Capitulo 7

Buenas otra vez.

-Maryamaya: Hola, querida. Aquí estamos de nuevo. Espero que a pesar de la tardanza me sigas esperando y sigas leyendo y dándome tú opinión al respecto. Creo que ya está tomando más forma. Yo también estaré pendiente de ti.

-Ukiyoe1: Muchas gracias por comprenderme. Y perdón por la demora nuevamente. El trabajo me tiene vuelta loca, pero no dudes en que seguiré subiendo capítulos.

Gaara es realmente tierno en muchas ocasiones y aunque le cuesta demostrar afecto, va a ir mejorando. Igual Matsuri no lo ayuda mucho. Jiji. Me cuesta bastante la relación de esos dos y espero poder encaminarla bien. Y pronto vendrán más encuentros y más largos. La historia ya va tomando forma, aparecieron nuevos personajes y Temari siempre tan perfecta. Se irá revelando de a poco la personalidad de Takeshi y sus razones. Solo tienes que seguir leyendo. Y bueno. Dai ha vuelto a aparecer. Ódialo todo lo que quieras. Yo también lo odio. Y no te defraudaré, habrá más romance más adelante. Te adoro.

-Pirilaxa: Mucho gusto, y que bueno que hayas encontrado mi historia, así que espero que no la dejes. Atenta a tus comentarios. Saludos.

-Keyla: Hola, linda. Ya sabes que me demoro un siglo, pero aquí sigo. Espero que tú también. Muchos saludos.

-Anika-san: Muchas gracias por leerme. Espero que estos dos capítulos también sean de tu agrado. Sé que tardo, pero todavía estoy viva. Solo sigue leyendo, por favor. Saludos.

-Selene-Moonlinght : Muchos saludos, querida. Ya vamos revelando más y más información con respecto a todo, incluso aparecieron más personajes, pero todo tiene una explicación. Y Gaara no es tan ignorante de la situación después de todo. A su manera está haciendo lo posible. Y la relación de esos dos es enmarañada pero debería ir cambiando de a poco. Espero que me sigas leyendo.

-GSMatsuri: Bueno, querida, muchas gracias por leerme. Y es un gustazo que te agrade como es la personalidad de los personajes y como se va desarrollando la historia. Siempre lo he dicho, los hermanos de la Arena son puro amor. Y Gaara es casi perfecto. Saludos. Y espero que no me abandones.

Bueno, demás está decir que las adoro a todas. Adoro sus comentarios y espero con ansias seguir recibiéndolos.

-No es por justificarme, pero trabajo en un hospital, así que, como comprenderán, a veces el tiempo falta.-

Pero trataré de actualizar lo más rápido posible.

Hiro corrió lo más rápido que su cuerpo le permitía al escuchar el grito de una de las chicas. Apenas las había visto hace unos minutos atrás y todas estaban bien y felices. Pero el grito que había escuchado era desgarrador.

-¡¿Qué rayos está pasando aquí?! ¡¿Qué significa esto?! –Naruto fue el primero en pedir una especie de explicación.

Matsuri no dejaba de vomitar y Mikoshi por primera vez estaba totalmente paralizado en su lugar. Sólo reaccionó cuando notó la presencia de un ninja AMBU en la cocina.

-Me llevaré esto donde el Kazekage. –Fue lo único que dijo y tuvo la intención de tomar la caja que contenía la cabeza y hacerla desaparecer lo más pronto posible de la vista de estas personas.

Pero Matsuri lo interrumpió.

-¡No! ¡No lo sacarás de aquí! ¡No lo toques! –Le gritó desesperada y se apresuró a quitarle la caja de las manos, pero este la esquivo fácilmente. -¡Te dije que no lo tocaras! ¡No dejaré que le hagas daño! ¡No permitiré que lo lastimes!

Mikoshi comprendió e intentó afirmarla, pero la chica insistía en pelearse por la caja con el Ambu. Estaba en shock. Estaba en otra realidad.

Lee y Mikoshi la afirmaron con fuerza, pero sin hacerle daño. – ¡Suéltenme! ¡Qué no ven que van a lastimarlo! ¡Quítenme las manos de encima! –Matsuri pataleaba sin cesar con todas sus fuerzas.

-El niño está muerto. Esta es sólo la cabeza, no seas estúpida. –El Ambu trataba de hacerla entender.

-¡Mucho cuidado en cómo le hablas! –Naruto se gano en frente de él. -¡Y será mejor que vayas soltando esa caja! –No lograba entender muy bien para qué la quería la chica, pero estaba desesperada y él sólo quería intentar que se calmara.

-¡No lo toques! ¡No quiero que lo toques! ¡Te mataré a ti y a todos antes de que lo lastimes! ¡Suéltenme! ¡Ayúdenlo!

Risa y Haru estaban acurrucadas en un rincón.

-¡¿Qué está pasando aquí?! –Hiro llegó a la cocina.

-¡Hiro, diles que me suelten! ¡Ayúdalo! ¡No dejes que lo lastimen! ¡Podemos ayudarlo! ¡Por favor, ayúdenlo! –Matsuri seguía pataleando y retorciéndose con todas sus fuerzas. – ¡No lo toques! –

-¡Deja la maldita caja en la mesa de una vez! –Naruto volvió a insistirle al ninja.

Hiro logro ver el contenido de la caja y no fue necesario que le dijeran más palabras.

-¡Matsuri! –Habló fuerte para llamar la atención de la castaña, que no dejaba de agitarse entre los brazos de sus compañeros.

-¡Ayúdalo! ¡No dejes que lo lastimen!

-Nadie va a lastimar a Shiro, Matsuri. –Al anciano se le llenaron los ojos de lágrimas. –Tienes que recordar, Shiro ya no está en este mundo.

-¡No! ¡Él va a lastimarlo! ¡¿Qué no puedes verlo?! ¡Ya, suéltenme, por favor! ¡Déjenme ayudarlo! ¡No quiero que lo lastimen!

