Capítulo 7: Tarde
Ichigo llega a su casa entre comprensivo y molesto. Todo el relajo que había obtenido en el gimnasio se fue a la mierda al ver al objetivo de sus deseos sonriéndole a un hombre que no es él.
Si, puede ser exagerado su comportamiento, incluso puede rayar en toxico si no tiene cuidado, pero no puede evitar sentir esa molestia porque él quiere ser dueño de esa sonrisa, no las corteses o falsas que le enseña cuando se ven o actúa frente a los demás, sino esa sincera y llena de afecto que le dio a ese peli azul de ropa roquera.
¿Por qué? No lo sabe, si lo único que quiere de ella es una relación sexual sin compromiso, los dos son bastante grandes y maduros para eso, incluso la mujer de sus deseos parece que tiene algún que otro amigo con derecho contando a ese peli azul, y no le importa… al menos no debería importarle. Puede hacer lo que quiera, es su vida como ella dice.
—Mierda. — Tira su bolso enojado consigo mismo.
Enojado por actuar posesivo con una persona, enojado por andar queriendo cosas que no necesita sin saber por qué… enojado de tener unas ganas enormes de follar luego de más de un mes sin hacerlo.
Desde que la conoció.
Se tira en su sillón favorito y mira su celular. Que fácil sería llamar a cualquiera de sus amantes, incluso podría meterse con tres al mismo tiempo si quisiera… pero su maldito orgullo sexual se negaba tomar a otra que no fuese la escort por un asunto de éxito, porque cuando el día llegue (que llegara de un modo u otro), el premio será mucho más placentero, habría valido la pena.
Pero si sigues así, te vas a morir.
Suelta un gruñido, casi parecido al de un animal salvaje, y se pone de pie.
Necesita un baño.
Bien frío.
Ayame mira concentrado sus cuadernos de estudios, con los audífonos puestos porque necesita música para aislarse de lo que pasa alrededor mientras estudia. Por lo tanto no pone atención a la cena que Orihime le ha colocado en la mesa hasta que ella le toma el hombro con suavidad. La mira y nota los jeans negro que se le ajusta bastante bien a pesar que no suene bien que lo diga su sobrino, una blusa transparente y una chaqueta de cuero.
—¿Vas a la disco?
—Sí, tengo… un asunto que atender. — Ayame ya es bastante grande e inteligente para saber el significado real de ello. — Te dejo la cena y a Shigure. Pon los seguros a la puerta y ventanas apenas me vaya con Grimmjow.
—De acuerdo.
—Shigure está durmiendo… por favor, no andes con los audífonos… cualquier cosa rara que oigas, llama a la policía de inmediato y luego a mí o a Grimmjow.
—Entiendo… cálmate, tengo todo en orden.
—Lo sé, lo sé… sólo estoy nerviosa.
—Igual te diré que te diviertas.
Sonriendo, Orihime le besa la frente y le pide otra vez que ande con cuidado, también susurra que no se quede despierto tan tarde. La ve pescar su bolso grande y cómo mete dentro una carpeta de cartón con papeles dentro; cómo se mira el pelo, agarra las llaves y abre la puerta… ella voltea para verlo y le sonríe mientras alza la mano en despedida.
—Ya vuelvo, te lo prometo.
Su sobrino sonríe, entendiendo el por qué de sus palabras.
—Ten cuidado. — Responde alzando su mano también.
La sonrisa de Orihime se ensancha y cierra por fin la puerta.
La escort sale del edificio saludando al conserje y encuentra sin problema a su amigo Grimmjow esperándola sobre el auto que pidió prestado a un amigo. Abre la puerta del copiloto y mira su tenía de jeans azules gastados, camisa con agujeros y una chaqueta de cuero negro digna de un pandillero de los ochenta.
—Hola guapo. — Bromea.
—Hola preciosa, vengo a ofrecerte la oportunidad de tu vida.
