El rescatista retrocedió por instinto cuando el gruñido se intensifico, tropezando con algún mueble u objeto que no logró identificar, terminó por caer de espalda al suelo a la par que la bestia se lanzaba en su contra. Osomatsu cerró los ojos por inercia en espera del ataque, pero contrario a ello un súbito ruido se escuchó frente de él, la oscuridad de la habitación apenas y le permitía distinguir las sombras moviéndose ávidamente por el lugar. Gateando un corto tramo logró llegar hasta donde recordaba se hallaba el interruptor de la luz; en cuanto el cuarto se ilumino Karamatsu, que ya tenía su forma mitad humana, obtuvo la ventaja para someter a un ser parecido al lobo pero de pelaje blanco.

Osomatsu se acercó con cautela, el par de seres tenían rasguños visibles por la reciente confrontación y aquel intruso aparentemente era también mitad humano - ¿Es pariente tuyo Karamatsu? – cuestionó con verdadera intriga. El nombrado negó al instante, sin despegar la vista del otro - ¿Sera peligroso? – se levantó para caminar alrededor de aquellos y ver un poco más del ser desconocido, en efecto se parecía un poco a Karamatsu por tener ciertas facciones caninas, pero el de pelaje blanco se veía más cercano a un perro que a un lobo, en especial por la gran cola esponjosa que sobresalía.

- ¿Qué ocurre? – la somnolienta voz de Choromatsu se alcanzó a escuchar en la parte superior de la escalera, la deidad se mantenía apoyado en la pared mientras tallaba uno de sus ojos con pereza.

La breve distracción fue suficiente para que el intruso arrojara con un ágil movimiento a Karamatsu contra un mueble cercano. Rápidamente subió los escalones, empujando a Choro en el proceso y haciéndole caer inevitablemente.

Osomatsu se apresuró a subir un par de escalones justo a tiempo para atraparle, mientras Karamatsu se recuperaba y perseguía al agresor, ahora con mayor decisión a frenarle.

- Hay que subir – indicó Choromatsu con calma.

- Que fácil es decirlo – murmuró el humano con cierto cansancio al saber que era él quien iba cargando al otro. Obedeciendo la indicación subió con cierta pesadez, no porque la deidad fuese difícil de llevar, sino porque presentía que esa noche no dormiría lo suficiente.

Cuando Osomatsu cruzó la puerta de su recamara se topó con una curiosa escena, Karamatsu estaba solamente de pie observando al intruso que continuaba en pose de ataque y gruñéndoles mientras se posicionaba frente al lugar en donde reposaba el gato herido.

El rescatista bajó con cuidado a Choromatsu antes de dar un paso al frente, ignorando el gruñido amenazante se inclinó un poco para intentar distinguir el gran bulto que ocupaba ahora el lugar del gato, aquel pequeño animal que no parecía estar por ningún lado.

- No te acerques a Ichi nii san – advirtió repentinamente con voz gutural aquella criatura.

Osomatsu solo necesito divisar el par de orejas negras que el cuerpo recostado tenía en una despeinada cabellera para terminar de comprender que aquel minino se había transformado, lo cual extrañamente ahora le parecía de lo más común.

- ¡Aléjate! – volvió a amenazar el de pelaje blanco a la par que Karamatsu se posicionaba en caso de necesitar atacar.

- Soy Osomatsu, ¿Tienes algún nombre? – preguntó con tranquilidad al dar un paso más cerca.

En respuesta el otro se mantuvo en cuatro patas, como si estuviese a punto de lanzarse. Choromatsu tuvo que colocar una mano en el hombro de Kara para indicarle en silencio que no interviniera, confiando en la sensación de seguridad que transmitía el humano.

- El de ahí – indicó Osomatsu con un movimiento ligero de cabeza en referencia al gato – mencionaste que es tu hermano, ¿Verdad? Lo encontré herido en un callejón, seguramente estuviste buscándolo y te hallabas muy preocupado.

Ante las palabras escuchadas el intruso se fue relajando lentamente, cambiando su semblante amenazante por uno lastimero en poco tiempo – I-ichi nii san desapareció de repente – explicó comenzando a gimotear y sentándose por completo en el suelo.