-Enterramos a Shiro, Matsuri. Él ya no sufre ni siente dolor, ahora está descansando. –Hiro continuaba tratando de hacerla entrar en razón. –Lo que viste en esa caja, lo que está en esa caja no es Shiro. Tienes que recordarlo.

-¡No! ¡No es cierto! ¡Suéltenme! ¡Por favor! ¡Por favor! ¡Ayúdenlo! ¡Ayúdenlo! ¡No dejen que se lo lleven! ¡No dejen que lo toquen!

-¡Ya está bien! –Mikoshi la soltó por unos segundos y en un rápido y ágil movimiento, le golpeó la parte baja de la nuca para dejarla inconsciente. O si no, aquella sería una lucha eterna. Era la primera vez que veía a su amiga así de pérdida y tenía miedo de no volverla a recuperar.

Matsuri se desplomó en los brazos de su amigo.

Y cuando todos se dieron cuenta, el ninja Ambu ya se había ido con caja y todo.

Hiro no dejo caer ninguna de sus lágrimas y tomando toda la entereza que había conseguido en lo largo de sus años, tomó el mando de la situación.

-Mikoshi, lleva a Matsuri a su habitación. Necesita descansar. Descansar mucho. Ustedes chicas, sé que es un momento complicado, pero Matsuri las necesita.

Risa y Haru, aunque temblorosas y asustadas, obedecieron de inmediato. Acompañaron a Mikoshi, quien cargaba a la castaña y no se separaron de ella en ningún momento.

-Anciano, Lee se quedará aquí para cuidar el orfanato. –Naruto estaba molesto. –Y yo iré rápido a avisarle a Gaara. Hay que hace algo al respecto. Le diré a los demás que vengan también.

Hiro no tuvo tiempo de detenerlo. Naruto ya había partido.

El rubio corría rápidamente. No entendía nada. Todo era una confusión en su cabeza, pero Gaara tendría que hacer algo.

Intentaron detenerlo, diciéndole que el Kazekage se encontraba en una reunión con la Quinta Hokage y con Shikamaru, pero no iba a existir hombre en la tierra que le impidiera entrar en esa oficina. Fue imposible para todos detenerle el paso.

Abrió la puerta de golpe y entró gritando. -¡Gaara! ¡Escucha, no entiendo muy bien qué es lo que está pasando! ¡Un hombre le mandó una caja a Matsuri! ¡Tenía una cabeza adentro! ¡El ninja se la quitó y Matsuri quería quedarse con la caja, aunque no sé muy bien para qué, pero estaba como loca!

-¡Quieres calmarte, pedazo de idiota! ¡Explica bien que está pasando! –Tsunade lo reprendió, sorprendida de verlo en ese estado.

Gaara pareció dejar de pensar en cuanto escuchó el nombre de su ex alumna. Las explicaciones del rubio eran desastrosas. Sintió unos pies que corrían hacia su oficina. Y su hermano hizo acto de presencia con una caja en las manos.

-¡Gaara! –Le gritó el marionetista.

-¡Esa es la caja! –Gritó Naruto también. -¡Esa es!

-¡¿Quién te ha entregado esta caja?! ¡¿Qué no sé te ocurrió revisarla antes de meterla en el orfanato?! ¡Eres estúpido!

-¡Oye! ¡Nos dijeron que era un presente! ¡No tenía idea de lo que traía dentro!

Gaara se puso de pie y golpeó el escritorio con sus manos. -¡Cállense! ¡Los dos! ¡Y expliquen qué es lo que está pasando! -Su voz era potente.

-Un hombre me pidió que le entregara un presente a Matsuri, así que me lleve la caja al orfanato, pero tenía una cabeza dentro. Una cabeza humana con gusanos y todo.

Kankuro dejo la caja en el escritorio de Gaara. –El ambu que vigilaba el orfanato me dijo que era la cabeza de Shiro.

El pelirrojo apretó los dientes y maldijo en su interior.

Tsunade se acercó al escritorio y miró detenidamente el contenido de la caja. –Es la cabeza de un niño. Un niño pequeño. Por el aspecto lleva varios días muerto.

-Sabemos quién es. –Le respondió Gaara. –Tendremos que suspender la reunión. Lo lamento.

-No hay problema.

Tanto Tsunade, como Shikamaru, abandonaron la oficina. Y este último arrastro a Naruto con él.

-¿Cómo es posible que sucedan estas cosas? –Gaara no quería ni mirar aquella caja.

-Hemos estado vigilando el orfanato como ordenaste. Los malditos, utilizaron a los ninjas de la Hoja para meter esto sin ser vistos.

-¿Viste a Matsuri?

-El Ambu dijo que estaba en shock, pero no estaba herida.

-No creo que esto sea obra de los ninjas extranjeros.

-¿Qué quieres decir? –Kankuro no lo comprendía.

-Ellos no tenían cómo saber que este niño tenía relación con el orfanato. Esto es un problema interno.

-Pudieron haberlo averiguado, Gaara. No quiero pensar que alguien de esta aldea sea capaz de algo tan siniestro como esto.

Pero el pelirrojo si lo pensaba.

Y sabía que cuando encontrara el responsable no le iba a tener piedad.

Kankuro llevó la cabeza a los patólogos para que la analizaran y cuando venía de vuelta a casa, se encontró con Temari.

-Tienes una cara terrible. –Le dijo su hermana.

-Tienes que ir a ver a Matsuri. –Le dijo este. –Iría yo, pero no soy para nada bueno en estas cosas. No sabría qué decir. Llévate a Sakura contigo por si las dudas.

-¿Le ha pasado algo? ¿Está lastimada? –Temari se preocupó de inmediato.

-No. No está herida. Pero debe estar devastada.

El marionetista le explicó en pocas palabras lo que había pasado. La rubia corrió a buscar a Sakura, pero le informaron que todos los ninjas de la hoja se encontraban en el orfanato.