—Que tentador. — Murmura mientras se sube y luego se echa a reír.
La disco en dónde fueron se llama JOKER y es una de categoría, nada es barato allí y la gente viste sí o sí de marcas. Incluso está los típicos guardias y la fila de jóvenes que desean pasar y sentirse especiales pero son vigilados alrededor de una cuerda y haciendo fila.
Grimmjow hace un saludo al guardia con la mano antes de entrar con Orihime. Se encuentran unas escaleras que dan para abajo y por la poca iluminación, el peli azul le ayuda a bajar por los tacones altos que usa. Al final del viaje se encuentran otro guardia que parece conocerlos bien ya que asiente en señal de saludo y les abre la puerta detrás de él.
Revelando oscuridad, luces de colores en focos, música fuerte y gente fuera de control.
—Mi paraíso. — Dijo Grimmjow una vez entraron.
—Concéntrate. — Le ordena su amiga pero sonreía. — Ya te tomaras unas copas luego.
—Luego de esto… prefiero tomarlas en otro lado, no nos vayan a emboscar.
—Compraremos en una botillería y tomaremos en tu depa.
—Eso me gusta más.
Todo el centro del lugar es la pista de baile, las elegantes mesas en dónde la gente se sienta a tomar o a sentirse señor absoluto del mundo, se encuentran en la orilla, separados de la pista por cuatro escalones.
—Allá esta. — Dice el peli azul haciendo una mueca.
—Pues vamos.
El par de amigos caminan por la zona de las mesas, ignorando a las jovencitas que querían con el roquero. Cualquier otro día les daría atención, pero esa noche es de su amiga y debe estar atento para cuidarla. Llegan a su objetivo: una mesa circular en que hay varias mujeres y un solo hombre… aunque difícil de distinguirlo por los rasgos femeninos que posee. Delgado y bajo (se encuentra sentado pero ya conocen bien su estatura), los ojos violetas y un pelo corto y negro. Su camisa roja la lleva desabrochada, enseñando la falta de musculatura sino también algunos tatuajes.
Grimmjow gruñe al ver un seis en el lado derecho del abdomen.
Iba a matarlo.
—Tranquilo. — Susurra Orihime en advertencia. — Ya lo golpeas luego.
El muchacho de ojos violetas se da cuenta de la presencia de Orihime y Grimmjow y reacciona con un silbido mientras adorna su rostro con una sonrisa de superioridad.
—Que sorpresa, vienes tres días antes de lo esperado.
—¿Cómo se encuentra mi mafioso favorito? — Comenta con sarcasmo la escort mientras se cruza de brazos.
—Como siempre, disfrutando la buena compañía… aun estas a tiempo de unirte.
—No estoy tan desesperada, Luppi.
Luppi Antenor, uno de los mafiosos de nivel dos por así decirlo, vuelve a sonreír con arrogancia. Ve a sus mujeres y les ordena que vayan a divertirse un rato, en lo que hace negocios con los invitados. Ellas obedecen sin dudar, no querían hacerlo enojar. Los invita a tomar asiento con un gesto de la mano y aceptan luego que el peli azul se asegurase que no hubiese nada raro.
—Vienes con tu matón antes de tiempo a pagarme la cuota.
—Si tienes un problema conmigo, entonces no me copies los tatuajes. — Reprende Grimmjow de brazos cruzados.
—Ah, ¿Te gusta? Admito que lo encontré llamativo en cuando te lo vi y lo quise copiar.
—Espero que te lo quites pronto si no quieres terminar en un pozo.
—Grimmjow. — Orihime lo agarra de la manga, notando los guardias de Luppi sacando sus armas. — No empieces por favor.
—Tranquilos. — Dijo Luppi a sus guardias y estos bajan sus armas. — No hay de qué preocuparse, el matón de Orihime no hará algo que la involucre en una pelea… o en un mal entendido.
