaba que había algo bajo el agua, pero… No sabía exactamente qué podría ser aquello que la hacía sentir intranquila con respecto a su colega. Definitivamente no sentía peligrar su cargo en el consejo supremo de antigüedades, así que… ¿Qué era?
-"Mira hermana"- El cenizo se acercó a ella y la tomó de las manos con delicadeza- "Esto lo digo en serio, porque te quiero…"- Le dio un fraternal apretón, ganándose de esa manera la atención, y la mirada más gentil de su hermana-"Ese hombre no solo te mira cómo a un objeto de exhibición, creemos…"- Miró de soslayo a su hermano mayor- "Que ese hombre quiere algo más contigo"-Pronunció con incomodidad, desviando la mirada hacia el suelo.
La morena puso los ojos en blanco, soltándose del agarre de su hermano rápidamente. Las palabras de Marik no podían ser más absurdas.
-"¡Lo estoy diciendo en serio!"- exclamó, exasperado-
-"Necesitas descansar, Marik"- Señaló la joven, tomando a su hermano por los hombros. El muchacho gruñó y echó la cabeza hacia atrás, frustrado de que su hermana ignorara sus advertencias; la joven rio.
-"No te preocupes, puedo cuidarme sola"- Le recordó, asintiendo- "Y con respecto a Atem…"
Marik detuvo su berrinche, sin dejar de mirar a su hermana con la duda clavada en sus liliáceos ojos.
-"Mantente tranquilo, las cosas han salido bien"- Asintió en un gesto alentador, esbozando una tenue sonrisa- "Se que debe tener muchas preocupaciones, pero no hay nada que temer"- Le aseguró- "Sólo hay que darle tiempo a que se estabilice…"-
-"Pero hermana…"- Insistió Marik- "Ya te habrás dado cuenta de cómo es Atem…"-Observó- "Tiende a guardarse las cosas y a hacer menos su propio sufrimiento…"-
-"Pienso lo mismo que Marik-sama"- Señaló Rishid, opinando en voz alta por primera vez durante aquella discusión- "De alguna manera, entiendo el sentir de Atem-sama…"- Añadió, ladeando el rostro.
Su hermana comprendió al instante a qué se refería el mayor.
-"Él no quiere ser una carga, ni poner en peligro a nadie…"- Se llevó una mano a la barbilla- "Entiendo… si algo le llegase a suceder, es probable que él intentase de resolverlo por sí mismo con tal de no involucrar a nadie más en algo que pudiese ser peligroso…"-Susurró, asintiendo hacia su hermano mayor y regresando la mirada a Marik- "Es por ello que, aunque el regrese a Japón, no hay que perder contacto…"-
-"Nee-san…"- Exclamó Marik, antes de que la morena concluyera su frase- "Estoy muy seguro de que estamos incluidos en esas personas a las que no quiere involucrar…"-
-"Eso es muy probable"- Respondió con sinceridad- "A decir verdad, yo también lo entiendo perfectamente…"- Posó una mano sobre el hombro de su hermano- "Pero no lo dejaremos solo. Le daremos su espacio, pero nos mantendremos informados sobre su estado"- Agregó la morena, dejando ir a su hermano y virándose hacia la ventana; aferró sus delicadas manos al alfeizar- "Después de todo, ya no somos solamente unas personas a su servicio"- Le recordó- "Es nuestro primo, parte de esta familia"- Sonrió quedamente- "Y ninguno de nosotros tiene que peligrar, ni sufrir solo nuevamente…"-
Rishid y Marik se miraron mutuamente por un instante, para después asentir en dirección a su hermana.
-"De cualquier manera, no podemos mantenerlo encerrado y sobreprotegido por siempre…"- Explicó, dándose la vuelta- "Permitamos que encuentre su propio camino libremente…" - Sus hermanos comprendieron el doble significado de las palabras de la chica- "Es hora de que aprenda a vivir en este nuevo mundo, a valerse por sí mismo…"- Suspiró.
Marik bufó, Rishid lo miró con gracia.
