Disclaimer: Los personajes del maravilloso universo de Harry Potter no me pertenecen.

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8

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Cambridge

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Tras dejar a los fotógrafos y reporteros atrás, Draco suspiró y se acomodó mejor junto a su novia en la parte trasera del coche que la productora les había enviado. Era la primera vez en cinco años que volvía a pisar su Inglaterra natal, y la prensa se había vuelto loca, acosándolo incluso antes de que su avión aterrizara.

A su lado, su hermosa novia, Fleur, apretaba su mano con fuerza y algo de enojo. Ella nunca había viajado al Reino Unido, y estaba emocionada por conocer Londres, pero la neblina los había obligado a aterrizar de emergencia en Cambridge, por lo que harían el resto del trayecto en coche, lo cual era aún más agotador que haber cruzado todo el Atlántico, cosa que no le agradaba para nada. Fleur era modelo, y también actriz. Se habían conocido en su última película, y habían comenzado a salir desde entonces. Además, era divertida, hermosa e inteligente, y Draco se había enamorado de ella desde la primera vez que la había visto; ambos eran jóvenes, famosos, tenían mucho dinero y eran una de las parejas más populares del momento. Una prueba de ello era la cantidad de reporteros y fotógrafos que habían corrido a recibirlos luego de su aterrizaje de emergencia, armando un gran revuelo en el aeropuerto. Esa era una de las cosas que Draco más odiaba de su profesión; y, sin embargo, podía decirse que tenía todo lo que alguna vez había querido.

La fama había llegado arrasadoramente rápido luego de su primer papel secundario en una película. Los mejores agentes se habían peleado por representarlo, y los mejores estudios por contratarlo. En solo cinco años había llegado a la cima del mundo, y, aun así, desde que había vuelto a poner los pies en el Reino Unido, no pudo evitar sentir la molesta sensación que lo atormentaba antes de marcharse, la de que algo le faltaba para estar completo. Algo que ni el dinero, ni la fama podían reemplazar.

Cuando Fleur quiso descansar en la ciudad no se opuso, incluso se permitieron mezclarse entre la gente y pasear un poco al ver que podían pasar desapercibidos; fue así que llegaron a la Universidad de Cambridge, y aunque su novia no tenía deseos de prolongar el paseo, él insistió para que recorrieran el campus. Ella aceptó de mala gana, y fue entonces que Draco dejó que sus pies lo guiaran, hasta que llegaron a uno de los edificios más antiguos y grandes de la universidad, donde decenas de alumnos salían de clases. Había muchas chicas jóvenes que observó sin buscar nada en particular, pasando de ellas para contemplar mejor la arquitectura del lugar, sintiéndose, de alguna forma extraña, un poco más como en casa a pesar de nunca haber estado allí antes.

De pronto, alguien chocó contra él, pero Draco no le prestó atención, ya que Fleur, harta de esperar, lo había llamado. No obstante, se disculpó con la joven y regresó con su novia, solo para que alguien volviera a gritar su nombre, y segundos después ambos estaban rodeados de fanáticos. Entonces, la sensación de hogar desapareció por completo.

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Hermione apretó sus libros contra su pecho y se apresuró a salir del aula de Literatura Medieval, mirando su reloj de pulsera solo para asegurarse de que todavía tenía tiempo suficiente para llegar a su cita. Entonces chocó contra un joven que estaba parado fuera del edificio, distraído. Ambos susurran un protocolario "lo siento" sin mirarse el uno al otro y ella apretó el paso para salir del campus, sonriendo al divisar la brillante cabellera pelirroja de su novio, Ron, esperando por ella para ir a la heladería.

Ronald era un joven agradable, tenía una bonita sonrisa y era muy tierno y divertido, a pesar de ser algo tonto la mayor parte del tiempo, pero a Hermione le gustaba porque, aunque no era muy inteligente, tenía un corazón noble y dedicado. Se habían conocido jugando ajedrez en el parque cerca de los dormitorios de la universidad, llevaban casi tres meses saliendo, y la cosa parecía ir en serio, al menos para él.

Estar con Ronald era extraño para Hermione; lo amaba, estaba segura de eso, pero de alguna forma era como si eso no fuera suficiente, como si algo siempre faltara, no a Ron, sino a ella misma. Quizá era la nostalgia de estar lejos de casa, o el hecho de que no se sentía lista para el matrimonio, pero fuera lo que fuera, ella no quería lastimar los sentimientos de un chico tan dulce. Además, como decía su madre, todas esas dudas se irían con el tiempo.

Luego de que Ron cargara sus libros, los dos caminaron hasta el centro de la ciudad, hablando de sus clases, y de la tienda familiar donde él trabajaba. Hermione escuchaba atentamente las palabras de su novio cuando, al pasar por la puerta del cine, se detuvo repentinamente a observar el cartel de la última película que se había estrenado, donde el nombre Draco Malfoy sobresalía con letras rojas y brillantes sobre la imagen de un apuesto hombre de cabello rubio y ojos grises abrazando a esa despampanante francesa de la que Ron era fanático. A Hermione le llamó la atención, aunque no le dio importancia. Draco Malfoy era un galán de cine conocido, recordaba haberlo visto en alguna película de esas que tanto le gustaban a sus compañeras de habitación, aunque ella no era particularmente fanática del cine.

Ron frunció sus cejas pelirrojas, preguntándole si quería ir a ver una película en lugar de a la heladería, entonces Hermione le sonrió otra vez, y, aferrándose a su brazo, movió la cabeza de forma negativa y volvió a avanzar, dejando el cine detrás.