—Veo que has estado hablando con tu primo. — Sisea la escort.
—Te manda saludos… a ti y a esa cosa pequeña que llaman niño.
Ella sabe de sus intenciones de provocarla, por eso no se deja caer a sus burlas, aunque sus manos hacen presión a las correas de su bolso.
—Si vengo a pagarte… pero no la cuota. — Dice ella por fin, queriendo ir al grano de una vez y no volver a oír una mención de Shigure. No se perturba de su ceño fruncido. — Es más, tengo un trato jugoso que no puedes rechazar.
—Hooooooh. — Luppi alza las cejas, se le veía divertido, le causa mucha gracia el comentario de la mujer. — Lo único jugoso y de valor que puedes ofrecerme es tu cuerpo… ¿Por fin voy a conocer a fondo la mercancía de Ulquiorra?
Rápido Orihime apoya la mano sobre un puño de Grimmjow, sabiendo que se iba a estampar en la cara de Luppi si no lo detenía.
—Mi cuerpo no es la ofrenda, sino el dinero… como siempre ha sido.
—¿Dinero? Aun con tu… oficio, no te alcanza para pagarme todo.
—En primer lugar nunca pude pagarlo todo porque dejabas que Ulquiorra aumentase la deuda cada vez que se le venía en gana.
—En mi defensa, me gusta tu compañía.
—Pues eso se acaba aquí hoy… y espero que seas inteligente para que aceptes mi generosidad. — Ignorando la mirada del mafioso, saca su celular. — Tienes dos opciones Luppi Antenor: te pago todo el dinero que te debo bajo un contrato que no permitirás que Ulquiorra siga usando mi nombre para los préstamos, ni a ti ni a ninguna otra banda.
—Es una solicitud muy grande para tan poco dinero. — Murmura cómo si los millones que Orihime debe fuese en realidad un billete de cien.
—La otra opción… la otra opción es la misma que la anterior… la única diferencia es que pago la deuda total… multiplicado por cuatro.
Por primera vez desde que firmó el contrato con Kurosaki Ichigo, da gracias de ello en lo que veía al mafioso perder la compostura.
Que acepte… que acepte…
—¿De dónde has sacado todo ese dinero?
—¿Acaso importa?
—Sí si le has robado o algo a los peces gordos… los venenosos.
—Me lo he ganado honradamente con mi trabajo… tengo un cliente nuevo, es un idiota pero que paga muy bien por presumir una joya bonita. — Sonríe falsamente. — Algunos hombres deberían seguir su ejemplo.
Su sonrisa se ensancha al verlo bufar. En lo que él medita, Orihime aprovecha para ver un momento a su amigo en pose de alerta… siempre atento a cuidarla. Aquello le saca una sonrisa, a veces le gustaría estar enamorada de él porque sería algo fácil y sencillo a su vida… otras da gracias por no estarlo o no tendrían la amistad que tienen.
Se concentra otra vez en el mafioso. Ha esperado mucho por este momento, en que tuviera el dinero suficiente para hacer este contrato. Siempre ha dicho que ahorraba para ir a la universidad, pero era una mentira, ese ahorro lo tenía por esto, para reunir lo necesario de dar cierre a las deudas con la mafia de una vez, porque sabía que no tendría descanso hasta juntar lo suficiente para cegar a un cochino amante del dinero.
Pensar que reunió antes de tiempo la cifra necesaria gracias a Ichigo… gracias a que un idiota mujeriego calentón se le cruzo en su vida y suelta el dinero como un niño lanza las hojas muertas en otoño.
Si no fuera desagradable su actitud, lo besaría.
—¿Aceptas o no? no tengo todo el día y estas oportunidades son únicas en la vida.
—De acuerdo. — Sonríe emocionado de todo ese dinero. — Enséñame que tengo que firmar.
Orihime casi se pone a llorar.
Con un grito de júbilo, Grimmjow y Orihime hacen salud chocando sus botellas de cervezas.