-"Tienes razón, Nee-san"- asintió el menor- "Ese chico necesita relajarse, supongo que hay que dejarlo volar por sí mismo…"-
-"Concuerdo con usted, Marik-sama"- Agregó Rishid, tomándolo delicadamente por un hombro.
-"Gracias por el apoyo, Rishid… Vaya, hermano… ¿Hasta cuándo seguirás hablándonos de usted incluso cuando sólo estamos nosotros tres?, ¿Eh?…"- Le guiñó un ojo y le dio una palmadita en la espalda.
Ishizu rio – "Vamos, es hora de ir a dormir… ¡Y va para ambos!"- Añadió, señalándolos con el índice. Ambos se miraron y asintieron en dirección a su hermana. No importaba que Rishid fuese el mayor, Ishizu siempre tenía la última palabra. La reina de la familia sin duda alguna.
Ambos hermanos salieron de la habitación rápidamente, Marik iba susurrándole a Rishid algo que Ishizu no podía distinguir desde donde se encontraba. A medida que las voces de sus hermanos se perdían en la distancia, la sonrisa de la morena se evaporó gradualmente hasta desaparecer completamente de su rostro. Caminó lentamente hacia la puerta que sus hermanos habían dejado entreabierta y la cerró, con lentitud y cautela; la madera de cedro antiguo era demasiado pesada para sus temblorosas manos. La cerradura hizo clic y la joven reposó su frente en la fresca superficie de madera; suspiró pesadamente y cerró los ojos con fuerza durante algunos instantes. La discusión la había dejado agotada, pero al menos había logrado tranquilizar un poco a su hermano menor.
Pasado un momento, levantó lentamente el rostro y abrió los ojos; su mirada serena y su expresión mesurada. Caminó hacia la pequeña ventana de aquella estrecha oficina de la cual sólo sus hermanos sabían y que para cualquier persona que la mirase por fuera bien podría parecer un simple ático sin importancia. La morena observó el panorama nocturno por un instante, y justo cuando se decidía a apagar las luces y retirarse a descansar, sus ojos vislumbraron algo…
No, alguien que se movía sigilosamente en la oscuridad.
Su corazón se disparó al instante, y clavó sus uñas en el alfeizar inconscientemente. Después de todo… ¿Tendría razón Marik…?
Pero el destello de mechones rubios a la luz de los faros ámbar de la terraza la tranquilizó inmediatamente. Desde aquel ángulo pudo vislumbrar al anterior rey de aquellas tierras, descalzo y con las manos dentro de los bolsillos del pijama, bajando por las escalinatas de la terraza trasera en dirección a las arenas que colindaban con la orilla del Nilo.
Exhaló, aliviada.
-"También él tendrá mucho en que pensar…"- Susurró mientras cerraba silenciosamente la madera protectora de la ventana de celosías- "Debería bajar a decirle que se vaya a dormir, pero…"- Suspiró, pensando en la cantidad de veces que había reprendido al muchacho durante el día. Se encogió de hombros- "Hay que dejarlo volar…"- Repitió las palabras de su hermano, apagando la tenue luz y saliendo de la habitación.
X
Debió ser un poco pasada la medianoche cuando emprendió su caminata. Escasas luces de tonalidad ámbar iluminaban discretamente la periferia, y una gélida brisa nocturna acarició su silueta al descender las escaleras de piedra que conducían hacia las dunas de la ribera.
Apartó algunos mechones rubios completamente despeinados a causa del viento de sus labios y ojos para después deslizar ágilmente sus pies fuera de las sandalias; la piel de sus plantas hizo contacto con la áspera, pero sedosa arena de las dunas que rodeaban la mansión de verano, causando que una tenue sonrisa iluminara su rostro.
Era una noche serena. Sus alrededores se encontraban envueltos en un silencio casi imperturbable, teniendo como excepción los relajantes ecos de la naturaleza. Su camino, casi completamente en penumbras, era apenas iluminado por débiles luces provenientes de otras casas en la periferia y por el tenue resplandor del estrellado cielo, que se reflejaba con sutileza sobre el gran espejo que eran las tranquilas aguas del Nilo.