Cuando llegó, Mikoshi le dijo que todo estaba bien. Que Matsuri se había descompensado, pero ahora estaba dormida, descansando.

Temari entró en la habitación, saludando a las muchachas, y notó que Sakura le estaba inyectando algo.

-Es un sedante. –Le dijo esta. –Para que cuando despierte esté más tranquila.

Pasaron todo el tiempo con ella, sin dejarla sola ni por un minuto. Se turnaban para cuidarla.

Takeshi apareció por el orfanato, desconociendo todo lo que había pasado y pidió hablar con Matsuri. Hiro no lo invitó a entrar y le mencionó que la castaña no se sentía bien y que no iba a recibir visitas. Que ella misma le avisaría cuando estuviera recuperada. El hombre insistió en que le dijeran que estaba pasando y en ver en persona a la chica, pero Hiro le negó la entrada y le pidió firme pero cortes que por favor se marchara.

Ya estaba anocheciendo cuando los ninjas de la Hoja se marcharon.

Mikoshi se quedó un tiempo más en la habitación de la chica. Quería asegurarse por completo de que estaba bien antes de marcharse.

Fue el propio Gaara que se presentó sorpresivamente en el orfanato.

Suki caminaba de prisa por el pasillo, sin creerse del todo a quien había dejado en su modesta sala de estar. Le costó trabajo informarle a los demás el invitado que tenían y cuando lo hizo, las demás chicas quedaron igual de alteradas.

-Cálmense, por el amor de Dios. –Hiro se veía cansado. –Lo más probable es que venga a preguntar qué es lo que ha sucedido. –Pero él mismo pensaba que no era necesario hacerlo de manera personal.

El anciano se dirigió a la sala y entró.

Gaara se puso de pie y lo saludó.

-Por favor, tome asiento, Kazekage-sama, pronto nos traerán algo para beber. –Hiro le sonrió. -¿En qué puedo ayudarlo? –Le preguntó educadamente.

-¿Ustedes tienen algún sospechoso o piensan en alguien que podría hacer lo que hizo?

Hiro sonrió. El joven era directo. Y él ya no quería seguir mintiendo. Después de ver a Matsuri en ese estado, sin ninguna cordura en su expresión, supo que ya era hora de decir la verdad. Además, el líder de la aldea se había presentado solo y por su cuenta. Aunque lo intentara disimular quería ayudar, se le notaba.

-Quiero que sepa que nada de lo que me diga saldrá de esta habitación. –Gaara insistió. –Y que le garantizo que tanto Matsuri como todos los que viven en el orfanato estarán seguros.

Hiro suspiró. El hombre que tenía al frente disfrazaba muy bien sus sentimientos, pero estaba preocupado. Preocupado por ellos. –Hemos tenido problemas con un consejero de la aldea, Kazekage-sama. –Le confesó, tanteándolo.

-¿Un consejero? ¿Por eso no han pedido ayuda?

-No tenemos prueba alguna para culparlo. Ni a él, ni a sus hombres. –Hiro no tardó en contarle todo lo que habían pasado desde que Dai asumió la responsabilidad del orfanato. Le contó todo lo que el hombre había hecho. Todos los beneficios que les había quitado. Y todas las necesidades y atrocidades que les había hecho pasar. –Sé que es difícil de creer, pero…

-Le creo. –Lo interrumpió el pelirrojo de inmediato. –Y haré algo al respecto de inmediato.

-Por favor. Yo pertenecía al consejo. Sé cómo funciona. No haga nada precipitado. Si usted deja el poder, ningún cambio se podrá llevar a cabo y seremos como hemos sido siempre. No puede exponerse y dar una razón para que lo destituyan de su cargo.

-No tiene de que preocuparse. Me aseguraré que nada como esto se vuelva a repetir. Ahora, necesito que Matsuri firme estos documentos. Es una autorización para poder retirar el cuerpo del niño de la tumba de sus padres y ver si podemos encontrar alguna prueba física. Entiendo que no sea el mejor momento, pero si pudiera llevármelos mañana, sería estupendo.

-Lo haré. Se los llevaré yo mismo.

Y se marchó sin esperar a que sirvieran el té. Ya tenía la información que necesitaba y aunque lo único que deseaba era ir y triturarle los huesos a Dai uno por uno, tenía que idear un plan más inteligente.

Hiro soltó el aire aliviado. Albergó la esperanza de que las cosas fueran mejorando. Y deseó con todas sus fuerzas que aquella esperanza se hiciera realidad. Por el bien de los niños. Y por el bien de Matsuri, que tanto había sufrido ya.

Matsuri abrió los ojos y se sentó bruscamente.

-No te muevas tan rápido. –Le dijo Mikoshi acercándose para ayudarla.

-Me siento terrible, es como si estuviera drogada.

El chico sonrió aliviado, al notar que volvía a ser la misma de siempre. –Te pusieron un sedante. Debes descansar.

-No recuerdo todo, pero creo que hice un bonito espectáculo. Lo siento. –Lo miró y luego le sonrió de manera triste.

-Eso no importa. Lo que sí importa es que descanses para que te pongas bien. Estarás mareada. Sakura dijo que el efecto del sedante se pasaría mañana, así que ahora sólo tienes que dormir. –Ayudo a la chica a recostarse.

-¿Cómo están los niños? ¿Cómo están todos?

-Están todos bien. Muy preocupados por ti. Pero bien.

A Matsuri se le cerraban los ojos.

-Ahora que sé que estás mucho mejor me marcharé para que puedas descansar sin problema. Estaré en la habitación que siempre uso cuando me quedo aquí, así que no dudes en llamarme.

-Gracias.

-Vamos, para eso están los amigos.

Mikoshi salió de la habitación y cerró la puerta.

Pensaba que las chicas estarían con los niños, escondidos en las habitaciones subterráneas, pero ya estaban durmiendo en sus habitaciones propias. Las chicas se le abalanzaron encima de inmediato.