—Daría lo que sea por ver la cara del emo en cuando le digan que ya no puede usarte para hacer negocios.
—Se lo pedí al guardia. — Admite Orihime con las mejillas sonrojadas ya por la borrachera. Incluso tiene tanto calor que le afectó también a blusa transparente, marcándose más a la piel que tuvo que desabrochárselo la mitad.
—Esa es mi chica.
—Estoy borracha pero no tonta… no soy tu chica ni la de nadie. — Suelta un suspiro. — Mañana tengo que estar trabajando a la hora del almuerzo y de seguro sufriré la borrachera del mes.
—Habrá valido la pena… no todos los días uno celebra haberse deshecho de la mafia y de joder al ex.
—Tienes razón. — Hace un brindis imaginario y se toma hasta el fondo lo que le queda de la botella. — Otra.
—A la orden. — Destapa la siguiente botella y se la entrega, la mujer celebra lo frío que está.
Vuelve a alzar su botella y se va tragando todo lo que puede al primer trago, se pasa la muñeca en los labios con el fin de limpiárselos y suelta un jadeo de felicidad. Nada podía ir mal ahora.
—Oye, háblame de ese cliente tuyo.
Excepto eso.
—No estoy de humor, Grimmjow.
—Vamos, suéltalo.
—Se supone que es una celebración, no un funeral.
—Quizás te sirva para desahogarte.
—No lo creo.
—No lo sabrás si no lo intentas.
—Tú sólo quieres el chisme como el gato entrometido que eres.
—Soy una pantera, cariño.
—¿Cuál es la diferencia? — Toma otro trago. — Prefiero tener sexo contigo ahora que hablarte de ese narcisista calienta bragas.
—¿Calienta bragas? — Grimmjow se echa a reír, aumentando el calor en su rostro igual por la borrachera. — Oh, me imagino el delirio que debe ser para ti.
—Cállate. — Murmura tomando otro trago de cerveza. — El que esté bueno no le quita lo idiota.
—Que sea idiota debe ser bueno o ya te habrías lanzado a su cuello hace rato, ¿O me equivoco? — Orihime piensa otra vez en esa cercanía osada del hombre hacía su persona en el hospital y como cae a la lujuria por el aroma de Ichigo. Su sonrojo ahora no es por el alcohol y el peliazul suelta otra carcajada. — Tu cara es un poema, me da la razón.
—Si te vas a poner así no vuelvo a tomar contigo.
—Vale, vale… entonces volvamos a lo que dijiste de acostarte conmigo.
De respuesta Orihime se toma en silencio lo que le queda de la botella y lo deja sobre la mesa.
Se arregla el mechón de pelo que le molesta.
Y agarra a su mejor amigo de la ropa para jalarlo y robarle un beso.
En cuando se separan por falta de aire, es consciente de haber terminado sentada a horcajadas sobre Grimmjow y que sus manos buscaban el botón y cierre de los pantalones en lo que el hombre le agarra el trasero sobre los jeans.
En cuando el pene queda libre, ella se lo frota mientras vuelven a los besos desenfrenados. Grimmjow la alza nuevamente y la tiende de espaldas en la mesa, le quita los jeans, se baja sus propios pantalones y la penetra sin miramientos, sabiendo que Orihime no anda para algo "lento y romántico", sino "rápido y des estresarse". Sin perder la sincronía de sus caderas, la Escort se logra quitar por sí misma su pollera de encaje y se baja como puede el sostén, dándole a Grimmjow el permiso de atacarlos con su boca y dientes, cosa que él acepta encantado al inclinarse.
Orihime gruñe al escuchar el despertador.
En cuando vuelve al departamento luego de haber dejado a Shigure a salvo en el autobús con Isane, decidió mandar a la punta del cerro la limpieza e irse a dormir tres horas, a ver si así se le va algo más la jaqueca y ya se preocuparía por la responsabilidad después de volver del hipódromo.