Caminó cuesta abajo por el desnivel de dunas que se formaba entre la orilla del rio y la tierra firme, deslizándose con agilidad sobre los montículos de arena; le costaba trabajo prestar atención a sus pasos con el viento soplándole el cabello sobre la cara. Cerró los ojos y extendió los brazos para equilibrarse mientras avanzaba con habilidad, justo como solía hacerlo cuando era un niño. En su mente, le daba vueltas al día que acababa de terminar; había pasado toda la mañana en el hospital y hasta pasado el mediodía en el ministerio sintiéndose incómodo, pero el resto de la tarde había sido había sido sumamente relajante. Sus amigos parecían dejar de preocuparse excesivamente por él y comenzaban a darle un poco más de espacio, e Ishizu sólo lo había reprendido por no cambiarse la ropa empapada de inmediato después de lanzarse al río… Por lanzarse al río, y por… Básicamente moverse sin que alguien lo tomara de los brazos. Por suerte, el resto del día había transcurrido sin más regaños por parte de la joven. Los Ishtar aun parecían ser algo aprensivos cuando se trataba de él, en especial Ishizu y Marik.
Atem sacudió la cabeza y sonrió, pensando en lo irónica que era la vida.
En realidad, estaba acostumbrado a que las personas se interesaran y preocupasen en exceso por lo que hacía, aunque en el pasado se debía a su título y posición dentro de la familia real por la mayor parte de las personas, y en esta época el porqué era muy distinto. Pero, aunque podía resultar algo frustrante, Atem se sentía muy conmovido por la preocupación y la ayuda que le habían brindado hasta el momento. Los Ishtar lo habían acogido cálidamente de regreso al mundo sin tener por qué hacerlo, sin esperar nada a cambio…Y por ello estaba muy agradecido.
Alentó el ritmo de su avance una vez que se encontró relativamente lejos de la casa, en un amplio espacio inhabitado sin residencias en la cercanía, rodeado de varias datileras que se alzaban imponentes varios metros hacia el cielo. Por fin se detuvo sobre la orilla de un montículo de arena humedecida. La gravedad hizo lo suyo y el chico se deslizó hacia adelante; la arena fluyó entre sus piernas mientras que su cuerpo se deslizaba hacia abajo, para finalmente aterrizar suavemente sobre un regordete colchón de arena. Se estiró con pereza y de pronto se percató de que el dolor en su pierna era ya prácticamente imperceptible; tal vez pronto podría deshacerse de la rodillera que se había vuelto a colocar después de tomar un baño.
Suspiró con pesar y dejó caer su torso hacia atrás. Su cabello se mezcló con las finas arenas doradas de las dunas y su mirada se clavó en la bóveda celeste. Atem observó las estrellas a través de los espacios que la danza entre las hojas de palma y el viento creaban por encima de él. Desde esa zona, la luminosidad del inmenso universo era bastante intensa. Pasados algunos instantes, las luces comenzaron a fragmentarse tenuemente al ser miradas a través de sus ojos, causando que parpadeara rápidamente. Atem entrecerró los ojos, aguzando la mirada y segundos después arqueó una ceja. Sí, definitivamente su vista no era tan perfecta como cuando compartía identidad con Yugi, aunque no estaba seguro de que toda su vida hubiese sido de esa manera; pensó que probablemente había deteriorado ligeramente durante sus últimos meses de vida.
Los párpados comenzaron a arderle, y la reminiscencia de los momentos poco gratos de su pasado lo hizo sentir agotado de un momento a otro. Atem exhaló y cerró los ojos, intentando relajarse y descansar…
…
Pero su mente regresó a aquel bizarro momento en el ministerio de asuntos poblacionales.
Solamente iban a firmar los documentos que Ishizu había solicitado expedir días antes, sería rápido. Esa era la frase que Atem, aun ligeramente adolorido a causa de las vacunas básicas que le habían administrado, se repitió a si mismo durante todo el trayecto al ministerio.