Osomatsu terminó de acercarse y palmeo con suavidad la cabeza de quien ahora lloraba – Ya, ya, eres un buen hermanito, ahora lo encontraste y estarán bien, eres un buen chico – intentó consolar con suaves palmadas como si hablase con un niño pequeño.

Choromatsu y Karamatsu solamente observaban con ligera sorpresa al ver como el humano había terminado por acercarse al desconocido.

Bastaron unos minutos para que el ahora invitado se calmara por completo, estando todos sentados en la recamara y observando de cerca al que anteriormente era un gato.

- Soy Jyushi y él es mi hermano mayor Ichi – indicó el recién llegado con las orejas agachadas al ver a su familiar aun durmiendo.

- Hace mucho que no veía a un nekomata – refirió Choromatsu con interés.

- Así que un nekomata – mencionó Osomatsu en voz baja al mirar el par de colas que salían por debajo de una manta que tuvo que colocar sobre el cuerpo al notar que este se hallaba desnudo después de su repentina transformación.

- Debo decir que es raro verlo cerca de un Inugami – continuó diciendo Choromatsu – suelen ser seres bastante opuestos.

- Estamos juntos desde siempre, por eso somos familia – respondió con simpleza antes de animarse y mostrar una gran sonrisa, orgullosos de tener a su hermano.

- ¿Y cómo fue que se separaron? – intentó indagar Osomatsu, ya que aparentemente todos perdieron el sueño, lo de menos era seguir con la conversación.

- Ichi nii san y yo estamos buscando un nuevo lugar para vivir, hemos viajado desde muy lejos y luego… - bajó la mirada con clara tristeza – me distraje persiguiendo un ave, perdí a nii san y el terminó herido por mi culpa – explicó mientras las lágrimas volvían a formarse.

Karamatsu fue el primero en apresurarse a Jyushi para abrazarle – Little wolf no llores, todo está bien – le hablaba de forma fraternal.

Choromatsu rodó los ojos – no es un lobo – aclaró ante lo escuchado.

- No importa, yo cuidare de ustedes, seré su hermano mayor – Kara afirmó al instante.

Una mirada brillante le fue dedicada por el otro can - ¿De verdad? – preguntó emocionado.

Osomatsu bostezó comenzando a aburrirse de la plática, dirigió la vista hacia el gato y pudo notar que este comenzaba a moverse un poco, presa de la curiosidad gateó hasta él para verle de cerca en cuanto despertara por completo.

Ichi colocó una mano en su cabeza al sentir un ligero dolor – Jyushi… - murmuró al estirar la mano y sujetarse de quien tenía enfrente, su cuerpo dolía demasiado y le fue inevitable maldecir ante el sentir. El nekomata intentó levantarse sin soltar a quien servía de apoyo, pero al estar débil y la falta de movimiento por el otro terminó cayendo al frente.

- Ichi nii san… - Jyushi ladeo la cabeza al verlo desde un costado.

El nombrado solo le observó un segundo antes de mirar rápidamente a quien yacía debajo de él, un humano que sonreía con tranquilidad - ¡¿Quién demonios eres?! - gritó prácticamente en el rostro del desconocido.

- Mi nombre es Osomatsu, podrías levantarte, esta situación es ya de por si extraña – solicitó con tranquilidad y ligeramente divertido ante la expresión de sorpresa que mantenían Choromatsu y Karamatsu.

Ichi tardó en comprender lo que escuchaba, fue hasta sentir el frio sobre su piel que se percató de que se hallaba desnudo sobre aquel humano; hubiese golpeado al tipo que se presentó como Osomatsu, pero su mente se distrajo al sentir un ligero toque en la espalda, en un rápido movimiento soltó un zarpazo mientras saltaba cual gato asustado a una esquina.

Karamatsu emitió un ligero grito al sentir el rasguño en su rostro, se tiró al suelo quejándose por la agresión, sin comprender porque fue atacado por el simpe hecho de colocarle la frazada al gato.

El rescatista rasco su nuca mientras se sentaba, miró al lobo retorciéndose en el suelo, a la deidad que no parecía salir de su anterior asombro y al perro tratando de calmar al gato escondido bajo la frazada. ¿Acaso su vida podía complicarse más?

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Gracias por leer n_n