-Tranquilas. Ya ha despertado y ha vuelto a ser la misma Matsuri de siempre, solo está un poco somnolienta y atontada por el sedante. Ahora está descansando.

-Eso es lo mejor que hemos escuchado.-Suki se expresó con alivio y se dejó caer en una de las sillas. –Ha venido el Kazekage.

Mikoshi, asombrado, miró a Hiro.

-Quiere que Matsuri firme estos papeles. –Le dijo el anciano tranquilamente. –Para que puedan revisar el cuerpo de Shiro y su tumba. Piensa que puede encontrar alguna prueba física.

-¿Ha venido de manera personal solo para eso? –Preguntó Mikoshi revisando los papeles.

-Así es. –Hiro prefirió omitir lo que le había revelado de Dai. Ya eran demasiados contratiempos por un día. –Vamos, ahora todos a descansar. Recuerden que tenemos que seguir funcionando por los niños. Mañana será otro día.

Matsuri no era consciente del tiempo. Creyó que había dormido durante siglos, pero cuando abrió los ojos pudo divisar por la ventana que todavía era de noche. Estaba mareada y no veía con claridad.

Cerró los ojos y los abrió nuevamente, encontrándose de frente con los de él. Estaba soñando se dijo. Ésa era la única forma de que Gaara estuviera en su habitación, sentado en un costado de la cama, observándola. Un sueño. Las lágrimas le corrieron hacia los costados de la cara. ¿Por qué diablos estaba soñando con él? ¿Y por qué el sueño parecía ser tan real?

-¿Estás bien?

Gaara le preguntó amablemente y ella solo pudo asentir. Abría y cerraba los ojos constantemente, pensando que en cualquier momento desaparecería. Quiso levantarse, pero el cuerpo le pesaba como plomo.

-Descansa.

-¿Por qué?... ¿Por qué está aquí? ¿Es un sueño? –Se le secaba la boca al hablar y por más que lo intentara su vista no podía enfocar bien, pero lo sentía, lo sentía ahí con ella. Si hasta podía olerlo.

Gaara sonrió. –No importa. Tienes que descansar.

Matsuri estiró su brazo y afirmó débilmente el de él. –No…No te vayas. –Podía tocarlo. Lo estaba tocando. Pero sentía que sus sentidos estaban desorientados. No sabía diferenciar que era real y qué no. Pero él estaba ahí. Con ella.

-No deberías hacer esto. Te provoca dolor y tú no deberías estar sufriendo. Deberías ser feliz.

Matsuri lo afirmó más fuerte. -¿Por qué…por qué dices eso? Yo soy feliz. Soy feliz aquí…contigo. No te vayas.

Gaara le sostuvo la mano con cariño. –No me iré, pero debes descansar.

-¿Por qué estás haciendo esto?

-No tengo idea.

Matsuri esbozo algo parecido a una sonrisa. –Eres el Kazekage, se supone que tienes que saberlo.

-Te necesito a salvo, es lo único que sé.

Matsuri cerró los ojos y se supo inmensamente feliz al comprender que él estaba ahí para ella, y eso era todo lo que necesitaba. Solamente a él. Por alguna razón ya no se sentía ni tan triste, ni tan rota, se sentía flotar y, sencillamente, entendía que aquello no podía ser real. Aunque así se sintiera.

Abrió los ojos de nuevo y el calor de sus manos había desaparecido por completo. Estaba sola en la habitación. Pero a lo lejos pudo ver que alguien cerraba la puerta. Quiso levantarse, pero fue incapaz. Volvió a dormirse y no despertó hasta el otro día.

Gaara llegó a su oficina y sus dos hermanos lo estaban esperando.

-¿En dónde estabas? –Le preguntó Temari, pero Gaara no respondió, sólo caminó hasta su escritorio y los quedó mirando fijamente .

-Quiero a los ninjas de la Hoja constantemente en el orfanato. Mañana hablare con Tsunade.

-¿Tienes alguna idea de quién pudo haber sido? –Kankuro parecía estar de los nervios.

-No lo sé. Pero el orfanato no quedará descubierto ninguna hora del día.

-¿Qué sucederá con la tumba de Shiro? –La rubia le preguntó con ansiedad.

-Llevé los papeles al orfanato. Hiro dijo que mañana los traería firmados. Tengo a dos ninjas vigilando la tumba.

Kankuro y Temari quedaron sorprendidos. Al parecer el pelirrojo tenía todo solucionado.

-Ahora, necesito que se larguen a descansar y que estén preparados para mañana, el inicio del festival no esperará a nadie.

Matsuri abrió los ojos y se sentó. Fuera de una pequeña molestia en la cabeza, se sentía completamente normal. Tenía pequeños recuerdos de lo que había pasado en la mañana anterior y se sentía horrible por Shiro, pero ya estaba mucho más recuperada y preparada para enfrentar lo que viniera. Lo que si recordaba con claridad era el sueño que había tenido. Se dejo caer nuevamente en la cama, y cubrió su rostro completamente sonrojado con la almohada. ¿Por qué tenía que soñar esas cosas?

Sintió unos golpes en la puerta y no pudo evitar correr a abrirla. Miró a su amigo y comenzó a respirar de nuevo.

-¿Qué? ¿Esperabas a otra persona? –Mikoshi le sonrió.

-Cállate, tarado.

-Veo qué estás mucho mejor.

-Lo estoy. Lamento lo de ayer.

-No tienes que disculparte. ¿Les digo a las chicas que te traigan el desayuno?

-No. Me ducho y bajo. Quiero comer con todos.

Cuando Matsuri llegó al comedor, se sintió totalmente bendecida por la familia que tenía. Por la familia que ellos habían armado. Si hasta Baki estaba sentado a la mesa. Las muestras de cariño y de preocupación le hincharon su corazón de alegría. Cuanto amaba a esa gente. Los amaba tanto como a él, aunque era un amor completamente distinto.