Al llegar a su destino, fueron recibidos al instante, como si Ishizu hubiese avisado de antemano que estaban en camino. Fueron conducidos desde el gran vestíbulo hacia el elevador, y de ahí hacia un salón en el segundo piso donde fue apremiado por Ishizu para entrar en una sala ligeramente más pequeña, la cual contaba con varias ventanillas de atención. Una de las chicas del lugar les hizo una señal e Ishizu se apuró hacia donde le indicaban, dándole a Atem un jaloncito en la manga de su camisa, señalándole que caminara con ella. Al llegar frente a la ventanilla la morena le enderezó los hombros, Atem la miró desconcertado.
-"Quita esa cara de susto"- Le dijo sonriente- "Es solo una foto, vamos"-Lo enderezó de nuevo- "Levanta un poco la barbilla y mira a la cámara"-
El chico hizo lo que se le indicaba y a los pocos segundos fue deslumbrado por el leve flash del aparato; estaba seguro de no había logrado quitar la cara de susto de la cual le había advertido Ishizu. La chica de la ventanilla sonrió y le dijo algo en árabe a Ishizu. De alguna manera Atem comprendió que le comunicaba que ya habían terminado; supuso que sería simple sentido común, o tal vez era que algunas de las palabras más comunes comenzaban a quedársele.
A los pocos momentos fueron llamados nuevamente, ahora por un hombre, quien giró la pantalla de su computadora en dirección a Ishizu. La morena dirigió su atención al aparato y después de algunos segundos asintió en señal de aprobación.
-"Está todo listo"- Comunicó la joven, extendiéndole un bolígrafo digital- "Firma como practicamos en la mañana mientras estábamos en el hospital, es para el pasaporte"- Lo animó. Atem obedeció. Era extraño firmar sobre una pantalla digital, la firma no le salió exactamente igual que con el bolígrafo de tinta, pero el hombre del ministerio asintió aprobatoriamente. Después le pidieron que colocara ambos pulgares en otra pantalla digital, esta vez más pequeña. Atem hizo lo que se le indicaba y pocos segundos después, al encender la luz verde del dispositivo, el hombre les indicó que tomaran asiento una vez más.
Ishizu tomó del hombro a Atem y le dio un leve apretón.
-"Eso fue todo"- Dijo la morena con expresión fraternal- "Ahora solo debemos esperar a que sellen el certificado de nacimiento y podremos regresar a casa"- Le explicó- Te lo enviaré por correo junto con el pasaporte, ese tardará algunos días más en estar listo…-
Y fue mientras esperaban, cuando esa persona llegó.
..
-"Señorita Ishizu"-
Saludó el hombre, en árabe, y después dijo algo más que Atem no pudo entender. Ladeó el rostro para observar al hombre que acababa de saludar a la morena. Parecía estar al final de sus treintas, alto, facciones arábigas muy marcadas a juego con la vestimenta que portaba, y oscura mirada curiosa; el hombre también fijó sus ojos en él, y fue cuando Atem se dio cuenta de que se le había quedado mirando inconscientemente.
-"Ah, Abdul"- Saludó la joven, en árabe también- "Buenas tardes"-
Marik bufó, ganándose un muy suave codazo en el brazo por parte de Rishid. El más joven de los Ishtar se viró hacia su hermano mayor y puso los ojos en blanco; Ishizu miró de soslayo a sus hermanos con ojos afilados, para después continuar su plática. Nuevamente, Atem no podía entender muy bien. El hombre respondió sonriente a las palabras de la joven, y de un momento para otro, las miradas de ambos se enfocaron en él.
Fue el turno de la muchacha de hablar nuevamente. Reconoció su propio nombre al salir de los labios de la morena quien, acto seguido, lo apremió a acercarse con una seña de su mano. El chico frunció los labios; al no entender nada de árabe, era una situación algo incómoda para él.
Al acercarse, la joven colocó una mano sobre su hombro, en un gesto cálido. El hombre le sonrió.
-"Atem"- Pronunció su nombre, con acento árabe egipcio.