Suspira de alivio que se le haya pasado un poco más el dolor de cabeza y el cansancio al haber dormido poco… pero bueno, no se puede quejar luego de haberse desahogado con un buen polvo.
Los beneficios de tener amigos con derecho: sexo sin compromiso.
Se da una ducha, sin esperar al principio que tempere, quería que el agua fría le ayude a despabilar y quitarle el aspecto de zombi que debe traer. Ya refrescada y sin tener más olores no apropiados para una madre según la machista sociedad, camina a su cuarto con toalla enrollada en su cabello y en ropa interior rojo. Ya que afuera anda caluroso, se viste unos shorts color marfil, un blaizzer del mismo color con las mangas hasta los codos y desabrochada, enseñando su blusa sin mangas color amarillo y con escote discreto.
Come lo que le dejó Ayame de desayuno pero no había comido aún por sentir las nauseas de la cerveza mientras escucha un matinal de comedia, soltando carcajadas a cada momento que es sorpresivo que no se le escape la leche por la nariz; al terminar se lava los dientes, libera su pelo de la toalla y usa el secador para que seque rápido que anda en la hora justa; busca los zapatillas amarillas, los documentos, su celular y sale de su departamento.
Tuvo la suerte de no esperar tanto a un taxi.
—¿A dónde señorita?
—Déjeme en… — Nota que su celular le avisa una llamada de la escuela. — Espere un momento… — Contesta enseguida y escucha la noticia, cambiando su humor positivo a preocupación. — Vo-voy enseguida… — Ve al taxista. — Por favor, déjeme en la escuela de Karakura.
Ichigo se está subiendo al auto en cuando le llega un mensaje de Orihime.
Me salió un problema y voy a llegar tarde donde Madam Christine. Puedes esperarme allí o en el Hipódromo mismo.
Dame una respuesta pronto y se lo informaré a Madam.
Qué extraño… ¿Le habrá pasado algo?
A su mente viene la imagen de ella con el punk peliazul.
No debería cabrearse, no tiene derecho… pero lo hace, jurando que el motivo de su atraso es a causa de ese sujeto de mala muerte.
Te espero en el Hipódromo, no haré esperar a mi madre.
Llámame en cuando llegues para que te busque en la entrada.
En cuando piensa lo poco profesional que es la mujer, se sube esta vez definitivamente a su coche, hoy toca un Ferrari negro, y sale del garaje a gran velocidad.
Alcanzó a escribirle a Madam del contratiempo antes de que el taxi llegase a su destino.
Saluda al guardia, registra su ingreso y va al área administrativa de la escuela. Su hermano y ella estudiaron en Las Noches, mismo nombre de la abogacía de Aizen porque son del mismo dueño (aunque lo fundó su abuelo) y se supone que Ayame haría lo mismo, pero se negó, le había dicho que sólo quería en Karakura a pesar de la beca que Las Noches le ofrecía.
"No quiero estar en la misma escuela que estuvo ese vampiro de mierda y ver su cara en las fotos".
Orihime lo castigó por su vocabulario.
Y lo matriculo al día siguiente.
Detiene sus pasos en el área de los trofeos ya que una imagen le llamó la atención. Abre sus labios en asombro al ver al mismísimo Kurosaki Ichigo de adolescente celebrando en una fotografía el haber ganado las finales en futból.
Cierto, él había mencionado que había estudiado en Karakura.
Pensar que si hay una fotografía suya de adolescente en que salga sobrio después de todo.
Con aquel pensamiento, se le escapa una sonrisa, que rápido desaparece apenas recuerda por qué está allí y fue a Dirección.
La secretaría del director la saluda y le pide que espere un segundo en lo que avisa su llegada.
—Ya puede pasar, Inoue-san.