Después del desayuno, Hiro hablo con ella y con Baki, mientras que Mikoshi, que ya estaba al tanto de la situación ayudaba a las chicas con los niños.

-Firmaré los papeles de inmediato y los iré a dejar, pero, sinceramente, no creo que encuentren nada.

-Firmaras los papeles y seré yo el los iré a dejar junto con Baki. –Sentenció el anciano.

-¡Pero!

-Sin derecho a réplicas, señorita. Te quiero completamente ajena a cualquier cosa relacionada con Shiro. Te conformaras con lo que yo te cuente, que será siempre la verdad. Pero no quiero volver a verte nunca más en ese estado. Nunca más.

Matsuri no le dijo nada. Lamentaba haberlo preocupado tanto, así que obedeció sin chistar.

Luego de que firmara los papeles, Matsuri se quedo recostada en uno de los sillones de la sala de estar. Lo primero que le vino a la menta fue que hoy, después de la hora del almuerzo, daría inicio al tan esperado festival.

Estiro uno de sus brazos hacia arriba y se quedó observando cada uno de sus dedos. Sus mejillas volvieron a enrojecerse al recordar el suave toque de sus manos. El sueño había sido tan real, que quedo totalmente sorprendida cuando Hiro le había dicho que Gaara había estado aquí. Era solo un sueño, pero recordaba cada gesto, cada palabra con total claridad.

Su mente paso de Gaara a Reiko. Tenía planeado ir de nuevo, pero no se sentía con ánimos de hacer nada. Necesita un tiempo para sanar por completo. No podía, ni debía volver a perder el control de esa manera. Solo por hoy, se permitiría ser débil y no hacerle frente al mundo. Por hoy no quería pensar en nada.

Creyó que podría dormir, pero su cuerpo estaba totalmente descansado. No tenía ningún rastro de sueño. Y las voces de Lee y los demás la motivaron a ponerse de pie e ir a donde ellos. Los apreciaba. Los apreciaba mucho.

-¿Ya te sientes mejor? ¡La llama de la juventud no debe apagarse jamás! ¡Me alegro muchísimo de que ya te hayas recuperado! ¡Deberías dar unas 200 vueltas por el desierto para que así te recuperes por completo! ¡Yo podría acompañarte!

Matsuri no podía más que agradecer lo que habían hecho por ella, y aunque no le apetecía que la vieran corriendo como loca por el desierto, agradecía la presencia y el buen ánimo de todos.

Shikamaru se rasco la cabeza. –No puede correr.

-¡El ejercicio físico es revitalizador! ¡Dices eso porque la llama de tu juventud parece querer extinguirse! –Le refutó Lee al pelinegro.

-Creo que solamente tú durarías corriendo 200 vueltas por el desierto. –Le comentó el pelinegro. –Además, no creo que al Kazekage le parezca agradable que ahora acabe casi muerta por deshidratación.

Shikamaru dijo el comentario con la única intención de detener a Lee y a sus extravagantes ideas. Y lo consiguió. Este no tuvo nada más que rebatir. El entrenamiento tendría que esperar.

-¿Y qué haremos entonces? –Preguntó Naruto, para quién permanecer todo el día quieto, era imposible.

Fue Hiro el que llegó a salvar la situación de nuevo. –Las camas todavía no se terminan de arreglar. Si gustan y si son tan amables me gustaría que me ayudaran con eso.

Todos se ofrecieron contentos.

Shikamaru estaba afirmando una de las patas de la cama, para que Matsuri pudiera pintarla. –No saldría más fácil si compraran camas nuevas para todos los niños. Se ahorrarían este trabajo.

-Hay que administrar el dinero de manera responsable. –Le contestó la castaña, quien no quería sonar disgustada pero sabía que Shikamaru era demasiado inteligente. Y que tenía que evitar que hiciera preguntas. –Supe de tu compromiso con Temari-sama. ¡Muchas felicidades!

-Gracias, pero creo que a Temari no le gusta que la llames así.

-No puedo evitarlo. –Matsuri le sonrió.

Almorzaron en el orfanato. Todos juntos, incluidos los niños. El dinero que les había dado Reiko había cubiertos casi todas las necesidades de alimentos que tenían y les había sobrado. Ya era tarde, así que Hiro hizo que los ninjas de la Hoja se marcharan al festival, en donde seguro los estaban esperando.

Insistieron en que fueran, pero Hiro les comentó que preferían no ir por hoy. Pero que otro día sacarían a los niños a darse una vuelta. Pero era mentira. El mismo había dicho que era peligroso sacar a los niños del orfanato.

Mikoshi se marchó a su casa a ver a su madre.

Hiro fue con Baki a entregarles los papeles a Gaara.

Y por fin la casa se quedó un momento en silencio. Solo estaban las chicas con los niños, pero estos estaban cansados de tanto jugar que casi no hacían ruido.

Sabía que no tenía que salir, pero necesitaba hacerlo.

Le dijo a Akane que saldría a dar una vuelta, asegurándole que estaba todo bien y que volvería pronto.

Caminó despacio. Con miedo. No quería llegar al lugar al que se dirigía, pero no dejaba de caminar. Llegó a la vieja tumba de sus padres. No había nada tan extraño como se imaginó, pero igual se notaba que la tierra había sido removida hace poco. Buscó la foto, pero no la encontró. Tenía la esperanza de hallarla.

El encargado del cementerio, quien la había visto llegar, se acercó a ella.

-Buenas. –Lo saludo Matsuri.

-Esto es tuyo. –Le dijo el hombre y le tendió la fotografía que estaba buscando. –El marco que tenía se quebró así que le puse otro nuevo. Es una hermosa fotografía, deberías tenerla contigo.

La castaña tomó la foto y sintió que las lágrimas le corrían por las mejillas. Y lloró. Lloró largo y tendido, apretando la fotografía a su pecho. Lloró como sabía que no podía hacerlo en el orfanato, en donde ya no tenía que preocupar más a esas personas, no más de lo que ya lo había hecho.