…
Lo que pasó después lo tomó por sorpresa.
El muchacho parpadeó en señal de evidente desorientación, mientras que su corazón se aceleró, alcanzando velocidades exorbitantes en cuestión de segundos. Hizo un esfuerzo por mantener sus ojos se enfocados en los oscuros orbes de aquel quien lo miraba con excesiva curiosidad.
No fueron las palabras, ni la afirmación que había hecho. Lo que había dejado a Atem sumamente confundido y con una sensación para nada agradable, con una enorme inquietud…Era que el hombre se lo había dicho en el idioma antiguo.
En su idioma natal… Con la misma entonación que usaban las personas para dirigirse a él en el pasado.
Con un perfecto acento de la antigua Uaset.
.
- "Llevas el nombre de un dios"-
.
…el nombre de un dios
…de un dios
…
..
.
Aquellas palabras hicieron eco dentro de su cabeza, estruendosas, repitiéndose una y otra vez en aquel perfecto acento antiguo…
El muchacho despertó sobresaltado, incorporándose sobre sus codos en un reflejo inconsciente. Una delgada capa de sudor le cubría la frente, y el agudo chirrido infernal, que podía escuchar incluso por encima del retumbar de sus acelerados latidos, le destrozaba los tímpanos sin piedad. Al instante compendió que se había quedado dormido en medio de su remembranza; frotó el dorso de su mano contra su frente y sacudió levemente la cabeza, aturdido. Aún con los ojos cerrados, trató de acompasar su agitada y brusca respiración; poco a poco, los jadeos cesaron, el ensordecedor chirrido se desvaneció gradualmente, y sus estrepitosos latidos se regularizaron hasta retornar a la normalidad.
-Fue un recuerdo común…- Pensó- No fue como lo del otro día…- Se dijo a sí mismo, intentando reconfortarse.
Se encorvó hacia el frente y flexionó las piernas un poco más, atrayéndolas un poco más hacia su pecho, para después descansar los antebrazos sobre las rodillas. En realidad, ser consciente de la diferencia entre lo que acababa de pasarle con aquel sueño distinto que había experimentado la noche anterior lo ayudó a mantener la calma.
Porque si bien el recuerdo de Abdul, helándole la sangre nuevamente con el eco de aquella peculiar elección de palabras, pronunciadas en su antigua lengua materna, había sido perturbador, la imagen de Anzu con el rostro ensombrecido por el dolor lo seguía afectado de una forma que aún no era capaz de describir; ni siquiera estaba seguro de que hubiese una manera de simplificar aquello que esa inesperada revelación había despertado en su interior con simples palabras.
Había vuelto a experimentar aquella sensación el instante en el que Yugi hizo alusión a ese suceso. El abismo dentro de su pecho se profundizaba cada vez más, devastador y quemante, mientras que su mente seguía reviviendo aquella imagen una y otra vez… Torturándolo despiadadamente. No podía sacarse de la cabeza la imagen de la muchacha intentando contener el llanto en aquel oscuro pasillo. Tener su rostro tan cerca, a sólo centímetros de distancia, pero a la vez estar tan lejos de ella, sabiendo que ese momento ya había sucedido y que jamás podría hacer nada para cambiarlo, le hacía sentir rabia y frustración hacia sí mismo. Porque, aunque su destino hubiese dado aquel inesperado giro al final, en aquellas horas previas al duelo, la única realidad que conocía era que probablemente jamás volvería a ver a ninguno de sus amigos de la época actual, y pese a ser completamente consciente de ello, no se le cruzó por la mente despedirse adecuadamente de ella ni de nadie más, por estar inmerso en sí mismo…
Y en parte, por aquella enorme aversión que le tenía a las despedidas desde que era pequeño.
Pero ella…
La fuerte, alegre, cariñosa y valiente Anzu…
Ella había llorado de aquella forma tan desgarradora.
Por él.
Porque no podía quedarse.