—Gracias. — Pide permiso y entra, encontrando al director, un hombre de aspecto abuelito amable, con Ayame, otro chico de su edad que tiene lo que parece ser una bolsa de hielo en la cara, y un par de adultos que deben ser los padres de aquel pibe. — Buenas tardes, señor Director.
—Oooooh, Inoue-san, buenas tardes. — Su tono jovial le da esperanzas por unos segundos que no debe ser algo malo… o al menos no tanto. — Espero que no se le haya hecho difícil venir.
—Oh no, mi jefa es comprensiva. — El padre del chico suelta un bufido de ironía y alza una ceja. Lo mejor por ahora es ignorarlo. — ¿Qué ha pasado?
Pero no le dejan al Director hablar, la madre del muchacho la enfrenta con una mirada de rabia y disgusto.
—¡Lo que pasa es que su agresivo hijo golpeó al mío!
Ah.
Ahora entiende el por qué el hielo y las señales de sangre seca y moretones.
—¿Ayame? — Mira a su sobrino, sentado con la vista fija en los zapatos.
—Se equivoca, ella es mi tía. — Parece que aquella confusión lo cabrea. — No insulte a mi tía Orihime comparándola con la mujer que dice ser mi madre.
—Ayame. — Repite Orihime, está vez con un tono más firme. — ¿Qué paso? Tú no eres violento.
—Por favor. — Escupe el hombre adulto, mirando a Orihime con enfado y asco. — Está claro que…
—Discúlpeme. — Lo interrumpe Orihime con rudeza. — Pero estoy hablando con mi sobrino, no con usted. Así que cállese y respete turnos de habla.
Que aquel hombre se haya sorprendido y luego enojado es prueba que no está acostumbrado a que lo interrumpan o manden a callar. Sospecha ya cómo deben ser las cosas en su casa.
—Golpee a Satoshi. — Admite Ayame, el adolescente continuaba viendo el suelo pero por el tono de voz su tía apuesta a que se encuentra furioso y tenía ganas de seguir dándole una paliza. — Estuvo toda la semana provocándome por una pelea, pueden preguntarle a cualquiera del salón y dirá lo mismo que yo… no lo deje ganar, pero… el imbécil ha dicho algo imperdonable.
—¡Eso no es lo que paso! — Habla la madre. — ¡No mienta que mi hijo no es así!
—¿Estaba usted allí? — Cuestiona Orihime alzando sus cejas.
—Ogashi-sensei ha hablado con los alumnos, los que no son amigos de los afectados, y… en efecto, todos han dicho lo mismo que Inoue Ayame-kun. — Comenta el Director sin perder la tranquilidad. — Así que le voy a pedir a ustedes, matrimonio Gendou que mejor mantengan silencio o las cosas pueden ir peor para su hijo.
—¿Cree que voy a permitir tal amenaza? — Exclama el padre.
—¿Y usted cree que voy a permitir que un estudiante ande insultando a sus compañeros o a sus padres? — Toda la alegría desaparece en aquel viejo rostro y su mirada se pone afilada que el contrincante tuvo la decencia de callarse. — Gendou Satoshi, usted no sólo se ha comportado de forma pandillera en la escuela, usted le faltó el respeto a la familia Inoue… ahora, eso no significa que valore el acto violento de Inoue Ayame. — El mencionado alza por fin la vista, cruzando miradas con el director. — Tengo que castigarte también o quedara este acto de violencia entre estudiantes como algo permisible.
—Lo entiendo señor Director.
—Ambos serán suspendidos, Gendou dos semana y Ayame sólo una. Usen ese tiempo para reflexionar y pensar en lo que hicieron… obviamente no se irán sin deberes, la suspensión no es excusa para ser un vago.
—¿Por qué mi hijo debe pasar más tiempo castigado si fue el agredido? — Se queja la señora.