-Muchas gracias. –Le dijo al hombre junto a ella, una vez que ya estuvo más repuesta. –No sé qué es lo que haya visto, pero por su seguridad será mejor que no haya visto nada. –Le dijo tranquila, pero firme.

-Lo sé.

Ambos eran ajenos a los dos ninjas a quienes Gaara les había ordenado que vigilaran la tumba. Estos no le quitaban la vista de encima.

Ese mismo día en la mañana, muy temprano Dai fue llamado a la oficina del Kazekage. Tocó la puerta tranquilo y relajado.

-Buenos días. –Saludó de manera cortes y tomó asiento mucho antes de que se lo pidieran.

-Lo he mandado llamar porque necesito que haga un trabajo para mí. –Gaara lo observó y no pudo evitar pensar que sólo necesita mover un dedo de su mano para acabar con él. Con un solo dedo y con un simple y rápido movimiento lo tendría en el suelo suplicándole por un poco de piedad, que él no estaba dispuesto a concederle. Inspiro antes de seguir hablando. –Es un trabajo un tanto particular, así que aparte de su ayuda, necesito su discreción.

-Por supuesto. Puede confiar por completo en mí.

-El consejero Aiko, que está a cargo del comercio de la aldea, me ha solicitado ayuda. Dice que no puede con todo el trabajo él solo, y que ahora con la instalación del tranvía se ha visto sobrecargado de trabajo.

-Yo podría asistirlo sin problemas. –Dai sonrió de manera autosuficiente.

-Lo sé. Sé que usted es el hombre indicado para este trabajo. Pero eso no es todo. Estuve revisando todos los informes y las cuentas no cuadran. Como sabe, la comercialización de productos hacia el exterior no se lleva a cabo desde hace mucho tiempo, es un nuevo tipo de economía a la que la aldea se está abriendo y necesito que funcione bien. La generación de nuevos ingresos económicos siempre será beneficiario para todos.

-Estoy totalmente de acuerdo. Pero no entiendo porque tanto misterio con esto.

-Tengo buenas razones para pensar que Aiko está realizando tráfico de grandes sumas de dinero y por eso nosotros no hemos visto las ganancias que corresponden. Ahí es donde entrara usted y sus hombres. Necesito que, aparte de mejorar las condiciones y las ganancias, encuentre alguna prueba que me permita sacar del consejo a ese hombre.

Dai no supo disimular su sorpresa. Se le estaba ofreciendo un trabajo por demás interesante. Y si lo aceptaba tendría muchas más comodidades para que sus hombres pudiera entrar y salir de la aldea sin levantar sospechas. Después de todo estaría a cargo del comercio exterior. Y el nuevo tranvía le venía de maravillas. –Encontraré todo lo que necesita. –Le dedicó una sonrisa al más joven. –"Estúpido. Ya verás como haré que te quiten el titulo y pierdas el control completo de la Arena"-Pensó mientras se apretaban la mano para sellar el trato.

-Y como quiero que se dedique por completo a este trabajo. –Habló para finalizar Gaara. –Tendrá que dejar de realizar algunas de sus funciones actuales. Así que la redistribución de fondos económicos para las personas más vulnerables y la paga de las misiones ninjas, pasarán a cargo de otro consejero, por lo que el resto de la economía de la Arena la dejo por completo en sus manos.

Esa mañana, Dai salió de la oficina con una gigante expresión de triunfo en el rostro. Pensaba que por fin se había ganado la confianza del joven que ocupaba el puesto más importante de la aldea, puesto que debería haber sido suyo y que tenía planeado conseguir, una vez que derrocara al pelirrojo.

Gaara, por su parte, continuaba sentado en su silla, mirando el único cactus que había en la repisa. El primer paso de su plan había resultado. Aiko era un hombre viejo, con mucha experiencia, y estuvo dispuesto a ayudarlo en todo momento. Además conocía de sobra a Dai, así que sabría cómo manejarlo. Lo mantendrían ocupado y lejos del orfanato y los más necesitados, hasta que tuviera en mano las pruebas suficientes para aniquilarlo. No le tardó darse cuenta que Dai salió de su oficina, creyendo que había ganado algo, cuando en realidad le había quitado la única manera de conseguir dinero y recursos más fácil. Todo lo demás era manejado a través de rígidos informes, que resultaba imposible robar algo sin que te descubrieran. Informes que él solía revisar muy bien. Lo único que esperaba era que Dai no tardara en cometer un error.

Y, sin embargo, no lograba tranquilizarse. En el fondo sabía que Dai era el más pequeño de los males. El líder del clan que habían estado buscando durante un tiempo, junto con Kankuro, había sido inesperadamente asesinado. Por un ninja de su aldea. Por ella. De entre todos los que habían, tenía que haber sido justo ella. Se supone que en esa noche, al castillo de Ryu irían unos cuantos esbirros de Yuki, no él en persona con todo un pelotón.

La aldea de la Hoja, la del Agua y la Arena en conjunto con Ryu, llevaban desde hace meses tratando de destruir la red de pedofilia y trata de personas más grande a la que se hayan enfrentado nunca. La cual relacionaba y comprometía a mucha gente importante. Los ninjas del Agua con los hombres de Ryu lograron tenderle una trampa a un peón del líder y los ninjas de la Arena serían los encargados de capturarlo con vida. Pero fueron engañados. Y todo se complicó. Y ahora buscaban venganza.

Había pensado que la esposa de Yuki era la encargada de dirigir el plan de venganza, pero estaba equivocado. Después del ataque a Matsuri, sus ninjas habían logrado atrapar a un hombre, pero lo único que consiguió que pronunciara fue un nombre. Yutaka. Nada más. Y, aunque tenía a tres escuadrones Ambu buscando a la esposa de Yuki, ninguno de estos lograba dar con una pista sobre ella. Era como si la tierra se la hubiera tragado. No podía encontrarla y no tenía idea de quién podría ser Yutaka.

Sintió que la cabeza le punzaba.