…
Le carcomía el no saber lo que ella quiso decirle, el no haber podido consolarla, el no haber escuchado la última frase que la joven había pronunciado de manera entrecortada entre lágrimas y sollozos, antes de despertar de aquella reminiscencia del pasado…
Suspiró y se dejó caer hacia atrás nuevamente, extendiendo los brazos sobre el arenoso terreno y abriendo los ojos lentamente. Las ráfagas de aire empujaban su flequillo rubio sobre su frente y la arena en su rostro comenzaba a hacerle cosquillas, pero no se molestó en cambiar de posición.
Era consciente de que no tenía sentido lamentarse por el pasado que no podía cambiar.
Había prometido compensarle a la joven todo lo que había hecho por él, ¿No era así?
Sí, eso era lo más importante. Pero también…
Necesitaba saber…
Desde aquel extraordinario suceso de la noche anterior, sentía la desenfrenada urgencia de hablar con Anzu, de hallar la manera de decirle…
¿Qué podía estar causando aquella angustia al tenerla tan cerca, pero no poder expresarle aquello que le carcomía por dentro? Ciertamente deseaba hablar con ella sobre el tema en algún momento, a solas, pero de alguna manera comprendía que no era una plática que se pudiese abordar a la ligera. Tenía que ser paciente.
Después de todo, si había algo que le sobraba ahora por primera vez en su existencia, era tiempo.
El muchacho frunció el ceño y cerró los ojos, levantando la barbilla y torciendo los labios ligeramente en una mueca. Se sintió realmente tonto por un momento, porque, Incluso si hubiese tenido la oportunidad de hablar con ella, ¿Qué le hubiese dicho?, Era algo ingenuo pensar que podía preguntarle directamente a la chica aquello que le daba vueltas en la cabeza desde la noche anterior. En primera instancia, él no tenía manera de saber que Anzu había visitado el camarote de Yugi aquella noche. Incluso si amigo había hecho alusión al incidente hacía menos de una hora, jamás mencionó el hecho en específico. Sabía que en algún momento tendría que sincerarse con sus amigos acerca de aquellas pequeñas manifestaciones de magia que experimentaba, pero para esa situación en específico, era un tanto incómodo.
Se vio atrapado por la tentación de pronunciar la frase, de escuchar el sonido de aquellas palabras, por si se atreviera a que algún día dejaran sus labios frente a la persona a la que estaban dirigidas.
-"Anzu, ¿Qué querías decirme aquella noche?"- Pronunció hacia la penumbra, apenas en una exhalación.
..
Incluso en solitud y rodeado únicamente por la negrura de la noche, no pudo evitar sentirse algo avergonzado.
Desvió la mirada hacia el arenoso suelo.
No. Por alguna razón, soltar esa clase de pregunta de manera directa era…
…
Resopló y cerró los ojos, sintiendo la piel de su cuello arder repentinamente. Necesitaba dirigir sus pensamientos hacia algo más.
Pero la primera imagen que cobró vida en su mente fue el recuerdo de la dulce sonrisa de la joven cuando colocó aquella flor azul en su cabello; aún recordaba lo suave que este era, y la manera en la que tenues destellos dorados resplandecían sobre la superficie del rico color castaño claro bajo la luz del sol del mediodía.
Y de pronto, Atem se descubrió a sí mismo deseando tocar su cabello nuevamente, verla sonreír de aquella forma una vez más…
…
-¿Qué…
Abrió los ojos y arqueó una ceja; disintiendo levemente la cabeza, intentó arrojar ese pensamiento hacia el fondo de su mente. Comenzaba a sentirse aquella súbita oleada de calidez que lo consumía lentamente cada que se descubría pensando en ella; el palpitar de su corazón se intensificaba contra su pecho, mas no se trataba de un latido de agonía como el que había experimentado anteriormente.
Era tan distinto…
El joven se percataba con claridad que, desde que había despertado nuevamente en el mundo, sentía con demasiada intensidad, de una manera distinta a como lo había hecho cuando era un espíritu; sentía en carne propia, como en milenios no lo había hecho. Sus emociones claramente estaban hechas un lío y había momentos en los que aquellas foráneas sensaciones ocasionaban que no se reconociera a sí mismo.