—Porque su hijo fue quien empezó el pleito señora, ya lo hemos dicho. — Vuelve a mirar a Orihime. — Sobre sus clases de karate y su participación en el torneo… lo hablaré con su profesor. Él decidirá si se suspende su participación o no.
—Entiendo, señor Director… ¿La suspensión empezara ahora mismo?
—A partir de mañana… pero sí, lo mejor es que se vayan ahora mismo. — Turna su mirada entre los castigados. — Mientras hablo con sus padres y tutora, vayan al salón por sus cosas. Si escucho que se pelearon en el camino, les aumentaré el castigo.
Los dos adolescentes asintieron en silencio, e igual de calladitos se fueron.
—Esto simplemente es inaceptable. — El señor Gendou se cruza de brazos, bastante molesto, y mirando a Orihime. — Mi hijo claramente pasa una injusticia.
—¿Acaso usted no escucha? Un salón entero y el director mismo han dicho que su hijo ha estado molestando y acosando a mi sobrino.
—Sólo cosas entre hombres, nada de otro mundo… que su sobrino no pueda tolerarlo habla de lo debilucho que es… comprensible si no es criado por un hombre de verdad.
—Mi debilucho sobrino, como dice usted, le dio una paliza a su hijo.
—Vamos, vamos. — El Director evitar que esa boca masculina suelte algo que haga enojar a Orihime. — Lo importante que deben hacer ahora es estar con ellos y hacerles entender su mala conducta… queremos evitarnos expulsión, ¿No es verdad?
—Estoy de acuerdo señor Director. — Admite Orihime apoyando las manos en las caderas. — Pero espero que usted entienda que mi sobrino se defenderá con derecho si el hijo de este… caballero lo molesta. — Obviamente tenía otras palabras pero no se iba a rebajar.
—Mira puta de mierda… — El orgullo tóxico de ese hombre no iba a permitir que esa zorra siga desafiando su lugar ni faltarle el respeto a su persona. — Tú…
—¿Puta de mierda? — Ella lo interrumpe, lejos de molestarse, aquel apelativo la divierte. ¿No saben decir otra palabra estos tóxicos cuando acorralan su hombría?
Otra vez el Director ha tenido que intervenir, casi gritándole al señor Gendou. Aunque Orihime lo agradece, por dentro le hubiese gustado que no lo hiciera y así tener un motivo para golpear aquel sujeto cerrado de mente.
En cuando Ayame llegó, no se quedó ahí un momento más y se retiro luego de despedirse del Director. Le rodea los hombros con su brazo derecho y sin mirar atrás bajo ningún concepto.
En cuando llegaron a la parada, hace detener a un taxi y lo obliga a meterse dentro.
—¿También voy a tu trabajo?
—Sí, vas a esperar allí a que Grimmjow venga por ti… sabes que estás castigado, ¿Verdad?
—Lo sé… ¿Pero…?
—Si el hijo es igual de patán que su padre, no me sorprende que lo hayas golpeado. — Saca su celular con el fin de mensajear con su amigo y con Madam. — No saldrás del departamento ni usaras el Internet al menos que no sea de la clase, con supervisión de un adulto… y eso significa que me pasas ahora mismo tu celular. — De mala gana el chico obedece. Orihime lo desbloquea para poder apagarlo. — No trates de pasarte de listo que me daré cuenta.
—Lo sé. — Repite.
—¿Sabes que pudiste haber sido expulsado?
—Lo sé.
—¿Puedes por favor decir otra palabra?
—No hay otras palabras para decirlo.
—Ayame.
—¡¿Y qué quiere el maldito mundo que diga?!
—No me grites, yo no lo hago… y ganas me sobran.
—Lo… siento. — Se revuelve el pelo platinado con sus dos manos, señal de la acumulación de emociones en su cuerpo que lo estresan. — De verdad lo siento, yo no quise, pero él… dijo algo imperdonable.
—Algo que parece que toda la escuela sabe pero no yo.