Fue a ver Tsunade y le pidió si los ninjas de la Hoja podían cooperar con la protección del orfanato, a lo que esta accedió de inmediato. Así que por lo menos se encontraba un poco más tranquilo por esa parte.

Pero sabía que mientras Dai siguiera con el grado de influencia que poseía, no habría paz para esos niños, ni tampoco para ella. Y lo que más le fastidiaba era que no tenía pruebas para culparlo, porque suponía que había sido él o alguno de sus hombres, los que habían revelado con lujos de detalles la identidad de Matsuri. Quería matarlo. Deseaba matarlo con ganas.

Cuando llegó a su oficina nuevamente, Kankuro lo estaba esperando y junto a él, estaban Renzo y Takeshi.

La cabeza le volvió a palpitar.

Una vez adentro, Takeshi fue el primero en hablar.

-Perdone que lo moleste, Kazekage-sama, sé que hoy es un día muy importante, pero me gustaría comunicarle de manera formal mis deseos de ayudar al orfanato y a los niños.

El marionetista rodó los ojos con molestia.

Renzo no parecía estar realmente interesado. Se notaba que sólo había asistido porque su cuñado se lo había pedido.

-Gracias. –Fue lo único que encontró Gaara apropiado para responderle.

-Pero la verdad es que también tengo una pequeña queja. –Takeshi frunció un poco los labios antes de comenzar a hablar. –La verdad es que encuentro que no he sido muy bien recibido. Creo que la actitud de Hiro y también de Matsuri no han sido las mejores.

El marionetista lo quedó mirando sorprendido de lo que escuchaba. Takeshi estaba lloriqueando peor que un niño. Y no lo había metido a él en juego porque dedujo que como era el hermano de Gaara no le convenía hablar mal de él.

Tuvo hacer su mejor esfuerzo en contener la risa.

Estaba acusándolos. Estaba acusando a Matsuri.

-No le mentiré. –Takeshi continuó con su discurso. –Al principio todo iba muy bien. Con Matsuri nos entendimos de inmediato. Sé que ella es una ninja de esta aldea, pero bueno, se me insinuó desde el primer momento. No quiero dejarla mal parada ni nada, sé que quizás lo hizo para conseguir ayuda para los niños. Yo soy un caballero y le expliqué que no era necesario ofrecerse así, que la ayudaría en todo, pero desde ese día todo cambió. Ahora ni siquiera me dejan entrar al orfanato. Y ella no quiere hablar conmigo. He intentado disculparme un millón de veces si es que la ofendí de alguna manera, pero no he podido verla.

A Kankuro se le terminó la risa. No podía creer que Takeshi fuera tan estúpido. Ni el más imbécil se creería esa historia. Por favor, si llevaba sólo unos cuantos días frecuentando el orfanato.

Takeshi quiso seguir hablando pero la mirada de advertencia de Gaara lo atemorizó. Todos los deseos que tenía el pelirrojo de matar a Dai, se traspasaron al hombre que tenía en frente. Trago saliva y habló. –Si las personas del orfanato no quieren verlo, yo no puedo hacer nada al respecto. Es de ellas de quien tiene que ganarse el favor.

-Pero solo basta con que usted se lo diga para…

La mirada de Gaara se endureció todavía más.

-Es suficiente, Takeshi. –Intervino Renzo. –Ya has escuchado al Kazekage. Si quieres ayudar en el orfanato primero tienes que ganarte la confianza de las personas que trabajan ahí y, realmente, haciendo esto estás muy lejos de lograrlo. –Renzo se puso de pie y se dirigió a Gaara. –Me disculpo personalmente por las malas palabras y por la gran falta de respeto de mi cuñado hacia una de sus ninjas. Esto no volverá a ocurrir.

El señor feudal del país de la Nube prácticamente arrastró a Takeshi fuera de la oficina. Creía, no, estaba seguro, que unos segundos más y Gaara lo habría matado sin piedad.

El marionetista no puedo evitar reír.

-No le encuentro la gracia. –Comentó molesto Gaara.

-Es que ese hombre es el más imbécil que he conocido.

-Igual no hay que subestimarlo.

-Tú eres el que no lo tiene que subestimar. Acá mostró una actitud realmente despreciable, pero en el orfanato y con Matsuri es totalmente diferente. Podría engañarla.

El pelirrojo optó por ignorarlo y cambiar de tema. – ¿Han terminado el informe forense de la cabeza? ¿Han encontrado algo?

-El informe todavía no está terminado, pero me dijeron que no hay ninguna pista. Los que lo hicieron fueron muy cuidadosos.

La conversación tuvo que llegar su fin, ya que Baki y Hiro habían llegado.

Tomaron asiento, y el anciano le ofreció los papeles ya firmados.

-Espero que esto sirva de algo. –Le dijo educadamente el anciano.

-Se está haciendo todo lo posible. Apenas sepamos algo le informaré de inmediato. –El pelirrojo recibió los papeles, fijándose por unos segundos más en la firma que había en el final. –También es importante que sepa que hay dos nuevos consejeros que se harán cargo del orfanato. Estos se comunicaran con usted en breve para que puedan concretar una reunión y ver qué es lo más conveniente para los niños.

Hiro quedó sorprendido. Esperaba que hubiera un cambio, pero no tan pronto y no uno tan grande. Quiso preguntar qué había pasado con Dai o quienes serían los nuevos consejeros, pero no lo encontró apropiado. Solo le quedaba dar las gracias.

Tanto Baki como Hiro abandonaron la oficina rápidamente.

-Veo qué estás remendando tus errores muy bien. –Le dijo Kankuro.

-Fue una equivocación colosal dejar a Dai a cargo del orfanato, pero creí que así sería más fácil atraparlo en lo que sea que está haciendo. Además cierta parte del consejo también presionaba. No creí que ese hombre tuviera tantas influencias.

-Ya se le acabará la suerte al muy bastardo. –Mencionó el marionetista, viendo como otra vez, la puerta de la oficina volvía a abrirse.