Era fascinante lo palpable que podían ser aquellos desconocidos y ajenos sentimientos, imposibles de desentrañar a primera instancia. Aunque si era sincero consigo mismo, no estaba seguro de querer descifrar qué significaban exactamente.
Era algo incómodo pensar en ello…
Movió su cuerpo hasta sentirse cómodo sobre su improvisado colchón de arena. Por un instante, consideró seriamente regresar al interior de la casa ya que, aunque sus sueños fuesen poco gratos, al menos ya había logrado quedarse dormido… O algo parecido a eso. Aun así, decidió permanecer en aquel sitio unos momentos más. La sensación de la arena fresca bajo su cuerpo siempre había logrado tranquilizarlo en el pasado. Entreabrió los ojos e inhaló, se relajó una vez más, haciendo un esfuerzo por abandonarse a la tranquilidad de sus alrededores.
Poco a poco sintió su consciencia desvanecerse ante los pacíficos sonidos de la noche.
El casi imperceptible silbido del viento; el débil murmullo de la corriente del agua al desplazarse entre las rocas en la orilla del Nilo; el tranquilizante rumor que emitían las hojas de las palmas al acariciarse entre ellas…
El cuchicheo que nacía del roce de alguna tela contra el viento, acompañado del acompasado susurro de la arena proveniente de algún lugar en la periferia…
Y aquella enigmática melodía que ese ritmo traía consigo, la cual se hacía más rica e intensa a cada segundo que transcurría.
…
Forzó su regreso a lucidez ante aquella realización. Atem frunció el ceño, haciendo un esfuerzo por aguzar el oído, concentrándose únicamente en lo que parecía ser el roce de suave piel contra ásperos cristales de fina arena, y su tintineante danzar en el aire antes de aterrizar nuevamente sobre la superficie.
Alguien…
Caminaba sobre las dunas de la ribera.
Se incorporó hasta poder recargar el peso de su cuerpo sobre sus codos, haciendo un esfuerzo por contener las ansias de descubrir el origen de aquel intrigante ritmo. Su interior vibraba con emoción contenida al escuchar aquella equilibrada melodía, esa composición que nacía del tintineo de la arena al ser acariciada con tan expertos pasos, del canto del viento al ser invadido por aquella insólita presencia, dueña de aquellos espontáneos, pero precisos movimientos. El armónico sonido se detenía efímeramente, pero pasados unos instantes regresaba para crear maravillosas composiciones sobre las dunas de la ribera y sus alrededores.
Sí, no podía tratarse de una simple caminata.
Aquel sonido tenía un ritmo.
Había escuchado una infinidad de ocasiones el roce de expertos pies creando increíbles ritmos sobre las arenas que rodeaban el valle del Nilo, por lo cual pudo comprender al instante.
Se trataba de un baile.
Alguien estaba bailando sobre la arena.
Podía escucharla, sentirla. La insólita melodía que nacía de aquella danza y se entrelazaba con la mismísima atmósfera, tornándola embriagante era incitante y apasionada; tan armónicamente equilibrada que, si cerraba los ojos, era prácticamente capaz de dibujar el patrón de aquellos sinuosos movimientos al compás de aquella rica composición.
Se incorporó nuevamente, ahora hasta quedar sentado sobre las dunas. Aquel invisible espectáculo era irreverentemente intoxicante. Quería… No, necesitaba encontrar la fuente de aquella enigmática danza que había despertado algo en lo más profundo de su ser.
Su rostro fue acariciado por una cálida ráfaga; los diminutos cristales de arena que se escondían entre aquella oleada de viento cosquillearon por todo su cuerpo.
Se retiró el cabello del rostro y poniéndose de pie de un solo movimiento, abrió los ojos.
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Hola!