—Dijo que mi padre era un chiflado y tullido… que debió mejor morirse ya que era una vergüenza como hombre no estar "completo".
—La próxima vez, golpéalo dos veces, una por mí… pero si preguntan, lo negaré.
El chico sonríe, entiende que su tía sólo a su manera está tratando de subirle el ánimo. Su forma de darle las gracias fue darle un empujoncito en el hombro con el propio.
—También habló de ti.
—Con lo que me dijo esa excusa de padre, me puedo imaginar que las palabras empiezan con P y Z… para empezar. — Bufa.
El taxista los deja afuera del bar, Orihime le paga y le da las gracias. Tía y sobrino se bajan y entran al bar al mismo tiempo.
—¡Ya era hora! — Exclama Madam al verla, entonces frunce el ceño por la presencia de Ayame. — ¿Estás bien?
—Sí… — Murmura él. — sólo es la adolescencia, Madam.
—Se va a quedar aquí hasta que Grimmjow llegue, espero que no te moleste.
—Siempre y cuando haga alto útil no molesta.
Este ya es el tercer taxi que ocupa durante el día.
Da gracias al taxista y se baja con elegancia y cuidado ya que usa un vestido blanco, corto que le llega unos centímetros por debajo de los muslos, sin escote y mangas largas y holgadas; el atractivo se encuentra en lo ajustado que desde el trasero hasta el busto, detallando bien la forma curvilínea de la mujer, y tiene lentejuelas blancas, en tamaño ultra pequeño que refleja color rosa o lila claro dependiendo del reflejo de la luz.
Se queda unos minutos mirando el lugar. El hipódromo nacional era uno de los más importantes de Karakura, los mejores caballos de purasangre corrían en ese lugar y era el mejor lugar donde los ricos solían socializar. A pesar de llevar casi cuatro años como escort, nunca le habían solicitado una visita a ese lugar, generalmente eran eventos de beneficencia, pequeñas cenas de negocios o reuniones internacionales en algún salón de eventos caro. Y honestamente la curiosidad le había picado, siempre quiso ver una carrera de caballos.
Una vez le permiten el acceso, busca su celular con el fin de avisar a su cliente que había llegado para que le dijera dónde debía ir.
—Orihime.
La chica voltea al oír su nombre y se sorprende de encontrar a otro de sus clientes.
—Aizen-sama. — De inmediato se inclina en respeto. — Ha pasado tiempo.
—Una semana y ya te echo de menos.
—Vaya, no pierde el tiempo con los halagos como de costumbre.
El apuesto hombre de cabello café sonríe, confiado como todo el galán que es.
El famoso Aizen Sousuke, abogado ilustre, que nunca ha perdido un caso y es dueño de una cadena de escuelas, universidades, abogacías y una marca de motocicletas. Todo lo que tenga Las Noches en la marca, significa que lo ha construido aquel sujeto. Si no se equivoca, también está en el mundo de las carreras de caballos y de autos, con la justificación que ambos han sido su pasión en la adolescencia, junto a las motos.
—Imagino que viene a ver a sus caballos en acción.
—Y usted por Kurosaki Ichigo.
—Ah sí… ahora mismo iba a llamarlo.
—De seguro se encuentra en el palco privado de su familia. — Vio la confusión en la mujer. — De seguro sabes que hay un área para los ricos… bueno, los que son ricos por generaciones tienen su pequeño territorio anexo a dicha área.
—Entiendo. — Dice mientras asiente.
—Permite que te escolte… es más rápido que esperar… es un camino largo.
—No tengo ningún problema, pero no quiero atrasarlo en su agenda.
—Para nada, yo voy también allá.
—De acuerdo, Aizen-sama… muchas gracias por su ayuda.
—Cualquier oportunidad de tener unos minutos agradables con tu compañía.
—Y regresan los halagos.
—Ah, siempre tan prevenida conmigo.
Orihime sonríe ante aquel comentario.