Suspiró con resignación. Las personas no paraban de llegar.

-Buenas tardes, Kazekage. Ya estamos aquí para el comienzo del festival. –Ryu, el señor feudal del país de las Rocas junto a su hija mayor lo estaban esperando.

Gaara soltó otro suspiro y se puso de pie. Por momentos olvidaba el molesto festival. Y olvidaba también que él tenía que formar parte del mismo. Odiaba ese tipo de eventos. Había demasiada gente a su alrededor todo el tiempo. Todo era ruidoso y excesivamente colorido para su gusto. Y este duraría una semana entera.

Matsuri había dicho que volvería pronto al orfanato, pero no fue así. Estuvo casi toda la tarde sentada en la vieja tumba de sus padres. Y el sepulturero se mantuvo silencioso, a su lado. Estaba mucho más tranquila. Ya no quedaba rastro de llanto alguno en sus ojos. Sabía que debajo de toda esa tierra, aparte de los huesos de sus padres, estaba el cuerpo sin cabeza de Shiro, pero saber aquello ya no le provocó el horror que sintió al ver la cabeza en la caja.

Había llorado en su tumba hasta desahogarse por completo. Y cuando ya no le quedó ninguna lágrima más que derramar, tuvo la fortaleza suficiente para poder despedirse para siempre de él. Porque no importaba lo que pasara desde ese día en adelante, no importaba que otra parte de su cuerpo le enviaran, el recuerdo de Shiro, del niño dulce y frágil que era, perduraría eternamente en su corazón.

Lo demás ya no importaba, ya que el cuerpo sin vida en estado de descomposición que se hallaba bajo la tierra, nada tenía que ver con el hermoso niño que ella había conocido.

Se puso de pie y se despidió del hombre, tranquila, algo más contenta, pero sobre todo decidida a que, de alguna manera u otra, encontraría la manera de hacer pagar a Dai todo el daño que había hecho.

Cuando salía del cementerio se encontró con Baki y con Mikoshi, quienes la estaban esperando.

-Las chicas estaban preocupadas por ti, así venimos a buscarte. Ya es hora de volver a casa. –Mikoshi le dijo suavemente, y sonrió al verla mucho más recuperada.

-Sí. Pero primero me gustaría pasar a comprar algunas flores. –Les contestó la castaña, extendiendo su mano hacia Baki, quien alzó una de sus cejas en señal de pregunta. –Préstame dinero, Baki-sensei. ¿No querrás que me robe las flores o sí?

El aludido rodo los ojos, pero le dejó algo de cambio en la mano que estaba extendido hacia él.

-Le haremos un altar a Shiro en el orfanato. –Dijo la castaña con seguridad. –No contamos con sus restos, pero no importa. Esta fotografía será más que suficiente.

Baki sonrió y Mikoshi caminó relajado a su lado.

Al estar en el cementerio, la castaña había olvidado por completo el inicio del festival. Había demasiada gente por las calles, así que comprar las flores fue toda una odisea.

Tardaron en volver, pero cuando lo hicieron fueron recibidos alegremente por todos los niños que los estaban esperando. Cenaron tranquilamente y cuando Mikoshi y Baki se marcharon, ya que sabían que el orfanato contaba con la protección de Ambu, todos se fueron a dormir.

Pero Matsuri no pudo cerrar los ojos.

Sabía que ya era tarde, pero aún así no se resistió y emprendió el mismo camino por los túneles subterráneos hacia el burdel y luego hacia la casa de Reiko.

Fue Mori el que le abrió la puerta. Y la chica se sorprendió de encontrarlos despiertos. Tenían telas por casi toda la sala y Reiko con Saiko estaban cada una cosiendo concentradas.

Reiko se puso de pie y la saludó con cariño. –Qué gusto me da verte. –Le dijo y la invitó a sentarse. –Nos disculparas por el desorden pero nuestro negocio si funciona de verdad. Confecciono ropa para los niños y la vendo, y por supuesto, todos me ayudan.

-No había podido venir. –Le dijo la castaña, sin querer hacer hincapié en el tema.

-No te preocupes. Tenemos algo que decirte, así que por favor toma asiento.

Reiko se sentó en frente de ella. Saiko siguió cociendo sin levantar la cabeza. Y Eiji entró en la sala y se sentó junto a la anciana.

Matsuri se lo quedó mirando de nuevo. Tal como lo había hecho la primera vez lo que vio. Había algo en el que le llamaba la atención y que hacía imposible no detenerse a observarlo. Pero obligó a su mente a prestarle atención a la mujer que tenía en frente y que había comenzado a hablar.

-Matsuri, lamento mucho tener que decirte esto, pero Eiji vio quien le entrego la caja a uno de tus amigos. –Reiko le dijo con cuidado. –Fue Kano, unos de los hombres de Dai.

Matsuri quedo congelada en su lugar. Lo sabía. Era obvio que eran ellos. ¿Quién más querría hacerles daño de esa manera? Dejo de mirar a Reiko y nuevamente, sus ojos se clavaron en Eiji quien, esta vez, le devolvía la mirada.

-Lo vi por aquí cerca de casualidad y decidí seguirlo para asegurarme que no había descubierto nada. –Eiji comenzó a explicarle. -Al parecer tienen una casa mucho más a la entrada que ocupan como bodega. De ahí saco la caja, utilizo una técnica de transformación y se la entregó al chico rubio. Cuando la abriste en el orfanato fui consciente de lo que traía. Lo siento, señorita. –Le dijo dulcemente. –No debí permitir que ese hombre engañara a tu amigo, pero me fue imposible hacer algo.

La castaña miraba atentamente como se le movían los labios al hablar, o como se le achicaban los ojos cuando sonreía. Sacudió su cabeza y le sonrió. –No importa. Nos tomaron desprevenidos, pero no volverá a ocurrir.

Eiji le devolvió una sonrisa aún más grande.