El 2020 no está completo sin la actualización de la que nunca actualiza xD
Si se dan una vuelta por mi página de Facebook (la cual está terriblemente abandonada, pero pueden encontrar el link en mi perfil) verán que en enero de 2018 hice una publicación con una fotografía, hablando de un "spoiler gráfico". Sí, este capítulo lo comencé a escribir formalmente hace casi tres años. En 2019 hice un post sobre las razones por las cuales no había actualizado en año y medio, y pocos meses después de eso, cuando por fin tuve este capítulo casi, casi listo, mi disco duro murió y después de varios meses de dejarla con el técnico, la volví a tener en mis manos. Curiosamente recuperé casi todos mis archivos, fotos, todo, pero de las carpetas donde guardaba el fanfic, solamente quedaron borradores de mediados del 2018. ¿A qué voy con todo esto? Tuve que comenzar a escribir el capítulo nuevamente en enero del 2020 desde… Aproximadamente un 30%. Fue tanta mi frustración (¿tres años con un capítulo, really?) que por un momento pensé en "saltarme" esta parte y comencé a escribir el capítulo siguiente, pero este y su capítulo hermano (que será el siguiente jiji) tienen un par de referencias que nos servirán en el futuro y que de cualquier manera tendría que incluir en la historia, además de que en capítulos anteriores, de alguna u otra manera ya ha había marcado referencias a esta "noche larga", Así que decidí escribirlo de nuevo. No estoy segura de que tenga el mismo feeling que la primera vez que lo escribí, pero bueno, me siento algo satisfecha conmigo misma por animarme a publicarlo. Al menos eso de no poder hacer muchas cosas por la contingencia del cxvid hizo que pudiera concentrarme en escribir un poco. En realidad hay más de este capítulo; quienes me conocen ya saben que escribo kilométricamente y se me alargan mucho los capítulos, pero no quise publicar algo de 80 páginas de una sola vez (es cansado, ¿no?) así que hay capítulo 15 segunda parte (que probablemente publicaré como 16, para no complicarnos demasiado) , ¿Está listo? Podría decirse que sí, me falta escanearlo una o dos veces en busca de errores. ¿Lo voy a publicar pronto? Bueno, el tiempo es relativo (jijij) No es que no quiera subirlo en seguida, pero me gusta dejar los escritos reposando un tiempo para ver si la inspiración pega con más fuerza y hay algo que se pueda mejorar, aunque los cambios no afecten la trama y sólo la estética del escrito.
Otro punto importante es que, hasta ahora todos los capítulos han narrado una serie de días consecutivos, eso terminará pronto, solamente es algo que quise hacer con el arco de Egipto. Los chicos regresarán a Japón y este esquema de contar un día tras otro ya no será tan así. También he estado pensando en cambiar el timeline de la historia; siempre hice énfasis en que ellos están por comenzar su último año de preparatoria, pero como les comenté en notas pasadas, estos capítulos son en meses de verano, mientras que en Japón, los cursos comienzan en Abril, por lo cual ya podrían estar en su último año y sólo estar de vacaciones de verano ( yo soy de MX y por costumbre, escribí como si la escuela se comenzara en septiembre) Aún no he definido si haré cambios con respecto a eso ( ya que realmente no afecta la historia) pero cual sea mi decisión, lo mencionaré en la página de facebook, o en las notas de los próximos capítulos ^^ Me aseguraré de no afectar la historia ni el concepto original al hacer cualquier cambio.
Hay muuuchas cosas más que quisiera platicar por aquí, pero no quiero alargarme demasiado. En fin…Si lees esto, muchas gracias, y espero que hayas tenido una feliz navidad y que tengas un feliz año nuevo, día de reyes, 14 de febrero, inicio de la primavera 2021, pascua… ok, hasta ahí dejaré las felicitaciones (yo, tratando de ser positiva acerca de actualizar en menos de un año jiji)
Estoy un poco oxidada con esto de la escritura. Aun así, espero que hayan disfrutado el capítulo.
Ni siquiera estoy tratando de hacerla de emoción o dejándolo en cliffhanger esta vez, porque obviamente todos sabemos quién está ahí afuera además de Atem ( woahhh ¿Quién podría ser? xD jajajjaa)
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Hasta la próxima! ^^
